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Los sacerdotes diocesanos celebran, el próximo lunes, su tradicional retiro de Cuaresma

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El próximo lunes, 21 de marzo, el presbiterio diocesano celebra su tradicional retiro de Cuaresma. Gracias a la situación actual de la pandemia, este año se podrá realizar de manera presencial en el Seminario Diocesano.

Así, comenzará a las 10:30 h con la acogida y el rezo de la hora intermedia.

A continuación, dará comienzo el retiro, que correrá a cargo del Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez.

Posteriormente,  los sacerdotes tendrán un tiempo para la oración personal ante el Santísimo Sacramento.

La jornada concluirá con una comida fraterna en el Seminario.

 

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San Javier convoca a feligreses y alejados para el trabajo sinodal

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Tres asambleas sinodales para trabajar los documentos de la consulta diocesana. De esa forma se ha organizado la parroquia de San Francisco Javier de San Javier, que el pasado miércoles comenzó las reuniones con el Consejo Pastoral.

En esta cita el párroco, Juan Prieto, explicó a los asistentes el sentido de la sinodalidad, «de caminar juntos, la importancia de sentirse comunidad; no como islas, sino como una comunidad en la que cada uno tiene su papel y su espacio», explica Carmelo Gómiz, miembro del Equipo Sinodal Diocesano y feligrés de San Francisco Javier. La respuesta de los participantes fue muy positiva: «Se sienten que forman parte de algo, que la Iglesia es cosa suya y que su voz cuenta; estas experiencias refuerzan la fe a nivel individual y a nivel comunitario».

La segunda asamblea tendrá lugar el próximo miércoles y están convocados los feligreses que suelen acudir a las celebraciones parroquiales pero no están involucrados activamente en ningún grupo. La tercera y última, el miércoles 30 de marzo, estará dirigida a «los alejados, entre comillas», dice Gómiz, «aquellas personas que vienen a la parroquia a pedir un sacramento e, inmediatamente después, se desligan; como los padres de niños de Primera Comunión o Confirmación, parejas de prematrimoniales, o padres y padrinos de cursillos prebautismales, por ejemplo». Y además, también se plantean adaptar los documentos para los jóvenes de Confirmación, para que puedan participar.

Asimismo, se han elaborado unos carteles que se encuentran repartidos por la iglesia, para que los feligreses puedan conocer más aspectos sobre el Sínodo. Y en la entrada han colocado el formulario y los cuestionarios para que quien quiera participar pueda hacerlo libremente.

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Rector del Redemptoris Mater: “El sacerdocio no es un oficio de segunda clase, sino lo más grande que un joven puede hacer en su vida”

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Rector del Redemptoris Mater: “El sacerdocio no es un oficio de segunda clase, sino lo más grande que un joven puede hacer en su vida”

El rector del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater de Sevilla, Ramón González, ha resaltado el rol crucial que desempeñan las familias cristianas en el acompañamiento a las jóvenes vocaciones. A continuación, reproducimos la entrevista con ocasión del día del Seminario que la Iglesia celebra el 19 de marzo, haciéndolo coincidir con la Solemnidad de San José.

¿Cuál es el rol de las familias cristianas en la decisión de un joven de entrar en el Seminario?

El rol es crucial: hacer que desde niño el joven visualice la figura presbiteral con toda su importancia para la vida de la Iglesia, su servicio imprescindible, su dignidad emanada de Cristo mismo. Ha de hablarles desde la propia vida cristiana, con el convencimiento de la propia fe, de que tienen que estar muy atentos y abiertos sin temor a que puede que Dios esté llamándolos a ellos. Que Él mismo se encargará de ir haciéndoselo descubrir y los animará a acogerlo con alegría, dándoles ilusión por entregar su vida al servicio de la Iglesia, y de tantos hermanos que necesitan y esperan la ayuda de Cristo mismo en su propia persona: su guía, su palabra y sus obras de amor –especialmente el perdón de sus pecados y la entrega eucarística de sí mismo–. Que este carisma no es un oficio de segunda clase para quienes no tienen otras posibilidades, sino lo más grande que pueden hacer en su vida.

La familia ha de apoyarles cuando vislumbran una posible vocación o en el delicado momento de una decisión vocacional. Pero sin proyectarse en ellos, sin condicionarlos con influencias afectivas y emocionales, dejándoles en absoluta libertad.

La vocación sacerdotal, no nace en el Seminario, ni en el Obispado, sino en sus hogares, en las familias cristianas. ¿No es así? Podríamos decir que luego interviene la parroquia, el grupo o la comunidad. Pero la buena tierra que hace posible que crezca la planta de la vocación es la piedad y la vida espiritual que se ha recibido en el clima espiritual de la propia familia. ¿Cuál ha sido su experiencia en torno a este planteamiento a lo largo de sus años como sacerdote y actual rector del Seminario?

Las vocaciones del seminario Redemptoris Mater se originan en las comunidades neocatecumenales. La mayoría de los candidatos comienza esta experiencia en sus familias desde la infancia, imbuyéndose de la vida cristiana, sus nociones más rudimentarias, oraciones elementales y ambiente de piedad. Progresivamente, van creciendo en el conocimiento y vivencia de la fe ayudados por el ejemplo de sus padres: que no se divorcian, porque existe el perdón y la reconciliación, o son experiencias de familia extrañas al cristianismo (como ven en el 70% de sus compañeros de clase); que ven su generosidad, porque siendo el 5º, 6º, 7º, etc. ni siquiera hubiesen tenido el derecho a la vida. Por la transmisión de la fe de sus padres, a través de las liturgias domésticas dominicales (celebración festiva catequética de Laudes y ronda de diálogo y experiencias de los hijos), así como por la participación en las Laudes de la convivencia mensual de la comunidad de sus padres y la participación en las celebraciones de la Eucaristía en la parroquia. Esto, les ayuda a tomar conciencia de la comunidad eclesial, del clero –como servicio indispensable para ella– y de la misión de la Iglesia: viendo a sus padres participar en la evangelización como catequistas, o como servidores de la Palabra para ayudar a comunidades recién nacidas, o con su participación –ya desde niños– en la experiencia misionera de la Iglesia yendo con sus padres a las salidas del anuncio del kerigma preparado cantando y danzando en las plazas de la ciudad algunos domingos de Pascua.

