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“Dios nos quiere roqueros pero con raíces profundas en Él”

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El grupo musical Aaira será el que cierre el Gran Encuentro Diocesano de Laicos con un concierto a partir de las cuatro de la tarde

Y que conozco tus anhelos a los monstruos y los miedos que te impiden acercarte más a mí, en las líneas de esta canción se expresa Dios cercano y amigo que cuenta con nosotros y del que recibimos un amor inmenso y para muchos desconocido. Con canciones como estas el grupo musical Aaira, que significa amanecer, viene a revolucionar la música que llega al corazón y lo hacen con un rock urbano que sabe de calle y de carencias, abierto a la reivindicación y a la ternura. Ellos estarán en el colegio Trinidad en el Gran Encuentro Sinodal Diocesano el 26 de marzo. Cantan al amor y a la belleza, es obra de sus cuatro componente, Juan, Carlos, Rocío y Luis

Vuestras letras hablan de una experiencia personal de Dios, tras un retiro espiritual abandonáis un proyecto musical muy fuerte que teníais y decidís hacer música que hable del amor de Dios ¿Cómo fue este proceso?

Fue un proceso muy natural, formamos parte de unos grupos de fe, Grupos Católicos Loyola, desde pequeños y montamos un grupo de música. Empezamos a cosechar cierto éxito pero llegamos a un punto en el que no nos ilusionaba tanto el proyecto como debería. En paralelo en unos ejercicios espirituales compusimos la canción “Como tú me soñaste” y a Carlos se le ocurre y nos anima a montar este proyecto para darle cabida a esta canción. Somos cristianos, sabemos hacer música, tenemos estos dones, vamos a ponerlos al servicio de lo importante.

La reflexión más profunda que hay detrás es que en esos ejercicios reflexionamos sobre qué quiere Dios de nosotros y vimos que nuestro proyecto de vida, con esa vida roqueros clásica de excesos y diversión, no nos encajaba del todo. Nos dimos cuenta que Dios no nos estaba cuestionando sobre qué hacemos sino cómo lo hacemos y supimos que Dios nos quiere roqueros pero con raíces profundas en Él.

Queríais tener una familia y una vida que no fuese incompatible con el artista roquero, trotamundos que va y viene sino que tenía también unos sólidos cimientos familiares y de eso no queríais desprotegeros

Se puede hacer, yo tengo dos hijos y se puede hacer, requiere más trabajo pero es parte de la gracia. Es una afición muy sana que hemos tenido siempre pero poco a poco la hemos ido profesionalizando y se culmina grabando un disco o en encuentros como el del 26 de marzo en Córdoba.

“Despiértame” es una obra musical inspirada en la Encíclica Laudato Sí´, es también una crítica a un modelo de consumo que no satisface y crea esclavitud ¿Cómo es el proceso creativo de estas canciones?

De la lectura de Laudato Sí´ surge un borrador de la canción, veo las cosas que me interpelan y más que una crítica social, que en parte lo es, fundamentalmente es una crítica personal, ¿Por qué muchas veces me descubro indiferente al sufrimiento ajeno? El proceso es muy natural, tenemos la suerte de contar con Luis, Rocío y Carlos que son músicos extraordinarios y con una sensibilidad tremenda. A partir de ahí voy yo con la primera idea y entre todos le damos forma hasta terminar la obra.

Habláis muchas veces del miedo que tenemos a encontrarnos con el Señor y que a veces nos quita la oportunidad del amor. Cuando vencemos al miedo abrimos el corazón, decís en algunas de vuestras canciones, ¿lo decís porque tenéis esa experiencia o porque detectáis ese miedo en la gente joven y no tan joven que os rodea en vuestros conciertos?

El miedo es una cosa que está en el día a día y puede ser fácil detectarlo si reflexionas. La gente que está acostumbrada a reflexionar y pensar cómo hacer las cosas mejor, lo detecta, lo difícil es cómo superarlo y es ahí donde va la reflexión que queremos plantearla y los beneficios que puede traer superar esos miedos. Todos tenemos miedo al sufrimiento, al qué dirán o a la soledad, pero esos miedos son precisamente los que creemos que hay que enfrentar y enfrentándolos tocas a las personas y cambias un poco el día a día de los demás.

Vuestros discos están en treinta plataformas, llegan a muchísima gente ¿A quién queréis llegar?

Lo importante es llegar al mayor número de personas posible, creyentes y no creyentes, tratamos de transmitir un mensaje que creemos que es bueno, independientemente de si eres cristiano o no, nos gusta que llegue a más gente y podamos hacer un descubrimiento a gente que está buscando algo y no sabe el qué, o es inquieta y le gusta la música y le ayuda a crecer espiritualmente. En ese sentido hemos querido ser muy abiertos de mente.

Nos hace especial ilusión cuando alguien que no cree o es de otra religión le llega nuestra música porque traemos un enfoque cristiano, pero cuando ves que a alguien que no cree le llega, la satisfacción es doble.

¿Cuántas anécdotas tenéis de personas que os han dicho que vuestras canciones les han despertado la necesidad de acercarse al hermano, de perdonar o de ir a un confesionario?

