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Días de Septena y fiesta en Guadix, en honor de su Patrona, la Virgen de las Angustias

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Días de Septena y fiesta en Guadix, en honor de su Patrona, la Virgen de las Angustias

Guadix celebra esta semana los cultos en honor de su Patrona, la Virgen de las Angustias, unos cultos que comenzaron el domingo 7 de noviembre y que culminarán el domingo día 14, cuando se celebre el día grande de la fiesta, con Misa Pontifical y procesión. Sí, porque este año, por fin, se podrán celebrar estos cultos con relativa normalidad y la imagen de la Virgen podrá recorrer las calles de la ciudad sobre los hombros de los accitanos.

Así fue, ya, en la primera procesión por las calles de Guadix de la Virgen de las Angustias, la del traslado de la imagen desde su iglesia hasta la catedral, para que le rindan cultos solmenes. Fue el domingo 7 de noviembre, bien temprano, a las 7´30 de la mañana, con frío, como manda la tradición. En procesión, rezando el Rosario, los accitanos acompañaron a su patrona, en un recorrido en el que, sobre todo, se dejaba sentir que ya había ganas de poder procesionar. Presidió esta bajada de la Virgen el obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco. Una vez en la catedral, se celebró una Eucaristía y, después, al chocolate calentito para desayunar, que también es tradición.

Por la tarde, se celebró el primer día de la Septena en honor de la Virgen de las Angustias: a las 7´30 el Rosario y a las 8 de la tarde la Misa, predicada por el sacerdote granadino José Gabriel Martín, párroco de San Gil y Santa Ana en Granada, consiliario de la Federación de Cofradías de la archidiócesis. Y así cada tarde, hasta el sábado 13 de noviembre. En cada celebración de la Septena, las diferentes instituciones de Guadix y comarca van a hacer su respectiva ofrenda a la Virgen, como hicieron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado el primer día, ese mismo domingo de la bajada de la Virgen a la catedral. Se pueden seguir todas las celebraciones de la Septena a través del canal de YouTube de la catedral y a través de Cope Guadix.

Viernes penitencial

El viernes 12 de noviembre será un día penitencial, de oración y penitencia, para prepararse interiormente para el día grande de la fiesta. Durante todo el día, la catedral permanecerá abierta, con el Santísimo expuesto para rezar y con sacerdotes en los confesionarios, para poder confesarse, a cualquier hora del día.

Ya viene siendo tradición en la catedral accitana: en celebraciones importantes como el Corpus, o la Semana Santa, o la Virgen de las Angustias, se celebra, el viernes inmediatamente anterior, una jornada de oración y penitencia. Y asís será este año también.

Procesión

La Virgen saldrá este año en procesión, portada por las decenas de accitanos que soñaban con que llegara el día en que pudieran sacar a su Patrona en andas. El año pasado no pudo ser, pero este sí. Con esa ilusión se vivió la procesión de bajada de la Virgen hasta la catedral. Y con más ilusión, aún, se espera que llegue el día grande de la fiesta, el domingo 14, para que la Virgen de las Angustias recorra, durante toda la tarde, las calles de Guadix hasta llegar a su templo.

La procesión de este año, sin embargo, seguirá estando marcada por la pandemia, ya que seguirán siendo necesarias la mascarilla y la distancia social. Además, se pide a todos los accitanos que vivan esa jornada sin miedo, pero con responsabilidad, cumpliendo los protocolos sanitarios para evitar los contagios. También en la catedral se exigen esos protocolos sanitarios.

Día grande

El día grande de la fiesta de la Virgen de las Angustias, la Patrona de Guadix, es el domingo 14 de noviembre: siempre, el segundo domingo del mes de noviembre. Ese día habrá Misa Pontifical en la catedral, a las 12 de la mañana, presidida por el obispo accitano, Mons. Orozco. Le acompañarán los sacerdotes del cabildo y otros de la ciudad accitana y de la comarca.

Por la tarde, a las 18´00 h., dará comienzo la procesión con la imagen de la Patrona. Recorrerá las calles de Guadix acompañada de todos los accitanos, hasta llegar a su templo, donde permanecerá hasta el año que viene y donde es visitada, cada día, por decenas de personas, que le rezan en el templo o desde la ventana que da a la calle y que deja ver a la Virgen.

Sin duda, la fiesta de este año en honor de la Virgen de las Angustias va a ser casi como la de otros años, pero no del todo, porque la de este año se espera con más deseo que nunca. Cosas que tiene la pandemia.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

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La Fundación “Julio Visconti” acoge la inauguración del curso del Centro de Estudios “Pedro Suárez”

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La Fundación “Julio Visconti” acoge la inauguración del curso del Centro de Estudios “Pedro Suárez”

El viernes, día 5 de noviembre, a las 19:00 horas, tuvo lugar en la sede de la Fundación Pintor Julio Visconti en Guadix, la apertura de curso 2021-2022 del Centro de Estudios «Pedro Suárez», presidida por el Presidente del Consejo Rector, Monseñor Francisco Jesús Orozco Mengíbar, y el Director del Centro de Estudios, José Manuel Rodríguez Domingo, miembro, también, del Instituto de Estudios Almerienses; y que para co