Llegado el momento de la preparación a la primera comunión, inician su formación en un grupo parroquial con los demás niños, como también harán posteriormente para la Confirmación.

Después, a los trece o catorce años, entran en sus propias comunidades –su nueva “familia” eclesial– con el fin de seguir un catecumenado post-bautismal para el crecimiento y maduración de la fe y la gracia bautismal, por etapas, en un serio itinerario que, saben, durará bastantes años. Poco a poco, van viviendo, ahora a nivel personal, la interpelación de la Palabra de Dios y del Evangelio, de la historia de la Salvación, la predicación de la Iglesia y su doctrina, y la experiencia de vida en comunidad, la liturgia y los sacramentos; y el fruto de todo ello: el cambio de vida moral.

Otros muchos jóvenes, mediante las catequesis del Camino, también encuentran su “familia” de la fe, la comunidad cristiana. Sin haber nacido en familias neocatecumenales, vienen de ambientes más o menos alejados de la Iglesia, de experimentar el naufragio de la familia en la sociedad actual. Son estudiantes o del mundo laboral que ahora han vivido por primera vez o reencontrado a Cristo en su Iglesia. La comunidad suple sus carencias familiares y va curando sus malas experiencias.

Unos y otros, tendrán el gozo de la participación –al menos en alguna ocasión– en la experiencia misionera de la Iglesia (salidas de anuncio del kerigma algunos domingos de Pascua, los envíos de dos en dos los veranos y peregrinaciones y encuentros vocacionales). Todo ello, siempre testimoniado por la abnegada entrega y vida del clero y la de los catequistas laicos, que les han servido maternalmente, les ayudará a poder empezar a considerar la posibilidad de una vocación misionera al presbiterado. Una vez suscitada, esta “familia-comunidad”, animará la vocación, la protegerá y ayudará en los momentos de crisis o dificultad.

¿Qué rasgos llamativos subrayaría de los padres cuando acuden con su hijo al Seminario?

Cuando los padres tienen fe, ven una gran bendición para su hijo, para su familia y para toda la Iglesia, su vocación sacerdotal. Tienen ilusión y, aunque saben que vendrán dificultades y momentos de lucha, lo dejan en manos del Señor.  Conociendo bien a su hijo, sus virtudes y defectos, ponen su esperanza en que el seminario ayudará a su hijo y corregirá lo que sea necesario.

¿Cómo es la oración que dirige a Dios, en su carácter de rector, por los jóvenes seminaristas y por las vocaciones en general?

Sobre todo, asidua, constante, aprovechando todos los momentos de oración comunitaria del día y en la oración personal. Poniendo ante el Señor sus dificultades, problemas, crisis y dudas personalizadamente  y encomendándolos a nuestra Madre la Virgen y a nuestros santos patronos y protectores Santa Gema y San Juan de Ávila.

Respecto a las vocaciones en general, me gusta obedecer al Señor, que nos ha enseñado a pedirle al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Sabiendo que es urgente: “Ved los campos que blanquean ya para la siega” (Jn 4,35), los campos que el Padre prepara con su actuación en la vida de cada hombre”.

“Sin sacerdotes no hay Eucaristía”. Una llamada a toda la Iglesia de Sevilla a rezar con perseverancia, para que Dios envíe obreros a su mies.

Sin sacerdotes no hay Eucaristía, pero tampoco sacramento del perdón ni la fuerza del Espíritu Santo para el momento crítico de la enfermedad y del “combate” final para pasar a la casa del Padre. Nos quedamos con un cuerpo sin cabeza, sin Cristo mismo guiándonos, dándonos una Palabra de discernimiento en los problemas de nuestra vida –que no son pocos–; porque tampoco hay suficientes catequistas de adultos. Nos quedamos sin quien anime el vínculo de comunión y amor eclesial y sin quien presida la caridad con propios y extraños.

Ya sabemos que hay una crisis vocacional generalizada sin precedentes, casi un tercio menos de vocaciones que en el año 2000 en España. ¿Habrá algo más que decir –con brevedad– para concienciarnos todos y urgirnos a rezar con perseverancia para que Dios envíe obreros a su mies?

Sobre el Seminario Redemptoris Mater de Sevilla

Los seminarios Redemptoris Mater son uno de los frutos de la renovación conciliar del Vaticano II. En 1991, la Comisión Intercongregacional creada por Juan Pablo II para hacer frente a la escasez de presbíteros en muchas partes del mundo reconoce que “esta idea del Concilio ha sido aplicada en los seminarios Redemptoris Mater, que preparan presbíteros para la nueva evangelización, según el programa del Camino Neocatecumenal… Esto haría ver una nueva forma de ministerio: el misionero diocesano”.

El Seminario Redemptoris Mater de Sevilla inició el curso en el período 2012-13 con el sacerdote diocesano Ramón González como rector, después de servir siete años en Morón y haber estado 18 como misionero en América.

Actualmente el Seminario del Camino cuenta con diez seminaristas.

Bajo la jurisdicción y obediencia del obispo

Los Seminarios Redemptoris Mater deben su nombre a la encíclica sobre la Madre del Redentor de Juan Pablo II. El año de su publicación, 1987, el Papa pidió un seminario misionero para la diócesis de Roma, y encargó la formación al Camino Neocatecumenal. Son seminarios diocesanos bajo la jurisdicción y obediencia del obispo, quien designa sus formadores y ordena e incardina en la propia diócesis a sus presbíteros. Su peculiaridad es que los candidatos proceden casi en su totalidad de comunidades neocatecumenales y de familias de estas. Durante el período de formación al presbiterado -reciben la misma formación teológica que los otros seminaristas de la diócesis-  continúan el catecumenado post-bautismal. “Así –comenta el rector- redescubren su bautismo, ayudados por la Palabra y los sacramentos, reviven y maduran la fe hasta una estatura adulta y fructífera en el aprendizaje de la oración, la obediencia, el sentido de la cruz, la vida comunitaria, parroquial, diocesana y eclesial en comunión y servicio, etc”.

