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Presentadas las actas del Congreso Avilista

Enmarcado en los actos de clausura del Año Jubilar Avilista, también se presentaron la Actas del Congreso Internacional “El presbítero secular en el s. XXI a la luz del magisterio de San Juan de Ávila” que se desarrolló en Baeza entre los días 11 y 13 de febrero de 2020. El encargado de la presentación de libro de la actas congresuales fue el Vicario General, D. Francisco Juan Martínez Rojas.
El libro con una exquisita encuadernación, y con DVD que incluye vídeos y fotos del Congreso puede adquirirse en el Departamento diocesano de Publicaciones. El precio de cada ejemplar es de 20 euros.

PRESENTACIÓN DE LAS ACTAS DEL CONGRESO INTERNACIONAL: EL PRESBÍTERO SECULAR EN EL S. XXI A LA LUZ DEL MAGISTERIO DE SAN JUAN DE ÁVILA

Cuando el 20 de agosto de 2011 Benedicto XVI anunció, en la catedral de La Almudena de Madrid, la declaración de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia, condensó de forma admirable el luminoso perfil del patrono del clero secular español: “Deseo que la palabra y el ejemplo de este eximio Pastor ilumine a los sacerdotes y a aquellos que se preparan con ilusión para recibir un día la Sagrada Ordenación. Invito a todos a que vuelvan la mirada hacia él, y encomiendo a su intercesión a los Obispos de España y de todo el mundo, así como a los presbíteros y seminaristas, para que perseverando en la misma fe de la que él fue maestro, modelen su corazón según los sentimientos de Jesucristo, el Buen Pastor”.
Ese mismo interés por el magisterio sacerdotal del Santo Maestro Ávila es el que llevó a nuestra Diócesis, con su Obispo don Amadeo al frente, a preparar un Congreso Internacional que pusiera frente a frente el pensamiento de este insigne maestro de evangelizadores con lo que la Iglesia pide hoy, en el siglo XXI, a sus ministros ordenados, para un más fiel desempeño de la tarea que se les encomienda. El Congreso Internacional “El presbítero secular en el s. XXI a la luz del magisterio de San Juan de Ávila” no fue el único acto programado para la celebración del Año Jubilar Avilista, concedido por la Santa Sede para conmemorar el 450 aniversario de la muerte del Santo, el 125 de su beatificación y el 50 de su canonización. Este Año Jubilar fue abierto por el cardenal Ricardo Blázquez, entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española, el 10 de mayo de 2019, y será clausurado esta tarde cerrará Su Excelencia Mons. Bernardito Cleopas Auza, Nuncio Apostólico de Su Santidad en España. No ha sido el único acto, pero sin duda ha sido el más importante, el proyecto más ambicioso, y el que ha dado un fruto material que podemos palpar en el volumen de sus actas que presentamos esta mañana.
La elección de Baeza como sede del Congreso Internacional era obligada. Lo que podríamos llamar “desposorios” de Ávila con esta ciudad, patrimonio de la humanidad y, a la vez, patrimonio de auténtica humanidad, empezó en 1539, cuando el doctor Rodrigo López facultó a Juan de Ávila para que ejecutase las letras apostólicas que un año antes había otorgado Pablo III para ejecutar el plan del mencionado clérigo baezano, destinado a crear un centro de enseñanza en su localidad natal. Lo que era un modesto proyecto, Juan de Ávila lo transformó en un ambicioso centro de formación para el clero, donde se impartió una novedosa formación intelectual y espiritual dirigida fundamentalmente a la educación de los pastores que habían de servir al pueblo cristiano en aquella centuria tan convulsa, el siglo XVI, donde, como Santa Teresa decía, los tiempos eran recios, y por ello, se necesitaban amigos fuertes de Dios. Hasta 1824, año en que fue suprimido, el Estudio General de la Santísima Trinidad fue el centro de formación del clero secular, principalmente de la diócesis de Jaén, pero también de otros muchos lugares de España, como reflejan fielmente los libros de matrícula de la antigua universidad.
El Congreso Internacional se celebró del 11 al 13 de febrero y contó con una participación de 250 personas inscritas, el máximo que podíamos admitir. En un clima de fraterna convivencia y, por qué no reconocerlo, de sano disfrute tanto intelectual como lúdico y artístico, los congresistas pudieron asistir y disfrutar de las distintas ponencias, que han sido recogidas en el volumen que hoy presentamos, y cuyo contenido paso ya a glosar brevemente.
