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En marcha la fase participativa del Sínodo de los obispos en la diócesis de Almería

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En comunión con toda la Iglesia, el mes de octubre, dedicado a las Misiones y al Rosario, nos trae este año el inicio de la fase participativa del Sínodo de los Obispos que en octubre de 2023 se celebrará en Roma con el título: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”.

El primer paso en este caminar sinodal ha sido dado por nuestro Obispo Coadjutor don Antonio Gómez, que ha designado como Coordinador diocesano al sacerdote D. Felipe de Mendoza Alemán, actual Párroco de Tabernas, que ha formado un Equipo de Trabajo  formado por las siguientes personas de vida consagrada y laicos: Hno. Inocencio Lorite Requena, Hermano de La Salle inserto en la pastoral educativa de los Colegios de esta Congregación en Almería; Hna. Reme González Uríos, Misionera de los Sagrados Corazones de Jesús y María, cuya comunidad colabora en la acción pastoral de la parroquia de San Francisco de Asís de Almería; Dña. Teresa María Vélez Toro, laica feligresa de la parroquia de Santa María de los Ángeles de Almería, profesora de religión y del ISCR; Dña. Catalina María Rojas Jiménez, laica feligresa de la parroquia de Huércal-Overa y miembro de la Renovación carismática católica; D. Abel Salvatierra Navarro, laico claretiano, feligrés de la parroquia de Jesucristo Redentor de Almería y miembro del equipo de la Delegación diocesana de pastoral juvenil; D. José Antonio Esteban Rodríguez, laico feligrés de la parroquia San José de Almería, Hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen Coronada de Almería; D. Francisco José González Hernández: laico feligrés de la Parroquia de San Luis Gonzaga de Almería y Presidente Diocesano de Acción Católica General; D. Rafael Suanes Bautista, laico feligrés de la parroquia de Santiago Apóstol de Almería y perteneciente a las Comunidades Neocatecumenales y D. Mario López Vela, joven feligrés de la parroquia de la Preciosísima Sangre de Jesucristo de Aguadulce.

Este Equipo, representativo de la realidad eclesial, en coordinación con la Vicaría de Pastoral y Evangelización de la diócesis, nos ayudará a caminar en esta fase participativa que se celebrará en un primer momento en los grupos sinodales que se crearán en las parroquias y después en los arciprestazgos hasta llegar a la síntesis diocesana. Hay ya programadas reuniones en esta semana para que los sacerdotes puedan conocer la organización de este proceso participativo para poder organizarlo en las parroquias. El próximo fin de semana el Papa Francisco abrirá solemnemente en Roma este Sínodo y el domingo 17 de octubre, en la Eucaristía de las once y media de la mañana en la Catedral de Almería, D. Adolfo González, Obispo de Almería, acompañado de D. Antonio Gómez, Obispo coadjutor y de todos los fieles que lo deseen, abrirá también esta fase participativa en nuestra diócesis de Almería.

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Nuevo curso pastoral de los equipos de Nuestra Señora

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El pasado sábado, 2 de octubre, los Equipos de Nuestra Señora de Almería celebramos, en la parroquia de Jesucristo Redentor, la apertura del curso 2021/2022 bajo el lema “Equipos de Ntra Sra: amamos y cuidamos la creación “.

Y lo iniciamos como mejor podemos hacerlo los cristianos, celebrando la Eucaristía. Fue presidida por D. Francisco Sáez, Consiliario del Equipo 9 y del Sector Almería y concelebrada por D. Francisco Fernández Lao, Consiliario del Equipo 10 y párroco de la parroquia que acogía el encuentro.

Durante la misma Mary Luz y Luciano, Responsables del trienio anterior, dieron la bienvenida a Mari Loli y Juan Antonio nuevos Responsables para el trienio siguiente.

También se realizó el acto de compromiso, bendición y envío del Consiliario de Sector, Responsables de EDIP para el trienio siguiente y los Responsables de cada Equipo para este curso.

Fue un hermoso encuentro en el que se nos instó a vivir en profundidad nuestro amor conyugal y ser así fermento en medio de nuestro mundo, y a seguir el itinerario que el Movimiento nos propone, basado en la encíclica” Laudato si, ”que nos ayudará a vivir como matrimonio cristiano en el ámbito de nuestra relación con el plan creador de Dios  .

Bajo la protección de Nuestra Señora iniciamos este curso con la esperanza de seguir siendo “Hogares buscadores de Dios “ como nos pedía nuestro fundador P. Henri Caffarel.

