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Caniles celebró a San Antonio, su patrón

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Caniles celebró a San Antonio, su patrón

Caniles celebró con gran devoción las fiestas en honor a su patrón, San Antonio de Padua. Los actos religiosos comenzaron con el tradicional novenario, que reunió a numerosos fieles en preparación para el día grande de la festividad.

El 13 de junio tuvo lugar la solemne procesión matinal de San Antonio de Padua por las calles del municipio, que finalizó con la Misa solemne en su honor. Ya por la tarde, la imagen del santo volvió a recorrer Caniles en una segunda procesión, acompañada por vecinos y visitantes que participaron con fervor en esta celebración tan arraigada en la localidad.

Las fiestas volvieron a poner de manifiesto la profunda tradición religiosa y el sentimiento de devoción que Caniles mantiene hacia su patrón.

Rafael Tenorio

Párroco de Caniles

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‘La profundidad de la mirada’ Tribuna en Diario de Sevilla (16-06-2026)

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‘La profundidad de la mirada’ Tribuna en Diario de Sevilla (16-06-2026)

Ver mejor: la profundidad de la mirada

 

La mirada humana no capta la luz, sino lo que los objetos que la luz revela. Esta paradoja óptica encierra una paradoja moral: aprendemos a ver no cuando miramos más, sino cuando miramos mejor. El lema que León XIV eligió para su viaje apostólico a España, «Alzad la mirada», pone de manifiesto una exigencia de calidad óptica: contemplar la realidad con la nitidez que ella merece. Durante los siete días en que recorrió Madrid, Barcelona y las Canarias, tres escenarios modularon, con distinta temperatura, una misma pregunta de fondo: ¿qué queda de nuestra humanidad cuando dejamos de mirar a Dios, cuando ya no ponemos los ojos en el otro?

Ante el jefe del estado y en la sede de la soberanía nacional, el Santo Padre recuperó las figuras de santa Teresa de Ávila y de san Juan de la Cruz como maestros de «una mística con los ojos abiertos», arraigada en la historia, al tiempo que convocó la Escuela de Salamanca como antecedente de una conciencia jurídica que pone la dignidad humana antes que cualquier consenso de mayoría: «una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse». Con los jóvenes reunidos en la Plaza de Lima, León XIV usó un lenguaje radicalmente distinto, sin que el fondo cambiara, cuando afirmó: «quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso». La dignidad que la ley debe custodiar es la misma que el joven debe encarnar; la mirada que funda las instituciones y la mirada que establece la base de las relaciones personales nacen del mismo manantial.

La noche del miércoles 10 de junio, ante la Sagrada Familia recién coronada con la torre de Jesús, el Papa ofreció la lectura más densa del legado de Gaudí al que definió como una peregrinación espiritual que se recorre, ya que el arquitecto «concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor.» Las tres fachadas de la basílica –Natividad, Pasión, Gloria– son la estructura del anuncio cristiano que la belleza traduce. La torre más alta, coronada por la cruz, brilla de día reflejando la luz del sol y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo. La luz que no se ve, revela en los objetos, como el faro que, sin ser el destino, señala la dirección.

Barcelona fue también el lugar de la mirada más difícil, la que no da la espalda al sufrimiento. En el Estadio Olímpico, tres jóvenes presentaron tres heridas reales: el vacío de quien ha probado el éxito y ha encontrado únicamente soledad; la oscuridad de quien ha llegado al límite; el agravio de quien busca perdonar lo imperdonable. León XIV respondió sin sistemas, ni distancia. A quien preguntó dónde está Dios cuando se hace presente la oscuridad absoluta, el Papa señaló las horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús en Getsemaní y la cruz, es decir, que el Señor no resuelve el dolor desde fuera, lo habita desde dentro. Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema.

