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La Virgen de la Capilla volvió a congregar a los Cabildos en su día grande

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Un año más, Jaén ha renovado su fidelidad a la Virgen de la Capilla, rememorando el descenso glorioso de la Madre de Dios a la ciudad en la noche del 10 al 11 de junio de 1430. La Basílica Santuario de San Ildefonso acogió la tradicional Misa Votiva de Cabildos, el catedral y el municipal, en el día grande de Jaén.

Desde la Catedral partían en cortejo los canónigos, con el obispo emérito, Don Ramón y el Deán de las Catedrales, D. Francisco Juan Martínez Rojas, acompañados del acalde de Jaén, D. Julio Millán y otros miembros de la Corporación Municipal, en dirección a la Basílica de San Ildefonso, donde según cuenta la tradición, detuvo sus pasos la Madre de Dios en la bendita noche de El Descenso.

La Eucaristía estuvo presidida por el Obispo emérito de Jaén, Monseñor Don Ramón del Hoyo López, quien volvió presidir esta celebración once años después de haberlo hecho por última vez como Obispo diocesano, en 2015. El motivo, la ausencia del Obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, que estos días acompaña a Su Santidad el Papa en su viaje apostólico por España.

Junto al Obispo emérito concelebraron numerosos sacerdotes diocesanos y miembros del Cabildo Catedral. Asistieron también representantes de la Corporación Municipal, así como otras autoridades civiles y militares de la provincia.

El Orfeón Santo Reino acompañó con sus voces la celebración eucarística

Como es tradición, antes del inicio de la celebración fue leído el relato del Descenso de la Virgen, recogido por el entonces vicario general y provisor del Obispado, D. Juan Rodríguez de Villalpando, documento que conserva el testimonio de aquellos vecinos que afirmaron haber contemplado el cortejo celestial que acompañaba a una mujer resplandeciente con un niño en brazos por las calles del arrabal de San Ildefonso.

Las lecturas estuvieron participadas por miembros de la Cofradía de Nuestra Señora de la Capilla, mientras que el Evangelio fue proclamado por el diácono permanente, D. Manuel Rico.

Una ciudad bajo el amparo de su patrona

Al inicio de su homilía, Don Ramón del Hoyo agradeció al Obispo diocesano la confianza depositada en él para presidir esta celebración tan querida para los jiennenses. Transmitió, asimismo, el saludo y la cercanía espiritual de Don Sebastián Chico Martínez desde su viaje junto al Santo Padre.

El Obispo emérito evocó con emoción los años compartidos junto al pueblo de Jaén y subrayó el significado especial de esta jornada, en la que la ciudad vuelve su mirada a la Virgen de la Capilla para encomendarle sus necesidades y proyectos de futuro. «Pedimos la intercesión de su Patrona Mayor por todos sus habitantes, comenzando por quienes dirigen actualmente sus destinos, nuestras autoridades, y por todos los vecinos de esta querida ciudad», afirmó.

Mons. Del Hoyo López destacó, también, la importancia de las creencias religiosas y de las tradiciones cristianas en la construcción de la sociedad. Recordó que la fe sigue siendo para muchas personas fuente de esperanza, fortaleza y sentido de vida, capaz de impulsar el servicio a los demás y el compromiso con el bien común.

Durante su predicación, el Obispo emérito invitó a los fieles a contemplar la figura de María como Madre de Dios, una de las verdades centrales de la fe cristiana. La presentó como la mujer humilde que respondió con generosidad al plan de Dios y que hoy, glorificada junto a su Hijo, continúa intercediendo por todos sus hijos.

Recordando las palabras del Magníficat y los textos proclamados durante la celebración, destacó la estrecha unión entre Jesucristo y su Madre, fundamento de la devoción que el pueblo cristiano le profesa a lo largo de los siglos.

Asimismo, evocó la imagen bíblica de la mujer vestida de sol descrita en el libro del Apocalipsis, figura que la tradición cristiana ha identificado con María, exaltada por Dios por su fidelidad y obediencia.

