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El Centro de Magisterio “Sagrado Corazón” apuesta por el Barrio de las Palmeras

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Educar en una fraternidad universal, de Laudato Si´ a Fratelli Tutti

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Educar en una fraternidad universal, de Laudato Si´ a Fratelli Tutti

Antonio Garrido continúa con los artículos centrados en educar para una ecología integral

La voz de Dios sigue resonando hoy en día, más allá de las primeras páginas del Génesis. Una pregunta que nos interpela a cada uno de nosotros, y ante la que no podemos guardar silencio: ¿Dónde está tu hermano?

Vivimos una grave situación definida por una crisis económica, sanitaria y ecológica. Hemos comprendido la vulnerabilidad del ser humano y sus limitaciones, frente al progreso de la ciencia y la tecnología, que parecían no tener fin.

Pero la luz de la esperanza ha brillado durante este oscuro escenario de emergencia, cuando hemos visto infinidad de pequeños gestos de cuidado mutuo. Como define la Encíclica Laudato Si´ (231) estos deben ser el pilar sobre el que se constituya un verdadero desarrollo. Y que incluye el cuidado de la naturaleza, como una parte más de la realidad del ser humano, pues es donde vivimos.

Para construir una verdadera fraternidad universal, debemos entender que todo está conectado, y que ello pasa por el cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con los demás y la naturaleza. Esta idea de convivir como verdaderos hermanos, no es nueva, desde los tiempos del Concilio Vaticano II ha ido construyéndose en el Magisterio Social de la Iglesia por los distintos pontífices, hasta llegar a Fratelli Tutti, que nos anima a continuar por un camino que la haga posible.

Construir este escenario, depende de cada uno de nosotros y nuestras contribuciones. Pues como señaló Pablo VI, la paz y la fraternidad, no es algo que cómodamente se goce y se disfrute. Se debe construir, educar y trabajar por ello, con los valores de verdad, justicia, amor y libertad.

Antonio A Garrido Salcedo

Coordinador para España del Movimiento Católico Mundial por el Clima

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“Mi relación con Jesucristo sigue creciendo gracias a la misión”

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“Mi relación con Jesucristo sigue creciendo gracias a la misión”

El seminarista Pedro del Pino cuenta su experiencia de voluntariado en Picota, Perú

¿Cómo surgió la idea de realizar un tiempo de voluntariado en Picota?

En mi caso surgió de forma muy providencial, en el seminario nos invitaron a ir a la Misión Diocesana de Picota, yo fui a preguntarle al rector, por aquel entonces D. Antonio Prieto, si veía bien que le preguntara al Señor si Él quería que fuera ese verano a la misión, ya que tenía un verano bastante complicado, su respuesta en aquel momento fue que no, por lo que desistí en aquella primera intención de ir. Cual fue mi sorpresa que una noche estando la comunidad del Seminario reunida, D. Antonio empezó a decir los nombres de los que iban a Perú y entre esos nombres estaba el mío. Para mi fue una señal clara de Dios, de que era Él quien quería que yo fuera a Picota y no yo el que quería ir. Para mi la misión no fue ir a misiones, sino que Dios me llevo al Perú. Una vez más pude experimentar que no era yo, sino Él quien lleva mis pasos.

¿Qué recuerdas de aquella experiencia misionera?

Recuerdo un montón de momentos que el Señor nos regaló poder vivir en aquellas tierras del Perú, desde cruzar un río con los “carros” montados en las balsas, ir más de 20 personas subidas a una camioneta, los ratos de fraternidad entre nosotros y con los “padresitos” de Córdoba (en ese momento estaban Paco Granados y Paco Delgado, junto con su mono Pipo), hasta ir de poblado en poblado diciendo a diestro y siniestro lo grande que es el amor de Dios. Son muchos los momentos que recuerdo de aquellos días, pero si me tuviera que quedar con algunos serían tres. Uno de ellos es poder ver que Dios hace milagros, en una de las visitas a selva alta pudimos celebrar la Eucaristía en un poblado en el que nunca antes se había celebrado, Jesucristo llegó por primera vez a encontrarse con sus hijos. Otro de los momentos, que más me impresionaron fue convivir con aquella buena gente del Perú, especialmente con los niños, recuerdo en Shamboyacu cuando en la siesta nos íbamos a jugar con ellos a un río al que ellos llaman “la playa”, sin duda, tanto allí como aquí lo mejor de la Iglesia son las “piedras vivas”, testimonios vivos de Jesucristo. Pero creo que el mejor de todos los momentos era llegar agotado a casa después de un día de misión, sentarse en el sagrario y sin decir nada, abrir el corazón ante Dios, lleno de nombres.