Recientemente una amiga que está pasando dudas de fe me escribió para decirme que está “a tope” con Aaira, lo estoy disfrutando y me está ayudando un montón a acercarme un ratito a Dios. Ese es el objetivo. Dios no es exclusivo de los cristianos, la manera que tenemos de relacionarnos con Él como cristianos es desde Jesús y así la narramos, pero no nos gustaría limitarnos solo a la Iglesia sino salir más allá, a todo aquel que quiera escuchar la Palabra.

La canción “Me levantas del suelo” que habla del perdón de Dios, “Si tú supieras” pretende ser una carta de Dios a ti como persona en la que habla de cómo te quiere, de ese amor que no es humano y que cuesta tanto entender y creernos. ¿Hay que hacer una profunda reflexión antes de escribir una canción?            

La música es un lenguaje que todo el mundo entiende, pero si quieres transmitir un mensaje y tocar al otro, tienes que darle una pensada a ese mensaje y saber lo que quieres transmitir. La reflexión nace primero de Juan de un momento natural, es lo que llevas dentro, lo que vives, lo que te pasa, es una buena fuente de inspiración.

Cantáis juntos, creáis música juntos ¿rezáis juntos?

Rezamos juntos porque formamos parte de la misma comunidad, nos hemos conocido antes rezando juntos que siendo músicos. Una vez cada dos semanas nos juntamos y tenemos un rato de compartir nuestra experiencia de fe, siempre llevado a lo personal, que entendemos que es donde actúa Dios.

Un cristiano siempre es un ser alegre, está lleno de amor ¿Sois cristianos que cantáis o cantáis porque sois cristianos?

Somos cristianos y cantamos, hemos tenido muchas experiencias que nos han abierto la mirada a estilos diferentes en cuanto a música. Es muy importante para aportar a las canciones la calidad que se merecen. Y por supuesto somos cristianos, hemos tenido diferentes experiencias cantando y nos gusta ser cristianos y poder reflejarlo cantando. En este mundo el mensaje que das tiene que ser de calidad y la música también. Por tanto los dos aspectos son importantes, ser cristianos para dar el mensaje y músico para darle la calidad que se merece a la parte melódica.

¿Cómo estáis preparando el Gran Encuentro Sinodal que tendrá lugar el 26 de marzo en el colegio Trinidad?

Con mucha ilusión. Llevamos mucho tiempo sin tocar en directo entonces estamos deseando ver qué pasa. Esperamos que la gente nos reciba y le llegue nuestra música, y sobre todo deseando de conocer a la comunidad de Córdoba.

Invitamos a toda esa gente que quiere ver algo nuevo, que siente que le gusta la música, que quiere unir la parte musical y religiosa y conectarse a Dios de una manera más fresca, alegre y movida, estaremos en el escenario dándolo todo.

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Al servicio de una Iglesia en camino

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El domingo 20 de marzo celebramos el Día del Seminario. Una ocasión propicia para que todo el pueblo de Dios dé gracias por las vocaciones sacerdotales y pida al dueño de la mies que siga enviando obreros a sus campos; para reflexionar sobre la importancia del Seminario en la vida de nuestra Archidiócesis. En el contexto del Sínodo universal convocado por el papa Francisco, el lema de este año destaca el gran don que supone peregrinar unidos, tras las huellas de Cristo, buen pastor y sumo y eterno sacerdote: ‘Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino’. El Seminario es el corazón de la diócesis y ha de estar en el corazón de todos los diocesanos.

En cada tiempo y lugar, la Providencia divina actúa conforme a sus designios de misericordia. También en nuestra época Dios sigue actuando y sigue suscitando vocaciones sacerdotales entre nuestros jóvenes. Nuestro Seminario Metropolitano no es solo un lugar físico, sino más un tiempo significativo en la vida de un discípulo del Señor, como un tiempo fuerte de búsqueda y de encuentro con Cristo. Tiempo de formación y discernimiento, y también de búsqueda y descubrimiento del Señor, porque solo desde una experiencia personal de encuentro con Él se puede comprender la vocación, la llamada. El Seminario es un tiempo de preparación para la misión. Una misión que no es iniciativa propia, sino consecuencia de la llamada y del envío del Señor, que es quien elige, quien llama y envía.

Cristo sigue llamando, y la Iglesia y la sociedad necesitan sacerdotes; para predicar la Palabra de Dios, para celebrar los sacramentos, para guiar y servir a la comunidad. Cristo llama para llenar de amor y de sentido la vida, para darle una plenitud más allá de cuanto se pueda imaginar. Es preciso escuchar su voz, dejarlo todo y seguirlo, y vivir como Él vivió, amando a los demás, haciendo el bien. Cuando se responde a la llamada, es Él mismo quien llena el corazón y da la fuerza para desarrollar la vocación sacerdotal sin añoranzas. ¡Cuántos jóvenes conozco generosos de corazón y sedientos de sentido en sus vidas! Cada uno tendrá que seguir su vocación, pero es Cristo el único capaz de saciar su sed de infinito. Por eso es tan importante que reflexionen, que cada uno descubra su camino, y que los llamados al sacerdocio respondan con presteza, porque solo siguiendo la llamada del Maestro alcanzarán la felicidad plena, como Juan y Andrés, que buscaban algo más en sus vidas, y con la indicación de Juan Bautista se encontraron con Jesús para no dejarlo ya jamás.

