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Lectio divina: Domingo día 20 de junio 2021 a las 18:00 h en la Parroquia Matriz de Santa Brígida de Irlanda

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Lectio divina: Domingo día 20 de junio 2021 a las 18:00 h en la Parroquia Matriz de Santa Brígida de Irlanda

Vea también:

– Tercera Orden Carmelita

– Lectio divina

El Señor nos invita hoy a la Lectio Divina ( Lectura orante de la Biblia). Se trata de una manera de profundizar en la Escritura, no tanto desde el estudio sino desde la oración, para llegar a un encuentro personal ’’de tu a tu’’ con Dios que nos habla a través de la Palabra, y nosotros le respondemos. Decía San Jerónimo que “desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”, por eso estamos invitados a conocer a Dios a través de su Palabra.

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– Lectio junio 2021

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“Corpus chico” y la profesión de Votos Perpetuos de la madre Glendy, en el Iglesia Noticia del 13 de junio

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“Corpus chico” y la profesión de Votos Perpetuos de la madre Glendy, en el Iglesia Noticia del 13 de junio

Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el domingo 13 de junio de 2021, a las 9:45 horas.

En el programa “Iglesia Noticia” de este XI Domingo del Tiempo Ordinario hablamos de la profesión perpetua de una de las “novias” del Albaicín, la madre Glendy Noelia, Esclava del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada del convento de San Gregorio Bético. Además hablamos del “Corpus Chico” que se volverá a celebrar en la Iglesia de Santa María de la Alhambra.

Informamos del fallecimiento de dos sacerdotes diocesanos, D. Andrés Molina y D. José Vega, así como de todos los detalles del próximo campamento de verano que prepara la Delgación de Juventud de Granada el próximo mes de julio cerca de la costa malagueña.

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Domingo XI del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 13 de junio de 2021

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Domingo XI del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 13 de junio de 2021

En este Domingo del Tiempo Ordinario, nos vamos metiendo en la profundidad de este tiempo litúrgico que nos pone como enfoque principal el Reino de Dios, el cual ha sido el centro y eje de la vida de Jesús y de su misión de querer hacerlo presente en medio de nosotros.
Jesús hace ese anuncio del Reino de Dios a través de las parábolas, breves discursos que, a modo de comparativa, nos enseñan con una narrativa sencilla en qué consiste ese reinado divino.

Nos encontramos con dos parábolas centradas ambas en el Reino de Dios, tratando las dos de hacernos más comprensible que ese Reino ya ha llegado con Cristo, y que su presencia no siempre es fácil de descubrir y puede ser desapercibida. Se nos revela el obrar misterioso de Dios en el mundo y en nuestras vidas. La semilla que es sembrada en el campo, va germinando y creciendo en lo oculto y sin ser notada, pero se va transformando hasta dar frutos que superan su tamaño inicial. Lo mismo que ocurre con la segunda de las parábolas, que compara nuevamente el Reino de Dios con un grano de mostaza, la más minúsculas de las semillas, que, una vez enterrada en la tierra da lugar a lo imprevisible, inesperado e imaginable: de la semilla surge un arbusto de considerables dimensiones que hasta los pájaros se aprovechan de sus ramas para anidar.
Hay procesos que vienen de Dios y que no dependen de nuestro esfuerzo ni de nuestro trabajo, y ese es el sentido que las dos parábolas nos transmiten. Por eso, tenemos que comprender que no se trata tanto del mucho hacer para que sucedan las cosas como el de dejar hacer para que sucedan las cosas. Tenemos que dejar a Dios ser Dios, y nosotros vivir con esa confianza de que Dios se encarga de que las cosas marchen, funcionen… Porque antes de nacer nosotros Él ya existía. Y antes de aparecer nosotros en escena, el mundo ya existía, el Reino de Dios ya existía. Y esas realidades no existen por nosotros, sino porque alguien más grande que nosotros y que todo lo que existe es el motor de todo.
Pero las dos parábolas no subrayan tanto el comienzo como el final. Lo sorprendente, lo grandioso y lo importante es el final, es decir, el resultado que viene provocado por la mano e intervención de Dios. Y es que Dios de lo pequeño y de lo débil saca grandes cosas. Todo en el en presente es importante y hemos de cuidarlo por insignificante que sea, porque de lo que nos parece inútil, de lo que no esperamos nada o de lo que creemos que no va a merecer de la pena, si es de Dios, ya se encargará Él de que tenga buen fin. A veces a nosotros nos toca también sembrar y no recoger los frutos, que serán recogidos por otros. Por tanto, el Reino de Dios ya está presente ahora y en nuestro tiempo, en pequeñas semillas que Dios va poniendo en el corazón de cada hombre y de cada mujer a la espera de dar sus frutos. El mensaje de Jesús, el Evangelio, es la semilla que Dios primero siembra día a día en nuestro corazón, que va arraigando poco a poco, en lo profundo y en lo secreto de nuestro interior y de nuestro ser, que nos va transformando y que deja como resultado los frutos de una vida de entrega, servicio, de hacer el bien, etc.
Estas dos parábolas de un mismo discurso y enseñanza, nos han de motivar a no perder nunca la esperanza, a tener paciencia y a no desechar lo que tarda en llegar, lo que nos parece imposible y lo que creemos que está condenado a un fracaso. Puede ser que tangamos motivos para el optimismo y la desilusión porque a veces los avances vienen acompañados de conflictos, fracasos, contradicciones… Pero tu actitud ahí no ha de ser la de forzar, ni la de impacientarte ni venirte abajo, sino la de confiar en Dios, porque hay situaciones y realidades que sin su actuación no se consigue nada por mucho que nosotros nos empeñemos. Todo inicio cuesta, se hace lento, hay pobrezas… pero, a pesar de todo eso, el Reino de Dios, rodeado de dificultades y obstáculos, se va abriendo camino y se va haciendo patente. Podemos ahogarnos en un activismo pensando que por el mucho hacer todo sucederá antes y mejor, y caer en la trampa de la búsqueda del perfeccionismo, cayendo a su vez en el engaño de creernos imprescindibles y más poderosos de lo que humanamente somos. Podemos también hundirnos en el pesimismo y en la impotencia que nos lleva a la resignación, al conformismo o a creernos inútiles. Confiemos en el Espíritu Santo, en su acción en el mundo y en nosotros. La gracia de Dios actúa en nosotros hasta siendo inconscientes. Los dones de Dios los recibimos gratuitamente y aunque nosotros no pongamos nada. Déjate sembrar y deja que Dios ponga todo lo demás que falta.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/ 