¿Qué te enseñó la gente que te encontraste allí?

Me enseñó que la fe es capaz de mover montañas, que la fe en Jesucristo es capaz de todo, que nada es imposible para Dios. Me enseñó a amar mi vocación, en aquel momento me encontraba pasando por un momento de discernimiento fuerte y recuerdo como aquella humilde gente me enseñó a amar el regalo que Dios me había hecho llamándome a seguirle de cerca. Me enseñó a descubrir que la vida está para entregarla, para gastarla, para servir y dar la vida. Me enseñaron que estamos hechos para amar, pero no de cualquier manera, ¡que si el que ama es Pedro, ama muy poco!, me enseñaron que hay que amar a la manera de Jesucristo. Me enseñaron a amar la Eucaristía, a amar a Jesucristo en los sacramentos y a vivir con alegría, venga lo que venga.

¿Cómo cambió tu vida al volver a tu vida cotidiana?

Creo que la misión es como una semilla, una semilla que Dios siembra y que va haciendo crecer. Es como ese grano de mostaza del que nos habla el Señor, el grano no se convierte en un árbol gigante de la noche a la mañana, la misión es parecida a ese granito. Mi vida sigue cambiando desde aquellos días, mi relación con Jesucristo sigue creciendo gracias a la misión, mi amor por aquel que cautivó mi vida y guía mis pasos va como ese pequeño granito aumentando, quizás sigue siendo muy pequeño, quizás aún no es un lugar donde otros puedan cobijarse, pero está sembrado y Dios ha prometido que el grano crecerá. Para mi la misión fue una llamada a vivir más austeramente, a vivir con una mayor entrega, a vivir gastando la vida por los demás y dando gracias a Dios por todo lo que me da, pero sin duda hay una cosa que casi cuatro años después no he podido olvidar, hay una cosa que cambió mi vida de verdad. En la casa de los misioneros en Picota, había escrita una frase que decía: “Christi sumus in aeternum”, y es que para mi la semilla que sembró en mi corazón la misión fue un deseo, el deseo de ser de Cristo para siempre, creo que esa frase marcó aquellos días de misión y marcó mi vida para siempre, la vida tiene sentido si es para Él, si es para aquel que nos la ha dado, pues “para qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma” (Mt 16, 26)

¿Mantienes todavía vinculación con la misión diocesana?

No toda la que me gustaría, pero gracias a las redes sociales aún mantengo relación con alguna de las personas que tuve la suerte de conocer allí, lo que si mantengo con la Misión Diocesana es una preciosa unión espiritual. Durante los días de la misión en mi cuaderno de oración fui escribiendo los nombres de todas las personas con las que me iba encontrando cada día, de vez en cuando lo ojeo y voy recordando aquellos rostros, pido por ellos, para que el Señor les ayude y les conserve en la fe, pienso qué será de sus vidas, recuerdo aún algunos de aquellos niños: Marlon, Romeito y Julieta, Rosita, Miguel, Joel… Estoy seguro de que Dios volverá a llevarme por aquellas tierras, que Dios me concederá el regalo de volver al Perú, de poder volver a compartir la fe con estos hermanitos nuestros, pero seguro, una vez más, que no como yo planee, sino como Él quiera.

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La Fundación Santos Mártires celebra el Año de San José

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La Fundación Santos Mártires celebra el Año de San José

Los colegios diocesanos ya están viviendo el año del patrón de la Iglesia universal, convocado por el Papa. Además, han preparado el comienzo del proceso de escolarización para el curso 2021-2022 con visitas virtuales a sus centros

Recientemente el Papa Francisco ha convocado un Año de San José, que comenzó el 8 de diciembre de 2020 y terminará en la misma fecha de este año, con motivo del 150 aniversario de la proclamación de San José como patrono de la Iglesia Católica. Los colegios de la Fundación Diocesana Santos Mártires ya están viviendo esta celebración y durante este tiempo los alumnos aprenderán las ocho virtudes de San José y ahondarán en la figura del padre de Jesús. El objetivo de la pastoral de la Fundación es promover una educación integral católica para conseguir una sociedad más humana, justa y solidaria “conforme a los principios evangélicos y la concepción cristiana del mundo y de la vida”.

