Cuaresma, camino hacia la Pascua

La Iglesia madre nos convoca a vivir este tiempo de Cuaresma para prepararnos a la Pascua 2022, que se acerca. En la Pascua celebramos los misterios centrales de nuestra fe cristiana: que Cristo ha padecido la pasión y ha muerto por nosotros, que nos ha dejado el testamento de su amor en la Eucaristía y nos ha dado a su Madre como madre nuestra, y que ha resucitado venciendo la muerte e inaugurando una vida nueva, que llega hasta nosotros en el bautismo.

Este resumen de la vida cristiana lo vivimos intensamente en la Semana Santa, el Triduo Pascual y la gran Pascua de Resurrección, que va seguida de cincuenta días de celebración gozosa hasta la fiesta de Pentecostés con la venida del Espíritu Santo.

Ahora entramos en la cuaresma, cuarenta días de preparación para las fiestas anuales de nuestra salvación, que se inaugura con el miércoles de ceniza. Este año, además y por gracia de Dios, con bastante normalidad en los cultos y en las procesiones. Parece que estamos saliendo de ese tiempo de pandemia que nos ha tenido encogidos a todos en el alma y nos ha impedido la normal expresión de nuestra fe cristiana por las calles de nuestros pueblos y ciudades. La piedad popular expresa la fe, pero al mismo tiempo la alimenta.

No faltan, sin embargo, motivos de preocupación. La guerra de Ucrania nos pone ante los ojos el Orden Mundial (que más parece un desorden), en el que prevalecen los intereses de los más fuertes, sin importar para nada el sufrimiento que la guerra trae consigo y las heridas tan hondas que dejan en toda la humanidad. La guerra es siempre un fracaso de la humanidad, es un fracaso de la diplomacia, es un fracaso de las buenas relaciones internacionales. Aunque en medio de tantas cenizas aparecen preciosos testimonios de heroísmo, de patriotismo, de solidaridad. Son estas actitudes las que construyen el futuro, no las bombas y las invasiones. Pidamos a Dios el don de la paz para Ucrania y para el mundo entero.

Por eso, necesitamos conversión, cambiar de vida. La guerra no es sólo la de los grandes potentados, sino que la guerra se fragua en el corazón de cada persona, cuando no sabe amar, cuando se instala en el conflicto, cuando hace la vida amarga a los que viven a su alrededor.

Jesucristo nos marca la pauta en el Evangelio con el trípode de la oración, el ayuno y la limosna. El Papa Francisco en su mensaje para esta cuaresma vuelve a proponernos que no nos cansemos de orar. Pensar que nos bastamos a nosotros mismos es una ilusión peligrosa. Y no nos salvamos solos, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia; pero, sobre todo, nadie se salva sin Dios, porque sólo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las oscuras aguas de la muerte. Que el ayuno corporal que la Iglesia nos pide en Cuaresma fortalezca nuestro espíritu para la lucha contra el pecado. No nos cansemos de pedir perdón en el sacramento de la Penitencia y la Reconciliaciónsabiendo que Dios nunca se cansa de perdonar. Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida.

Avancemos por el camino cuaresmal como un catecumenado que culmina en la noche de Pascua, renovando las promesas bautismales. Luchemos con Jesucristo contra el mal en el mundo y en nuestro corazón. La victoria está asegurada.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

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