En la parte final de la homilía, Mons. Del Hoyo dirigió una oración confiada a la Virgen de la Capilla, poniendo bajo su amparo a los pobres, los ancianos que viven en soledad, los enfermos, quienes sufren cualquier tipo de exclusión y todos aquellos que atraviesan momentos de dificultad.

Tomando unas palabras de la reciente encíclica del Papa León XIV, Magnifica humanitas, animó a los fieles a convertirse en «tejedores de esperanza» en medio de la sociedad, compartiendo lo que son y lo que tienen para hacer presente el Reino de Dios.

Concluyó encomendando a toda la ciudad de Jaén a la protección de su Patrona Mayor y pidiendo que la Virgen acompañe los pasos de sus hijos para que puedan ser testigos «de la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».

El rector de la Basílica y párroco de San Ildefonso, D. Carmelo Zamora, en el acción de gracias posterior a la comunión, tomó la palabra para leer un texto remitido por el Prelado del Santo Reino desde Canarias, en el que se unía espiritualmente con los jiennenses en este día grande. “No puedo estar físicamente con vosotros porque me encuentro acompañando al Papa León XIV en su visita a España, hoy ya en su última etapa en Canarias, como obispo jienense y representando a nuestra querida Diócesis del Santo Reino. Está siendo una experiencia intensa de fe, de comunión eclesial, junto a Pedro, y de llamada al testimonio del amor de Cristo. Desde aquí llevo muy presente a Jaén, a nuestra diócesis y, de un modo especial en este día, a la Virgen de la Capilla y a todos sus hijos”, expresó Don Sebastián por boca de D. Carmelo Zamora.

Y añadió, “La Virgen de la Capilla, cuya fiesta celebramos hoy, está unida de manera muy profunda al alma creyente de Jaén. La tradición del descenso de la Virgen en la noche del 10 al 11 de junio de 1430, su patronazgo sobre la ciudad y la celebración votiva de los Cabildos expresan una historia de fe que no es solo recuerdo del pasado, sino compromiso vivo para el presente, enriquecido de manera especial en estos días por la visita, el testimonio y las palabras que nos está regalando el Santo Padre a todos los españoles”.

Para finalizar, evocó, “Que María Santísima de la Capilla nos ayude a vivir con fidelidad nuestra vocación cristiana; que cuide a nuestra ciudad, a sus familias, a sus mayores, a sus jóvenes, a los enfermos y a quienes más sufren; y que nos enseñe a ser una Iglesia que mira a Cristo, permanece unida y sale al encuentro de todos con esperanza”.

La celebración concluyó en un clima de profunda devoción mariana, renovando un año más el vínculo secular entre Jaén y la Virgen de la Capilla, Patrona y Alcaldesa Mayor de la ciudad.

 

Los sacerdotes jóvenes participan en la visita del Papa a Tenerife

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Un grupo de sacerdotes con menos de 10 años de ministerio (Decenio) ha participado, junto al obispo Mons. Satué, en los actos celebrados en las Islas Canarias con motivo de la visita del papa León XIV.

Ha sido un momento de acercamiento, de la mano del Papa y del Obispo, D. José Antonio Satué, «a la realidad migratoria que vivimos tan de primera mano en nuestra diócesis de Málaga y Melilla. Se trata de un acercamiento con el que expresamos nuestra comunión afectiva y efectiva con el papa León, quien ha querido recoger el testigo del papa Francisco viniendo a Canarias y Tenerife para expresar su gran preocupación por la situación de dolor que se vive en el sur de Europa», explica el sacerdote Salvador Gil, responsable del Decenio.

Estos 17 sacerdotes han vivido unos días de convivencia en los que compartir las inquietudes y los retos de su tarea, además de participar en los actos organizados con motivo de la visita del Papa, a los que también se unió el obispo de Málaga, Mons. Satué.

Juan Baena, vicerrector del Seminario, explicaba emocionado al concluir la Eucaristía que «ha sido un regalo de experiencia. Un momento muy bonito el ver cómo el pueblo de la isla se ha alegrado tanto al recibir al Papa. Un momento muy bonito también escuchar cómo el Papa ha agradecido y felicitado por la acogida a las personas inmigrantes que llegan a la isla. A todos nos ha invitado a hacer realidad ese sueño de fraternidad universal que tiene Dios para nosotros. Estoy muy agradecido por haber podido vivir esta experiencia al lado de mis hermanos sacerdotes de la diócesis de Málaga y volvemos a casa con el corazón lleno».