El 1 de marzo empieza el proceso de escolarización para el curso 2021-2022 y de cara al curso escolar próximo la Fundación Diocesana Santos Mártires ha puesto en marcha visitas virtuales a sus centros con el objetivo de que los padres no tengan que hacerla presencialmente. A continuación dejamos los enlaces para solicitar cita:

Sansueña: https://sansuena.fdemartires.es/visitas/

Jesús Nazareno: https://jhscordoba.fdemartires.es/visitas/

La Inmaculada: https://lainmaculada.fdemartires.es/visitas/

San Rafael: http://sanrafael.fdemartires.es/visitas/

San José de Priego: http://sanjose.fdemartires.es/visitas/

La Milagrosa de Bujalance: https://lamilagrosa.fdemartires.es/visitas/

Actualmente, la Fundación la componen nueve centros educativos, cinco de educación infantil, una escuela de idiomas, una deportiva y otra de música, además de un centro de formación para el empleo y un gabinete de formación integral. Casi cinco mil alumnos y cuatrocientos cincuenta profesionales forman parte de la iniciativa diocesana.

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Isabel Fernández, de Cádiz a Camerún para «sanar cuerpos y almas»

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Hoy, que celebramos la Jornada Mundial del Enfermo, es un momento para recordar y rezar por todos aquellos que sufren, especialmente en los países de misión. Vivimos un tiempo de pandemia en el que la enfermedad, la incertidumbre, el miedo a estar enfermos lo sentimos más cerca que nunca. Pero no podemos caer en el desaliento, es el momento de «cuidarnos mutuamente» como pide el Papa Francisco en su mensaje para esta jornada, «es el momento de sentir empatía con el otro, con el que sufre».

Estar cerca del que sufre

Y de empatía, de desvelos por la enfermedad de otros, de ayuda a corazones rotos sabe mucho Isabel Fernández, misionera gaditana y Esclava del Sagrado Corazón de Jesús, que hace unos años dejó nuestra tierra para llegar primero a Guinea y más tarde a Camerún, donde ayuda a los más necesitados como médico en un dispensario de Bikop. La región en la que está situado el centro es una zona con caminos inaccesibles y rodeada de una población muy pobre. Allí se atienden a más de 120 pacientes al día lo que hace que el dispensario sea prácticamente un hospital.

Desde allí conectó el pasado lunes con el programa Tu eres Misión en TreceTV para contarnos su día a día. En medio de la selva Isabel atiende a pacientes que acuden con enfermedades como el SIDA, la tuberculosis, el paludismo…  Y ahora, desgraciadamente, también la Covid-19 que ha provocado que muchas enfermedades que antes tenían un tratamiento adecuado ahora no puedan atenderse, «muchas veces provocado por la falta de medicinas y material que no llega hasta el hospital debido al cierre de las fronteras, lo que está elevando la tasa de mortalidad entre nuestros enfermos», dice Isabel en la entrevista.

Sólo Dios sana y salva

Isabel tiene experiencia en eso de ayudar al otro, y afirma que «vivir acompañando a los que sufren, a veces te hace sentir impotencia por no poder calmar todo el sufrimiento, pero al final sientes que es Dios el que sana, nosotros somos meros instrumentos». Y ¿de dónde saca Isabel esta fortaleza que muestra? de «Dios, de la oración, de apoyarme en Él, para que su labor tenga sentido».

«Muchas veces las misioneras nos encontramos con ‘corazones destrozados’ e intentamos cuidar de ellos, no solo en lo físico y de una manera profesional, sino en lo espiritual para hacerles sentir que Dios les ama», y además -afirma Isabel- «muchas veces son los enfermos los que me sanan a mí, porque en ellos he aprendido a reconocer a Dios».

Recuerdo para todos los gaditanos

Añora su tierra natal Cádiz, a sus amigos, a su familia y todas las comodidades de las que disfrutamos en nuestra tierra: «Allí -dijo Isabel en una entrevista en Diario de Cádiz, con motivo del Domund 2020- cada día es una sorpresa, un día no hay luz, otro día hay una urgencia médica por la noche y hay que salir corriendo, otro nos quedamos sin agua, otro llueve y las rutas se hacen impracticables… aprendemos cada día a vivir a la intemperie, aceptando que las cosas no salen como las habías programado».

Pero a pesar de todas estas incomodidades afirma que vivir lejos para ella «no es una gran renuncia porque vive entregada a los demás donde la necesitan y lo hace con gozo y alegría».

Desde Camerún, en un día tan especial como es la Jornada Mundial del Enfermo, nuestra paisana Isabel nos invita a todos los gaditanos a ser misioneros, saliendo al encuentro de quiénes más sufren.

Para conocer más a fondo a Isabel Fernández:

Puedes ver el programa Tú eres misión de TRECE

O ver este reportaje que Vaticans News hizo sobre Isabel Fernández

Si quieres ayudarle, puedes hacer tus ingresos a favor de PROACIS.