nmemorar el 50 aniversario del descubrimiento de la Dama de Baza, se contó con la lección magistral inaugural ‘La controvertida historia de la Dama de Baza’, a cargo de Lorenzo Sánchez Quirante, arqueólogo y director del Museo Arqueológico de Baza.
En este acto, al que asistieron miembros de la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Guadix, junto con representantes de los Grupos de Desarrollo Rural de Guadix y GDR Altiplano de Granada, de la Diputación de Granada y de diferentes asociaciones del territorio, se hizo entrega del Premio Pedro Suárez 2021 al Geoparque de Granada.
Decisión que fue acordado de forma unánime en la asamblea general del Centro de Estudios “Pedro Suárez”, reunidos el día 24 de octubre, en Puebla de Don Fadrique. Para ello se valoró de forma colegiada, la labor de investigación, recuperación y difusión de los valores geológicos, naturales y ambientales del territorio, así como por la promoción del aprovechamiento social y turístico del patrimonio cultural de las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar.
El diploma acreditativo fue recogido por Adela Álvarez López, diputada de Centros Sociales, en representación del Comité de Coordinación del Geoparque de Granada.
Se agradeció de forma especial a la Fundación Pintor Julio Visconti por las facilidades dadas en la organización de este evento cultural, donde hubo un sentido recuerdo a su fundador, nacido en Fiñana (Almería) en 1921, cuando la localidad aún pertenecía al Obispado de Guadix, y que se formó en la Escuela de Artes de Almería y en el estudio madrileño de Ramón Mateu, dedicando toda su vida a la pintura y maestro de la acuarela. Hijo adoptivo de Almería y Guadix, su legado artístico y patrimonial queda perpetuado en la Fundación que en Guadix lleva su nombre.

Tomado de almerianoticias.es
Fuente: Rafael Leopoldo Aguilera

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Cáritas invita a celebrar la V Jornada Mundial de los Pobres

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El domingo, 14 de noviembre, se conmemora esta Jornada y con este motivo se celebrará una Vigilia y la santa misa en la Catedral

La Iglesia celebra el domingo, 14 de noviembre, la V Jornada Mundial de los Pobres. Este año el papa Francisco propone el tema “A los pobres los tienen siempre con ustedes” (Mc 14,7). Un lema, señala el Santo Padre en su mensaje para la Jornada, que invita a “no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien” y que recuerda que aunque su presencia en medio de nosotros es constante, “no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones”.

Por ello, Cáritas diocesana ha organizado dos citas a las que están invitados todos los agentes de Cáritas. Por un lado, el jueves 11 de noviembre, habrá una Vigilia de oración en la parroquia de las Santas Margaritas, a las 20:00 horas. Y por otro, el domingo 14 de noviembre, se celebrará la misa en la Catedral, a las 12:00 horas, presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

Mensaje del Santo Padre

Las palabras del papa Francisco “adquieren este año una llamada especial a tomar conciencia de la realidad que vive cada persona en situación de pobreza, exclusión y necesidad, justo cuando acaba de comenzar el Sínodo «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», en el que se abre un nuevo tiempo de discernimiento y revisión de nuestro seguimiento de Jesús como Pueblo de Dios”. Así se recuerda en las pautas para la animación que Cáritas y la Conferencia Episcopal Española hacen públicas con motivo de esta Jornada.

 

La entrada Cáritas invita a celebrar la V Jornada Mundial de los Pobres apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Que el Señor nos dé el grano de mostaza de fe

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Homilía den la Eucaristía de conmemoración de los mártires del siglo XX en España, fiesta litúrgica que se celebra el 6 de noviembre. La Eucaristía tuvo lugar en el marco del retiro sacerdotal celebrado en el Seminario Mayor el 8 de noviembre de 2021, y contó con la asistencia de D. Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid.

Muy querido D. Juan Antonio;

queridos hermanos sacerdotes:

Después de esta mañana, hay una súplica muy sencilla que todos podemos hacerle al Señor: “Señor, auméntanos la fe”. No para que llegue un día en que me atreva a decir “yo ya me atrevo a ser mártir. Estoy dispuesto a serlo”. Creo que eso sería siempre un pensamiento lleno de orgullo.

Pero la súplica humilde de decir “Señor, auméntanos la fe”, y la recriminación que nos hace el Señor (porque, reconocerme que la mayor parte de nosotros no creemos que pueda pasar lo de decirle a la morera que se vaya al mar, lo cual pone de manifiesto que no sabemos lo que es la fe), que no nos queda más remedio que pedirle al Señor que nos conceda ese grano de mostaza de fe que él dice que es como la dosis mínima de esa medicina. Pues, que nos dé el grano de mostaza de fe. Porque el mundo necesita la fe más que el paracetamol, más que cualquier otra medicina, más que el aire para respirar. Sin la fe en Jesucristo, sin la fe en Dios que es Jesucristo y en el don de su Espíritu suscitan en nuestro corazón, con humilde espíritu de obediencia a esa proclamación de quién es el Señor, de que Jesucristo es el Señor; toda nuestra esperanza está en Él y no se nos ha dado otro nombre bajo el Cielo por el que podamos ser salvos, por lo tanto, ningún otro punto de esperanza que no seas Tú, Señor. Pero tenemos que suplicar ese don de la fe.

Nosotros, por la historia que tenemos, hasta en los cantos que cantamos, tenemos fácilmente una reducción de la fe o de la vida cristiana un poco moralista; como cosas que está en nuestra mano hacer, que depende de nuestras decisiones, de nuestros propósitos. Gracias a Dios, la Iglesia ha enseñado siempre que “soy cristiano por la gracia de Dios” y que el martirio es una gracia que se puede suplicar y pedir. Porque pretenderlo es quizás el mayor acto de orgullo que uno pudiera tener, por mucha envidia que nos dé la sencillez de la fe de los mártires. Seguramente, cuando se estaban preparando a largo plazo, ninguno de ellos soñaba con ser mártir ni pensaba en ello. Luego, a medida que iban viendo las dificultades, sí que muchos de ellos se ofrecían o contaban con ello y les parecía que era como la coronación de su ministerio sacerdotal.

En todo caso, suplicamos al Señor que nos aumente la fe. Repito esto del moralismo y quiero matizarlo un poco: el mundo necesita nuestra fe. Yo sé que la fe que no va acompañado de buenas obras… La fe y las obras van unidas de algún modo, pero no tiene que ser nuestra preocupación el ir contando nuestras obras. Tiene que ser nuestra preocupación pedirLe al Señor que nos dé la fe, que nos aumente la esperanza, que nos aumente la caridad.

