La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial del Enfermo con el lema “Cuidémonos mutuamente”

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Sede metropolitana de la Iglesia Católica en España, y preside la provincia eclesiástica de Sevilla, con seis diócesis sufragáneas.

La Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial del Enfermo con el lema “Cuidémonos mutuamente”

Este 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia Universal celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Este año bajo el lema “Cuidémonos mutuamente”, el papa Francisco destaca la importancia de este momento para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. En particular, señala, a las personas que sufren en todo el mundo la pandemia del coronavirus, así como a los más pobres y marginados.

El tema de la Jornada se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (Mt 23,1-12). “Cuando la fe se limita solo a palabras, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita”  refiere el Santo Padre.

Concretamente, en la Archidiócesis de Sevilla, la iglesia conventual del Santo Ángel Custodio acogerá la celebración eucarística por la Jornada Mundial del Enfermo hoy a las seis de la tarde. La Misa estará organizada por la Hospitalidad de Lourdes de Sevilla y la Orden de Carmelitas Descalzos, que veneran en su templo la primera imagen de Lourdes que llegó a la ciudad, en 1887.

La ceremonia será presidida por el sacerdote Carlos Coloma, consiliario de la Hospitalidad Diocesana de Lourdes y párroco de San Vicente Mártir. Durante la Misa intervendrá el Coro de Santa María Magdalena, Eucaristía que será retransmitida por el canal de Youtube de la Asociación del Santísimo Cristo de los Desamparados.

Acompañamiento a los enfermos

La cercanía de la Iglesia con los más necesitados se visualiza a través de miles de personas que voluntariamente ofrecen parte de su tiempo a mejorar sus condiciones de vida. La crisis actual de la COVID-19 ha puesto de manifiesto su la gran labor. La Iglesia española cuenta con 9.119 centros sociales y asistenciales, en los que fueron atendidas 4.095.346 personas durante 2018. Estos datos de la actividad asistencial de la Iglesia se recogen en la última Memoria anual de Actividades de la Iglesia Católica en España, que la CEE presentó el pasado mes de junio.

El acompañamiento de la Iglesia con las personas que sufren también comprende particularmente dos áreas sensibles como la pastoral de la salud, que cuenta con 20.288 voluntarios en 2.759 parroquias y acompañan a 176.276 enfermos; y la pastoral penitenciaria que reúne a 2.755 voluntarios que desarrollan 916 programas con los reclusos atendiendo a más de 21.000 personas. Igualmente, son muchas las instituciones y ONG vinculadas con la Iglesia católica que desarrollan estas labores en todos los campos. Dos de sus instituciones más significativas son Cáritas, con 84.551 voluntarios y 5.671 trabajadores que beneficiaron a 2,68 millones de personas; y Manos Unidas, con 5.347 voluntarios que afrontaron 564 nuevos proyectos en los que beneficiaron a 1,42 millones de personas.

Experiencia de enfermedad

El papa Francisco ha expresado que “la experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos angustiemos”.

En esta línea, el Pontífice expresa que la “pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas”. Manifiesta que “los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad”.

Invertir recursos – menciona el Papa-  en el cuidado y la atención a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien común primario. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares. Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana.

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