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Los matrimonios de Proyecto Amor Conyugal cierran el curso participando en un encuentro en Granada

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Un grupo de matrimonios de Proyecto Amor Conyugal que se reúne periódicamente en la parroquia de San Luis Gonzaga de Almería participó el pasado domingo 14 de junio en la Jornada del Sacramento del Matrimonio celebrada en Granada, un encuentro que sirvió también como clausura del curso pastoral.

La cita tuvo lugar en el Colegio Diocesano Virgen de Gracia y reunió a cerca de 200 matrimonios y 75 niños procedentes de las diócesis de Granada y Almería. La jornada comenzó con una ponencia impartida por José Luis y Magüi, fundadores de Proyecto Amor Conyugal, quienes animaron a los asistentes a seguir profundizando en la vocación matrimonial como camino de santidad.

Posteriormente se celebró la Eucaristía, presidida por el consiliario de Proyecto Amor Conyugal en Granada, D. Ildefonso Fernández Figueras, concelebrada por otros cuatro sacerdotes. Tras un tiempo de convivencia compartido durante la comida, el encuentro concluyó con una adoración al Santísimo Sacramento.

Para los matrimonios almerienses, esta jornada supuso un momento de acción de gracias por el camino recorrido durante el curso y una oportunidad para fortalecer los lazos de fraternidad con otras familias que participan en este itinerario de acompañamiento y crecimiento en la fe. El grupo de Proyecto Amor Conyugal de la parroquia de San Luis Gonzaga retomará sus encuentros el próximo curso con el deseo de seguir profundizando en la espiritualidad matrimonial y familiar.

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Cáritas de la diócesis de Guadix celebró su Asamblea Diocesana

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Cáritas de la diócesis de Guadix celebró su Asamblea Diocesana

Sirvió para presentar la Memoria de Cáritas 2025 en la diócesis accitana y para compartir el trabajo realizado

Cáritas de la diócesis de Guadix ha celebrado una jornada de convivencia, en torno a la fiesta del Corpus y del Día Nacional de Caridad, que fue el pasado domingo 7 de junio. La jornada de convivencia, que en realidad es una asamblea diocesana, tuvo lugar el sábado 13 de junio, en el Hospital Real de Guadix, y contó con trabajadores y voluntarios de Cáritas, así como de usuarios de esta institución de la Iglesia en diferentes parroquias de la diócesis.

La asamblea sirvió para presentar la Memoria de Cáritas Diocesana de Guadix correspondiente al año 2025, que se ha distribuido por parroquias y que recoge todo lo que se hizo el año pasado y los recursos con los que se contó para ello.

También sirvió la mañana para que los trabajadores, voluntarios y usuarios de Cáritas compartieran sus experiencias. Y así se hizo, con numerosas intervenciones de los participantes. De fondo, siempre el lema con el que Cáritas anima este curso: “Elige amar. Elige comunidad”.

Especial protagonismos tuvo el trabajo que se viene realizando desde los talleres de mayores. Hubo testimonios de las mujeres que asisten a los talleres, en distintas parroquias, de mayores atendidos en sus domicilios y de voluntarios mayores.

Al final de la mañana, se incorporó el obispo de Guadix, que llegaba de Canarias, de acompañar al papa León XIV en su viaje apostólico a nuestro país.
Terminó la mañana con una comida en fraternidad, que sirvió para seguir con la convivencia y con el intercambio de experiencias.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Homilía en la ordenación sacerdotal de cinco nuevos presbíteros

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla, en la ordenación presbiteral de Pablo Bernal, Pablo Noguera, Cristian Rodríguez, José Manuel Ruiz y José Alberto Torres.

Santa Iglesia Catedral de Sevilla, 13 de junio de 2026.