El Seminario es responsabilidad de todos, también de las familias. Los padres cristianos que aman la Iglesia y valoran su misión evangelizadora en el mundo han de recibir con gozo la gracia de tener un hijo sacerdote. Las comunidades cristianas deben orar por las vocaciones sacerdotales y ayudar a encontrar los futuros pastores que la Iglesia necesita. Los sacerdotes deben vivir y testimoniar el gozo de su consagración y de su ministerio. En este Día del Seminario hemos de mirar al futuro, y hemos de reflexionar, rezar y colaborar generosamente, porque ahí está en buena parte el futuro de nuestra Iglesia diocesana.

En tiempo de secularización y consumismo, de individualismo y liquidez, de falta de sentido, Dios llama más que nunca al sacerdocio, porque hacen falta más que nunca sembradores de la fe, mensajeros de esperanza, constructores de amor y de paz. Por eso, desde mi propia experiencia sacerdotal, me atrevo a decir a los jóvenes que por Cristo y por los demás, vale la pena comprometer la vida al servicio de una Iglesia en camino.

+José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino Día del Seminario 2022

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En torno a la fiesta de san José celebramos el Día del Seminario. Este año, sábado 19 y domingo 20 de marzo, para transmitir a toda la Iglesia la necesidad perentoria de sacerdotes para nuestras comunidades cristianas, para nuestras parroquias, para la Iglesia en nuestro entorno y para la Iglesia universal.

Necesitamos sacerdotes, necesitamos más sacerdotes, necesitamos sacerdotes según el corazón de Cristo, que prolonguen su presencia hoy entre los hombres y ayuden a los fieles cristianos a caminar hacia el Señor. Necesitamos sacerdotes en medio del Pueblo de Dios que celebren la Eucaristía, que administren el perdón de Dios, que acompañen y aconsejen a niños, jóvenes y adultos, que estimulen la caridad cristiana a todos los niveles. El sacerdote es una pieza insustituible en la comunidad cristiana fundada por Jesucristo, en su Iglesia.

Para constituir su Iglesia, Jesús llamó a los Doce, los llamó por su nombre y los hizo sus compañeros de vida y de misión, los capacitó para la evangelización, para que anunciaran en su nombre el evangelio de la salvación, el evangelio de la misericordia y del perdón, el evangelio de la fraternidad universal y del amor fraterno. Y les dio poder para expulsar demonios. Así lo presenta el Evangelio Mc 3, 13-15 y así continúa siendo en el día de hoy. No podemos pensar, por tanto, en una Iglesia sin sacerdotes. Y allí donde la Iglesia no tiene suficientes sacerdotes, la vida cristiana languidece.

Porque no podemos pensar en una Iglesia sin Eucaristía, una Iglesia sin el perdón sacramental de Dios a los hombres, una Iglesia en la que no se predique el Evangelio. Y en esa Iglesia, la que Cristo ha fundado, el sacerdote es una pieza fundamental. No se trata de ningún clericalismo, que podría haberlo y hemos de luchar contra el mismo. Se trata de la esencia de la Iglesia, que sin sacerdotes no sería la Iglesia de Cristo, nuestro Señor.

Este año, el lema para el Día del Seminario reza: “Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino” refiriéndose al camino sinodal en el que estamos sumergidos como Iglesia diocesana y universal. En ese caminar juntos al encuentro del Señor y de los hermanos, no podemos hacerlo en solitario. Hemos de ir juntos, en grupo, en comunidad, en parroquia, en Iglesia. Y en esa Iglesia en camino todos tenemos nuestro lugar, nuestra vocación y nuestra misión. El sacerdote debe reconocer y alentar la vocación y la misión de todos y cada uno de los demás miembros del Pueblo de Dios, como el padre de familia alienta la vida de todos los miembros de la familia. Y todos los miembros del Pueblo de Dios han de reconocer que, sin sacerdote, no tienen Eucaristía ni perdón sacramental. Y no vamos a cambiar ahora la constitución de la Iglesia, como pretenden hoy algunos. Esta no sería la Iglesia de Cristo el Señor.

Si el sacerdote está al servicio de una Iglesia en camino, es momento de que todos los caminantes reconozcan esta compañía, este acompañamiento de Jesús en nuestro caminar. Él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el Pan. Él prolonga su presencia y su acompañamiento entre nosotros por medio del sacerdote especialmente, al que constituye su ministro por el sacramento del Orden.

