Del 13 al 15 de octubre, representantes de la Pastoral Penitenciaria de Málaga han participado en las Jornadas de Capellanes y Delegados de Pastoral Penitenciaria que convoca el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. El delegado de Málaga ha sido ponente en las mismas.
Bajo el lema “Alzad la mirada», se han reunido en Madrid agentes, capellanes y responsables diocesanos para reflexionar sobre la presencia de la Iglesia en las cárceles y los nuevos retos pastorales y sociales. El último día, el delegado de Pastoral Penitenciaria de Málaga, Pedro Fernández Alejo OSST, dictó una ponencia titulada “Marco para un plan de pastoral penitenciaria”. En ella expuso las líneas pastorales sobre las que se centra la labor evangelizadora dentro de las prisiones con los internos e internas. En Málaga, la Pastoral Penitenciaria se hace presente en los dos Centros Penitenciarios de Alhaurín de la Torre y Archidona, en la prisión de Melilla y en el CIS (Centro Inserción Social).
Como él mismo explica, «partiendo del hecho que los Centros Penitenciarios se sitúan lejos y a las afueras de las ciudades, en las fronteras de la sociedad, cual cementerio de hombres vivos o estercoleros de residuos donde va a parar el deshecho humano de una sociedad que no integra, sino que expulsa y margina a quienes no se adaptan al sistema imperante implantado por las leyes, a veces, partidistas y claramente injustas; pues no todos los que atacan y perforan el entramado social de la paz, la convivencia y las leyes, son sometidos al rigor de la ley y al fiel cumplimento de sus penas, impuestas por los tribunales, siendo exonerados, indultados y amnistiados por el poder político. Sin embargo, para la Iglesia en prisión, la Pastoral Penitenciaria, entiende que la cárcel es un lugar de encuentro con el verdadero Cristo, con el rostro de Jesús encarnado en cada persona privada de libertad: “estuve preso y me reconociste, viniste a mí”. La cárcel puede ser considerada como un templo, un lugar sagrado, donde se adora a Dios “en espíritu y verdad”. Por ello, nos situamos como una Iglesia en salida a los márgenes de la sociedad para encontrarnos con Cristo encarcelado, con el Dios preso. Es una “salida misionera”. Y en esa tarea apostólica se desarrolla, al estilo de Jesús, una presencia que va al encuentro y que ejerce el “ministerio de la escucha” bondadosa y llena de paciencia y misericordia para con el hermano caído y herido».
Fernández Alejo compartió que la Pastoral Penitenciaria «no realiza en la cárcel “obras de misericordia”, sino que se nos exige que cada uno de nosotros hemos de “ser misericordia entrañable y compasiva” al estilo de Jesús. Por ello, la Pastoral Penitenciaria, encarna y asume ese estilo propio del evangelizador itinerante, como Jesús, que sale al encuentro de la oveja perdida y que, por ello, huele a oveja; huele a debilidad, pobreza, exclusión, sufrimiento, dolor, pasión y cruz. Es un movimiento de una pastoral que “desciende a los infiernos” del dolor humano más insospechado. Nuestra misión se realiza en medio de muchas dificultades y contratiempos. Vamos a casa ajena, a lo que nos dejen y permitan. Y eso hace que el entusiasmo, el coraje y la alegría de estar e ir a lugares incómodos al encuentro de los hermanos encarcelados, nos motive mucho más, ya que vamos impulsados por la fuerza del Espíritu de Jesús».


