La voz sabia de Su Santidad el Papa León XIV, por Juan Antonio Díaz Sánchez

Diócesis de Guadix
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La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

La voz sabia de Su Santidad el Papa León XIV, por Juan Antonio Díaz Sánchez

 

LA VOZ SABIA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

 JUAN ANTONIO DÍAZ SÁNCHEZ

DOCTOR EN HISTORIA Y ARTES POR LA UNIVERSIDAD DE GRANADA

“Es una exigencia cierta de la dignidad humana

que los hombres puedan con pleno derecho

dedicarse a la vida pública

(…) de este derecho de acceso a la vida pública

se siguen para los ciudadanos nuevas

y amplísimas posibilidades de bien común.”

San Juan XXIII (1963) Pacem in Terris, 71-72.

La mañana del lunes, día ocho de junio del corriente, sin lugar a dudas, pasará a los anales de la Historia de España. La intervención de Su Santidad, el Papa León XIV, ante las Cortes Españolas, diputados y senadores, reunidos en sesión conjunta en el hemiciclo del palacio del Congreso de los Diputados; además de haber sido providencial, podemos decir que sus palabras han sido todo un regalo a la nación española y cuya trascendencia, estoy absolutamente convencido, traspasará nuestras fronteras. La enorme altura intelectual, que atesora el Santo Padre, León XIV, fue manifestada en todas y cada una de sus palabras pronunciadas en la sede de la soberanía nacional -en este caso concreto, en la Cámara Baja- a través de su inconmensurable discurso. Dicha intervención podemos decir que constituye un hecho histórico per se, puesto que es la primera vez que un pontífice se dirige a las Cortes Españolas reunidas ad hoc, dentro del contexto de su primer viaje apostólico a España.

No obstante, este encuentro con los miembros del Parlamento Español -según lo ha definido la Oficina de Prensa de la Santa Sede-, en mi opinión, no debe de ser calificado histórico solamente porque haya sido la primera vez que algo así ha tenido lugar, sino porque el discurso del Santo Padre va mucho más allá de unas políticamente correctas palabras institucionales. Las palabras de León XIV constituyen un hálito de esperanza dentro de lo que la Política, ese noble arte que definiera Aristóteles, debiera de ser: “…toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno” (Aristóteles, 2019: 37). La densidad de los temas abordados por el Sumo Pontífice, constituyeron un hondo calado en quienes hemos mostrado interés en escucharlas. Es más, en mi caso particular, yo escuché el discurso en directo a través de la radio y, una vez que el Santo Padre concluyó, sentí la necesidad de pedir el texto a un buen amigo mío, que es obispo, y se encontraba en Madrid siguiendo la visita pontificia, quien me lo remitió con total diligencia. Dicho texto merece la pena ser leído, releído, subrayado y anotado con la debida calma que requiere el mismo. Y así he procedido a hacer. Por supuesto, tras realizar una primera lectura de aproximación, una segunda de comprensión y reflexión, y, una tercera de recapitulación; he podido realizar una cierta asimilación del mismo -en la medida de mis paupérrimas capacidades filosóficas- para poder realizar algunas reflexiones acerca del mismo, que me gustaría compartir con todos ustedes.

En primer lugar, pienso que sería positivo comentar, a modo de prolegómeno, aunque sea de una sucinta forma, el momento social y político en que ha sido pronunciado este discurso humanista que exhorta al respeto entre los seres humanos y su dignidad para que ésta “no sea ofuscada bajo la presión de nuevas ideologías o determinados intereses de gran poder en el mundo de hoy” (León XIV, 2026: 51). Ni que decir tiene, que el Santo Padre es digno sucesor de su predecesor, el Papa Francisco, y, por descontado, heredero del Papa León XIII de quien toma su nombre como gesto demostrativo de la voluntad de seguir su obra basada en la Doctrina Social de la Iglesia puesta de manifiesto en la encíclica Rerum Novarum (León XIII, 1891).

Por todos es sabido y de todos consabido, puesto que es algo público y notorio, que el clima político español no atraviesa por su momento más benigno, digamos que es bastante adverso debido a la polarización entre los dos grandes bloques políticos y los distintos partidos que los componen. Evidentemente, el cismático ambiente de crispación diaria, que coadyuva a incrementar exponencialmente la polarización política hasta llegarse a hacer absolutamente insoportable puesto que, como muy bien nos dice el Santo Padre, “la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario.” Ojalá y nuestra clase política asumiese estas palabras al pie de la letra y mostrase un verdadero propósito de enmienda. Sin embargo, en lugar de ocurrir esto, notamos el preocupante aumento del calado, entre los más jóvenes, de la agitación extrema; y la atracción por los discursos xenófobos que son tan peligrosos como preocupantes. Quo vadis, Hispania.

