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Alrededor de 400 catequistas se reúnen, en su encuentro diocesano, buscando al Señor

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Alrededor de 370 catequistas y acompañantes, llegados desde todos los puntos de la geografía diocesana, se dieron cita, el pasado sábado, 16 de marzo, en la Casa de la Iglesia, para celebrar el encuentro diocesano, en torno al nuevo Catecismo de Adultos «Buscad al Señor».

Tras la acogida por los miembros de la Delegación de Primer Anuncio, Catequesis y Catecumenado, que dirige el sacerdote diocesano, D. Julio Segurado Cobos, los catequistas pasaron al salón de actos para iniciar la jornada con la invocación al Espíritu Santo.

Posteriormente, tomó la palabra nuestro Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, para comenzar agradeciendo al ponente su presencia y felicitando, tanto a la Delegación, como a los catequistas, todo el bien que hacen a nuestra Iglesia. Del mismo modo, quiso animarlos en su tarea evangelizadora y les deseó, a todos, una feliz jornada. “Esta jornada es una buena ocasión para vernos, para encontrarnos, para compartir nuestros retos, para formarnos… Pero, sobre todo, para fortalecernos. Hoy más que nunca se nos pide que estemos unidos, unidos en Cristo, pero unidos, también como una gran familia. Que disfrutemos, todos juntos de este día y dejemos que el Espíritu Santo nos regale toda la sabiduría y todos los frutos que él esté dispuesto a ofrecernos, que estoy seguro de que serán abundantes”.

Más tarde, el Delegado de Catequesis, D. Julio Segurado, fue el encargado de presentar al ponente, D. Francisco Julián Romero Galván, director de la comisión para la evangelización, catequesis y catecumenado de la CEE.

En su conferencia “Presentación del nuevo Catecismo de Adultos «Buscad al Señor»”, D. Francisco Julián explicó que estamos viviendo nuevos tiempos. “Estamos en una cultura y una sociedad secularizada ha desaparecido el régimen de cristiandad se ha roto, la cadena de la transmisión de la fe y las comunidades están envejecidas y muchas veces cansadas. Por eso si estamos llamados a una renovación pastoral, que comienza por una conversión personal”. Además, subrayó que ante estos nuevos tiempos debemos redescubrir el mandato misionero de Jesús, debemos tomar conciencia de que la Iglesia existe para evangelizar; construir comunidades en salida misionera: discípulos misioneros; renovar nuestras comunidades; y debemos de ser evangelizadores con espíritu y con una sólida vida espiritual. “Nosotros como catequistas debe ser fundamentalmente personas con una sólida vida espiritual. Si nosotros no vivimos esa experiencia de fe como algo gozoso, no podemos dar lo que no tenemos. El catequista de hoy está llamado, especialmente, a ser una persona espiritual, de oración, de lectura de la palabra de Dios, de la celebración de los Sacramentos, que la Eucaristía sea el centro de su viada…”.

Romero Galván explicó que el nuevo Catecismo de adultos «Buscad al Señor» para el catecumenado de adultos y la revitalización de la vida cristiana, recoge la fe de la Iglesia. Consta de cuarenta y nueve temas, divididos en cuatro partes, siguiendo el proceso catecumenal que no señala el ritual de la iniciación cristiana de adultos (RICA). Cada parte finaliza con un rito, el cual abre a la gracia de Dios para vivir la siguiente etapa. Las etapas son cuatro: precatecumenado, catecumenado, purificación e iluminación, y, por último, mistagogia.

Tras un pequeño descanso, la jornada continuaba con una pequeña dinámica sobre las etapas del catecumenado. Y tres charlas TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) sobre temas de actualidad:

  • TED sobre el ministerio instituido de catequista, a cargo de Luis María Salazar García, subdelegado de catequesis.
  • TED sobre el congreso de laicos, a cargo de Antonio José Campos Martínez, delegado episcopal de apostolado seglar.
  • TED sobre el Jubileo 2025, a cargo Julio Segurado Cobos, delegado de primer anuncio y catequesis.

La mañana culminaba en el Capilla Mayor de la Casa de la Iglesia con la exposición del Santísimo y la vigilia de adoración eucarística presida, también, por Don Sebastián que ante Jesús Eucaristía apuntaba: “Hoy nuestra Diócesis, representada en sus catequistas, en sus acompañantes y en sus pastores, nos postramos ante tu divina presencia con reverencia y gratitud, reconociendo tu inmenso amor que se hace entrega en este admirable sacramento con el que nutres nuestra alma”.

Asimismo, Monseñor Chico Martínez afirmaba que el mensaje de Jesús sigue resonando hoy con la misma fuerza que entonces. “La misión de la Iglesia es repetir a cada hombre y a cada mujer: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (EG 164). Dejemos que este kerigma resuene en nosotros para refrescar la sed de la faz de la tierra”. Y en este sentido, el Obispo añadió: “Gritemos a nuestros niños, jóvenes y adultos: «¡buscad al Señor!», como reza el título del nuevo catecismo de adultos, sobre el que esta mañana hemos disertado. Pero solo conseguiremos hacerlo de modo eficaz si el mensaje de que “Cristo vive por mí y para mí” resuena con nitidez, no a través de nuestras palabras, sino con el ejemplo y el testimonio de nuestras buenas obras y de una vida apasionada por Cristo, en lucha constante contra el pecado”.

Y concluía: “Señor, haz de esta Iglesia de Jaén que peregrina ente olivares, de sus catequistas y acompañantes, una auténtica Iglesia en salida empeñada en un anuncio misionero que lleve a todos el agua fresca de tu amor por los hombres”.

Finalmente, la vigilia culminaba con la bendición con el Santísimo Sacramento. Posteriormente, los catequistas pudieron compartir una comida fraterna.

Galería fotográfica: “Encuentro de Catequistas”

Fotos Delegación de Catequesis

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Homilía en la concesión de la medalla de oro de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa

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CONCESIÓN DE LA MEDALLA DE ORO DE LA AGRUPACIÓN DE COFRADÍAS DE SEMANA SANTA A D. PABLO ATENCIA ROBLEDO, ANTERIOR PRESIDENTE DE LA AGRUPACIÓN

(Iglesia San Julián-Málaga, 20 enero 2024)

Lecturas: 2 Sam 1, 1-4.11-12.19.23-27; Sal 79, 2-7; Mc 3, 20-21.

1.- La concesión de la Medalla de Oro de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga a D. Pablo Atencia Robledo, su anterior Presidente, es ocasión propicia para dar gracias a Dios por el regalo que ha supuesto para el mundo cofrade malagueño la persona y el quehacer de nuestro hermano.

Varias son las facetas que se podrían comentar como homenaje a Pablo: su fe cristiana, su “iter” como cofrade, que inicia desde su bautismo; sus responsabilidades asumidas en el seno de la Cofradía de Estudiantes o vinculadas a otras cofradías; y, finalmente, su responsabilidad al frente de la Agrupación; cabría hablar también de Pablo “abogado” o de Pablo como posible político (Risas). Pero de ello no me toca hablar ahora; lo harán otros en su momento.

Hoy también es momento para reflexionar sobre la misión del cofrade en la Iglesia y en la sociedad. Vamos a centrar nuestra exposición en tres puntos: celebrar, evangelizar y vivir la fraternidad.

I.- Celebrar el misterio pascual

2.- La principal misión de los cofrades es celebrar el misterio pascual de Jesús de Nazaret; representado en los momentos de su Pasión, propios de la Semana Santa. La Pascua del Señor es la fiesta litúrgica más importante de la fe cristiana, centro y culmen del año litúrgico.

Cuando voy por las parroquias o los colegios, al preguntar a los niños cuál es la fiesta cristiana más importante, suelen responder que es la Navidad. Les respondo que es la Pascua. La Navidad mira a la Pascua; Jesús nace para salvarnos; y si no hubiera habido resurrección no habría salvación. La Pascua es el “paso” de la muerte a la vida.

La figura central es Jesucristo, el Hijo de Dios, que se ofrece libremente a su Padre por la salvación de todos los hombres, aceptando la pasión y el sacrificio cruento de su vida. Los evangelios son el testimonio más claro e histórico de los hechos que van desde el Domingo de Ramos hasta el día de Pascua de Resurrección, que es lo que celebráis los cofrades.

Recordemos, pues, queridos fieles, que ésta es la finalidad primordial de la Semana Santa.

3.- Junto al protagonista, Jesucristo, aparecen en nuestra Semana Santa otros personajes secundarios históricos, que la piedad cofradiera ha popularizado: los apóstoles, María la Madre del Señor y otras mujeres, el rey Herodes, el sumo sacerdote, el procurador Romano Pilato, la soldadesca, los seguidores y discípulos del Señor, la plebe y otros personajes. También hay algún personaje inventado por la imaginería religiosa.

Los pasos de nuestra Semana Santa ofrecen a la piedad popular toda esa riqueza de rostros, personajes, actitudes y situaciones. Todos ellos participan activamente en el relato de la pasión de Jesús. Nosotros, a ejemplo suyo, debemos participar también de modo activo, puesto que no somos meros espectadores.

Os invito para la Semana Santa a que asumáis algún personaje, que puede ser distinto cada día: cómo vive la Virgen María la pasión del Señor, cómo la vive Pedro, Pilato, los apóstoles; y, naturalmente, cómo la vive Jesús. Esa riqueza artística debe ayudarnos a vivir mejor la Semana Santa y a celebrar el Misterio pascual.