 

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Festividad de San Antonio de Padua y San Fándila, monje y mártir cordobés

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Festividad de San Antonio de Padua y San Fándila, monje y mártir cordobés

 

San Antonio de Padua

imagesNació en Lisboa el 15 de agosto de 1195, con el nombre de Fernando de Bulhões, en el seno de una familia pudiente descendiente del cruzado Godofredo de Bouillon, y murió en Padua el 13 de junio de 1231.

Al ser bautizado recibió el nombre de Fernando. Su familia le procuró una sólida educación en la escuela catedralicia local. Contrario a los deseos de su familia, Fernando ingresó en la Abadía Agustina de San Vicente en las afueras de Lisboa. Los monjes de la orden de San Agustín, de la cual el era miembro, eran famosos por su dedicación a los estudios. Fernando estudió las Sagradas Escrituras, a San Jerónimo, a San Agustín, a San Gregorio el Magno y a San Bernardo. También estudió los clásicos latinos como Ovidio y Séneca. Sin embargo, Fernando recibía constantemente la visita de amigos y familiares que le traían regalos de los cuales se avergonzaba y noticias de su entorno social que le molestaban. Su dedicación al estudio se veía importunada y no lograba encontrar paz donde se encontraba. Por tal razón convenció a sus superiores para que le trasladaran a la Abadía Agustina de la Santa Cruz en Coimbra, la entonces capital de Portugal y así continuar sus estudios. En el verano de 1220 recibió el hábito franciscano y comenzó a estudiar la enseñanzas de su fundador, Francisco de Asís. Adoptó el nombre de Antonio en honor de Antonio el Magno a quien estaba dedicada la ermita franciscana en la que él residía. En la fiesta de Pentecostés de 1221 miles de frailes se congregaron en Asís, episodio que ha pasado a la historia como el Capítulo de las Esteras ya que muchos de los frailes ahí reunidos tuvieron que dormir en esteras. Este Capítulo General tuvo por tema un versículo del Salmo 143: “Bendito sea el Señor mi Dios que adiestra mis manos para la batalla” y estuvo presidido por el cardenal Raniero Capocci en ausencia del patrón de la orden, el cardenal Ugolino dei Conti di Segni quien sería el futuro Gregorio IX, el papa que canonizará a San Francisco.Una vez concluida la reunión, el provincial de Bolonia, Fraile Graziano lo envió a una pequeña ermita en las montañas del pueblo de Montepaolo para que sirviera como sacerdote. Este fue uno de los períodos más felices de la vida de Antonio de Padua quien por fin había pasado a vivir en la sencillez absoluta. A finales del verano de 1222 la comunidad franciscana descendió al valle para asistir a las ordenaciones sacerdotales en la catedral de Forlí. Antonio se vio obligado a predicar cuando el predicador no pudo llegar y todos quedaron maravillados con su sermón. A partir de entonces, viajó por todo el norte de Italia y el sur de Francia predicando especialmente en zonas donde la herejía primaba.

Se dice que era un predicador elocuente con una voz clara y fuerte, una atractiva sonrisa y una maravillosa memoria. Llamado «Doctor Evangélico». Escribió sermones para todas las fiestas del año. Con el celo de un apóstol emprendió la tarea de reformar la moralidad de su tiempo combatiendo de forma especial la lujuria, la avaricia y la tiranía. Su obra escrita son los Sermones en latín.

San Antonio de Padua posee el récord de la canonización más rápida de la historia. Fue declarado santo 352 días después de su deceso, el 30 de mayo de 1232, fiesta de Pentecostés. Su muerte acaeció un 13 de junio, día de celebraciones populares en Lisboa. San Antonio es el patrón de Lisboa, de Padua, donde permanecen sus restos, y numerosas otras ciudades, como Concordia (Entre Ríos), en Argentina.

Por los numerosos milagros que se le atribuyen es aclamado en todo el mundo. Los habitantes de Padua construyeron en su memoria una magnífica basílica a donde fueron transferidos sus restos en 1263. Cuando la bóveda en la que por treinta años permaneció su cuerpo fue abierta, se encontró que las carnes del mismo se habían reducido a polvo pero su lengua, que le había servido para las predicaciones, se mantenía intacta con un vívido color rojo. Buenaventura tomó con afecto la lengua en sus manos y la besó exclamando: “Oh bendita lengua que siempre alabaste al Señor e hiciste que otros lo alabaran, haces evidente ahora tus méritos ante el señor.

La fama de los milagros de San Antonio nunca ha disminuido, e incluso en la actualidad es reconocido como el más grande milagrero de todos los tiempos. Como renombrado orador atrajo a las multitudes dondequiera que fue hablando en múltiples lenguas y según la leyenda hasta los peces del Brenta se extasiaban con su prédica.

