
“Eres de todos y a todos tú te de das. Eres de todos y del que sufre más. Hoy desde el cielo no dejes de mirar a tu Sevilla, Sor Ángela”. Así decía una de las estrofas del himno de la Beatificación de Santa Ángela de la Cruz que tuvo lugar el 5 de noviembre de 1982 en Sevilla, presidida por un Papa que hoy es santo y con un millón de personas por testigo. Ese día de hace 35 años la Iglesia subió a los altares a una zapatera que fundó las Hermanas de la Cruz, ejército de ángeles de parda estameña, evangelio hecho carne, para atender a los pobres y necesitados viviendo una vida de cruz. Y no, nunca ha dejado a Sevilla. Ni a ninguno de sus devotos sean de donde sean. Ni en los cincuenta años que duró el proceso hasta la Beatificación, ni posteriormente. Siempre está ahí haciendo favores. “Calderilla de milagros” decía su biógrafo, el recordado padre José María Javierre, que se quedó a vivir en Sevilla porque se “enamoró” de ella y de las Hermanas.