
Un mártir, un beato, un santo… No son héroes. Son personas como todos nosotros que testimoniaron con su vida que Cristo lo es todo. La Iglesia nos invita a mirarles para aprender el modo como verdaderamente se cumple nuestro corazón, y a encomendarnos a ellos en nuestras oraciones. Son personas probablemente desconocidas para muchos, pero que han vivido entre nosotros en generaciones pasadas.





