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Últimos días para matricularse en la Facultad de Teología

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Mañana concluye el plazo para matricularse en la oferta formativa de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla que permitirá al alumno estudiar en modernas instalaciones y aprender con un experimentado claustro de profesores.

Este curso, como consecuencia de la pandemia, las clases se están impartiendo de forma virtual, a través de una plataforma online propia de la Facultad que garantiza la comunicación continua y eficaz entre el alumnado y el profesorado.

Los interesados podrán formalizar su matrícula de forma telemática a través de la página web sanidisoro.net. Al respecto, fuentes de la Facultad recuerdan que no es necesario matricularse de todas las asignaturas de un curso, sino que pueden escogerse asignaturas sueltas en conveniencia del horario del alumno.

Más información a través del correo electrónico info@sanisidoro.net o el teléfono 954 23 13 1

Solemnidad de Santo Tomás de Aquino

Hoy, 28 de enero, además, es un día señalado para la Facultad de Teología de Sevilla, ya que se celebra la Solemnidad de Santo Tomás de Aquino. En el día de hoy estaba previsto la entrega de títulos del curso 2019-2020 y una jornada académica, que ha debido aplazarse hasta nueva fecha a causa de las restricciones derivadas de la expansión del coronavirus.

Asimismo, queda suspendida la jornada de filosofía organizada por el Departamento de Filosofía de la Facultad para el próximo 19 de febrero. Sobre el resto de actos académicos, la Facultad “irá informando puntualmente”.

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Cáritas diocesana ofrece formación online para los voluntarios

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La pandemia del Covid-19 nos ha llevado a adaptar muchas de nuestras maneras de proceder en el ámbito de la acción de Cáritas. Hemos tenido que buscar, con imaginación y creatividad, alternativas que nos permitan continuar con nuestra acción caritativa y social. Así surge «Formación en el Territorio» en el marco del Programa de Animación en el Territorio. Se trata de una iniciativa que nace con el propósito de dar continuidad a la formación de los agentes de pastoral de la caridad, ante las dificultades derivadas de las limitaciones propias por la pandemia. Con este sello, apostamos por poner a disposición de nuestros equipos formaciones online sobre variados aspectos con el fin de mejorar nuestro conocimiento de Cáritas, avanzar en nuestra formación sobre aspectos específicos o profundizar en cuestiones novedosas vinculadas con nuestra tarea, entre otros aspectos. Todo ello tutelado por el equipo de Animación en el Territorio, siempre a disposición para resolver tus dudas, y con la total flexibilidad que supone la formación online, en la que tú eliges cómo y cuándo te formas. Una formación hecha a tu medida para realizarla en función de tus necesidades.

Desde el equipo de Animación en el Territorio te iremos ofreciendo, progresivamente, formaciones en este espacio, que a partir de ahora también es tuyo.

El curso te ofrece siete temas centrales en el ser y hacer de Cáritas. Es un curso que podrás realizar desde cualquier lugar, a cualquier hora y a tu propio ritmo. Un curso dinámico, en el que encontrarás explicaciones teóricas, vídeos testimoniales y otros recursos didácticos para que esta experiencia formativa no te sea costosa ni aburrida. ¿Te animas?.

Inscripciones

Cáritas diocesana de Jaén

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En defensa de la laicidad positiva, por Julio Martínez SJ

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El ministro de Cultura ha escrito una carta al PSOE en calidad de secretario de Laicidad del partido con el título La laicidad, «religión de la libertad», tomando la expresión entrecomillada de los ilustrados del XVIII. Para completarlo, creo que convendría añadirle «libertad de la religión», algo que también pertenece a la misma entraña de la laicidad, al menos tal como la entiende nuestra propia Constitución de 1978 y una gran parte de los estudiosos del tema.

Habla de los encuentros del Gobierno de España con las confesiones religiosas con notorio arraigo en la sociedad española, más allá de la práctica dominante hasta ahora de tener relaciones con la Iglesia católica y las federaciones de protestantes, judíos y musulmanes. En realidad, supongo que quiere decir que esos encuentros se dan a un nivel jerárquico mayor que en el pasado, porque creo que ya se vienen celebrando desde hace tiempo. Nada que objetar a tal interlocución: ojalá dé muchos frutos y no se utilicen como una vía para restar importancia a los Acuerdos del Estado español con la Santa Sede (1979) y con las otras tres confesiones (1992).

Lo que no encuentro en la carta son señales de que la religión deba tener cabida en el espacio público. Su visión está en la línea de lo que yo llamo «neutralismo con desalojo público de lo religioso»: uno puede ser privadamente tan religioso como quiera siempre que no pretenda que sus creencias tengan repercusión social. En realidad, esa visión suele contener una visión negativa de la religión. El espacio de lo público debe estar a resguardo de cualquier convicción que provenga de la religión, pero no así de otros intereses de índole cultural encarnados, por ejemplo, en movimientos «emancipadores». En nombre de la «neutralidad» se silencia y se amputa una dimensión que lejos de ser perniciosa, puede aportar y aporta mucho a la formación de los corazones y a la convivencia social.

