
La imagen internacional de Venezuela, uno de los países históricamente más ricos y con mayores posibilidades naturales del continente americano, se ha instalado durante los últimos años en unos parámetros de crisis social cuya solución, si acaso, se atisba lejana. Al igual que sucedió en otros países de su entorno, la Iglesia Católica se ha ofrecido en reiteradas ocasiones como mediador entre los distintos actores de un conflicto político que tiene sus consecuencias más visibles en forma de represión, violencia callejera, hambre, desabastecimiento, carencia de medicamentos y un exilio imparable. Desgraciadamente, este ofrecimiento no ha encontrado el menor eco en instancias gubernamentales. Uno de los miembros del episcopado venezolano es monseñor Reinaldo del Prette, Arzobispo de Valencia, que ha pasado estos días por Sevilla, y que nos ha ofrecido sus valoraciones acerca de una problemática que amenaza con derivar inevitablemente en conflicto civil.