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El Centro de Magisterio “Sagrado Corazón” envía ayuda a Ucrania

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Alumnos del Grado de Educación Infantil colaboran con la Asociación Moloda Ucrania y la escuela ucraniana Nuestro Futuro

Ante la crisis humanitaria sin precedentes ocasionada por la guerra en Ucrania, alumnos del Grado de Educación Infantil del Centro de Magisterio “Sagrado Corazón”, centro adscrito a la Universidad de Córdoba, se han sumado al proyecto de la Asociación Molada dedicada a la recogida de alimentos, medicamentos y medios económicos, dirigidos a ayudar a la población ucraniana.

Este proyecto ha sido desarrollado por Rocío Guerra y Beatriz Baldasano, colaboradoras con la asociación Moloda Ucrania y la escuela ucraniana Nuestro Futuro, dirigida por Svitlana Kmetik. Estas asociaciones, con sede en Madrid, además de coordinar la recogida de alimentos, medicamentos y medios económicos, facilitan alojamiento a las familias de refugiados ucranianos.

La asociación Sonrisa de Lunares se ha unido a la iniciativa donando dos furgonetas cargadas de alimentos y ropa de invierno. También ha colaborado la directora del Colegio Británico de Córdoba, Ana Ortiz;  la farmacia El Globo, aportando material sanitario, y particulares como Fernando de Torres-Cabrera, Eva Aranda, Bernadette Dujat Des Allimes, Carlos Martos, Santiago Gómez, Elena Castaño, Manuel Llamas, Juan Hernández y Damián, entre otros muchos.










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22 jiennenses participan en una nueva tanda de Cursillos de Cristiandad

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Tal y como estaba programado en el calendario del MCC de Jaén, desde el viernes 25 de febrero y hasta el lunes 28, hemos celebrado en la Casa de Espiritualidad de “San Juan de Ávila” de La Yedra, un nuevo Cursillo de Cristiandad, el 327 de nuestra Diócesis, en el que han participado 22 cursillistas, junto a 12 responsables, con nuestro Consiliario y Viceconsiliario, además de 4 miembros del equipo doméstico que han velado para que no faltara ningún detalle.

Contar cómo hemos vivido este cursillo no es fácil…son tantos sentimientos los que se experimentan que queda el temor a olvidar algo, un momento, una palabra, alguna mirada….

Si tuviéramos que contarlo con una imagen sería la de un nacimiento de agua, suave al principio pero fuerte y caudalosa en el camino.

Agua fresca que calma la sed, limpia el cuerpo y lo nutre. ¡Dios que se da a borbotones!

Si tuviéramos que contarlo con palabras estas son algunas: Encuentro, reencuentro, descubrimiento, esperanza, vida…

Volver a encontrarnos a un Dios Padre misericordioso que nos ama con locura, que no juzga, que no le importa cuánto has estado alejado de Él porque solo quiere correr hacia nosotros para darnos ese abrazo que cura todas nuestras heridas, nos quita esas espinas que tanto dolor nos producen y nos levanta para darnos la dignidad de hijos suyos.

Si tuviéramos que contarlo con los ojos de un amigo que sonríe al ver la felicidad del otro, podríamos decir que cuánto tenemos que aprender del hermano…

Cuando pensamos que estamos más cerca del Señor, cuando pensamos que sabemos más, cuando juzgamos sin piedad viene Jesús y se muestra a través de cada persona que pone en nuestra vida cada día y nos ayuda a volver a descubrirlo porque yo también necesito pararme y volver a encontrarme contigo Señor.

No ha habido mejor manera para empezar la cuaresma que la vivencia de este Cursillo.

Jesús camina cada día a nuestro lado, dejémonos acompañar por el que, es Camino, Verdad y Vida y caminemos hacia la Pascua sabiendo que» lo que hemos recibido gratis, lo hemos de dar gratis» y contemos a los demás cuánto bien nos hace sabernos en las manos del Señor. Damos gracias a nuestro Obispo,  Don Sebastián Chico Martínez, por acompañarnos, alentarnos y hacernos sentir parte de esta Iglesia en camino que solo busca el servicio y el amor a los demás.

También, agradecer a todos los cursillistas que nos acompañaron en la ceremonia de clausura tanto de nuestra Diócesis como la Diócesis hermana de Córdoba.