Aplicaciones prácticas de esta ideología —siempre so capa de defender los bienes de la neutralidad, la libertad de expresión o la justicia social— son casos como las prohibiciones del uso de los símbolos religiosos en lugares públicos o la práctica de algunos alcaldes que se niegan a participar en actos religiosos por respeto al carácter laico del Estado. Han ido surgiendo esporádicas reivindicaciones de grupos que cuestionan la celebración misma de las procesiones de Semana Santa o que exigen la retirada de los nombres con connotación religiosa de las calles de nuestros pueblos o ciudades. La semana pasada nos enteramos de que la alcaldesa de Aguilar de la Frontera (Córdoba) mandó retirar y luego demoler la Cruz de Llanitos de las Descalzas, por ser un «símbolo franquista». ¿Cómo puede alguien no entender que la cruz es un símbolo universal, no secuestrable por ningún régimen político, que representa a todos los sufrientes de la historia?

El ministro Uribes pone como ejemplo de laicidad el «Acto civil, solemne y de Estado» en memoria de las víctimas de la pandemia. Me pregunto si no hubiera sido también constructivo para la sociedad que el presidente del Gobierno se hubiera dignado a participar en el funeral celebrado en la Almudena y al que sí acudieron los reyes. También me pregunto si en el otro ejemplo que pone —la toma de posesión del Gobierno— cree que nunca debiera haber un símbolo religioso, aun cuando algún ministro sea creyente y lo valore en su juramento.

A mi juicio, hay que tener mucho tino para no confundir «laicidad del Estado» con «sociedad laica», pues esa confusión perjudica la pluralidad que expresa riqueza y vitalidad social. No se puede ignorar que la laicidad del Estado está al servicio de una sociedad plural en el ámbito religioso, donde hay creyentes y no creyentes. El Estado laico se sitúa como garante de la libertad, mientras que, por el contrario, una sociedad «laica» implicaría la negación social del hecho religioso o, al menos, del derecho a vivir la fe en sus dimensiones públicas. La laicidad del Estado requiere de separación y neutralidad, pero no puede suponer ni pretender que la sociedad sea laica. A este respecto, objetivos de la LOMLOE dirigidos a quitarle valor real a la asignatura de religión o a poner más dificultades para que colegios concertados católicos puedan ofrecer su modelo educativo, al ministro le parecen avances en la laicidad y a mí me parecen graves retrocesos laicistas.

La laicidad supone el rechazo del laicismo, cuando sus objetivos (más o menos velados) son de homogeneizar la sociedad (sociedad laica), utilizando los medios jurídicos-políticos al alcance del poder estatal o persiguiendo el monopolio de los medios culturales (escuela, medios de comunicación social, universidad…).

Frente a ese tipo de pretensiones, la posición oficial de la Iglesia se opone tanto a la exclusión de la religión del ámbito público como al fundamentalismo religioso y sus efectos de intolerancia. Una y otro impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad, y empobrecen la vida pública, mermando las libertades fundamentales y el reconocimiento de la diversidad como camino a la unidad.

Las grandes religiones no son doctrinas abstractas para el alma en soledad, sino proyectos de convivencia humana; propuestas que incluyen cosmovisiones de cómo procurar el bien de la persona y el bien de toda la comunidad. Las tradiciones religiosas han conformado y conforman muchos contornos del espacio público (tiempos, festividades, simbología, etc.). La opción a favor de su reclusión en el ámbito personal-privado no solo acaba neutralizando su influencia pública, sino que termina generando, queriendo o sin querer, una visión peyorativa del hecho religioso dañina para el compromiso ético y cívico, al ignorar aspectos muy significativos de la racionalidad y la motivación humanas. Tal como Habermas ha llegado a reconocer, «una secularización descarrilada» afloja los vínculos democráticos y aniquila las fuentes de la solidaridad de la que depende el Estado. Realmente interesante y, viniendo de quien viene, el ministro de Cultura, que es profesor de Filosofía del Derecho, no debiera echarlo en saco roto. Estoy seguro de que no deseamos empobrecer la razón y ahogar la memoria y la esperanza, ni generar cultivos de resentimiento y hostilidad en quienes no se sientan socialmente respetados.

Otra cosa que echo de menos en la carta es una referencia explícita al artículo 16 de nuestra Constitución y a las sentencias del Tribunal Constitucional que han utilizado la expresión «laicidad positiva» para interpretar el artículo 16.3 de la Constitución: «En su dimensión objetiva, la libertad religiosa comporta una doble exigencia: primero, la de neutralidad de los poderes públicos, ínsita en la aconfesionalidad del Estado; segundo, el mantenimiento de relaciones de cooperación de los poderes públicos con las diversas iglesias» (STC 101/2004).

Reconociendo la religión como un valor para el bien común, los principios específicos que configuran el marco constitucional español sobre la libertad religiosa son el de laicidad/aconfesionalidad y el de cooperación. El primero refleja la frase constitucional: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal» e implica tanto separación de las entidades religiosas y el Estado como neutralidad de los poderes públicos ante el acto de fe, que no significa indiferencia y mucho menos desprecio ante el fenómeno religioso. El segundo principio —cooperación— ordena a los poderes públicos «tener en cuenta las creencias religiosas presentes en la sociedad y mantener relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones».