Datos bancarios para Transferencia o Ingreso en cuenta:

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Entidad: Banco Santander
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(En el concepto pongamos BIKOP)

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DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

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En este mundo de la imagen y el postureo, puede sorprender que Jesús rehuyera cualquier tipo de aplauso o reconocimiento. El motivo es que Él no ha venido a suscitar el entusiasmo superficial y pasajero, sino a despertar una fe personal y profunda en aquellos que le escuchaban. Por esta razón, Jesús siempre pedía que se guardase silencio sobre las obras portentosas que realizaba.

Son muchas las curaciones que Jesús realizó, pero, posiblemente, ninguna sea tan significativa como las curaciones de los leprosos. Para el pueblo de Israel pensaba que la lepra era consecuencia de un pecado cometido por la persona que la padecía. Por tanto, se entendía que quien tenía lepra ya no se encontraba en comunión con Dios y era apartado de los frutos de la salvación. Además, el leproso debía vivir fuera de su casa y pueblo, experimentando la marginación y la «muerte» social. Debido a las penalidades que sufrían, aunque la enfermedad no fuese muy grave, terminaban muriendo de hambre, sed o apedreados. En resumen, la lepra era sinónimo de muerte, no solo física, sino en todas las dimensiones de la persona. Por ello, cuando Jesús cura a un leproso, no solo eliminaba la enfermedad, sino que restituía a la persona en todas las dimensiones de su existencia.

Hoy en día, la lepra es una enfermedad que tiene una cura relativamente sencilla. Pero, leyendo este pasaje del evangelio alegóricamente, se podría afirmar que la lepra sigue siendo una enfermedad que amenaza la vida religiosa de los cristianos. Sabemos que Jesucristo nos ofrece la salvación integral de la persona. Sin embargo, a veces, los cristianos nos empeñamos en mantener pequeñas «manchas de lepra» en nuestra vida. Son aquellos ámbitos o aspectos de nuestra vida que no se ajustan a lo que debe ser la vida de un cristiano, pero consideramos que podemos compatibilizar con la fe. Es como decir que hay algunos pecados que podemos repetir y no hacer nada por enmendar y que esta actitud es compatible con mi ser cristiano.

El problema que tiene la lepra es que si no se cura, una pequeña mancha terminará ocupando el cuerpo entero y llevando a la muerte. También en la vida espiritual, mantener sin curar un pecado o actitud que va en contra de lo que Jesucristo nos enseña y no tener ni siquiera la intención de esforzarse en sanarlo, llevará a la muerte espiritual o, al menos, a una vida cristiana muy disminuida.

La palabra de Jesucristo, como en el evangelio, sigue siendo igual de eficaz, pero solo podrá limpiarnos completamente si no nos cerramos a su acción sanadora. No dejemos ningún rincón de nuestra vida sin Dios.

Victoriano Montoya Villegas

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‘La oración, fuente de vida’- Formación permanente 07

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Séptima sesión de la iniciativa de formación de la Delegación diocesana de Apostolado Seglar, que se hace eco del lema del pasado Congreso Nacional de Laicos que fue vivido por todos los que participaron como un renovado pentecostés. Con una periodicidad quincenal, se puede visionar en el canal de youtube de Archisevilla Siempre Adelante. 

IDEA CENTRAL

“Orad constantemente” (1 Tes 5, 17).

“Quien no conoce el rostro de Dios por medio de la contemplación, no lo podrá reconocer en la acción, aunque se le ilumine en el rostro de los humildes y oprimidos” (H.U.Von Balthasar, Solo el amor es digno de fe, Salamanca 1971).

“Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría” (CEE, n. 2558).

NUESTRA FE

“Si conocieras el don de Dios” (Jn 4, 10). La oración la contemplamos como un don de Dios, como una alianza entre Dios y los seres humanos en Cristo. La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y camino de santidad. El Papa Francisco subraya en Gaudete et exultate (n.147) que no cree “en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos”.

El Espíritu Santo es Maestro de oración. “Nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor! Sino por influjo del Espíritu Santo” (1 Cor 12,3).  El Espíritu Santo no solo hace que oremos, sino que nos guía interiormente en la oración, supliendo nuestra insuficiencia y remediando nuestra incapacidad de orar. “La oración por obra llega a ser la expresión cada vez más madura del hombre nuevo, que por medio de ella participa de la vida Divina” (Dei verbum n.65).

Jesús es “el orante”. Es Hijo, antes que maestro y modelo. Vive en oración su condición de Hijo: alabanza, acción de gracias, petición. Jesús ora en los momentos cruciales de la implantación del Reino; en el bautismo, en el Tabor, en la elección de los Apóstoles, por la fidelidad de Pedro, la oración sacerdotal, en Getsemaní, en la cruz.  Con su oración Jesús mismo nos enseña a orar: “Padre Nuestro que estás en el cielo…”.