Hoy es un día grande para la Iglesia que peregrina en Sevilla. Es un día de acción de gracias, y de profunda esperanza. El Señor nos concede el don de cinco nuevos presbíteros. Hoy resuena en esta Catedral una palabra que atraviesa los siglos y llega hasta vosotros con una fuerza totalmente personal: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1, 5). Queridos hermanos y hermanas que participáis en esta celebración: Hermanos en el episcopado, Consejo Episcopal, Cabildo de la Catedral, Rectores y formadores de nuestros Seminarios, presbíteros, diáconos, seminaristas; Franciscanos de Cruz Blanca y miembros de la vida consagrada, miembros del laicado, hermanos todos en el Señor. Queridos Pablo Bernal, Pablo Noguera, Cristian, José Manuel y José Alberto, que recibiréis la ordenación presbiteral. Saludo a vuestras familias, que os acompañan en un día tan señalado, las aquí presentes y las que siguen la celebración a través de los medios de comunicación.
La primera lectura, tomada del profeta Jeremías, nos sitúa en el centro mismo del misterio de la vocación. No es el hombre quien toma la iniciativa. No somos nosotros quienes nos conferimos esta misión. No se trata de un proyecto profesional, ni una promoción humana, ni una elección nacida de la inclinación religiosa. El sacerdocio nace en el corazón de Dios. Es Dios quien llama, es Él quien consagra y envía. San Juan Pablo II, al comienzo de la exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, recoge precisamente esa promesa bíblica: «Os daré pastores según mi corazón» (n. 1). La Iglesia vive de esa promesa, y hoy la vemos cumplirse de nuevo ante nuestros ojos.
El profeta Jeremías no responde con suficiencia. Responde con temor: «¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho» (Jr 1, 6). Esa palabra es también profundamente sacerdotal. El que ha comprendido algo del sacerdocio no puede acercarse con ligereza, ni autosuficiencia, ni vanidad. Solo puede hacerlo con humildad, con santo temblor y con confianza. El Señor no llama a los más capaces y seguros de sí mismos, sino a quienes están dispuestos a dejarse sostener por Él. Por eso le responde: «No digas: “Soy un muchacho”… adonde yo te envíe irás… no les tengas miedo… yo estoy contigo» (cf. Jr 1, 7-8). La vida sacerdotal no se fundamenta en nuestra fuerza o en nuestras cualidades, sino en la fidelidad del Señor.
Queridos ordenandos, grabad en el alma desde hoy y para siempre que el sacerdote no se pertenece. Ha sido alcanzado por Cristo, configurado con Él y enviado por la Iglesia. El Concilio Vaticano II enseña que los presbíteros, por la sagrada ordenación y la misión recibida de los obispos, «son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey» y participan de su ministerio para la edificación del Pueblo de Dios (Presbyterorum ordinis, 1). No seréis ordenados para vosotros mismos, sino para Cristo y para los hermanos. No seréis ordenados para llevar una vida cómoda, sino para gastaros y desgastaros. No seréis ordenados para ocupar puestos más o menos relevantes en apariencia, sino para vivir una entrega total allá donde seáis enviados. Cristo llenará vuestro corazón. Él dará plenitud a vuestra vida y os llenará de la verdadera alegría.
El salmo responsorial ha puesto en nuestros labios la respuesta más justa: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación». Ésta es la verdad más profunda del sacerdote: un hombre agradecido. Un sacerdote triste suele ser, en el fondo, un sacerdote que ha olvidado el don recibido. Un sacerdote agradecido, en cambio, aunque experimente la fatiga, la soledad y la cruz, permanece interiormente firme, porque sabe de quién se ha fiado. Hoy vuestra primera actitud ha de ser ésta: dar gracias. Gracias al Señor, que os llamó; gracias a la Iglesia, que os ha acompañado; gracias a vuestras familias, formadores, comunidades y amigos, que han sido instrumentos de la gracia en vuestro camino.
La segunda lectura, de la primera carta de san Pedro, pone delante de nosotros el estilo del ministerio. No basta con ser sacerdote; hay que vivir sacerdotalmente. San Pedro exhorta a los presbíteros a apacentar la grey de Dios «no a la fuerza, sino de buena gana; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño» (1 Pe 5, 2-3). Aquí aparece un retrato luminoso del sacerdote según el corazón de Cristo: pastor, no funcionario; servidor, no dueño; testigo, no protagonista.