A nosotros solo nos queda decir, cómo Santa Ángela de la Cruz ,» que Dios se lo pague a Dios».

¡De colores!

Movimiento Cursillos de Cristiandad

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El lunes comienzan las Conferencias Cuaresmales en la Catedral

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El próximo lunes, 7 de marzo, dan comienzo las Conferencias Cuaresmales, que organiza anualmente en el Cabildo de la Catedral giennense. La cita es desde el lunes 7 al miércoles 9 de marzo, a las 20 horas en la Sacristía de la Catedral de Jaén. En tiempo de sínodo, han llamado a este ciclo de conferencias: “Caminando juntos hacia la Pascua del Señor”

Además de manera presencial, las conferencias podrán seguirse por las redes sociales de la Catedral y la Diócesis.

El lunes, 7 de marzo, el canónigo de la Catedral, D. Enrique Cabezudo Melero, pronunciará la conferencia con el título, «El discurso en la Cena de San Lucas».

El Vicario General y Deán de la Catedrales, D. Francisco Juan Martínez Rojas será el encargado de hablar sobre «La pasión de Cristo en la iconografía de los crucificados de Jaén».

Cerrará las Conferencias Cuaresmales el Delegado Episcopal de Liturgia y Canónigo, D. Antonio Lara Polaina, con la charla, «El silencio sagrado en el santo triduo pascual».

 

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En «El Espejo», la ayuda urgente humanitaria desde la parroquia del Santo Ángel Custodio para Ucrania

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Entrevistamos al vicario parroquial y sacerdote del Instituto Verbo Encarnado de la parroquia del Santo ángel Custodio, desde donde se está ayudando de forma intensa a los ucranianos desde el primer momento en que surgió la guerra de Rusia contra este país. Hablamos también de la Jornada de oración por la paz convocada por el Papa Francisco el miércoles de ceniza, y del inicio de la Cuaresma.

«El Espejo de Granada» se emite los viernes a partir de las 13:35 horas en COPE Granada y COPE Motril. La emisión está disponible después en cope.es/granada y cope.es/motril, así como www.archidiocesisgranada.es

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Mensaje de Cuaresma de Mons. José Ángel Saiz

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Mensaje de Cuaresma de Mons. José Ángel Saiz, Arzobispo de Sevilla.

 

Responde al don de Dios. Escucha su Palabra

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Al comienzo de la Cuaresma el Papa Francisco nos pide abrir los oídos para escuchar la voz de Dios, porque el Señor nos dispone a madurar en la docilidad para saber acoger el regalo de la salvación. La Cuaresma es tiempo de encuentro con nuestra verdadera esencia, con lo que Dios ha pensado para nosotros, por eso es tiempo de conversión. La Cuaresma es tiempo del abrazo para la reconciliación como en la parábola del hijo pródigo o tiempo para la conversión como le sucedió a Zaqueo. En este tiempo veremos a Cristo cerca tendiendo la mano para pedirnos agua, como a la samaritana. En Cuaresma tendremos muchas oportunidades para ver el rostro transfigurado de Cristo, la misericordia de Dios derramándose sobre nuestras cabezas con su perdón y la esperanza viva que nos regala Nuestro Señor. No es un tiempo triste, sino de misericordia, no estaremos inmersos en la oscuridad, sino que Jesús nos llama a la luz de su presencia, a beber el agua viva que salta hasta la vida eterna.

La Cuaresma es conversión, aprender a mirar a Jesucristo, su Palabra y el testimonio de su vida entre nosotros y contemplar su cuerpo desnudo, sus manos rotas, sus pies atados, la cabeza coronada de espinas, su corazón traspasado, y sentir la necesidad de responderle con un gran sí, con amor al Amor que no es amado. En Cuaresma, Dios nos da otra oportunidad más, así que a preparar mejor que el año pasado la Cuaresma, que la vamos a cargar de sentido, y no caigamos en la tentación del desánimo, porque esto nos impedirá recoger la cosecha de la gracia que Él nos regala. El Papa Francisco nos pide que nos pongamos manos a la obra y sembremos la dulzura del corazón de Dios, incluso en estos tiempos tan difíciles y de guerra, siendo colaboradores suyos en la extensión de la Buena Nueva. «Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda».

