En vísperas de comenzar un nuevo curso de catequesis, las catequistas de Huéscar han tenido una tarde de oración, adoración y convivencia ante Jesús Sacramentado, poniendo en las manos del Señor el nuevo curso de catequesis que está a punto de comenzar.
La tarde ha sido sobre todo una invitación a pararse, a guardar silencio y ponerse en presencia del Santísimo Sacramento del Altar. En medio de los preparativos propios de la catequesis, las catequistas tuvieron la oportunidad de hacer silencio y dejar que fuera el Señor quien hablara al corazón.
Al comienzo de la oración, cada catequista recibió una pequeña bolsa en la que podía leerse «Soy catequista». En su interior había tres sencillos símbolos: un lápiz, una goma y una vela. A partir de estos elementos se fue desarrollando la oración, descubriendo en cada uno de ellos un significado para la misión de la catequista.
El lápiz recordó la necesidad de dejar que Dios siga escribiendo la historia de cada niño, pero también la propia historia de quienes lo acompañan en la fe. La goma invitó a reconocer que siempre es posible corregir, comenzar de nuevo y pedir perdón, confiando en la misericordia de Dios y participando en el sacramento de la reconciliación Y la vela recordó la llamada a ser luz, llevando a los demás la luz de Cristo y ayudándoles a descubrir su presencia.
Sin embargo, por encima de las palabras y de los símbolos, el centro de la tarde fue el silencio y la adoración ante Jesús Sacramentado. Allí, sencillamente, las catequistas pudieron estar con el Señor, agradecerle la vocación recibida y poner ante Él los niños y jóvenes, así como sus familias, que acompañarán durante este nuevo curso. La tarde concluyó en un ambiente de convivencia, compartiendo la alegría de comenzar juntos una nueva etapa en la misión de anunciar y transmitir la fe.
Parroquia de Santa María de Huéscar

