
El Domingo de Resurrección alcanzaba su meta la celebración de la Semana Santa. En la Misa del día se hacían presentes las distintas hermandades y cofradías de Semana Santa. La Catedral estaba llena de fieles. El Obispo diocesano presidía la santa Misa e impartía la bendición apostólica al final de la Misa. Acabada la Misa estacional salía de la Catedral de la Encarnación la última procesión de la semana grande de la fe.