Con estos días de convivencia del Decenio culmina la formación permanente que ha venido trabajando durante todo el curso. En varios momentos, han profundizado en temas de interés y han compartido tiempo de diálogo y puesta en común sobre las inquietudes y dificultades en su caminar en los primeros años como sacerdotes.

El Papa, a quienes trafican y explotan a personas migrantes: «¡Deténganse! ¡Conviértanse!»

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Palabras de León XIV en el Encuentro con las iniciativas de integración de los migrantes en la «Plaza del Cristo de La Laguna»

Queridos hermanos y hermanas:

Es un gusto para mí compartir este momento con ustedes aquí, en San Cristóbal de La Laguna, sede de esta diócesis. Me ha llamado la atención lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta.

Quizás este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no son siempre de piedra. A veces están en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia. El mar, que rodea estas islas, trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de búsqueda. En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras.

El braille y demás formas de escritura táctil nos recuerdan que la palabra puede abrirse camino también por medio del contacto. Del mismo modo, la integración exige aprender a leer de otra manera. Hay miradas que ven y, sin embargo, no reconocen; convierten un rostro en cifra, una historia en expediente y una diferencia en distancia. De ahí que el Evangelio nos eduque en una lectura más honda de la realidad: la que nace de la cercanía, de la paciencia y de unas manos capaces de socorrer, acompañar, orientar, enseñar y abrir caminos.

En las obras de integración de estos hermanos nuestros —como en toda obra de caridad— la Iglesia aprende a leer en la vida concreta de quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu un signo vivo que remite a los santos Evangelios y que se vuelve legible a través del tacto y de la cercanía, cuando palpamos las heridas de los demás. Como Tomás ante el cuerpo glorioso del Resucitado, también la Iglesia aprende que las heridas, miradas desde la fe, pueden convertirse en lugar de reconocimiento: allí donde el dolor humano es tocado con amor, Cristo nos confirma que está presente en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el preso y en el forastero (cf. Mt 25,35-40). De esa fe que reconoce a Cristo vivo nace también el servicio del Padre Darwin y de tantas personas. La caridad cristiana brota del amor de Dios derramado en el corazón del creyente; por eso, ante el necesitado, la fe se hace concreta y el amor a Cristo se transforma en gestos.

Desde esta convicción, nuestra presencia quiere testimoniar que la solidaridad nace del reconocimiento de la dignidad humana y supera toda concesión secundaria o simple obra de filantropía. Está llamada a comprometerse y a tomar forma de proceso. La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro.

Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro. A ustedes, queridos hermanos migrantes, les corresponde una parte noble y necesaria de este camino: abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones.

Toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan; y quien es acogido descubre también que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás. Así, quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad. Ésta es una forma preciosa de misericordia.

Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar. Después de viajes difíciles y, en ocasiones, de varios intentos —como en el caso de Khalid—, buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado —como nos expresaba Mbacke—. Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas.

En este sentido, deseo agradecer las palabras de Mons. Santiago y, con ellas, el testimonio de una Iglesia que, aun con medios pobres, quiere “caminar con los que caminan”. Gracias a Cáritas diocesana, a la Delegación diocesana de Migraciones, a las parroquias y a tantas realidades eclesiales y civiles que van más allá del primer auxilio y acompañan procesos de protección, promoción e integración. Gracias por hacer posible que quien un día fue acompañado pueda convertirse —como nos recordaba Thalia— en puente para otros, devolviendo el amor recibido. Cuando quien necesitó una mano comienza a tender la suya, la caridad recibida se transforma en responsabilidad compartida.

Al mismo tiempo, no podemos olvidar a tantos migrantes que, provenientes de Latinoamérica, de Filipinas y de otras latitudes, forman ya parte viva de la comunidad y, con su fe, su trabajo y sus dones, ayudan a renovarla. Déjense también evangelizar por ellos, pues seguramente traen consigo regalos que la Providencia ha querido hacer llegar a ustedes a través de quienes se integran. Ellos recuerdan que integrar es abrir espacio para que una persona pueda sentirse corresponsable. Así, el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy.