La Campaña del Día del Seminario viene a recordarnos a todos que en nuestra diócesis de Córdoba tenemos hoy un total de 60 seminaristas en el Seminario San Pelagio, Mayor (33) y Menor (12), y en el Redemptoris Mater del Camino Neocatecumenal (15). Ellos necesitan nuestro apoyo, nuestra oración, nuestra limosna, nuestro reconocimiento. Este año para junio podré ordenar 5 nuevos presbíteros para nuestra diócesis, y le damos gracias a Dios por esta cosecha siempre grata. Pero necesitamos más sacerdotes, y por eso pedimos al Dueño de la mies que mande más obreros a su mies.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

«Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino» Día del Seminario 2022

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Queridos hermanos, sacerdotes, consagrados y fieles laicos,

En la solemnidad de San José, celebramos el Día del Seminario. El esposo de María es el Patriarca de la Iglesia universal, modelo de los padres de familia, patrono de la buena muerte y protector de las vocaciones al sacerdocio ministerial. En sus manos se formó el Sumo Sacerdote de la nueva Alianza, Jesús. Y en sus manos la Iglesia pone a quienes, habiendo recibido una vocación y misión parecida a la de San José, prolongan en la historia la presencia viva de Cristo Redentor en favor de todos los hombres, los sacerdotes.

La campaña de este año viene enmarcada en el contexto del Sínodo universal que vive toda la Iglesia y de ahí su lema, “Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino”, que destaca el gran don de peregrinar unidos en Cristo, Buen Pastor, Sumo y Eterno Sacerdote. La vida sacerdotal es una necesidad propia de un pueblo que se siente peregrino y quiere guías que le ayuden a encontrarse con el Misterio de la vida. Este Año Santo Compostelano y aún en pandemia, nos anima a ponernos en camino, a salir de nuestras zonas de confort y a colocar nuestra vida en «modo sínodo», es decir, trabajar para que sintamos la fuerza de la comunidad que busca colocar en el centro de su vida a Cristo Resucitado. Es un camino que no hacemos en solitario. Recordando el episodio de los discípulos de Emaús (Cfr. Lucas 24, 13-31), vemos que es un camino que nos pone en la misma ruta de otros hermanos, es decir, caminamos con Él y a la vez con aquellos que se sienten llamados a una misma misión. El Seminario, como aquella experiencia que vivieron los de Emaús, es un tiempo significativo para la vida de un discípulo, tiempo fuerte de búsqueda y de encuentro con Cristo, camino que no lo elegimos, sino que lo aceptamos, es un don, un regalo del Espíritu. Es un tiempo de formación y discernimiento, de hacerse preguntas y descubrir en el Señor sus respuestas, como los de Emaús que depositaron sus vivencias, miedos, dudas, inquietudes en las manos del Espíritu del Resucitado que había querido recorrer el camino junto a ellos. Sólo en el encuentro personal con Él se comprende la llamada y se acepta que la misión no es iniciativa propia, sino consecuencia del envío del Señor, que es quien elige, llama y envía. Como nos dice San Agustín, «Vosotros, si os habéis puesto en camino, es porque antes ya habéis presentido un encuentro y una llamada», «Tú no me hubieras buscado, si yo no te hubiera encontrado».

Todos valoramos la necesidad en nuestra vida de un sacerdote que nos acompañe y nos indique el Camino, la Verdad y la Vida. En nuestras comunidades parroquiales e instituciones diocesanas hemos de poner de manifiesto la solicitud de todos por el Seminario y nuestro trabajo que acompaña la oración por las vocaciones sacerdotales. Pidamos al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus mies. Oremos constantemente por las vocaciones al sacerdocio, por los que han sido llamados para que perseveren y sean fieles, y por los que serán llamados para que respondan con prontitud y generosidad. Necesitamos a Cristo, por eso necesitamos sacerdotes. Como decía San Juan de Ávila, Patrón de los sacerdotes y maestro de santos, «Negocio es de Dios, y tan suyo, que no hay cosa en la tierra en la cual ponga Él sus sacratísimos ojos con tanto cuidado y favor como en la vocación y justificación y guarda de sus escogidos.(…) Todas las cosas crió Dios por causa de los escogidos, y la salud de éstos nos encomendó Él en nuestras manos, para que los llamemos, esforcemos y ayudemos a colocarlos en el cielo» (Carta 1, Obras Completas, IV, pg. 14).El sacerdote es Cristo mismo en medio del rebaño, predicando su Palabra, presidiendo a la comunidad sacramentalmente y guiando hacia los pastos seguros de la vida eterna a todos los cristianos.

En nuestra Diócesis hemos de dar gracias por la respuesta decidida de quienes se están preparando para servir sacerdotalmente y dedicar su vida a acompañar a las comunidades al encuentro del Señor, para el servicio de la Diócesis y la Iglesia universal. El Día del Seminario es ocasión para esta acción de gracias por nuestros seminaristas mayores y por los niños y adolescentes que se preparan en el seminario en familia. En esta jornada, la Iglesia nos propone que los conozcamos y recemos por ellos, por sus formadores y para que no falten nunca jóvenes dispuestos a seguir la llamada al sacerdocio. La Iglesia necesita sacerdotes santos y por eso ha de prepararlos bien. El descenso de la natalidad y la gran secularización de nuestro mundo, hace descender el número de jóvenes que acuden al Seminario para prepararse al sacerdocio, por lo que debemos redoblar constantemente nuestra oración al Señor.