Ya en el Sermón de la Montaña, Jesús insiste en la conversión del corazón: la reconciliación con el hermano antes de presentar una ofrenda ante el altar, el amor a los enemigos y el amor a los perseguidores, orar al Padre en lo secreto, perdonar desde el fondo del corazón. Mucha es la fuerza de la oración, “todo es posible para quien cree” (Mc 9,23). Jesús nos invita a través de parábolas a orar en el Evangelio de Lucas, a orar insistentemente, sin cansarse, con la paciencia de la fe y la humildad del corazón que ora.

El día de Pentecostés, el Espíritu Santo se derramó sombre los apóstoles que perseveraban en la oración con un mismo espíritu (Hch 1, 14). Así, nuestras comunidades hoy deben de ser comunidades de oración, donde todos ofrecemos nuestro tiempo y cercanía al Señor, y a nuestros hermanos. Los cristianos somos hombre y mujeres de oración, sin la oración nada podemos, con la oración el Señor nos da la fuerza para seguir adelante manifestando a todos, “la alegría del Evangelio” (EG n.1.).

DIALOGAMOS JUNTOS

Mirada creyente

A lo largo de los siglos la oración ha estado muy presente en la Iglesia, desde las primeras comunidades a Santa Teresa de Jesús. Ella nos recuerda, con gran acierto, que orar es “tratar con amistad” con Dios. Hoy son muchas y diversas las formas de oración (tanto personal como comunitaria) que encontramos en las Escrituras y en la tradición litúrgica de la Iglesia, y que expresan las diversas actitudes del orante en su relación con Dios: adoración, petición, intercesión, acción de gracias, bendición y alabanza.

Jesús mismo nos enseña a orar: “Cuando te pongas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta, y ora a tu Padre que está en lo secreto” (Mt 6, 6). Aquí se manifiesta la sencillez y, al mismo tiempo, la grandeza de la oración. Todos podemos hacer oración, la oración nos alimenta el alma y nos ayuda a abrirnos hacia los demás.

Sabemos bien que la oración es un arte que requiere esfuerzo y aprendizaje. Es necesario aprender a orar uno mismo y dejarse acompañar en el camino de la oración. Para orar hay que colocar a Dios en el centro de nuestro vivir, amar, padecer y servir, tiene que ser como el respirar del alma.  El orante asume en oración toda su vida y la del pueblo que busca y mira el rostro de Dios en todo momento y en toda situación. También hay que orar desde el servicio y la misión. Orar sin interrupción. Toda nuestra vida debería ser una vida orante al servicio del Pueblo de Dios y de toda la sociedad.

Decimos siempre que vivimos en una sociedad donde el tiempo es oro. Vivimos en medio de una sociedad liquida, donde los días se suceden con mucha rapidez, con gran velocidad. Sin embargo, la oración necesita tiempo, silencio, paz, aunque podemos orar en cualquier sitio, es ante el Sagrario donde nos encontramos con Jesús vivió. No podemos dejar solo a Jesús-Eucaristía, Él está siempre esperándonos, sin cansarse, por si alguna vez queremos ir a su encuentro. ¿Qué es para ti la oración? ¿Cómo es tu oración, cuándo y dónde oras? ¿Cómo podemos hacer presente la vida de oración en medio de nuestra sociedad, de nuestras comunidades, de nuestras familias?

Reflexión desde la vida cristiana

Debemos de repensar como es nuestra vida de oración, de trato con el Señor. Hemos de vivir cada día profundamente la llamada de Dios en nuestra vida, para ello, tenemos que acostumbrarnos a mirar la vida con ojos de fe. Reflexionando sobre cómo está nuestra vida de oración, hoy, aquí y ahora.

A la hora de revisar nuestra vida de oración, o incluso de iniciarla, a pesar de los muchos años como cristianos, tenemos que confrontarla con lo que Jesús nos ofrece en el Evangelio. La vida de oración se nos presenta como una necesidad primordial para la vida cristiana. El resultado no depende de nuestras fuerzas, de nuestra propia capacidad de hacer. Dios nos pide una colaboración real a su gracia, pero sin olvidar nunca que sin Cristo “no podemos hacer nada” (Jn 15, 5).

Para iniciar la oración siempre es útil tomar un texto que nos ayude (desde los textos evangélicos o bíblicos, a vidas de santos, experiencias…) para hacer de la oración una parte integrante de nuestra vida. Elige un texto, ora con él y señala que llamadas te hace para mejorar tu vida de oración.  ¿Qué debo de cambiar para que mi oración, sea clave en mi vida cristiana y me ayude a vivir la fe en plenitud?