La Cuaresma nos permitirá acercarnos más a Dios y a los hermanos, especialmente en este tiempo en el que estamos tomando conciencia de nuestra realidad de familia, con motivo de esta fase de preparación para el Sínodo. ¡Somos la familia de Dios! Y Nuestro Señor va delante, dándonos ejemplo de entrega, y nos necesita para seguir sembrando su Palabra, con coraje, arriesgados, convencidos, sabedores de lo que anunciamos, confiando mucho en la fuerza que nos da el Señor, sin miedo, ¡hombres y mujeres de fe recia! Cada día somos más necesarios, todos, para poder ofrecer la luz del Evangelio a quienes viven en las tinieblas, llevando el Amor y la Misericordia de Dios a quienes viven desorientados y perdidos. Hemos sido llamados por Jesucristo a dar testimonio ante el mundo del milagro de la unidad en el amor, respetuosa y promotora del bien para los hombres y para todos los pueblos. Recordad lo que nos dice el Papa, que «nadie se salva solo, nadie se salva sin Dios, porque solo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las aguas oscuras de la muerte».

Recemos con fe al Señor para que cese la guerra y se establezca la paz, especialmente en el conflicto bélico en Ucrania e intercedamos por medio de Nuestra Madre, la Virgen María.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

“Que el Señor nos conceda vivir bien esta Cuaresma llenos de gozo por el amor a Jesucristo”

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Homilía de D. Javier Martínez en la Eucaristía de imposición de la ceniza, en la S.I Catedral el 2 de marzo, y Jornada de ayuno y oración por la paz en Ucrania convocada por el Papa Francisco.

Ahora es el tiempo de la gracia, hoy es el día de la salvación.

Qué bien. Qué bien que nos conceda el Señor este tiempo de conversión. Es decir, de dirigir a Él nuestra mirada y, sobre todo, de dirigir a Él nuestro corazón, y pedirLe, con un corazón sencillo (al menos, esa es mi oración y la comparto con vosotros. Y quisiera que esa súplica fuera muy sencilla en mi vida): Conviérteme, Señor, para que me convierta. Cambia Tú mi corazón de piedra en un corazón de carne. Quita de mi la vanidad, el orgullo, la hipocresía, el deseo de ser reconocido por los demás, todo lo que no eres Tú y que impide que Tú puedas ser reconocido en mi vida, en nuestras vidas. Que Tú puedas ser reconocido a través de nuestros gestos más que a través de nuestras palabras, en nuestro modo de vivir, en nuestro modo de relacionarnos unos con otros, en nuestro modo de estar en este mundo y de estar en esta vida.

Y qué bien que la Iglesia nos ofrezca un año más este tiempo, que es un tiempo para ejercitarse, no es un tiempo para flagelarse. El flagelarnos viene siempre del espíritu del mundo. No es según el espíritu de Dios, nunca. El autoflagelo es una miseria del orgullo humano que le duele no estar a la altura de la talla que uno quisiera estar. Lo que la Iglesia quiere es que vivamos según el corazón de Dios. Y nos ofrece cada año tres prácticas, muy sencillas las tres. Prácticas en las cuales aprendemos a vivir para Dios. Y viviendo para Dios, a poder querer mejor o a querer bien a los demás. Esas tres prácticas son las tres que nos ha presentado el Evangelio de hoy. Y las tres son sencillas: la oración, la limosna y el ayuno.

Nos ha dicho el Señor en el Evangelio cómo hay que practicarlas, no para que los demás nos alaben, sino para que sea Dios quien pueda encontrar hueco en nuestro corazón, que es la única manera digna de ser vivida: vivir con el Señor, acoger al Señor en nuestras vidas, de forma que sea Su amor el motor de esas vidas. Hemos conocido a Jesucristo. Hemos conocido a Jesucristo y lo veneramos, lo amamos y sabemos que somos amados por Él. Pero pasa con nuestro amor a Jesucristo y con nuestra experiencia con Jesucristo como pasa con todas las cosas humanas: que se llenan de polvo, de fatiga, que somos dados al olvido, a no caer en la cuenta del tesoro que tenemos con haberlo conocido y con poderlo llevar con nosotros en nuestro camino de la vida. No sólo como, si Dios quiere, haremos este año en las procesiones de Semana Santa. Si el Señor no dispone otra cosa, vamos a celebrarlas con toda nuestra alma y con todo nuestro ser. Es ese honor de llevar como costaleros un trono, un paso, de hacer una estación de penitencia; es sólo un signo del honor que es llevar a Cristo en la vida: en nuestro trabajo, en nuestros estudios, en nuestras relaciones humanas, hasta en nuestra familia.