En el Puerto de Arguineguín, con el anillo del Pescador en la mano, León XIV nombró también allí sin eufemismos lo que acecha en esas aguas: «mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños, la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido». No hay en ese inventario una condena abstracta, sino la descripción de un crimen real que pide respuesta concreta. A Blessing –víctima de trata cuyo testimonio fue leído en el puerto– el Papa le habló con una ternura paterna: «si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Tu vida no es de quienes te dañaron». Y así, en La Laguna, dirigiéndose a los traficantes de personas sin ningún rodeo: «deténganse. Conviértanse. Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios». La mirada que ve al otro como persona –no como cifra migratoria, no como cuerpo vendible– es la misma que exige a las instituciones vías legales y seguras, y a las comunidades, integración real, pues la acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral.

Si la luz revela los objetos sin consumirlos, la mirada verdadera sobre la persona hace lo mismo, esto es, la descubre sin reducirla, nombrándola sin llegar nunca a poseerla. Los tres escenarios del viaje del Santo Padre León XIV a España se han erigido en tres formas de una misma pedagogía óptica. La mirada que mide las leyes por la persona que amparan o desamparan, la mirada que sube por la belleza hasta Dios y baja por el dolor hasta el hermano, la mirada que se niega a acostumbrarse al sufrimiento como paisaje habitual de nuestras costas. Hay en ello un programa que no requiere eslóganes: ver bien es ya transformar. El kairós –la palabra que el Papa usó en Madrid para describir cada encuentro con el otro– es el instante en que la mirada se convierte en responsabilidad y no puede aplazarse. La cosecha se pierde si no se recoge cuando el trigo está maduro. Muchas gracias, Santo Padre León.

 

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

 

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Novena y procesión en honor a la Virgen del Perpetuo Socorro

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Se celebrará del 19 al 27 de junio, día éste en que tendrá lugar la procesión con la Sagrada Imagen.

El día 19 comienza la Novena en honor a la Virgen del Perpetuo Socorro, que se extenderá hasta el 27 de junio, cuando se celebra la procesión por las principales calles de la ciudad, con motivo del día de esta advocación mariana. Las celebraciones que hasta entonces se desarrollarán será en su templo de la calle San Jerónimo.

La Novena comenzará a las 19:30 horas con el rezo del Santo Rosario y la Exposición del Santísimo Sacramento, y a continuación la Eucaristía a las 20 horas. La procesión, en su día grande el 27 de junio, será a las 21:15 horas.

Durante toda la Novena, se rezará por una intención concreta, como por los enfermos, los hambrientos o por nuestros difuntos. También se rezará por los niños, los novios, los jóvenes y los matrimonios, que recibirán la bendición, y participarán distintos grupos vinculados a esta advocación mariana de la comunidad redentorista o de instituciones como el Colegio Oficial de Médicos, colegios del barrio o el Centro Residencial para Personas Mayores Perpetuo Socorro de Santa Fe.

El 27 de junio será la Archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro Coronada y San Alfonso María de Ligorio, los que participen del Santuario, según informaron sus organizadores. Ese día habrá consagración a la Virgen y oración por las vocaciones redentoristas.

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‘La sana inquietud’ Tribuna en ABC (16-06-2026)

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‘La sana inquietud’ Tribuna en ABC (16-06-2026)

La sana inquietud

En el Estadio Olímpico de Barcelona, respondiendo a un joven que confesaba haber encontrado solo un «vacío inmenso» en la carrera del éxito, León XIV señaló: «estamos hechos a medida del infinito». La expresión pertenece a una tradición filosófica precisa –el famoso inquieto está nuestro corazón, de san Agustín de Hipona– y el Papa la formuló en positivo: la insatisfacción que el ser humano experimenta ante todo logro finito es una señal de su constitución auténtica, más que un defecto. La llamó «sana inquietud» que es preciso cultivar. Alrededor de esa expresión se puede leer la arquitectura interior del viaje apostólico del Santo Padre a España y las llamadas que dirigió a lo largo de estos siete días: cercanía, espiritualidad y evangelización.