A los católicos quiero pedirles algo más: que la integración no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección; y también debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer, con el testimonio de la vida y de la palabra, caminos para conocer a Jesucristo, respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona. Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres.

Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad.

Y desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. Deténganse. Conviértanse (cf. Mc 1,15). Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él (cf. Gn 4,10; Ex 3,7-9). El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro (cf. Jr 22,13; St 5,1-6).

Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina (cf. 2 Co 5,10). Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio (cf. Is 58,6). Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión (cf. Ez 33,11).

Hermanas y hermanos, la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana. La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado. Alcemos la mirada hacia Él, sin apartarla de quienes sufren; miremos al Señor para aprender a mirar con sus ojos a nuestros hermanos.

La Sagrada Familia de Nazaret, que tuvo que migrar a Egipto para proteger la vida del Niño Jesús (cf. Mt 2,13-15), sigue siendo para todos los tiempos modelo y amparo de toda familia refugiada, de todo migrante y de toda persona que se ve forzada a dejar su tierra por miedo, persecución o necesidad (cf. Pío XII, Const. ap. Exsul Familia). Que ella sostenga el servicio que ustedes ofrecen y haga de esta tierra un lugar donde todos se reconozcan y se traten como hermanos. Que Dios les bendiga. Muchas gracias.

León XIV

En Tenerife: «las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos»

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Palabras del Papa en el Encuentro con los migrantes del Centro «Las Raíces»

Queridos hermanos y hermanas: ¡Buenos días!

Agradezco las sentidas palabras que me ha dirigido la Sra. Ministra, así como el Director de este Centro.

Hoy en la Iglesia celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano. En este marco, es providencial que podamos encontrarnos, vernos y sobre todo saber que, más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad.

Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos. El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor.

Jesús, para explicar la universalidad del amor, puso como ejemplo el acto de servicio de un hombre de otro pueblo y de otra religión que se compadeció del herido y maltratado (cf. Lc 10,25-37). Motivados por ese amor de Dios, que nos ayuda a sanar las heridas y a ser caritativos con los que sufren, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad.

En aquellas desconocidas tierras, los santos migrantes y misioneros supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía. Les invito también a ustedes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda. Este intercambio hemos de vivirlo también con responsabilidad, pensando en el futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor, y donde las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque «pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos» (Magnifica humanitas, 81).

Queridos hermanos y hermanas, todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno. En este sentido, agradezco la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas.

Me ha llamado la atención el nombre de este Centro de acogida, que se denomina “Las Raíces”. A mi Predecesor, el querido Papa Francisco, que tanto anheló poder estar con ustedes, le gustaba utilizar la imagen de las raíces para indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor. «Porque el que confía en el Señor “es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. No temerá cuando llegue el calor y su follaje estará frondoso” (Jr 17,8)» (Christus vivit, 133). Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor (cf. Col 2,7), para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida.

Queridos amigos, les llevo en mi corazón y en el recuerdo de mis oraciones. Que Dios les bendiga, que bendiga a sus familias y a todos los que les hacen el bien. Y que la Bienaventurada Virgen María, Consuelo de los migrantes, les acompañe y auxilie siempre con su protección maternal.

Muchas gracias.

León XIV

Celebramos el Sagrado Corazón de Jesús

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Al día siguiente, el Inmaculado Corazón de María.

Como cada año, el viernes después del Corpus Christi, la Iglesia celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Al día siguiente, tiene lugar la memoria del Inmaculado Corazón de María. Ambas devociones, estrechamente vinculadas, nos hablan del amor misericordioso de Dios por toda la humanidad.

La imagen del Sagrado Corazón que presidió la beatificación del P. Arnaiz en la Catedral saldrá en procesión extraordinaria desde la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús por las calles de la capital. Con este acontecimiento se cierran los actos programados para la Solemnidad, que este año se celebra el 12 de junio, precedida del solemne Quinario que predicarán los padres jesuitas desde el lunes día 8, todos los días, a las 19.30 horas.