Nadie puede encontrarse con Jesús y quedar indiferente. En los evangelios vemos que cualquier personaje que se encuentra con Jesús cambia de vida. Porque Cristo es el centro de historia, fundamento y piedra angular, como dice san Pablo: «Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (Ef 2, 20). Nadie puede construir fuera de ese fundamento.

Como fundamento de nuestra fe debemos celebrar el Misterio Pascual o la Pascua del Señor.

II.- Evangelizar

4.- Una segunda tarea que asumís los cofrades es evangelizar, a través de su testimonio personal y comunitario mediante la piedad popular.

Jesucristo es el primer evangelizador, enviado por el Padre. Evangelizar significa anunciar la Buena Nueva. Jesús marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios y decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). La gran tarea del cofrade es anunciar la Buena Nueva de la salvación.

Evangelizar significa que Dios habla; nos ha hablado a través de los profetas y, en la etapa final, a través de Jesucristo, que es el Verbo o Palabra definitiva de Dios (cf. Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 4); ya no hay más revelación, porque ha dicho todo lo que tenía que decir para nuestra salvación.

Evangelizar significa que Dios tiene poder, da alegría, abre las rejas de la esclavitud; su luz ofrece al pueblo exiliado la posibilidad de regresar a casa; su alianza renueva la historia de su amor al hombre. La acción evangelizadora divina comprende tres palabras: justicia (dikaiosyne), paz (eirene) y salvación (soteria) (cf. Benedicto XVI, Meditación durante la primera Congregación general de la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, Vaticano, 8.10.2012).

Jesús retomó en la sinagoga de Nazaret las palabras de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4, 18-19). La buena nueva de este «Evangelio» va destinada precisamente a los excluidos, a los exiliados, a los encarcelados, a los que sufren y a los pobres.

Esa es la Buena noticia que tenéis que proclamar en nuestra sociedad; porque sigue habiendo esclavizados, que no son conscientes de ello, pero son esclavos de sus propios deseos, de las modas, de las ideologías.

5.- Queridos cofrades, vosotros sois los discípulos evangelizadores en nuestro mundo actual, que debéis ofrecer al hombre de hoy la salvación de Dios y la felicidad que el ser humano busca; porque mucha gente persigue la felicidad, pero le resulta difícil encontrarla porque la busca donde no está. Todos vamos buscando la felicidad, pero no todos aciertan a encontrarla; porque está en Jesucristo que es quien nos salva y da sentido a nuestra vida. Hemos de distinguir entre “felicidad” y “placer”; éste último se encuentra en muchos sitios, pero la felicidad profunda y auténtica a la que está llamado el ser humano, solo se encuentra en Cristo. De esto debéis ser testigos.

La Iglesia lleva a cabo su misión en el mundo obedeciendo el mandato del Señor: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28, 19-20). La Iglesia está convocada por Dios para ser enviada a la humanidad. La palabra griega “ekklesia” y la palaba hebrea “kahal” tienen el mismo sentido de “convocación”; hemos sido convocados, llamados por el Señor. La evangelización es la vocación propia de la Iglesia; ser Iglesia es ser misión, es decir, evangelizar. Vuestra tarea es evangelizar nuestro mundo, que falta le hace.

Cada cristiano debe ser oyente de la Palabra de Dios, meditarla en su corazón, cumplirla en su vida y anunciarla (cf. Lc 11, 28). El cristiano y, por tanto, el cofrade, debe ser misionero y apóstol. Tomamos el relevo y pasamos el testigo al transmitir la fe; somos como eslabones de una cadena, dentro de la cual somos evangelizados y evangelizadores.

Y no os preocupéis de hacer el ridículo; a Jesús lo tomaron por “loco”, como hemos escuchado en el evangelio; su familia fue a llevárselo, porque decían que estaba fuera de sí (cf. Mc 3, 21). A nosotros aún nos ha dicho nadie que estamos locos por evangelizar o por ser testigos de la fe. Hasta llegar ahí, a todos nos queda un buen trecho.

III.- Vivir la fraternidad

6.- El tercer punto de nuestra reflexión es la necesidad de vivir la fraternidad. Las dos primeras reflexiones sobre celebrar el Misterio pascual y evangelizar son propias de todo cristiano; ésta última es específica del cofrade.

Hermandad o Cofradía significa vivir la comunión entre hermanos, cuyo fundamento es Jesucristo. Los amigos se eligen, pero los hermanos se nos regalan. No hemos elegido a nuestros hermanos, ni a los de sangre, ni a los de cofradía, ni a los de la parroquia, ni a los de la comunidad cristiana. No os habéis elegido como cofrades, sino que sois un regalo para el otro hermano. Ser hermano es mucho más que ser amigo.

La unidad de la comunidad eclesial no es de orden sociológico, ni psicológico, ni cultural. Los lazos que la estrechan proceden del amor de Dios, «derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5, 4) en el Bautismo, que nos ha hecho hijos del Padre, convirtiéndonos a su vez en hermanos. Vuestras relaciones cofrades son, ante todo, de fraternidad; ni siquiera de amistad o familiaridad. Es bueno distinguir esta diferencia.

La unión con Jesucristo fomenta la unión con quienes encontramos en el camino de la vida y, de modo particular, con quienes estamos unidos por vínculos de la comunidad cofrade. Para ser verdaderamente hermanos o cofrades es necesario estar unidos en el Señor, quien nos dejó el distintivo del amor: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

Desde esta perspectiva están fuera de lugar en toda cofradía: las batallas internas por el poder, las rencillas, las denuncias y las tensiones inútiles que no llevan a ninguna. Os lo he dicho otras veces y lo repito hoy con cariño: me daríais una gran alegría, si el Obispo de Málaga no tuviera que intervenir nunca para pacificar tensiones internas de las cofradías. Veo que estáis muy serios; no nos pongamos tan serios (Risas).

7.- Aunque parezca que la Iglesia y la vida cofradiera vayan a menguar, como dicen los detractores de la Iglesia y del mundo cofrade: esto va a pique, la Iglesia se hunde, vienen la debacle; hay indicadores que apuntan a un nuevo resurgimiento. Como sucede en toda época de crisis, los implicados asumen mejor sus compromisos.

En época de persecuciones religiosas incluso los fieles que parecen más miedosos, son animados por el Espíritu y son capaces de dar la propia vida con alegría. Vivimos un cambio de época, que es difícil, pero precisamente por eso el Espíritu nos da su fuerza para cumplir nuestra misión en este momento y en esta sociedad, que espera una palabra y un ejemplo vuestro. Esto nos anima a avivar nuestra responsabilidad y nuestro compromiso cristiano y cofrade.

8.- Hemos dado gracias a Dios y ahora deseo agradecer vuestra misión, entrega y generosidad como cofrades. La presencia de las cofradías en nuestra querida Málaga la enriquecen; dejando aparte los criterios socio-políticos, consideramos que la presencia de los cristianos y, por tanto, de los cofrades, da mayor calidad a nuestra ciudad.

Muchas gracias por lo que sois y por lo que ofrecéis de manera desinteresada, aportando la Luz de Cristo a esta sociedad que necesita un sentido a su vida.

Recordemos nuestras tres tareas: Celebrar el misterio pascual; evangelizar y vivir la fraternidad. Para ello contamos con la presencia y la ayuda del Señor, que nos ha dicho: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20). ¿Qué miedo podemos tener, si Él está con nosotros?

Y contamos con la protección maternal de la Santísima Virgen María, bajo las distintas advocaciones marianas de nuestras cofradías y devociones, siendo la Reina de los Cielos la titular de la Agrupación. A ella nos encomendamos y le pedimos que nos lleve de mano en este tiempo que nos toca vivir. Amén.

Homilía en la clausura del centenario del nacimiento de Fernando Rielo, fundador de las Misioneras Identes

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CLAUSURA DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE FERNANDO RIELO, FUNDADOR DE LAS MISIONERAS IDENTES

(Catedral-Málaga, 14 enero 2024)

Lecturas: 1 Sam 3, 3-10.19; Sal 39, 2-10; 1 Co 6, 13-15.17-20; Jn 1, 35-42. (Domingo Ordinario II-B)

1.- Actitud de escucha de Samuel

Hemos escuchado el relato de la vocación de Samuel, que vivía en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios (cf. 1 Sam 3, 3). La palabra “Samuel” significa “el que escucha a Dios”.

El Señor llamó al joven Samuel, pero éste aun no conocía la voz de Dios y pensó que le llamaba el sacerdote Elí: «Corrió adonde estaba Elí y dijo: Aquí estoy, porque me has llamado. Respondió: No te he llamado. Vuelve a acostarte. Fue y se acostó» (1 Sam 3, 5).

Cuando el anciano sacerdote de Silo comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, le dijo que, si volvía a ser llamado, respondiera: «Habla Señor, que tu siervo escucha» (1 Sam 3, 9).

El Señor volvió a llamar a Samuel como las veces anteriores éste respondió: «Habla, que tu siervo escucha» (1 Sam 3, 10).