En efecto, nuestra Constitución no postula, ni en el espíritu ni en la letra, la exclusión del hecho religioso en la vida social y pública o su reducción al ámbito exclusivo de las conciencias o los templos, sino que, como todo lo que afecta a las personas, las convicciones y los valores tienen repercusión en la esfera social. Y, a tenor de la significación histórica del catolicismo, reconociendo que es la religión mayoritaria que profesan los ciudadanos españoles, declara una especial colaboración del Estado con la Iglesia católica a favor de los ciudadanos. Esta afirmación constitucional no va —ni debe ir— en detrimento de nada ni contra nadie. Sobre ese marco habrá que seguir haciendo los desarrollos y modulaciones requeridos por la evolución del paisaje religioso, pero sería una gravísima irresponsabilidad echarlo por tierra. Es una expresión magnífica del «personalismo jurídico», plenamente vigente y actual para plantear bien la laicidad del Estado y la necesidad del diálogo con y entre las diversas religiones, en la cambiante realidad social que viven la mayoría de las sociedades.

Entre creyentes y no creyentes hay un terreno común, un terreno de coincidencias sobre valores que hacen digna la vida. Ese terreno común donde crece el respeto a lo diferente y la articulación de lo distinto en un marco de convivencia pacífica y justa, solo puede concebirse en el seno de un Estado aconfesional con una sana laicidad. En un marco de laicidad justa es donde creyentes y no creyentes pueden encontrarse, dialogar y consensuar las reglas que les permitan vivir en armonía fundamental sin renunciar a elementos fundamentales de su identidad.

Soy de los que apuestan por trabajar a favor de un pluralismo que respete las identidades culturales y religiosas, potenciando lo valioso que hay en ellas, sin disolver los mínimos exigidos por la dignidad humana, en una ética coherente de la vida con instituciones justas. Desde ahí, no comparto en absoluto la afirmación sobre que la Ley de Eutanasia significa un avance en la laicidad. Con todo respeto, me parece muy mal negocio fragilizar el derecho a la vida, fundamento del orden jurídico y de todo otro derecho. Alentar una cultura que acepta complacientemente que algunos pongan fin a su vida como si fuera indigna o descartable, hiere el corazón de las relaciones humanas y la confianza entre las personas; y lanza un mensaje individualista que legitima la decisión subjetiva de los cuidados y la asistencia que cada uno quiera recibir según lo que dicte su autonomía o la utilidad social/económica haga posible o conveniente.

Para mí la apuesta debe ir a favor de una «cultura del encuentro», una cultura de «puentes y no de muros», la que está pidiendo el Papa Francisco, para trabajar juntos, sin pedirle a nadie que renuncie a su propia identidad. Aquí evidentemente hay que recordar que las identidades diversas son posibles cuando aceptan los «límites debidos» que constituyen el «orden público», condición de posibilidad del bien común de una sociedad abierta, plural y libre.

Publicado en Ecclesia. Por Julio L. Martínez SJ
Rector de la Universidad Pontificia Comillas
@UCOMILLAS

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Manos Unidas: «Promover la solidaridad es la única forma de combatir la pandemia»

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El mundo ha superado los 95 millones de contagios por coronavirus. Pero hay otras cifras aún peores. Este año, más de 800 millones de personas padecerán hambre en el mundo. Y 1.300 millones se ven ya afectadas por la pobreza. Ante estas cifras Manos Unidas lanza la campaña «Contagia solidaridad para acabar con el hambre». En su Campaña 62, Manos Unidas quiere denunciar las consecuencias que la pandemia de coronavirus está teniendo entre las personas más vulnerables del planeta «y en promover la solidaridad entre los seres humanos como única forma de combatir la pandemia de la desigualdad, agravada por la crisis sanitaria mundial, que castiga con hambre y pobreza a cientos de millones de personas en el mundo».

¿En qué consiste la campaña de Manos Unidas?

Manos Unidas, que lleva más de 62 años trabajando «por la solidaridad universal», quiere reafirmar en 2021, «con mayor firmeza que nunca, la dignidad de todo ser humano y sus derechos; la necesidad de generar nuevos estilos de vida más solidarios; y la urgencia, desde la política y la economía, de crear condiciones de vida más humanas, centradas en la dignidad de cada persona y en el bien común».

Por eso, Manos Unidas quiere que este año «aumenten los contagios de solidaridad, y no los que llevan a la enfermedad y la muerte». Al colaborar en la labor que llevan haciendo desde hace más de seis décadas: Acabar con el hambre el mundo. «Solo esto ayudará a superar las crisis sanitarias y a construir sociedades dignas para todas las personas».

Manos Unidas alerta de que la solidaridad es una exigencia «de nuestra dignidad humana compartida», y el deber de que, cada ser humano, según sus circunstancias, sea responsable de todos los demás. Por solidaridad, cada cual debe asumir las causas del otro, haciéndolas causas propias. «La responsabilidad de cuidarnos los unos a los otros tiene implicaciones tanto entre nosotros y las comunidades deprimidas del Sur, como entre las propias comunidades entre sí. Supone anteponer el “nosotros” frente a una lógica miope del interés privado; renunciar personalmente o sacrificarnos por el bien colectivo y poner a disposición de los demás los recursos necesarios para mejorar las condiciones de vida de las comunidades más desfavorecidas».

