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FECAPA y CEU premian el esfuerzo y la dedicación en los estudios

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La Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de Sevilla (FECAPA) y la Fundación San Pablo Andalucía CEU han convocado la segunda edición del Premio Jesús Astolfi a los mejores expedientes académicos en los centros de la provincia, más de ochenta, que están asociados a FECAPA. Estos premios cuentan con el patrocinio de la Fundación San Pablo Andalucía CEU y la colaboración de varias instituciones.

Más de 600 escolares han visitado ya la parroquia de los Santos Mártires, Ciriaco y Paula

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Hoy, 18 de junio, Málaga celebra la festividad de sus mártires patronos, Ciriaco y Paula. Como todos los años en la festividad patronal, el Obispo de la Diócesis, D. Jesús Catalá, preside la Misa Estacional a las 20.00 horas en la iglesia de los Santos Mártires, con la Schola Gregoriana Malacitana en la parte musical. La congregación en honor de Ciriaco y Paula, Santos Patronos de Málaga ha puesto en marcha este año, gracias a la colaboración del Área de Cultura del Ayuntamiento, una iniciativa para dar a conocer la historia y el patrimonio de la Iglesia –y por tanto de la ciudad de Málaga– a las nuevas generaciones.

Encuentro de delegados de Medios de Comunicación Social de las diócesis del sur de España, en Málaga

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D. Ginés García, Obispo de Guadix y delegado de los obispos de las provincias Eclesiásticas de Granada y Sevilla para los medios de comunicación, los delegados de medios de comunicación de las diferentes diócesis andaluzas y los directores de los programas confesionales católicos de Canal Sur se reúnen en Málaga el martes 19 de junio.

El Obispo celebra con las Salesianas del Sagrado Corazón de Alcantarilla la Solemnidad del Corazón de Jesús

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El Obispo de la Diócesis de Cartagena, Mons. D. José Manuel Lorca Planes, celebró el pasado viernes la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús con las Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús de Alcantarilla. El Sr. Obispo, presidió una Eucaristía con estas religiosas, en la que renovaron sus votos, como hacen cada año en la Solemnidad del Sagrado Corazón.

La ACdP propone para clausurar su curso de actividades el acto titulado ‘Ecos de Dios’

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Siete itinerarios compuestos por reflexiones teológicas, poemas, música coral y la proyección darán contenido a esta cita que tendrá lugar en el próximo jueves día 21 de junio, a las 20,30 horas, en la jerezana iglesia de San Francisco.

Presentación del libro «Los orígenes de la pretensión cristiana» en la Diócesis

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Mañana martes, a las 20 horas, el salón de actos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación (C/ Severo Ochoa, s/n) de Granada acogerá la presentación en la Diócesis del libro «Los orígenes de la pretensión cristiana», de D. Luigi Giussani, sacerdote italiano y fundador del Movimiento Comunión y Liberación, fallecido en Milán el 22 de febrero de 2005.

Avanzan a buen ritmo las obras de la parroquia de San Pedro Poveda

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Ya se han cumplido tres meses del inicio de las obras de la Parroquia de San Pedro Poveda de Jaén, y con este motivo se programó una visita a las obras por parte de la Comisión Parroquial pro Templo y de representantes del Obispado.

Santos Ciriaco y Paula, Patronos de la Ciudad de Málaga (Parroquia de los Santos Mártires-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la fiesta de los Santos Ciriaco y Paula, Patronos de la Ciudad de Málaga (Parroquia de los Santos Mártires-Málaga) celebrada el 18 de junio de 2012.

SANTOS CIRIACO Y PAULA

PATRONOS DE LA CIUDAD DE MÁLAGA

(Parroquia Santos Mártires – Málaga, 18 junio 2012)

Lecturas: Sb 3, 1-9; Sal 125; 1 Pe 4, 13-19; Mt 16, 13-19.

Testimonio explícito de la fe en Cristo

1.- Queridos fieles, nos hemos congregados para celebrar esta solemnidad de nuestros santos Patronos Ciriaco y Paula.

El Evangelio de hoy nos narra el diálogo que Jesús tuvo en la región de Cesarea de Filipo con sus discípulos, a quienes pregunta sobre su mesianidad: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» (Mt 16, 13).