Diréis, estamos viviendo un momento –a nadie se os oculta- que es un momento nuevo en la historia de la humanidad. Esta guerra, esta invasión de Ucrania por las tropas rusas es una nueva herida en esta vieja Europa que fue cristiana. Yo pensaba, lo decía esta mañana en un acto. Dios mío, lo que ha sido el pueblo cristiano ruso. La de cosas que le debemos. Y yo me acordaba de tres pasos en mi vida: la lectura del “Peregrino ruso”, cuando era un adolescente; mucho después, “La Filocalia”, con selecciones de Padres de la Iglesia escogidas y que sólo se han conservado en ruso, padres del siglo II y del siglo III; y luego, esa obra profética de ese gran novelista que ha sido Dostoyevski y que ha sido un verdadero profeta de nuestro tiempo y de los males de nuestro tiempo. Una profesora que yo tuve que me abrió a mí el mundo de los cristianos de los primeros siglos en Oriente, era una mujer sin fe que se acercó a la fe leyendo a Dostoyevski y consagró su vida después a enseñar. Eso le hizo que se interesara por el monacato ruso y después por el monacato primitivo y era una gran experta en los primeros siglos de la Iglesia. No se trata de condenar ahora mismo al pueblo ruso. Esta misma tarde me decía alguien que en Rusia está habiendo manifestaciones y manifestaciones contra la guerra. Y que están llevándose a miles de personas a la cárcel por manifestarse contra la guerra. No son los pueblos los que se enemistan unos con otros. Somos arrastrados por las propagandas, por las mentiras que dominan muchas veces nuestras sociedades hiper desarrolladas o mal desarrolladas.

Esta misma mañana yo participaba en un acto con un patriarca ortodoxo que pertenece al Patriarcado de Moscú pero que es por nacimiento ucraniano. Y me decía él su dolor.

Esta Cuaresma que nace con la herida en nuestro pueblo, porque no pensemos que esté lejos, aunque la sigamos en los medios, la televisión, lo que vemos no es una película de Netflix; lo que vemos es una tragedia que si el Señor nos diera… también nosotros abriríamos… (el pueblo polaco se ha abierto de par en par para recibir víctimas de un tipo o de otro). Si el Señor nos diera a nosotros, pues también nosotros nos abriríamos y recogeríamos en nuestras familias a refugiados ucranianos. Es una situación tan tremenda que nos muestra, sencillamente, la urgencia de convertirnos, de volvernos a Dios. Y de protestar en nuestro corazón y con nuestra palabra contra toda forma de injusticia, de búsqueda de poder que humille, que maltrate, que trate de apoderarse del otro.

Señor, tú nos has hecho hijos tuyos y quieres que vivamos como hijos tuyos. Y nos propones, aparte del rito de la ceniza, estos caminos. El Papa ha pedido que el día de hoy fuese un día especial de oración y de ayuno. Y yo lo recuerdo ahora para que lo vivamos más así, en el tiempo que queda, este día. Pero que este tiempo de Cuaresma sea verdaderamente un tiempo de ejercitarnos en la vida de un cristiano. El amor a los demás que es la limosna, el desprendimiento de uno mismo y de los bienes de este mundo que viene con la frugalidad, con la práctica del ayuno, que se entrena uno en él, en la práctica del ayuno; a saber que no nos dominen las cosas, que no nos dominen nuestras pasiones. Y la limosna, que no es la limosna que damos a un mendigo. Es una vida que esté regida por la caridad. A veces es más importante una limosna de un cuarto de hora de tiempo que damos a alguien de nuestra familia, o de una llamada de teléfono, o de una limosna que damos a veces para quitarnos al mendigo de en medio o para que no venga detrás de nosotros.

