DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Diócesis de Almeríahttps://diocesisalmeria.org/
La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

En este mundo de la imagen y el postureo, puede sorprender que Jesús rehuyera cualquier tipo de aplauso o reconocimiento. El motivo es que Él no ha venido a suscitar el entusiasmo superficial y pasajero, sino a despertar una fe personal y profunda en aquellos que le escuchaban. Por esta razón, Jesús siempre pedía que se guardase silencio sobre las obras portentosas que realizaba.

Son muchas las curaciones que Jesús realizó, pero, posiblemente, ninguna sea tan significativa como las curaciones de los leprosos. Para el pueblo de Israel pensaba que la lepra era consecuencia de un pecado cometido por la persona que la padecía. Por tanto, se entendía que quien tenía lepra ya no se encontraba en comunión con Dios y era apartado de los frutos de la salvación. Además, el leproso debía vivir fuera de su casa y pueblo, experimentando la marginación y la «muerte» social. Debido a las penalidades que sufrían, aunque la enfermedad no fuese muy grave, terminaban muriendo de hambre, sed o apedreados. En resumen, la lepra era sinónimo de muerte, no solo física, sino en todas las dimensiones de la persona. Por ello, cuando Jesús cura a un leproso, no solo eliminaba la enfermedad, sino que restituía a la persona en todas las dimensiones de su existencia.

Hoy en día, la lepra es una enfermedad que tiene una cura relativamente sencilla. Pero, leyendo este pasaje del evangelio alegóricamente, se podría afirmar que la lepra sigue siendo una enfermedad que amenaza la vida religiosa de los cristianos. Sabemos que Jesucristo nos ofrece la salvación integral de la persona. Sin embargo, a veces, los cristianos nos empeñamos en mantener pequeñas «manchas de lepra» en nuestra vida. Son aquellos ámbitos o aspectos de nuestra vida que no se ajustan a lo que debe ser la vida de un cristiano, pero consideramos que podemos compatibilizar con la fe. Es como decir que hay algunos pecados que podemos repetir y no hacer nada por enmendar y que esta actitud es compatible con mi ser cristiano.

El problema que tiene la lepra es que si no se cura, una pequeña mancha terminará ocupando el cuerpo entero y llevando a la muerte. También en la vida espiritual, mantener sin curar un pecado o actitud que va en contra de lo que Jesucristo nos enseña y no tener ni siquiera la intención de esforzarse en sanarlo, llevará a la muerte espiritual o, al menos, a una vida cristiana muy disminuida.

La palabra de Jesucristo, como en el evangelio, sigue siendo igual de eficaz, pero solo podrá limpiarnos completamente si no nos cerramos a su acción sanadora. No dejemos ningún rincón de nuestra vida sin Dios.

Victoriano Montoya Villegas

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