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Nuevo Consejo Presbiteral y Colegio de Consultores

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I. Consejo Presbiteral

Los días 21 y 22 de septiembre de 2021, tuvieron lugar las elecciones para constituir el nuevo Consejo del Presbiterio de la Diócesis. Se trata de un grupo de sacerdotes que actúa como senado del Obispo, en representación del presbiterio. Su función consiste en ayudar al Prelado en el gobierno de la Diócesis.

Por lo que se refiere a la designación de éste Consejo, señala el canon 497 del Código de Derecho Canónico, que la mitad aproximada de sus miembros deben ser elegidos libremente por los mismos sacerdotes; otros son miembros natos por el cargo que ostentan; y otros son de libre designación por parte del Obispo. Por tanto en uso de mi jurisdicción ordinaria dispongo:

Son miembros natos

▪ Vicario General: Federico Mantaras Ruíz-Berdejo.

▪ Vicario Pastoral: Luis Piñero Carrasco.

▪ Vicario Judicial y Deán de la Catedral: Miguel A. Montero Jordi.

▪ Secretario General Canciller: Diego Valle Serrano.

▪ Rector del Seminario: Ignacio Onésimo Gaztelu Pastor.

Por la Zona Pastoral del Litoral

▪ José Palomas Agout

▪ Eugenio Romero López

Por la Zona Pastoral de la Sierra

▪ Alejandro Holgado Ramírez

▪ Olivier Cabeza Cabeza

Por la Zona Pastoral de la Ciudad de Jerez

▪ David Belmonte Rodríguez

▪ Lorenzo Morant Pons

▪ Antonio Aguilar Verdugo

▪ Luis Salado de la Riva

▪ Carlos Redondo Redondo

Presbíteros de libre designación por parte del Obispo

▪ Ecónomo Diocesano: Diego Moreno Barba

▪ Diego González Pérez

▪ Juan Carlos Durán Holguera

Por los Presbíteros extra diocesanos

▪ Alfonso Guerrero Suarez, Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei

Por los religiosos presbíteros sin cargo parroquial

• Mario Pardos Ruesco, SDB

II. Colegio de Consultores

El Colegio de Consultores está constituido por siete sacerdotes elegidos libremente por el Obispo diocesano de entre los miembros del Consejo presbiteral. Este Colegio debe dar su consentimiento al Obispo en cuestiones de administración extraordinaria y para la enajenación de bienes de alto valor. También asume funciones especiales en casos de sede vacante.

Serán miembros del Consejo de Consultores:

▪ Vicario General: Federico Mantaras Ruiz Berdejo

▪ Vicario de Pastoral: Luis Piñero Carrasco

▪ Vicario Judicial: Miguel A. Montero Jordi

▪ Secretario General-Canciller: Diego Valle Serrano

▪ Ecónomo Diocesano: Diego Moreno Barba

▪ Eugenio Romero López

▪ Rector del Seminario: Ignacio Onésimo Gaztelu Pastor

Y para que así conste lo sello y firmo con el refrendo del Secretario General – Canciller de este Obispado en Jerez de la Frontera a 4 de Octubre de 2021.

+José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Diego Valle Serrano, pbro.

Secretario General-Canciller

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San Juan de Dios formará a personas desempleadas en cuidados básicos de atención a dependientes

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La parroquia de Nuestra Señora de la Asunción ha suscrito un convenio de colaboración con el Hospital

El Hospital San Juan de Dios de Córdoba y la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción han suscrito un convenio de colaboración mediante el cual, el centro de la Orden Hospitalaria formará a personas desempleadas y vulnerables en cuidados básicos a personas dependientes, para contribuir a su integración en el mundo laboral.

Según explicó el Superior de la Orden Hospitalaria en Córdoba, Isidoro de Santiago O.H., “el Hospital se compromete a formar en cuidados básicos de atención a personas dependientes, mediante una serie de clases teóricas y un periodo de prácticas presenciales tuteladas por diferentes profesionales de enfermería. También se abordará una asignatura basada en la Humanización de los Cuidados, signo de identidad de nuestra Institución”.

Por su parte, el párroco de la Asunción, Ángel Roldán, aseguró que “es una inmensa alegría poder contar con la gran colaboración e implicación de instituciones tan humanas, profesionales y serias como el Hospital San Juan de Dios. Estoy seguro de la calidad formativa que van a recibir estas personas, además de la apertura laboral que supondrá la bella tarea de atender, cuidar, curar y consolar a quienes más lo necesitan en nuestra sociedad”.

La formación, que se encuadra en el proyecto de formación e inserción laboral Samaría de la Obra Social de la Parroquia de la Asunción, se iniciará en enero de 2022 con un grupo de 10 alumnos, aunque está previsto continuar con otros grupos y actividades docentes que capaciten y ayuden a la incorporación laboral de estas personas.