2.- Nuestra escucha

Al igual que Samuel hemos de estar atentos a la voz del Señor, que nos habla de muchos modos: a través de su Sagrada Escritura, de las personas, de los acontecimientos, de ciertos signos providenciales. Hemos de responder como Samuel: «Aquí estoy» (1 Sam 3, 4).

Hemos comenzado un nuevo tiempo litúrgico, llamado “Tiempo ordinario”. La liturgia de la Palabra nos invita a situarnos ante la llamada del Señor, para seguirle, para tomar una opción de vida, para afianzar nuestra identidad cristiana, para abrirse a las sugerencias del Espíritu, que constantemente habla al corazón.

La respuesta que el sacerdote Elí aconsejó a Samuel fue que dijera a Dios “Aquí estoy”. También nosotros decimos hoy al Señor con el salmo interleccional: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. El mismo Jesús vino al mundo para hacer la voluntad de su Padre: «He aquí que vengo (…) para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad» (Heb 10, 5.7). Jesús oraba cada día a su Padre para descubrir su voluntad y realizarla.

En recompensa por su actitud obediente, Samuel creció y «el Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras» (1 Sam 3, 19).

También Jesucristo, el Hijo de Dios, que obedeció en todo al Padre, resucitó de entre los muertos.

3.- Llamamiento de los discípulos

El evangelio narra la llamada de los primeros discípulos de Jesús. Juan el Bautista les señala al «Cordero de Dios» (Jn 1, 36); y «los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús» (Jn 1, 37).

«Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: ¿Qué buscáis?» (Jn 1, 38). Jesús hace esa pregunta porque los ve hambrientos de felicidad, de sentido de su vida, de orientación, de armonía interior, de un proyecto de vida.

Cristo hace la pregunta “¿a quién buscáis?”, porque quiere averiguar la recta intención de sus primeros seguidores. Durante su vida pública Jesús hizo tres veces la misma pregunta: la primera vez fue a los discípulos, al inicio de su ministerio apostólico; la segunda fue en el huerto de Getsemaní (cf. Jn 18, 4-5); y la tercera, después de su resurrección, a María Magdalena en la mañana de Pascua (cf. Jn 20, 15-16).

Hoy el Señor nos lo pregunta a cada uno de nosotros; y podemos escucharla en momentos de oración, de silencio, de desierto del alma, de ejercicios espirituales, de retiros, de adoración eucarística; también de fracasos aparentes, de éxitos, de enfermedad. A su pregunta, ¿qué respondemos?

Cuando Jesús nos hace esa pregunta es porque nos ve hambrientos de felicidad, de sentido de vida, de orientación, de armonía interior. Algunos buscan la armonía interior en ejercicios físicos y mentales, pero la verdadera armonía interior se encuentra en el encuentro personal con el Señor. Los cristianos, si queremos paz interior, la obtenemos al encontrarnos con el Señor. Él nos hace esa pregunta porque nos ama, y porque la iniciativa parte siempre de Él y que espera una respuesta libre, consciente, amorosa y sincera.

4.- Clausura del Centenario del nacimiento de Fernando Rielo

Hoy damos gracias a Dios por la clausura del Centenario del nacimiento de Fernando Rielo Pardal, fundador de los Misioneros y Misioneras Identes.

Nacido en Madrid en 1923 en una familia religiosa, donde vivió la fe católica, tuvo en su juventud una experiencia espiritual que le marcó en su vida y donde sintió la llamada a ser santo. Al igual que Samuel escuchó la llamada del Señor y prometió vivir y transmitir el Evangelio con la ofrenda de la propia vida, ingresando en la congregación del Santísimo Redentor.

Fundó en 1959 la institución “Id de Cristo Redentor de Misioneras y Misioneros Identes”, reconocida en la diócesis de Madrid en 1994, como Asociación Pública de Fieles y que pasaría a ser “Instituto de vida consagrada” de derecho pontificio en el año 2009.

El carisma “Idente” tiene como objetivo vivir la filiación divina, siguiendo a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, fundamentándose en tres principios evangélicos: 1) la vocación a la santidad (cf. Mt 5, 48); 2) la promoción de la vida comunitaria y el espíritu de familia (cf. Mt 18, 20); 3) y la dedicación prioritaria a la misión evangelizadora de ir por todo el mundo para proclamar la buena nueva (cf. Mc 16, 15).

La vida de Fernando Rielo y la Institución “Idente” se centra en la tarea de ser “discípulos misioneros” a la que nos ha llamado el papa Francisco (cf. Evangelii gaudium, 120). La institución “Idente” lleva a cabo su misión sobre todo en el campo cultural y literario, promoviendo cursos de literatura y concursos literarios.

Damos gracias a Dios por este carisma eclesial y pedimos al Señor que mantenga en la fidelidad a sus miembros, para llevar a cabo la misión que les ha confiado.

Hoy celebra la Iglesia la Jornada de la Infancia Misionera, cuyo lema es: “Comparto lo que soy”. Rezamos por todos los niños y jóvenes cristianos, para que sean verdaderos discípulos misioneros, que anuncien la Buena Nueva de Jesús.

Que el Señor nos conceda escuchar si voz y llevarla a la práctica.

Pedimos a la Santísima Virgen María que nos proteja y nos acompañe en la tarea de la evangelización, tan importante y urgente en nuestros días. Amén.

Homilía en la ordenación de un presbítero

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ORDENACIÓN DE PRESBÍTERO

(Catedral-Málaga, 13 enero 2024)

Lecturas: 1 Sam 9, 1-4.17-19; 10, 1; Sal 20, 2-7; Mc 2, 13-17.

1.- Las lecturas de hoy nos presentan dos términos, sobre los que vamos a reflexionar, que corresponden a dos acciones de Dios: la llamada y la unción. Dios llama para servirle y después la Iglesia unge al candidato.

El profeta Samuel, inspirado por Dios, fue a la familia de Benjamín para ungir rey de Israel a Saúl (cf. 1 Sam 9, 17): «Tomó entonces Samuel el frasco del óleo, lo derramó sobre su cabeza y le besó, diciendo: El Señor te unge como jefe sobre su heredad» (1 Sam 10, 1).

La elección es de Dios, que llama al elegido; y éste debe responder con obediencia y generosidad. Así sucede también hoy para la ordenación sacerdotal. Dios llama a quien ha elegido, para enviarlo a realizar la misión que le confía; el sacerdocio ministerial no se lo puede arrogar nadie, ni siquiera con buenas intenciones de hacer el bien.

Querido Daniel, el Señor te ha elegido para desempeñar el ministerio sacerdotal y hoy la Iglesia te confirma esa llamada y te unge para conferirte el sacerdocio.

2.- Recientemente has dicho en los medios de comunicación que el Señor siempre te ha ido llamando desde tu infancia, para conocerle, amarle y seguirle. Comenzaste por el ejemplo de tu abuela, pasando por la catequesis y la vida parroquial en San Juan en Vélez-Málaga, donde descubriste la verdadera imagen de la Iglesia y la figura del sacerdote en la persona de tu párroco.

Posteriormente, otras personas y circunstancias te han ayudado a descubrir que el Señor te llamaba al ministerio sacerdotal. No has sido tú quien le has dicho al Señor que te llamara, ni le has dicho “aquí estoy” antes de que te llamara como a Samuel.

Ahora serás ungido con el crisma, quedando consagrado sacerdote para siempre. Damos gracias a Dios por el regalo de un nuevo sacerdote; y agradecemos tu respuesta al Señor.

3.- Cuando el llamado responde con prontitud y generosidad a la elección divina y realiza la misión encomendada, entonces su trabajo es fecundo y tiene éxito, como dice el Salmo: «Te adelantaste a bendecirlo con el éxito» (Sal 20, 4).

El Señor realiza maravillas a través del ministerio sacerdotal de sus elegidos; estas obras son de Dios y no éxitos del sacerdote; la fuerza y los resultados fecundos provienen de Dios: «Señor, el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria!» (Sal 20, 2). El Señor concede a su siervo bendiciones incesantes y lo colma de gozo (cf. Sal 20, 7). ¡Ojalá te llene de gozo el ejercicio del ministerio sacerdotal!

Queridos sacerdotes, no nos gloriemos de nuestro trabajo pastoral ni de los logros que pueda traer. Todo depende de Dios y de su magnificencia. Somos pobres siervos suyos, que hacemos lo que nos pide (cf. Lc 17, 10); aunque no siempre.

4.- El evangelio de hoy narra la vocación de Leví, el cobrador de impuestos de los romanos: «Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió» (Mc 2, 14).

Leví le sigue sin titubeos y con prontitud e invita al Maestro a comer a su casa, donde había también muchos publicanos y pecadores (cf. Mc 2, 15) como él. Ante la crítica por parte de los fariseos (cf. Mc 2, 16), que se creían los más buenos, sabios e intérpretes de la Ley, Jesús responde: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mc 2, 17).

Leví se siente un pecador perdonado por Jesús y se alegra de la gracia recibida; el pecador Leví se convierte en el apóstol Mateo, porque el encuentro con Jesús cambia la vida. Esto mismo debe suceder con nosotros; los encuentros con Jesús deben transformarnos en mejores hijos de Dios.

También los sacerdotes somos pecadores perdonados por el Señor; no somos ángeles. A veces arrecian las críticas contra la Iglesia a causa del pecado de los sacerdotes; pero hemos de dar gracias a Jesucristo, que ha venido a sanar a los pecadores, porque todos estamos necesitados de la gracia de Dios.