Los seminaristas continúan la actividad pastoral y evangelizadora de sus comunidades, con uno o más años de experiencia misionera, un año de trabajo pastoral en las parroquias como diáconos y tres, o más, años en la diócesis como presbíteros, antes de que el obispo les envíe en misión. Pero si el obispo tiene necesidad de ellos en su diócesis, puede asignarlos donde quiera, ya que están ordenados sin condición.

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El Cristo crucificado de Zurbarán, de San Juan Bautista (Marchena)

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El Cristo crucificado de Zurbarán, de San Juan Bautista (Marchena)

Marchena, antigua capital del Ducado de Arcos, destacó durante varios siglos por su cultura, su economía y su producción artística. A partir de 1630, el título recayó en Don Rodrigo Ponce de León [IMAGEN 1] y Álvarez de Toledo, esposado con Ana Francisca de Aragón como IV duques de Arcos y IX señores de Marchena. Su gobierno estuvo marcado por concluir los grandes proyectos iniciados en años anteriores, además de realizar nuevas construcciones.

Algunos ejemplos son: la construcción del convento de la Inmaculada Concepción de las clarisas (1632), el convento de los Ángeles Custodios (1651) o el comienzo constructivo de la iglesia de San Agustín (1649-1675). Entre estas empresas se encuentra la serie pictórica para la ornamentación de la sacristía de la iglesia matriz de San Juan Bautista [IMAGEN 2].

Este Cristo Crucificado [IMAGEN 3] es una de las obras más destacadas de la mencionada serie, proveniente del taller zurbaranesco, datada entre 1635 y 1637, momentos más álgidos para el pintor extremeño. Pintura realizada en óleo sobre lienzo con unas dimensiones de 1,81×1,07m. El encargo de estas obras se encuentra en el Tomo IX de las Cuentas de Fábrica de la parroquia por orden de Don Cristóbal Méndez de Porras en 1633. En el Libro de Cuentas de Fábrica, en el Tomo X, en la página 351, aparece el encargo a Zurbarán en 1637, con su realización e instalación en las dependencias parroquiales. Los lienzos que componen la serie son: Cristo Crucificado, Inmaculada Concepción, San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo, San Santiago el Mayor, San Juan Evangelista, San Bartolomé y San Andrés.

Numerosos autores y eruditos han destacado las obras de la Inmaculada, el San Juan y el Crucificado, argumentando la presencia de una mayor calidad en estas. Esto se hace palpable al observar la semejante factura de otros modelos llevados a cabo por el maestro de Fuente de Cantos en su producción, entre ellos destacan los crucificados del Museo de Bellas Artes de Sevilla (1635-40) [IMAGEN 4] o el crucificado del Museo de Bellas Artes de Asturias (1638-40) [IMAGEN 5].

Iconográficamente Zurbarán sigue un mismo modelo utilizado. El pintor estuvo varios años formándose en el taller de Francisco Pacheco, suegro de Velázquez. Allí pudo conocer el modelo de crucificado con cuatro clavos con suppedaneum. Pacheco posiblemente poseyó una copia del grabado del Calvario de Alberto Durero [IMAGEN 6], realizado hacia 1523, en el taller donde Zurbarán y Velázquez lo pudieron aprender.  Actualmente, este grabado se conserva en el Museo Británico de Londres. Esta escena responde al pasaje bíblico de la muerte de Jesucristo en la cruz, recogida en los evangelios: Mateo 27, 45-53; Marcos 15, 33-38; Lucas 23, 44-46 y Juan 19, 30.

“Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: Padre, en tus manos pongo mi espíritu. Y, dicho esto, expiró.”  Lucas 23, 44-46.

El estilo que se observa en este crucificado es el característico del pintor extremeño. Por un lado, el Barroco de Zurbarán se acerca al estilo del italiano Caravaggio y el conocido tenebrismo. Destaca por la iluminación en las composiciones, los fondos oscuros y el aspecto figurativo casi escultórico; es decir, el contraste de las luces y las sombras, junto con el juego de los pliegues de las vestimentas y la contundencia de las líneas provocan que la escena representada destaque creando un impacto visual.

Por otra parte, esto se une al auge de las artes plásticas durante la Contrarreforma y las directrices establecidas en el Concilio de Trento, cuando el arte católico se convirtió en expresiones artísticas más espirituales y cercanas a los fieles. Estos son rasgos propios de Francisco de Zurbarán. Asimismo, es capaz de expresar un realismo de forma sencilla, desechando complejas composiciones teatrales y perspectivas, en parte por su propia limitación al encarar estas problemáticas. Durante la segunda mitad de 1630s se muestra como un artista maduro y consolidado, dejando atrás la frialdad previa, apostando por el protagonismo de la luz. Esto se hace presente en Cristo iluminado por una luz irreal de eclipse lunar, esto destaca el cuerpo inerte clavado en la cruz sobre el fondo oscuro, lo cual provoca que el espectador centre su mirada en la figura del Salvador. Rehuye del dramatismo expresionista para adecuarse al tratamiento místico y espiritual propio de la escuela hispalense.

Finalmente, se debe destacar la participación de esta obra en varias exposiciones en los últimos tiempos. En 1964-1965 por el III centenario de la muerte del pintor en el Palacio del Buen Retiro de Madrid. En 1987-1988 en la exposición internacional sobre Zurbarán llevada a cabo en Nueva York, París y Madrid. En 1998 por el IV centenario del nacimiento del extremeño en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Y en 2014 por el 250 aniversario de la muerte del artista en la propia Marchena.