La primera llamada del Papa fue la más visible en imágenes. León XIV bendijo niños, abrazó ancianos, escuchó en silencio los anhelos y los deseos de muchas personas. La cercanía del Papa es consecuencia práctica de una afirmación que él mismo formuló en el Centro de Acogida CEDIA de Madrid: «un corazón vivo es cálido y palpitante, y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre, y provoca la muerte de la persona». Este diagnóstico cardiológico pone en guardia frente a la indiferencia ante quien sufre, que no es nunca un descuido moral menor, cuanto un síntoma de muerte interior. Esa misma lógica vertebró su discurso a los voluntarios en IFEMA, donde dijo que «los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad». Frente al término «crecimiento» que hoy se mide en decimales del PIB, León XIV propuso la unidad de medida de la gratuidad, ese obrar sin cálculo de retorno que fermenta la masa social desde dentro, sin que las estadísticas lo registren. Y la «sana inquietud» es precisamente lo que impide al que actúa con gratuidad instalarse en el conformismo: sabe que ha dado, y sabe que no ha dado suficiente, y esa tensión es fecunda. En Canarias, la cercanía alcanzó su grado más exigente. A Blessing, víctima de trata cuyo testimonio fue leído en el Puerto de Arguineguín, el Papa le habló con palabras de padre: «si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Tu vida no es de quienes te dañaron.» En La Laguna, a los traficantes de personas, sin rodeos: «deténganse. Conviértanse. Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios.» La «sana inquietud» ante el sufrimiento ajeno es lo que distingue la cercanía del Papa de la compasión espectacular, que exige transformación.

En la segunda llamada León XIV introdujo la dimensión espiritual como fundamento crítico de la vida social, cultural y política. En la Vigilia de Madrid, a un joven que preguntó cómo discernir la voz de Dios entre el ruido de mil voces, el Papa respondió con tres instrumentos concretos: el silencio, la oración y la Sagrada Escritura. «En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad!» El silencio es el método crítico para separar lo verdadero de lo construido. La noche más densa del viaje fue la vigilia en el Estadio Olímpico de Barcelona. Tres jóvenes presentaron tres heridas sin edulcorar, y el Papa respondió habitando el dolor en lugar de explicarlo. A quien preguntó dónde está Dios cuando la oscuridad es absoluta, señaló el Getsemaní y la cruz: «Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema». La «sana inquietud» espiritual que León XIV propone es la quien ha encontrado a Cristo y sabe que su sacrificio no resuelve el sufrimiento desde fuera, sino que, al contrario, lo transforma desde dentro. Por eso insistió en que la inquietud hay que cultivarla «descendiendo interiormente», buscando dentro, resistiendo los «anestésicos», esa fue su palabra, que la cultura del rendimiento ofrece para adormecer la conciencia. En Montserrat, añadió la dimensión mariana con un giro de imagen preciso: «el Niño Dios que María sostiene en sus brazos no lleva armaduras, y será Él mismo quien luego, desnudo en la cruz, se abandone totalmente al Padre para salvarnos con la fuerza desarmada y desarmante del amor». La espiritualidad que el Papa propone exige deponer las corazas de las ideologías y aquellas que salvaguardan el ego, es la condición para que la «sana inquietud» no se corrompa en activismo ni en quietismo.

La tercera llamada tuvo su imagen más alta en Barcelona, ante la Sagrada Familia recién coronada con la torre de Jesús. León XIV no visitó la basílica de Gaudí como turista ilustre, sino que supo llevar a cabo una lectura de sus piedras como programa. «Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros». Sus tres fachadas —Natividad, Pasión, Gloria— son la estructura del kerigma hecha piedra. El arte y la belleza continúan siendo hoy eminentes canales de evangelización: la Sagrada Familia renueva para el siglo XXI la Biblia del pueblo de las catedrales góticas. A los obispos en Madrid, el Papa fijó el criterio del evangelizador: «sed para todos como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios.» Formación como configuración de vida. Y en La Laguna, señaló que evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo.