 

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Visita de alumnos del Colegio de Santa María de Guadalupe

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El día 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, varias clases de alumnos del colegio de Santa María de Guadalupe de Córdoba, en compañía de sus profesores y de Fray Jesús del Espino Nieva, Ofm, visitaron el templo y la “Exposición sobre San Francisco y la Orden Franciscana y nuestro templo parroquial”.

Tras la acogida, se les explicó a los alumnos el carisma de San Francisco y la historia de este lugar que fue, desde 1246 Convento Franciscano de San Pedro el Real. Después pudieron apreciar directamente la abundante cantidad de obras de arte que han quedado en este en el templo como legado del Franciscanismo en nuestra ciudad de Córdoba.

 



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La Virgen de Fátima visitará nueve parroquias de la Diócesis

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Con motivo del Octubre Misionero, se ha inaugurado la iniciativa “Fátima en Misión”

El Apostolado Mundial de Fátima de la diócesis de Córdoba ha anunciado la visita de la Virgen de Fátima a nueve parroquias, dos de ellas en la provincia cordobesa. Ntra. Sra. de Belén, Ntra. Sra. del Carmen, Ntra. Sra. de la Esperanza, San Acisclo, Santa Beatriz de Silva, Basílica de San Pedro, Ntra. Sra. de la Asunción en Palma del Río, Santa María del Soterraño en Aguilar de la Frontera y Ntra. Sra. de la Purificación en Santa María de Trassierra, serán las parroquias por las que la imagen de la Virgen pasará en los próximos días.

Previamente, el día 1 de octubre, tuvo lugar la celebración de la misa en la parroquia de la Inmaculada y san Alberto Magno con motivo del comienzo del Octubre Misionero, una fecha en la que se inauguró también la iniciativa “Fátima en Misión” y en la que se impusieron las medallas del Apostolado a los nuevos miembros, entre lo que se incluyeron el sacerdote Francisco Jesús Granados Lara, que fue nombrado por el Obispo consiliario del Apostolado Mundial de Fátima en Córdoba.






 

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Tiempo providencial

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Carta de inicio de curso del obispo de Cádiz-Ceuta.

Queridos diocesanos:

Estamos viviendo un tiempo providencial con nuevas oportunidades para el Evangelio y la evangelización. Es un tiempo en que la Iglesia se abre a la llamada de una renovación profunda de su vocación discipular, misionera y profética. San Juan Pablo II lo dijo con insistencia y sabiduría pastoral: “la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones”[1]. El Papa Francisco quiere “despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral”[2]. Nos hace recordar que el bautizado es misionero por naturaleza y encuentra su fuerza en el amor de Dios. Hemos de aceptar, por tanto, y configurar el momento presente como kairós, como tiempo de gracia que nos es dado por Dios.

Culminado el plan de pastoral anterior, ha llegado el momento de presentar una nueva programación que nos oriente con unos objetivos pastorales para nuestra diócesis para los próximos años. Hemos de dar gracias a Dios por los muchos avances que hemos experimentado en las líneas propuestas hasta ahora, que son, sin duda, la base y garantía para seguir avanzando en la evangelización de modo acompañado y compartido en la diócesis entera, y para abrir nuevos caminos que nos permitan afrontar los retos cambiantes que experimentamos en la sociedad y que condicionan el anuncio y seguimiento de Cristo viviendo como discípulos suyos.

La Iglesia, si está unida al Señor Jesús y quiere vivir el evangelio, no puede prescindir del esfuerzo de una salida misionera que brota de la alegría de la misericordia. Y debe hacerlo afrontando los desafíos del cambio de época, porque esta situación marca un momento histórico de fuerte llamada a la renovación para la humanidad y para la Iglesia. “Se ha dado un gran cambio social que ha generado una sociedad desvinculada, desordenada e insegura en la que crece la desconfianza y el enfrentamiento. En este contexto tan transformado, es necesario seguir afirmando que la vivencia religiosa, la fe en Dios, aporta claridad y firmeza a las valoraciones éticas. Hemos de hacer este anuncio con audacia y esperanza. Dios nos sale al encuentro, la fe en Dios es razonable y el corazón humano está inquieto y con sed”[3].

