Esa es la pregunta a la que el sacerdote y párroco de Estrella del Mar de Huelva, Baldomero Rodríguez Carrasco, quiso dar respuesta en la charla que centró el XII Encuentro Diocesano de la Familia que tuvo lugar el pasado sábado, 4 de febrero, el Colegio Diocesano Sagrado Corazón de Jesús. Como el mismo ponente expresaría, aunque San Manuel no tenga un tratado especial sobre la familia, sin embargo trata sobre ella en distintas ocasiones a tenor de las exigencias pastorales y evangelizadoras de la vida parroquial; y la proximidad de su canonización –16 de octubre de 2016–, justifican que el Encuentro Diocesano de la Familia dedicara un tiempo a conocer aquellas oportunas indicaciones, sugerencias, exhortaciones del entonces cura arcipreste de la Parroquia Mayor de S. Pedro de Huelva, a las familias de Huelva en aquel contexto de principios del siglo XX.
Baldomero Rodríguez arrancó su conferencia aproximando al auditorio al perfil de un pastor curtido en la crisis o, según sus propias palabras, “modelado con la gubia de la dificultad y la cruz”. Los comienzos ministeriales del santo cura toparon, muy prontamente, con una auténtica crisis de realismo cuando llega a su primer destino, Palomares (Sevilla) y encuentra el abandono del Sagrario, señal de abandono total por parte del pueblo de cualquier vida eclesial y creyente. Así, explicaba: “El contraste entre el cuadro imaginario de una parroquia en la que el cura era el centro y todo resplandecía pastoralmente alrededor de él, y la realidad en la que el cura no sólo no pintaba nada, sino que ni siquiera era significativo el Sagrario, dejaba su impronta afectiva y espiritual”. De aquí surge su segunda llamada que definiría su modo de ser sacerdote y la fuente de su fecundidad pastoral: “ser apóstol de la Eucaristía”.
También supone una segunda e importante crisis su llegada a Huelva y el encuentro con una sociedad hostil y con un alto grado de anticlericalidad. Huelva se convierte en su particular taller de aprendizaje pastoral, ante “…una parroquia numerosa, formada en su mayoría de obreros de minas y de extranjeros, con sus correspondientes círculos republicanos, escuelas laicas, entierros y casamientos civiles, niños sin bautizar, etc.”, como el mismo Manuel González describía. En este contexto, Baldomero Rodríguez habló de la desarticulación de la familia en aquel tiempo en el que, principalmente, había una importante carencia de “calor humano”, además de la situación crítica de pobreza material, cultural y moral que éstas sufrían, y la secularización a la que estaban sometidas.
La proximidad de aquel contexto con nuestros días hacen de las palabras de este hombre santo, con su sencillez y llanura en el lenguaje, tremendamente actuales, con lo que el conferenciante siguió desglosando las derivaciones pastorales que, desde la propia experiencia pastoral de San Manuel González intentando dar respuesta a esta realidad, pueden ser aplicadas en la pastoral familiar de nuestro tiempo. De este modo, Baldomero Rodríguez hablo de la familia como un importante ámbito de educación, como una verdadera “iglesia doméstica”, e invitó a que ésta sea “eucaristizada”, es decir, a poner en el centro de la familia la Eucaristía como fuente y destino de todo su vida, esencia de la vida cristiana.
San Manuel González y la Familia, Baldomero Rodríguez Carrasco (completa)