Pero vuelvo al principio. La situación en la que está el mundo es tan evidente que necesita del testimonio cristiano, que no es de héroes. Estamos a la sombra de los mártires que hemos celebrado el domingo. Eran cristianos del montón a quienes el Señor les ha dado la gracia del martirio, para que nosotros descubramos la belleza de ser cristianos del montón. La belleza de ser agradecida y orgullosamente cristianos, porque es el bien más grande que tenemos. El lema “Tu Gracia vale más que la vida”: teniéndoTe a Ti, Señor, lo tenemos todos; si no Te tuviéramos a Ti, aunque tuviéramos el mundo entero no tendríamos nada. Ni un sentido para la vida, ni significado para el amor, ni una razón por la que vivir, por la que amar, por la que perdonar, ni siquiera alguien a quien acudir cuando somos nosotros los que necesitamos ser perdonados.

Que el Señor nos conceda vivir bien esta Cuaresma, celebrar la Semana Santa llenos de gozo por el amor a Jesucristo y porque podemos volver a celebrarla, y comenzar en la Pascua como si acabáramos de ser creados por el Señor con el gozo de una vida siempre nueva, eternamente nueva. Esa es la vida que Dios, que el Señor nos ha prometido y que no dejará de cumplir, porque nunca ha dejado Dios de cumplir sus promesas.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

S.I Catedral
2 de marzo de 2022

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Cuaresma, camino hacia la Pascua

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La Iglesia madre nos convoca a vivir este tiempo de Cuaresma para prepararnos a la Pascua 2022, que se acerca. En la Pascua celebramos los misterios centrales de nuestra fe cristiana: que Cristo ha padecido la pasión y ha muerto por nosotros, que nos ha dejado el testamento de su amor en la Eucaristía y nos ha dado a su Madre como madre nuestra, y que ha resucitado venciendo la muerte e inaugurando una vida nueva, que llega hasta nosotros en el bautismo.

Este resumen de la vida cristiana lo vivimos intensamente en la Semana Santa, el Triduo Pascual y la gran Pascua de Resurrección, que va seguida de cincuenta días de celebración gozosa hasta la fiesta de Pentecostés con la venida del Espíritu Santo.

Ahora entramos en la cuaresma, cuarenta días de preparación para las fiestas anuales de nuestra salvación, que se inaugura con el miércoles de ceniza. Este año, además y por gracia de Dios, con bastante normalidad en los cultos y en las procesiones. Parece que estamos saliendo de ese tiempo de pandemia que nos ha tenido encogidos a todos en el alma y nos ha impedido la normal expresión de nuestra fe cristiana por las calles de nuestros pueblos y ciudades. La piedad popular expresa la fe, pero al mismo tiempo la alimenta.

No faltan, sin embargo, motivos de preocupación. La guerra de Ucrania nos pone ante los ojos el Orden Mundial (que más parece un desorden), en el que prevalecen los intereses de los más fuertes, sin importar para nada el sufrimiento que la guerra trae consigo y las heridas tan hondas que dejan en toda la humanidad. La guerra es siempre un fracaso de la humanidad, es un fracaso de la diplomacia, es un fracaso de las buenas relaciones internacionales. Aunque en medio de tantas cenizas aparecen preciosos testimonios de heroísmo, de patriotismo, de solidaridad. Son estas actitudes las que construyen el futuro, no las bombas y las invasiones. Pidamos a Dios el don de la paz para Ucrania y para el mundo entero.

Por eso, necesitamos conversión, cambiar de vida. La guerra no es sólo la de los grandes potentados, sino que la guerra se fragua en el corazón de cada persona, cuando no sabe amar, cuando se instala en el conflicto, cuando hace la vida amarga a los que viven a su alrededor.

Jesucristo nos marca la pauta en el Evangelio con el trípode de la oración, el ayuno y la limosna. El Papa Francisco en su mensaje para esta cuaresma vuelve a proponernos que no nos cansemos de orar. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Y no nos salvamos solos, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, sabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida.

Avancemos por el camino cuaresmal como un catecumenado que culmina en la noche de Pascua, renovando las promesas bautismales. Luchemos con Jesucristo contra el mal en el mundo y en nuestro corazón. La victoria está asegurada.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

Cáritas Diocesana de Cádiz inicia un curso sobre montaje y mantenimiento de energías renovables

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La Escuela de Formación y el Programa de Empleo de Cáritas Diocesana de Cádiz iniciaron, el 1 de marzo, un curso conducente al certificado de profesionalidad de “OPERACIONES BÁSICAS EN EL MONTAJE Y MANTENIMIENTO DE INSTALACIONES DE ENERGÍAS RENOVABLES” destinado a personas desempleadas. Este curso se lleva a cabo en colaboración con el Ayuntamiento de Medina Sidonia a través del Área de Bienestar Social. La formación se enmarca dentro del proyecto europeo POISES, financiado por el Fondo Social Europeo, Cáritas Diocesana de Cádiz y el Ayuntamiento de Medina, siendo Cáritas la entidad gestora y encargada de impartirlo.