El esfuerzo entre fidelidad y novedad

La Iglesia vive en permanente fidelidad a un doble mandato del Señor: «id y anunciad el Evangelio» y «haced esto en conmemoración mía». Este mandato que, gracias a la eucaristía acontece hoy, ha de ser vivido en la novedad de cada momento histórico, lo que supone un permanente diálogo entre fidelidad y novedad que marca la vida de la Iglesia, pero que es causa de muchas de sus tensiones internas. Ser fiel al acontecimiento esencial y eterno en la novedad de cada tiempo exige hacer discernimiento permanente de la voluntad de Dios en la vida y en la historia en cada momento. Desde el Concilio Vaticano II la Iglesia ha ido interpretando progresivamente estos “signos de los tiempos” –como aconsejaba Gaudium et Spes— a través de los sucesivos sínodos y magisterios pontificios posconciliares que han incrementado el diagnóstico, como también las orientaciones pastorales para salir a su encuentro.

No se trata de cambiar por cambiar ni de estar a la moda, sino que la Iglesia ha de cambiar para permanecer fiel a su identidad y vocación –como ha dicho Francisco retomando una afirmación central de la teología de San John Henry Newman[4] —, porque hay que asumir una conversión siempre inacabada para vivir y comunicar el acontecimiento de Cristo en cada época: «La historia de la Iglesia está marcada siempre por partidas, desplazamientos, cambios… paradójicamente, se necesita partir para poder permanecer, cambiar para poder ser fiel»[5].

Han sucedido en estos últimos años acontecimientos significativos dentro y fuera de la Iglesia que nos determinan y enriquecen, y que no pueden ser soslayados ahora en una nueva programación. No podemos dejar de valorar la situación insólita vivida en la pandemia del Covid-19 que ha sembrado el mundo de temor y ha descabalado la vida social y económica. También ha afectado sensiblemente a la actividad pastoral y ha puesto a prueba la fe y la pertenencia de muchos a la Iglesia. Hay que recordar que “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rm 8,28) y confiar en la providencia de Dios, pero, por todo ello, hemos de asumir de nuevo nuestro compromiso para anunciar la salvación de Cristo de un modo especial, más urgente y decidido, y ofrecer al mundo el consuelo del amor de Dios.

Es imprescindible asumir hoy en nuestras propuestas el eje doctrinal de Evangelii Gaudium y Gaudete et exultate: Discipulado misionero y santidad; así como el anuncio a la familia y a los jóvenes de Amoris laetitia y Christus vivit; la dimensión social de Laudato si’: La economía de Francisco, y la encíclica Fratelli Tutti. En la misma línea se han publicado la carta Iuvenescit Ecclesia, el Nuevo Directorio de Catequesis y la instrucción La Conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, que son determinantes para orientar la vida pastoral como verdadera misión.

Sinodalidad y discernimiento

Por lo que se refiere a nuestra diócesis hemos vivido no hace mucho una amplia consulta a toda la comunidad diocesana –que se ha dilatado dos cursos— y que ha supuesto una aportación significativa en orden a una gran renovación. La reflexión y el dialogo nos han abierto los ojos a la voluntad de Dios ante los retos de hoy a la comunidad diocesana. Hemos apreciado lagunas y carencias propias y deseamos corregirlas, deseos y anhelos dignos de atención, y una gran disponibilidad por parte de muchos. Se ha animado una colaboración que pide seguir progresando. También nos ha enriquecido enormemente participar en el Congreso Nacional de Laicos, precedido del trabajo de un Instrumentum Laboris, así como las aportaciones posteriores solicitadas por la reflexión del documento Hacia un nuevo Pentecostés –una guía de trabajo de referencia para madurar en las ponencias y propuestas del Congreso y sus itinerarios—. Hemos recibido, además, la aportación de los jóvenes después de ocuparse de la exhortación papal Christus Vivit, etc. Estas abundantes reflexiones diocesanas, unidas a las propuestas en diferentes foros diocesanos o arciprestales, son muestra de un esfuerzo intenso de discernimiento y sinodalidad que hemos venido ejercitando.

He aquí el resultado de un camino hecho en el diálogo, que esperamos continuar. En efecto, la sinodalidad y el discernimiento están siendo ya los ejes transversales de todas nuestras propuestas pastorales y acciones. La Iglesia debe ser capaz de captar los signos de los tiempos y de discernir bajo la guía del Espíritu Santo para caminar juntos. Después de vivir excepcionales momentos de escucha en el Consejo Presbiteral, en los Arciprestazgos, en los Consejos Pastorales Parroquiales, en las Delegaciones Diocesanas y Secretariados, se han puesto de manifiesto los desafíos para la Iglesia en nuestra sociedad y nuestra diócesis, sus fortalezas y sus carencias. Hemos iniciado, como se puede observar, el camino de un auténtico proceso con el que llevamos a cabo una experiencia de Iglesia, y hemos sacado unas conclusiones y propuestas que ahora están en nuestras propias manos. Nos corresponde a nosotros, una vez más, dar continuidad al camino que hemos iniciado. Y esto es tarea de todos. Estamos ante una auténtica obra del Espíritu que ha actuado en la comunidad y en cada uno de nosotros. Tenemos ahora la responsabilidad de transmitir lo vivido y reflexionado, de concretarlo y llevarlo a cabo con ilusión, entusiasmo, confianza en Dios y una gran esperanza de que “lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” (Lc 18,27). Con su gracia y nuestra firme decisión lo alcanzaremos en el dinamismo de la santidad vivida en la Iglesia.