La procesión será, concretamente, el sábado 13 de junio a las 19.30 horas. La imagen irá acompañada por la del padre Tiburcio Arnaiz S.J., con motivo del Jubileo por el centenario de la muerte del beato. El Corazón de Jesús fue el motor de la vida espiritual y apostólica del padre Arnaiz. Este sacerdote, cuyos restos son venerados en la propia iglesia de los jesuitas, revitalizó la devoción al Divino Corazón desde su llegada a Málaga en 1912, como director del Apostolado de la Oración en la Diócesis.

ACTO DE CONFIANZA EN EL CORAZÓN DE JESÚS

¡Oh Corazón de Jesús!

Pongo toda mi confianza en Ti.

De mi debilidad todo lo temo,

pero todo lo espero de tu bondad.

A tu Corazón confío… (petición).

¡Jesús mío!, yo cuento contigo,

me fío de Ti, descanso en Ti.

¡Estoy seguro en tu Corazón!

Antonio Moreno

La Escuela Teológica, nuevos diplomados y un adiós agradecido

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La Escuela Teológica San Manuel González clausura de curso en sus distintas sedes.

La Escuela Teológica San Manuel González ha celebrado el cierre del curso en estas semanas en sus distintas sedes. La de Málaga ciudad lo vivió el 29 de mayo, con la celebración de una Eucaristía en la capilla del CESET San Pablo y un ágape fraterno. El resto de sedes han clausurado en distintas fechas, añadiendo la entrega de diplomas a los que terminan sus estudios. El 19 de mayo fue la de la sede de Ronda, el 21 de mayo, la de Marbella; el 27 de mayo, en Antequera; el 5 de junio, en Torre del Mar; el 9 de junio, la sede de Alhaurín; el 12 de junio, la de Mijas Costa, y el 17 de junio, tendrá lugar en la Estación de Cártama.

Este curso, el 37º de su historia, han completado los tres años de formación de la escuela, en sus distintas sedes, 154 alumnos, 69 en modalidad presencial y 85 en la semipresencial. Como explica su director, el sacerdote diocesano José Emilio Cabra, «todos ellos cuentan cómo la Escuela les ha enriquecido, ayudado a profundizar en los contenidos de la fe y compartir con miembros de otras parroquias, cofradías, de otros ámbitos y mentalidades distintas». La Escuela, además, nos ayuda a abrir la mirada y comprobar que la Iglesia es más amplia que nuestra parroquia o nuestro movimiento; que el Evangelio se vive con estilos distintos; que la Palabra que compartimos o el tema que hemos estudiado admite muchos matices, aplicaciones distintas, propuestas que a mí no se nos habían ocurrido a cada uno personalmente… Es una satisfacción comprobarlo año tras año», expresa.

En la sede de Málaga, la clausura de este curso 2025-2026 ha incluido el agradecimiento a Loli Fernández, antigua alumna, secretaria y “alma” de esta escuela desde hace 35 años.

La matriculación para el próximo curso será en septiembre y los interesados encuentran información detallada y procedimiento en la web ceset.edu.es.

Aún puedes inscribirte para participar en la Asamblea Diocesana

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El sábado 20 de junio tiene lugar la Asamblea Diocesana. Inscríbete para participar.

El sábado 20 de junio tiene lugar la Asamblea Diocesana en el Colegio Maristas. Ante la limitación de aforo en el espacio elegido, asistirán 1.500 personas en representación de las diversas realidades diocesanas: parroquias, movimientos y asociaciones, comunidades de vida consagrada, delegaciones, misioneros digitales… Aún quedan plazas para inscribirse.

Aquellas personas que aún no se han inscrito y estén interesadas en participar, pueden inscribirse en este enlace hasta el 16 de junio, mientras queden plazas disponibles.

Esta Asamblea es un paso adelante dentro del proceso de implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad. Desde las 10.00 de la mañana a las 6.00 de la tarde, los participantes compartirán una ponencia marco que recogerá los principales consensos de las aportaciones de los grupos a la recepción del Documento Final del Sínodo, una dinámica con la que se ahondará en el Plan Pastoral Diocesano y diversos talleres en los que se abordarán aspectos prácticos sobre cómo ser una Iglesia sinodal. La Asamblea concluirá con la celebración de la Eucaristía.

