Nuevo curso académico en el Seminario Diocesano y el Instituto Teológico San Leandro

Nuevo curso académico en el Seminario Diocesano y el Instituto Teológico San Leandro

La capilla del Seminario Diocesano acogía, la tarde de ayer 24 de septiembre, la Santa Misa de Espíritu Santo presidida por Mons. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva y moderador del Instituto Teológico San Leandro, concelebrada por el rector del Seminario Diocesano, D. Juan José Feria Toscano, el director del Instituto Teológico, Mons. Cristóbal Robledo Rodríguez, el decano de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, D. Manuel Palma Ramírez, y otros sacerdotes de la diócesis que quisieron expresar su afecto y compañía al Seminario y al Instituto Teológico. Del mismo modo, profesores, alumnos, familiares de los seminaristas, autoridades académicas y representantes de instituciones religiosas y culturales de Huelva se hicieron presentes en la celebración religiosa y el acto académico posterior.

La inteligencia en búsqueda de la verdad y la teología al servicio de la misión

Mons. Santiago Gómez comenzó su homilía con una acción de gracias «por el don de la fe, por el don de la Iglesia, por el don de la vocación y, también, por el don de la inteligencia humana que busca la verdad y encuentra en Cristo su plenitud», subrayando que la teología no es una actividad intelectual aislada de la vida de la Iglesia sino que nace de su fe, se alimenta de ella y está llamada a servirla, por lo que cada comienzo de curso es una oportunidad para renovar la misión de esta comunidad educativa.  El Obispo quiso pedir la gracia de que el Instituto sea «una casa donde se busque la verdad con libertad, rigor y honestidad intelectual, pero también con verdadero espíritu eclesial».

Tomando como referencia la famosa expresión de san Anselmo «fides quarens intellectum» (la fe que busca comprender) expresó la necesidad de hombres y mujeres capaces de pensar, una teología capaz de dialogar con la filosofía, donde «la fe y la razón sean las dos alas por las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad», tal y como san Juan Pablo II explicaba en su encíclica Fides et Ratio, por lo que esta convicción debe formar parte del espíritu de este Instituto: «No deseamos una fe sin pensamiento, sino una inteligencia creyente, una fe que piensa». De este modo, podrá alcanzarse la alegría de la verdad, Veritatis gaudium, tal y como comienza la Constitución Apostólica sobre Universidades y Facultades Eclesiásticas del papa Francisco, esa alegría que «nace del deseo del corazón humano de encontrar, habitar y compartir la luz de Dios», no una idea abstracta, sino la verdad cristiana: Jesucristo, el Verbo de Dios.

Veritatis gaudium recuerda que los estudios eclesiásticos están vinculados a la tarea evangelizadora de la Iglesia, «no existen para sí mismos: están al servicio de la misión». De este modo, el Obispo introducía esta dimensión de la teología por la que el Instituto «no puede vivir de espaldas a Huelva ni a su diócesis, sino que debe escuchar y responder a las preguntas que se hacen nuestros jóvenes, nuestras familias, nuestros sacerdotes, nuestros educadores y nuestros agentes de pastoral. No puede vivir ignorando a quienes han perdido la fe, a quienes buscan, a quienes dudan, a quienes sufren o a quienes profesan otra religión… Así, la filosofía y la teología deben estudiarse con la mente abierta y de rodillas, como decía el papa Francisco, porque Dios es siempre más grande que nuestras categorías y el misterio de Cristo desborda toda construcción intelectual». Por eso, el Obispo exhortaba a pedir al Señor «una inteligencia humilde,… apasionada por la verdad y que, sobre todo, sepa ponerse al servicio del amor, como la Virgen María, Sedes Sapientiae, Madre de la Sabiduría a la que nos ponemos bajo su protección, Ella que acogió en su corazón y en su seno la Palabra hecha carne, para que nos enseñe a unir conocimiento y contemplación, estudio y oración, inteligencia y fe».