Uno de los santos más venerados, sus estampitas y esculturas se encuentran por doquier. Fue proclamado Doctor de la Iglesia el 16 de enero de 1946 y es llamado el “Doctor Evangélico” en muchas ocasiones. Se le invoca especialmente a la hora de encontrar objetos perdidos. También se le invoca para contrarrestar la hambruna y la escasez. Patrono de los amputados, los animales, los remeros, el Brasil, de la diócesis de Beaumont, de los animales domésticos, de los ancianos, de las embarazadas, de la fe en el Sagrado Sacramento, de Ferrazano, de los pescadores, de las cosechas, de los caballos, de Lisboa, de los animales pequeños, del correo, de los marinos, de los oprimidos, de los pobres, de Padua, de Portugal, de los navegantes, de los estériles, de los criadores de cerdos, de los indios tiguas, de las aeromozas, de los viajeros y de los aguadores.

En Portugal, Brasil y algunas partes de América Latina es reconocido como el santo de los matrimonios y el día de su fiesta (el 13 de junio) las muchachas solteras pueden comprar una pequeña imagen de San Antonio y colocarla al revés como castigo hasta que hayan encontrado un buen marido. Esta curiosa devoción ha sido retratada muchas veces en la cultura popular portuguesa y latinoamericana.

 

San Fándila, monje y mártir

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Mártir mozárabe que murió durante el reinado de Muhammad I (852-856), según recoge en su libro Manuel Nieto Cumplido titulado “Córdoba: patrimonio de santidad”. Muhammad mandó expulsar del palacio emiral a todos los cristianos que tenían puestos en la administración del estado, esto condujo a unos cristianos a la apostasía y a otros al martirio. San Fándila procedente de Guadix, se encontraba en Córdoba para estudiar e ingresó en el monasterio de Los Tábanos y recibió el presbiterado. Un día se presentó ante el juez y dio testimonio de su fe. Fue encarcelado y cumplió la pena de muerte, finalmente, fue colgado de un patíbulo al otro lado del río.

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La Diócesis de Asidonia-Jerez presente en la toma de posesión del nuevo Arzobispo de la Archidiócesis de Sevilla

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Monseñor D. José Rico Pavés, Obispo electo de Asidonia-Jerez, D. Federico Mantaras, Administrador Diocesano de Asidonia-Jerez y sacerdotes diocesanos presentes en la toma de posesión del nuevo Arzobispo de la Iglesia Hispalense.

La Archidiócesis de Sevilla ha acogido esta mañana a las 11hrs en la Catedral de Santa María de la Sede, la toma de posesión de su nuevo pastor, Monseñor D. José Ángel Saiz Meneses. Siguiendo las correspondientes medidas higiénicos sanitarias, en esta Eucaristía han estado presente Monseñor D. José Rico Pavés, Obispo electo de Asidonia-Jerez, D. Federico Mantaras, Administrador Diocesano y sacerdotes diocesanos, los cuales han querido acompañar en esta celebración al Arzobispo de la Archidiócesis de Sevilla, provincia eclesiástica a la que pertenece la Iglesia Asidonense.

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Monseñor D. José Rico Pavés, Obispo electo de Asidonia-Jerez junto a D. Federico Mantaras, Administrador Diocesano de Asidonia-Jerez.

Por otro lado, el turno de esta celebración en la Iglesia Asidonense será el próximo 31 de julio a las 11hrs en la Santa Iglesia Catedral. Este día, Monseñor D. José Rico Pavés, tomará posesión como Obispo de Asidonia-Jerez, siendo así el cuarto prelado de la historia de la Diócesis.

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El obispo de Guadix asiste a la toma de posesión del nuevo arzobispo de Sevilla. D. José Ángel Saiz Meneses

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El obispo de Guadix asiste a la toma de posesión del nuevo arzobispo de Sevilla. D. José Ángel Saiz Meneses

 

D. Francisco Jesús Orozco asiste este sábado 12 de junio a la toma de posesión del nuevo arzobispo de Sevilla. D. José Ángel Saiz Meneses, toma posesión de la diócesis hispalense el 112 de junio, a las 11 de la mañana, en la catedral. Sucede a D. Juan José Asenjo, que se jubila por edad, además de por tener algunos problemas con la vista.

Unos cuarenta cardenales, arzobispos y obispos han confirmado su asistencia a la toma de posesión de Mons. Saiz Meneses, que llega de la diócesis de Tarrasa, en Barcelona, donde ha sido el primer obispo de esa diócesis, ya que es de reciente creación. Y llega a Sevilla constituido como arzobispo metropolitano.

D. Francisco Jesús Orozco ha coincidido con el nuevo arzobispo de Sevilla cuando el prelado accitano era delegado de Juventud en la diócesis cordobesa. A partir de ahora, trabajarán juntos en los temas relativos a la comunidad andaluza y en otros asuntos pastorales en los que los obispos andaluces se organizan y trabajan en comunión, coordinados en la Asamblea de Obispos del Sur de España.

Antonio Gómez

 

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Mons. Asenjo al nuevo arzobispo de Sevilla: “Desde que se hizo público el nombramiento hemos encomendado al Señor tu persona y ministerio”

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Mons. Asenjo al nuevo arzobispo de Sevilla: “Desde que se hizo público el nombramiento hemos encomendado al Señor tu persona y ministerio”

Monseñor Juan José Asenjo – a partir de hoy – arzobispo emérito de Sevilla, en su alocución, durante la toma de posesión de mons. José Ángel Saiz Meneses, como arzobispo de Sevilla, ha expresado su cálida bienvenida a su hermano Saiz Meneses “a una diócesis de profundas raíces cristianas, tempranamente evangelizada y fecundada ya en el siglo III por la sangre de las mártires Justa y Rufina”.