La «sana inquietud», en definitiva, es el nombre de una condición humana auténtica: la de quien reconoce que está hecho para más de lo que el mundo le ofrece, y no se resigna a menos. León XIV visitó España con esa palabra en el corazón y la distribuyó en tres formas de llamada: cercanía, espiritualidad, evangelización. Esta inquietud no puede aplazarse.

 

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

 

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«El Evangelio vivo que todos queremos ver»

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«El Evangelio vivo que todos queremos ver»

Tras la reciente visita de nuestro querido Papa León XIV, y todavía con la miel en los labios, me gustaría destacar una palabra que el Santo Padre proclamó en su primera visita a la Archidiócesis de Madrid, en una parroquia que se llama Crucifixión:

“La Crucifixión, es señal no de muerte sino de esperanza, de nueva vida, de resurrección y de la salvación que Jesús ofrece a todos nosotros. Agradezco muchísimo a todas las asociaciones representadas aquí, gracias por este hermoso servicio que hacéis, porque este es el signo de la esperanza en el mundo de hoy. Es el Evangelio vivo que todos queremos ver, todos queremos sentir, experimentar”.

En nuestra Diócesis de Huelva tenemos el privilegio de tener entre nosotros a una persona que verdaderamente ha sido un Evangelio vivo donde los demás podían leer a Dios, experimentar a Dios…sentirlo, sea cual fuere su procedencia, ideología o de su vivencia espiritual. Se trata de la Madre Luisa Sosa, fallecida en 2017, cuyo proceso de beatificación se ha iniciado ya, y a la que recientemente han concedido una calle en Huelva y otra en Nerva, su pueblo minero natal.

No había persona alguna que se acercara a ella y se marchara indiferente. Todos se sentían queridos de una manera especial. Aunque alguien llegase con los agobios propios de la vida, todos se iban, tras estar con ella, con un profundo sentimiento de paz que inundaba su corazón… no tenía explicación humana. Esto se puede constatar en todos y cada uno de los testimonios recogidos sobre ella.

Uno de estos testimonios, quizás el más paradigmático, es el de Chari. Ocurrió cuando, desde Fuenteheridos, fue a cantar con un coro a las ancianas. Chari había oído hablar de la Madre Luisa, y quiso conocerla personalmente. Esta, a pesar de estar enferma, al final, bajó a saludar al coro. Chari se acercó a la Madre y esta le dio muchísimas gracias por haber ido a cantar y le cogió su mano. Lo que ocurrió entonces, Chari lo expresa así: 

“Hubo una cosa que no puedo explicar. Fue como una tranquilidad que me entró al momento, una paz…Y me miró a los ojos, simplemente me miró, no me dijo nada más. Me miró, yo la miré y en un instante, yo pensé que le estaba dando la mano a Dios. Yo no lo puedo explicar, pero eso lo tengo grabado en mi corazón y en mi mente, y no se me olvida”. 

A pesar del paso de los años, Chari sigue impresionada con aquella experiencia que tuvo con la Madre. Dejo aquí su testimonio en vivo y en directo: 

Celia Hierro Fontenla
Postuladora de la Causa de beatificación 
y canonización de la M. Luisa Sosa

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Avanza el proyecto de restauración del Retablo del Cristo de la Victoria de Moguer

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El pasado jueves tuvo lugar una visita técnica al Retablo del Cristo de la Victoria con el objetivo de conocer el alcance del proyecto de restauración que se llevará a cabo gracias a la subvención concedida por la Delegación Territorial de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía a la Parroquia de Nuestra Señora de la Granada de Moguer.

En esta visita participaron el vicario episcopal para la Administración de los Bienes Diocesanos y Relaciones Institucionales de la Diócesis de Huelva, Jaime Jesús Cano Gamero; la delegada territorial de Cultura en funciones, Teresa Herrera Vidarte; el párroco de Moguer y director del Monasterio de Santa Clara, José Antonio Omist López; y el presidente de la Hermandad de la Vera Cruz de Moguer, Alejandro Pérez Noja.