Esta palabra apostólica tiene hoy una actualidad inmensa. La Iglesia no necesita sacerdotes instalados o mundanizados. Necesita sacerdotes que hagan de su existencia una ofrenda agradable al Padre, un don total de sí mismos a Dios y a los hermanos, siguiendo el ejemplo de Jesús, que «no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud» (Mc 10, 45). Los sacerdotes viven en medio de la sociedad haciendo del servicio a Dios y a los demás el eje central de su existencia, viven la actitud de servicio aceptando la voluntad de Dios, ofreciendo su vida en totalidad, gastándose y desgastándose por los hermanos, especialmente por los más pobres y pequeños.
El Evangelio corona la liturgia de la Palabra con una imagen conmovedora de Jesús: «Recorría todas las ciudades y aldeas… viendo a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 35-36). Aquí está la fuente del sacerdocio ministerial: la compasión del Corazón de Cristo. El sacerdote nace del amor compasivo de Jesús hacia su pueblo. No nace de una estrategia organizativa ni de una necesidad meramente funcional. Nace del amor del Buen Pastor, que no quiere dejar a su pueblo sin guía, sin alimento, sin perdón, sin verdad y sin Eucaristía.
Por eso, queridos hijos, vuestro sacerdocio deberá tener siempre este mismo latido: mirar al pueblo con los ojos de Cristo. Mirar a los pobres con los ojos de Cristo. Mirar a los enfermos, a los ancianos, a los jóvenes, a las familias heridas, a los alejados, a los inmigrantes, a quienes llaman a la puerta de la Iglesia, con los ojos de Cristo. Si un día perdierais la compasión pastoral, comenzaríais a vaciar por dentro vuestro ministerio. El sacerdote no puede permitir que se endurezca su corazón. Debe tener entrañas de padre, paciencia de pastor y disponibilidad de siervo.
El pasado jueves, en la Catedral de Santa Ana, de Las Palmas de Gran Canaria, dirigiéndose a obispos, sacerdotes, diáconos, y miembros de la vida consagrada, el Santo Padre León recomendó como “pauta de navegación” abrazar la cruz de Cristo acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida; también cultivar una espiritualidad eucarística, «una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor», que se manifiesta en la solidaridad cristiana, porque la unión con Cristo y con los hermanos es inseparable, y se manifiesta en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles.
Queridos Pablo, Cristian, Pablo, José Manuel y José Alberto: a partir de hoy seréis hombres de la Palabra, del altar y del perdón sacramental. Predicad con fidelidad, celebrad con unción, confesad con misericordia. No rebajéis nunca el Evangelio, no os canséis nunca de administrar la gracia de Dios. Sed sacerdotes enamorados de la Eucaristía, que ha de ser el centro de vuestra jornada, la fuente de vuestra caridad pastoral y la escuela cotidiana de vuestra entrega. Sed sacerdotes de oración, de comunión, profundamente unidos a vuestro obispo, al presbiterio diocesano y a la Iglesia entera. Ahí está vuestra fecundidad.
Sed cercanos al pueblo santo de Dios. Id al encuentro, escuchad, acompañad, consolad. Corregid cuando sea necesario, pero hacedlo con caridad y con verdad. Que la gente perciba en vosotros no una autoridad fría, sino una paternidad espiritual limpia, serena y fuerte. Y cuando lleguen las pruebas —porque llegarán— no olvidéis que el Señor toca también hoy vuestros labios, como tocó los de Jeremías. Él pondrá en vuestra boca su palabra, sostendrá vuestra pobreza, suplirá vuestra insuficiencia, os llenará de fuerza y esperanza.
Pidamos a la Santísima Virgen María, Virgen de los Reyes, Madre de la Iglesia y Madre de los sacerdotes, que os cubra con su manto. Que ella os enseñe la obediencia de la fe, la humildad del servicio y la perseverancia junto a la cruz. Y que san Leandro, san Isidoro, san Juan de Ávila y tantos santos pastores intercedan por vosotros. Queridos hijos: hoy la Iglesia de Sevilla os recibe con alegría. Cristo os llama amigos y os constituye pastores. Sed santos. Sed fieles. Sed sacerdotes según el corazón de Cristo. Así sea.