 

FÉLIX SEVILLANO MALDONADO, colaborador de la Delegación de Patrimonio de la Archidiócesis de Sevilla.

Fotografías: Vanessa Gómez, Guía didáctica “Zurbarán en Marchena”. Ayuntamiento de Marchena y Museo Británico de Londres.

BIBLIOGRAFÍA

AA.VV. (1996): Marchena. Sevilla Rural, La Campiña Monumental. Diputación de Sevilla, Sevilla.

AA.VV. (2015): Zurbarán en Marchena. Guía Didáctica. Ayuntamiento de Marchena, Marchena.

Alcaide Aguilar, José Fernando (2003): Marchena Histórica y Monumental. Diputación de Sevilla, Sevilla.

Ravé, Juan Luís/ Lobo García de Vinuesa, Enrique (2006): La Parroquia de San Juan Bautista de Marchena. Sevilla, Codexsa – Maratania.

Valdivieso, Enrique (1987): Historia de la pintura sevillana. Universidad de Sevilla, Sevilla.

Valdivieso, Enrique (1998): Zurbarán IV Centenario. Conserjería de Cultura, Junta de Andalucía, Sevilla.

 

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“Dios nos quiere roqueros pero con raíces profundas en Él”

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El grupo musical Aaira será el que cierre el Gran Encuentro Diocesano de Laicos con un concierto a partir de las cuatro de la tarde

Y que conozco tus anhelos a los monstruos y los miedos que te impiden acercarte más a mí, en las líneas de esta canción se expresa Dios cercano y amigo que cuenta con nosotros y del que recibimos un amor inmenso y para muchos desconocido. Con canciones como estas el grupo musical Aaira, que significa amanecer, viene a revolucionar la música que llega al corazón y lo hacen con un rock urbano que sabe de calle y de carencias, abierto a la reivindicación y a la ternura. Ellos estarán en el colegio Trinidad en el Gran Encuentro Sinodal Diocesano el 26 de marzo. Cantan al amor y a la belleza, es obra de sus cuatro componente, Juan, Carlos, Rocío y Luis

Vuestras letras hablan de una experiencia personal de Dios, tras un retiro espiritual abandonáis un proyecto musical muy fuerte que teníais y decidís hacer música que hable del amor de Dios ¿Cómo fue este proceso?

Fue un proceso muy natural, formamos parte de unos grupos de fe, Grupos Católicos Loyola, desde pequeños y montamos un grupo de música. Empezamos a cosechar cierto éxito pero llegamos a un punto en el que no nos ilusionaba tanto el proyecto como debería. En paralelo en unos ejercicios espirituales compusimos la canción “Como tú me soñaste” y a Carlos se le ocurre y nos anima a montar este proyecto para darle cabida a esta canción. Somos cristianos, sabemos hacer música, tenemos estos dones, vamos a ponerlos al servicio de lo importante.

La reflexión más profunda que hay detrás es que en esos ejercicios reflexionamos sobre qué quiere Dios de nosotros y vimos que nuestro proyecto de vida, con esa vida roqueros clásica de excesos y diversión, no nos encajaba del todo. Nos dimos cuenta que Dios no nos estaba cuestionando sobre qué hacemos sino cómo lo hacemos y supimos que Dios nos quiere roqueros pero con raíces profundas en Él.

Queríais tener una familia y una vida que no fuese incompatible con el artista roquero, trotamundos que va y viene sino que tenía también unos sólidos cimientos familiares y de eso no queríais desprotegeros

Se puede hacer, yo tengo dos hijos y se puede hacer, requiere más trabajo pero es parte de la gracia. Es una afición muy sana que hemos tenido siempre pero poco a poco la hemos ido profesionalizando y se culmina grabando un disco o en encuentros como el del 26 de marzo en Córdoba.

“Despiértame” es una obra musical inspirada en la Encíclica Laudato Sí´, es también una crítica a un modelo de consumo que no satisface y crea esclavitud ¿Cómo es el proceso creativo de estas canciones?

De la lectura de Laudato Sí´ surge un borrador de la canción, veo las cosas que me interpelan y más que una crítica social, que en parte lo es, fundamentalmente es una crítica personal, ¿Por qué muchas veces me descubro indiferente al sufrimiento ajeno? El proceso es muy natural, tenemos la suerte de contar con Luis, Rocío y Carlos que son músicos extraordinarios y con una sensibilidad tremenda. A partir de ahí voy yo con la primera idea y entre todos le damos forma hasta terminar la obra.

Habláis muchas veces del miedo que tenemos a encontrarnos con el Señor y que a veces nos quita la oportunidad del amor. Cuando vencemos al miedo abrimos el corazón, decís en algunas de vuestras canciones, ¿lo decís porque tenéis esa experiencia o porque detectáis ese miedo en la gente joven y no tan joven que os rodea en vuestros conciertos?

El miedo es una cosa que está en el día a día y puede ser fácil detectarlo si reflexionas. La gente que está acostumbrada a reflexionar y pensar cómo hacer las cosas mejor, lo detecta, lo difícil es cómo superarlo y es ahí donde va la reflexión que queremos plantearla y los beneficios que puede traer superar esos miedos. Todos tenemos miedo al sufrimiento, al qué dirán o a la soledad, pero esos miedos son precisamente los que creemos que hay que enfrentar y enfrentándolos tocas a las personas y cambias un poco el día a día de los demás.

Vuestros discos están en treinta plataformas, llegan a muchísima gente ¿A quién queréis llegar?

Lo importante es llegar al mayor número de personas posible, creyentes y no creyentes, tratamos de transmitir un mensaje que creemos que es bueno, independientemente de si eres cristiano o no, nos gusta que llegue a más gente y podamos hacer un descubrimiento a gente que está buscando algo y no sabe el qué, o es inquieta y le gusta la música y le ayuda a crecer espiritualmente. En ese sentido hemos querido ser muy abiertos de mente.

