
El adviento no puede ser una autosugestión litúrgica. Un templo cristiano, un corazón cristiano no pueden ser un espacio insonorizado, a donde no llegan los gritos y preocupaciones de los débiles. La crisis actual, acompañada por el hundimiento de las ideologías de resistencia y una carencia de referencias alternativas, crea una coyuntura en la que los valores evangélicos y la esperanza cristiana pueden contribuir –como tantas veces nos recuerda el papa Francisco- a la humanización de las relaciones sociales.