Ha expresado que desde que se hizo público el nombramiento, “desde todos los rincones de la Archidiócesis hemos encomendado al Señor tu persona y ministerio, y le hemos pedido que encuentres en nosotros un pueblo bien dispuesto y que te conceda el corazón, las entrañas, los sentimientos y el estilo de Jesucristo Buen Pastor, que no vino a ser servido sino a servir y a entregar su vida en rescate por muchos. Es lo que el Señor espera de ti y lo que tus hermanos obispos, sacerdotes, consagrados y seminaristas, autoridades y fieles que te acompañamos pedimos al Señor para ti”.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Con estas palabras del salmo 118, mons. Asenjo recibió al señor Nuncio Apostólico, a los cardenales, arzobispos y obispos, sacerdotes y diáconos, consagrados, seminaristas, autoridades y fieles, a la Eucaristía de toma de posesión del nuevo arzobispo de Sevilla.

“Te recibimos con espíritu sobrenatural, como recibiríamos al Señor, al que representas. El episcopologio de la Archidiócesis hispalense contiene una pléyade de figuras extraordinarias entre las que descuellan los grandes Padres de la Iglesia hispana, los santos Leandro e Isidoro”.

Por tanto, “heredas una Iglesia que a lo largo de los siglos ha dado abundantes frutos de santidad. Baste citar los nombres de santa Ángela de la Cruz, santa María de la Purísima, el beato cardenal Espínola, el obispo san Manuel González García, presbítero de esta Iglesia, la beata Victoria Díez y los mártires sevillanos del siglo XX, cuya causa está en su trámite final en Roma”.

Patrimonio artístico exuberante

La Archidiócesis de Sevilla — ha expresado Asenjo Pelegrina — ha generado innumerables obras e instituciones en el campo de la cultura y un patrimonio artístico exuberante y esplendoroso, fruto de la fe de este pueblo. Ha creado también fecundas instituciones socio-caritativas.

“Destaca entre ellas la obra admirable del venerable Miguel Mañara, fundador de la hermandad y el hospital de la Santa Caridad, modelo hoy para las obras diocesanas que van surgiendo al servicio de cuantos van quedando en las cunetas de la sociedad como consecuencia de la pandemia que nos aflige y su consiguiente crisis económica”.

Seminario floreciente

En esta línea, mons. Saiz recibe también un clero celoso, trabajador y muy consciente de su misión apostólica, unos seminarios florecientes y unas instituciones académicas, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y la Facultad de Teología, que superan juntas más de 500 alumnos. “Pronto te sentirás orgulloso de la tarea y el compromiso de la Cáritas diocesana y de las Cáritas parroquiales”, ha expresado.

Ha referido también que, en su nueva etapa en Sevilla, mons. Saiz Meneses se va a encontrar con la colaboración apreciable de la Vida Consagrada en la Pastoral diocesana y con muchos laicos de fe honda, formación excelente y corazón de apóstol. “Con frecuencia te los encontrarás por las calles y te dirán con espontánea sinceridad que te quieren y que rezan por ti”.

Las hermandades, un dique formidable contra la secularización

También le esperan al nuevo arzobispo de la Archidiócesis hispalense, “cerca de 700 hermandades y cofradías, una auténtica riqueza en esta Iglesia particular. Quiérelas, valóralas y acompáñalas. Que sientan tu cercanía y tu calor. Son un dique formidable contra la secularización. Contribuyen de forma decisiva a mantener fresco el humus cristiano de esta tierra. Son para muchos sevillanos camino de vida cristiana, de formación, de impulso apostólico y de servicio a los pobres, como se está demostrando en estos momentos críticos”.

Finalmente, el arzobispo emérito de Sevilla, ha encomendado a la santísima Virgen María, en la advocación de María de los Reyes, su ministerio episcopal “y que en esta mañana te mire con especial ternura, te proteja, sostenga y acompañe en el hermoso camino que hoy emprendes, y llene de fecundidad tu ministerio para gloria de Dios”.

Galería fotográfica de la ceremonia 

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Mons. Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla: “Inicio mi ministerio episcopal con asombro y con profundo respeto”

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La ceremonia de toma de posesión de monseñor José Ángel Saiz Meneses, como nuevo pastor y guía de la Archidiócesis de Sevilla ha tenido lugar la mañana de este sábado 12 de junio, en el altar del jubileo de la Catedral hispalense. La Eucaristía, llena de una riqueza litúrgica peculiar, trascurrió en medio de la presencia de más de una treintena de obispos procedentes de diversas diócesis de España, quienes junto al nuncio apostólico, mons. Bernardito Azúa, acompañaron mons. Saiz en el relevo de mons, Asenjo Pelegrina, como cabeza de la Iglesia en Sevilla.

La ceremonia comenzó a las once de la mañana, cuando la comitiva compuesta por el nuncio, el mons, Saiz y el arzobispo emérito fue recibida en la Puerta de la Asunción de la Catedral, por el Cabildo Metropolitano. Seguidamente, el deán, Teodoro León, dio a besar el Lignum Crucis al nuncio y al arzobispo, quienes se dirigieron a la capilla de la Antigua, donde está la Reserva del Santísimo Sacramento, para adorar a Jesús en la Eucaristía. Finalmente, se revistieron en la sacristía de los Cálices para dar comienzo a la Santa Misa.

Tras una breve alocución de mons Asenjo, el nuncio presentó a mons. Saiz, se mostraron y leyeron las Letras Apostólicas firmadas por el papa Francisco. Así, mons. Saiz ocupó la cátedra y recibió el báculo, formalizando con este gesto, el relevo al frente de la Archidiócesis. Seguidamente, una representación de sacerdotes, religiosas y laicos subió al presbiterio para saludar al nuevo arzobispo de Sevilla.