Hemos de focalizar la vida y misión de nuestra Diócesis en tormo al objetivo de conseguir una Iglesia Diocesana “en salida misionera”. Es un proyecto ambicioso pero, como ha manifestado Francisco— “la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia”[6]. Se nos pide hacer “una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la auto-preservación”[7].

“Es vital que hoy la iglesia salga anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie (EG 23). “Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un ‘estado permanente de misión’” (EG 25).

Para comprender bien este proyecto diocesano hay que aclarar que no es propiamente una programación concreta –algo que vendrá después— sino un tronco común o esqueleto del que se ha de partir para que toda la Iglesia diocesana se vea reconocida y enviada, intentando hacer suyos los presupuestos pastorales y poner los medios posibles para adecuarse a él. La vida diocesana es mucho más rica y amplia de lo que en él se refleja, pero aquí se indican líneas de acción y medios concretos –más frecuentes o más nuevos— que nos pueden ayudar. Lógicamente después debe hacerlo suyo cada parroquia, delegación, movimiento o comunidad llevándolo a su propia actividad, buscando cómo asumirlo en su realidad, incluyéndolo en su programación y revisándolo.

No olvidemos la fuerza de la pastoral ordinaria en la que día a día ofrecemos con perseverancia la vida de la Iglesia, la presencia de Dios, el ofrecimiento de su gracia, la predicación de su Palabra, el consuelo a los necesitados, la comunicación cristiana de bienes. En absoluto queda desplazada ni desvalorizada. Al contrario, en ella se insertan las propuestas renovadoras que ahora se nos proponen.

La recepción del presente Plan de Pastoral supone y una actitud y un tiempo de escucha del Espíritu, de reflexión y discernimiento para ver cómo hoy y aquí́ somos una Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Y la súplica humilde y constante, porque “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Salmo 127).

Agradezco de antemano vuestro esfuerzo y os invito a ponerlo en manos de Nuestra Señora, la Virgen María, estrella de la evangelización. A ella encomendamos la diócesis entera y nuestras personas para que nos enseñe a seguir a Jesús, el Señor, a vivir como discípulos y apóstoles experimentando con gozo nuestra fe y a proclamarla decididamente con esperanza.

+ Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta

[1] San Juan Pablo II, Encíclica Redemptoris missio. Roma, 1990, n. 2

[2] Carta del Papa Francisco con ocasión del Centenario de la Promulgación de la CartaApostólica Maximum illud 1919-2019.

[3] Será de gran ayuda repasar el documento de la Conferencia Espiscopal Española “Fieles al envío misionero”(2021) –fruto de un ejercicio de discernimiento compartido por los obispos, los órganos colegiados de la CEE y los colaboradores—, para aproximarse a la realidad social y para iluminar la orientación de nuestra pastoral para los próximos cursos. Sus orientaciones y líneas de acción quedan, en parte, asumidas en esta reflexión y programa pastoral.

[4] Cf. J.H. Newman, El desarrollo de la doctrina cristiana.

[5] Francisco, Discurso de Navidad a la Curia romana, diciembre de 2019.

[6] EG 15.

[7] EG 27.

Homilía del Domingo XXVII del T. O

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Lecturas bíblicas: Gn 2,18-24; Sal 127,3-6 (R/. «Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida»); Hb 2,9-11; Aleluya: 1Jn 4,12 («Si nos amamos unos a otros Dios permanece en nosotros…»); Mc10,2-16.