A la conclusión de la homilía tuvo lugar la Profesión de Fe y Juramento del nuevo profesor del Instituto Teológico, el licenciado Rafael Carretero Paz, que se añade como profesor extraordinario impartiendo la asignatura Introducción a la Sagrada Escritura.

Grandeza de la persona y retos contemporáneos

A continuación, el aula magna del Instituto Teológico acogió el acto académico que se iniciaba con las palabras del Rector, D. Juan José Feria, dando la bienvenida a los presentes, recordando la importancia del Seminario Diocesano para la vida de la diócesis y enmarcando la labor del Seminario Diocesano en el curso pastoral donde la Sinodalidad se encuentra como telón de fondo y tarea compartida.

Seguidamente, el director del Instituto Teológico San Leandro, D. Cristóbal Robledo Rodríguez, presentó al presidente-decano de la Facultad de Teología de San Isidoro de Sevilla, D. Manuel Palma Ramírez, encargado en esta ocasión de impartir la lección inaugural en la que, con el título, «Fundamentos antropológicos de Magnifica Humanitas» profundizó sobre la grandeza de la persona humana y los desafíos a los que nos enfrentamos con las nuevas narrativas culturales influenciadas por el transhumanismo, el posthumanismo y la teología secularizada.

La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Partiendo de esta cita de la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV (MH,1), el profesor Palma comenzó enmarcando el texto doctrinal entre la fidelidad a la defensa de la inviolable dignidad de la persona, el bien común, la opción por los pobres y el destino universal de los bienes, como núcleo irrenunciable de la tradición de la Iglesia, y la novedad que supone aplicar esos principios a la inteligencia artificial, el transhumanismo y el posthumanismo que dibujan un horizonte inédito en la historia de la humanidad.

De este modo, el ponente profundizó en la doble visión que plantea la construcción de la Torre de Babel y Jerusalén, la Ciudad de Dios, en los que se visibilizan dos caminos caminos opuestos para el corazón humano: Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial (San Agustín, La ciudad de Dios, XIV, 28 · citado en MH, 130).

Esta mirada nos debe conducir a una visión integral del ser humano como imago Dei (imagen de Dios) por la que cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación (MH, 50). Desde esa contemplación del hombre, el profesor presentó los principios de la Doctrina Social de la Iglesia que ofrecen una adecuada arquitectura de lo humano: el bien común; la subsidiariedad; la solidaridad y el destino universal de los bienes; el desarrollo humano integral. Principios que se fundan en Cristo, el verdadero «más que humano» frente al cyborg, propuesto como un Homo sapiens 2.0 liberado de sus límites por la ingeniería y cuya perfección radica en el rendimiento. El cuerpo glorioso de Cristo Resucitado nos ofrece el verdadero rostro humano trascendido: un cuerpo donado por entero como la imagen de la verdadera perfección, la del amor: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».

Realizado este recorrido, D. Manuel Palma quiso poner de manifiesto los desafíos para este tiempo en el que se quiere imponer las narrativas del transhumanismo y el posthumanismo, donde la IA se plantea como el gran reto. En este sentido, el profesor quiso dejar claro que la técnica ni es luminosa ni oscura, sino que es el corazón humano, centro personal de la existencia según la tradición cristiana y lugar en el que la libertad se determina a sí misma, el que puede hacer de ella un bien o un mal para el hombre.

Tres ideas finales culminaron su discurso como conclusión. En primer lugar, la raíz: las estructuras injustas cristalizan en decisiones tomadas desde un corazón cerrado al otro. Ninguna revolución tecnológica puede sustituir a la conversión del corazón. La segunda idea: la conversión es inseparable de la responsabilidad compartida. A cada uno corresponde un tramo de muralla, en alusión a la cita bíblica de Nehemías 2-6. La tercera idea, con la que se encierra la encíclica, es la imagen de la Mujer del Magníficat: María que reconoce en su pequeñez la grandeza de lo que Dios ha hecho en Ella, el canto que celebra la inversión de los poderosos.

A la conclusión, el Sr. Obispo abrió oficialmente, en nombre de Su Santidad León XIV, el curso en el Instituto Teológico San Leandro.

Vídeo lección inaugural:

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