El curso, que cuenta con 575 horas lectivas consta de dos fases, una de contenido teórico-práctico, impartido por formadores de Cáritas y la empresa JEFOR Jerez Formación y prácticas no laborales, realizados en colaboración con empresas del sector. Esta formación beneficiará a 12 personas de la zona de La Janda Interior.

El objetivo principal de nuestra formación es mejorar el grado de empleabilidad de los participantes y, de esta manera, facilitar su acceso al mercado de trabajo. El curso es gratuito y se realizará en el Centro Joven de Medina, Sidonia, instalaciones cedidas por el Ayuntamiento de la localidad.

El curso tiene como contenidos operaciones básicas en el montaje y mantenimiento de instalaciones solares térmicas, fotovoltaicas y eólicas, operaciones de mecanizado básico, electricidad y fontanería, así como módulos transversales de igualdad de género, sostenibilidad medioambiental, prevención de riesgos laborales, alfabetización digital y derechos laborales.

Cáritas Diocesana de Cádiz apuesta por la formación como una herramienta fundamental para apoyar los itinerarios personalizados de inserción laboral de las personas que llegan a los Servicios de Orientación Laboral a través de los equipos de Cáritas en las parroquias.

Junto a este curso, en este trimestre, se van a poner en marcha, también, las siguientes acciones formativas: dos cursos de camarero/a restaurante bar en la zona de La Janda, dos acciones prelaborales en la Bahía de Cádiz, dos cursos  de operaciones básicas de almacenes (uno online para toda la Diócesis de Cádiz y otro presencial para la Bahía de Cádiz) y, finalmente, formación en el puesto de trabajo en secciones de frescos de grandes almacenes y prácticas no laborales en hostería, ambas, en todo el territorio diocesano.

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“Que la intercesión de los mártires nos conceda ese don de un corazón purificado”

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Homilía en la Eucaristía de Acción de Gracias, el 27 de febrero de 2022, por la beatificación de 16 mártires granadinos de la persecución religiosa en España en el siglo XX, el 26 de febrero de 2022.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo, Pueblo Santo de Dios, al que todos pertenecemos (también yo, también los sacerdotes);
queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y amigos todos:

Es bueno darTe gracias, Señor. Lo acabamos de cantar. Y en todas las Eucaristías que se celebran en el mundo repetimos una y otra vez “es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación darTe gracias siempre y en todo lugar, por Jesucristo, nuestro Señor”. Jesucristo, que es el nuevo Adán, del que nace una humanidad nueva, bendecida por Su Presencia, sostenida por Su Gracia, renovada una y otra vez constantemente por el don de Su Espíritu. Por tanto, la meta de nuestra acción de gracias es siempre Nuestro Señor Jesucristo, que es lo que hace que podamos dar gracias por todo lo demás.

oy damos gracias por estos 16 nuevos beatos reconocidos por la Iglesia, para que, en Granada y en las parroquias donde han vivido, y en toda nuestra Iglesia, podamos pedir su intercesión, orar por mediación de ellos a Nuestro Señor, dirigirle nuestras súplicas y acogernos a su protección y a su gracia, de modo que podamos participar de esa gracia que son ellos, que es su vida y que es su muerte.

Dos cosas especialmente quisiera yo recordar de manera especial en esa Gracia. Primero, la palabra “martirio” significa “testimonio”. Y el mismo Nuevo Testamento habla del testimonio bueno que Jesús dio ante Poncio Pilato. Nosotros reservamos la palabra “martirio”. La palabra “testimonio” la usamos con mucha facilidad, a veces simplemente para decir “ejemplo”. Y hablamos de testimonio quizá porque desde el Concilio para acá fue una palabra que se puso más de moda, pero luego la hemos rebajado. Hasta “dar testimonio”, equivale muchas veces en nuestro lenguaje a dar buen ejemplo. Yo diría: los mártires nos enseñan que el lenguaje cristiano es el testimonio y que todo lenguaje cristiano o es testimonio o no es nada. Eso nos ayudaría a recuperar el sentido de nuestras catequesis, los modos de nuestra evangelización. La confusión entre testimonio y ejemplo nace que parece que tenemos que dar testimonio de lo buenos que somos nosotros. Dios mío, a medida que nos acercamos a Dios, nos hacemos un poquito más conscientes de lo indignos que somos.