Tras el prólogo a cargo del Obispo de Jaén, el libro se vertebra en tres grandes bloques: la crónica del congreso, las homilías de las celebraciones eucarísticas y las ponencias. El primer bloque contiene una detallada crónica del congreso realizada por el profesor Dr. José Antonio Sánchez Ortiz. Es una preciosa síntesis de todo el libro, con una descripción de los distintos actos del evento y un atinado resumen de las ponencias y otras actividades que concurrieron en unos días colmados, como he dicho, de espiritualidad y fraterna convivencia.
El segundo bloque del volumen reúne la homilía en la Santa Misa de inauguración del congreso, tenida por el Prefecto de la Congregación para el Clero, Su Eminencia el cardenal Beniamino Stella, y la de la Eucaristía de clausura, pronunciada por el Arzobispo Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización. Mons. Rino Fisichella.
Finalmente, el tercer bloque o parte de las actas del congreso reúne propiamente las distintas disertaciones y ponencias del congreso, todas ellas de altísimo nivel. Contamos aquí con seis apartados.
Previamente a la ponencia inaugural, Mons. Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Jaén, dirigió unas calurosas e iluminadoras palabras de bienvenidas a los participantes, explicando el porqué de la celebración del congreso y también los motivos de la elección de la temática que iba a ser desarrollada por los ponentes en las sucesivas sesiones.
Viene después la ponencia inicial del congreso, a la que dio lectura el Cardenal Beniamino Stella. Se titula: “San Juan de Ávila, un modelo para el sacerdote del siglo XXI”. En ella el Purpurado desglosa con detenimiento el último magisterio papal sobre el Maestro Ávila, resaltando la cordura y clarividencia de sus enseñanzas sobre el sacerdocio. Inspirándose en la plática sacerdotal que brinda el oficio de lecturas en el día de su memoria litúrgica, el ponente compendió la concepción avilista del ministerio ordenado desde tres enfoques: mirar a Dios, a la humanidad necesitada y a la propia persona del presbítero.
El libro reproduce el resto de las conferenciasen cuatro bloques, siguiendo las cuatro dimensiones que, según la exhortación apostólica postsinodal “Pastores dabo vobis” (cfr. nn. 43-59) y el documento “El don de la vocación sacerdotal. Ratio fundamentalis Institutionis Sacerdotalis” (cfr. nn. 89-124), interactúan simultáneamente en la vida del sacerdote: la dimensión humana, la espiritual, la intelectual y la pastoral.
La primera dimensión, que se comprende a la luz de la expresión de la carta a los Hebreos: “Tomado de entre los hombres” (5,1), fue ilustrada en tres conferencias. La inicial fue impartida por el Dr. José Ramón Godínez, sacerdote de la Diócesis de Getafe, y se titula: “Ministerio presbiteral y renovación de la Iglesia en el siglo XVI: El itinerario reformista de los Memoriales de San Juan de Ávila”. La segunda corrió a cargo de Don Saturnino López Santidrián, profesor de la Facultad de Teología del Norte del España. Con el título: “La configuración espiritual del sacerdote en la ‘Ratio fundamentalis’ y en San Juan de Ávila”, el conferenciante mostró con perspicaz destreza el paralelismo existente entre el modelo sacerdotal propuesto por la “Ratio fundamentalis” y el de San Juan de Ávila, evitando anacronismos y remachando claves de vida presbiterales que no pasan de moda, pues se basan en la imitación del Buen Pastor. La última ponencia que desarrolla la dimensión humana del ministerio sacerdotal fue confiada al profesor de la Facultad de Teología de Granada, Dr. Luis María Salazar García. Lleva por título: “La formación humana en los escritos sacerdotales de San Juan de Ávila” y en ella se aborda cómo el Apóstol de Andalucía enfoca unos temas que siguen siendo hoy fundamentales para los clérigos: el ser humano como ser educando; el cuidado de la salud y la vida ordenada; la humildad y la grandeza del oficio sacerdotal; la relación con las cosas, la pobreza, el uso práctico de los bienes; las relaciones con los demás, la afectividad y la sexualidad; cuidar a otros y dejarse cuidar.
