Esta es una de las frases cantadas a coro por los miles y miles de personas que han recibido, escuchado y ensalzado la figura del Papa León XIV, de visita apostólica a España en estos días. En las próximas líneas, pretendo hacer un balance ciertamente provisional y apresurado de lo que ha significado su presencia en Madrid del seis al ocho de este mes de junio
El programa desarrollado en este tiempo ha sido especialmente intenso. En él, no ha faltado el contacto con personas vulnerables. Ha escuchado a varias de ellas, acompañando la escucha con gestos indisimulados de complicidad y empatía. Todas han destacado la ayuda recibida por parte de la Iglesia a través de Cáritas y de otras muchas instituciones presentes en el centro Cedia el sábado día 6 por la tarde.
Tampoco ha faltado el encuentro con los jóvenes, muchos de ellos llegados de nuestra diócesis cordobesa. Respondiendo a sus preguntas, ha resaltado la importancia de ponerse a la escucha de Dios para responder a la llamada y para transformar el mundo con la llama del amor. Les ha recordado también una frase tomada del Papa s. Juan Pablo II que los invitaba a no tener miedo a Jesucristo que no quita nada, sino que lo da todo.
El encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte” ha servido para poner en valor la labor que la Iglesia ha desempeñado y desempeña en la generación de cultura y en la incidencia social a través de la transformación de las relaciones humanas en todos los campos de presencia y actividad. Especialmente significativa ha sido también su visita e intervención en el Congreso de los Diputados. Con valentía y rigor, ha defendido el valor de cada ser humano, la importancia de la familia y de la educación. Al mismo tiempo, ha asegurado la necesidad de tener en cuenta los valores éticos derivados del respeto a la naturaleza humana y, sin los cuales, cualquier democracia tiende a corromperse.
Tampoco tuvo desperdicio el encuentro mantenido con los cardenales, arzobispos, obispos y personal auxiliar de la Conferencia Episcopal Española. En su rico discurso habló del cultivo de las vocaciones, subrayando la importancia de contar con comunidades vivas, sacerdotes alegres, y familias capaces de mostrar la belleza de una vida entregada. Hizo referencia también a la formación en los Seminarios y la exigencia de contar con formadores bien formados y de ofrecer una experiencia comunitaria.
Ahondando en los retos pastorales, y utilizando el símil del Camino de Santiago, hizo mención de las amplias zonas del territorio nacional marcadas por el envejecimiento y la despoblación. Lejos del pesimismo, y teniendo en cuenta que no es la primera vez que se sufre una crisis similar, alentó a todos a verlo como una oportunidad para nuevas experiencias pastorales. Los tiempos han cambiado, al igual que la cultura y el lenguaje. Tenemos que aprender a comprender esos nuevos lenguajes, a dialogar y a tratar de dar respuestas, sobre todo con el lenguaje más comprensible: el de la caridad.
El balance de esta primera etapa de la Visita no puede ser más positivo. El mensaje de la comunión en la diversidad, la defensa de la dignidad humana, y una Iglesia cercana y servicial ha sido abalado con la participación multitudinaria de fieles y de clérigos. Por otra parte, no ha faltado en ningún momento la oración y, sobre todo, la celebración cumbre de la Eucaristía y la procesión posterior por las calles de Madrid en la solemnidad del Corpus Christi. La sensación que nos queda es que los españoles necesitábamos escuchar un mensaje creíble pronunciado por una persona auténtica y libre, enamorada de Dios y de su Iglesia. Necesitábamos también vivir un encuentro intenso con el Señor y una experiencia eclesial fuerte y los hemos vivido. La historia continúa.
+ Jesús, Obispo de Córdoba