No podría decir si me acerco o no me acerco a Dios, porque eso sólo le corresponde al Señor juzgarlo, pero sí que a medida que pasa mi vida me siento mucho más indigno, mucho más pecador, mucho más miserable. Sin embargo, Le pido al Señor poder dar testimonio de Él; no de mí, de Él, como el regalo más grande en mi vida, como lo más querido en mi vida; como Aquel que llena todo y da sentido a todo. El buen ladrón, Dimas, que dijo además estando en la cruz que el juicio que ellos estaban sufriendo era justo…; pero Dimas no era un ladrón, a la manera que nosotros llamamos ladrón a quien ha robado algo. El nombre de “ladrón”, las antigüedades judías de Josefo lo reservaban para un cierto tipo de terroristas que eran adversarios del Imperio Romano y que luchaban a muerte contra la presencia de los romanos en Judea, en Galilea, en la provincia de Palestina. En la provincia romana de Palestina les llamaban ladrones. Si hubiera sido un ladrón vulgar, nunca los hubieran crucificado, porque el delito del ladrón no tenía ese castigo. El que tenía ese castigo era el delito de secesión, el delito de atentar contra el poder romano en la tierra. Y aquel hombre al que la tradición llama Dimas dijo que la pena que estaba sufriendo era justa. Pero tuvo el valor de reconocer a Cristo y poder decirle a Cristo: “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Y el Señor le respondió con la palabra más hermosa, más bella, la que nadie ha recibido jamás, a pesar de que su pena era justa: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Damos gracias al Señor por los por los mártires que dan testimonio de Jesucristo. Cuando uno es mártir, no se examina demasiado si la vida ha sido virtuosa o no. Quien ha dado la vida por Cristo… Hasta los Santos Inocentes que ni siquiera conocían a Cristo; que si sus madres hubieran sabido que la razón por la que se mataba a sus hijos era por aquel otro niño que acababa de nacer a las afueras de Belén, se hubieran vuelto contra la Virgen, seguramente les hubieran apedreado a ella y a José; y sin embargo, la Iglesia los considera santos, por su vínculo objetivo con la Encarnación y con Cristo. Y en ellos a todas las víctimas de esta historia humana que no para de sembrar el mundo de víctimas de un tipo o de otro, de la violencia, de la envidia, del odio, de la guerra… Lo vemos en estos días en la terrible invasión de Ucrania. Que tenemos que pedirle al Señor insistentemente y con confianza.

Pero vuelvo a mi pensamiento. El lenguaje cristiano es el lenguaje del testimonio. Y decía la Primera Lectura de hoy que al hombre se le conoce por el lenguaje. Se nos conoce más por el lenguaje que usamos cuando tenemos tiempo libre. Si estamos en Misa, usamos un determinado lenguaje. Si estamos en un contexto religioso o serio o con autoridades del mundo, usamos un determinado lenguaje. Si estamos en una clase, usamos un determinado lenguaje. Sabemos el que hay que usar y, por lo tanto, ese lenguaje no dice demasiado de nosotros mismos. Es el lenguaje que usamos cuando somos plenamente libres; es el lenguaje que usamos en nuestro tiempo libre; son las bromas que gastamos en ese tiempo libre las que dicen dónde está nuestro corazón. Y es ahí donde tenemos que pedirLe al Señor que también nuestro lenguaje sea testimonio de Cristo. Repito, no de nuestras virtudes, no de nuestras cualidades, sino de Cristo como el Salvador de esos pecadores que somos, pero que hemos tenido la gran suerte, como el buen ladrón, de conocer a Jesucristo.