Un compromiso abierto a los demás

Hemos de amar la oración y practicarla constantemente. Por eso hemos de pasar de las palabras a las obras. Aquí es cuando entra en juego la voluntad, de quien se decide libremente a actuar. Ejercitamos la esperanza, por lo que confiamos en que, si hacemos lo que podemos, Dios nunca falla. El camino de oración es un camino de amistad con Dios. La oración nos lleva a una vida nueva, que nos anima en cada momento a seguir caminando.

Todos somos conscientes que nuestra vida de oración, en muchas ocasiones, tiene que ser avivada. Nuestra experiencia nos dice que tendemos a olvidar al que es nuestra Vida, nuestro Todo, siendo así que “es necesario acordarse de Dios más a menudo que respirar” como nos recuerda san Gregorio.  Hemos de orar “en todo tiempo”, con particular dedicación, en algunos momentos como por ejemplo en los tiempos litúrgicos fuertes, con mayor intensidad y duración.

Sin duda, si nos comprometemos a orar más nuestra vida recibirá una gracia especial, porque si queremos vivir en la presencia de Dios continuamente necesitamos concretar nuestro tiempo de oración. Y esto nos llevará a otros compromisos más concretos en medio de nuestra vida. ¿A qué nos podemos comprometer para ir haciendo realidad en nuestro mundo el plan salvador de Dios?

VÍDEO DE LA SESIÓN DEL FORO PERMANENTE ONLINE

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(*) Estos textos están inspirados en el Itinerario de Formación Cristiana de Adultos – Ser cristianos en el corazón del mundo-, de la Conferencia Episcopal Española, publicados por la Editorial EDICE.

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El Círculo de Silencio recuerda a los fallecidos en la tragedia del Tarajal

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El 6 de febrero de 2014 cerca de 200 subsaharianos intentaban llegar a Ceuta nadando, salvando el espigón que separa Marruecos de España. La Guardia Civil los disuadía lanzando pelotas de goma y botes de humo. En su concentración mensual, el Círculo de Silencio de Cádiz ha recordado a los fallecidos durante este suceso.

Se han cumplido siete años de la muerte de al menos 14 personas en la frontera de Ceuta. “Siete años de injusticia. Siete años exigiendo responsabilidad y reparación. Siete años haciendo memoria, defendiendo la vida y exigiendo derechos”, recordaron los participantes del Círculo de Silencio que se dieron cita en la tarde de ayer, 10 de febrero, en la Plaza de la Catedral de Cádiz.

A través de la lectura de un manifiesto, el Círculo de Silencio denunció que “Tras siete años de litigio, la situación actual no es nada esperanzadora. El 27 de julio de 2020 la Audiencia Provincial de Cádiz, ordenó el sobreseimiento libre de la causa. Sigue pendiente de trámite el recurso contra dicha decisión que se ha de resolver en el Tribunal Supremo”.

Además, también se recordó a todos los migrantes fallecidos y desaparecidos en tragedias del mar y el desierto. La Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta aseguró que el 2020 ha dejado datos “espeluznantes”. Como consecuencia del endurecimiento del control fronterizo y de las políticas migratorias de Europa, cada vez son más las personas que pierden la vida intentando llegar a nuestro territorio. Según informes de Caminando Fronteras, aunque se contabilizan 2.170 muertes en las rutas de acceso al estado español, se estima que el 95% de las víctimas desaparecen en el mar sin que sus cuerpos sean recuperados.

En su lugar, expresaron en su escrito, “seguimos perpetuando toda una maquinaria política que invierte en la defensa de las fronteras. Las partidas presupuestarias destinadas a las guardias costeras y a la policía fronteriza de países como Marruecos, Mauritania o Senegal, entre otros, se han triplicado. ¿Y si estos recursos se destinaran a acoger en lugar de rechazar?».

De esta manera, los organizadores del Círculo de Silencio afirmaron que “lejos de disuadir, estos esfuerzos por contener los flujos migratorios no han hecho más que desviarlos hacia otras rutas más mortíferas como la de Canarias. Además, a aquellos que logran superar la travesía se les niega la paz y la palabra, ya que la violación de derechos humanos continúa una vez llegados a puerto. Se les ha privado de su libertad, se les ha mantenido en condiciones de hacinamiento, en ocasiones sin asistencia letrada y sin posibilidad de defenderse e incluso se ha llegado a separar de manera forzosa a menores de sus familiares”.