Durante el encuentro, los asistentes pudieron conocer los detalles de una actuación que permitirá la conservación y puesta en valor de este importante bien patrimonial, estrechamente ligado a la historia religiosa, cultural y devocional de la localidad.

La restauración del retablo supone un paso significativo en el compromiso compartido por las instituciones implicadas para la protección del patrimonio eclesiástico, favoreciendo la transmisión de este legado a las futuras generaciones y contribuyendo al enriquecimiento cultural de la comunidad.

Una vez concluyan los trabajos previstos, el Retablo del Cristo de la Victoria será reinstalado en su emplazamiento histórico en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Granada, recuperando así uno de los elementos más significativos del patrimonio artístico y religioso de Moguer.

Esta intervención pone de manifiesto la importancia de la colaboración entre las administraciones públicas, la Iglesia y las entidades locales para la conservación de aquellos bienes que forman parte de la identidad y la memoria colectiva de nuestros pueblos.

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Los futuros sacerdotes de la Diócesis concluyen sus Ejercicios Espirituales en preparación para la ordenación sacerdotal

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Los futuros sacerdotes de la Diócesis concluyen sus Ejercicios Espirituales en preparación para la ordenación sacerdotal

Como es tradición en la Iglesia y conforme establece el Código de Derecho Canónico, los diáconos que serán ordenados sacerdotes el próximo sábado, 27 de junio, a las 11.00 horas, en la Santa Iglesia Catedral de Huelva, han realizado recientemente sus Ejercicios Espirituales como preparación inmediata para recibir el sacramento del Orden en el grado del presbiterado.

En esta ocasión, los ejercicios han sido dirigidos por D. Feliciano Fernández Sousa, sacerdote del clero diocesano y canónigo de la Santa Iglesia Catedral, quien ha acompañado a los candidatos durante estos días de retiro, reflexión y encuentro con el Señor.

Los diáconos D. Ángel Fábregas Martín, D. Manuel Higueras García y D. Marcelo Zeballos Villegas han compartido intensamente este tiempo de oración y silencio, profundizando en la llamada que han recibido y en la misión que asumirán próximamente al servicio del Pueblo de Dios.

A través de las meditaciones, la celebración de la Eucaristía y los distintos momentos de recogimiento espiritual, los futuros presbíteros han podido prepararse interiormente para configurar sus vidas con Cristo, Buen Pastor, modelo y referencia de todo ministerio sacerdotal.

La Diócesis de Huelva acompaña con alegría y esperanza a estos tres diáconos en los días previos a su ordenación, agradeciendo al Señor el don de sus vocaciones y el generoso testimonio de entrega que ofrecen a la Iglesia.

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La Virgen de la Cabeza Peregrina se encuentra con los fieles de Jabalquinto

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Tras dos semanas de recorrido por las distintas parroquias de la ciudad de Linares, la imagen de la Virgen de la Cabeza Peregrina, en el marco de la conmemoración del octavo siglo de su aparición al pastor de Colomera, ha llegado a Jabalquinto.

En la plaza de la ermita de san Juan Bautista y Ntra. Sra. de las Mercedes, la patrona de la diócesis fue recibida, con júbilo, por representantes de las cofradías y fieles junto al cura párroco, D. Miguel Ángel Jurado Arroyo.

El pueblo, en masa, recorriendo calles y plazas acompañó a la Madre de Dios entre palmas, vítores y música, mientras ella posaba sus benditas plantas en los altares montados para la ocasión.

A hombros de jabalquinteños y jabalquinteñas llegó hasta la lonja de la iglesia entrando en su interior sostenida por brazos fuertes, elevados al cielo.

Colocada con gusto y mimo, en el presbiterio, quedó expuesta para ser venerada y presidir las distintas celebraciones programadas en su honor.