El Día del Seminario es ocasión propicia para dar gracias a todos los bienhechores, que con su oración, acogida, cercanía y apoyo económico hacen posible seguir haciendo camino. Especialmente demos gracias a los sacerdotes que trabajan por dejar un relevo sacerdotal en la Iglesia. De entre las tareas principales de los presbíteros está la promoción de las vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis, dando testimonio personal de la alegría de la vocación recibida, que nos hace felices. La decisión de un seminarista para seguir a Cristo, suele tener el buen espejo de un buen párroco cercano que ha sabido acompañar los deseos profundos de un corazón inquieto. Y junto a los sacerdotes, tenemos el papel imprescindible de las familias cristianas, verdadero semillero de todas las vocaciones cristianas, como nos recuerda el Papa Francisco en este Año de la Familia Amoris Laetitia.

Sea nuestra plegaria incesante para que el Señor nos siga bendiciendo con sanos y santos seminaristas, corazones generosos, que quieran entregar su vida en el ministerio sacerdotal, en su Iglesia. Hacemos nuestra la oración para esta jornada del Día del Seminario: «Te pedimos que envíes sacerdotes/ que caminen hoy junto a aquellos/ que convocas en tu Iglesia;/ que nos fortalezcan y consuelen/ con la unción del Espíritu Santo;/ que nos animen e iluminen/ con la predicación de tu Palabra;/ que nos alimenten y sostengan/ con la celebración de la Eucaristía/ y la entrega de su propia vida.»

Con esta confianza, le pedimos a San José y a Santa María, Madre de las Vocaciones, que, en este Año diocesano del Corazón de Jesús, interceda por cada una de nuestras súplicas.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix

El Seminario San Bartolomé convoca el segundo encuentro de monaguillos del curso

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El Seminario San Bartolomé vuelve a animar a participar, tanto a los monaguillos como a los chicos que tienen una especial relación con los sacramentos en las parroquias de la diócesis, en esta segunda convocatoria. «La pastoral con monaguillos es una tarea necesaria y esencial. Estos chicos, que viven la eucaristía cerca del altar, representan el deseo de cercanía al Señor. ¡Qué testimonio para toda nuestra comunidad el que unos chicos asistan al sacerdote durante la misa!»

Dirigido a niños de entre 7 y 12 años, el encuentro tendrá lugar el sábado 26 de marzo. El objetivo de estas convivencias es ayudar a que los participantes cada vez se sientan más cerca del Señor y vayan descubriendo que Él tiene para cada uno de ellos un proyecto sobre su vida, una vocación.

El encuentro comenzará en el propio Seminario a las 10.30 horas, finalizando a las 17.30 horas con la celebración de la Eucaristía en la Iglesia de Santiago de Cádiz, a la que podrán asistir los padres o tutores de los niños. Todos los participantes deben llevar su bocadillo, el alba o la sotana para ayudar en la misa y la autorización paterna firmada. Además, se tomará la temperatura a todos los participantes antes de comenzar y el uso de mascarillas será obligatorio.

Para más información pueden ponerse en contacto con el Seminario San Bartolomé (c/ Compañía 19, Cádiz, 11005), teléfono 956 282 311.

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Dos sacerdotes de Córdoba llevarán a San Juan de Ávila a Los Ángeles

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Esta diócesis de California celebrará durante una semana una misión en torno al Santo Maestro

Los sacerdotes de la diócesis de Córdoba Carlos Jesús Gallardo y Guillermo Padilla viajarán del 19 al 26 de marzo a Los Ángeles, California, para llevar a los sacerdotes, seminaristas y fieles las enseñanzas de San Juan de Ávila y promover la veneración al Maestro.

Desde que el Padre Gustavo Castillo, de la diócesis de Los Ángeles (California), visitara Córdoba varias veces para asistir al Congreso de San Juan de Ávila, surgió la idea de que en su diócesis se dieran a conocer las enseñanzas del Santo Maestro, por lo que ha organizado una semana de misión en torno a San Juan de Ávila.

Durante estos días, Carlos y Guillermo llevarán las reliquias del corazón de San Juan de Ávila por diversas parroquias y a los seminaristas. Además, ofrecerán una conferencia en el Seminario de Los Ángeles para hablar de la influencia del Santo en la formación sacerdotal y en América. Asimismo, habrá encuentros de veneración de las reliquias, momentos de oración y de celebración eucarística.

“La idea es dar a conocer al Santo en esa diócesis, promover su veneración y dar a conocer tanto su figura de santidad como sus escritos”, aseguran los sacerdotes cordobeses quienes esperan que San Juan de Ávila sea más conocido, que se lean sus escritos y fomenten una renovación espiritual del clero.

Itinerario para la semana

El sábado será la llegada a Los Ángeles de los sacerdotes Carlos y Guillermo. El domingo, la reliquia del Santo será expuesta en la parroquia San Jose en Hawthorne y tras la misa, los presbíteros de la diócesis de Córdoba hablarán sobre los cuatro doctores de la Iglesia de España.