Esa oración se resume también en otra: “Ven, Espíritu Santo”. Que sea Tu Espíritu el que sea verdaderamente el alma de nuestra Iglesia, el alma de cada uno de nosotros. El nuevo “yo” que hay en cada uno de nosotros, que es el Espíritu de Dios. Espíritu de verdad y de amor. Y la gente, en mi experiencia sacerdotal, no se escandaliza a veces de nuestros defectos. De hecho, casi nunca se escandalizan de nuestros defectos, incluso de alguna debilidad que pueda haber en algún momento. Se escandalizan mucho más de nuestra falta de fe. Cuando ve a un cura que vive para el dinero o de los intereses más materiales y bajos de la parroquia, que administra los Sacramentos, -no digo distraído, porque todos nos distraemos-, pero cuando perciben que el Señor no es lo más querido en nuestra vida; que nos preocupa más hasta la misma política. Nos interesan más las cuestiones y las noticias del mundo de lo que nos interesa nuestra relación con Dios y nuestra pertenencia a Cristo y a su Iglesia, y nuestro ministerio al servicio de la Iglesia, en las cosas que tienen que ver con Cristo, que son todas. Es el Señor y es el Señor del universo. Y tiene que ver con todas las cosas. Pero, para eso, hay que ser consciente de cómo todas esas cosas se conectan con Cristo y cómo Cristo ilumina todas las cosas, desde la vida familiar, hasta la vida económica o la vida política. Que el Señor nos aumente la fe, empezando por mí. Que nos aumente a todos la fe. Y que pidamos unos por otros.

En ese contexto no quería dejar de decir dos palabras sobre la sinodalidad a la que el Santo Padre nos ha invitado. Lo que quiero decir es que no es tanto una serie de organización de eventos, para mostrar que somos muy sinodales. El Papa ha dicho que es un cambio de actitud. Una actitud que tenemos que pedirLe al Señor; que tiene que ver, además, con ese crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad que sólo Dios puede darnos. Poder mirar al otro como parte de nosotros mismos. Ver qué cauces tenemos para acercarnos los unos a los otros. ¿Que podemos dar veinte pasos? Pues, los damos. ¿Que podemos dar dos? Pues, los damos. ¿Que no podemos dar más que uno por nuestra propia debilidad? Pues, no damos más que uno y le agradecemos al Señor el haber podido dar ese último paso. Pero que tengamos esa actitud de deseo.

La comunión no es más que un don de Dios y la sinodalidad no es más que otra palabra para hablar de la eclesiología de comunión de la que tanto ha hablado Juan Pablo II como Benedicto XVI. Que el Señor cambie así nuestro corazón para que nos conceda el don de la comunión en todas las direcciones. Luego, podremos curar lo que podemos curar, pero el deseo de la salud del otro, el deseo del bien del otro, el que yo pueda sentir que el otro es parte de mí y que yo pueda sentir que yo soy parte suya, sí que lo podemos pedir y el Señor concede lo que pide esa súplica, porque es lo que pedimos en el Padrenuestro y esa oración la escucha el Señor siempre.

Incluso cuando Le pedimos ciertas virtudes, no estamos seguros. Yo hay virtudes que he pedido al Señor y pienso que no me las concede para mi bien, porque si me las concediera sería insoportablemente vanidoso u orgulloso, y gracias a Dios el Señor no me las concede. Pero si Le pedimos vivir mejor como hijos de Dios, ser más transparentemente y más plenamente hijos de Dios; ser testimonio de que, para nosotros, que hemos consagrado nuestra vida al servicio de la Iglesia, Jesucristo es lo más querido, porque es lo que los hombres más necesitan, ese testimonio no se sustituye con nada. Y lo podemos dar con nuestra pobreza. No tenemos que esperar a ser perfectos para darlo. Podemos darlo en cualquier momento, en cualquier circunstancia, hasta en la más dolorosa o la más triste, o la que más nos hiere.

Que el Señor nos conceda ese don y que podamos caminar lo juntos que podamos por ese camino.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

Seminario Mayor “San Cecilio” (Granada)
8 de noviembre de 2021

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa de acción de gracias por la Misión del Gran Poder

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa de acción de gracias por la Misión del Gran Poder. Catedral de Sevilla, 6 de noviembre de 2021. Lecturas: Is 63,7-9; Col 3, 12-17; Lc 17, 11-19.

