El Círculo de Silencio recuerda a los fallecidos en la tragedia del Tarajal

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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

El 6 de febrero de 2014 cerca de 200 subsaharianos intentaban llegar a Ceuta nadando, salvando el espigón que separa Marruecos de España. La Guardia Civil los disuadía lanzando pelotas de goma y botes de humo. En su concentración mensual, el Círculo de Silencio de Cádiz ha recordado a los fallecidos durante este suceso.

Se han cumplido siete años de la muerte de al menos 14 personas en la frontera de Ceuta. “Siete años de injusticia. Siete años exigiendo responsabilidad y reparación. Siete años haciendo memoria, defendiendo la vida y exigiendo derechos”, recordaron los participantes del Círculo de Silencio que se dieron cita en la tarde de ayer, 10 de febrero, en la Plaza de la Catedral de Cádiz.

A través de la lectura de un manifiesto, el Círculo de Silencio denunció que “Tras siete años de litigio, la situación actual no es nada esperanzadora. El 27 de julio de 2020 la Audiencia Provincial de Cádiz, ordenó el sobreseimiento libre de la causa. Sigue pendiente de trámite el recurso contra dicha decisión que se ha de resolver en el Tribunal Supremo”.

Además, también se recordó a todos los migrantes fallecidos y desaparecidos en tragedias del mar y el desierto. La Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta aseguró que el 2020 ha dejado datos “espeluznantes”. Como consecuencia del endurecimiento del control fronterizo y de las políticas migratorias de Europa, cada vez son más las personas que pierden la vida intentando llegar a nuestro territorio. Según informes de Caminando Fronteras, aunque se contabilizan 2.170 muertes en las rutas de acceso al estado español, se estima que el 95% de las víctimas desaparecen en el mar sin que sus cuerpos sean recuperados.

En su lugar, expresaron en su escrito, “seguimos perpetuando toda una maquinaria política que invierte en la defensa de las fronteras. Las partidas presupuestarias destinadas a las guardias costeras y a la policía fronteriza de países como Marruecos, Mauritania o Senegal, entre otros, se han triplicado. ¿Y si estos recursos se destinaran a acoger en lugar de rechazar?».

De esta manera, los organizadores del Círculo de Silencio afirmaron que “lejos de disuadir, estos esfuerzos por contener los flujos migratorios no han hecho más que desviarlos hacia otras rutas más mortíferas como la de Canarias. Además, a aquellos que logran superar la travesía se les niega la paz y la palabra, ya que la violación de derechos humanos continúa una vez llegados a puerto. Se les ha privado de su libertad, se les ha mantenido en condiciones de hacinamiento, en ocasiones sin asistencia letrada y sin posibilidad de defenderse e incluso se ha llegado a separar de manera forzosa a menores de sus familiares”.

Por todo ello, “ante una Europa que nos avergüenza, que levanta muros y vallas para separarnos y que se abastece de riquezas del sur pero que impide el paso de todas aquellas personas a las que han dejado sin recursos. Una Europa hipócrita que externaliza sus fronteras financiando a terceros para que custodien sus muros”, el Círculo de Silencio denunció:

  • Las políticas migratorias que han convertido el Mediterráneo y el Atlántico en la mayor fosa común del mundo.
  • La construcción de un vallado de 10 metros en las fronteras de Ceuta y Melilla.
  • Las políticas de externalización de fronteras que nos hacen cómplices y financiadores del maltrato que ejercen contra las personas migrantes los países terceros.
  • Las devoluciones en caliente y las devoluciones exprés, prácticas inhumanas que atentan contra la dignidad de las personas.
  • Que en los últimos meses se retomaran los vuelos de deportación en aviones comerciales hacia Marruecos, Mauritania y Senegal, prácticas que atentan contra los derechos reconocidos en nuestra legislación.
  • El discurso de odio contra personas migrantes que alimentan el racismo y la xenofobia y fomenta el rechazo en lugar de la acogida en nuestra sociedad.
  • La falta de atención humanitaria y recursos de acogida, que tiene como consecuencia el aumento de muertes en el mar, las condiciones infrahumanas a las que se enfrentan a su llegada, la escasez de servicios de asistencia letrada y traducción, así como el hacinamiento en los centros de recepción.
  • La actual ley de extranjería que justifica los reconocimientos por perfil racial y los CIES y pone trabas a las gestiones administrativas que permiten la regularización.

Antes de comenzar un tiempo de silencio, frente a estas políticas el Círculo exigió:

  • Que se haga un proceso de reparación y memoria que rinda justicia a las víctimas de las fronteras.
  • Que se respete la dignidad de todas las personas, migrantes o refugiados.
  • Que cesen las devoluciones en caliente y las deportaciones.
  • Que se creen vías legales y seguras por las que se pueda ejercer el derecho a migrar con dignidad.
  • Que se cree una ley de extranjería que promueva y garantice los derechos de las personas migrantes.
  • Que se promueva una política de expedición de visados seguros en el marco de una reforma estructural de la ley de extranjería, para que esta promocione las migraciones y no luche contra ellas.
  • Que la acogida y la hospitalidad sienten las bases para unas relaciones de igualdad.

En definitiva, “una Europa donde se inviertan recursos en acoger y regularizar en lugar de en controlar, detener y expulsar”.

Círculo de Silencio

El Círculo de Silencio es una acción no violenta que se realiza en un espacio público, habitualmente un día fijo al mes, en solidaridad con los migrantes y refugiados y que apela a la conciencia de todos para que se busque una respuesta de justicia y de dignidad a las situaciones que viven estas personas.

Los Círculos de Silencio comenzaron en Toulouse a finales de 2007 en el seno de una comunidad franciscana. Hoy reúnen en Francia a varios miles de personas de distinta procedencia, en más de 180 ciudades, una vez al mes. Esta iniciativa se ha extendido por otras ciudades europeas como Ginebra, Varsovia, Trento, Bruselas o Liverpool. También en España, además de en muchas localidades de nuestra diócesis, se reúnen círculos silencio en ciudades como Madrid, Burgos, Granada, Jaén, Salamanca, Zaragoza, Sevilla o Valladolid.

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