5.- El papa Benedicto XVI propuso un Año Jubilar con motivo del 150 Aniversario de la muerte del Cura de Ars (2009), san Juan Bautista María Vianney, a quien comparaba con san Pablo; aunque los dos santos se diferenciaban mucho por sus trayectorias de vida. San Pablo recorrió las regiones de Asia menor, Grecia y Roma para anunciar el Evangelio, siendo el gran evangelizador de los gentiles; el Cura de Ars, acogió a miles de fieles de toda Francia permaneciendo siempre en su pequeña parroquia.

El ministerio del sacerdote no depende de que la parroquia sea grande o pequeña; de que esté en una gran ciudad o en un ambiente rural. El Señor nos llama para evangelizar y para santificar a los fieles y santificarnos nosotros; sean pocos o muchos, ricos o pobres, bien formados o ignorantes, cercanos o alejados de la Iglesia. El Cura de Ars y san Pablo nos enseñan una gran lección de cómo ejercer el ministerio sacerdotal.

A san Pablo y al Cura de Ars les unía lo fundamental: su identificación total con su propio ministerio y su comunión con Cristo, como decía san Pablo: «Estoy crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 19-20). San Juan María Vianney solía repetir: «Si tuviésemos fe, veríamos a Dios escondido en el sacerdote como una luz tras el cristal» (Benedicto XVI, Audiencia general, Vaticano, 24.06.2009).

6.- Querido Daniel, últimamente has vivido un período intenso y de ejercicio del diaconado, como hablamos personalmente anteayer, y bien reconoces, dando gracias a Dios por ello. Comenzaste con la aventura en el Sáhara, acompañado del Rector y de otros compañeros; después participaste en la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa; más tarde tuviste la experiencia en las parroquias de Nuestra Señora de los Dolores en el Puerto de la Torre (Málaga) y en Álora, al tiempo que colaborabas como capellán en el colegio Santa Rosa de Lima.

Todas estas experiencias te han ayudado a asumir mejor el ministerio; porque, al final, lo más importante no son las cosas que “hacemos”. Como dice el papa Juan Pablo II: “El principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero en cuanto configurado con Cristo Cabeza y Pastor es la caridad pastoral” (Pastores dabo vobis, 23).

Damos gracias a Dios por este proceso de crecimiento y de maduración en el camino hacia el sacerdocio ministerial. Todo ello te ha ido madurando y preparándote para recibir hoy el orden sacerdotal. Pedimos al Señor que lo ejerzas con dedicación, entrega y gran gozo. Si un cristiano no debe ser “triste”, menos aún un sacerdote. El papa Francisco dice que no debemos poner “cara de vinagre”.

7.- Amados sacerdotes, el ministerio sacerdotal nos impele a identificarnos con Cristo Sacerdote, a tener los mismos sentimientos que Él (cf. Rm 15, 5; Flp 2, 5), a imitarlo en todo, a hacerlo presente en cada momento de nuestra vida. No somos “funcionarios”, que dedicamos unas pocas horas el trabajo, como tantas veces dice el papa Francisco.

Hoy damos gracias por el regalo del presbiterado y le pedimos al Señor que nos llene de su gracia, nos conceda un corazón sacerdotal capaz de amar a todos, de manera especial a los más necesitados, y nos otorgue un fecundo ministerio sacerdotal.

Queridos fieles, la identificación con Cristo también os toca a vosotros. Os pido, como otras veces, que améis a vuestros sacerdotes; no los critiquéis poniéndolos “verdes”; ponedlos más bien “rojos” de amor. ¡Amadlos, estad con ellos, compartid con ellos la misión eclesial!

Pedimos a la Santísima Virgen María su poderosa intercesión, para que acompañe a Daniel en el nuevo camino sacerdotal que hoy comienza. Amén.

Homilía en el Centenario de la aprobación pontificia de la Institución Teresiana

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CENTENARIO DE LA APROBACIÓN PONTIFICIA DE LA INSTITUCIÓN TERESIANA

(Catedral-Málaga, 12 enero 2024)

Lecturas: Hch 2, 1-4.22-24.42-47; Mt 5, 13-17).

1.- El motivo que nos reúne hoy es la celebración del Centenario de la Aprobación pontificia de la Institución Teresiana, que vio la luz en Asturias en 1911 bajo la mirada de la Virgen de Covadonga. Recibió del espíritu de su Fundador, San Pedro Poveda Castroverde (1874-1936), una conciencia eclesial de valiente compromiso laical en la misión de la Iglesia.

Pedro Poveda inició sus trabajos en el barrio de las cuevas de Guadix, población compuesta por braceros y gitanos, a los que proporcionó ayuda material y, sobre todo, formación humana y religiosa a través de las Escuelas del Sagrado Corazón con el fin de sacarlos de la ignorancia y de la situación de relegación social.

2.- En esa época dominaba en el campo educativo la Institución Libre de Enseñanza con una visión laicista y contraria a los valores católicos, conquistando puestos clave en la sociedad y en la educación y defendiendo la “escuela neutra”, inadmisible desde el punto de vista católico; como decía el P. Poveda nunca un maestro es «neutro» (cf. Pedro Poveda, “Estudio y presupuesto para la fundación de una residencia de estudiantes», en Itinerario Pedagógico, Madrid, 1964: CSIC, 220).

San Pedro Poveda supo analizar las características de su tiempo y aplicar en cristiano el estilo de otras instituciones civiles en varios aspectos esenciales del último tercio del siglo XIX. Uno de ellos era el interés por la “educación”. En ese tiempo nacieron muchas congregaciones religiosas e instituciones dedicadas a la educación de jóvenes e inspiradas en los principios cristianos.

Otros aspectos de esa época fueron el derecho a asociarse, que permitía la libertad de cátedra; y en el campo social se comenzaba a valorar la “promoción de la mujer” en un nuevo estatus social.

Los defensores de la sociedad laicista de la época usaban para su provecho la Constitución de 1869 y otras leyes, que proclamaban en teoría la libertad de educación y de educación; pero, en realidad, los gobiernos no la protegían. Al final, la libertad de enseñanza fue para los católicos españoles anuncio de persecución.

3.- El evangelio de hoy nos ha recordado las palabras de Jesús: «Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5, 13). «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 14). Pedro Poveda asumió esta misión, iluminando la realidad socio-cultural con la luz de Cristo y convirtiendo en retos los problemas de su tiempo y los transformó en proyectos cristianos y evangelizadores.

La Institución Teresiana, ahora centenaria, asumió el carisma de su fundador, dando respuesta a estos temas, como se ha comprobado a lo largo de su historia. Queridas Teresianas del padre Poveda, estáis llamadas desde vuestra condición laical a transformar la sociedad actual, a la luz del evangelio, como nos pide Jesús. ¡Sed luz! Cambiad los problemas actuales de nuestra sociedad en retos con identidad cristiana.

4.- En su época el P. Poveda planteó un carisma nuevo en la Iglesia desde su sensibilidad por la situación que atravesaba la sociedad y la propia Iglesia. Ofreció los valores evangélicos y propuso una llamada a la acción y a la colaboración, poniendo como cimiento de esta obra a Cristo, que es la “Piedra angular”. Como suele suceder a los fundadores, su tarea le acarreó grandes sufrimientos, incomprensiones y ataques.

El proceso de crecimiento de un carisma necesita tiempo hasta que la Iglesia lo reconozca. La aprobación diocesana de la Institución Teresiana tuvo lugar en Jaén, en 1917; y la aprobación pontificia en 1924. Aun así, la asociación necesitaba su tiempo para asentarse y consolidar la obra a lo largo de la década de los años treinta y posteriormente.

A partir de la inspiración de su Fundador la andadura siguió su proceso y se fue a enriqueciendo progresivamente como una Obra de Iglesia compuesta por seglares.

5.- En la década de 1920 la Institución Teresiana entró en una nueva etapa dentro de un nuevo contexto político, con nuevas expectativas. En ese momento se celebró el Primer Congreso Nacional de Educación Católica (1924), en el que participó de modo especial la Institución Teresiana.

Se fue consolidando la Obra de Poveda apoyando los valores católicos frente al fuerte laicismo en la escuela. Se crearon en ese momento Academias y otros centros educativos; Residencias femeninas de estudiantes y se realizan Estudios de las Academias Teresianas.

Con la llegada de la Segunda República en España se publican numerosas medidas en el campo educativo y se cierran los colegios confesionales; esto hace que se promoviera aún más la acción evangelizadora en el campo de la enseñanza, dada la descristianización por “decreto” de las escuelas estatales.

Queridos hermanos, parece que esto es lo que está ocurriendo hoy día. Tal vez nos encontramos hoy en una situación similar, que debe empujarnos a buscar con creatividad nuevas soluciones.

6.- En la época en que vivió vuestro Fundador había otro frente abierto: el económico-social. La encíclica del papa León XIII, Rerum novarum (1891), había sacudido las conciencias sobre el problema de las desigualdades sociales y económicas, que daban paso a las ideologías de izquierda.

En España nacieron, a principios del siglo XX, las Obras de los Congresos, los Círculos Católicos, los sindicatos obreros, los sindicatos agrícolas, las cooperativas, las cajas rurales, donde los católicos planteaban los principales problemas sociales, económicos y políticos.