Queridos hermanos y hermanas:

Nos congrega en esta iglesia parroquial de Santiago, remozada tras su reciente rehabilitación, la mesa de la Palabra y de la Eucaristía en el día del Señor, cuando Terque celebra la tradicional fiesta del voto, que la población hizo a Dios misericordioso en 1885 ante la sagrada imagen de la Virgen del Rosario. Patrona del municipio y madre amorosa de los hijos que habitan este pueblo del Andarax, la Virgen del Rosario es venerada en el culto que Terque tributa con amor a la sagrada imagen de la Nuestra Señora del Rosario. Esta imagen humilde y llena de belleza simboliza la presencia espiritual de la Virgen María en medio de la comunión eclesial de sus hijos en una de las advocaciones más amadas por los fieles de todo el orbe católico. Justamente se cumplen ahora 450 años de la batalla de Lepanto, que tuvo lugar en el golfo de Patras, en el Mar Jónico, de Grecia el 7 de octubre de 1571 entre el ejército de la cristiandad al mando de Don Juan de Austria, y el ejército del Imperio otomano, al mando de Alí Bajá. En el duro enfrentamiento bélico fueron vencidos los turcos y garantizada la paz y la libertad de las naciones cristianas de Europa, puestas en grave riesgo por el expansionismo otomano. La tradición religiosa devocional atribuye la victoria a la intercesión de la Santísima Virgen del Rosario.

Hoy vivimos tiempos de confrontación entre las imperios de aquel momento histórico, pero a pesar de las grandes guerras y la política de bloques del pasado siglo, buena voluntad y la búsqueda de una verdadera alianza de civilizaciones y del diálogo interreligioso, seguimos de hecho viviendo nuevas confrontaciones entre pueblos, naciones y culturas, que sólo pueden ser vencidas por la búsqueda sincera de la convivencia, que garantice una verdadera paz social. La convivencia sólo puede asentarse sobre el respeto mutuo inspirado por principios éticos, asequibles a la luz de la razón natural, y los principios morales que dimanan el evangelio de Jesucristo e inspiran una civilización del amor. Jesús propuso a sus discípulos regirse por el principio del amor universal que alcanza incluso a los enemigos (cf. Mt 5,43-48). Este es el distintivo de los cristianos, según el mandato del Señor: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13,35); y la medida de este amor recíproco es el amor “hasta el extremo” del mismo Jesús, que se entregó por nosotros hasta la muerte, el mayor amor: «Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13; cf. 13,1).

Toda la historia de nuestra salvación desde la creación del mundo es una historia de amor de Dios por la humanidad no correspondido del mismo modo. Dios ha querido hacer del amor conyugal entre el hombre y la mujer el paradigma del amor de entrega, convertido en imagen y señal del amor de mismo Dios por el pueblo elegido. Dios es el esposo de la humanidad que ha sido querida y amada por él desde su origen, pues el Creador quiso dejar su imagen y semejanza en el hombre; y así, como leemos en el libro Génesis, no pudiendo el hombre hallar ayuda adecuada en ninguno de los seres del reino animal, fueron creados varón y mujer (Gn 1,20.27).

Esta convicción de fe se expresa en el libro sagrado mediante la narración simbólica de la creación de la mujer, tomada de la carne del varón y presentada al hombre para que reconociera en ella su propia carne. Los creó hombre y mujer y los constituyó en idéntica dignidad, para que por el amor el hombre se reconociera en la mujer: «huesos de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23); y para que de este modo fueran los dos una sola carne. Con constitución diferenciada y funciones distintas, para el autor sagrado no es el hombre superior a la mujer, pues han sido creados el uno para el otro, de forma que ya no son dos, sino «los dos en una sola carne» (Gn 2,24).

En esta idea insiste Jesús cuando es preguntado por la naturaleza del matrimonio y la cuestión discutida del divorcio entre los maestros de Israel. Jesús responde a los fariseos que le ponen a prueba preguntándole por qué Moisés permitió el divorcio, Jesús responde: «Por la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto» (Mc 10,5). Dios ha tolerado el repudio por tolerancia con el pecador, pero desde el principio el plan de Dios es el amor indisoluble e irreversible, amor en el que el hombre se asemeja a Dios. De aquí afirme el papa Francisco: «La indisolubilidad del matrimonio (…) no hay que entenderla ante todo como un “yugo” impuesto a los hombres, sino como un “don” hecho a las personas unidas en matrimonio», para continuar diciendo con los padres sinodales, que Jesús «anunció el mensaje concerniente al significado del matrimonio como plenitud de la revelación que recupera el proyecto originario de Dios»[1].

Creado a imagen de Dios, el ser humano es varón y mujer para que los dos vengan a ser uno en el amor. Cristo Jesús realizó en sí mismo la irrevocable aceptación del designio del Padre y en ella salvó a la humanidad de la perdición irremediable, manifestando de este modo que el amor es, en verdad, irreversible. Jesús pido al Padre que pasara de él el cáliz de la pasión, pero se sometió a la voluntad del Padre, porque en ella está contenido el amor supremo que le mueve a realizar su entrega por la salvación del mundo en la obediencia del amor recíproco del Padre y del Hijo. Por eso decía en la oración de su agonía en Getsemaní: «… pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (Mc 14,36).