El lunes, habrá una visita a la catedral de Los Angeles y el martes la celebración de la misa y una conferencia en el Seminario de la ciudad. Al día siguiente, los sacerdotes celebrarán misa con las Hermanas Carmelitas y una conferencia sobre la relación de San Juan de Ávila con Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

El jueves, la misa será retransmitida por televisión en el canal de El Sembrador en Chatsworth y se trasladarán a la parroquia San Juan Eudes para una Hora Santa para sacerdotes y hablar del Maestro. Ya el viernes la jornada será para visitar Los Ángeles antes del regreso a España, que Carlos y Guillermo realizarán el sábado.

Los sacerdotes de la diócesis de Córdoba Carlos Jesús Gallardo y Guillermo Padilla viajarán del 19 al 26 de marzo a Los Ángeles, California, para llevar a los sacerdotes, seminaristas y fieles las enseñanzas de San Juan de Ávila y promover la veneración al Maestro.

Desde que el Padre Gustavo Castillo, de la diócesis de Los Ángeles (California), visitara Córdoba varias veces para asistir al Congreso de San Juan de Ávila, surgió la idea de que en su diócesis se dieran a conocer las enseñanzas del Santo Maestro, por lo que ha organizado una semana de misión en torno a San Juan de Ávila.

Durante estos días, Carlos y Guillermo llevarán las reliquias del corazón de San Juan de Ávila por diversas parroquias y a los seminaristas. Además, ofrecerán una conferencia en el Seminario de Los Ángeles para hablar de la influencia del Santo en la formación sacerdotal y en América. Asimismo, habrá encuentros de veneración de las reliquias, momentos de oración y de celebración eucarística.

“La idea es dar a conocer al Santo en esa diócesis, promover su veneración y dar a conocer tanto su figura de santidad como sus escritos”, aseguran los sacerdotes cordobeses quienes esperan que San Juan de Ávila sea más conocido, que se lean sus escritos y fomenten una renovación espiritual del clero.

Itinerario para la semana

El sábado será la llegada a Los Ángeles de los sacerdotes Carlos y Guillermo. El domingo, la reliquia del Santo será expuesta en la parroquia San Jose en Hawthorne y tras la misa, los presbíteros de la diócesis de Córdoba hablarán sobre los cuatro doctores de la Iglesia de España.

El lunes, habrá una visita a la catedral de Los Angeles y el martes la celebración de la misa y una conferencia en el Seminario de la ciudad. Al día siguiente, los sacerdotes celebrarán misa con las Hermanas Carmelitas y una conferencia sobre la relación de San Juan de Ávila con Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

El jueves, la misa será retransmitida por televisión en el canal de El Sembrador en Chatsworth y se trasladarán a la parroquia San Juan Eudes para una Hora Santa para sacerdotes y hablar del Maestro. Ya el viernes la jornada será para visitar Los Ángeles antes del regreso a España, que Carlos y Guillermo realizarán el sábado.

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La sobrenaturalidad de la llamada vocacional en la vida de los seminaristas

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La sobrenaturalidad de la llamada vocacional en la vida de los seminaristas

El director espiritual del Seminario, Marcelino Manzano, a propósito del mes del Seminario, ha destacado la sobrenaturalidad de la llamada vocacional que experimentan los seminaristas. Se refiere a gracias y favores que – según expresa– “se desbordan de una manera palpable sobre las condiciones de la naturaleza humana, donde se evidencia que efectivamente ha sido el Señor quien ha hecho una invitación personal a ese joven”.

Manzano forma parte del equipo de formadores del Seminario Metropolitano de Sevilla desde hace cuatro años. Reconoce que todas las experiencias vitales de los jóvenes son llevadas a la oración “con humidad, gratitud, temor y temblor, por unas almas que han sido llamadas por Él a ser apóstoles y a las que yo tengo que ayudar a que vean la llamada de Cristo y a que respondan con generosidad y que vayan creciendo, junto con la ayuda del formador, en su condición de futuros sacerdotes”.

De esta manera, resalta que el director espiritual no es el protagonista en la historia vocacional de un seminarista. “La historia vocacional la tiene el que se sabe llamado, es decir, el seminarista con Dios”.

Don del Espíritu Santo

Sobre la forma en la que un director espiritual se dirige a Dios para pedir por las vocaciones sacerdotales, Manzano expresa que “con la humildad y la pequeñez de ser instrumentos del Señor, le pido al Señor mucha luz, le pido el don del Espíritu Santo, para que mis palabras y mis gestos no obstaculicen la gracia de Dios, que yo no sea un obstáculo, sino que sea un cauce, que sea acompañante digno, que quede claro que yo puedo ser la voz, pero que Dios es la Palabra”.

También afirma que “la oración es un canal para implorar la ayuda del Señor para desenredar algunos nudos que acontecen en la vida del seminarista. Podríamos hablar de una oración de gratitud, porque como María proclamamos las maravillas del Señor cuando en la oración vemos que, en esos chicos, en esos esclavos del Señor, ocurren verdaderas maravillas”.