Hoy tenemos la posibilidad de crear o de mantener otras instituciones, adaptadas más a nuestro tiempo, como los colegios, las universidades, las instituciones culturales, las residencias; y ofertar otras actividades para contrarrestar también hoy el laicismo imperante.

Queridas miembros de la Institución Teresiana, continuad asumiendo el carisma de Pedro Poveda, que sigue siendo necesario; es un gran servicio que hacéis a nuestra sociedad.

7.- Queridos padres, seguid confiando la educación de vuestros hijos a las instituciones educativas que tienen como criterio los valores evangélicos y están iluminadas por esa Luz, que tienen identidad cristiana.

Desde mi experiencia defiendo que la calidad de la enseñanza no se basa tanto en lo técnico o en la enseñanza “neutra” de las materias; la calidad de la enseñanza se fundamenta sobre todo en los valores cristianos. Es una oferta que hacemos a la sociedad.

Queridos profesores, formadores y personal de servicios que trabajáis en los centros educativos, asumid el carisma povediano; si alguien no quiere hacerlo, es preferible que vaya a otro tipo de centros.

Y queridos educandos, que acudís a formaros en centros de ideario cristiano, aprovechad al máximo este tiempo de formación. Tenéis una gran oportunidad, que no debéis desaprovechar; podéis salir con unos criterios válidos para toda vuestra vida. Y no os dejéis engañar por otros modos de ver la sociedad ni por ideologías, que no aportan nada, sino que más bien “des-educan” o “de-forman”.

A todos animo a seguir en la línea en la que estáis, cada cual en su misión propia.

8.- Junto al Fundador estuvo la figura de una gran mujer, María-Josefa Segovia Morón (1891-1957), que encarnó el carisma y el estilo povediano, con una fuerte dimensión educadora y una extraordinaria capacidad de comunicación.

Dirigió con tesón la Institución Teresiana desde 1919 hasta su muerte. Ella pedía coherencia de vida, formación sólida, responsabilidad social y fe formada y vivida, porque no debe haber separación entre lo que uno cree y lo que vive. Su personalidad atraía y dejaba huella profunda, que siempre favorecía el encuentro con Dios.

Las iniciativas de la Institución Teresiana se dirigían a mujeres que deseaban orientar sus vidas desde perspectivas más amplias que las ofrecidas por el entorno socio-cultural de su época, con una mirada amplia y abierta a otras culturas, razas y pueblos, y con un espíritu de diálogo.

Como decía el Padre Poveda el secreto está en poner a Dios en el corazón. Hemos escuchado en el evangelio la curación de un paralítico por Jesús (Mt 5, 13-17); el enfermo pasa de una situación de pasividad a una actividad vital. Cristo es capaz de transformarnos.

9.- Damos gracias a Dios por la presencia en la Iglesia y concretamente en nuestra diócesis del carisma povediano, encarnado en la Institución Teresiana y auguramos que sea una presencia viva y transformadora en el campo educativo y social.

También hoy existe una gran lucha por los derechos de la mujer en nuestra sociedad; pero esta exigencia de derechos sin más, no parece el camino adecuado; sino que es necesario un proceso de crecimiento, maduración y asunción paulatina de responsabilidades por parte de la mujer. Todo tiene su proceso.

Como dice Jesús en el evangelio: «Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5, 16). Ese debe ser nuestro estilo y nuestra misión en esta sociedad.

Pedimos a la Virgen Santísima, mujer creyente y Madre solícita que nos acompañe, y de modo especial a la Institución Teresiana en su Centenario. Amén.

Homilía en la Solemnidad del Bautismo del Señor

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BAUTISMO DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 7 enero 2024)

Lecturas: Is 55, 1-11; Sal (Is 12, 2-6); 1 Jn 5, 1-9; Mc 1, 7-11.

Bautismo, incorporación a Cristo

1.- Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Jesús. Él comienza su vida pública después de hacerse bautizar por Juan el Bautista en el río Jordán (cf. Mt 3, 13). El bautismo de Juan era de penitencia y de perdón de los pecados; sin embargo, el Señor Jesús se sometió voluntariamente al Bautismo de Juan destinado a los pecadores. Se acerca a ese bautismo por voluntad propia, sin tener necesidad de ser perdonado y le dice a Juan que conviene cumplir la voluntad de Dios (cf. Mt 3, 15), porque Juan se resistía a bautizarlo.

Según el apóstol Pablo el creyente participa en la muerte de Cristo por el bautismo; es sepultado y resucita con él: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva» (Rm 6, 3-4; cf. Col 2, 12). Nuestro bautismo, unido al misterio pascual de Jesús significa muerte al pecado y resurrección a una nueva vida.

2.- El bautismo de Jesús es una manifestación de su divinidad; y en este sentido con la fiesta del bautismo culmina el ciclo navideño. La Navidad es la manifestación de Cristo en el ámbito humilde de Belén; la fiesta de la Epifanía es la manifestación universal de Jesús a todos los pueblos; y el bautismo de Jesús es la revelación de la divinidad de Cristo. Podríamos afirmar que el bautismo es un eco o continuación de la fiesta de Epifanía, ya que completa su sentido con otra escena.

Hay varios signos epifánicos, que muestran la divinidad de Jesús: el cielo, que estaba cerrado para la humanidad por su pecado, se abre cuando se posa sobre Jesús el Espíritu, ungiéndolo como Mesías. La voz del Padre manifiesta que aquel hombre, aparentemente pecador, es su Hijo predilecto (prefacio). Se abrieron los cielos y se oyó una voz que venía del cielo que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). Otro signo es el agua, que simboliza vida y muerte a la vez.

El bautismo de Jesús es la revelación solemne, la manifestación o epifanía esplendorosa del Hijo de Dios.

3.- Después de su Resurrección Jesús confiere a sus apóstoles la siguiente misión: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28, 19-20; cf. Mc 16, 15-16). Este mandato de Jesús lo ha cumplido la Iglesia desde su inicio; y hoy damos gracias a Dios por el regalo de la fe en el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo; y vamos a cumplir el mandato del Señor de hacer discípulos y de bautizar.

San Juan, en su primera carta, nos ha dicho: «Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que da el ser ama también al que ha nacido de él» (1 Jn 5, 1). Como vemos, fe y amor se complementan.

Los bautizados nos incorporamos a la muerte y a la resurrección de Jesucristo. San Ambrosio nos anima a considerar el origen de nuestro bautismo, que nace de la muerte y de la resurrección de Cristo. “Ahí está todo el misterio: Él padeció por ti. En él eres rescatado, en él eres salvado” (De sacramentis, 2, 6).

El profeta Isaías nos exhorta a buscar al Señor y a invocarlo (cf. Is 55, 6). El bautizado debe vivir al estilo de Jesús, abandonando el mal camino y convirtiéndose al Señor, que es rico en misericordia y perdón (cf. Is 55, 7).

En el bautismo hemos sido «revestidos de Cristo» (Gal 3, 27). Los sacerdotes nos “revestimos” para la liturgia, porque previamente vamos vestidos. Al nuevo bautizando lo revestiremos con una vestidura blanca, que simboliza la nueva vida de los hijos de Dios. Hoy es el día de su “renacimiento”; va ya vestido de su naturaleza humana y será revestido significando que es transformado y divinizado. El Espíritu Santo en el baño del bautismo nos purifica, santifica y justifica (cf. 1 Co 6, 11; 12, 13).

Hoy renovaremos todos nosotros las promesas bautismales.

4.- El Hijo de Dios, bautizado en el Jordán, nos regala el bautismo y nos hace “hijos adoptivos” de Dios. Hoy la Iglesia, a petición de sus padres, bautizará a este niño.

La comunidad cristiana os felicita, queridos padres y padrinos, por haber pedido el bautismo para vuestro hijo. Con la fuerza del Espíritu podrá llevar una vida más humana y de mayor riqueza espiritual.

Hoy le regalamos el gran tesoro de la fe, de la esperanza y del amor, las tres virtudes teologales, pidiendo a Dios que viva de su amor y que ame a los demás; porque siendo amado por Dios y por vosotros, será capaz de amar.

En la celebración veremos diversos signos: la luz, el agua, el vestido blanco y el crisma, con el que es ungido como hijo de Dios, como sacerdote, profeta y rey. Todos ellos tienen un significado especial y concreto.

5.- Queridos padres y padrinos, el Señor ofrece a vuestro hijo en el bautismo el mejor regalo de su vida: hacerlo hijo adoptivo de Dios y hermano de Jesucristo; y, por ende, partícipe de la fraternidad humana, como nos recuerda san Pablo: «Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3, 27-28).

Queridas familias, os animo a que eduquéis a vuestros hijos en el aprecio del bautismo y que festejéis en casa su aniversario. Enseñadles el amor a Dios y el amor a la Virgen. Nuestra Patrona es la Virgen de la Victoria.

Al final de la celebración ofreceremos al recién bautizado a la Santísima Virgen María, para que lo proteja con su amor maternal y le ayude a ser un buen cristiano. Amén.

Homilía en la Epifanía del Señor

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EPIFANÍA DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 6 enero 2024)

Lecturas: Is 60, 1-6; Sal 71, 1-2.7-8.10-13; Ef 3, 2-3.5-6; Mt 2, 1-12.

