Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa de acción de gracias por la Misión del Gran Poder

Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa de acción de gracias por la Misión del Gran Poder. Catedral de Sevilla, 6 de noviembre de 2021. Lecturas: Is 63,7-9; Col 3, 12-17; Lc 17, 11-19.

  1. «Quiero recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, que llevó a cabo con compasión, y su gran misericordia» (Is 63, 7). Dios hace maravillas en la historia de los hombres. Es omnipotente y misericordioso, es refugio del oprimido, y no olvida el grito de los pobres. Cuando liberó al pueblo de Israel, las naciones descubrieron las obras grandes que Dios había realizado a favor de su pueblo, e Israel, que había sido agraciado por la acción divina, lo reconoce con agradecimiento y alegría. Nosotros también hemos experimentado la acción de Dios, de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, a lo largo de esta Misión evangelizadora que acabará esta noche, y que está siendo un Kairós, un tiempo de gracia y salvación para todos.
  2. Un saludo cordial a don Carlos, Cardenal Arzobispo emérito, al Vicario general y Deán, al Cabildo Metropolitano; a los sacerdotes y diáconos; a las autoridades presentes; a los miembros de la vida consagrada y a todos los fieles laicos; a los miembros de parroquias, movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales, de instituciones caritativas y sociales, a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo en especial al Hermano Mayor, Junta de Gobierno y a todos los hermanos del Gran Poder. Saludo a todos los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación.
  3. Queridos hermanos y hermanas, esta Misión nos ayuda a recordar que el Señor nos ha ido salvando y protegiendo en los momentos difíciles de nuestra vida, y nos sigue sosteniendo con su gracia y amor. Es importante que sepamos valorar las cosas buenas y positivas que hay en nuestra existencia. Si nos fijamos solamente en los problemas y dificultades, no podremos percibir todo lo bueno y bello que viene del Señor. Esta memoria agradecida nos da fuerza y luz para cuando llegan las horas oscuras. Porque Dios nos ama y sigue haciendo obras grandes, y está presente entre nosotros; porque el Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría.
  4. Con ocasión del 400 aniversario de la hechura de la talla del Señor del Gran Poder, nació la idea de realizar una Santa Misión en Tres Barrios-Amate. Félix Ríos, Hermano Mayor, expuso la idea a don Juan José Asenjo, a la sazón Arzobispo hispalense, que la recibió con entusiasmo. La pandemia impidió llevarla a cabo el año 2020, pero gracias a Dios, se ha podido llevar a cumplimiento en el presente año por iniciativa del nuevo Hermano Mayor, Ignacio Soro, y los párrocos de las parroquias de la Blanca Paloma, Nuestra Señora de la Candelaria y Santa Teresa, con el aliento del nuevo Arzobispo. La Santa Misión comenzó el día 16 de octubre y se ha desarrollado en las parroquias y los barrios hasta anoche, que vino a la Iglesia Madre, la Catedral. Esta tarde, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder regresará a su basílica.
  5. Una Santa Misión evangelizadora en la periferia de Sevilla. Ahora bien, recordemos, en primer lugar, cuál es exactamente la Misión de Jesús Su Misión es cumplir la voluntad del Padre, llevar a cabo la obra de la salvación de los hombres. Él “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10, 45). Para esto ha ido el Gran Poder a los Tres Barrios-Amate y ha recorrido tantas calles y plazas de nuestra ciudad. Quien ha visto a Cristo, ha visto al Padre, porque Dios nos ha manifestado su rostro, se ha hecho visible en Jesucristo. Él inaugura de un modo nuevo la presencia de Dios en la historia, y nos muestra el rostro de Dios. Es la respuesta a los grandes interrogantes y aspiraciones del hombre.
  6. Esta mañana, en nuestra Catedral, contemplamos una vez más la talla incomparable de Juan de Mesa, la representación más sublime de Jesucristo. Nos preguntamos cuál es el mensaje final del Señor, qué quiere de nosotros después de esta misión evangelizadora por las calles, por las plazas, por los barrios de Sevilla. No lo dudemos, hermanos, lo que quiere de nosotros es una conversión personal profunda, una renovación de la vida, porque Él ha de ser el centro al que subordinamos todos los demás elementos: familia, trabajo, ambiente, aficiones, compromiso político, voluntariado.
  7. También quiere una renovación de la sociedad. El Señor del Gran Poder nos pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. Hay pecados contra el amor al prójimo o contra la justicia en las relaciones interpersonales, contra los derechos de la persona humana, ya sea contra la vida, la libertad, la dignidad y el honor del prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y sus exigencias, dentro del panorama de los derechos y deberes de los ciudadanos. Puede ser social el pecado de obra u omisión por parte de los dirigentes de todos los ámbitos que no se empeñen en la transformación de la sociedad según las exigencias y las posibilidades del momento histórico que nos toca vivir.
  8. El Señor del Gran Poder nos llama a colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra, para que en una sociedad que se caracteriza por el ansia de riqueza y de poder, se construya su Reino de justicia y de paz, de verdad y amor. Nos llama a trabajar por el desarrollo de cada persona y de toda la comunidad, en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad, en la diócesis. En mis primeros días como pastor diocesano visité algunos de los barrios más pobres de nuestra ciudad, pero constaté también el trabajo que llevan a cabo muchas entidades, unas de Iglesia y otras laicas, una labor extraordinaria llena de esperanza.
  9. Queridos hermanos: esta misión pasará, sin duda, a la gran historia de nuestra ciudad de Sevilla. De nosotros depende que se quede en un bello recuerdo sin apenas influencia transformadora o que marque un antes y un después en el corazón de las personas y de nuestras organizaciones y entidades, así como de las administraciones; una transformación que pueda generar soluciones concretas para resolver las problemáticas más acuciantes. Por eso os invito a contemplar a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Es una invitación a contemplar su rostro, que es todo amor y misericordia; a contemplar su paso firme, con zancada larga hacia el Calvario, donde dará su vida en la cruz por la salvación de todos; a contemplar sus manos grandes, que sujetan la cruz con firmeza, porque quiere ser fiel hasta el final a la voluntad del Padre. Su mirada nos pregunta cómo está nuestra vida, qué hemos hecho hasta hoy por Él y por los hermanos más necesitados, y qué estamos dispuestos a hacer a partir de ahora.
  10. El Señor del Gran Poder nos llama a ser agradecidos, a perdonar, a amar a los demás, a trabajar por nuestros hermanos más desfavorecidos. Pidamos hoy la gracia de vivir muy unidos a Él, de experimentar su amor, su amistad, y de participar en su Misión. Su Misión continúa en Sevilla, y hoy nos llama de un modo particular a participar en ella. Con su gracia seremos capaces, de la mano de María Santísima, nuestra Madre y maestra. Así sea.

 

 

 

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