En la carta a los Hebreos hemos escuchado cómo, por esta entrega sin vuelta atrás, vemos ahora a Jesús «coronado de gloria y honor por su pasión y muerte; pues, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos» (Hb 2,9). Después de decir esto, el autor ahonda en el carácter sacrificial de la entrega de Jesús, que por el sufrimiento padecido consumó la perfección de su propia existencia como hombre y llevó una multitud de hijos a la gloria (cf. Hb 2,10). San Pablo puede hacer justicia a esta entrega amorosa de Jesús a la pasión y a la cruz, afirmando que «el Hijo de Dios, Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no fue sí y no; en él no hubo más que sí», y dando la razón de la plenitud irrevocable del sí de Jesús concluyendo: «Pues todas las promesas hechas por Dios han tenido su sí en él; y por eso decimos por él “Amén” a la gloria de Dios» (2Cor 1,19-20). Los expertos en la Escritura comentando el pasaje de san Pablo dicen que el amén significa que lo que se dice o se hace es firme, sólido y digno de confianza, que tal es el decir y hacer de Dios. De ahí que a la fidelidad de Dios a sus promesas el hombre responde con el amén, en el cual por la fe el hombre reconoce que es así y que, en consecuencia, el amor de Dios no se vuelve jamás atrás[2].

San Pablo aplica a Cristo y a la Iglesia el alcance irrevocable del amor que es entrega sin reservas, viendo en el matrimonio cristiano la realización sacramental del misterio de unión que se da entre Cristo y la Iglesia, prolongando en el varón el significado de la capitalidad de Cristo como esposo y cabeza de la Iglesia, y en la mujer el misterio de la Iglesia como esposa de Cristo y madre fecunda de hijos. No se refiere el Apóstol a un sometimiento de la mujer como sumisión al varón, ya que parte de que el amor exige a todos los cristianos, hombres o mujeres, el «sometimiento recíproco de unos a los otros en el temor de Cristo» (Ef 5,21); como tampoco se refiere al varón en cuanto cabeza de la mujer como si se tratara de un dominio sobre la mujer, porque la entrega del varón a la mujer es donación de sí mismo a ella como a su propia carne, a la cual «alimenta y cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo» (v. 5,30). Por eso, san Pablo concluye el pasaje de la carta a los Efesios que comentamos, refiriendo las palabras del Génesis tal como las recoge Jesús y hemos escuchado en el evangelio: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne» (Ef 5,31; Mc 10,7-9→Gn 2,24). Así entendidas, las palabras de Jesús concluyen con la sentencia sobre el divorcio como adulterio.

El evangelio nos coloca ante la verdad profunda del amor humano que encierra el amor conyugal, que Benedicto XVI comenta: «El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano»[3]. El salmo con el que hemos respondido a la primera lectura que narra el proyecto de Dios sobre el matrimonio nos abre a la comprensión de su belleza, prolongando el amor de los esposos en la familia, bendecida con el trabajo y la fecundidad de los hijos como recita el versículo: «Tu mujer como parra fecunda / en medio de tu casa. / Tus hijos como renuevos de olivo, / alrededor de tu mesa» (Sal 127,3). La familia aparece en toda su belleza como fruto del amor de los esposos y prolongación del mismo en los hijos. El matrimonio no es rito vacío ni convención social, sino «una vocación, en cuanto que es una respuesta a la llamada específica a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor de Cristo a la Iglesia»[4]. La familia es el regazo de amor donde es procreada la vida humana, de crecimiento, educación y socialización de la persona. Por ello la familia es pieza fundamental de la sociedad y de la Iglesia, hoy insuficientemente protegida e incluso equiparada a uniones que no son equiparables matrimonio natural ni al matrimonio sacramental cristiano en su verdad esencial, aunque las iguale la ley civil de nuestro tiempo, desfigurando la realidad del matrimonio y de la familia.

Dios quiso en su designio que incluso su Hijo eterna nacido antes del tiempo en el seno de Dios Padre, hecho hombre fuera recibido en su condición humana en el seno del amor de unos esposos que son el modelo de entrega amorosa recíproca, María y José, partes de Jesús a los ojos del mundo como ejemplo querido por Dios para las familias cristianas. Por eso, como dice el Papa Francisco, «necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la palabra en su seno; en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María[5]. La imagen sagrada de la Santísima Virgen del Rosario aparece con el Niño Jesús en brazos, en el ejercicio maternal que encierra la ternura de Dios como regazo que quiso para su propio Hijo hecho hombre.