Por todo ello, “ante una Europa que nos avergüenza, que levanta muros y vallas para separarnos y que se abastece de riquezas del sur pero que impide el paso de todas aquellas personas a las que han dejado sin recursos. Una Europa hipócrita que externaliza sus fronteras financiando a terceros para que custodien sus muros”, el Círculo de Silencio denunció:

  • Las políticas migratorias que han convertido el Mediterráneo y el Atlántico en la mayor fosa común del mundo.
  • La construcción de un vallado de 10 metros en las fronteras de Ceuta y Melilla.
  • Las políticas de externalización de fronteras que nos hacen cómplices y financiadores del maltrato que ejercen contra las personas migrantes los países terceros.
  • Las devoluciones en caliente y las devoluciones exprés, prácticas inhumanas que atentan contra la dignidad de las personas.
  • Que en los últimos meses se retomaran los vuelos de deportación en aviones comerciales hacia Marruecos, Mauritania y Senegal, prácticas que atentan contra los derechos reconocidos en nuestra legislación.
  • El discurso de odio contra personas migrantes que alimentan el racismo y la xenofobia y fomenta el rechazo en lugar de la acogida en nuestra sociedad.
  • La falta de atención humanitaria y recursos de acogida, que tiene como consecuencia el aumento de muertes en el mar, las condiciones infrahumanas a las que se enfrentan a su llegada, la escasez de servicios de asistencia letrada y traducción, así como el hacinamiento en los centros de recepción.
  • La actual ley de extranjería que justifica los reconocimientos por perfil racial y los CIES y pone trabas a las gestiones administrativas que permiten la regularización.

Antes de comenzar un tiempo de silencio, frente a estas políticas el Círculo exigió:

  • Que se haga un proceso de reparación y memoria que rinda justicia a las víctimas de las fronteras.
  • Que se respete la dignidad de todas las personas, migrantes o refugiados.
  • Que cesen las devoluciones en caliente y las deportaciones.
  • Que se creen vías legales y seguras por las que se pueda ejercer el derecho a migrar con dignidad.
  • Que se cree una ley de extranjería que promueva y garantice los derechos de las personas migrantes.
  • Que se promueva una política de expedición de visados seguros en el marco de una reforma estructural de la ley de extranjería, para que esta promocione las migraciones y no luche contra ellas.
  • Que la acogida y la hospitalidad sienten las bases para unas relaciones de igualdad.

En definitiva, “una Europa donde se inviertan recursos en acoger y regularizar en lugar de en controlar, detener y expulsar”.

Círculo de Silencio

El Círculo de Silencio es una acción no violenta que se realiza en un espacio público, habitualmente un día fijo al mes, en solidaridad con los migrantes y refugiados y que apela a la conciencia de todos para que se busque una respuesta de justicia y de dignidad a las situaciones que viven estas personas.

Los Círculos de Silencio comenzaron en Toulouse a finales de 2007 en el seno de una comunidad franciscana. Hoy reúnen en Francia a varios miles de personas de distinta procedencia, en más de 180 ciudades, una vez al mes. Esta iniciativa se ha extendido por otras ciudades europeas como Ginebra, Varsovia, Trento, Bruselas o Liverpool. También en España, además de en muchas localidades de nuestra diócesis, se reúnen círculos silencio en ciudades como Madrid, Burgos, Granada, Jaén, Salamanca, Zaragoza, Sevilla o Valladolid.

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La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial del Enfermo con el lema “Cuidémonos mutuamente”

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La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial del Enfermo con el lema “Cuidémonos mutuamente”

Este 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia Universal celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Este año bajo el lema “Cuidémonos mutuamente”, el papa Francisco destaca la importancia de este momento para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. En particular, señala, a las personas que sufren en todo el mundo la pandemia del coronavirus, así como a los más pobres y marginados.

El tema de la Jornada se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (Mt 23,1-12). “Cuando la fe se limita solo a palabras, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita”  refiere el Santo Padre.

Concretamente, en la Archidiócesis de Sevilla, la iglesia conventual del Santo Ángel Custodio acogerá la celebración eucarística por la Jornada Mundial del Enfermo hoy a las seis de la tarde. La Misa estará organizada por la Hospitalidad de Lourdes de Sevilla y la Orden de Carmelitas Descalzos, que veneran en su templo la primera imagen de Lourdes que llegó a la ciudad, en 1887.

La ceremonia será presidida por el sacerdote Carlos Coloma, consiliario de la Hospitalidad Diocesana de Lourdes y párroco de San Vicente Mártir. Durante la Misa intervendrá el Coro de Santa María Magdalena, Eucaristía que será retransmitida por el canal de Youtube de la Asociación del Santísimo Cristo de los Desamparados.

Acompañamiento a los enfermos

La cercanía de la Iglesia con los más necesitados se visualiza a través de miles de personas que voluntariamente ofrecen parte de su tiempo a mejorar sus condiciones de vida. La crisis actual de la COVID-19 ha puesto de manifiesto su la gran labor. La Iglesia española cuenta con 9.119 centros sociales y asistenciales, en los que fueron atendidas 4.095.346 personas durante 2018. Estos datos de la actividad asistencial de la Iglesia se recogen en la última Memoria anual de Actividades de la Iglesia Católica en España, que la CEE presentó el pasado mes de junio.