La situación que aún estamos viviendo nos obliga a «reforzar nuestro compromiso y nuestra misión». Porque el hambre en el mundo es reflejo de la desigualdad que existe y para acabar con ambas «es necesaria la implicación de todos en la construcción del bien común a través de la cultura de la solidaridad».

Fuente: Ecclesia.

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Por una economía sin trata de personas

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El próximo 8 de febrero se celebra el VII Día Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas. Este año bajo el título, “Economía sin trata de personas”.

Un lema vinculado con la encíclica del Papa Fratelli Tutti, que aporta el marco propicio para sentar las bases de un sistema económico justo y sostenible, donde no haya lugar alguno para la trata de personas.

El Papa convoca esta Jornada desde el año 2015 y eligió el día en el que se recuerda la memoria litúrgica de Santa Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa que padeció durante su vida los sufrimientos de la esclavitud.

¿Cuál es el mensaje?

La Subcomisión Episcopal de Migraciones y Movilidad Humana, dedica esta jornada a todas las personas que son víctimas de este tráfico, por falta de recursos o porque pertenecen a sectores sociales “invisibles”.

El obispo presidente de esta Subcomisión, Mons. Juan Carlos Elizalde, destaca que la pandemia se está cebando con este colectivo de personas especialmente vulnerables y están surgiendo distintas modalidades de trata.

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Jueves, 28 de enero

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Manos Unidas lanza su Campaña: “Contagia solidaridad para acabar con el hambre”

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El mundo ha superado los 95 millones de contagios por coronavirus. Pero hay otras cifras aún peores. Este año, más de 800 millones de personas padecerán hambre en el mundo. Y 1.300 millones se ven ya afectadas por la pobreza.

En su Campaña 62, que en 2021 se desarrollará bajo el lema “Contagia solidaridad para acabar con el hambre”, Manos Unidas se va a centrar en denunciar las consecuencias que la pandemia de coronavirus está teniendo entre las personas más vulnerables del planeta y en promover la solidaridad entre los seres humanos como única forma de combatir la pandemia de la desigualdad, agravada por la crisis sanitaria mundial, que castiga con hambre y pobreza a cientos de millones de personas en el mundo.

Manos Unidas, que lleva más de 62 años trabajando fundamentada en el valor de la solidaridad universal, quiere reafirmar en 2021, con mayor firmeza que nunca: 

  • la dignidad de todo ser humano y sus derechos;
  • la necesidad de generar nuevos estilos de vida más solidarios;
  • y la urgencia, desde la política y la economía, de crear condiciones de vida más humanas, centradas en la dignidad de cada persona y en el bien común.

Por eso, Manos Unidas quiere que este año aumenten los contagios de solidaridad, y no los que llevan a la enfermedad y la muerte. Y por eso quiere que te contagies del mensaje de su nueva Campaña y que colabores en la labor que llevan haciendo desde hace más de seis décadas: acabar con el hambre el mundo. 

Solo esto nos ayudará a superar las crisis sanitarias y a construir sociedades dignas para todas las personas.

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La Iglesia en España reconoce al “buen samaritano” en el rostro de las personas consagradas

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La Iglesia en España reconoce al “buen samaritano” en el rostro de las personas consagradas

El próximo 2 de febrero la Iglesia celebra el XXV aniversario de la Jornada por la Vida Consagrada, un día instituido por Juan Pablo II que pretendía –y pretende- “ayudar a toda la Iglesia a valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, quiere ser para las personas consagradas una ocasión propicia para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor”.

En consonancia con la sensibilidad y el Magisterio eclesial de nuestros días, la XXV Jornada de la Vida Consagrada lleva por lema ‘La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido’. Éste se hace eco, “por un lado, de la condición llagada del ser humano y de la creación entera, en la que todos nos sentimos reconocidos y espoleados; por otro lado, evoca la vocación y misión de las personas consagradas en la Iglesia y en la sociedad, como signo visible de la verdad última del Evangelio, de la llamada perenne de Jesucristo y de la cercanía del Padre para con cada ser humano”, explican los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada en su mensaje. En el texto, continúan señalando que esta perspectiva se desarrolla “bajo la luz de la parábola del buen samaritano, un icono bellísimo que el papa Francisco ha querido revisitar y compartir en su última encíclica, Fratelli tutti, proponiéndolo como faro y horizonte para toda la familia eclesial y humana, para todos aquellos que queremos bregar unidos y animosos al soplo del Espíritu de Cristo, aun en medio de tormentas desconocidas e inesperadas”.

Al respecto, los obispos recuerdan en su mensaje que hoy hay todavía muchas personas en las cunetas de la vida a causa de las guerras, el hambre u otras nuevas formas de injusticia y desesperanza. Entre ellos citan a “los afectados por la pandemia de la COVID-19, que se está cebando con los enfermos, los mayores y los más vulnerables; las víctimas de la degradación acelerada del planeta y de las catástrofes naturales, cada vez más violentas; los inmigrantes y refugiados, que huyen por miles del horror y no terminan de encontrar comprensión y cobijo en nuestras posadas; las familias rotas y enfrentadas, devastadas por la incomunicación y sacudidas por la violencia; o las personas que han sido abusadas y violentadas en su dignidad y en sus derechos fundamentales”.