Ellos contestan lo que han oído: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas» (Mt 16, 14). Pero Jesús insiste: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15). No le interesa la respuesta de la gente, sin la de sus discípulos.

Entonces Simón Pedro hace una confesión pública de su fe en Cristo: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16), manifestando explícita y claramente la identidad del Mesías. Esta confesión de fe de Pedro es fruto de la revelación; es un don divino, es una gracia que Dios concede, que no se deduce de la razón ni de la experiencia; no es fruto de un acto humano. Jesús le responde: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17). Para llegar a esa confesión de fe, a esa confesión de la mesianidad de Jesús hace falta la fe revelada; no se puede partir de un dato histórico sólo.

El Evangelio narra un momento, en el que Jesús quiere que sus discípulos confiesen su fe en él (Mt 16,13-19). Pedro cobra un relieve singular, porque hace una confesión explícita y clara de su fe y recibe la promesa de que será “piedra”, sobre la que se edifique la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mt 16, 18).

Ésta es nuestra esperanza: La Iglesia es obra de Jesucristo y él la mantendrá hasta el final de los tiempos. No va a ser derrotada por nadie; y menos por gente de fuera. Cuentan que, en tiempos de la persecución religiosa en España, a partir de 1931, un no-creyente contrario a la Iglesia le dijo a un sacerdote: “Vamos a acabar con la Iglesia”. Y el sacerdote le respondió: “Si después de dos mil años nosotros mismos desde dentro, con nuestros pecados y fallos no hemos podido acabar con ella, no te preocupes que nadie desde fuera podrá acabar con ella”.

Y así ha sido, así es y será. Nadie desde fuera podrá acabar con ella. Cristo mantiene su palabra de que estará con su Iglesia; para eso la ha instituido, hasta el final de los tiempos. Esta es nuestra esperanza y esta es nuestra fe.

2.- La actitud de Pedro es necesaria para los cristianos de hoy, en medio de un ambiente cultural «light» y con la tentación del relativismo o del mal entendido pluralismo religioso. El anuncio de la fe no puede quedar reducido a un conjunto de palabras difusas o puramente teóricas, o una serie de propuestas humanitarias o de signos de solidaridad. Éste sería incompleto si no hubiera un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. Por tanto, “no hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios” (Evangelii nuntiandi, 22). La idea del anuncio explícito era algo que tenía muy claro el papa Pablo VI.

Estamos celebrando la fiesta de nuestros Patronos. Todo esto está en perfecta sintonía con esta celebración de alguien que dio su vida por este anuncio explícito de Jesús.

Hoy todos los cristianos: los sacerdotes, los catequistas, los profesores de religión, los padres cristianos han de dar a conocer a Jesucristo en su vida y su misterio. Y su mensaje central no puede ser otro: «Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras» (1 Co 15, 2-5). Por esto han dado su vida todos los mártires; éste es el núcleo de nuestra fe: Cristo ha muerto por la humanidad y ha resucitado. Sin escuchar este mensaje no se llega a la fe; y si no se acoge este anuncio explícito, y no se le presta la debida adhesión del corazón no se es del todo cristiano.

3.- La evangelización, queridos hermanos, es fundamentalmente siempre la misma; el mundo lleva dos mil años oyendo este mensaje, pero asume connotaciones diversas según las situaciones históricas y sociales. En la época de Jesús las referencias mentales tenían que ver con las categorías del Antiguo Testamento y con la esperanza mesiánica que abrigaban las personas. Por eso hablar de la mesianidad de Jesús en su tiempo era un tanto ambiguo, porque la idea de Mesías que tenían no es la que tenemos hoy. Ellos esperaban un libertador socio-político de Israel; para nosotros en cambio, la revelación nos ha indicado que el Mesías nos salva y nos libera de nuestro mismo pecado y nos ofrece la salvación divina. En el contexto en que vivimos, la tradición cristiana está sometida a un proceso acelerado de transformación. El fenómeno cristiano se ha convertido en un hecho casi secundario y residual; o al menos, eso es lo que pretenden algunos.

Los Obispos españoles en el Plan de Pastoral para el trienio 2002-2005, titulado Una Iglesia esperanzada. ¡Mar adentro!, señalaban que la “cultura pública occidental se aleja conscientemente de la fe cristiana y camina hacia un humanismo inmanentista (…), que se convierte en causa permanente de dificultades para su vida y misión… Se da una situación de nuevo paganismo: el Dios vivo es apartado de la vida diaria, mientras los más diversos ídolos se adueñan de ella” (n. 7 y 8).