La humanidad se postra ante el Señor

1.- Los pueblos descubren la luz del Señor

En la fiesta litúrgica de la Epifanía celebramos la manifestación de Jesucristo a todos los pueblos, a los que ilumina con su luz.

El pueblo de Israel es llamado por el profeta Isaías a levantarse ante la luz que llega: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (Is 60, 1).

Las gentes de todas las épocas han vivido en la oscuridad, fruto del pecado y de la lejanía de Dios: «Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos» (Is 60, 2). Pero existe la gran esperanza de la presencia de Dios en medio de su pueblo: «Sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti» (Is 60, 2). De ese modo todos los pueblos y todas las gentes del mundo, incluidos nosotros, podemos caminar a la luz que nos llega del cielo (cf. Is 60, 3).

La fiesta de la Epifanía es la manifestación de Dios a toda la humanidad, a todas las razas, a todas las gentes y en todas las épocas. Es necesario recuperar el sentido de esta hermosa fiesta sin desplazarla de su propio centro. Los protagonistas de esta fiesta no son los Reyes Magos, sino la manifestación o Epifanía del Señor. La Luz que nació en Belén, Cristo, y que ilumina a todo hombre; esa Luz no podía quedar aprisionada ni siquiera en una religión nacional o en un grupo étnico; La Luz de Cristo tenía que brillar en el firmamento universal, para encender la esperanza de todos los hombres y alumbrar a los buscadores de la Verdad, como los Magos.

2.- La humanidad peregrina buscando a Dios

El profeta Isaías contempla la acción salvadora de Dios, visualizada en una gran peregrinación de los pueblos y de sus reyes dirigiéndose a Jerusalén, ciudad del gran Rey y Señor, que es nuestro Dios: «Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen hacia ti» (Is 60, 4).

La visita de un rey siempre iba acompaña de la ofrenda de los dones propios del país de donde procedía: «Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá. Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor» (Is 60, 6).

Se trata de una imagen que significa la universalidad de la acción salvadora de Dios. Nuestra colaboración al proyecto de Dios debe tener dos características: generosidad y universalidad. El Señor espera que le ofrezcamos lo que Él nos ha regalado previamente: nuestras cualidades y facultades, nuestros buenos deseos y propósitos, nuestro testimonio de amor, nuestro tiempo, nuestras personas, incluidos nuestros pecados, para que Él los perdone y los transforme.

3.- Los pueblos adoran al Hijo de Dios

En el Evangelio hemos escuchado que unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2, 2). Suponían que un rey tendría que nacer en un palacio real y se pusieron en camino para tener un encuentro personal con el Dios verdadero.

En Jesús, Dios se manifiesta como el Dios de toda la humanidad; y no solo de un pueblo, de una raza o de una religión. Los primeros cristianos provenientes del paganismo estaban agradecidos, porque se reconocían en los Magos.

Estos personajes se convierten en modelos de vida cristiana. Desde su actitud de búsqueda, oteando los cielos y buscando signos, abiertos a la Verdad, abandonan sus certezas y seguridades y se ponen en camino, para adorar al Dios que aún no conocen.

Peregrinos, itinerantes de la verdad y de la fe, preguntan, investigan y, finalmente, se postran ante el Rey de cielos y tierra, para adorarle y ofrecerle sus dones. Esa es la actitud que nos pide la fiesta de la Epifanía: Salir de nosotros mismos para buscar a Dios. Él nos espera antes de que empecemos a buscarle.

Los Magos nos muestran un estilo dinámico de vivir la fe: En camino, en sinodalidad, en comunidad, eclesialmente, buscando y rastreando la presencia de Dios, abiertos para escuchar y obedecer su palabra y ofrecerle, con libertad y alegría, lo que somos y tenemos.

4.- Dificultades en el camino

Pero los Magos encuentran muchas dificultades en su camino. Van al palacio del rey, porque suponen que un rey debe nacer en un palacio, como hemos dicho. Pero allí pierden de vista la estrella y sufren la tentación del engaño de Herodes, quien muestra interés por el niño; pero no para adorarlo, sino para eliminarlo; porque considera al recién Niño-Dios como un rival (cf. Francisco, Homilía en la Epifanía del Señor, Vaticano, 6.01.2015). Los Magos no encuentran a Dios en un palacio; y nosotros, ¿dónde lo buscamos?

Cuando retoman el camino los Magos, vuelve a aparecer la estrella; y se llenan de una «inmensa alegría» (Mt 2, 10). La estrella guía a los Magos hasta donde está el niño (cf. Mt 2, 9). Pero aquí aparece otra tentación: la de rechazar al Mesías por verlo tan pequeño y tan frágil. Esperaban adorar a un gran rey y se encuentran con un niño frágil, recién nacido en un establo.

A nosotros también nos cuesta encontrar la presencia de Dios en un niño en el seno materno y algunas madres se deshacen de su hijo no-nacido. Nos cuesta encontrar la presencia de Cristo en un niño pequeño, en un enfermo, en una persona débil y anciana, en una persona en estado terminal y como nos molesta la eliminamos. ¡No rechacemos a Cristo en las personas débiles y frágiles!

A los Magos les costó encontrar al Rey que buscaban y reconocerlo en el Niño-Jesús. Sin embargo, entran y cayendo de rodillas lo adoran y, «abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2, 11).

La fiesta de hoy, queridos hermanos, nos invita a ser testigos del Dios vivo, convirtiéndonos, a nivel personal y comunitario, en estrellas de paz que conduzcan a los hombres a Belén, donde se encuentra la Verdad, la Paz y el Amor. Hemos de ayudar a otros a que encuentren a Jesús, donde no parece que está.

Agradecemos a Dios su llamada a la fe, a la esperanza y al amor. Y pedimos a la Virgen María que nos acompañe en nuestra peregrinación en busca de Dios, para ser después testigos valientes en esta sociedad que nos ha tocado vivir. Amén.

Homilía en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

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SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

(Catedral-Málaga, 1 enero 2024)

Lecturas: Nm 6, 22-27; Sal 66, 2-8; Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21.

Agradecer a Dios sus dones

1.- En este primer día del año agradecemos a Dios las cosas buenas que nos ha regalado en el año que termina. Cada uno las guarda en su corazón; pueden ser he­chos sencillos, caricias afectuosas del Señor y regalos significativos de Dios, de los que hemos disfrutado, incluyendo la vida, la fe y el amor de Dios y de los demás.

Nuestro corazón quiere ser cora­zón agradecido, porque admira y valora desde la fe los acontecimientos. Y, sobre todo, damos gracias a Dios por las per­sonas, que han sido para un regalo de Dios para nosotros.

Pidamos al Señor que nos conceda un espíri­tu agradecido por las buenas cosas recibidas y con la espe­ranza de disfrutar de otros gestos futuros del amor de Dios.

Sepamos gozar del buen recuerdo del pasado, para vivir la esperanza de que Dios va a seguir visitándonos con su amor; que pue­de mantenernos firmes ante las dificultades de la vida.

Él siempre nos cuida con su providencia amorosa, mira con amor de Padre y nos escucha. ¡Que nadie piense que Dios nos castiga o que se olvida de nosotros! El profeta Isaías nos recuerda: «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré» (Is 49, 15).

Hoy agradecemos a Dios el inmenso regalo de habernos enviado a su Hijo, para salvar al ser humano. Y para ello ha elegido a María como Madre de su Hijo. Celebremos este doble regalo: la Virgen Madre, que da a luz al Salvador. Los cristianos la aclamaron en Éfeso como Madre de Dios; hoy nosotros queremos aclamarla también y pedir su intercesión. Podemos repetir: “Santa Madre de Dios, ruega por nosotros” (los fieles repiten esta oración).

2.- El Año nuevo nos evoca el paso del tiempo, al que estamos sometidos y que nos arrastra irremediablemente. Es un año de gracia, porque el tiempo es un don que Dios nos regala, lleno de su bondad, de su cercanía y de su llamada.

El paso del tiempo nos recuerda el misterio de la encarnación y la historicidad de nuestra fe, porque Jesús asumió nuestra naturaleza humana entrando en el tiempo, haciéndose hombre. Como nuestra vida, también la suya se encuentra sometida al curso del tiempo: nacer, crecer y morir.

Celebremos con gratitud el año que hoy comienza en el marco de las fiestas de Navidad. Para los cristianos es una invitación a vivir a lo largo de los próximos 365 días, como hijos de Dios y hermanos en Jesucristo, en quien se nos manifiesta el amor de Dios.

3.- Hoy celebra la Iglesia la divina maternidad de la Virgen María. Contemplando este misterio reconocemos que Dios ha «nacido de mujer», como nos ha dicho san Pablo: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gal 4, 4). La plenitud del tiempo la trae el mismo Jesucristo.

El objetivo de la encarnación del Hijo de Dios ha sido «rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4, 5); es decir, hacernos hijos adoptivos de Dios: «Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!» (Gal 4, 6).

Por eso estamos invitados a vivir como tales, recibiendo la plenitud de nuestra humanidad. Ya no somos esclavos, sino hijos: «Y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios» (Gal 4, 7).