Asombro y profundo respeto

Mons, Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, expresó durante su homilía, que inicia su ministerio episcopal “con asombro y con profundo respeto. Como el profeta Jeremías, me siento pequeño e indigno”.

Así, “la confianza en el Señor, que da la gracia para llevar a cabo la misión encomendada, y la confianza en todos vosotros, en vuestra oración y colaboración, me dan la fuerza para iniciar este camino”, manifestó.

En el gran eslabón de la cadena apostólica “el Señor me ha conducido hasta, al servicio de esta querida Iglesia diocesana de Sevilla”. Por tanto, “llego a una diócesis con una historia fecunda y brillante, de profundas raíces cristianas, que ha dado inmensos frutos de fe y amor, de cultura, de arte, de solidaridad, a lo largo de los siglos”.

Iglesia en salida

El arzobispo de Sevilla, en medio de la grave crisis en todos los niveles, que ha traído como consecuencia la pandemia, ha expresado que “hemos de ser solidarios con el sufrimiento humano y testigos de la misericordia de Dios”.

“Ante la pérdida de sentido y el empobrecimiento espiritual, ofrecemos el sentido de la trascendencia, la seguridad de que el ser humano es capaz de encontrarse con Dios. En un mundo secularizado hemos de ayudar a nuestros coetáneos a alzar la mirada al cielo y elevar el nivel de sus horizontes vitales; hemos de recordar la verdad más profunda del ser humano: que Dios nos ha creado, nos mantiene en la existencia y nos llama a la unión con Él”, reflexionó.

En este sentido, “a pesar de nuestra pequeñez, somos enviados por el Señor a anunciar la Buena Nueva, somos los testigos de Jesucristo en la sociedad del siglo XXI, llamados a dar una respuesta convencida y convincente ante esos desafíos”.

Ante la cultura dominante relativista y subjetivista “ofrecemos la centralidad de la Persona de Jesucristo. Porque la esencia del cristianismo es Cristo y la vida cristiana comienza a partir de un encuentro con Él, porque Cristo es el centro de la vida y de la misión de la Iglesia. También ofrecemos una moral firme y clara que se fundamenta en el amor a Dios y al prójimo, en el respeto absoluto a la persona y a la vida humana, especialmente cuando esa vida es más débil e indefensa”, ha resaltado.

Tarea evangelizadora y catequética

Mons. José Ángel Saiz exhortó a “seguir caminando juntos en la vida y en la misión de la Iglesia, en sinodalidad, poniendo en práctica la espiritualidad de la comunión”, porque “el Señor nos ha elegido y nos envía para que demos un fruto abundante y duradero. A pesar de las dificultades del momento presente, a pesar de nuestra pobreza y pequeñez”.

Para ello, “nos inspira el testimonio martirial de las santas Justa y Rufina, y de la beata Victoria; nos inspira la inmensa tarea evangelizadora y catequizadora de los santos obispos Leandro e Isidoro. Nos inspira la trascendencia histórica de la vida de san Fernando; nos inspira la labor pastoral y el amor a los pobres del beato Marcelo Spínola, la centralidad de la Eucaristía de san Manuel González, así como el ejemplo de las santas Ángela de la Cruz y María de la Purísima en su entrega a los más necesitados”.

Ante la desvinculación, la desconfianza y la liquidez de la vida, del mundo y del ser humano, es preciso que “que demos testimonio del ideal de vida cristiana, con una espiritualidad recia y profunda”.

Autoridades eclesiásticas

Cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, miembros del Colegio de Consultores y del Cabildo metropolitano,  vicarios episcopales, delegados episcopales y diocesanos, diáconos, seminaristas, miembros de Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, el ordo virginum y las comunidades de vida contemplativa, fieles laicos, familias,  jóvenes, miembros de instituciones caritativas y sociales, de movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales y miembros de las hermandades y cofradías han acudido para acoger, rezar y arropar fraternalmente, a mons. Saiz Meneses, que junto a sus familiares y amigos de Terrassa, Barcelona, Sisante y Cuenca han acudido a la ceremonia.

Mons. Saiz tuvo también unas palabras de agradecimiento para sus padres, Jesús y Concepción, “que desde la casa del Padre se unen a nosotros”.

Autoridades civiles 

Mons. Saiz dirigió un  respetuoso y cordial saludo a las autoridades civiles, militares, judiciales y académicas de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de la provincia y de la ciudad de Sevilla. “Os ofrezco mi colaboración leal en todo lo que se refiera al bien común y a la paz social de nuestro pueblo, especialmente a los más necesitados, a los más golpeados en estos momentos a causa de la pandemia”, ha referido.

A la ceremonia de toma de posesión asistieron el alcalde de Sevilla y a la Corporación Municipal. Acudieron también el Alcalde de Sisante; el teniente general Jefe de la Fuerza Terrestre; a la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico; el senador; el rector de la Universidad de Sevilla, el delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía; el presidente de la Audiencia Provincial de Sevilla; el general director de Enseñanza del Ejército del Aire; la Junta de Gobierno de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla; el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla, y a los Hermanos Mayores de las Hermandades y Cofradías de la Archidiócesis.