Sin embargo, “la cuestión principal a la que la Iglesia ha de hacer frente es la secularización interna. Se trata de un problema de casa y no solo de fuera… que afecta a la débil transmisión de la fe a las generaciones jóvenes”. Y se señala igualmente “que no es la cultura ambiente, sino la propia identidad de ser Iglesia de Jesucristo la que tiene que marcar los caminos pastorales” (n. 10 y 11). Nadie tiene por qué decirle a la Iglesia lo que tiene que hacer; toca a los cristianos ponerse sus objetivos y los retos a superar.

4.- La pregunta que Jesucristo hizo a los apóstoles: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15), se la hicieron Ciriaco y Paula; y también nos la hace a nosotros hoy. Si tenemos fe verdadera en el Señor y lo descubrimos en la Iglesia, nuestra respuesta será conforme al criterio de la Iglesia, que nos trasmite la fe en Cristo recibida de los Apóstoles. Será la misma respuesta que dio Pedro y la que dieron los santos mártires Ciriaco y Paula.

            Podría parecer innecesario hacer esta pregunta; pero tal vez entre cristianos, o entre gente que se confiesa cristiana, podríamos oír respuestas diversas. Temo que no todos los cristianos estén en situación y en grado de responder esta confesión explícita de la fe; y que hay muchas imágenes de Dios en la mente y en el corazón de muchos creyentes. Y que tal vez la fe que profesan no es la fe de la Iglesia; no es la fe de Ciriaco y Paula; no es la fe en el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo; no es la fe Trinitaria; sino una fe acomodada a las necesidades propias.

5.- Ciriaco y Paula fueron testigos de la fe en el Dios vivo y Trino, en el Dios de Jesucristo, en el Dios de la Iglesia.

Se fiaron de Dios: y pusieron sus vidas al servicio de Jesucristo y de la Iglesia, al servicio de quien les había salvado.

Hemos escuchado en el libro de la Sabiduría: «La vida de los justos está en manos de Dios y no los tocará el tormento» (Sb 3,1). Se fiaron de Dios, pusieron sus vidas en sus manos y aunque las perdieron temporalmente, las recobraron en manos de Dios.

Sufrieron por Cristo y por su Evangelio. El libro de la Sabiduría dice: los justos «sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores» (Sb 3,5). Así sucedió con nuestros Patronos: sufrieron castigo y martirio, pero han recibido el gran favor de la corona de la inmortalidad y de la paz con el Señor.

Dios los puso a prueba, para aquilatarlos como oro en crisol: «Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí. Los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto» (Sb 3,5-6). Esa es la recompensa que nuestros patronos recibieron; fueron aquilatados, fueron purificados, fueron limpiados de lo que estorbaba en su camino hacia Dios. El posible egoísmo que pudieron tener quedó purificado por su gran amor al Señor; quedaron acrisolados, aquilatados, como oro puro. Y ahora, tantos siglos después, nosotros podemos honrarles y agradecer a Dios la figura de estos grandes testigos de la fe.

Se mantuvieron alegres en el Señor. Ellos, según la carta de san Pedro, que hemos escuchado, se mantuvieron alegres en el Señor a pesar de las dificultades. «Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo» (1Pe 4,13). Estar alegres cuando se reciben sufrimientos y ataques no es lo más normal, pero el Señor da la fuerza para que sea así; no es por nuestra fuerza, pero si con lo fuerza del Señor.

6.- «Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros» (1Pe 4,14). Tenemos unos grandes modelos: Ciriaco y Paula, que han sabido soportar los sufrimientos y el tormento; han ofrecido su vida al Señor; se han puesto en sus manos; han sido aquilatados por el fuego del martirio, pero hoy resplandecen como estrellas con luz que reciben del Sol invicto, que es Jesucristo, del Sol que no muere, del Sol eterno que ilumina siempre al hombre.

            Pidamos la intercesión de nuestros Patronos, Ciriaco y Paula, para que sepamos dar también nosotros en nuestro ambiente un testimonio explícito del Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, del Dios vivo y Trino; no del Dios que tengamos en nuestra mente, cuya imagen tendríamos que purificar.