  1. «Quiero recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, que llevó a cabo con compasión, y su gran misericordia» (Is 63, 7). Dios hace maravillas en la historia de los hombres. Es omnipotente y misericordioso, es refugio del oprimido, y no olvida el grito de los pobres. Cuando liberó al pueblo de Israel, las naciones descubrieron las obras grandes que Dios había realizado a favor de su pueblo, e Israel, que había sido agraciado por la acción divina, lo reconoce con agradecimiento y alegría. Nosotros también hemos experimentado la acción de Dios, de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, a lo largo de esta Misión evangelizadora que acabará esta noche, y que está siendo un Kairós, un tiempo de gracia y salvación para todos.
  2. Un saludo cordial a don Carlos, Cardenal Arzobispo emérito, al Vicario general y Deán, al Cabildo Metropolitano; a los sacerdotes y diáconos; a las autoridades presentes; a los miembros de la vida consagrada y a todos los fieles laicos; a los miembros de parroquias, movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales, de instituciones caritativas y sociales, a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo en especial al Hermano Mayor, Junta de Gobierno y a todos los hermanos del Gran Poder. Saludo a todos los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación.
  3. Queridos hermanos y hermanas, esta Misión nos ayuda a recordar que el Señor nos ha ido salvando y protegiendo en los momentos difíciles de nuestra vida, y nos sigue sosteniendo con su gracia y amor. Es importante que sepamos valorar las cosas buenas y positivas que hay en nuestra existencia. Si nos fijamos solamente en los problemas y dificultades, no podremos percibir todo lo bueno y bello que viene del Señor. Esta memoria agradecida nos da fuerza y luz para cuando llegan las horas oscuras. Porque Dios nos ama y sigue haciendo obras grandes, y está presente entre nosotros; porque el Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría.
  4. Con ocasión del 400 aniversario de la hechura de la talla del Señor del Gran Poder, nació la idea de realizar una Santa Misión en Tres Barrios-Amate. Félix Ríos, Hermano Mayor, expuso la idea a don Juan José Asenjo, a la sazón Arzobispo hispalense, que la recibió con entusiasmo. La pandemia impidió llevarla a cabo el año 2020, pero gracias a Dios, se ha podido llevar a cumplimiento en el presente año por iniciativa del nuevo Hermano Mayor, Ignacio Soro, y los párrocos de las parroquias de la Blanca Paloma, Nuestra Señora de la Candelaria y Santa Teresa, con el aliento del nuevo Arzobispo. La Santa Misión comenzó el día 16 de octubre y se ha desarrollado en las parroquias y los barrios hasta anoche, que vino a la Iglesia Madre, la Catedral. Esta tarde, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder regresará a su basílica.
  5. Una Santa Misión evangelizadora en la periferia de Sevilla. Ahora bien, recordemos, en primer lugar, cuál es exactamente la Misión de Jesús Su Misión es cumplir la voluntad del Padre, llevar a cabo la obra de la salvación de los hombres. Él “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10, 45). Para esto ha ido el Gran Poder a los Tres Barrios-Amate y ha recorrido tantas calles y plazas de nuestra ciudad. Quien ha visto a Cristo, ha visto al Padre, porque Dios nos ha manifestado su rostro, se ha hecho visible en Jesucristo. Él inaugura de un modo nuevo la presencia de Dios en la historia, y nos muestra el rostro de Dios. Es la respuesta a los grandes interrogantes y aspiraciones del hombre.
  6. Esta mañana, en nuestra Catedral, contemplamos una vez más la talla incomparable de Juan de Mesa, la representación más sublime de Jesucristo. Nos preguntamos cuál es el mensaje final del Señor, qué quiere de nosotros después de esta misión evangelizadora por las calles, por las plazas, por los barrios de Sevilla. No lo dudemos, hermanos, lo que quiere de nosotros es una conversión personal profunda, una renovación de la vida, porque Él ha de ser el centro al que subordinamos todos los demás elementos: familia, trabajo, ambiente, aficiones, compromiso político, voluntariado.
  7. También quiere una renovación de la sociedad. El Señor del Gran Poder nos pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. Hay pecados contra el amor al prójimo o contra la justicia en las relaciones interpersonales, contra los derechos de la persona humana, ya sea contra la vida, la libertad, la dignidad y el honor del prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y sus exigencias, dentro del panorama de los derechos y deberes de los ciudadanos. Puede ser social el pecado de obra u omisión por parte de los dirigentes de todos los ámbitos que no se empeñen en la transformación de la sociedad según las exigencias y las posibilidades del momento histórico que nos toca vivir.
  8. El Señor del Gran Poder nos llama a colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra, para que en una sociedad que se caracteriza por el ansia de riqueza y de poder, se construya su Reino de justicia y de paz, de verdad y amor. Nos llama a trabajar por el desarrollo de cada persona y de toda la comunidad, en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad, en la diócesis. En mis primeros días como pastor diocesano visité algunos de los barrios más pobres de nuestra ciudad, pero constaté también el trabajo que llevan a cabo muchas entidades, unas de Iglesia y otras laicas, una labor extraordinaria llena de esperanza.
  9. Queridos hermanos: esta misión pasará, sin duda, a la gran historia de nuestra ciudad de Sevilla. De nosotros depende que se quede en un bello recuerdo sin apenas influencia transformadora o que marque un antes y un después en el corazón de las personas y de nuestras organizaciones y entidades, así como de las administraciones; una transformación que pueda generar soluciones concretas para resolver las problemáticas más acuciantes. Por eso os invito a contemplar a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Es una invitación a contemplar su rostro, que es todo amor y misericordia; a contemplar su paso firme, con zancada larga hacia el Calvario, donde dará su vida en la cruz por la salvación de todos; a contemplar sus manos grandes, que sujetan la cruz con firmeza, porque quiere ser fiel hasta el final a la voluntad del Padre. Su mirada nos pregunta cómo está nuestra vida, qué hemos hecho hasta hoy por Él y por los hermanos más necesitados, y qué estamos dispuestos a hacer a partir de ahora.
  10. El Señor del Gran Poder nos llama a ser agradecidos, a perdonar, a amar a los demás, a trabajar por nuestros hermanos más desfavorecidos. Pidamos hoy la gracia de vivir muy unidos a Él, de experimentar su amor, su amistad, y de participar en su Misión. Su Misión continúa en Sevilla, y hoy nos llama de un modo particular a participar en ella. Con su gracia seremos capaces, de la mano de María Santísima, nuestra Madre y maestra. Así sea.

 

 

 

La diócesis, pueblo de Dios que quiere abrazar el mundo

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El día 7 de noviembre es el Día de la Iglesia Diocesana, un día para recordar que no vivimos la fe en solitario, sino que juntos –entre nosotros y con el Señor que camina a nuestro lado—, en familia, logramos mantener las parroquias y comunidades vivas y activas.  Esto nos da la oportunidad de recordar la belleza y la grandeza de la Iglesia universal porque en ella ha querido quedarse y hacerse presente Dios, nos ha unido íntimamente a Él y permanentemente nos ofrece su Espíritu, por el que nos regala su gracia y nos fortalece. La Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. No se puede separar a Cristo de la Iglesia. Cada diócesis, hace así presente la familia de los hijos de Dios y se ofrece a los demás como el pueblo de Dios que quiere abrazar al mundo.