La segunda dimensión versa sobre la espiritualidad presbiteral (cfr. Lc 4,18), bajo el epígrafe escriturístico “El Espíritu de Dios está sobre mí” (Lc 4,18). En primer lugar, el profesor del Seminario de Jaén, Dr. Francisco Javier Díaz Lorite, se acerca a San Juan de Ávila como “espejo de la misericordia de Dios”. En esta conferencia descubrimos cómo el Santo hizo presente entre los hombres a Cristo, teniendo misericordia con todos, pero especialmente con los menesterosos y desvalidos, a los que socorría con amor entrañable. Aquel que entregó su alma a Dios en Montilla saboreó personalmente la divina misericordia, de modo que muchas de sus cartas y tratados se hacen eco de esa profunda experiencia, de la que dio incesante testimonio en su vida y de la que también rebosó su apostolado. Con ello, el Santo invita a los sacerdotes de la hora presente a seguir sus huellas. Luego, y con el título “El sacerdote, faz de la Iglesia”, el Arzobispo castrense de España y reconocido avilista, Mons. Juan del Río Martín, ahondó pormenorizadamente, al margen de tópicos y expresiones manidas, en la dimensión eclesiológica de la espiritualidad sacerdotal a la luz de los escritos del Maestro Ávila. Después aparece la meritoria colaboración del Rector del Teologado de Ávila, Dr. Gaspar Hernández Peludo: “Los Padres de la Iglesia en la vida del sacerdote según San Juan de Ávila”. Esta sección se vio finalmente enriquecida con la brillante contribución de la Dra. María Encarnación González Rodríguez, Postuladora de la causa del doctorado de San Juan de Ávila, que versó sobre sacerdocio y santidad según San Juan de Ávila bajo el título: “La alteza del oficio sacerdotal: llamados a ser santos”.
La dimensión intelectual de la vida sacerdotal, bajo el epígrafe evangélico “Si permanecéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Jn 8,31-32) fue tratada en tres intervenciones. La primera de ellas correspondió al Bibliotecario de S.R.I., Cardenal José Tolentino Calaça de Mendoça, que tuvo una conferencia titulada: “La Palabra de Dios en la vida del presbítero”. El Purpurado, entrelazando la doctrina avilista con el reciente magisterio pontificio, enfatizó de manera convincente el puesto de honor que ha de ocupar la divina Palabra en la vida sacerdotal. A continuación, el Dr. Jesús Pulido Arriero, Director de la Biblioteca de Autores Cristianos y Secretario de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, describió con originalidad y precisión el peso que la Sagrada Escritura tiene en la obra del Santo Maestro. Su intervención lleva por título: “Inclinar la oreja ante toda Escritura de Dios. El uso de la Biblia en San Juan de Ávila: de la lectio a la meditatio”. Este apartado se clausura con la interesante conferencia del profesor de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, Dr. Álvaro Pereira Delgado. Se titula: “Enseñador del Evangelio. La categoría paulina del ‘Evangelio’ en las lecciones sobre Gálatas de San Juan de Ávila”. Este experto biblista, tras recordar cómo Fray Luis de Granada puso de relieve el paulinismo de San Juan de Ávila, evidenciando la doble mímesis, vital y literaria, entre Pablo de Tarso y el Apóstol de Andalucía, se detiene en una obra atribuida a San Juan de Ávila, pero que, sin embargo, ha recibido poca atención por parte de los especialistas. Me refiero a las lecciones del Maestro Ávila sobre la carta a los Gálatas. Don Álvaro analiza concretamente el uso que hace el Santo de la categoría teológica que mejor resume la actividad y el mensaje de la predicación paulina: el Evangelio.
La última de las dimensiones acometida en el congreso versa sobre el aspecto pastoral del ministerio presbiteral, bajo el epígrafe evangélico “No he venido a ser servido, sino a servir” (Mt 20,28). En primer lugar, el profesor del Seminario de Jaén, Dr. Francisco Juan Martínez Rojas, profundiza en esta temática con una conferencia titulada: “La Universidad de Baeza, una escuela para formar discípulos misioneros”. El ponente señaló las particularidades que caracterizaron a esta institución docente baezana, vertebrada de acuerdo con el ideario sacerdotal de San Juan de Ávila. Ciertamente no fue un gran centro de estudios, si se le compara con otras entidades españolas de formación sacerdotal de la época. Ahora bien, la universidad de Baeza siempre mantuvo un nivel significativo de colación de grados, gracias a su insigne profesorado que, tras las huellas del Maestro Ávila, se preocupaba no solamente por ser docto sino también profundamente evangélico. Baeza se transformó de ese modo en un semillero de pastoral misionera, que incidió en la vida y actividad del clero del momento, convirtiéndose asimismo en un faro para la actual coyuntura eclesial.
La segunda ponencia de este apartado se titula: “El catecismo de Ávila llega muy lejos”, y fue impartida por Don Luis Resines Llorente, especialista en catequética. Este sacerdote de la Archidiócesis de Valladolid ahondó con minuciosidad en la trayectoria de la denominada “Doctrina Christiana”, atribuida a Juan de Ávila y de notable importancia en el campo de la catequesis.
