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Los menores son sagrados

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La polémica por el cartel de Vox sobre los menores migrantes también ha salpicado a la Iglesia Católica. Rocío Monasterio ha afirmado, en Radio Nacional de España, en referencia a Cáritas: «Son uno de los beneficiarios de los 4.700 euros por plaza, así que entiendo que no quieran que cuestionemos la cifra». En su descargo, afirma que «Cáritas hace un trabajo extraordinario».

Más allá de que la cifra de los 4.700 euros sea el referido al montante global que Madrid entrega a las ONG que se encargan en la comunidad autónoma de la acogida de menores, españoles y extranjeros, en concepto de salario de los trabajadores o cubrir necesidades de espacio, conviene saber que los menores extranjeros de los que hablamos en Madrid, a fecha de marzo de este año son 269.

¿Qué se pretende, que a los menores extranjeros no se les atienda, no se les eduque para insertarlos socialmente o no se les ayude como al resto de los niños y adolescentes españoles? Utilizar a los MENA, discriminándolos y utilizándolos como arma política arrojadiza, sea uno o doscientos sesenta y nueve, es mezquino y desenfoca el problema. Amén de evidenciar una ruptura con las directrices de la Unión Europea, máxime cuando estamos pendientes de la modificación del Reglamento de Extranjería. De hecho, el actual Reglamento incumple los compromisos internacionales suscritos por España, entre otros el referido a la Convención de los Derechos del Niño; por cierto, tampoco da cumplimiento efectivo al art. 35.7 de la Ley de Extranjería al no considerar de manera primordial el interés superior del menor.

Con estos mimbres, la irrupción de los menores extranjeros en una campaña electoral autonómica no solamente abona estereotipos peligrosos sino que apunta desprecio a los derechos del menor y trata al electorado de analfabeto social; algo muy peligroso porque aunque a nadie se le escapan las dificultades, de sobra se sabe que el problema de fondo no son los MENA sino el drama migratorio, las sociedades deben entender que los menores, más allá de donde vengan, son sagrados.

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¿Sabías que una vez celebradas las exequias con las cenizas, estas no pueden volver a la iglesia?

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Así nos lo recuerda el Ritual de Exequias (libro V cap. VII, p. 1107):«En ningún caso la urna con las cenizas del difunto puede llevarse de nuevo a la iglesia para la conmemoración del aniversario ni en otras ocasiones, pues este traslado posterior del cuerpo a la iglesia se reserva a los santos canonizados»

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8 MAYO 2021: Próximas retransmisiones de Radio María desde Málaga

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Ofrecemos los horarios de las próximas retransmisiones de Radio María desde Málaga:

8 DE MAYO: Santa Misa desde la parroquia de Santa María Goretti de Málaga, a las 19.30 horas.

16 DE MAYO: Santo Rosario por colaboradores y voluntarios desde Antequera y Málaga, a las 9.25 horas.

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Mons. Figaredo: «Los discapacitados nos ayudan a salvar el mundo»

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Hablamos con el prefecto apostólico de Battambang (Camboya) después de que la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga aporte su ayuda material a las víctimas de las minas antipersona en la misión que lleva a cabo. Allí además, desde ahora, se venerará una réplica del Resucitado, titular de la entidad agrupacionista

Es posible colaborar con la donación de sillas de ruedas poniéndose en contacto con la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga

¿Cómo es Camboya, lugar que le atrapó ya siendo un universitario, en 1985?
Es difícil de describir en pocas palabras. Es un país precioso, con gente estupenda y una naturaleza increíble. Es un conjunto de verde luminoso por los arrozales y azul intenso cuando es la época de lluvias. Su gente es sencilla, amable, sonriente, con una capacidad de resiliencia especial y que nos enseñan el valor de la amistad, de la vida, de la tradición. Es un tesoro. Hay también monumentos muy bonitos, como los templos, que nos ayudan a valorar la historia y en conjunto es un país que merece la pena conocer y disfrutar. Los que vivimos allí, no lo cambiaríamos por nada.