Todos los fieles están invitados a rezar por esta celebración, en la que se recoge el trabajo de cientos de grupos de la diócesis, y a seguirla a través de las informaciones de la web diocesismalaga.es y las redes sociales de la diócesis.

Encarni Llamas Fortes
Encarni Llamas

Lecturas del XI Domingo de Tiempo Ordinario (ciclo A)

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Lecturas del XI Domingo de Tiempo Ordinario (ciclo A)

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6ª

Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa

En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.
Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:
«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mi. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».

Salmo

Salmo 99, 2. 3. 5

R/. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

– Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.
– Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
– El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.

Segunda lectura

Romanos 5, 6-11
Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida!

Hermanos:
Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Evangelio

Mateo 9, 36 – 10, 8
Llamó a sus doce discípulos y los envió

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Comentario bíblico de Pablo Díez

Mateo muestra cuál es la raíz y el fundamento de la misión. Esta tiene su origen en la mirada de Jesús. No se trata de una observación neutra. Él capta lo que otros no ven. Las multitudes son visibles para todos, pero Jesús percibe su verdadera condición: aparecen agotadas y heridas por el estado espiritual en el que viven. Esta se expresa con la metáfora de las “ovejas sin pastor” que indica abandono, carencia de guía espiritual, desorientación religiosa, pero que alude también a la fragilidad y vulnerabilidad humana en sentido amplio. La imagen no describe simplemente a un grupo de individuos desorientados, sino al pueblo de Israel en su conjunto. Desde esta perspectiva, la mirada de Jesús no es solamente humana; es la manifestación de la mirada compasiva de Dios sobre Israel que se despliega en tres tiempos. En primer lugar, ve: “He visto la aflicción de mi pueblo” (Ex 3,7). La visión genera compasión: “Mi corazón se conmueve dentro de mí” (Os 11,8), y la compasión le mueve a actuar: “He bajado para librarlo” (Ex 3,8).

En Ex 19,4, la imagen de las alas de águila que acompaña, protege y sostiene a las crías cuando todavía no pueden valerse por sí mismas, expresa la acción de Dios que transporta a Israel desde una situación de total indefensión hacia la libertad y la comunión con Él. La iniciativa es completamente divina. Israel no se salva a sí mismo, sino que es llevado. En este sentido, Jesús posee una mirada mesiánica porque contempla la realidad desde la perspectiva divina, y actúa como el Dios de Israel con la invitación: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” (Mt 11,28). Como el Dios del Éxodo que toma sobre sí la debilidad de su pueblo, Jesús se presenta como el lugar de descanso y amparo para quienes se encuentran agotados. Asume así la función propia de la sabiduría divina: no solo enseña el camino, sino que ofrece personalmente el descanso que Dios prometía a su pueblo (Jer 6,16).

El apóstol capta esto perfectamente. Cuando habla de la debilidad (Rom 5,6) no se refiere a una fragilidad física, sino a la incapacidad del ser humano para salvarse a sí mismo a causa del pecado. En la teología paulina, la debilidad expresa la condición de una humanidad agotada bajo el poder del pecado y de la muerte. Para Pablo, la muerte redentora de Cristo constituye la forma suprema de la acción salvadora que no abandona al hombre en su cansancio, sino que carga con él y le comunica el auténtico descanso, la vida nueva. El discípulo es enviado a mirar como mira Jesús. Quien ha experimentado la misericordia de Dios en su propia debilidad queda llamado a prolongarla entre los demás. La misión nace de la memoria agradecida de haber sido sostenido por Dios cuando uno mismo estaba cansado, agobiado y necesitado de salvación.

 

 

 

 

 

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Que brille nuestra “magnífica humanidad”

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Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Quisiera animaros a profundizar en la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), dedicada a la «custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial» (IA). Este documento, fruto de años de escucha, actualiza la tradición de las grandes encíclicas sociales iniciada por León XIII con Rerum Novarum (1891), que abordó los desafíos de la «revolución industrial», y continuada recientemente por Francisco con Laudato Si’ (2015), centrada en la «cuestión ecológica».