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Misa estacional con motivo de la toma de posesión como Arzobispo de Sevilla

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1 “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he
destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure”. Estas palabras de Jesús a
los Apóstoles que acabamos de escuchar en el Evangelio reflejan la elección eterna en
Cristo y la primacía de la gracia en la misión apostólica. Hoy, ante la nueva misión que
inicio entre vosotros os invito a dar gracias a Dios por su llamada, por su elección, por la
misión de la cual somos partícipes.
Quiero expresar mi saludo agradecido a todos cuantos me acompañáis en esta
celebración. En primer lugar, al Sr. Nuncio de Su Santidad en España, con el ruego de
que haga llegar al Santo Padre Francisco mi agradecimiento por la confianza depositada,
y el testimonio de mi cordial comunión y adhesión a su persona y a su magisterio.
Saludo al Señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española y a los demás
Cardenales aquí presentes, de modo especial al Cardenal don Carlos Amigo Vallejo,
Arzobispo emérito de esta sede hispalense, tan querido y recordado. Igualmente saludo
a los Arzobispos y Obispos presentes, signo visible de la comunión y colegialidad
episcopal. Saludo con especial agradecimiento a Mons. Juan José Asenjo Pelegrina,
predecesor inmediato en esta Archidiócesis, por su fraternal acogida, por sus amables
palabras y sabios consejos, por su generosa tarea realizada a lo largo de más de 12 años,
por haberse entregado hasta el final en su fecundo ministerio; saludo también a los
obispos de la provincia Eclesiástica de Sevilla.
Un saludo a los miembros del Colegio de Consultores y del Cabildo metropolitano, a los
vicarios episcopales, a los delegados episcopales y diocesanos, a todos los hermanos
sacerdotes del clero secular y regular y a los diáconos; también a los seminaristas, a los
miembros de Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, al ordo
virginum y a las comunidades de vida contemplativa. Saludo a todos los fieles laicos, a
las familias, a los jóvenes, futuro de la Iglesia y de la sociedad; a los miembros de
instituciones caritativas y sociales, de movimientos, asociaciones y diferentes realidades
eclesiales; a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo a los aquí presentes
y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación, a los
ancianos, a los enfermos, a los que más sufren a causa de la pandemia y de la crisis
económica.
También a los amigos que han venido de lejos, desde Terrassa y Barcelona, desde Sisante
y Cuenca, o desde otros lugares de nuestra geografía. Saludo a mi querida familia, tan
importante y tan presente a lo largo de mi vida. Un recuerdo desde lo más hondo de mi
corazón para mis padres, Jesús y Concepción, que desde la casa del Padre se unen a
nosotros.
Un saludo respetuoso y cordial a los Excelentísimos Señores: Sr. Alcalde de Sevilla y
Corporación Municipal; Sr. Alcalde de Sisante; Sr. Teniente General Jefe de la Fuerza
Terrestre; Sra. Consejera de Cultura y Patrimonio Histórico; Sr. Senador; Sr. Rector
Magnífico de la Universidad de Sevilla; Sr. Delegado del Gobierno de la Junta de
Andalucía; Sr. Presidente de la Audiencia Provincial de Sevilla; Sr. General Director de
Enseñanza del Ejército del Aire; Junta de Gobierno de la Real Maestranza de Caballería
de Sevilla; Sr. Presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad
de Sevilla, y a los Hermanos Mayores de las Hermandades y Cofradías de la archidiócesis;
a todas las demás autoridades civiles, militares, judiciales y académicas de la Comunidad
Autónoma de Andalucía, de la provincia y de la ciudad de Sevilla. Os ofrezco mi
colaboración leal en todo lo que se refiera al bien común y a la paz social de nuestro
pueblo, especialmente a los más necesitados, a los más golpeados en estos momentos
a causa de la pandemia.