Se le conoce como “el obispo de las sillas de ruedas”, y se le suele mencionar como Kike, un diminutivo cariñoso y familiar, algo que puede llamar la atención refiriéndose a un obispo. ¿Cómo se definiría? ¿Cómo le gustaría que la gente le conociera?
Para mí que mi nombre y mi ministerio esté asociado a la silla de ruedas es algo que me encanta, me inspira y me da fuerzas. Para mí la silla de ruedas ha sido un instrumento que me ha ayudado muchísimo a conocer a gente muy sencilla, en los pueblos, que sufre discapacidad, diversidad funcional. Ellos me han ayudado a que mi ministerio sea más bello y profundo, porque son personas que, desde los márgenes de la sociedad, me han iluminado, me han ayudado. Siempre he dicho que la silla de ruedas es como un sacramento que nos ayuda a ser mejores, porque es un signo visible de una gracia invisible. Es un diseño camboyano, y está hecho por y para personas con discapacidad, y yo como sacerdote ejerzo mi ministerio entregándolas, transformando la vida de mucha gente. Pasan de tener una vida estática a poder moverse, socializarse. Por lo que ese apelativo me enorgullece y estar asociado a estas personas me da mucha fuerza.

Su principal “periferia” allí es la de los discapacitados debido a las minas antipersona. ¿Cuántos sufren aún sus consecuencias?
Siguen siendo muchas, se habla de unas 60.000 personas, aunque gracias a Dios los accidentes con minas son cada vez menos frecuentes porque se están eliminando. Pero a través de esta gente, yo he podido conocer a personas con otro tipo de discapacidades y han ensanchado mi corazón. En Camboya, por la falta de medicinas y de posibilidades, hay muchas personas que sufren distintos tipos de discapacidad. La poliomelitis, por ejemplo, arrasó en su momento. También hay muchos niños que nacen con dificultades por problemas en el embarazo o en el parto, y niños con síndrome del espectro autista a los que atendemos y tratamos de favorecer su mejor integración en la sociedad. Todos ellos son una bendición para nuestra Iglesia, que quiere hacer un desarrollo inclusivo y que nos une a todos: aquellos que no pueden andar, con los que tienen y tenemos otras «discapacidades», como no saber relacionarnos, no saber hablar o tener un corazón estrecho y no ancho para amar a todos… Las personas con discapacidad son un enriquecimiento para el ministerio de la Iglesia y para mí personalmente.

Tienen incluso una imagen muy evocadora de un Cristo roto, mutilado, que usted lleva como pectoral. ¿Qué quiere significar?
Efectivamente, es un Cristo herido, le falta una pierna. Y para mí tiene tres significados muy inspiradores: que el Señor asume los sufrimientos de las personas con discapacidad; que las personas que sufren mutilación completan los sufrimientos del Señor y ayudan a la salvación del mundo. Los discapacitados nos ayudan a salvar el mundo, porque nos ensanchan el corazón con su vida. Y el tercero, es que ese Cristo roto nos habla de un cuerpo místico del Señor al que le falta algo, una pierna, por nuestra falta de entendimiento, de cariño, de voluntad de paz y nuestra misión es completar el Cristo total, que Cristo esté completo en el mundo. Que con nuestra caridad, nuestra compasión y nuestro trabajo por la paz, llevemos el amor y la compasión de Dios a todos los rincones para que el Cristo sea total. El Cristo roto es un Cristo que nos da fuerza y nos inspira para llevar la justicia de Dios a las personas que son discapacitadas. Es un Cristo que nos misiona.

No es la única tarea que Dios le tenía reservada allí. ¿Qué otras misiones tiene la Iglesia católica en Camboya? ¿Cuáles son los retos que plantea el ahora?
La primera y más importante para mí es mostrar el rostro amable de Dios que nos quiere a todos. Manifestar este rostro amable lo hacemos con nuestro servicio a las personas con discapacidad, pero también a todos los demás. Yo me considero prefecto apostólico no solo para los católicos, sino para todos. Nuestra presencia y nuestro servicio es para todos. Tenemos para eso servicios sociales, educativos, sanitarios, culturales, de promoción social, de ayuda a las víctimas de trata y de violencia, y ahí estamos. Estamos allí para ayudar a la integración social y mostrar el cariño y la ternura de Dios. Manifestar eso a través de los sacramentos y de nuestra labor catequética es también muy importante, pero va entrelazado con lo anterior, por ejemplo, enseñar el rostro de Dios a los jóvenes cuando los acogemos en la parroquia al venir de los pueblos a estudiar. Y al celebrar los sacramentos en la iglesia, lo hacemos para dar testimonio de tanta belleza como nos rodea, y así se dejan «tocar» creyentes y no creyentes.
 