La Iglesia no es experta en cuestiones técnicas, pero aporta «una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita desesperadamente: cada persona es única e insustituible, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común». Con hondura teológica y realismo histórico, el Papa defiende la inviolable dignidad de la persona, el valor sagrado del trabajo y la urgencia de una justicia que proteja la libertad frente al poder de los algoritmos y los datos.

«Que esta encíclica y los discursos del Santo Padre en su visita a España nos ayuden a comprender el desafío de la Inteligencia Artificial, y a trabajar unidos para que siga resplandeciendo en el porvenir nuestra “magnífica humanidad”»
Lejos de rechazar el progreso técnico, la encíclica —inspirada en la rica tradición patrística y, de modo especial, en san Agustín— se presenta como una guía lúcida para orientar el debate sobre la IA con racionalidad, seriedad ética y esperanza. Su propósito es evitar que esta tecnología dé lugar a una nueva torre de Babel, que «sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios», y promover, en cambio, una «civilización del amor» más humana y fraterna.

El Papa insiste en que el progreso tecnológico solo será auténticamente humano si permanece al servicio de la persona y del bien común. Por ello, lanza un llamamiento universal: «La IA requiere hoy ser desarmada, liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte, y puesta al servicio del bien común». Pero no basta con desarmar: es necesario «reparar los lazos, restablecer la confianza y despertar la esperanza en el futuro. Además, nadie reconstruye solo».

León XIV, citando a Gandalf, el mago de El Señor de los Anillos, nos invita a todos a aportar nuestro granito de arena para hacer crecer la civilización del amor: desarmar las palabras, practicar la justicia para encontrar la paz, asumir la mirada de las víctimas, discernir con realismo qué es posible lograr y qué pasos podemos dar, y ejercitar el diálogo en todos los niveles, desde las relaciones personales hasta las internacionales. Incluso propone una espiritualidad eucarística arraigada en la vida de los pobres.

Que esta encíclica y los discursos del Santo Padre en su visita a España nos ayuden a comprender el desafío de la IA, y a trabajar unidos para que siga resplandeciendo en el porvenir nuestra “magnífica humanidad”.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

Un beato cuya sangre bombeaba el Corazón de Jesús

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La procesión del Sagrado Corazón, en el Jubileo del P. Arnaiz, lleva a recordar la salida histórica de 1916.

El sábado 13 de junio, a las 19.30 horas, el centro histórico de Málaga se convertirá en el escenario «de un momento de profunda devoción», como lo describen las Misioneras de las Doctrinas Rurales, herederas de la obra del P. Arnaiz. Y es que la imagen del Sagrado Corazón de Jesús volverá a procesionar, de forma extraordinaria, acompañada de la del Beato, con motivo del Jubileo por el centenario de la muerte del Beato que se está viviendo en la diócesis.

Antes de la Solemnidad del Sagrado del Corazón de Jesús, que este año es el 12 de junio, se celebra un solemne quinario en el templo del mismo nombre donde reposan los restos del P. Arnaiz. Está predicado por los padres jesuitas y da comienzo, cada tarde, a las 19.30 horas.

Como explican las misioneras, «el Corazón de Jesús fue el motor de la vida espiritual y apostólica del Padre Arnaiz. Él, desde su llegada a Málaga en 1912, como director del Apostolado de la Oración en la Diócesis, revitalizó la devoción al Divino Corazón con tanto ardor que el número de los miembros de la Asociación se incrementó exponencialmente. El fervor con que se celebraba cada Primer Viernes de mes y sobre todo durante la Novena dedicada al Sagrado Corazón antes de su fiesta, fue aumentando cada año, hasta tal punto, que en 1915, a pesar del ambiente anticlerical que se respiraba en esos momentos, organizó la salida procesional de la imagen del Corazón de Jesús por las calles de la capital, que se había suspendido desde principio de siglo por una altercado entre un grupo revolucionario contra las personas que asistían a la procesión. Esta salida tuvo tal resonancia que se hicieron eco todos los periódicos de Málaga, reconociendo que el alma de aquella manifestación de fe había sido el P. Arnaiz. Desde entonces la procesión del Sagrado Corazón ha sido un referente en la piedad popular malacitana. Este año, el sábado siguiente a la solemnidad del Divino Corazón, volveremos a tener la oportunidad de manifestar nuestro amor públicamente al Dios, que nos amó hasta el extremo de dar su vida por nosotros y de cuyo Corazón traspasado por nuestros pecados, mana una fuente de vida que cura todas nuestras heridas. La imagen del P. Arnaiz, nos irá recordando, lo que tantas veces repitió en sus predicaciones: “El Corazón de Jesús… es una fuente de bondad y de gracias desconocida de muchos, quien la descubre encuentra la Vida”».