El sábado, día de san Antonio de Padua, en una iglesia repleta de fieles, tuvo lugar la misa anticipada, celebrada por D. Miguel Ángel y amenizada por el coro parroquial. Tras la bendición final se interpretó el popular himno a la virgen de la Cabeza, escrito por José María Gallo Moya. Sus primeros sones se debieron a D. Miguel Rivera de la Rosa, siendo el maestro Sapena, director de la banda de música de Jaén, quien lo adaptó para ser interpretado.

Ya, el domingo, tras la celebración del día del Señor, el pueblo, entusiasmado, entre vivas y llanto, trasladó a la morenita, en procesión, hasta el vehículo que la llevó a la vecina localidad de Villargordo.

Todos los actos organizados en este tiempo culminarán con la solemne clausura que tendrá lugar el próximo 28 de junio, en la parroquia de la Encarnación de Bailén y que presidirá el Obispo de la Diócesis Don Sebastián Chico Martínez. Desde allí, la patrona de la diócesis se trasladará a su santuario del cerro del Cabezo.

Pedimos a Dios que la estancia de su bendita Madre en nuestro pueblo fortalezca y anime el peregrinar de nuestra comunidad parroquial en favor de los más necesitados.

¡VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!

Antonio García Sanz
Cronista Oficial de la Villa de Jabalquinto

La cicatriz de la tierra: pastizales, custodia y profecía del desierto

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La tierra no habla con conceptos abstractos; se expresa con grietas. Cada hectárea de suelo fértil que sucumbe ante la aridez es una página arrancada del libro de la Creación, una hendidura en la piel del planeta que delata una quiebra mucho más profunda: la de nuestra propia conciencia. Por voluntad de la Asamblea General de las Naciones Unidas, desde 1994, cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. La presente edición nos confronta con un espejo ineludible bajo el lema: “Pastizales: Reconocer. Respetar. Restaurar”. No estamos ante una mera efeméride ecologista, sino ante una vehemente interpelación que no puede dejarnos indiferentes.

En este 2026 la desertificación ya no es una amenaza remota que asedia las fronteras del mapa; es una realidad que muerde los talones del desarrollo humano. Frente a esta crisis, la Doctrina Social de la Iglesia emerge como un faro de perspicaz lucidez, que nos recuerda que la devastación de la naturaleza es el síntoma visible de un desierto interior que avanza silencioso en el corazón del hombre moderno.

Fue Su Santidad Benedicto XVI quien, con su precisión teológica e incisiva agudeza, advirtió en el arranque de su pontificado que “hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción” (Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino del Obispo de Roma, 24 de abril de 2005). Para el Papa la crisis ecológica no era un simple desajuste técnico de los ecosistemas, sino una crisis de sentido. Cuando el ser humano se encumbra a sí mismo como dominador absoluto y olvida su condición de custodio, la creación entera se desfigura. La aridez del suelo es la proyección física del utilitarismo desenfrenado. Al romper nuestra alianza original con el Creador, transformamos el jardín en una cantera y el pastizal en un páramo. El pensamiento de Ratzinger nos sacude con una verdad incómoda: la desertificación avanza porque la soberbia humana ha desecado las fuentes de la gratuidad y el respeto. No se puede sanar la tierra si no se purifica primero la mirada del hombre sobre ella. Si los pastizales hoy agonizan bajo el peso de la sobreexplotación, es porque hemos dejado de reconocer en ellos el diseño de un don compartido, reduciéndolos a meras variables de un balance financiero a corto plazo.

Allí donde Benedicto XVI diagnosticó la raíz del mal, Su Sucesor en la Cátedra de Pedro desplegó una hoja de ruta social y existencial a través de su encíclica Laudato si’. El Papa Francisco derribó los muros que separaban la ecología de la justicia social, acuñando el concepto vinculante de la ecología integral. No hay dos crisis separadas —una ambiental y otra social—, sino una única y compleja crisis socio-ambiental. “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar” (LS, n. 13).