En cada parroquia nacemos a la fe y en ella descubrimos que somos una familia dentro de otra gran familia, la de los hijos de Dios. Hoy recordamos lo importante que es poner lo que somos al servicio de los demás. «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo», un lema que recuerda que juntos, como familia, logramos una parroquia activa que responde a la llamada de Dios. La fe es fuerza que une. No se puede creer en solitario, solo es posible en la comunión de la Iglesia. “La Iglesia, por medio del anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el ejercicio de la caridad, desea suscitar en el corazón de los cristianos la alegría del evangelio” (Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española (2016-2020). El amor de Dios nos puede transformar personalmente y nos hace transformar el mundo con paciencia, haciendo el bien. Seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No podemos seguirle en solitario.

En España, la Iglesia está presente a través de 70 diócesis presididas por un obispo o arzobispo. A estas diócesis pertenecen actualmente las 22.993 parroquias que son atendidas por 16.960 sacerdotes, junto con otras realidades diocesanas. Las Órdenes y congregaciones religiosas, sus casas, los monasterios y el resto de formas de vida consagrada, junto con las más de 13.443 entidades religiosas inscritas en el Registro de entidades religiosas (cofradías, hermandades, asociaciones, fundaciones, movimientos …) completan el mapa de las realidades de la Iglesia en España. Una Iglesia que formamos los millones de católicos que contribuimos con nuestro testimonio, dedicación y trabajo a hacer presente el mensaje del evangelio en la sociedad.

Juntos somos Iglesia Diocesana, poniendo todo lo que somos al servicio de los otros y colaborando juntos llevamos a cabo la labor de la Iglesia. Juntos logramos que una parroquia sea viva, comprometida, apasionada por Jesucristo y entregada a los demás. Esta campaña también nos pide colaborar para hacer nuestras parroquias más comprometidas, más cercanas, porque unidos entre nosotros y con Dios, como nos pide el Papa Francisco al inicio del sínodo diocesano, escuchando la voz de Dios, seremos sus testigos y llegamos a todos. Ciertamente esto cuenta con la participación, en la que cada uno aporta según sus posibilidades y sus circunstancias: con tu tiempo, con tus cualidades, con tu oración, con un donativo. Se trata de poner lo que somos al servicio de los otros y en la Iglesia.

La Iglesia es una comunidad siempre en camino. La razón de su existir es que podamos conocer y llegar a Dios, y cuenta contigo. Cada uno se debe preguntar ¿cómo puedo yo ayudar? Seamos corresponsables de la labor de la Iglesia y de su sostenimiento. Demos hoy la respuesta que exige este momento histórico para fortalecer nuestra fe, nuestras instituciones,  nuestra comunicación cristiana de bienes, para mostrar la caridad que nos define como discípulos del Señor.

+ Rafael Zornoza
Obispo de Cádiz y Ceuta

La Iglesia, familia contigo que necesitamos

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Carta pastoral con motivo del día de la Iglesia diocesana

Queridos diocesanos:

El Día de la Iglesia diocesana es ocasión propicia para procurarnos una más clara conciencia de la identidad de la Iglesia diocesana, lograr una identificación con ella más ajustada a su realidad tanto social como espiritual. En ella nos hallamos insertos, porque todos los bautizados en nuestra Iglesia particular somos parte de la misma y por medio de nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana formamos parte de la Iglesia universal. Podemos preguntarnos cómo puede ser, y así recibir del magisterio de la Iglesia la respuesta que nos es necesario conocer.

La Iglesia para la salvación del mundo en Cristo

La jornada dedicada a la Iglesia diocesana tiene, en primer lugar, que ayudar a todos los bautizados a lograr una más clara inteligencia del misterio de la Iglesia. Es preciso detenernos en ello. El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios, porque en verdad Dios ha amado incondicionalmente al mundo y este amor de Dios por la humanidad salida de sus manos es el contenido del anuncio del Evangelio de Cristo llevado al mundo entero por los Apóstoles. Dios Padre envió a su Hijo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Jn 3,17), porque no es la punición o el castigo del hombre pecador desde el comienzo de su existencia el objetivo pretendido por Dios al enviar a su Hijo al mundo, sino la salvación del mundo mediante el conocimiento de la verdad, cuyo contenido es el amor divino (cf. 1Tm 2,4→Ez 18,23). En el conocimiento de Dios consiste la vida eterna y la Iglesia existe para dar a conocer a Jesucristo, el Hijo de Dios en quien hemos conocido la revelación de Dios (cf. Jn 8, 32; 17,3).

Este objetivo del designio de Dios que incluye como realidad sustantiva la carne del Hijo de Dios fue considerado razón del ser de la encarnación desde el Nuevo Testamento a la teología de los santos Padres y, posteriormente a los grandes teólogos del Medievo, cuyo pensamiento ha perdurado como el más influyente en las corrientes teológicas posteriores. La encarnación mira a la redención del género humano, cuyo misterio se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado, como enseña el II Concilio del Vaticano al referirse a Cristo como nuevo Adán, siguiendo la teología bíblica de san Pablo, que afirma cómo «Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[1].

No todas las corrientes teológicas responden a esta visión de la razón de la encarnación en el designio divino para el mundo, planteándose la cuestión hipotética de si no se habría producido igualmente la encarnación, si el hombre no hubiera pecado, pero no podemos entrar en esta carta en la descripción de unas y otras corrientes teológicas que han llegado a la teología contemporánea. De hecho, en cierta medida, la misma Constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes orienta la comprensión del dinamismo de la historia de la salvación, y lo hace sobre la base de una antropología cristiana que supone la encarnación del Verbo. Baste esta breve introducción sobre la finalidad salvífica de la Iglesia, que nos ayude a mejor situar la enseñanza conciliar sobre la Iglesia diocesana.