Derroche apostólico

El director espiritual del Seminario Metropolitano de Sevilla expresa que va siguiendo en primera fila cómo el Señor hace su obra, cómo va surgiendo la generación de sacerdotes en los años que lleva asumiendo esa responsabilidad. “El crecimiento lo veo cada semana en los encuentros o pláticas espirituales que tenemos con los seminaristas de tercero, cuarto y quinto curso, donde compartimos vivencias, opiniones y experiencias sobre el texto del Magisterio,  percibo cómo el Señor ha ido transformando y moldeando sus vidas y sus corazones, que no solo es por el estudio y la profundización de la Teología, que algo influirá evidentemente, sino que realmente allí está la mano de Dios, allí veo lo sobrenatural que es el acompañamiento vocacional”.

En esta línea, considera que “han sido años de gracia, de derroche apostólico”, no solamente en él sino “en el equipo de formadores que da la vida – literalmente– por esta obra de acompañamiento y discernimiento dentro de la Iglesia. Se trata de una labor apostólica, pastoral, que no se centra en una comunidad concreta como podría ser una parroquia, porque a fin de cuenta se trata de un acompañamiento personal”.

Multiculturalidad

Sobre la multiculturalidad de los seminaristas, el formador del Seminario ha expresado que ésta se convierte en una oportunidad de experimentar la universalidad de la Iglesia y la eclesialidad de manera personal. “Ahora, debido a la vivencia comunitaria ahondas en sus raíces personales, familiares, social, en definitiva, en el contexto vital del candidato al sacerdocio”.

Al respecto, reconoce que la presencia de algunos seminaristas, en cuyos países de origen viven la fe de una manera “tan heroica, tan contracorriente”, le interpela a él de manera personal cómo vive su fe en un contexto donde las condiciones quizá están dadas de otra manera, a lo que se pregunta internamente ¿Cómo respondo yo al don de la fe cuando se me ha dado de una manera inmerecida? ¿Soy consecuente con mi fe, con mi ministerio sacerdotal?

Así – prosigue – la situación anterior me hace experimental la apertura de la Iglesia de Sevilla, como una forma de abrirse a la misión con la diócesis de China, de Mindelo, (Cabo Verde) y Kerala (India).

Pastoral de la oración

La pastoral vocacional , por tanto, “es una pastoral llamada enteramente a la oración, porque cuando nosotros llamamos al Señor pidiendo pastores, también nos hacemos sensibles a la necesidad de dar respuesta generosa a la llamada del Señor y así demostramos finalmente que seguir a Jesucristo y decirle sí es una fuente de alegría, de gozo, donde encontramos la plenitud de sentido a nuestra existencia, no hay nada que pueda igualar lo que se vive diciéndole que sí a Cristo”.

Finalmente, Marcelino Manzano resaltó la importancia de la formación integral del seminarista como eje trasversal en los ámbitos de toda la existencia: Intelectual, humana, psicológica, terapéutica,

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Se estrena en cines “Corazón de Padre”

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Se trata de un documental sobre la figura de San José que se proyectará este fin de semana en El Tablero

El 18 de marzo, víspera de San José, se estrenará en cines la película-documental “Corazón de Padre”, de Goya Producciones. Se trata de un documental sobre la figura de San José que ayudará a los espectadores a conocer sus virtudes, con increíbles testimonios de personas que les ha cambiado su vida a partir del momento que comenzaron trato con él.

La información de la obra se encuentra en https://www.corazondepadre.es y el tráiler se puede ver en el siguiente enlace: https://youtu.be/zfxSTLguH9c.

En Córdoba, se podrá ver la película documental durante todo este fin de semana en los cines El Tablero.

 

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El Día del Seminario en “Iglesia en Córdoba”

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El Día del Seminario en “Iglesia en Córdoba”

La edición semanal de “Iglesia en Córdoba” presenta la importancia del Día del Seminario que este año lleva como lema «Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino»

La revista de la diócesis de Córdoba “Iglesia en Córdoba” recoge la actividad que durante estos días están teniendo los seminaristas por las parroquias de la Diócesis, donde están ofreciendo su testimonio a niños y jóvenes, así como la vida en el Seminario.

Igualmente, hace un repaso por la actualidad diocesana de la mano del próximo Gran Encuentro Sinodal Diocesano, la solemnidad de San José, los premios “Entidades con corazón” o las iniciativas puestas en marcha para ayudar al pueblo ucraniano.

Adjuntamos la revista íntegra.

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El Día del Padre y la figura de san José, esposo, marido y obrero

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La celebración del Día del Padre constituye un evento internacional cuyo origen parece que se remonta a 1909 en Estados Unidos, iniciándose en España en 1948. En los últimos años, hemos visto celebrar días para innumerables cosas, unas veces son celebraciones alegres y otras, quizás las más, reivindicativas. Así tenemos, por ejemplo, el Día Universal del Niño el 20 de noviembre, el Día de la Mujer el 8 de marzo, el Día de la Familia el 15 de mayo, el Día de la Madre normalmente el 1 de mayo coincidente con el Día del Trabajo y el Día del Padre el 19 de marzo. En los últimos tiempos, hemos puesto mucho énfasis, de forma justificada, en el Día de la Mujer y el Día de Madre, pero no podemos olvidar al padre de cada familia. Muchos padres crían solos a sus hijos y también sufren en tiempos aciagos por sus hijos e hijas, padecen migraciones forzadas y soportan inequidades sociales. Por ello, deseamos muchas felicidades en este día a todos los padres del mundo.

