A lo largo de la noche que transcurre del primero al segundo de agosto de 1218, la Iglesia católica conmemora la Descensión de la Bienaventurada Virgen María de la Merced con la aparición en sueños de Nuestra Señora de la Merced a San Pedro Nolasco —y siguiendo la tradición antigua también se le apareció de manera simultánea, al rey aragonés Jaime I el Conquistador, y a San Raimundo de Peñafort, quien años más tarde tomaría el hábito de la Orden de Predicadores, es decir, se haría dominico. Una semana más tarde del recuerdo de esa efeméride, concretamente el ocho de agosto, la Iglesia celebra la festividad de Santo Domingo de Guzmán que es el fundador de la Orden de Predicadores. Siguiendo el calendario juliano, añadiendo dos días más, es decir, el día de San Lorenzo (10 de agosto) de 1218 se produjo la fundación de la Orden de la Merced en la catedral de Barcelona bajo el pontificado de Monseñor Berenguer de Palou y el patrocinio regio de Jaime I de Aragón.
Sin lugar a dudas, podríamos estar escribiendo páginas y más páginas acerca de las órdenes religiosas. Sin embargo, estas dos fechas tan señaladas en el calendario cristiano a la que debemos añadir las de San Alfonso María de Ligorio (1 de agosto) fundador de la Congregación del Stmo. Redentor (Redentoristas), San Agustín de Hipona (28 de agosto) fundador de la Orden de San Agustín (Agustinos), y la de San Ramón Nonato (31 de agosto) me han invitado a plantearme la siguiente pregunta: ¿qué papel desempeñan las mismas en la actualidad? Pues, aunque no lo parezca, las órdenes religiosas tienen más presencia dentro de nuestra sociedad de la que aparentemente percibimos porque, en la epicúrea y hedonista sociedad en la que vivimos donde prevalece la inmediatez, no solemos detenernos a observar aquello que nos rodea con la debida calma que requiere. Su presencia, al igual que la de toda la Iglesia católica, tiene un carácter universal, es decir, están repartidas por todo el mundo. No obstante, me gustaría compartir con ustedes, amables lectores, algunas reflexiones personales sobre las mismas en nuestro entorno más cercano: archidiócesis de Granada y diócesis de Guadix.
Las órdenes religiosas de vida contemplativa, que suelen abrazar la vida monacal en comunidad observando la clausura, se dedican, esencialmente, a rezar por todo el mundo. Y, de igual manera, realizan ciertos trabajos manuales que contribuyen a su mantenimiento. Pongamos algunos ejemplos. Comenzaré por el más cercano a mi casa que es el Monasterio de la Santísima Trinidad de Baza perteneciente a las Madres Dominicas desde que se establecieron en la ciudad de la Dama a mediados del s. XVIII. Otros ejemplos que podemos citar son los siguientes: las Madres Comendadoras de Santiago, las Madres Dominicas de los monasterios de Zafra y de la Piedad, las Madres Carmelitas tanto las de la antigua observancia (calzadas) como las descalzas de San José, las Madres Clarisas tanto del Santo Ángel Custodio como de Santa Isabel la Real y las de la Encarnación, las Madres Franciscanas del Monasterio de la Concepción, las Madres Capuchinas de San Antón, las Madres Agustinas Recoletas vulgo «las Tomasas», etc., en Granada.
Sin embargo, la labor realizada por las órdenes religiosas, que más perceptible es por la sociedad, es aquella desempeñada por las de vida activa ora sea masculinas ora femeninas. Se me viene a la mente el Hogar de San José, en Baza, que pertenece a la congregación religiosa de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, o la residencia de La Encarnación, en Cúllar, que es una residencia de ancianos regentada por la Fundación del mismo nombre, y a cargo de las Hermanas Franciscanas de la Purísima. También debemos de destacar la archiconocida Orden de San Juan de Dios y toda la labor que realiza en Granada a través de su hospital de San Rafael. En definitiva, todas aquellas órdenes y congregaciones religiosas que, bajo sus respectivos carismas, realizan una inconmensurable labor asistencial y benéfica en pro de nuestra sociedad.