Camboya sufre aún las consecuencias del régimen de los Jemeres Rojos. ¿Cómo es la presencia católica en la actualidad? ¿Cómo es su relación con la comunidad budista?
Sigue siendo un reto, porque hay quienes lo han sufrido directamente y estamos en diálogo con esta experiencia tan negativa y de muerte como fue el régimen, una vivencia de odio y de violencia que ha dejado heridas a muchas personas. Aún hoy hay muchos jóvenes que, aunque no lo han sufrido directamente, lo viven en casa con sus abuelos y sus padres, en quienes ese daño ha derivado en ocasiones en adicción al alcohol y en problemas psicológicos. Hay que acompañar, escuchar, y en esa escucha se produce una sanación. Este servicio lo hacemos diariamente de manera formal o informal. Con la comunidad budista tenemos una relación excelente. Nos da razones y motivos para colaborar con ellos, porque son muy abiertos, nos admiran, ven que nos preocupamos de problemas sociales desde un compromiso espiritual. Personalmente soy profesor en la Universidad budista, donde imparto Introducción a la Fe Cristiana y Doctrina Social de la Iglesia a los monjes budistas y la acogida es muy buena. Además, colaboramos mucho con la Universidad en proyectos con jóvenes para impartir valores humanos, fomentar la ecología y justicia social. Nos unen la construcción de la paz, la justicia, la ecología y la formación de los jóvenes.

He leído que cuando la fe cristiana fue finalmente reconocida oficialmente, en 1990, se celebró la primera Misa en una Vigilia Pascual y en ella participó una anciana que, durante 15 años, había seguido viviendo su fe como única católica en su pueblo, Prek-Toal. Imagino que conoce muchos testimonios como ese. ¿Cómo es la fe del pueblo camboyano? ¿Cuál podría contarnos?
Hay personas, efectivamente, que sobrevivieron de una manera anónima en los años de Pol Pot y en la guerra y la pobreza, como esta mujer hay otra en Tahen que lo que hacía era enseñar el Rosario a sus nietos, porque decía que la fe cristiana le había enseñado a sobrevivir en todas estas tragedias y quería inculcarles lo que a ella le había servido tanto durante todos esos años. Una maravilla. Los camboyanos son personas tremendamente creyentes y religiosas, porque ven la realidad traspasada por el Espíritu, ven presencia de Dios en muchos sitios con una evidencia que nosotros, que somos misioneros, al venir de otros contextos, no somos capaces de ver. El problema es purificar esta visión de la presencia del Señor, que viene para reinar con paz, con alegría y para darnos fuerza, y no malos espíritus. Estos no son del Señor. Nuestra labor evangelizadora es purificar esto. Ellos no tienen problemas de fe, buscan al Señor porque buscan a un Dios liberador y que nos protege del mal. Nos dan lecciones de aferrarse al amor de Dios, a la bondad de Cristo, a lo bueno que tiene el Espíritu del Señor que nos da fuerzas para vencer todo lo negativo de este mundo.

Viene a España después del reciente fallecimiento de su madre, y esta vez, solo, no acompañado de camboyanos, como a usted le gusta para que sean ellos quienes cuenten su historia. ¿Cómo está viviendo este viaje?
Es verdad, siempre vengo acompañado de niños y jóvenes que den testimonio de nuestra vida allí, porque pienso que ellos son los protagonistas y los que tienen que hablar. Yo solo soy el puente para que puedan hablar de sus sufrimientos y de sus sueños. Esta vez y la anterior he tenido que venir solo porque la pandemia no nos deja hacer otra cosa. Pero es como si trajera en mi mochila el cariño de todos ellos. Me siento la persona más indigna del mundo, y me siento dignificado por mi relación con la gente en Camboya, al lugar donde me envió el Señor, y donde me he enriquecido por sus vidas, que me ayudan a ser mejor aspirante a seguir al Señor. Cuando vengo, que no estoy con ellos, los tengo presentes a todas horas. Con lo cual espero que la pandemia deje de ser dominante en el mundo y que en el 2022 puedan venir conmigo los jóvenes de la Iglesia de Camboya.