No es casual que el Día del Padre se celebre en la festividad de san José, modelo de esposo y padre para los cristianos, y también obrero trabajando para su familia en el marco de la comunidad. En los Evangelios Canónicos, solo aparece su figura en los Evangelios de Mateo y Lucas, debido a la cronología temporal utilizada en el relato evangélico. Ambos evangelios dedican una parte sustancial de la infancia de Jesús a relatar el papel esencial de José con María y el marco de la Sagrada Familia. En los dos Evangelios donde figura la presencia de san José es siempre en relación con los tiempos anteriores a la vida pública del Hijo de Dios. San José tiene un papel esencial, comprendiendo su labor y cuidando a la Virgen María y al Niño Jesús, como un buen padre. Quizás su desaparición del relato evangélico posterior a la infancia de Jesús tiene que ver con su muerte. Según algunos investigadores san José, debió morir a los 50 años antes de que comenzara la vida pública de Jesús. Entre los Evangelios Apócrifos, la figura de José aparece en los denominados Evangelios de la Natividad de Jesús y los Evangelios de la Infancia de Jesús. Tomando el relato evangélico de Mateos y Lucas, José es muy importante, primero en su relación con María y luego en el marco de la Sagrada Familia. José es el artífice de la migración forzada de la Sagrada Familia a Egipto, sufriendo persecución como sufren muchas familias hoy en muchas partes del mundo por las injustas guerras que genera la ambición humana. La sagrada Familia entre los emigrantes, perseguidos y exilados del mundo.

Hay muchos padres ayudando a sus familias hoy en territorios en conflicto como Ucrania, Siria, Afganistán, Irak, Libia, franja de Gaza, Etiopia, Sáhara Occidental, Sahel, Yemen, Myanmar. Igualmente, hay padres ayudando desesperadamente a sus familias en los barrios descartados de las ciudades españolas. Los padres se merecen un día de celebración y reconocimiento.

Volvamos a la vida de san José. De acuerdo con Monseñor Narcis Jubany, en su libro La Virgen María en la vida cotidiana, manifestando que “la reflexión creyente de José lo lleva a colaborar con Dios en la creación del espacio familiar que ha de recibir y cuidar al Hijo de Dios hecho hombre”. En el libro Hablar con Dios. Meditaciones para cada día. Tomo I. Adviento. Navidad, Epifanía, de Francisco Fernández Carvajal, hay capítulos dedicados a José, manifiesta que “toda la gloria y la felicidad de san José consistió en haber sabido entender lo que Dios quería de él, y en haberlo llevado a cabo fielmente hasta el final”. José era un obrero y Jesús era conocido entre sus vecinos como el hijo del artesano. José le transmitió su oficio, Jesús fue también un obrero en su tiempo. San José comprendió, como lo hacen todos padres, que la razón de su vida era ese Niño. Nos indica también Fernández Carvajal, en el libro citado, que entre José y María había “cariño santo, espíritu de servicio, comprensión y deseo de hacerse la vida feliz mutuamente”. Hay mucho de eso hoy entre las parejas en el seno de la familia. Es necesario hablar de la ignominia de la violencia de género, que algunos denominan violencia familiar, pero también debemos aterrizar sobre los numerosos ejemplos de vida familiar similar a la que llevaban José y María, llena de amor, comprensión y cariño, proyectado sobre los hijos. También Francisco Fernández Carvajal, en su libro Hablar con Dios. Meditaciones para cada día. Tomo IV. Tiempo Ordinario (2), manifiesta que, para las personas de nuestro tiempo, como para los de cualquier época, “la figura de san José constituye una figura entrañable cuya vocación y dignidad admiramos, así como fidelidad en servicio de María y Jesús, su familia”.

Durante muchos años, José fue el maestro de Jesús, como lo son los padres hoy de sus hijos. La sociedad debe favorecer esta labor de los padres hacia los hijos, cuestión que no parece debida a la sobrecarga de trabajo para poder llevar adelante sus familias, o peor, la ausencia de trabajo. Las condiciones materiales de la sociedad favorecen, o no, la labor de los padres, la vida de las familias. La transformación de la sociedad a un modelo más justo es hoy imprescindible ante las inequidades existentes. Los cristianos debemos colaborar para ello, cada uno desde donde esté, ya que el modelo de vida que seguimos es el modelo evangélico, impregnado del amor que José dedicó a María y a Jesús. En Amoris laetitia Sobre el amor en la familia, el papa Francisco nos habla de ese ecosistema de amor, entrega, ternura y generosidad que constituye la familia.

Felicidades a todos los padres y también a todos los que llevan el nombre de José, figura esencial de la Sagrada Familia. Deseo en esta festividad de san José felicitar a la familia del Opus Dei por la significación que tiene este día para ellos.

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