
Perseguidos, desterrados y asesinados por el grupo yihadista Estado Islámico, los cristianos de Irak y Siria no han perdido la esperanza y celebran este año la Navidad lejos de sus hogares y con temor. Desde todos los rincones del mundo se alza la voz para pedir que cese la violencia. Desde que comenzara este genocidio, millones de voces en el mundo entero han proclamado: «yo también soy nazareno», queriendo de esta manera manifestar la cercanía con los hermanos cristianos que en Oriente Medio sufren la persecución y el martirio.