El acompañamiento de la Iglesia con las personas que sufren también comprende particularmente dos áreas sensibles como la pastoral de la salud, que cuenta con 20.288 voluntarios en 2.759 parroquias y acompañan a 176.276 enfermos; y la pastoral penitenciaria que reúne a 2.755 voluntarios que desarrollan 916 programas con los reclusos atendiendo a más de 21.000 personas. Igualmente, son muchas las instituciones y ONG vinculadas con la Iglesia católica que desarrollan estas labores en todos los campos. Dos de sus instituciones más significativas son Cáritas, con 84.551 voluntarios y 5.671 trabajadores que beneficiaron a 2,68 millones de personas; y Manos Unidas, con 5.347 voluntarios que afrontaron 564 nuevos proyectos en los que beneficiaron a 1,42 millones de personas.

Experiencia de enfermedad

El papa Francisco ha expresado que “la experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos angustiemos”.

En esta línea, el Pontífice expresa que la “pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas”. Manifiesta que “los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad”.

Invertir recursos – menciona el Papa-  en el cuidado y la atención a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien común primario. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares. Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana.

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La Iglesia en Sevilla insiste en su rechazo a la eutanasia y en su apuesta por los Cuidados Paliativos con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo

Hoy, 11 de febrero, la Iglesia recuerda a los enfermos del mundo e insta a los cristianos a rezar por ellos y a reivindicar medidas sociosanitarias que respondan a sus necesidades reales y pongan en el centro la dignidad de la persona.

Así, esta Jornada del Enfermo, que coincide con el Día de la Virgen de Lourdes, se vive por primera vez en un contexto de pandemia que ha provocado que muchas personas sientan la fragilidad de la vida muy cerca. Ante ésta, el papa Francisco propone en su Mensaje para este día seguir el modelo que nos muestra Jesús: “Detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio”.

Un pacto de confianza

Una actitud que se ha visto especialmente atentada en España a causa de la aprobación de la nueva Ley de regulación de la eutanasia.

Al respecto, desde la Conferencia Episcopal Española se ha denunciado que “el “derecho” a la eutanasia es propio de una visión individualista y reduccionista del ser humano y de una libertad desvinculada de la responsabilidad”, ya que se afirma “una radical autonomía individual y, al mismo tiempo, se reclama una intervención “compasiva” de la sociedad a través de la medicina, originándose una incoherencia antropológica”. Por un lado, explican los Obispos, se niega la dimensión social del ser humano, “diciendo mi vida es mía y sólo mía y me la puedo quitar” y, por otro, se pide que sea otro –la sociedad organizada– quien legitime la decisión o sustituya y elimine el sufrimiento o el sinsentido, eliminando la vida.

Asimismo, el papa Francisco asegura que la buena salud requiere de “un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes”. Este pacto de confianza se rompe completamente a raíz de la aprobación de la eutanasia.

Más y mejores Cuidados Paliativos

Como alternativa, la Iglesia defiende que el sufrimiento durante la enfermedad – requisito indispensable para la aplicación de la eutanasia en España- no debería tener cabida en una sociedad en la que existen los Cuidados Paliativos.

Lamentablemente, en la actualidad, el acceso a esta especialidad médica es insuficiente y desigual en nuestro país. De hecho, esta atención apenas llega al 50 % de los pacientes que lo requieren. Según la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), 80.000 personas fallecen cada año sin los Cuidados Paliativos que necesitan.

Por su parte, el Pontífice también se refiere a este asunto en su Mensaje por la Jornada Mundial del Enfermo, en el que denuncia que “los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad”. Por ello, hace una llamada a los gobiernos del mundo a invertir recursos en el cuidado y la atención a las personas enfermas, ya que es “una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien común primario”.

En definitiva, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo, la Iglesia en Sevilla quiere recordar que la verdadera alternativa a la eutanasia es la humanización de la muerte, es decir, ayudar al enfermo a vivir (no a morir) lo mejor posible durante la fase final de su vida, expresando el apoyo en todas las etapas de la enfermedad; garantizando el acceso universal y equitativo a unos Cuidados Paliativos de calidad; mejorando el trato y los cuidados requeridos, tanto físicos, como psicológicos y espirituales, al paciente y a su familia; exhortando también a nuestros políticos a invertir en investigación y en Sanidad; y exigiendo unas políticas sociosanitarias que realmente respondan a las necesidades de la población, que busquen aliviar el sufrimiento, sin terminar con la persona.

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