
Queridos diocesanos: al estar al frente de la diócesis de Guadix, en este periodo de sede vacante, me dirijo a vosotros, como administrador diocesano, invitándoos a considerar, más si cabe, la responsabilidad de trabajar y de sentir la Iglesia diocesana como nuestra gran casa común. En ella estamos llamados a mantener lazos de unión y de compromiso por una Iglesia «en salida» y misionera, preocupada por los problemas que urgen a nuestro mundo.