Nos hace especial ilusión cuando alguien que no cree o es de otra religión le llega nuestra música porque traemos un enfoque cristiano, pero cuando ves que a alguien que no cree le llega, la satisfacción es doble.

¿Cuántas anécdotas tenéis de personas que os han dicho que vuestras canciones les han despertado la necesidad de acercarse al hermano, de perdonar o de ir a un confesionario?

Recientemente una amiga que está pasando dudas de fe me escribió para decirme que está “a tope” con Aaira, lo estoy disfrutando y me está ayudando un montón a acercarme un ratito a Dios. Ese es el objetivo. Dios no es exclusivo de los cristianos, la manera que tenemos de relacionarnos con Él como cristianos es desde Jesús y así la narramos, pero no nos gustaría limitarnos solo a la Iglesia sino salir más allá, a todo aquel que quiera escuchar la Palabra.

La canción “Me levantas del suelo” que habla del perdón de Dios, “Si tú supieras” pretende ser una carta de Dios a ti como persona en la que habla de cómo te quiere, de ese amor que no es humano y que cuesta tanto entender y creernos. ¿Hay que hacer una profunda reflexión antes de escribir una canción?            

La música es un lenguaje que todo el mundo entiende, pero si quieres transmitir un mensaje y tocar al otro, tienes que darle una pensada a ese mensaje y saber lo que quieres transmitir. La reflexión nace primero de Juan de un momento natural, es lo que llevas dentro, lo que vives, lo que te pasa, es una buena fuente de inspiración.

Cantáis juntos, creáis música juntos ¿rezáis juntos?

Rezamos juntos porque formamos parte de la misma comunidad, nos hemos conocido antes rezando juntos que siendo músicos. Una vez cada dos semanas nos juntamos y tenemos un rato de compartir nuestra experiencia de fe, siempre llevado a lo personal, que entendemos que es donde actúa Dios.

Un cristiano siempre es un ser alegre, está lleno de amor ¿Sois cristianos que cantáis o cantáis porque sois cristianos?

Somos cristianos y cantamos, hemos tenido muchas experiencias que nos han abierto la mirada a estilos diferentes en cuanto a música. Es muy importante para aportar a las canciones la calidad que se merecen. Y por supuesto somos cristianos, hemos tenido diferentes experiencias cantando y nos gusta ser cristianos y poder reflejarlo cantando. En este mundo el mensaje que das tiene que ser de calidad y la música también. Por tanto los dos aspectos son importantes, ser cristianos para dar el mensaje y músico para darle la calidad que se merece a la parte melódica.

¿Cómo estáis preparando el Gran Encuentro Sinodal que tendrá lugar el 26 de marzo en el colegio Trinidad?

Con mucha ilusión. Llevamos mucho tiempo sin tocar en directo entonces estamos deseando ver qué pasa. Esperamos que la gente nos reciba y le llegue nuestra música, y sobre todo deseando de conocer a la comunidad de Córdoba.

Invitamos a toda esa gente que quiere ver algo nuevo, que siente que le gusta la música, que quiere unir la parte musical y religiosa y conectarse a Dios de una manera más fresca, alegre y movida, estaremos en el escenario dándolo todo.

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Al servicio de una Iglesia en camino

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El domingo 20 de marzo celebramos el Día del Seminario. Una ocasión propicia para que todo el pueblo de Dios dé gracias por las vocaciones sacerdotales y pida al dueño de la mies que siga enviando obreros a sus campos; para reflexionar sobre la importancia del Seminario en la vida de nuestra Archidiócesis. En el contexto del Sínodo universal convocado por el papa Francisco, el lema de este año destaca el gran don que supone peregrinar unidos, tras las huellas de Cristo, buen pastor y sumo y eterno sacerdote: ‘Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino’. El Seminario es el corazón de la diócesis y ha de estar en el corazón de todos los diocesanos.

En cada tiempo y lugar, la Providencia divina actúa conforme a sus designios de misericordia. También en nuestra época Dios sigue actuando y sigue suscitando vocaciones sacerdotales entre nuestros jóvenes. Nuestro Seminario Metropolitano no es solo un lugar físico, sino más un tiempo significativo en la vida de un discípulo del Señor, como un tiempo fuerte de búsqueda y de encuentro con Cristo. Tiempo de formación y discernimiento, y también de búsqueda y descubrimiento del Señor, porque solo desde una experiencia personal de encuentro con Él se puede comprender la vocación, la llamada. El Seminario es un tiempo de preparación para la misión. Una misión que no es iniciativa propia, sino consecuencia de la llamada y del envío del Señor, que es quien elige, quien llama y envía.

Cristo sigue llamando, y la Iglesia y la sociedad necesitan sacerdotes; para predicar la Palabra de Dios, para celebrar los sacramentos, para guiar y servir a la comunidad. Cristo llama para llenar de amor y de sentido la vida, para darle una plenitud más allá de cuanto se pueda imaginar. Es preciso escuchar su voz, dejarlo todo y seguirlo, y vivir como Él vivió, amando a los demás, haciendo el bien. Cuando se responde a la llamada, es Él mismo quien llena el corazón y da la fuerza para desarrollar la vocación sacerdotal sin añoranzas. ¡Cuántos jóvenes conozco generosos de corazón y sedientos de sentido en sus vidas! Cada uno tendrá que seguir su vocación, pero es Cristo el único capaz de saciar su sed de infinito. Por eso es tan importante que reflexionen, que cada uno descubra su camino, y que los llamados al sacerdocio respondan con presteza, porque solo siguiendo la llamada del Maestro alcanzarán la felicidad plena, como Juan y Andrés, que buscaban algo más en sus vidas, y con la indicación de Juan Bautista se encontraron con Jesús para no dejarlo ya jamás.