  1. “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he
    destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure”. Inicio hoy mi ministerio
    episcopal con asombro y con profundo respeto. Como el profeta Jeremías, me siento
    pequeño e indigno. La confianza en el Señor, que da la gracia para llevar a cabo la misión
    encomendada, y la confianza en todos vosotros, en vuestra oración y colaboración, me
    dan la fuerza para iniciar este camino. Los caminos del Señor me han conducido hasta
    aquí para ser un eslabón más de la cadena apostólica, al servicio de esta querida Iglesia
    diocesana de Sevilla.
    Llego a una diócesis con una historia fecunda y brillante, de profundas raíces cristianas,
    que ha dado inmensos frutos de fe y amor, de cultura, de arte, de solidaridad, a lo largo
    de los siglos. Esta catedral de Santa María de la Sede es una muestra de la belleza que
    eleva el espíritu y nos conduce al encuentro con Dios. Una Iglesia de grandes santos que
    han marcado la historia de la Iglesia y de la sociedad: las mártires santa Justa y santa
    Rufina, en el siglo III; los arzobispos san Leandro y san Isidoro, en el siglo VII; el rey
    Fernando III el Santo, en el siglo XIII; el beato Marcelo Spínola, en el siglo XIX; san Manuel
    González, la beata Victoria Díez, santa Ángela de la Cruz y santa María de la Purísima, en
    el siglo XX.
    La misión de la Iglesia continúa a lo largo de la historia la misión misma de Cristo, que
    quiere conducir a todos los hombres a la fe, al amor y a la paz, de manera que descubran
    el camino para la plena participación en el misterio de Dios. La misión de los discípulos
    es colaboración con la de Cristo y no se fundamenta en las capacidades humanas sino
    en el poder del Señor resucitado presente en su Iglesia, y en la fuerza del Espíritu Santo.
    La misión comienza en la Pascua de resurrección y Pentecostés, y está en continuidad
    con la misión de Cristo de proclamar e instaurar el Reino de Dios. Esta misión se realiza
    mediante las tres funciones de Cristo, que él transmite a la Iglesia: su profetismo, su
    sacerdocio y su realeza: Predicación de la palabra, celebración de los misterios y servicio
    a la comunidad.
  2. “Os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.” Han transcurrido
    dos mil años, pero la tarea no está finalizada, y los miembros de la Iglesia somos
    enviados a continuar la misión para que todos los hombres lleguen a vivir plenamente
    como hijos de Dios.
    Al iniciar el tercer milenio, san Juan Pablo II nos exhortó a “remar mar adentro”
    afrontando los desafíos del momento actual, recordando con gratitud el pasado,
    viviendo con pasión el presente y abriéndonos con confianza al futuro (cf. NMI 1). Unas
    palabras que conforman mi lema episcopal y con las que me siento plenamente
    identificado. El papa Benedicto XVI nos inculcó, a su vez, que no hay nada más bello que
    conocer a Cristo y comunicar a los demás la amistad con Él (cf. Homilía 24 de abril de
    2005). Y el papa Francisco nos llama a ser Iglesia en salida, a una profunda
    transformación misionera de la Iglesia capaz de renovarlo todo (cf. EG 27).
    No son pocos ni menores los desafíos del mundo actual. El desafío de una cultura
    dominante relativista en la que no caben valores absolutos ni juicios universales, ya que
    todo está en función de la percepción subjetiva de cada uno y de los intereses de los
    grandes grupos de poder. No es extraño que se acabe desembocando en una actitud
    egoísta, en comportamientos contrarios a los más débiles y a la vida misma, en la
    “cultura del descarte”; no es extraño que se llegue al empobrecimiento espiritual y a la
    pérdida de sentido.
    El desafío de la crisis económica y del fenómeno migratorio. La crisis sanitaria de la
    COVID-19 ha desencadenado una crisis económica y social sin precedentes, que se suma
    a los flujos migratorios de naturaleza económica y también a causa de los conflictos
    bélicos. Situaciones gravísimas de pobreza material, y también nuevas
    pobrezas a causa de la soledad, la falta de afecto, de energías físicas, de sentido, la falta
    de fe, que es la pobreza más importante.
    El desafío de la desvinculación y la liquidez, porque hemos pasado de una sociedad
    moderna que buscaba la solidez en los grandes principios, a una sociedad posmoderna
    líquida y voluble. Como consecuencia, la fragmentación de las vidas, la desconfianza, la
    precariedad de los vínculos humanos. También el nuevo desafío del enjambre digital, en
    que cada uno se construye su propio mundo, y acaba originándose una suma de
    individualidades aisladas que nunca llegan a ser un “nosotros”.
  3. “Os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.” Qué podemos
    ofrecer nosotros, pobres y pequeños como somos. Nuestros contemporáneos necesitan
    llenar su vida de sentido, de paz, de amor, de Dios. A pesar de nuestra pequeñez, somos
    enviados por el Señor a anunciar la Buena Nueva, somos los testigos de Jesucristo en la
    sociedad del siglo XXI, llamados a dar una respuesta convencida y convincente ante esos
    desafíos.
    Ante la cultura dominante relativista y subjetivista ofrecemos la centralidad de la
    Persona de Jesucristo. Porque la esencia del cristianismo es Cristo y la vida cristiana
    comienza a partir de un encuentro con Él, porque Cristo es el centro de la vida y de la
    misión de la Iglesia. También ofrecemos una moral firme y clara que se fundamenta en
    el amor a Dios y al prójimo, en el respeto absoluto a la persona y a la vida humana,
    especialmente cuando esa vida es más débil e indefensa.
    Ante la pérdida de sentido y el empobrecimiento espiritual, ofrecemos el sentido de la
    trascendencia, la seguridad de que el ser humano es capaz de encontrarse con Dios. En
    un mundo secularizado hemos de ayudar a nuestros coetáneos a alzar la mirada al cielo
    y elevar el nivel de sus horizontes vitales; hemos de recordar la verdad más profunda
    del ser humano: que Dios nos ha creado, nos mantiene en la existencia y nos llama a la
    unión con Él.
    Ante la crisis económica y el fenómeno migratorio, hemos de ser solidarios con el
    sufrimiento humano y testigos de la misericordia de Dios. La actividad de la Iglesia tiene
    que ser una expresión del amor de Dios. El papa Francisco nos pide que vivamos como
    una Iglesia que sale al encuentro del pobre, del más débil; una Iglesia que se conmueve,
    que se compadece y se acerca, que afronta las situaciones y aplica los remedios
    adecuados, que cura las heridas y ofrece calidez al corazón, como Jesús.
    Ante la desvinculación, la desconfianza y la liquidez de la vida, del mundo y del ser
    humano, es preciso que demos testimonio del ideal de vida cristiana, con una
    espiritualidad recia y profunda; con una formación sólida, síntesis entre fe, cultura y
    vida; con una acción apostólica eficaz que fermenta evangélicamente los corazones, los
    ambientes y las estructuras. Ante el enjambre digital, ofreceremos la experiencia de la
    amistad vivida en la comunidad cristiana.
  4. 5. Ser comunidad significa haber dado el paso del yo y del tú hasta el nosotros; significa
    compartir, hacer propias las situaciones de los otros. Tal como hemos escuchado en la
    segunda lectura, de la carta de san Pablo a los Romanos, la imagen del cuerpo expresa
    la solidaridad entre los miembros, la necesidad de que cada uno cumpla su misión
    específica, la colaboración dentro de la unidad buscando el bien común; porque la
    diversidad de los miembros y la variedad de las funciones no van en perjuicio de la
    unidad, como tampoco la unidad anula la pluralidad de los miembros y de sus funciones
    Vamos a seguir caminando juntos en la vida y en la misión de la Iglesia, en sinodalidad,
    poniendo en práctica la espiritualidad de la comunión. Queridos sacerdotes, diáconos,
    seminaristas, miembros de la vida consagrada, fieles laicos; parroquias, instituciones de
    Iglesia, movimientos, asociaciones, realidades eclesiales, hermandades y cofradías,
    Iglesia que peregrina en Sevilla. El Señor nos ha elegido y nos envía para que demos un
    fruto abundante y duradero. A pesar de las dificultades del momento presente, a pesar
    de nuestra pobreza y pequeñez. Nos inspira el testimonio martirial de las santas Justa y
    Rufina, y de la beata Victoria; nos inspira la inmensa tarea evangelizadora y
    catequizadora de los santos obispos Leandro e Isidoro; nos inspira la trascendencia
    histórica de la vida de san Fernando; nos inspira la labor pastoral y el amor a los pobres
    del beato Marcelo Spínola, la centralidad de la Eucaristía de san Manuel González así
    como el ejemplo de las santas Ángela de la Cruz y María de la Purísima en su entrega a
    los más necesitados. Nos inspira el ejemplo de tantos hermanos nuestros que nos han
    precedido a lo largo de la historia de nuestra diócesis en el signo de la fe, la esperanza y
    el amor.
    Con tan grandes ejemplos, con la gracia de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo,
    seguiremos remando mar adentro, seguiremos echando las redes, confiando en el Señor
    y en los hermanos con los que compartimos el camino. María Santísima nos guía como
    Madre y Maestra. San José nos enseña a vivir con valentía creativa. En manos de María,
    Nuestra Señora de los Reyes, pongo nuestra vida y ministerio. A sus plantas me postro,
    como Sevilla, y le rindo homenaje y loor. Que así sea.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Alocución de Mons. Asenjo Pelegrina en la toma de posesión de Mons José Ángel Saiz Meneses