En todos esos rostros –asegura el mensaje- “se miran y se sienten llamados los consagrados (…) haciéndose prójimos de cada uno sin excepción”. Porque quienes se consagran al Señor “aprenden en la escuela de Cristo cómo acoger con profundidad y generosidad la fragilidad del día a día y el cáliz de angustia de las horas más amargas: las suyas y las de todos. Oran, piden y alaban al Dios de los pobres. Con no poco sacrificio y mucha fe, tejen historias de vida común, paciencia y perdón; ensayan proyectos de misión compartida y fecunda; procuran buscar y obedecer con libertad al Señor; se atreven a elegir con alegría la pobreza y la sencillez del Señor; y sueñan con abrazar cabalmente el amor de Dios”.

Por este motivo, el mensaje de la Comisión Episcopal concluye instando a todos los cristianos a dar gracias por la Vida Consagrada en la Iglesia.

Además del Mensaje, se han elaborado una serie de materiales de reflexión y oración que servirán a las comunidades para preparar y celebrar esta Jornada. Entre ellos se encuentran testimonios de distintas formas de vida religiosa, textos relacionados del Magisterio y del papa Francisco y un subsidio para la Eucaristía.

Puede descargarlo todo a continuación:

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Santo Tomás de Aquino

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Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de AquinoSe conocen los acontecimientos principales de su vida, pero los biógrafos difieren en cuanto a algunos detalles y fechas. Henry Denfile falleció antes de poder cumplir su proyecto de escribir una vida crítica del santo. El amigo y alumno de Denfile, Dominic Prümmer, O. P., profesor de teología en la Universidad de Friburgo, Suiza, se encargó de la obra y publicó el «Fontes Vitae S. Thomae Aquinatis, notis historicis et criticis illustrati»; y el primer fascículo (Toulouse, 1911) ya ha aparecido, dando la vida de Santo Tomás por Peter Calo (1300), publicado ahora por primera vez. Tolomeo de Lucca … dice que cuando murió el santo, se dudaba sobre su edad exacta (Prümmer, op. cit. 45). Normalmente se da el fin de 1225 como el momento de su nacimiento. El P. Prümmer, basándose en Calo, cree que 1227 es la fecha más probable (op. cit., 28). Hay un acuerdo general en que su muerte ocurrió en 1274.

Landolfo, su padre, era Conde de Aquino. Teodora, su madre, Condesa de Teano. Su familia estaba emparentada con los Emperadores Enrique VI y Federico II, y los Reyes de Aragón, Castilla y Francia. Calo cuenta que un santo ermitaño predijo su carrera, diciéndole a Teodora antes de su nacimiento: «Entrará en la Orden de los Frailes Predicadores, y su conocimiento y santidad serán tan grandes que en vida, no se encontrará nadie que le iguale». (Prümmer, op. cit., 18). A los cinco años, según las costumbres de la época, fue enviado a recibir su primera formación con los monjes Benedictinos de Monte Casino. Diligente en sus estudios, desde muy pequeño se observó su buena disposición para la meditación y la oración, y su maestro se sorprendió al oírle preguntar repetidas veces: «¿Que es Dios?»

Alrededor del año 1236, le enviaron a la Universidad de Nápoles. Calo dice que el traslado se hizo por iniciativa del Abad de Monte Casino, quien escribió al padre de Tomás que un chico de su talento no debe ser dejado en la sombra (Prümmer, op. cit., 20). En Nápoles, sus maestros fueron Pietro Martín y Petrus Hibernos. El cronista dice que pronto superó a Martín en gramática y fue transferido a Pedro de Irlanda quién le formó en Lógica y ciencias Naturales. Las costumbres de la época dividían Filosofía y Letras en dos cursos: el Trivium, que cubría Gramática, Lógica y Retórica; el Quadrivium, que se componía de Música, Matemática, Geometría y Astronomía… Tomás repetía las lecciones con mayor profundidad y lucidez que sus maestros. El corazón del joven se había conservado puro en medio de la corrupción que le rodeaba, y decidió abrazar la vida religiosa.

Entre 1240 y 1243 recibió el hábito de la Orden de Santo Domingo, atraído y dirigido por Juan de San Julián, un conocido predicador del convento de Nápoles. La ciudad estaba asombrada al ver a un noble joven como él tomar el hábito de un pobre fraile. Su madre, con sentimientos de alegría y tristeza a la vez, se apresuró a ir a Nápoles a ver a su hijo. Los Dominicos, temiendo que se lo llevaran, le enviaron a Roma, aunque su destino final sería París o Colonia. Teodora convenció a los hermanos de Tomás, que eran soldados del Emperador Federico, capturaron al novicio cerca del pueblo de Aquependente y le recluyeron en la fortaleza de San Juan de Rocca Secca. Allí estuvo detenido casi dos años, mientras sus padres, hermanos y hermanas hacían todo lo posible para destruir su vocación. Sus hermanos incluso tendieron trampas a su virtud, pero el puro novicio echó de la habitación a la tentadora con un tizón que sacó del fuego. Hacia el fin de su vida, Santo Tomás le confió a su fiel amigo y compañero, Reinaldo de Piperno, el secreto de un favor especial que recibió entonces. Cuando echó a la tentadora de la habitación, se arrodilló y ardientemente imploró a Dios que le concediera la integridad de mente y cuerpo. Cayó en un sueño ligero, y mientras dormía, dos ángeles se le aparecieron para asegurarle que su oración había sido escuchada. Le ciñeron un cinturón, diciendo: «Te ceñimos con el cinturón de la virginidad perpetua.» Y desde ese día en adelante jamás experimentó el más leve movimiento de la concupiscencia.