La realidad de la Iglesia diocesana y su mediación en la misión de la Iglesia universal

El último Concilio nos recuerda lo sustancial en una definición de la Iglesia diocesana que es necesario tener siempre presente: «La diócesis es una porción del pueblo de Dios que se confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio. Así, unida a su pastor, y por él congregada en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y de la Eucaristía, constituye una Iglesia particular. En ella está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica»[2].

La Iglesia diocesana es una Iglesia particular que en la gran comunión católica es porción del pueblo de Dios. No es todo el tejido social de la Iglesia universal, pero el entero misterio de salvación que constituye la Iglesia universal está presente en ella, y por la predicación del Evangelio y de la Eucaristía realiza su esencia o identidad propia. Más aún, todos los bautizados estamos insertos y formando parte de la Iglesia universal como miembros del cuerpo místico de Cristo, en tanto que miembros de nuestra Iglesia diocesana que podemos identificar también como nuestra «Iglesia de origen». De hecho lo solemos hace así, refiriéndonos al cuerpo social diocesano, por cuyo medio somos integrados en el cuerpo místico de Cristo, es decir en la Iglesia universal.

Dicho de esta manera, el día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo. En cada Iglesia particular no hay más que un obispo, aunque el obispo diocesano pueda contar con la ayuda de uno o varios obispos auxiliares o con la ayuda de un obispo coadjutor, los cuales pueden tener encomendadas diversas funciones de régimen, sin que de hecho puedan sustituirlo, sino coadyuvar a su ministerio episcopal según lo determina en diversas circunstancias la ley universal de la Iglesia.

Todos los diocesanos han de tener una idea clara de su propia Iglesia particular, presidida por el obispo, que cuenta con la colaboración de su presbiterio y la de los diáconos permanentes, que auxilian al obispo y a los presbíteros. Con todo la Iglesia está constituida fundamentalmente por los laicos, dotados de su propio carisma o don y misión en la Iglesia como testigos de Cristo en el mundo, en una sociedad hoy compleja y plural, en la cual Cristo ha querido que su Iglesia sea sacramento de salvación para el mundo, prolongando en ella su propia humanidad. El pueblo de Dios está formando por los fieles cristianos laicos a cuyo servicio están los pastores, es asimismo un cuerpo social en el cual hay seglares, que son la mayoría, religiosos y religiosas, y miembros de sociedades apostólicas formadas por varones y mujeres de vida consagrada en sus diversas formas. Todos tenemos en la Iglesia nuestra propia identidad y cometido, siendo todos necesarios para que la funcionalidad del cuerpo resulte útil tanto a la común misión de todos en la Iglesia, que es anunciar y dar testimonio de Cristo, como para que mutua y recíproca relación de unos a otros, el servicio de unos sea complementario al servicio de los otros. En este sentido conviene tener siempre presente el comentario de san Pablo a la siempre posible rivalidad entre los miembros de la Iglesia. Dice el Apóstol de las gentes en la primera carta a los Corintios que del mismo modo que «los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo» (1Cor 12,12); y continúa en el mismo lugar diciendo que, así como el cuerpo no se compone de un solo miembro, tampoco el cuerpo de místico de Cristo puede constar de un solo miembro, de tal suerte que si dijera cada uno de los miembros que no forma parte del cuerpo porque el ojo no es el oído ni ninguno de los dos el olfato, ¿dónde quedaría el cuerpo? Por eso concluye añadiendo que muchos son los miembros, mas uno el cuerpo: «Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno a su modo» (1Cor 12,27).

Es muy necesario que, en una jornada de reflexión sobre la realidad y misión de la Iglesia diocesana, paremos mientes en el misterio de la Iglesia, de la cual el Concilio afirmaba que «es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad del género humano»[3]. De nuestra identificación con la Iglesia diocesana de la que formamos parte, en la cual vivimos nuestra inserción y pertenencia a la única Iglesia de Cristo, es decir, a la Iglesia universal, que es una, santa, católica y apostólica, depende en la mayor medida que hagamos propia la misión de la Iglesia en el mundo y cumplamos con nuestro cometido propio según nuestro estado y condición eclesial.

Ayudar a la autofinanciación de la Iglesia como resultado de una conciencia clara de su verdad y su misión en el mundo

No sería una opción acertada hacer de la jornada dedicada a la Iglesia diocesana ocasión para una cuestación movida sólo por el interés por acrecentar la autofinanciación como objetivo prioritario, por muy necesitada que una Iglesia diocesana esté de contar con medios materiales para mantenerse como cuerpo social y cumplir su misión. ¿Qué tenían los Apóstoles cuando Cristo los envío a anunciar el Evangelio? ¿Cuál fue el equipaje que les propuso en el discurso apostólico que nos ha dejado san Mateo recogido en el célebre capítulo diez de su evangelio? Ni plata, ni oro, ni cobre, ni alforja, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, «porque el obrero merece su sustento» (Mt 10,10). Naturalmente, la Iglesia necesita su sustento, pero no podemos vender la libertad del Evangelio al sustento calculado y consensuado con el poder de este mundo, porque dejaríamos de ser la Iglesia de Cristo. Es difícil la autofinanciación de la Iglesia en una sociedad descreída y acosada por la manipulación de una imagen de la misma desfigurada por sus propios enemigos: el materialismo rampante y las ideologías viejas y nuevas que se han convertido en savia nutriente del hombre gregario de nuestros días, a pesar de que quienes orientan la opinión pública le hacen creer que es más libre que nunca.