Gracias al nacimiento del Hijo de Dios, hecho hombre, y a su anonadamiento hemos sido ensalzados y divinizados; gracias a su pequeñez hemos adquirido grandeza; gracias a su fragilidad, hemos tomado fuerza; gracias a hacerse siervo, hemos obtenido la libertad.

El Amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha rebosado en nuestros corazones; y por ello hemos de ser agradecidos, de manera especial en esta fiesta de la maternidad de María, por medio de la cual nos ha llegado el Salvador. Repetimos la frase: “Santa Madre de Dios, ruega por nosotros” (los fieles repiten esta oración).

4.- También celebramos en el mundo católico la Jornada mundial por la Paz. El papa Francisco nos ofrece una reflexión sobre el uso de las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y su relación con la paz.

Y nos dice en su Mensaje que: “La dignidad intrínseca de cada persona y la fraternidad que nos vincula como miembros de una única familia humana, deben estar en la base del desarrollo de las nuevas tecnologías y servir como criterios indiscutibles para valorarlas antes de su uso, de modo que el progreso digital pueda realizarse en el respeto de la justicia y contribuir a la causa de la paz. Los desarrollos tecnológicos que no llevan a una mejora de la calidad de vida de toda la humanidad, sino que, por el contrario, agravan las desigualdades y los conflictos, no podrán ser considerados un verdadero progreso” (n. 2).

Es necesario conocer el “sentido del límite” de la tecnología; porque el ser humano es mortal y temporal y no puede perpetuarse ilimitadamente buscando una libertad absoluta; es una quimera querer vivir en este mundo de manera indefinida, porque somos limitados y vivimos en el tiempo; podremos seguir viviendo en la otra vida de modo diverso al que vivimos en este mundo. Los avances técnicos deben contribuir a una mayor fraternidad humana y en favor de la paz; y eso es responsabilidad de toda la familia humana.

5.- Queridos hermanos, en este inicio del año que Dios os bendiga, os guarde, vuelva su rostro sobre vosotros y os conceda su favor y su paz, todos los días de este nuevo año. Pido al Señor que os llene de amor y de alegría, para poder construir la paz día a día, en medio de las guerras que estamos viviendo.

Para vosotros y para los vuestros os deseo la bendición de Dios, con la protección de Santa María, la Madre de Jesús, la mujer bendita entre todas las mujeres. Que María, la Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero.

A María confiamos en este nuevo año nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades y las del mundo entero. Y pedimos su intercesión para que vivamos con sed de justicia y de paz, invocándola como ¡Santa Madre de Dios! Repetimos: “Santa Madre de Dios, ruega por nosotros” (los fieles repiten esta oración). Amén.

Homilía en el presbiterado de Eduardo A. Henríquez

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Querida Comunidad. Especialmente os saludo a vosotras, la madre y las tías de Eduardo: Saira, Judit y Lilia, que venís desde Panamá a la ordenación de vuestro hijo y sobrino. Recibid mi enhorabuena, mi cariño y el de toda nuestra diócesis, sentiros en casa. Excelentísima Señora Embajadora de Panamá: Ithzel Patiño y su Esposo. Ilustrísimos Señores Alcaldes y miembros de las corporaciones de los municipios de las Alpujarras y Vélez Rubio.

Señor Rector y Seminaristas de Almería. Un recuerdo para el Rector, los formadores y seminaristas de Cartagena-Murcia, que no han podido venir, por estar en plena campaña vocacional, en estos días tan cercanos a san José. Comunidades parroquiales de Vélez Rubio y su párroco D. Javier, donde Eduardo hizo el año de pastoral. Comunidades parroquiales de Laujar de Andaráx, donde ha ejercido el diaconado desde el 2 de septiembre del año pasado y su párroco D. Manuel. Jóvenes, de todas estas comunidades parroquiales.

Queridos Vicario General y Vicario de Evangelización, Sr. Deán y Cabildo de esta casa madre, en la que celebramos el Año Santo, en sus 500 años. Sacerdotes, diáconos permanentes, religiosas y religiosos de la vida consagrada, hermanas y hermanos de esta iglesia apostólica que ha seguido, hasta nuestros días, la misión evangelizadora de San Indalecio y que hoy, especialmente, se siente orgullosa y esperanzada, aunque seguimos orando por las vocaciones.

Querido Eduardo que el Señor te ha elegido para entrar en el orden de los presbíteros, para entregarte a este pueblo y a esta tierra. Doy gracias a Dios por tu obediencia a la voluntad de Dios, y por el esfuerzo que has hecho durante estos años para discernir tu vocación, así como también doy gracias a los religiosos agustinos y a los sacerdotes que te han acompañado, tanto en el seminario como últimamente aquí en ésta tu diócesis. Lo muestran todas estas personas (y las que nos han podido venir) que sé que te quieren.

Como la primera y segunda lectura son las mismas que proclamamos en tu ordenación del diaconado y os hablé entonces ya de ellas, permíteme que me centre más en el evangelio. Los versículos anteriores al texto que hoy hemos proclamado y has elegido para tu ordenación al presbiterado, hablan de la vid y los sarmientos. Todos sabéis el texto de memoria, pero es esencial recordarlo para comprender el evangelio de hoy.

Jesús está viviendo la última noche con sus discípulos. Les ha lavado los pies, y les ha anunciado su partida inminente y el envío del Espíritu Santo, para que no tengan miedo. Es un momento de intimidad. Curiosamente, el evangelista san Juan, no narra la institución de la Eucaristía, pero Jesús les habla a sus discípulos de la viña y el vino en los mismos términos de la Alianza, que utiliza en la institución de la eucaristía en los otros evangelios. La imagen de la vid y los sarmientos sin querer nos retrotraen al profeta Isaías: “Voy a cantar un canto a mi amigo, el canto de amor a su viña” [Is 5,1] Estas son las palabras esenciales que nos regala: amigo, viña, amor, que encierran la belleza de la fe. Creer, Eduardo, es un regalo, un don, una Gracia. Entender esto significa entender muchas cosas: la fe, la vocación e incluso a uno mismo. El mandamiento del amor está arraigado en la unidad a la Vid verdadera, Cristo.

Está claro que Jesús, en este momento tan importante como es su discurso de despedida y por tanto de confidencias, no desea más que hablar de lo esencial. ¿Y qué es lo esencial? Sin duda la Alianza: “este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”. Fijaros que, con la imagen de la viña, no tiene necesidad de pronunciar la palabra Alianza, quizás porque no quería confundir a sus discípulos. Hablando de la viña está hablando de las condiciones de la nueva Alianza. ¿Un compromiso de amor que necesita? por encima de todo, una unidad íntima, como la rama al tronco y se precisa una condición: permanecer estrechamente unidos a Jesús, como lo están el sarmiento y la cepa. No hay frutos sin unidad a la cepa. ¡Permaneced en mí amor! es el grito de Jesús a los suyos, sobre todo porque sabía que le iban a abandonar esa misma noche.

Este deseo de unidad es también el fuerte deseo de Jesús hacia nosotros. Y este trabajo de unidad, de construir comunidad, es la tarea por la que te consagras hoy como sacerdote en medio del Pueblo de Dios. No es tu pueblo, tu eres el siervo (como Cristo) para reparar, sanar y construir su cuerpo, para reedificar y plantar, para hacer su voluntad. Como hemos escuchado al profeta Jeremías. Os he elegido yo para que vayáis y deis fruto.

Si lo miramos bien, todo el problema de la humanidad es desconfiar en Dios. Y todo nuestro problema es no considerar en lo profundo de nuestro corazón a Dios como Padre. “Padre, mientras el mundo no te ha conocido, yo te conozco”.

Cuando el pueblo de Israel era infiel a la Alianza, cuando caminaba por los caminos de los paganos, cuando seguía a falsos profetas, cuando se obcecaba en su propia voluntad: eso lo llamaban idolatría. Es decir, ¡No conocían a Dios! ¡Se hicieron falsas imágenes de él! Nosotros también podemos estar viviendo, sin darnos cuenta, en una actitud de idolatría, si no seguimos a Jesús (su estilo de vida, sus palabras, sus hechos), pues solo él es quien verdaderamente conoce a Dios como Padre. Un Padre que nos invita a estar fuertemente agarrados a su Hijo, para que demos frutos de amor y nuestros frutos duren.

Este mensaje estuvo fuertemente gravado en los primeros cristianos. La Palabra de Dios, también ahora, da la respuesta a las dificultades que se vivían y vivimos en las comunidades cristianas. En tiempo de San Juan ya habían dado comienzo las persecuciones que hacían tambalearse la fe de esa segunda generación de cristianos. Cuando se escribe este evangelio parece que la comunidad está pasando por persecuciones y penalidades. Por eso Jesús nos insiste que él es la vid a la que hemos de estar unidos los sarmientos, nosotros, para dar fruto. Y insiste en un verbo: “permanecer”.

El mensaje es bien sencillo, pero ¿por qué se insiste tanto en permanecer unidos al Señor? ¿Porque se daba una circunstancia muy parecida a la que estamos viviendo hoy nosotros? Los cristianos y también los sacerdotes, notamos el cansancio, vivimos muy dispersos, estamos como agotados, desorientados, desestructurados … Otras influencias ideológicas están haciendo mella en la esencia de nuestro corazón… ¡hemos perdido el amor primero! Recordad si no el himno de la primera carta a los corintios, donde nos habla del camino más excelente, ¿recordáis? Es un texto de alianza, de bodas: es paciente, no lleva cuentas del mal, no tiene envidia, no presume, no se irrita, no se alegra de la injusticia, goza con la verdad, todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… el amor no pasa nunca.