El Seminario es responsabilidad de todos, también de las familias. Los padres cristianos que aman la Iglesia y valoran su misión evangelizadora en el mundo han de recibir con gozo la gracia de tener un hijo sacerdote. Las comunidades cristianas deben orar por las vocaciones sacerdotales y ayudar a encontrar los futuros pastores que la Iglesia necesita. Los sacerdotes deben vivir y testimoniar el gozo de su consagración y de su ministerio. En este Día del Seminario hemos de mirar al futuro, y hemos de reflexionar, rezar y colaborar generosamente, porque ahí está en buena parte el futuro de nuestra Iglesia diocesana.

En tiempo de secularización y consumismo, de individualismo y liquidez, de falta de sentido, Dios llama más que nunca al sacerdocio, porque hacen falta más que nunca sembradores de la fe, mensajeros de esperanza, constructores de amor y de paz. Por eso, desde mi propia experiencia sacerdotal, me atrevo a decir a los jóvenes que por Cristo y por los demás, vale la pena comprometer la vida al servicio de una Iglesia en camino.

+José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino Día del Seminario 2022

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En torno a la fiesta de san José celebramos el Día del Seminario. Este año, sábado 19 y domingo 20 de marzo, para transmitir a toda la Iglesia la necesidad perentoria de sacerdotes para nuestras comunidades cristianas, para nuestras parroquias, para la Iglesia en nuestro entorno y para la Iglesia universal.

Necesitamos sacerdotes, necesitamos más sacerdotes, necesitamos sacerdotes según el corazón de Cristo, que prolonguen su presencia hoy entre los hombres y ayuden a los fieles cristianos a caminar hacia el Señor. Necesitamos sacerdotes en medio del Pueblo de Dios que celebren la Eucaristía, que administren el perdón de Dios, que acompañen y aconsejen a niños, jóvenes y adultos, que estimulen la caridad cristiana a todos los niveles. El sacerdote es una pieza insustituible en la comunidad cristiana fundada por Jesucristo, en su Iglesia.

Para constituir su Iglesia, Jesús llamó a los Doce, los llamó por su nombre y los hizo sus compañeros de vida y de misión, los capacitó para la evangelización, para que anunciaran en su nombre el evangelio de la salvación, el evangelio de la misericordia y del perdón, el evangelio de la fraternidad universal y del amor fraterno. Y les dio poder para expulsar demonios. Así lo presenta el Evangelio Mc 3, 13-15 y así continúa siendo en el día de hoy. No podemos pensar, por tanto, en una Iglesia sin sacerdotes. Y allí donde la Iglesia no tiene suficientes sacerdotes, la vida cristiana languidece.

Porque no podemos pensar en una Iglesia sin Eucaristía, una Iglesia sin el perdón sacramental de Dios a los hombres, una Iglesia en la que no se predique el Evangelio. Y en esa Iglesia, la que Cristo ha fundado, el sacerdote es una pieza fundamental. No se trata de ningún clericalismo, que podría haberlo y hemos de luchar contra el mismo. Se trata de la esencia de la Iglesia, que sin sacerdotes no sería la Iglesia de Cristo, nuestro Señor.

Este año, el lema para el Día del Seminario reza: “Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino” refiriéndose al camino sinodal en el que estamos sumergidos como Iglesia diocesana y universal. En ese caminar juntos al encuentro del Señor y de los hermanos, no podemos hacerlo en solitario. Hemos de ir juntos, en grupo, en comunidad, en parroquia, en Iglesia. Y en esa Iglesia en camino todos tenemos nuestro lugar, nuestra vocación y nuestra misión. El sacerdote debe reconocer y alentar la vocación y la misión de todos y cada uno de los demás miembros del Pueblo de Dios, como el padre de familia alienta la vida de todos los miembros de la familia. Y todos los miembros del Pueblo de Dios han de reconocer que, sin sacerdote, no tienen Eucaristía ni perdón sacramental. Y no vamos a cambiar ahora la constitución de la Iglesia, como pretenden hoy algunos. Esta no sería la Iglesia de Cristo el Señor.

Si el sacerdote está al servicio de una Iglesia en camino, es momento de que todos los caminantes reconozcan esta compañía, este acompañamiento de Jesús en nuestro caminar. Él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el Pan. Él prolonga su presencia y su acompañamiento entre nosotros por medio del sacerdote especialmente, al que constituye su ministro por el sacramento del Orden.

La Campaña del Día del Seminario viene a recordarnos a todos que en nuestra diócesis de Córdoba tenemos hoy un total de 60 seminaristas en el Seminario San Pelagio, Mayor (33) y Menor (12), y en el Redemptoris Mater del Camino Neocatecumenal (15). Ellos necesitan nuestro apoyo, nuestra oración, nuestra limosna, nuestro reconocimiento. Este año para junio podré ordenar 5 nuevos presbíteros para nuestra diócesis, y le damos gracias a Dios por esta cosecha siempre grata. Pero necesitamos más sacerdotes, y por eso pedimos al Dueño de la mies que mande más obreros a su mies.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

«Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino» Día del Seminario 2022

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Queridos hermanos, sacerdotes, consagrados y fieles laicos,

En la solemnidad de San José, celebramos el Día del Seminario. El esposo de María es el Patriarca de la Iglesia universal, modelo de los padres de familia, patrono de la buena muerte y protector de las vocaciones al sacerdocio ministerial. En sus manos se formó el Sumo Sacerdote de la nueva Alianza, Jesús. Y en sus manos la Iglesia pone a quienes, habiendo recibido una vocación y misión parecida a la de San José, prolongan en la historia la presencia viva de Cristo Redentor en favor de todos los hombres, los sacerdotes.