Una vez pronunciado este discurso, muchísimas personas se apresuraron a comentarlo a través de las redes sociales. No obstante, esas reacciones inmediatas que este discurso pontificio no produjo indiferencia alguna entre la gran mayoría de la sociedad española. Es más, al día siguiente, la imagen del Santo Padre, León XIV, copó las portadas de todos los periódicos españoles de tirada nacional y regional. A pesar de esto, yo he preferido dejar pasar unos días, leer el discurso, releerlo, estudiarlo, meditar sobre el mismo…, antes de pronunciarme públicamente sobre éste. Pues bien, el primer comentario, que pude leer en dichos foros digitales, versaba sobre la idoneidad o no de recibir al Sumo Pontífice en la sede de la soberanía nacional. Evidentemente, la polémica estuvo servida, por supuesto, pude leer opiniones de todo tipo y para todos los gustos. Sin embargo, lo cierto y verdad es que el Santo Padre, León XIV, además de ser el Sumo Pontífice y Pastor de la Santa Madre Iglesia Católica, como Obispo de Roma que es; es el Jefe del Estado Vaticano por lo que estaba en todo su derecho de aceptar la invitación que, tan acertadamente, el Gobierno de España le ha remitido a Su Santidad el Papa León XIV y como muy bien él mismo nos indicaba: “Mi presencia entre ustedes quiere ser un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana.” En mi opinión, no es que su presencia fuera idónea y pertinente, sino que su discurso, cuyo carácter humanista se hace más que evidente, fue tan justo como necesario, y su presencia totalmente acertada e indispensable.

El Santo Padre, León XIV, realiza una defensa a ultranza del bien común que es, de alguna manera, “la forma social de la dignidad humana” (León XIV, 2026: 59) nos viene a recordar que de nada nos sirve el continuo enfrentamiento entre izquierda y derecha, puesto que, como decía el estoico emperador romano: “Lo que no beneficia a la colmena, tampoco beneficia a la abeja” (Marco Aurelio, 2011: 89). Sin duda alguna, mejor nos iría a todos si alzásemos la mirada con el fin de mejorar esta colmena que es España, Europa y el mundo.

Previamente a expresar estas reflexiones, Su Santidad, el Papa León XIV, nos invita a echar nuestra mirada hacia atrás para ponderar con la suficiente medida el celebérrimo legado filosófico y jurídico universal, que nos transmitió la Escuela de Salamanca, con el Derecho de Gentes pensado por el Dr. Fray Francisco de Vitoria (O.P.), que pone las bases de lo que hoy conocemos como Derecho Internacional, y cristalizado en el Derecho por el Padre Francisco Suárez (S.J.) Sin lugar a dudas, como muy bien nos señala el Santo Padre, “…una de las grandes herencias de España: haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral.” Y, por supuesto, para poder contribuir al incremento del bien común los legisladores han de preguntarse “cómo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar.”

En otro orden de cosas, como cabía esperar y, por supuesto, haciendo uso de su libertad de expresión y pensamiento, el Papa León XIV abordó temas doctrinales para la Iglesia Católica, que disienten abiertamente con nuestro ordenamiento jurídico vigente. Por lo tanto, debemos de entender estas dichas cuestiones dentro del plano de la moral puesto que no se nos ha de olvidar que ésta “hace directa referencia al comportamiento humano y a su calificación en cuanto bueno o malo haciéndose cargo del mismo los diverso códigos o principios que tratan de regular acciones de los hombres” (Gómez, 2020: 21), como ocurre, en el caso que nos ocupa, con la moral cristiana. A decir verdad, esta parte del discurso originó una cierta polémica, sobre todo, en redes sociales y en tertulias radiofónicas, lo que tampoco nos ha de sorprender, pero esta discrepancia es muy sana puesto que el mismo pontífice nos advierte que “en una convivencia madura (…) cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos.” Por consiguiente, siempre es positivo que se escuchen todas las voces en la casa de la palabra siempre y cuando las mismas entren dentro de nuestro marco constitucional.