El tiempo en cautiverio no fue perdido. Su madre empezó a ceder tras los primeros impulsos de ira y tristeza; se les permitió a los Dominicos proporcionarle nuevos hábitos, y con la ayuda de su hermana obtuvo algunos libros -las Sagradas Escrituras, la Metafísica de Aristóteles y las «Sentencias» de Pedro Lombardo. Tras año y medio o dos en prisión, sea porque su madre se dio cuenta de que la profecía del ermitaño se cumpliría o bien porque sus hermanos temían las amenazas de Inocencio IV y Federico II, fue puesto en libertad bajándolo en un cesto a los brazos de los Dominicos que se admiraron al darse cuenta de que durante su cautiverio «había progresado tanto como si hubiera estado en un studium generale» (Calo op. cit., 24).

Tomás enseguida hizo sus votos, y sus superiores le mandaron a Roma. Inocencio IV examinó con atención los motivos que le llevaron a entrar en la Orden de Predicadores, le despidió con una bendición y prohibió cualquier interferencia en su vocación. Juan el Teutón, cuarto Maestro General de la Orden, llevó al joven estudiante a París y según la mayoría de los biógrafos del santo, a Colonia, en 1244 o 1245, a cargo de Alberto Magno, el más famoso profesor de la Orden. En las escuelas, el carácter humilde y taciturno de Tomás fue mal interpretado como indicios de retraso mental, pero cuando Alberto escuchó su brillante defensa de una difícil tesis, exclamó: «Llamamos a este joven un buey mudo, pero su mugido doctrinal un día resonará hasta los confines del mundo.»

En 1245 enviaron a Alberto a París y Tomás le acompañó como alumno. En 1248 ambos volvieron a Colonia. Alberto había sido nombrado regente del nuevo studium generale, erigido aquel año por el Capítulo General de la Orden y Tomás debía enseñar bajo su autoridad como Bachiller. Durante su estancia en Colonia, probablemente en 1250, fue ordenado sacerdote por Conrado de Hochstaden, arzobispo de esa ciudad. Durante toda su vida, con frecuencia predicó la Palabra de Dios en Alemania, Francia e Italia. Sus sermones se caracterizaban por su fuerza, piedad, solidez en la enseñanza y abundantes referencias bíblicas. En 1251 o 1252, el Maestro General de la Orden, aconsejado por Alberto Magno y Hugo de San Caro, nombró a Tomás Bachiller (subregente) del studium Dominico en París. Este nombramiento puede considerarse como el principio de su vida pública, ya que su enseñanza rápidamente llamó la atención tanto de profesores como de alumnos. Sus deberes consistían principalmente en explicar las «Sentencias» de Pedro Lombardo, y sus comentarios sobre ese texto teológico le proporcionaron el material y en gran parte, en esquema general para su obra magna, la «Summa Theologica». En el transcurso del tiempo, se le ordenó prepararse para el Doctorado de Teología por la Universidad de París, pero aplazaron la concesión del título por una disputa entre la universidad y los frailes. El conflicto, en su origen una disputa entre la universidad y las autoridades civiles, surgió tras un incidente con la guardia de la ciudad que resultó en un estudiante muerto y otros tres heridos. La universidad, celosa de su autonomía, exigía una satisfacción que le fue negada. Los doctores cerraron sus facultades, juraron solemnemente que no las abrirían hasta ver satisfechas sus demandas y decretaron que en e futuro a nadie se le conferiría el título de doctor a menos que jurase seguir la misma línea de conducta en circunstancias similares. Los Dominicos y Franciscanos, que habían seguido enseñando en sus escuelas se negaron a hacer el juramento exigido, y de aquí surgió un amargo conflicto que estaba en su punto álgido cuando Santo Tomás y San Buenaventura estaban preparados para recibir sus doctorados. Guillermo de San Amour extendió la disputa más allá del tema original, atacó violentamente a los Frailes, de los que estaba evidentemente celoso, y les negó su derecho a ocupar cátedras en la universidad. Contra su libro «De periculis novissimorum temporum» (Los peligros de los Últimos Tiempos) Santo Tomás escribió el tratado «Contra impugnantes religionem», una apología de las órdenes religiosas (Touron op. cit., II cc. vii sqq.). El libro de Guillermo de San Amour fue condenado por Alejandro IV en Anagni, el 5 de octubre de 1256 y el Papa ordenó que los frailes mendicantes fueran admitidos al doctorado.