Pidámosles a nuestros Patronos para que nos ayuden a dar testimonio valiente de la fe en el Dios Trino. Amén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

La octava del Corpus congrega a cientos de fieles en la Catedral

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Con motivo de la celebración del Congreso Eucarístico Internacional de Dublín, ayer la Diócesis de Córdoba vivió una intensa Jornada Eucarística.

Confirmaciones en la parroquia de San Pedro Apóstol (Cártama)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la confirmaciones en la parroquia de San Pedro Apóstol (Cártama) el 17 de junio de 2012.

CONFIRMACIONES EN LA PARROQUIA

DE SAN PEDRO APÓSTOL

(Cártama, 17 junio 2012)

Lecturas: Ez 17, 22-24; Sal 91; 2 Co 5, 6-10; Mc 4, 26-34.

(Domingo Tiempo Ordinario XI – B)

1.- Queridos hermanos, el Señor quiere hoy trasformar esta parroquia de San Pedro y hacerla más floreciente. En el texto del Evangelio, Jesús ha presentado dos parábolas, una parábola es como una comparación, por tanto, nos ha hablado a través de dos comparaciones. Además, están en relación con el ambiente de Cártama, que es en gran parte rural, donde tenéis la experiencia del cuidado de los árboles y de las plantas.

Primera comparación. ¿A qué ha comparado Jesús el Reino de los Cielos? El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que coge una semilla y la planta. Y una vez plantada la semilla, ¿qué ocurre? El hombre se va a dormir (Cf. Mc 4, 26-27). ¿El hombre está allí tirando hacia arriba para que crezca la planta? (Respuesta de los confirmandos: no). Entonces, ¿cómo crece la semilla? (Respuesta de un confirmando: se le echa agua y se le riega). Y, el poder y la fuerza que tiene dentro la semilla es la que le hace crecer. Y, ¿qué hace el labrador? ¿Simplemente la sembró, se fue a dormir, se olvidó de ella y la dejó ir creciendo? No, para que creciera bien tuvo que estar atento a ella, regándola y podándola siempre que fuera necesario. Así es pues el Reino de los Cielos es, semejante a ese hombre que siembra una semilla y la protege día tras día.

¿Qué es lo que hace Dios en esa comparación? ¿Cuál es su tarea? ¿Qué tiene que ver Dios con las plantas? ¿Quién hace crecer las plantas y salir el Sol? ¿O estáis vosotros allí y le dais a un botón para que salga el Sol? ¿O sois vosotros los que forzáis a la planta para que se desarrolle y crezca? ¿Quién hace crecer las plantas? (Respuesta de los confirmandos: Dios). Efectivamente, Dios, porque Dios lo ha creado todo: el sol, la luna, las estrellas, la Tierra, las plantas, los animales y al hombre. Dios es el que cuida de nosotros porque nos ama y hace crecer la naturaleza para nuestro servicio.

Y, ¿qué hace el hombre? El hombre tiene que contemplar la obra maravillosa que Dios ha hecho de la Creación, tiene que cuidarla, respetarla, pues destrozar la naturaleza es destrozar la vida humana.

El hombre ha sido puesto al frente de la Naturaleza por Dios y le ha dicho: “Cuida de todo esto que te he regalado”. Y si nos descuidamos vamos a estropear el hábitat que el Señor nos ha concedido. Si no estamos atentos, seríamos capaces de talar todos los árboles de la Tierra y, ¿qué pasaría? No tendríamos oxígeno. Y si ensuciamos todos los ríos, ¿qué ocurriría? No contaríamos con agua para beber. Es por tanto necesario agradecer a Dios la Creación, respetarla y cuidarla.

Esa misma actitud debemos tenerla igualmente con la vida de la Iglesia; ella también se parece a una pequeña planta sembrada por el Señor. En sus inicios fue un pequeño grupo de personas encabezadas por San Pedro; hoy, ya somos millones, pero sigue al frente, Pedro, en la figura de su sucesor, el Papa.