La vieja cristiandad de Europa se resiente con el secularismo y el ateísmo o las idolatrías. Con frecuencia, a veces por desidia, no sabemos qué camino tomar para ser fieles a nuestra fe en Cristo. Ante este panorama se nos recuerda de una manera insistente que permanezcamos unidos a la “Vid verdadera”, porque separarse de ella es ir a la ruina, a la muerte. Y no hay otro camino: separados del Señor, actuando por nuestra cuenta y riesgo, seremos como los sarmientos secos que es imposible que produzcan nada, sólo sirven para ser cortados y echados al fuego. Necesitamos que nos vivifique la savia de Dios, que es su misericordia entrañable, su gran ternura, su perdón para todos nosotros.

“Permaneced en mí”, porque “sin mí no podéis hacer nada”. Querido hermano Eduardo, ¿cómo podremos comprender este gran misterio que hoy te envuelve y nos envuelve? Te pido por favor, que te fijes, nos fijemos todos en los grandes pastores de la Iglesia que han seguido a Cristo en su vida, que no pongas la mirada en cosa pasajeras. Que, ante las dificultades, que te encontrarás, grites con san Pablo: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”, el gran evangelizador de aquellos que no conocían a Cristo, y es el momento que comenzamos a vivir ahora. Podrás comprender a los ignorantes y extraviados (como nos ha dicho la carta a los hebreos) porque también nosotros estamos sujetos a debilidad. Como comunidad, como Iglesia, permanezcamos en Cristo.

Eduardo, estamos contigo, todos te necesitamos, todos nos necesitamos. Se muy feliz.

Sábado 16 de marzo, CATEDRAL de ALMERÍA, 10:30 horas

 

+ Antonio Gómez Cantero, vuestro obispo

La cuestión nicomedita

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Por la mañana, algunos días, salgo a andar por la orilla de la playa, y me cruzo con muchos y diversos caminantes, que por unas razones u otras tienen necesidad de esta práctica saludable. Hoy es fiesta, y mi camino está plagado de viandantes, de todas lenguas y razas, de todas las edades y tipologías, personas distraídas en sus conversaciones, músicas o emisoras de radios. Ir totalmente libre me ayuda a escuchar ráfagas de frases enredadas en mis pasos más lentos.

No dejo de dar vueltas a este artículo sobre presencia pública y compromiso en el mundo que me pide la Revista SIGNO de la Acción Católica General. Y no termino de plasmar una frase, que no sea un camino trillado, después de los diversos textos y reflexiones que he leído a lo largo del tiempo sobre este tema. Dos mujeres me adelantan y oigo decir a una de ellas, si escuchase otra cosa sería, pero no, siempre está a la defensiva. No sé por qué, pero en ese momento encontré la esencia de este escrito.

Después de la proclamación las Bienaventuranzas, en el relato del capítulo cinco de san Mateo, el Señor nos da la clave de nuestra presencia en medio de nuestra sociedad. Vosotros sois la sal y la luz del mundo. Creo que me quedo con este orden de preferencia. Debíamos de profundizar más sobre lo colocado en primer lugar, la SAL, y luego sobre lo segundo, la LUZ. Cuando era joven se hablaba mucho en nuestras reuniones, de los equipos de educadores del Movimiento Junior, sobre la necesidad de ser fermento en la masa, de no dar órdenes en nuestros grupos, sino de ser ejemplo: ¡eh! ¿Me ayudáis a recoger la sala? Un ejemplo cala más que un mandato, un estilo de vida llega más lejos que mil predicaciones o una acusación.

Ahora que estamos bajo las redes deshumanizadoras de arrastre masivo, donde los insultos, las medias verdades (no hay mayor mentira), la necesidad de estar en el candelero y tener multitud de seguidores (me niego a poner otras palabras en inglés) han elevado a la altura de la fama a personas sin relato que tan solo viven del deslumbramiento de una noticia fugaz que ya se encargan ellos de revestirla de las características de una literatura apocalíptica. Son cronistas del mal agüero. No construyen, son reaccionarios impulsivos, cuando en la mayoría de ellos sus vidas no responden a la pureza ideológica que manifiestan. Esto no es ni presencia pública ni compromiso en el mundo. Lo siento por ellos, pues algunos se tienen como adalid de la presencia e incluso de la autoridad cristiana. Si tuviéramos un grupo para discernir, si viviésemos más en comunidad, si orásemos de verdad, no seríamos seguidores de los Hijos del Trueno, Señor, envíales fuego y arrásalos, seríamos mucho mejores, como Jesús, más misericordiosos, a pesar de que le tratasen mal.

Hace más de cuarenta años escribí, en la revista Junior en Marcha, un artículo sobre la necesidad del relato, de la narración, que diría ahora el filósofo coreano Byung-Chul Han. El texto estaba basado en una experiencia de vida con el grupo de preadolescentes que acompañaba. Necesitamos volver a la narración evangélica. El Señor nos acompaña con sus relatos y sus obras. No es cuestión ni de leyes ni de normativas, que tantas veces nos arrastran a un espíritu farisaico y en ocasiones talibán, sino de la sabiduría del corazón. La esencia del corazón de Dios, manifestado en su Hijo Jesucristo, es la misericordia empapada de paciencia y de ternura. Narraciones como la del padre bueno y los dos hijos (uno de ellos manirroto, el otro un soberbio cumplidor), del buen samaritano, la del buen pastor, del sembrador, del trigo y la cizaña… nos dan las claves de nuestra presencia en medio de esta nuestra sociedad.

Para ser testigos en medio del mundo se necesita una verdadera conversión del corazón, a base de mucha escucha personal y comunitaria, para ser sal y dar sabor. En muchos de los mensajes de la red, piensan que son salvadores, hay demasiados prejuicios, proselitismo, supremacismo moral, desconfianza, superioridad y descarte. Somos muy influenciables por distintas corrientes sociales, ideológicas, políticas, religiosas… corrientes que nos condicionan y limitan la vida, nos convierten en sectarios, y que por otra parte ya se vivían en tiempos de Jesús. Cada persona tiene su propia historia, no te metas con los que son distintos o piensan diferente a ti, eso no es evangelizar, es alimentar el fuego del odio. Nada nuevo bajo el sol. La mejor homilía es la de Pablo en el Aerópago.

En aquel tiempo, Jesús tenía seguidores ocultos, por no perder el prestigio y por el qué dirán. Yo soy muy admirador del relevante Nicodemo, un miembro del partido de los fariseos, discípulo de la noche. Me paso al capítulo tres de san Juan. Me interesa el comienzo del diálogo del fariseo con Jesús: sé que Dios te ha enviado para enseñarnos, nadie en efecto, puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él. Me cuestiona este nacer de nuevo, del agua y del Espíritu, con el que le responde Jesús. Si escuchara, otra cosa sería, pero no, siempre está a la defensiva, decía la mujer que me adelantó. Parece ser que Nicodemo escuchaba, en ese diálogo de intimidad con el Señor. Ahí, en el silencio acogedor de la escucha, la sal mantiene su verdadero sabor y luego sazonará aquello que toque, o simplemente nos hará mantenernos vivos, con ese punto de gracia que todos tanto necesitamos para ser también luz. En cocina la sal potencia los sabores y antiguamente, conservaba la esencia de los alimentos y les impedía malograrse. Potenciar, mantener la esencia, impedir que se malogren son tres actitudes que nos ayudarán en nuestro testimonio.

Vale, bien, a Nicodemo le gustaba visitar a Jesús de noche y entrar en diálogo con él. Pero, ¿dónde está su presencia pública? ¿No se encontraba con Jesús de noche por miedo al qué dirán y a perder su honorabilidad? ¡como tantos nicodemitas hoy en día! Aquí viene mi admiración. En el momento del abandono, de la perdida de todo prestigio, en el momento de la humillación y el fracaso, cuando más podía ser criticado por su acción, Nicodemo (junto a José de Arimatea, ¡otro que tal!) se atreve a dar la cara por Jesús. Aquí no hay prestigio, no hay multitud de seguidores, no hay palabras de agradecimiento, no hay reconocimientos públicos, no hay discursos apocalípticos, hay un hombre transformado que abraza con ternura el cuerpo ya muerto de su maestro, un ajusticiado, para poder darle sepultura. Lo acoge, lo abraza en el descendimiento, ni una palabra, ni un reproche, caridad en grado sumo.

Hay un nexo de unión entre los diálogos nocturnos y la última escena. Jesús le dijo que sería levantado como la serpiente de bronce de Moisés en el desierto, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Mientras acoge desde debajo de la cruz el cuerpo muerto de Jesús, Nicodemo es luz, para iluminar a todos. Así debe alumbrar vuestra luz ante los demás para que viendo vuestras buenas obras (no dice discursos, ni mensajes en red…) alaben a vuestro Padre del cielo.

Aun hay demasiados crucificados que bajar del madero. Escucha, no estés a la defensiva. El evangelio, Jesucristo, es la mejor propuesta, no una imposición. ¡Ánimo y adelante!

+Antonio, obispo de Almería

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