Por estas fechas, Santo Tomás también combatió un libro peligroso, «El Evangelio Eterno» (Touron op. cit., II, cxii). Las autoridades universitarias no obedecieron inmediatamente; fueron necesarias la influencia de San Luis IX y once Breves papales para lograr de nuevo la paz. Santo Tomás recibió su doctorado en teología. La fecha que dan la mayoría de sus biógrafos es la del 23 de octubre de 1257. Su tema fue «La Majestad de Cristo». Su texto, «Él riega los montes desde sus aposentos: del fruto de sus obras se sacia la tierra» (Salmo 103, 13) sugerido, según se cree, por un visitante celeste, fue profético de su vida futura. La tradición cuenta que San Buenaventura y Santo Tomás recibieron el doctorado el mismo día y que hubo una «lucha» de humildad entre los dos amigos para ver quién sería nombrado primero.

Desde entonces, la vida de Tomás puede resumirse en pocas palabras, orar, predicar, enseñar, escribir, viajar. La gente deseaba más escucharle a él que a Alberto, a quien Santo Tomás superaba en precisión, lucidez, concisión y fuerza de expresión, sino en universalidad de conocimientos. París le reclamaba como suyo; los Papas deseaban tenerle junto a ellos; los studia de la Orden ansiaban disfrutar de los beneficios de su enseñanza; así, le encontramos sucesivamente en Anagni, Roma, Bolonia, Orvieto, Viterbo, Perugia y París de nuevo y finalmente en Nápoles, siempre enseñando y escribiendo, viviendo en la tierra con una pasión, un celo ardiente por exponer y defender la verdad Cristiana. Tan dedicado estaba a su sagrada misión que con lágrimas pedía que no le obligaran a aceptar la titularidad del Arzobispado de Nápoles, que le fue conferido por Clemente IV en 1265. Si hubiese aceptado este nombramiento, muy probablemente nunca hubiera escrito la «Summa Theologica».

Cediendo a las peticiones de sus hermanos, en varias ocasiones participó en las deliberaciones de los Capítulos Generales de la Orden. Uno de dichos capítulos tuvo lugar en Londres en 1263. En otro, celebrado en Valenciennes (1259) colaboró con Alberto Magno y Pedro de Tarentasia (que sería el Papa Inocencio V) a formular un sistema de estudios que substancialmente permanece hasta hoy en los studia generalia de la Orden Dominicana. (cf. Douais, op. cit.)

No sorprende leer en las biografías de Santo Tomás que frecuentemente se abstraía y quedaba en éxtasis. Hacia el final de su vida éstos momentos de éxtasis se sucedían con mayor frecuencia. Una vez en Nápoles, en 1273, tras completar su tratado sobre la Eucaristía, tres hermanos le vieron levitar en éxtasis, y oyeron una voz que venía del crucifijo del altar que decía: «Has escrito bien de mí, Tomás, que recompensa deseas?». Tomás respondió, «Nada más que a ti, Señor». (Prümmer, op. cit., p.38). Se dice que esto se repitió en Orvieto y París.

Y el 6 de diciembre de 1273, dejó su pluma y no escribió más. Ese día, durante la Misa, experimentó un éxtasis de mucha mayor duración que la acostumbrada; sobre lo que le fue revelado sólo podemos conjeturar por su respuesta al Padre Reinaldo, que le animaba a continuar sus escritos: «No puedo hacer más. Se me han revelado tales secretos que todo lo que he escrito hasta ahora parece que no vale para nada» (modica, Prümmer, op. cit., p. 43). La Summa Theologica había sido terminada solo hasta la pregunta 90 de la tercera parte (De partibus poenitentiae).

Tomás comenzó su preparación inmediata para la muerte. Gregorio X, habiendo convocado un concilio general a celebrar en Lyon el primero de mayo de 1274, invitó a Santo Tomás y San Buenaventura a participar en las deliberaciones, ordenó al primero traer al concilio su tratado «Contra errores Graecorum» (Contra los Errores de los Griegos). Intentó obedecer y salió a pie en enero de 1274, pero le fallaron las fuerzas; cayó desplomado cerca de Terracina, desde donde le llevaron al Castillo de Maienza, hogar de su sobrina la Condesa Francesca Ceccano. Los monjes cistercienses de Fossa Nuova, insistieron para que se alojara con ellos, y así fue trasladado a su monasterio, y al entrar, le susurró a su compañero: «Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré porque lo deseo» (Salmo 131:14). Cuando el P. Reinaldo le pidió que se quedase en el castillo, el santo replicó: «Si el Señor desea llevarme consigo, será mejor que me encuentre entre religiosos que entre laicos». Los Cistercienses le brindaron tantas atenciones y bondad, que abrumaron el sentido de humildad de Tomás. «¿A qué viene tanto honor», exclamó, «que siervos de Dios lleven la leña para mi hoguera?». Ante la insistencia de los monjes, el santo dictó un breve comentario sobre el Cantar de los Cantares.

El final se acercaba; se le administró la Extremaunción. Cuando entraron con el Sagrado Viático a su habitación, pronunció el siguiente acto de fe:

Si en este mundo hubiese algún conocimiento de este sacramento mas fuerte que el de la fe, deseo ahora usarlo en afirmar que creo firmemente y sé de cierto que Jesucristo, Dios Verdadero y Hombre Verdadero, Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María está en este Sacramento… Te recibo a Ti, el precio de mi redención, por cuyo amor he velado, estudiado y trabajado. A Ti he predicado, a Ti he enseñado. Nunca he dicho nada en Tu contra: si dije algo mal, es sólo culpa de mi ignorancia. Tampoco quiero ser obstinado en mis opiniones, así que someto todas ellas al juicio y enmienda de la Santa Iglesia Romana, en cuya obediencia ahora dejo esta vida.