Seguidamente y como núcleo principal del discurso, Su Santidad, el Papa León XIV, defendió a ultranza, con valentía y determinación, la dignidad humana: “También el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional. (…) Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos.” Por supuesto, ésta debería de ser nuestra única y verdadera prioridad universal. Todo lo demás son discursos tan populistas como fatuos. Tampoco está de más recordar la encíclica del Papa San Juan XXIII, Pacem in Terris: “El hecho de pertenecer como ciudadano a una determinada comunidad política no impide en modo alguno ser miembro de la familia humana y ciudadano de la sociedad y convivencia universal, común a todos los hombres” (Juan XXIII, 1963: 25)

Las palabras al respecto del Santo Padre son tan claras como contundentes: “Un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales. El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad. El Papa Francisco invitaba a reconocer en los migrantes no simplemente un problema a resolver, sino «una imagen viva del Pueblo de Dios en camino»; personas con dignidad, recursos y sueños, que tienen derecho a ser tratadas con respeto y piden la oportunidad de poder formar parte activa de las sociedades que las reciben” (León XIV, 2026: 81). A colación de este asunto, el Papa León XIV nos advierte del gravísimo problema que provoca la trata de personas ejercida por los traficantes, contrabandistas y mafiosos que mercadean con seres humanos como si fueran meras mercancías. Una dramática situación provocada por seres inmorales y malignos que desprecian al ser humano no respetando su dignidad y atentando contra su libertad. Por todo esto, precisamente, el Santo Padre, León XIV, nos advierte que “es indispensable una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran. Cuando la respuesta institucional se hace cercana, justa y coordinada, las fronteras dejan de ser lugares de abandono y pueden convertirse en espacios de protección responsable de la dignidad humana.”

A continuación, el Papa León XIV ha realizado una férrea defensa a ultranza “de la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia.” Por lo tanto, nos transmite una condena expresa de la guerra puesto que “constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones.” Es sin duda, toda una advertencia tan necesaria, como desgraciada y lamentablemente para la humanidad, de rabiosa actualidad puesto que lo estamos viendo en África u Oriente Medio. Por consiguiente, muy sabiamente el Santo Padre nos alerta de que “las armas pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera.” Es por ello que el Santo Padre nos manifiesta su profunda preocupación por el rearme de las naciones que no garantizan la seguridad de las mismas puesto que “la verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra.”

Otra de las grandes cuestiones tratadas en este discurso pontificio fue la libertad que, evidentemente, no es algo baladí, puesto que nos dice que ser libres “significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente”. Sin lugar a dudas, a pesar de su brevedad y concisión, se convierte en una de las mejores definiciones de la palabra y el concepto de libertad que he leído durante mi vida hasta el día de hoy. Del mismo modo e igual de importante, el Santo Padre, León XIV, aboga por la defensa inquebrantable de los Derechos Humanos puesto que “los pueblos aprendieron que el derecho debe servir al bien, que la justicia pone límites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad, que los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía.”

Por último, Su Santidad invitó a todos los presentes en el interior del hemiciclo del Congreso de los Diputados a “alzar la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír.” Y, del mismo modo, nos recuerda que “España puede ofrecer mucho en este camino. Cuenta con una lengua que une continentes; una tradición cultural, jurídica y espiritual que ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad. Esta experiencia histórica recuerda también el valor de la concordia y del esfuerzo paciente por construir una convivencia pacífica y justa.”

En conclusión, después de haber desgranado y reflexionado sobre la gran mayoría de los temas que trata el Santo Padre, León XIV, en su discurso pontificio, con más o menos densidad; he de decir que el mismo ha constituido un hecho histórico que será estudiado en la Universidad. Ojalá, todas y todos saquemos las debidas enseñanzas, que dichas palabras nos quieren transmitir, a través de una voz sabia como es la de Su Santidad, el Papa León XIV.

Bibliografía:

Aristóteles (2019) Política. Barcelona: Espasa (Colección Austral).

Gómez, C. (2020) El ámbito de la moralidad: ética y moral”, en Gómez, C. & Muguerza, J. (eds.) La aventura de la moralidad (paradigmas, fronteras y problemas de la Ética), Madrid: Alianza, pp. 19-52.

Juan XXIII (1963) Pacem in Terris. Madrid: San Pablo, 2011.

León XIII (1891) Rerum Novarum. Madrid: San Pablo, 2025.

León XIV (2026) Magnifica Humanitas. Madrid: San Pablo.

Marco Aurelio (2011) Meditaciones. Madrid: Alianza Editorial.

 

( Fotografía: Ballesteros) 

 

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