¿Cómo puede la Iglesia de Málaga acercarse a estos hermanos y caminar juntos? ¿Hay algún proyecto de colaboración que quiera impulsar con su visita?
La primera manera es rezar unos por los otros. La segunda, colaborar para que las personas con discapacidad tengan una vida más digna. Ahora con las sillas de ruedas que Málaga nos dona vamos a seguir mejorando sus condiciones y transformando su realidad, haciéndola más plena. Va a ser maravilloso. Y espero que historias de éxito empiecen a llegar a Málaga para que se conozca cómo está repercutiendo todo eso allí. Y la tercera forma de acercarnos va a ser el arte. Este Cristo Resucitado que nos donan las cofradías de Semana Santa de Málaga espero que pronto pueda llegar a Camboya y nos ayudará a seguir apoyándonos. Ojalá que Juan Vega pueda seguir creando imágenes, no tan grandes, más sencillas, que nos pueden seguir inspirando y ayudando para poder rezar y profundizar en nuestra fe, y apoyar a las personas con discapacidad. Allí tenemos grandes artistas que son personas con discapacidad, y quizás podríamos unir ambas cosas, la cultura y la discapacidad. Sería muy importante. Espero que en el futuro, también, podamos venir nosotros con el grupo de danza tradicional clásica camboyana, para compartirlo con vosotros.

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Daimalos, Arenas y Trapiche acogen al Sr. Obispo

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El domingo 25 de abril, las parroquias de Inmaculada Concepción, en Daimalos; Santa Catalina Mártir, en Arenas; y San Isidro Labrador, en Trapiche recibieron al Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, dentro de la Visita Pastoral que está realizando al arciprestazgo de Axarquía Interior.

En palabras del párroco, Wilmer Alfredo Vasquez Ortega, «ha sido una experiencia espiritualmente enriquecedora para los hermanos que hacen vida activa en estas comunidades de la Axarquía Interior. Con alegría e ilusión, los fieles se animaron para recibir dignamente la presencia de su padre y pastor, escogido por Dios para apacentar al pueblo que peregrina al encuentro del Señor en medio de la Iglesia particular».

Unos pueblos que se han preparado con un tiempo de «oración y una oportuna catequesis para entender lo que implicaría la presencia de Don Jesús, en Visita Pastoral, a las parroquias. Esto ha sido fundamental para lograr que la jornada en torno al encuentro del Sr. Obispo con los fieles haya sido realmente edificante en el Señor», añade el párroco.

Y no queda todo en un día, sino que «nos corresponde ahora esforzarnos en lo que ha de ser la perseverancia y constancia en la fe, la esperanza y la caridad, para obtener con gozo los frutos que se derivan de la Visita Pastoral en este tiempo de Pascua en el que contemplamos a Cristo vivo y resucitado», concluye Wilmer, párroco de las tres comunidades. 

La jornada comenzó en la parroquia de Daimalos, donde el Sr. Obispo celebró la Eucaristía y compartió un tiempo con los feligreses. De allí se trasladaron a la parroquia de Arenas, donde visitó algunos enfermos, administró el sacramento de la reconciliación, celebró la Eucaristía y compartió inquietudes con la comunidad parroquial. El día concluyó en Trapiche, donde también administró el sacramento de la confirmación a varios feligreses. 

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EL QUE PERMANECE UNIDO… DA FRUTO, por Danilo Farneda. Comentario al Evangelio del Domingo V de Pascua (2 de mayo de 2021)

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Danilo Farneda, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el Evangelio del Domingo V de Pascua (San Juan 15, 1-8).

El Evangelio se refiere a una actitud esencial en todo discipulado, que consiste en mantenerse, en perseverar unido al maestro a lo largo del tiempo, cualesquiera sean las circunstancias. 
No siempre resulta sencillo hacer vida la Palabra, mantener en pie la opción bautismal. Lo constatamos en nuestra experiencia de discipulado.