Murió el 7 de marzo de 1274. Numerosos milagros atestiguaron su santidad. Fue canonizado por Juan XXII, el 18 de julio de 1323. Los monjes de Fossa Nuova querían a toda costa quedarse con sus sagrados restos, pero Urbano V ordenó que el cuerpo fuera entregado a sus hermanos Dominicos, siendo trasladado solemnemente a la iglesia Dominica de Toulouse, el 28 de enero de 1369. La magnífica capilla erigida en 1628 fue destruida durante la revolución francesa y su cuerpo trasladado a la iglesia de San Sernin, donde reposa hasta el día de hoy en un sarcófago de oro y plata, que fue solemnemente bendecido por el Cardenal Desprez el 24 de julio de 1878. El hueso mayor de su brazo izquierdo se conserva en la catedral de Nápoles. El brazo derecho, donado a la Universidad de París y originalmente conservado en la Capilla de Santo Tomás de la iglesia Dominicana, se guarda actualmente en la iglesia Dominicana de Santa María sopra Minerva en Roma a donde llegó tras la revolución francesa.

Calo (Prümmer, op. cit., p. 401) dio una descripción de la apariencia del santo: dice que sus rasgos se correspondían con la grandeza de su alma. Era alto y corpulento, erguido y bien proporcionado. Su tez era «como el color del trigo nuevo»: su cabeza era grande y bien formada y era algo calvo. Todos los retratos lo representan con porte noble, meditativo, dulce y a la vez fuerte. San Pío V proclamó a Santo Tomás Doctor de la Iglesia en 1567. En la Encíclica «Aeterni Patris» del 4 de agosto de 1879 sobre la restauración de la filosofía cristiana, León XIII le declaró «príncipe y maestro de todos los doctores escolásticos». El mismo ilustre pontífice, mediante una Breve del 4 de agosto de 1880, le designó patrono de todas las universidades, academias y escuelas católicas de todo el mundo.

(Fuente: Enciclopedia Católica)

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Los universitarios celebran a su patrón

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En la Misa que tendrá lugar el próximo 30 de enero en la Catedral, muchos harán balance de todo lo sucedido durante el último año, pero, sobre todo, el delegado de la Pastoral Universitaria, Salvador Merino, repasará lo logrado por los estudiantes voluntarios de la Universidad de Málaga. En este tiempo, asegura que «se han tenido que cancelar numerosos actos y el día a día de los universitarios ha cambiado mucho».

La Misa por la festividad de santo Tomás de Aquino se celebra el sábado 30 de enero, a las 18.30 horas, en la Catedral de Málaga. El aforo es limitado y será retransmitida en diferido por Canal Málaga TV el domingo a las 12.00 horas.

Se ha pasado de 80 alumnos en clase, a encender diariamente el micrófono para poder hacer una pregunta al profesor de turno. Sin embargo, para Merino, «la labor de la juventud no se ha detenido y ha resultado ser un año muy provechoso».

Como afirma Salvador Merino, «la comunicación interna de esta Pastoral ha pasado, como todo, a la dimensión online de las videoconferencias». El encuentro presencial tiene lugar, mensualmente, en la Parroquia de Santa Inés, para no perder el contacto directo con la Eucaristía y la oración. «Desde profesores a alumnos, y personal de la administración colaboran en diferentes eventos que organiza la Pastoral, como son los ciclos de conferencias “Atrio de Gentiles” que, en 2020 no pudieron celebrarse», pero Merino ya prepara las siguientes para el próximo marzo. Por título, “Cristianos en la vida pública”, contará con la participación de cuatro políticos cristianos de diferentes partidos. Además, estará sobre la mesa el tema de las migraciones, donde una persona, que ha vivido la crisis en primera línea, contará su testimonio. Reducido, que no anulado, ha sido el tradicional “Concurso del kilo”, en el que, por Navidad, los estudiantes recogen alimentos para los que no los tienen.

Según el delegado, «el nivel de respuesta de los estudiantes ha sido bastante mayor durante la pandemia y agradece la, siempre positiva, disposición del Rectorado para facilitar su trabajo. La Pastoral aporta formación cristiana a los universitarios, el debate entre la fe y la ciencia, y también, de alguna forma, nuestros fundamentos culturales dentro de la Universidad, de ahí la relación cordial entre ambas entidades» concluye Merino.

Las redes sociales son una herramienta fundamental para el objetivo de la Pastoral: «concentrar, por partes, todos los movimientos, lo que hace que se vaya mejorando año tras año e incrementando el número de estudiantes que participan». No obstante, lo que sí es seguro para Salvador Merino es el ejemplo de Santo Tomás de Aquino para todo el ámbito universitario. Para él supone «una riqueza la unión entre conocimiento y espiritualidad, así como las sinergias que se crean al colaborar con personas de diferentes sectores, especialmente en los momentos de soledad que se hayan podido crear por la pandemia».

Puede verse en este enlace: http://canalmalaga.es/tv-directo

Santiago Campos

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