El segundo pensamiento es que todos sabéis que los mártires no son víctimas de la Guerra Civil; son víctimas de la persecución religiosa. La mayor parte de ellos murieron antes del comienzo de las hostilidades de la guerra. Son víctimas de un odio religioso que se incrementó, y se fomentó y se alentó en aquellos tiempos que precedieron a la Guerra Civil, también durante la propia guerra. Algunos sí que murieron durante la guerra. Pero murieron no por la por la batalla ideológica que daba lugar a la guerra, sino por odio a Jesucristo. Y lo que se hace en los procesos de martirio, especialmente en esas circunstancias, es justamente poder verificar que fue por odio a Cristo, que fue por odio a la fe, por lo que ellos han sido muertos. Que ellos no forman parte de la lucha ideológica es claro por el hecho de que la inmensa mayoría de ellos murieron pidiendo perdón para sus asesinos. Solicitando a sus familias, y a sus parientes, y a sus seres queridos que no se vengaran, que perdonasen. Entre los nuestros, está el testimonio precioso de ese joven de Alhama cuya madre después daba de comer a una mujer que había participado en el asesinato de su hijo y que le llevaba a la cárcel comida todos los días. Eso es dar testimonio de Jesucristo. Eso es el corazón cristiano. Eso es un alma cristiana. Y algo de ese espíritu de los mártires tenemos que pedirlo para nosotros.

Es muy frecuente oír hoy el quejarse de que después de que en la Transición se había “pasado la página” del odio que había dado lugar a la guerra, pues ahora mismo ese odio se alimenta de nuevo y se atiza de nuevo. Y en un mundo tan crispado y tan violento como el que vivimos, no tiene nada de particular. En la Transición, se oía muchas veces lo de “pasar página”. Antes, se había tratado de pasar página -también lo he oído cientos de veces- a base de no hablar de ello. De no hablar de lo que había sucedido en la guerra, antes de la guerra e inmediatamente después de la guerra. Dejadme que os diga: eso no es pasar página. Eso no cura las heridas. Eso no cura las divisiones. Olvidar no es pasar página. Recordar de nuevo dando lugar al odio no es pasar página.

Los mártires nos enseñan sencillamente que es bueno recuperar la memoria. Es bueno tener memoria de lo que ha sucedido, es bueno tener una memoria que no sea auto justificativa. Los mártires no son una excusa para justificar posiciones ideológicas. Los mártires nos recuerdan que hay que guardar una memoria. Los cristianos guardamos una memoria, pero tiene que ser una memoria purificada por Cristo y eso significa una memoria purificada por el perdón, purificada por la penitencia que tenemos que hacer los cristianos y que seguramente nunca hemos hecho. Pasamos página, pero nunca hemos hecho penitencia por los crímenes a los que dio lugar también la Guerra Civil.

Ese es el testimonio de los mártires. Ese tiene que ser el testimonio de la Iglesia. No el olvido. El olvido hace que se repitan los mismos errores. Sino no una memoria purificada por Cristo. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Se lo dijo a los judíos. Nos lo dice a nosotros. Todos decimos antes de comulgar: “No soy digno de que entres en mi casa”. Claro que no soy digno. Desde luego, yo no lo soy. Sin embargo, el Señor viene a mí, me perdona y me ama; y puedo testimoniar y puedo afirmar que me perdona y me ama.

Que el Señor nos dé un corazón así. Sólo un corazón así puede cambiar el mundo. Sólo un corazón así puede purificar nuestra vida, nuestras mentes, e iniciar una historia distinta, como el de los mártires, como Cristo. Tenemos que pedirlo, tenemos que desearlo. Si no, repetiremos los mismos errores que se cometieron entonces y después; que a veces seguimos cometiendo.

Que el Señor nos conceda ese don. Que la intercesión de los mártires nos conceda ese don de un corazón purificado, renovado por el Espíritu de Cristo, por el Espíritu de Dios que hace llover sobre justos y pecadores; que hace salir el sol sobre justos e injustos; que ama a todos los hombres, porque ninguno merece la gracia del Cielo. Sin embargo, todos estamos llamados a dar gracias, porque todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios. Que así sea para todos.

Que la intercesión de la Santísima Virgen nos ayude también en esa súplica, junto con los mártires, a representar en este mundo, también violento, también lleno de odios y de deseos de destruir a quien no piensa como nosotros; también lleno de esos gusanos del odio, y de la mentira y de las pasiones humanas, que nos haga hacer resplandecer el corazón nuevo nacido del Espíritu de Dios, el corazón de un cristiano, el corazón de alguien que, desde el Bautismo, puede ser testigo de Cristo, mártir de Cristo, testigo del amor con el que el Señor nos ama.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

27 de febrero de 2022
S.I Catedral de Granada

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