Jesús lo sabía muy bien. El entusiasmo de sus seguidores y de los mismos apóstoles en un contexto de éxito y de popularidad, no garantizaba nada. De hecho, muchos de los que le escuchaban tuvieron arrebatos de seguimiento y hasta demostraron un fervor que resultó del todo inconsistente a la hora de la contradicción. 

Como el sarmiento da fruto si está unido a la vid, así el discípulo da frutos a condición de permanecer unido a su maestro.  

Vivimos una cultura fuertemente marcada por el éxito puntual y por una levedad enorme en relación a la fidelidad a proyectos de vida estables. La perseverancia no parece estar de moda. Entre otras razones, porque queremos resultados inmediatos.  Nos olvidamos que “los sueños más bellos se conquistan con esperanza, paciencia y empeño”. (Papa Francisco en Christus Vivit, 142)

Vivir el sueño de Dios en nuestras vidas exige perseverar en el camino de encuentro/unión con el Maestro. No se trata de una permanencia inerte, sino dinámica, creativa, comprometida.

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SOMOS PARA DIOS Y PARA LOS DEMÁS

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SOMOS PARA DIOS Y PARA LOS DEMÁS

Queridos jóvenes y diocesanos todos Este domingo la Iglesia celebra la «Jornada mundial de oración por las vocaciones» y también, acumulada por razón de tema, la «Jornada de vocaciones nativas». El lema de estas jornadas está marcado por la invitación del Papa Francisco a que todos, pero especialmente los jóvenes hemos de hacernos la pregunta: …

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“Un nuevo sacerdote es un don para la Iglesia y para el mundo entero”

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Homilía en la Eucaristía de Ordenación Sacerdotal de dos nuevos presbíteros, del Seminario “San Cecilio, en el Domingo del Buen Pastor y IV Domingo de Pascua, el 25 de abril de 2021.

En la Jornada Mundial por las Vocaciones Nativas, desde la delegación de Misiones

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En la Jornada Mundial por las Vocaciones Nativas, desde la delegación de Misiones

A todos los que leéis estas líneas os deseo la mejor bendición para vosotros y vuestras familias. La Iglesia celebra el domingo 25 de abril la Jornada Mundial por las Vocaciones Nativas.
La pregunta es: ¿Cuál es el objetivo de esta Jornada? Específicamente es la oración y la cooperación con los jóvenes que son llamados al sacerdocio o a la vida consagrada en los territorios de misión.

El Lema escogido para este año es ¿Para quién soy Yo? Es el papa Francisco quien invita, especialmente a los jóvenes, a formularse esta pregunta inesperada: “«Muchas veces, en la vida, perdemos tiempo preguntándonos: ‘Pero ¿quién soy yo?’. Y tú puedes preguntarte quién eres y pasar toda una vida buscando quién eres. Pero pregúntate: ‘¿Para quién soy yo?’» [Discurso, 8-4-2017]. Eres para Dios, sin duda. Pero Él quiso que seas también para los demás, y puso en ti muchas cualidades, inclinaciones, dones y carismas que no son para ti, sino para otros” (Christus vivit, 286).
Este año dedicado por el papa Francisco a la figura de san José; el gran Patriarca nos sugiere tres palabras clave para nuestra vocación. La primera es sueño. Todos en la vida sueñan con realizarse. Y es correcto que tengamos grandes expectativas, metas altas antes que objetivos efímeros —como el éxito, el dinero y la diversión—, que no son capaces de satisfacernos. De hecho, si pidiéramos a la gente que expresara en una sola palabra el sueño de su vida, no sería difícil imaginar la respuesta: “amor”. Es el amor el que da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega plenamente. San José tiene mucho que decirnos a este respecto porque, a través de los sueños que Dios le inspiró, hizo de su existencia un don.
Para llevar a cabo todos estos proyectos necesitamos no sólo la ayuda de la oración, que es muy poderosa, sino también la ayuda de nuestra aportación económica, de tal manera que no se pierda ninguna de las vocaciones que son escogidas por Dios, en los territorios de Misión. En el tríptico que adjuntamos aparece toda la información al respecto, también la cuenta donde podéis realizar vuestra aportación.
Deseándoos la mayor de las bendiciones en vuestra vida, quedo enormemente agradecido.
SEBASTIÁN ROBLES
DELEGADO EPISCOPAL DE OMP

 

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