Cien años de la presencia de la Iglesia en el barrio del Cerro del Águila

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Cien años de la presencia de la Iglesia en el barrio del Cerro del Águila

Numerosos feligreses del Cerro del Águila se dieron cita el pasado sábado 13 de junio en la Parroquia de Ntra. Sra. de los Dolores para conmemorar el centenario de la presencia de la Iglesia en este sevillano barrio. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió la Eucaristía, concelebrada por el párroco, Javier Brazo, y el párroco emérito, Alberto Tena. La Banda Sinfónica Municipal y  la coral polifónica ‘Virgen de la Hiniesta’ fueron los encargados de acompañar musicalmente la liturgia.

Cien años han transcurrido desde que la Iglesia comenzara a caminar en el Cerro del Águila, desde la primitiva capilla de Ntra. Sra. de los Dolores hasta el actual templo parroquial. Una historia unida a la de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, «cauce de fe, de piedad, de identidad cristiana y de amor a la Santísima Virgen».

«Hoy celebramos que el Señor ha mirado este barrio, ha tenido compasión de su gente, y ha suscitado aquí una presencia estable de la Iglesia para anunciar, santificar y servir», afirmó el arzobispo en su homilía. Una presencia reflejada en el día a día de las familias, en la labor pastoral, en la celebración de los sacramentos y en la piedad popular. «Nada de esto ha sido casual- continuaba don José Ángel-. Ha sido gracia, presencia y fidelidad de Dios».

Monseñor Saiz Meneses agradeció la labor de los sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral y catequistas que han servido en la parroquia; también tuvo un especial recuerdo a todos los niños y jóvenes que han forjado su fe en ella, a los matrimonios y a los ancianos «que han sostenido la fe del barrio con el rosario en la mano». También tuvo palabras para la Hermandad de los Dolores, por «acompañar la vida de la parroquia, sostener su misión y ser testigos de Cristo en medio del pueblo».

Asimismo recordó que el barrio necesita una parroquia abierta, que acoja y evangelice, y una comunidad cristiana «que no se encierre en el templo, sino que salga a las calles, a las casas, a las periferias humanas y espirituales», tal y como exhortaba el papa León al inicio de su pontificado. «Cien años de Iglesia en el Cerro no son un monumento al pasado; son una llamada a seguir siendo Iglesia misionera aquí y ahora», apuntó Monseñor Saiz Meneses.

Para finalizar, el arzobispo invitó a alimentar el alma de la parroquia con la oración, la Eucaristía, la confesión, la formación cristiana, la caridad y el compromiso apostólico, «el mejor modo de vivir este centenario», y a la Hermandad a permanecer unida a la parroquia, pues «cuanto más unida esté la parroquia a su Hermandad en la verdad de la fe y en la comunión de la Iglesia, más resplandecerá aquí el nombre de Cristo».

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Este domingo se clausura la Octava del Corpus en la Catedral de Guadix

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Este domingo se clausura la Octava del Corpus en la Catedral de Guadix

 

Con una Misa a las 7 de la tarde y una procesión claustral con la custodia, la Catedral de Guadix acoge, este domingo 14 de junio, la clausura de la Octava del Corpus. Será una celebración muy especial la de este año, pues estará presidida por el obispo accitano y contará con el baile de los Seises, algo que no ocurrió ni el jueves 4 de junio, cuando se celebró el Corpus en Guadix este año, ni el domingo 7 de junio, cuando se celebraba el Corpus en toda la Iglesia.

La visita del papa a España ha trastocado el calendario de celebraciones en torno al Corpus este año. En la diócesis de Guadix, como en las demás diócesis, el obispo adelantó la celebración el Corpus en la Catedral al jueves anterior, para facilitar su asistencia a la Misa con el papa Léon XIV en la plaza de Cibeles, de Madrid, el domingo 7 de junio. Allí celebró el Corpus junto al papa y los demás obispos españoles, en una misa con un millón y medio de fieles.

El jueves 4 de junio, en Guadix, la procesión fue algo más corta y en un día laboral, aunque igual de solemne. Por eso, esta pequeña procesión claustral del Corpus al finalizar la Octava, tendrá un significado especial, pues será el obispo quien la presida y los seises quienes la adornen con su danza.

Como es la Octava del Corpus, este domingo no hay Misa de 12 en la catedral, pues será a las 7 de la tarde, con baile de Seises y procesión claustral.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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XI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 14 de junio de 2026

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XI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 14 de junio de 2026

El evangelista Mateo es un autor que recoge la realidad de la comunidad cristiana de su tiempo, haciendo memoria de las palabras de Jesús y mostrándonos una Iglesia unida, misionera y centrada en el Reino de Dios como el mismo Jesús hacía.