Ni menos aún tratar de motivar la cuestación en favor de la Iglesia por las muchas obras de caridad y beneficio social que de ellas se sigue, porque la Iglesia hace indudablemente mucho bien. Debemos darlo a conocer, respondiendo así a los críticos que nos dicen que el bien que hacemos no sabemos publicitarlo. Ahora bien, apoyar nuestra campaña en el bien que hacemos hemos de hacerlo, sí, pero afrontando cuanto de verdad hay en las críticas que los cristianos de hoy recibimos, aunque a veces cuesta ponerse a ello. Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación. Si no se tuviera presente en este día el objetivo prioritario de la Iglesia, que existe para la misión que Cristo le confió, imperando mediante mandato llevarla a cabo con palabras inequívocas: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20a). Mandato que se completa con la promesa de que la Iglesia contará siempre con la presencia en ella de su Señor: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20b). Es la promesa que adelantó Jesús a Pedro, afianzando a los Apóstoles en la certeza de la fe en la consistencia de la Iglesia al declarar proféticamente que «el poder del infierno no la derrotará» (Mt 16,18). Jesús exhorta a los discípulos a afrontar con fortaleza cualesquiera situaciones adversas que la sociedad de cada tiempo plantea a la Iglesia, pidiéndoles que no pierdan de vista la orientación escatológica, es decir, la orientación a la consumación final del reino de Dios que Jesús proclamó llamando a la conversión. Jesús les advierte que Dios Padre conoce las necesidades que tienen y de qué carecen; y, aun así, les propone como prioridad el reino: «Buscad, más bien, el reino y lo demás se os dará por añadidura», exhortándoles a la confianza plena en Dios providente: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino» (Lc 12,31-32).

Hemos de afrontar esta campaña con claridad sobre la prioridad misionera de la Iglesia y os llamo a todos a poner cada uno d su parte lo que juzgue necesario para sostener la Iglesia diocesana y, sin duda, teniendo en cuenta que hemos de hacerlo con una mentalidad moderna, acomodando nuestro modo de proceder a la legislación vigente en una sociedad fiscalizada y moderna. Una cosa no quita la otra, no podemos dejar de orientarnos por los principios constitutivos de la Iglesia, que se levanta sobre el designio de Dios de contar con ella como obra de Cristo para la salvación del mundo. Dios en su designio para el mundo ha querido que la salvación pase por la misión de la Iglesia. Es lo que nos proponíamos hacer valer con el Plan pastoral diocesano 2019-2023 «Ser Iglesia en conversión misionera», siguiendo las orientaciones del Papa Francisco con motivo del centenario de la carta apostólica sobre las misiones Maximum illud (1919) de Benedicto XV. Ahora la preparación del próximo Sínodo de los Obispos en 2023 ha venido a enriquecer el plan pastoral y prolongar en la reflexión que hemos emprendido como preparación a su desarrollo. La Iglesia nos propone una amplia reflexión participada orgánicamente por cuantos han de llevar adelante la representación de los distintos sectores del pueblo de Dios sobre la sinodalidad de la Iglesia, es decir, sobre la corresponsabilidad de todos en la misión de la Iglesia. Una primera fase de carácter diocesano que se había previsto terminara en abril, pero que recientemente la Secretaría General del Sínodo ha decidido alargar hasta el 15 de agosto próximo como fecha límite para que las Conferencias Episcopales entreguen la síntesis de las Iglesias diocesanas.

Sostener a la Iglesia hoy

Un planteamiento moderno de la financiación de la Iglesia exige una transparencia real y no sólo fingida o convencionalmente condicionada por intereses eventuales. No bastan las proclamas de transparencia sin hechos objetivos que la avalen. Se hace preciso informar de qué modo la ayuda que los fieles proporcionan contribuye a dotar a la Iglesia diocesana de los medios que necesita para su mantenimiento. En esta tarea siempre es importante combinar el sostenimiento del culto y del clero con la caridad y la obra educativa y social de diverso género que la Iglesia desarrolla y que va desde la ayuda a los marginados y más necesitados a las tareas de alcance cultural. Hemos de decir que tiene la mayor importancia contar con una financiación digna del clero y cuantos colaboran con la labor de la Iglesia en los diversos campos de su presencia social, desde profesionales cualificados a auxiliares a su servicio. Por lo que se refiere a la partida de específica de «culto y clero», hay que convenir que es modesta y que requiere que los fieles la completen en las parroquias particularmente y en los diversos servicios que con profesionalidad asumen asimismo los sacerdotes en determinados casos. Sostener al clero es importante objetivo en la financiación de la Iglesia, porque sin el subsidio   de los ministros del Evangelio sería difícil cumplir con el mandato del Señor. Sostener la economía de Curia, la administración pastoral y contribuir al mantenimiento del patrimonio cultural de la Iglesia, con su propia finalidad y puesto al servicio de la sociedad, regulado conforme a la normativa vigente canónica y civil.

Ninguna de estos cometidos tiene que contraponerse a la caridad y la acción social de la Iglesia, para la cual la Iglesia cuenta con recursos e ingresos destinados por los fieles a tal fin y que forman parte de los ingresos de la Iglesia diocesana, que deben contabilizarse como tales; como también forman parte de estos ingresos las colectas que se destinan a fines diocesanos y las que se destinan a fines de la Iglesia universal, así como las subvenciones de las instituciones y fundaciones. La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana. Estas cuentas se han visto por desgracia afectadas por las sucesivas crisis, la de 2008 y la pandemia del Covid-19, que no cesa y tanto ha retraído la acción comunitaria de la Iglesia, afectando gravemente a la práctica religiosa. Los balances de los centros educativos y la explotación del patrimonio de la Iglesia, así como las tasas de Curia y del Tribunal eclesiástico son ingresos reales de la Iglesia diocesana, que están al servicio de los gastos que la misión de la Iglesia y su mantenimiento como estructura social, la conservación de su patrimonio histórico cultural, la caridad cristiana y la acción social generan. La economía a diocesana no se apoya sólo en la entidad del Obispado, sino en todas las entidades que forman orgánicamente la estructura económica unitaria de la diócesis. Estas entidades operan de modo solidario como sucede con los vasos comunicantes, y los beneficios de unas entidades cubren las carencias de otras. Es el conjunto el que responde de la economía diocesana.