2.- La segunda comparación, ¿cuál era? El Reino de los Cielos se parece también a un grano de… (Respuesta de un confirmando: un grano de mostaza). La mostaza es algo que utilizan vuestras madres en la cocina. Es una semilla pequeñísima, no sé si la habéis visto, es muy pequeña, muy pequeña y cuando se siembra, pasado el tiempo, se convierte en un arbusto grande, capaz de acoger un nido en sus ramas. Al igual que el Reino de los Cielos, la Iglesia se parece a ese pequeño grano de mostaza, comenzó siendo muy pequeña pero que ha conseguido expandirse por todo el mundo.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con vuestra confirmación? Estas dos comparaciones que hace el Señor, ¿qué tienen que ver con el sacramento de la confirmación que hoy vais a recibir? ¿Qué tienen que ver con el Espíritu Santo? ¿Qué es el Espíritu Santo para vosotros? (Respuesta de un confirmando: la fuerza que Jesús nos da). Muy bien, esa fuerza que da a la planta para que crezca desde dentro. Si uno no tiene el Espíritu es como la planta que no tiene agua, es como el árbol que no puede absorber los alimentos de la tierra (los nitratos, los fosfatos, los carbonos, los calcios). El Espíritu es esa fuerza que hace crecer la planta desde dentro.

3.- Hoy vais a recibir el don del Espíritu Santo que sería como esa savia, que recorre las vetas de la planta o como el agua que la hace crecer.

¿Sabéis por qué se compara al Espíritu Santo con el agua? Cuando cualquier ser de la naturaleza (planta, persona o animal) toma agua, ¿qué ocurre? ¿Adquiere la forma del agua o es al revés? A ver, si vosotros bebéis un vaso de agua, ¿os convertís en un vaso?, (Respuesta de un confirmando: no) ¿Del vaso a dónde pasa el agua? a vuestro… (Respuesta de un confirmando: a nuestro cuerpo). El agua recorre todo vuestro cuerpo hasta llegar hasta la célula más pequeña. Eso es pura energía.

Cuando vosotros coméis, ¿qué pasa? ¿Ese alimento quién lo absorbe? (Respuesta de un confirmando: nuestro cuerpo). Cuando comemos el Cuerpo y la Sangre de Cristo eso es el alimento que por dentro nos alimenta, nos nutre. Cuando recibáis ahora el Espíritu será como esa fuerza, esa agua que por dentro os irá haciendo crecer.

4.- ¿Estáis dispuestos a crecer según la imagen de Jesús? ¿Cuántos son los confirmandos D. Luis? (Respuesta del párroco, D. Luis: 171) Aquí ahora hay 171 plantitas, cada uno de vosotros sois una plantita. Cuando nos bautizan, la Iglesia nos llama “nuevas plantitas”, “neófitos”. Vosotros estáis bautizados desde hace tiempo, por tanto, ya sois plantas fuertes. ¿Es lo mismo crecer rectos que torcidos? ¿A vosotros os gustaría crecer torcidos y un día caeros? o ¿crecer rectos y abriros armónicamente para después dar fruto? (Respuesta de los confirmandos: crecer rectos). Pues para eso sirve el Espíritu Santo, para que vuestra vida no se desvíe y no caiga. El Espíritu Santo os ayudará a no ir por otros derroteros que no tocan, os guiará por el camino que lleva a Cristo.

¿Queréis ser imágenes de Jesús? (Respuesta de los confirmandos: ¡sí!). Pues hoy, más que nunca, tenéis que abrir el corazón para que se llene de la fuerza y del don del Espíritu Santo.

5.- A continuación, renovaréis las promesas bautismales; la confirmación perfecciona el bautismo y confirma la gracia bautismal. No es una simple confirmación subjetiva de la fe: “Ahora que ya soy mayor confirmo mi fe”. Eso no es la confirmación, eso también se puede hacer fuera de la confirmación. La confirmación es un regalo del Espíritu, un don que reafirma la fe recibida anteriormente en el bautismo de una manera más plena y perfecta. Por eso también os haremos la unción en la frente, la unción crismal, como ya se os hizo en el bautismo.

Entonces vamos a renovar las promesas bautismales, cuando os pregunte, decid primero: “Sí”, y luego contestaréis en primera persona del singular del verbo que os haya preguntado, no en plural. Si digo: “¿Renunciáis a…?”. Respondéis: “Sí, renuncio”. Y si digo: “¿Creéis en…?”. Decid: “Sí, creo”. Ahora, poneos de pie y continuamos la celebración.

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