Jesús hace una reflexión al ver a la multitud abandonada y sin que nadie les preste atención. Sin embargo, su misión, encomendada por el Padre, ha sido la de traernos la salvación siendo el pastor de todos, una tarea con muchas dificultades y riesgos a superar.

Esta misión de la evangelización requiere dedicación, esfuerzo y fidelidad. Por eso Jesús elige a doce hombres que representan a las doce tribus de Israel y a todos los hombres y mujeres de todos los lugares y épocas: llamados a ser sus testigos. Él no ha querido hacer el trabajo solo sino en comunidad. Cuando yo doy testimonio de mi fe es toda la Iglesia quien lo hace.

Jesús escoge a personas con nombres propios, con sus historias y con su pasado muchas veces lleno de heridas y fracasos. No ha buscado a los más perfectos, sino a aquellos que necesitábamos ser encontrados y mirados por un Dios que nos mira con ojos de misericordia.

Emilio J., sacerdote

https://elpozodedios.blogspot.com/

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La Parroquia de Santa María de Huéscar culminó las Solemnes Vísperas en honor al Santísimo Sacramento del Altar con una solemne procesión eucarística

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La Parroquia de Santa María de Huéscar culminó las Solemnes Vísperas en honor al Santísimo Sacramento del Altar con una solemne procesión eucarística

La Parroquia de Santa María de Huéscar concluyó el jueves 11 de junio las Solemnes Vísperas en honor al Santísimo Sacramento del Altar, celebradas desde el pasado domingo 7 de este mes y que han congregado cada tarde a numerosos fieles en torno a la adoración eucarística. La comunidad parroquial ha vivido así unos días de intensa oración y adoración, culminados con una manifestación pública de fe en torno al Santísimo Sacramento del Altar, centro de la vida cristiana.

Durante cinco días consecutivos, a las siete de la tarde, la comunidad parroquial se reunió para participar en estos cultos solemnes, desarrollados ante el Santísimo Sacramento expuesto. La oración, el canto litúrgico en latín, la adoración y la procesión claustral han marcado unos días caracterizados por la devoción y el recogimiento de los asistentes.
El colofón de las celebraciones tuvo lugar en la tarde del jueves 11 de junio, cuando, al finalizar el rezo de vísperas, Jesús Sacramentado, en la Torrecilla, procesionaba alrededor de la parroquia.
Las calles del recorrido fueron preparadas con hierbas aromáticas. El perfume del romero, el tomillo y otras plantas perfumó el itinerario procesional, contribuyendo a crear un ambiente de especial solemnidad. Durante el recorrido se volvieron a escuchar los villancicos compuestos por Juan María Guerrero de la Plaza, unas piezas profundamente arraigadas en la tradición religiosa oscense y que forman parte del patrimonio devocional de la parroquia.
Uno de los momentos más significativos se produjo en el interior del templo, cuando desde una de las bóvedas descendía una lluvia de pétalos sobre el paso de la custodia, un gesto cargado de simbolismo que quiso representar las oraciones y alabanzas dirigidas a Jesucristo Sacramentado.
Con esta solemne procesión concluyen unas jornadas que han vuelto a poner de manifiesto la profunda devoción eucarística de la comunidad de Santa María de Huéscar, fortaleciendo una tradición que sigue viva y que constituye una de las expresiones más significativas de la fe de los oscenses.
Parroquia de Santa María de Huéscar

 

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Huéneja acogió la jornada de convivencia de voluntarios con la misión en Honduras

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Huéneja acogió la jornada de convivencia de voluntarios con la misión en Honduras

El 13 de junio se celebró, un año más, una jornada de convivencia de voluntarios y colaboradores con Honduras en el área recreativa “Los Castaños”, de Huéneja, en la que estuvo presente el padre Patricio Larrosa, misionero en Honduras.