IMAGEN DEL PADRE ARNAIZ

La imagen del beato Tiburcio Arnaiz SJ que saldrá en procesión este sábado fue bendecida el 18 de julio de 2021. Es una imagen de cuerpo entero y se yergue sobre una sobria peana. La escultura, obra del imaginero malagueño Alejandro López (nacido en Vélez-Málaga en 1987), destaca por su porte sereno y recogido. El jesuita se muestra en actitud de oración, con la mirada fija en el horizonte, transmitiendo una profunda paz interior. Viste el clásico hábito talar jesuita de color negro y, sobre la cabeza, porta el tradicional bonete de la Compañía.

CRONICA DE OTRA SALIDA HISTÓRICA

Las misioneras, que durante todo este año están sumando sus fuerzas al impulso del P. Arnaiz por esta devoción, posibilitando numerosas consagraciones al Corazón de Jesús e impartiendo conferencias sobre la devoción y la encíclica Dilexit nos, comparten la salida histórica del Corazón de Jesús que realizó el Beato en 1916, y que recogen el diario malagueño La Defensa y el Boletín Oficial del Obispado de Málaga. Copiamos un trozo de esta crónica, en la que se narra la entrada de la imagen en el templo de S. Agustín de Málaga, regido entonces por los padres jesuitas, ya que la Iglesia del Sagrado Corazón actual no se inauguró hasta 1920. En estas líneas podemos ver al P. Arnaiz como el organizador y motor del acontecimiento:

“Momentos antes de entrar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el templo, cuando Málaga entera le adoraba, cuando el pueblo enronquecía aclamando al Divino Corazón, a la Inmaculada y a Málaga Católica, el gran apóstol Rvdo. P. Arnaiz, elevado sobre la muralla de piedra que hay a las puertas de la iglesia, se dispuso a dirigir la palabra a la muchedumbre. A los atronadores vivas y a las entusiastas aclamaciones, siguió un gran silencio. Y entonces, el humilde y fervoroso jesuita, dijo: “Esto que acabáis de hacer, cantar a Dios Rey, es lo que se hace en el Cielo: tributar alabanzas al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Málaga ha dado una prueba de amor grande, de amor inmenso al Divino Rey, que hoy ha triunfado en las calles de esta ciudad. Por la misericordia de este amantísimo Corazón, los que ahora nos encontramos aquí aclamando a Jesús Rey Inmortal, continuaremos nuestras alabanzas a las tres personas de la Santísima Trinidad, como así lo deseo, a la vez que os doy mi bendición.” Después el celoso hijo de S. Ignacio gritó: “¡Viva el Sagrado Corazón de Jesús! ¡Viva Málaga Católica! ¡Viva la Adoración Nocturna! ¡Viva el Apostolado de la Oración! ¡Vivan todas las Congregaciones religiosas!” (…) Nuestra enhorabuena darnos a todos los malagueños, pero especialmente al Rvdo. P. Arnaiz, el Apóstol que no descansa un momento trabajando por la mayor honra y gloría de Dios Nuestro Señor, a la benemérita Compañía de Jesús y al Apostolado de la Oración.”

Para ellas, el deseo es que esta procesión «vuelva a ser una manifestación pública del amor de los malagueños y devotos del Padre Arnaiz al Divino Corazón de Jesús, y una oportunidad para enfervorizar los corazones y dar frutos de santidad en medio de nuestra sociedad».

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