Vamos a celebrar la Eucaristía que es banquete de bodas en la fiesta de las nupcias de Cristo con la Iglesia. En ella Cristo se da a su Iglesia en un acto oblativo de entrega total por nosotros. Recogemos las bellas palabras de Benedicto XVI, que ve en la imagen de estas bodas el precedente de la historia de la salvación, la alianza entre Dios e Israel, que en Cristo encuentra plenitud. Así, dice el papa Benedicto, «lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en unión por la participación en la entrega de Jesús, en su cuerpo y su sangre»[6]. Nos unimos a él en la Eucaristía, donde se nos da como alimento de vida eterna y en su abajamiento hasta nosotros, somos enaltecidos como miembros de su cuerpo. La Eucaristía tiene además un alcance social que no podemos evitar, porque en la entrega de Jesús nos ofrece Dios el modelo del amor cuya imagen tenemos en la recíproca entrega del varón y la mujer en el santo matrimonio. Así es en verdad: «La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega»[7].

Que el ejemplo de la Virgen María, modelo de entrega a Dios y de servicio a los hombres nos ayude a mantenernos unidos a Cristo Esposo de la Iglesia.

Iglesia parroquial de Santiago Apóstol

Terque, a 3 de octubre de 2021

X Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Francisco, Exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia [AL] (19 marzo 2016), n. 62; cf. Relatio Synodi (2014), n. 14.

[2] Cf. Biblia de Jerusalén: Nota a 2Cor 1,20.

[3] Benedicto XVI, Carta encíclica sobre el amor cristiano Deus caritas est [DCE] (25 de diciembre de 2005), n. 11.

[4] AL, n. 72.

[5] AL, n. 65.

[6] DCE, n. 13.

[7] DCE, n. 14.

El obispo de Guruè visita la Diócesis de Cartagena

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El sucesor de Mons. Francisco Lerma quiso conocer personalmente el lugar del que procedía su sucesor, así como su círculo familiar y de amigos.

Del 29 de septiembre al 3 de octubre, Mons. Inácio Lucas, obispo de Guruè (Mozambique), ha visitado la Diócesis de Cartagena con el objetivo de conocer de primera mano el lugar en el que nació su predecesor, el murciano Mons. Francisco Lerma, fallecido en 2019, como agradecimiento a este.

El sacerdote diocesano Antonio Martínez Riquelme, que estuvo presente en el funeral de Mons. Lerma, le ha acompañado en toda su estancia, en la que ha visitado a las Hermanas de Cristo Crucificado -donde se ha alojado-; a las Franciscanas de la Purísima; el Instituto Teológico de Murcia, OFM; el Seminario San Fulgencio; el Instituto Teológico San Fulgencio y la parroquia de la Purísima de El Palmar (donde nació el fallecido obispo murciano).

Asimismo, Mons. Lucas tuvo un encuentro personal con el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, en el que le mostró su agradecimiento y su cercanía a la Diócesis.

En el mes de febrero Mons. Inácio Lucas tomó posesión del cargo como obispo de Guruè, diócesis que pastoreó Mons. Francisco Lerma desde 2010 hasta su fallecimiento en abril de 2019.

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El Centro Cultural Nuevo Inicio inaugura su programa de actividades para el curso 2021-2022 con un concierto de piano y violonchelo

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El Centro Cultural Nuevo Inicio inaugura su programa de actividades para el curso 2021-2022 con un concierto de piano y violonchelo

El concierto será mañana, 6 de octubre, a las 20 horas, en el claustro del Edificio de la Curia Metropolitana ubicada en la Plaza Alonso Cano. La entrada será libre y el acceso siguiendo las medidas sanitarias se permitirá desde las 19:15 horas.

El Centro Cultural Nuevo Inicio inaugura su programa de actividades para el curso 2021-2022 con la celebración de un primer concierto que será en la jornada de mañana, día 6, a las 20 horas en el Edificio de la Curia Metropolitana.

Participarán en el concierto los músicos D. Álvaro Peregrina al violonchelo y el pianista D. Héctor Eliel, que interpretarán piezas musicales de Bach, Haendel, Saens, Shostakovich y Rachmanivov.

La entrada será libre y el acceso al claustro se realizará desde las 19:15 hasta las 19:50 horas. Entre las medidas de prevención sanitarias vigentes será necesario el uso obligatorio de mascarilla, la desinfección de manos, respeto a la distancia de seguridad y al lugar asignado.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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