Huelga decir la gran importancia que las distintas órdenes religiosas han tenido para la cultura en nuestra civilización cristiana occidental. Sin embargo, no está de más que recordemos de forma sucinta algunos nombres propios: San Juan de la Cruz (O.C.D.), que en este año se cumple el tercer centenario de su canonización por el papa Benedicto XIII, y la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Merced está conmemorando tan bien como tan solo esta sabe hacerlo desde el interior de los muros cenobiales de las Madres Carmelitas Descalzas de San José; y Santa Teresa de Jesús (O.C.D.) ambos doctores de la Iglesia. Fray Gabriel Téllez (O.M.) más conocido por todo hijo de vecino como Tirso de Molina que fue uno de los grandes dramaturgos del Siglo de Oro Español. En la actualidad, tenemos la grandísima suerte de que uno de los poetas más importantes de nuestra literatura española contemporánea sea el granadino Fray Antonio Praena (O.P.). La omnisapiente Escuela de Salamanca con Fray Luis de León (O.S.A. y O.A.R.), Fray Francisco de Vitoria (O.P.) o el Padre Suárez (S.J.) entre otros muchos nombres propios a destacar. Pero no solo en Humanidades destacaron las órdenes religiosas, sino que en el campo de las Ciencias Naturales tampoco se quedaron atrás puesto que tenemos a los paleontólogos jesuitas Emiliano Aguirre y Leandro Sequeiros.
A continuación, esto me lleva a reflexionar sobre el enorme papel educativo que las órdenes religiosas han desempeñado y desempeñan en nuestro país. Son muchos los colegios, universidades, residencias estudiantiles y colegios mayores que están regidos por distintas órdenes religiosas. En las enseñanzas infantil, primaria y secundaria, la gran mayoría de estos centros educativos mantienen un concierto con el Estado: Divino Maestro, Mercedarias de la Caridad, Padres Escolapios —siempre quedará en nuestro recuerdo el Padre Enrique Iniesta quien nos enseñó a pensar en andaluz y a amar a Andalucía—, Padres Salesianos, Padres Claretianos, los Colegios del Ave María, que tan importantes son para Granada como fundación del Padre Manjón que fueron, el Carmelo, la Presentación (FESD), los Padres Agustinos, los Hermanos Maristas… También cabe destacar la gran labor que realizan las distintas órdenes religiosas que regentan residencias y colegios mayores universitarios puesto que, además de promover que los colegiales y colegialas puedan vivir la vida universitaria intensamente, acompañan a quienes así lo demandan tanto en labores de dirección espiritual como en su continua formación integral en valores humanos y cristianos. Se me vienen a la mente el CMU Cisneros (O.F.M.), el CMU Jesús y María, el CMU Santo Domingo y el Santa Cruz la Real (O.P.)… Por supuesto, existen muchos alojamientos universitarios más, no obstante, quienes me conocen saben de mi estrecha relación con Santa Cruz la Real puesto que mi corazón late siempre al compás del negro y blanco dominicos.
Y para finalizar he querido dejar a los Hermanos Fosores de la Misericordia que se encargan de mantener los campos santos, es decir, los cementerios. A fin de cuentas, se encargan de nuestra despedida de la vida cuando nos llega el ocaso de la misma algo por lo que, tarde o temprano, todo ser humano ha de pasar puesto que, como animales (racionales) que somos, es una de nuestras funciones biológicas. Por ejemplo, los Hermanos Fosores son los encargados de cuidar el cementerio accitano donde todavía mantienen cierta presencia.
En conclusión, en la actualidad, las órdenes religiosas están tan presentes como siempre en nuestra sociedad según el signo de los tiempos y son más necesarias que nunca para que, a través de su impregnación carismática, nos ayuden a hacer de este mundo un lugar mejor.
Juan Antonio Díaz Sánchez
(Publicado en IDEAL, el 23 de septiembre de 2026)