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“Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Con estas palabras del salmo 118,
querido señor Nuncio Apostólico, queridos señores cardenales, arzobispos y obispos,
sacerdotes y diáconos, consagrados, seminaristas, autoridades y fieles, doy la
bienvenida a nuestra archidiócesis y a nuestra catedral a todos ustedes y, muy
especialmente, al nuevo arzobispo metropolitano, monseñor José Ángel Saiz Meneses,
a su familia, amigos y fieles de Tarrasa que le acompañan.
Querido hermano José Ángel, te recibimos con espíritu sobrenatural, como recibiríamos
al Señor, al que representas. Vienes a una diócesis de profundas raíces cristianas,
tempranamente evangelizada y fecundada ya en el siglo III por la sangre de las mártires
Justa y Rufina. Su episcopologio contiene una pléyade de figuras extraordinarias entre
las que descuellan los grandes Padres de la Iglesia hispana, los santos Leandro e Isidoro.
Heredas una Iglesia que a lo largo de los siglos ha dado abundantes frutos de santidad.
Baste citar los nombres de santa Ángela de la Cruz, santa María de la Purísima, el beato
cardenal Espínola, el obispo san Manuel González García, presbítero de esta Iglesia, la
beata Victoria Díez y los mártires sevillanos del siglo XX, cuya causa está en su trámite
final en Roma.
La archidiócesis de Sevilla ha generado innumerables obras e instituciones en el campo
de la cultura y un patrimonio artístico exuberante y esplendoroso, fruto de la fe de este
pueblo. Ha creado también fecundas instituciones socio-caritativas.
Destaca entre ellas la obra admirable del venerable Miguel Mañara, fundador de la
hermandad y el hospital de la Santa Caridad, modelo hoy para las obras diocesanas que
van surgiendo al servicio de cuantos van quedando en las cunetas de la sociedad como
consecuencia de la pandemia que nos aflige y su consiguiente crisis económica. Recibes
también un clero celoso, trabajador y muy consciente de su misión apostólica, unos
seminarios florecientes y unas instituciones académicas, el Instituto Superior de Ciencias
Religiosas y la Facultad de Teología, que superan juntas más de 500 alumnos. Pronto te
sentirás orgulloso de la tarea y el compromiso de la Cáritas diocesana y de las Cáritas
parroquiales.
Te vas a encontrar con la colaboración apreciable de la Vida Consagrada en la Pastoral
diocesana y con muchos laicos de fe honda, formación excelente y corazón de apóstol.
Con frecuencia te los encontrarás por las calles y te dirán con espontánea sinceridad que
te quieren y que rezan por ti.
Te esperan cerca de 700 hermandades y cofradías, una auténtica riqueza en esta Iglesia
particular. Quiérelas, valóralas y acompáñalas. Que sientan tu cercanía y tu calor. Son
un dique formidable contra la secularización. Contribuyen de forma decisiva a mantener
fresco el humus cristiano de esta tierra. Son para muchos sevillanos camino de vida
cristiana, de formación, de impulso apostólico y de servicio a los pobres, como se está
demostrando en estos momentos críticos.
El pasado sábado, hacía balance de mis 12 años de servicio episcopal a Sevilla en la misa
de acción de gracias celebrada en este mismo altar, y concluía citando estas palabras del
salmo 15: “Me ha tocado un lote hermoso.
Me encanta mi heredad”. Puedes estar seguro, querido hermano José Ángel, de que a ti
también te ha tocado un lote hermoso y una heredad por la que merece la pena dar la
vida.
Desde que se hizo público tu nombramiento, desde todos los rincones de la archidiócesis
hemos encomendado al Señor tu persona y ministerio, y le hemos pedido que
encuentres en nosotros un pueblo bien dispuesto y que te conceda el corazón, las
entrañas, los sentimientos y el estilo de Jesucristo Buen Pastor, que no vino a ser servido
sino a servir y a entregar su vida en rescate por muchos. Es lo que el Señor espera de ti
y lo que tus hermanos obispos, sacerdotes, consagrados y seminaristas, autoridades y
fieles que te acompañamos pedimos al Señor para ti.
Que santa María de los Reyes, patrona de la archidiócesis, la buena Madre que preside
nuestra asamblea, y que en esta mañana te mira con especial ternura, te proteja,
sostenga y acompañe en el hermoso camino que hoy emprendes, y llene de fecundidad
tu ministerio para gloria de Dios.
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Administrador apostólico de Sevilla

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