Patricio es parte del alma de ACOES, la ONG que articula esa colaboración, y de la misión que realiza en aquel país centroamericano, donde miles de niños encuentran acceso a la educación, alimentos y promoción sanitaria gracias a la labor de los colaboradores con ACOES. Así, puede salir de la pobreza y afrontar un futuro mejor.
Este año, el encuentro ha venido marcado, sin duda, por el nombramiento de Patricio como obispo de Danlí, en Honduras, el pasado 15 de mayo. Será consagrado como tal el 25 de julio, festividad del apóstol Santiago. Es una gran noticia para la Iglesia hondureña, para la misión en aquel país y, por supuesto, para el pueblo de Huéneja, que ha visto como, cuatro siglos después, un hijo del pueblo vuelve a ser nombrado obispo. El primero fue san Francisco Serrano, que también fue misionero, aunque en Asia.
En el encuentro de voluntarios y colaboradores con Honduras, se celebró la Santa Misa, que estuvo presidida por el padre Patricio Larrosa. Posteriormente, los asistentes compartieron una paella ofrecida por gentileza del Ayuntamiento de Huéneja.
El encuentro sirvió para fortalecer los lazos de amistad en un ambiente de convivencia y fraternidad, y para felicitar al padre Patricio por su nombramiento episcopal.

José Antonio Sánchez
Párroco de Orce y Galera

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La Delegación de Migraciones de Asidonia-Jerez destaca el testimonio de Blessing y las palabras del Papa León XIV en Canarias

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La Delegación de Migraciones de Asidonia-Jerez destaca el testimonio de Blessing y las palabras del Papa León XIV en Canarias

La última etapa de la Visita Apostólica del Papa León XIV a España ha estado marcada por una realidad que interpela profundamente a la Iglesia y a toda la sociedad: la inmigración. Desde las Islas Canarias, puerta de entrada para miles de personas que buscan una vida mejor en Europa, el Santo Padre ha querido poner rostro y voz al sufrimiento de quienes se ven obligados a abandonar su tierra, sus familias y, en muchas ocasiones, arriesgar su propia vida en el mar.

Desde la Delegación Diocesana de Migraciones de Asidonia-Jerez, encabezada por Mariló Martínez, se ha destacado especialmente el mensaje lanzado por el Papa durante su visita al Muelle de Arguineguín, uno de los lugares más significativos de la realidad migratoria que vive el archipiélago.

La delegada ha destacado de manera especial el testimonio de Blessing, una mujer nigeriana cuya historia estaba previsto que fuera presentada personalmente al Santo Padre, aunque finalmente no pudo hacerlo por razones de seguridad. Su relato, sin embargo, fue compartido durante el encuentro y dejó una profunda huella entre los asistentes.

Blessing narró cómo abandonó Nigeria buscando un futuro mejor para sus hijas, escapando de la pobreza extrema. En su camino fue víctima de las mafias de trata de personas, sometida a amenazas, explotación y prostitución forzada. Tras una dura travesía por el continente africano y una peligrosa travesía marítima hacia España, sufrió la separación de su hijo y vivió durante meses bajo el control de quienes la explotaban.

Su historia, marcada por el sufrimiento, encontró un punto de inflexión gracias a la intervención de las fuerzas de seguridad y al acompañamiento recibido posteriormente a través de la Iglesia. «Desde entonces, con la ayuda de la Iglesia a través de las trabajadoras sociales, la vida ha empezado a cambiar», relató con emoción.

Para la Delegación de Migraciones, este testimonio pone rostro a una realidad que con frecuencia queda reducida a cifras o titulares, recordando que detrás de cada embarcación que llega a nuestras costas existen personas concretas, familias, heridas, sueños y esperanzas.

Junto a este relato, Mariló Martínez ha querido subrayar especialmente unas palabras pronunciadas por el Papa León XIV durante su intervención en Arguineguín:

«La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso».

Según la Delegación Diocesana de Migraciones, estas palabras constituyen una llamada clara a toda la Iglesia para seguir construyendo una cultura del encuentro y de la acogida, entendiendo que la fe y la caridad son inseparables.

Asimismo, destacan que uno de los grandes frutos de esta etapa canaria de la visita ha sido hacer visible ante el mundo una realidad que muchas veces permanece oculta. El Papa ha querido situar en el centro de la atención pública el drama humano que viven miles de migrantes que llegan a las costas españolas buscando una oportunidad para rehacer sus vidas.