La Iglesia diocesana de Almería ha realizado un gran esfuerzo en las dos últimas décadas para remozar sus obsoletas estructuras y crear algunas nuevas. Son de valorar las ayudas que algunas instituciones civiles han puesto a su disposición, pero el mayor esfuerzo ha recaído sobre los fieles y los recursos modestos de nuestra Iglesia, de su Obispado y de sus parroquias. A todos cuantos simpatizan con el mensaje de la Iglesia y valoran su alcance moral y, en particular, a los fieles cristianos hemos de manifestar agradecimiento, al mismo tiempo que les decimos que no dejen de ayudarnos a ser lo que somos, como reza el lema de este la campaña de este año, porque esta ayuda, por modesta que sea, contribuye a que seamos una gran familia de fe cristiana.

La Iglesia, familia de los hijos e Dios, quiere ofrecer la riqueza superior a todas las riquezas de este mundo que mueven a los seres humanos. La Iglesia quiere ofrecer a todos el servicio del Evangelio, para que la buena noticia de la salvación que Cristo ha traído lleve a la sociedad de nuestro tiempo la esperanza en el futuro que sólo Dios garantiza al hombre, que vive en este mundo con sus anhelos y dificultades, sus gozos y esperanzas, pero también tristezas y angustias que, como lo acredita la historia de la humanidad, requieren el remedio poderoso de la solidaridad fraterna que se sostiene en la paternidad común de Dios.

Con todo afecto y bendición.

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

Almería, a 7 de noviembre de 2021

[1] Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 22; cf. Rm 5,12-20.

[2] Vaticano II, Decreto sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia Christus Dominus, n. 11.

[3] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 1.

El obispo emérito de Huelva, José Vilaplana, dirige los ejercicios espirituales del Clero

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Como estaba previsto en el calendario diocesano para el curso 2021 – 2022, desde ayer domingo, 7 de noviembre, se viene celebrando en la Casa Diocesana Virgen de la Cinta la primera tanda de ejercicios espirituales para el Clero -que se prolongará hasta el próximo sábado, 13 de noviembre-, dirigida por D. José Vilaplana, obispo emérito de Huelva.

Tal y como se indica en el Directorio para el Ministerio y Vida de los Presbíteros (nº 103) de la Congregación para el Clero: «Como demuestra la larga experiencia espiritual de la Iglesia, los Retiros y los Ejercicios Espirituales son un instrumento idóneo y eficaz para una adecuada formación permanente del clero. Hoy día siguen conservando toda su necesidad y actualidad. Contra una praxis, que tiende a vaciar al hombre de todo lo que sea interioridad, el sacerdote debe encontrar a Dios y a sí mismo haciendo un descanso espiritual para sumergirse en la meditación y en la oración».

La próxima tanda de ejercicios espirituales para el clero está programada desde el 6 al 12 de febrero de 2022.

 

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Rotundo éxito del X encuentro de adolescentes en el Seminario

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«He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia». Este mensaje que Jesús nos ofrece es el que han podido tener presentes más de 150 adolescentes de nuestra Diócesis el pasado sábado en el Seminario.

Comenzó a las 10 de la mañana con la acogida en la que todos los participantes trajeron un kilo de alimentos como signo de caridad y preocupación por los más desfavorecidos, y que será destinado a Cáritas. A continuación, pasaron al Salón de actos donde los jóvenes de KJ (Kairós Joven) llenaron de vida el inicio del encuentro con una serie de coreografías que habían montado antes de la grata bienvenida que D. Juan Ignacio Damas, Vicario de Evangelización, les ofreció en nombre de nuestro administrador apostólico, Don Amadeo. El Vicario de Evangelización animó a los adolescentes a participar en el Sínodo, a ser también ellos protagonistas de este gran acontecimiento que la Iglesia está viviendo.

Después de sus palabras en las que nos hizo reflexionar sobre la vida que Dios nos ofrece en Jesús los adolescentes comenzaron un tour por el seminario donde participaron en cuatro talleres en los que pudieron profundizar sobre el don de la vida que Dios nos da en la creación; el valor de nuestra vida como la gran obra de Dios; la importancia de cuidar nuestra relación con los demás pues somos hijos del mismo Dios; hermanos en la fe y la presencia de Jesús como el Hijo de Dios hecho hombre. A modo de descanso, los participantes disfrutaron con una rifa en la que se sortearon más de 80 regalos de Manos Unidas que fueron donados por los miembros del Secretariado. Y que han contribuido a un proyecto solidario de desarrollo en Camboya

DSC_0486Como colofón a este gran día, tuvo lugar en la Capilla Mayor del Seminario un momento intenso pero a la vez sentido y lleno de paz. En la adoración al Santísimo, a través de cantos y de la Palabra de Dios, se propició el encuentro personal con el Señor. Fue un momento muy bonito para todos, el ver a María ofreciéndonos a su Hijo Sacramentado, el ver la Capilla del Seminario a rebosar de adolescentes, de Vida… En definitiva, la VIDA de Dios en el Sacramento y en el futuro de nuestra Diócesis.

Es bueno saber y hacer notar que la tarea evangelizadora es cosa de todos. No sólo de los sacerdotes, sino de los laicos, catequistas, profesores de religión, padres… entre todos hemos de remar en la misma dirección para que nuestros adolescentes puedan encontrarse con Dios en sus vidas. NO podemos negarles experiencias de Dios y por ello, hemos de ser nosotros testigos de ello, hemos de salir de nuestra zona de confort por ellos. Gracias a todos los que han tenido este gesto de generosidad al llevar a los adolescentes a este encuentro.

Sólo así tendrán vida, la VIDA en mayúsculas que Dios nos ofrece.

 

Secretariado diocesano de Infancia y Adolescencia

Galería fotográfica: «X encuentro diocesano de Adolescentes»

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