En esa misma dirección ha caminado León XIV con inaudita audacia: “Todos sabemos que debemos velar por la salud de la creación como velamos por la de nuestra propia casa, rechazando las tentaciones de poder y enriquecimiento vinculadas a prácticas que contaminan la tierra, el agua, el aire y la convivencia. Hemos de crear, paso a paso, pero rápidamente, una economía menos individualista, un sistema menos consumista. ¡Cuánto desperdicio, cuánto veneno ha generado un modelo de crecimiento que nos ha embrujado, dejándonos más enfermos y pobres! Aprendamos a ser ricos de otra manera: más atentos a las relaciones, más enfocados en promover el bien común, más apegados a la comunidad local, más agradecidos al acoger e integrar a quienes vienen a vivir con nosotros” (Discurso en la reunión con los alcaldes y fieles de los municipios de la “Tierra de fuegos”, 23 de mayo de 2026).

Queda entonces claro que cuando un pastizal se degrada y se convierte en polvo, no solo se desvanece la biodiversidad; se evapora el sustento de comunidades enteras, del pastoreo tradicional y de las familias campesinas que son expulsadas hacia los márgenes de las grandes ciudades. La sequía es la antesala del éxodo. Respetar los pastizales exige, por tanto, salvaguardar los derechos de quienes los habitan y los cuidan. El desprecio por los ecosistemas frágiles es, en el fondo, una forma refinada de desprecio por la vulnerabilidad humana.

El lema de esta jornada internacional para el año en curso resuena como un imperativo trinitario para la acción colectiva. Cada uno de estos verbos exige una conversión de la inteligencia y de las manos.

Reconocer: Significa despojarnos de la ceguera urbana. Los pastizales no son tierras baldías a la espera de ser urbanizadas o colonizadas por el monocultivo intensivo. Son inmensos pulmones, sumideros de carbono y guardianes del agua subterránea. Reconocer es el primer acto de justicia: devolver la dignidad estética y vital a lo que la prisa moderna ha invisibilizado.

Respetar: Implica detener la lógica de la rapiña. El magisterio de la Iglesia insiste en que la naturaleza no es un marco decorativo, sino un tejido de relaciones vivas. Respetar el pastizal es comprender sus ritmos, sus tiempos de barbecho, sus límites. Es transitar de la economía de la extracción a la cultura del cuidado.

Restaurar: Es la tarea suprema de nuestra generación. No basta con la conservación pasiva; es hora de la reparación activa. Restaurar la tierra es un acto de alta política y de profunda espiritualidad. Significa devolverle al suelo la capacidad de engendrar vida, cerrar las cicatrices de la erosión y reforestar no solo el paisaje, sino el tejido comunitario que la sequía ha desestructurado.

La desertificación no es un destino fatal inevitable; es una construcción humana y, por ende, puede ser revertida. La opinión pública no puede seguir asistiendo a la degradación de nuestro hogar común con la indolencia del espectador que contempla una tragedia ajena. La apatía es el peor de los desiertos.

Este 17 de junio de 2026 debe marcar un punto de inflexión. Necesitamos que las agendas gubernamentales dejen de tratar la sequía como una emergencia estacional y la asuman como un desafío estructural y geopolítico. La escasez de agua y la muerte del suelo fértil son las verdaderas amenazas a la paz global de este siglo. La paz social está íntimamente ligada a la paz con la creación. Avivar la conciencia pública no es propagar un catastrofismo estéril, sino encender la esperanza que se traduce en compromiso. Restaurar los pastizales es devolver la soberanía alimentaria a los pueblos, es mitigar el cambio climático y es, por encima de todo, honrar el legado que dejaremos a las generaciones venideras.

Que la conmemoración de este día mundial nos aleje de la parálisis. El veredicto de la historia dependerá de nuestra capacidad para transformar el desierto en jardín, la indiferencia en custodia y la explotación en respeto. La tierra sigue esperando que los seres humanos actúen, finalmente, como sus verdaderos guardianes.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

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