La campaña de este año viene enmarcada en el contexto del Sínodo universal que vive toda la Iglesia y de ahí su lema, “Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino”, que destaca el gran don de peregrinar unidos en Cristo, Buen Pastor, Sumo y Eterno Sacerdote. La vida sacerdotal es una necesidad propia de un pueblo que se siente peregrino y quiere guías que le ayuden a encontrarse con el Misterio de la vida. Este Año Santo Compostelano y aún en pandemia, nos anima a ponernos en camino, a salir de nuestras zonas de confort y a colocar nuestra vida en «modo sínodo», es decir, trabajar para que sintamos la fuerza de la comunidad que busca colocar en el centro de su vida a Cristo Resucitado. Es un camino que no hacemos en solitario. Recordando el episodio de los discípulos de Emaús (Cfr. Lucas 24, 13-31), vemos que es un camino que nos pone en la misma ruta de otros hermanos, es decir, caminamos con Él y a la vez con aquellos que se sienten llamados a una misma misión. El Seminario, como aquella experiencia que vivieron los de Emaús, es un tiempo significativo para la vida de un discípulo, tiempo fuerte de búsqueda y de encuentro con Cristo, camino que no lo elegimos, sino que lo aceptamos, es un don, un regalo del Espíritu. Es un tiempo de formación y discernimiento, de hacerse preguntas y descubrir en el Señor sus respuestas, como los de Emaús que depositaron sus vivencias, miedos, dudas, inquietudes en las manos del Espíritu del Resucitado que había querido recorrer el camino junto a ellos. Sólo en el encuentro personal con Él se comprende la llamada y se acepta que la misión no es iniciativa propia, sino consecuencia del envío del Señor, que es quien elige, llama y envía. Como nos dice San Agustín, «Vosotros, si os habéis puesto en camino, es porque antes ya habéis presentido un encuentro y una llamada», «Tú no me hubieras buscado, si yo no te hubiera encontrado».

Todos valoramos la necesidad en nuestra vida de un sacerdote que nos acompañe y nos indique el Camino, la Verdad y la Vida. En nuestras comunidades parroquiales e instituciones diocesanas hemos de poner de manifiesto la solicitud de todos por el Seminario y nuestro trabajo que acompaña la oración por las vocaciones sacerdotales. Pidamos al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus mies. Oremos constantemente por las vocaciones al sacerdocio, por los que han sido llamados para que perseveren y sean fieles, y por los que serán llamados para que respondan con prontitud y generosidad. Necesitamos a Cristo, por eso necesitamos sacerdotes. Como decía San Juan de Ávila, Patrón de los sacerdotes y maestro de santos, «Negocio es de Dios, y tan suyo, que no hay cosa en la tierra en la cual ponga Él sus sacratísimos ojos con tanto cuidado y favor como en la vocación y justificación y guarda de sus escogidos.(…) Todas las cosas crió Dios por causa de los escogidos, y la salud de éstos nos encomendó Él en nuestras manos, para que los llamemos, esforcemos y ayudemos a colocarlos en el cielo» (Carta 1, Obras Completas, IV, pg. 14).El sacerdote es Cristo mismo en medio del rebaño, predicando su Palabra, presidiendo a la comunidad sacramentalmente y guiando hacia los pastos seguros de la vida eterna a todos los cristianos.

En nuestra Diócesis hemos de dar gracias por la respuesta decidida de quienes se están preparando para servir sacerdotalmente y dedicar su vida a acompañar a las comunidades al encuentro del Señor, para el servicio de la Diócesis y la Iglesia universal. El Día del Seminario es ocasión para esta acción de gracias por nuestros seminaristas mayores y por los niños y adolescentes que se preparan en el seminario en familia. En esta jornada, la Iglesia nos propone que los conozcamos y recemos por ellos, por sus formadores y para que no falten nunca jóvenes dispuestos a seguir la llamada al sacerdocio. La Iglesia necesita sacerdotes santos y por eso ha de prepararlos bien. El descenso de la natalidad y la gran secularización de nuestro mundo, hace descender el número de jóvenes que acuden al Seminario para prepararse al sacerdocio, por lo que debemos redoblar constantemente nuestra oración al Señor.

El Día del Seminario es ocasión propicia para dar gracias a todos los bienhechores, que con su oración, acogida, cercanía y apoyo económico hacen posible seguir haciendo camino. Especialmente demos gracias a los sacerdotes que trabajan por dejar un relevo sacerdotal en la Iglesia. De entre las tareas principales de los presbíteros está la promoción de las vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis, dando testimonio personal de la alegría de la vocación recibida, que nos hace felices. La decisión de un seminarista para seguir a Cristo, suele tener el buen espejo de un buen párroco cercano que ha sabido acompañar los deseos profundos de un corazón inquieto. Y junto a los sacerdotes, tenemos el papel imprescindible de las familias cristianas, verdadero semillero de todas las vocaciones cristianas, como nos recuerda el Papa Francisco en este Año de la Familia Amoris Laetitia.

Sea nuestra plegaria incesante para que el Señor nos siga bendiciendo con sanos y santos seminaristas, corazones generosos, que quieran entregar su vida en el ministerio sacerdotal, en su Iglesia. Hacemos nuestra la oración para esta jornada del Día del Seminario: «Te pedimos que envíes sacerdotes/ que caminen hoy junto a aquellos/ que convocas en tu Iglesia;/ que nos fortalezcan y consuelen/ con la unción del Espíritu Santo;/ que nos animen e iluminen/ con la predicación de tu Palabra;/ que nos alimenten y sostengan/ con la celebración de la Eucaristía/ y la entrega de su propia vida.»

Con esta confianza, le pedimos a San José y a Santa María, Madre de las Vocaciones, que, en este Año diocesano del Corazón de Jesús, interceda por cada una de nuestras súplicas.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix

El Seminario San Bartolomé convoca el segundo encuentro de monaguillos del curso

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El Seminario San Bartolomé vuelve a animar a participar, tanto a los monaguillos como a los chicos que tienen una especial relación con los sacramentos en las parroquias de la diócesis, en esta segunda convocatoria. «La pastoral con monaguillos es una tarea necesaria y esencial. Estos chicos, que viven la eucaristía cerca del altar, representan el deseo de cercanía al Señor. ¡Qué testimonio para toda nuestra comunidad el que unos chicos asistan al sacerdote durante la misa!»