Finalmente, Mariló Martínez recuerda que el mensaje cristiano no termina en el sufrimiento ni en la denuncia de las injusticias. «El Papa ha mostrado una vez más que la tristeza no tiene la última palabra. La esperanza de Cristo es capaz de atravesar los corazones y abrir caminos nuevos para quienes han tenido que dejarlo todo. La Iglesia está llamada a acompañar, acoger y caminar junto a quienes llegan a una tierra que no es la suya, ayudándoles a descubrir que siempre existe la posibilidad de un futuro mejor».

De este modo, la Delegación de Migraciones de Asidonia-Jerez se une al mensaje del Santo Padre y renueva su compromiso de seguir trabajando por una sociedad más fraterna, donde la dignidad de toda persona sea reconocida y respetada.

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Papa León, en nuestro corazón

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Esta es una de las frases cantadas a coro por los miles y miles de personas que han recibido, escuchado y ensalzado la figura del Papa León XIV, de visita apostólica a España en estos días. En las próximas líneas, pretendo hacer un balance ciertamente provisional y apresurado de lo que ha significado su presencia en Madrid del seis al ocho de este mes de junio

El programa desarrollado en este tiempo ha sido especialmente intenso. En él, no ha faltado el contacto con personas vulnerables. Ha escuchado a varias de ellas, acompañando la escucha con gestos indisimulados de complicidad y empatía. Todas han destacado la ayuda recibida por parte de la Iglesia a través de Cáritas y de otras muchas instituciones presentes en el centro Cedia el sábado día 6 por la tarde.

Tampoco ha faltado el encuentro con los jóvenes, muchos de ellos llegados de nuestra diócesis cordobesa. Respondiendo a sus preguntas, ha resaltado la importancia de ponerse a la escucha de Dios para responder a la llamada y para transformar el mundo con la llama del amor. Les ha recordado también una frase tomada del Papa s. Juan Pablo II que los invitaba a no tener miedo a Jesucristo que no quita nada, sino que lo da todo.

El encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte” ha servido para poner en valor la labor que la Iglesia ha desempeñado y desempeña en la generación de cultura y en la incidencia social a través de la transformación de las relaciones humanas en todos los campos de presencia y actividad. Especialmente significativa ha sido también su visita e intervención en el Congreso de los Diputados. Con valentía y rigor, ha defendido el valor de cada ser humano, la importancia de la familia y de la educación. Al mismo tiempo, ha asegurado la necesidad de tener en cuenta los valores éticos derivados del respeto a la naturaleza humana y, sin los cuales, cualquier democracia tiende a corromperse.

Tampoco tuvo desperdicio el encuentro mantenido con los cardenales, arzobispos, obispos y personal auxiliar de la Conferencia Episcopal Española. En su rico discurso habló del cultivo de las vocaciones, subrayando la importancia de contar con comunidades vivas, sacerdotes alegres, y familias capaces de mostrar la belleza de una vida entregada. Hizo referencia también a la formación en los Seminarios y la exigencia de contar con formadores bien formados y de ofrecer una experiencia comunitaria.

Ahondando en los retos pastorales, y utilizando el símil del Camino de Santiago, hizo mención de las amplias zonas del territorio nacional marcadas por el envejecimiento y la despoblación. Lejos del pesimismo, y teniendo en cuenta que no es la primera vez que se sufre una crisis similar, alentó a todos a verlo como una oportunidad para nuevas experiencias pastorales. Los tiempos han cambiado, al igual que la cultura y el lenguaje. Tenemos que aprender a comprender esos nuevos lenguajes, a dialogar y a tratar de dar respuestas, sobre todo con el lenguaje más comprensible: el de la caridad.

El balance de esta primera etapa de la Visita no puede ser más positivo. El mensaje de la comunión en la diversidad, la defensa de la dignidad humana, y una Iglesia cercana y servicial ha sido abalado con la participación multitudinaria de fieles y de clérigos. Por otra parte, no ha faltado en ningún momento la oración y, sobre todo, la celebración cumbre de la Eucaristía y la procesión posterior por las calles de Madrid en la solemnidad del Corpus Christi. La sensación que nos queda es que los españoles necesitábamos escuchar un mensaje creíble pronunciado por una persona auténtica y libre, enamorada de Dios y de su Iglesia. Necesitábamos también vivir un encuentro intenso con el Señor y una experiencia eclesial fuerte y los hemos vivido. La historia continúa.

+ Jesús, Obispo de Córdoba

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