Mons. Juan Esquerda Bifet, profesor emérito de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, disertó con la sabiduría que lo distingue sobre la “Actualización del apostolado para una nueva evangelización en un cambio de época, siguiendo las huellas de San Juan de Ávila”. Mons. Esquerda es uno de los más notorios y afamados conocedores del Maestro Ávila. La bibliografía que tiene sobre este preclaro Doctor de la Iglesia es amplísima y de enorme valor. Maneja con lucidez los grandes ejes de la vida y el pensamiento del Apóstol de Andalucía, alcanzando asimismo a conectar su doctrina con los temas que afectan a la sociedad y a la Iglesia en la hora presente. En su ponencia Juan Esquerda acerca la actuación del Maestro Ávila a nuestros días, retratando su figura histórica sin distorsiones ni sesgos para encuadrarla exquisitamente en su época. El ponente señaló que el Apóstol de Andalucía supo conjugar la veta evangélica y apostólica con los entresijos de la coyuntura que le tocó vivir, enriqueciendo la espiritualidad del momento con unas pautas que la hacen provechosa para el hoy y el mañana de los presbíteros en la Iglesia.
La intervención conclusiva de esta dimensión corrió a cargo del Dr. Alfonso Crespo Hidalgo, experto en teología moral y espiritualidad sacerdotal. Este egregio sacerdote de la Diócesis de Málaga se detuvo en San Juan de Ávila como maestro del acompañamiento espiritual. Articuló su magistral intervención en tres momentos, que respondían a dos preguntas: Mirando al presente, ¿qué nos reclama la exhortación del papa Francisco “Evangelii gaudium” con respecto al acompañamiento espiritual? Mirando al Maestro Ávila, ¿qué podemos aprender de su vida y magisterio para responder a los actuales desafíos evangelizadores, a cuyo servicio se desempeña el acompañamiento espiritual? El ponente tuvo una mirada prospectiva y desglosó sus propuestas con algunas fructíferas sugerencias para el ejercicio del ministerio sacerdotal en la actual coyuntura. Crespo Hidalgo termina sus reflexiones recabando del testimonio y los escritos de San Juan de Ávila dos propósitos que pienso puedan considerarse como pilares fundamentales del congreso: empeñarnos en una nueva reforma del clero y avivar en los sacerdotes un genuino espíritu evangelizador, es decir, un espíritu apostólico al estilo del Maestro Ávila.
Finalmente, el Arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, fue el encargado de impartir la ponencia de clausura del congreso. Se titula: “El sacerdote en la Nueva Evangelización”. En ella el Prelado subrayó que los presbíteros están llamados a dar razones de su fe, siendo profetas que capten y destaquen la presencia de las semillas del Verbo en la cultura y sociedad de nuestro tiempo. A ello les ayudará dar una relevancia especial en su ministerio a la Palabra revelada para abrir por doquier horizontes de novedad. De este modo se convertirán en sacerdotes que logren expresar el misterio de Cristo en su vida personal, capaces de dejarse modelar por la misericordia del Padre, para llegar a ser ellos mismos instrumentos de amor y de consuelo.
Quien repase las 478 páginas de este hermoso libro podrá percibir que las afirmaciones del Santo Maestro no son piezas arqueológicas, esclerotizadas por el paso del tiempo, sino que son tan pujantes que saltan su época y llegan a nosotros con total vivacidad y lozanía. Por eso, no valen únicamente para el contexto eclesial e histórico en el que vivió el Apóstol de Andalucía. Son igualmente apropiadas y fecundas para el nuestro. Esta continua comparación entre el ayer del Santo y el hoy de los lectores da un especial significado a este valioso libro, cargándolo de vigor y proyección. En este sentido, el volumen que presentamos da la razón a San Pablo VI cuando, en la homilía de la Misa de canonización del Patrón del clero secular español, no vaciló en afirmar: “Es providencial que se evoque en nuestros días al Maestro Ávila por los rasgos de su vida sacerdotal, los cuales, a este santo le dan un valor singular y especialmente apreciado por el gusto contemporáneo”.
En definitiva, la configuración del congreso, sus afirmaciones y la preparación y competencia de sus ponentes logran que este volumen contenga líneas y pistas de fundamental importancia para trazar un diseño de recia espiritualidad sacerdotal que sirva para sostener la vida de los presbíteros en las múltiples y arduas vicisitudes que signan sus no fáciles jornadas. En ellas es importante que los sacerdotes hallen tiempo para reforzar el estudio de la teología y su dedicación al cultivo de la lectio divina, pues mientras mayor sea su conocimiento de Cristo más generosa será su entrega a la misión que se les encomiende.
Este volumen, magnífica editado y enriquecido con un DVD que recoge gran cantidad de fotografías de aquellos inolvidables días de febrero, enriquece la ya amplia bibliografía avilista y, por su calidad y alcance, está llamado a promover y dar a conocer mejor el pensamiento y la vida de un Santo que hoy tiene mucho que decir a los presbíteros y a los seminaristas que con entusiasmo se están preparando para recibir un día el ministerio pastoral.

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