Dirigido a niños de entre 7 y 12 años, el encuentro tendrá lugar el sábado 26 de marzo. El objetivo de estas convivencias es ayudar a que los participantes cada vez se sientan más cerca del Señor y vayan descubriendo que Él tiene para cada uno de ellos un proyecto sobre su vida, una vocación.

El encuentro comenzará en el propio Seminario a las 10.30 horas, finalizando a las 17.30 horas con la celebración de la Eucaristía en la Iglesia de Santiago de Cádiz, a la que podrán asistir los padres o tutores de los niños. Todos los participantes deben llevar su bocadillo, el alba o la sotana para ayudar en la misa y la autorización paterna firmada. Además, se tomará la temperatura a todos los participantes antes de comenzar y el uso de mascarillas será obligatorio.

Para más información pueden ponerse en contacto con el Seminario San Bartolomé (c/ Compañía 19, Cádiz, 11005), teléfono 956 282 311.

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Dos sacerdotes de Córdoba llevarán a San Juan de Ávila a Los Ángeles

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Esta diócesis de California celebrará durante una semana una misión en torno al Santo Maestro

Los sacerdotes de la diócesis de Córdoba Carlos Jesús Gallardo y Guillermo Padilla viajarán del 19 al 26 de marzo a Los Ángeles, California, para llevar a los sacerdotes, seminaristas y fieles las enseñanzas de San Juan de Ávila y promover la veneración al Maestro.

Desde que el Padre Gustavo Castillo, de la diócesis de Los Ángeles (California), visitara Córdoba varias veces para asistir al Congreso de San Juan de Ávila, surgió la idea de que en su diócesis se dieran a conocer las enseñanzas del Santo Maestro, por lo que ha organizado una semana de misión en torno a San Juan de Ávila.

Durante estos días, Carlos y Guillermo llevarán las reliquias del corazón de San Juan de Ávila por diversas parroquias y a los seminaristas. Además, ofrecerán una conferencia en el Seminario de Los Ángeles para hablar de la influencia del Santo en la formación sacerdotal y en América. Asimismo, habrá encuentros de veneración de las reliquias, momentos de oración y de celebración eucarística.

“La idea es dar a conocer al Santo en esa diócesis, promover su veneración y dar a conocer tanto su figura de santidad como sus escritos”, aseguran los sacerdotes cordobeses quienes esperan que San Juan de Ávila sea más conocido, que se lean sus escritos y fomenten una renovación espiritual del clero.

Itinerario para la semana

El sábado será la llegada a Los Ángeles de los sacerdotes Carlos y Guillermo. El domingo, la reliquia del Santo será expuesta en la parroquia San Jose en Hawthorne y tras la misa, los presbíteros de la diócesis de Córdoba hablarán sobre los cuatro doctores de la Iglesia de España.

El lunes, habrá una visita a la catedral de Los Angeles y el martes la celebración de la misa y una conferencia en el Seminario de la ciudad. Al día siguiente, los sacerdotes celebrarán misa con las Hermanas Carmelitas y una conferencia sobre la relación de San Juan de Ávila con Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

El jueves, la misa será retransmitida por televisión en el canal de El Sembrador en Chatsworth y se trasladarán a la parroquia San Juan Eudes para una Hora Santa para sacerdotes y hablar del Maestro. Ya el viernes la jornada será para visitar Los Ángeles antes del regreso a España, que Carlos y Guillermo realizarán el sábado.

Los sacerdotes de la diócesis de Córdoba Carlos Jesús Gallardo y Guillermo Padilla viajarán del 19 al 26 de marzo a Los Ángeles, California, para llevar a los sacerdotes, seminaristas y fieles las enseñanzas de San Juan de Ávila y promover la veneración al Maestro.

Desde que el Padre Gustavo Castillo, de la diócesis de Los Ángeles (California), visitara Córdoba varias veces para asistir al Congreso de San Juan de Ávila, surgió la idea de que en su diócesis se dieran a conocer las enseñanzas del Santo Maestro, por lo que ha organizado una semana de misión en torno a San Juan de Ávila.

Durante estos días, Carlos y Guillermo llevarán las reliquias del corazón de San Juan de Ávila por diversas parroquias y a los seminaristas. Además, ofrecerán una conferencia en el Seminario de Los Ángeles para hablar de la influencia del Santo en la formación sacerdotal y en América. Asimismo, habrá encuentros de veneración de las reliquias, momentos de oración y de celebración eucarística.

“La idea es dar a conocer al Santo en esa diócesis, promover su veneración y dar a conocer tanto su figura de santidad como sus escritos”, aseguran los sacerdotes cordobeses quienes esperan que San Juan de Ávila sea más conocido, que se lean sus escritos y fomenten una renovación espiritual del clero.

Itinerario para la semana

El sábado será la llegada a Los Ángeles de los sacerdotes Carlos y Guillermo. El domingo, la reliquia del Santo será expuesta en la parroquia San Jose en Hawthorne y tras la misa, los presbíteros de la diócesis de Córdoba hablarán sobre los cuatro doctores de la Iglesia de España.

El lunes, habrá una visita a la catedral de Los Angeles y el martes la celebración de la misa y una conferencia en el Seminario de la ciudad. Al día siguiente, los sacerdotes celebrarán misa con las Hermanas Carmelitas y una conferencia sobre la relación de San Juan de Ávila con Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

El jueves, la misa será retransmitida por televisión en el canal de El Sembrador en Chatsworth y se trasladarán a la parroquia San Juan Eudes para una Hora Santa para sacerdotes y hablar del Maestro. Ya el viernes la jornada será para visitar Los Ángeles antes del regreso a España, que Carlos y Guillermo realizarán el sábado.

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