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Concierto “Los niños en un viaje por el tiempo”

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En el claustro de la Curia Metropolitana, hoy jueves, a las 20 horas.

Hoy jueves, el claustro de la Curia Metropolitana (Plaza Alonso Cano) acoge un concierto de voces blancas con el Coro de Ópera Infantil de Juventudes Musicales, dirigido por Iryna Kruk. Con el título “Los niños en un viaje por el tiempo”, el concierto se celebrará a las 20 horas, organizado por el Centro Cultural del Arzobispado y coorganizado por Juventudes Musicales de Granada.

La entrada es libre hasta completar aforo.

CORO INFANTIL
El Coro Infantil nació en 1981 brindando un primer acercamiento con la práctica del canto y la música coral a niños entre 7 y 12 años. El primer director del coro fue Rafael Peinado, profesor de Conjunto Coral en el RCSM “Victoria Eugenia de Granada”, a quien le sucedieron Carmen Arroyo, directora a su vez del Coro Manuel de Falla de la UGR, y los profesores de la Escuela de Música de Juventudes Musicales, María Jesús Cuéllar y Raúl Segura.

El coro trabajó un repertorio amplio que ofreció en diversas Tribunas de Jóvenes Intérpretes y en la Ofrenda Coral de Navidad en el Auditorio Manuel de Falla, germen de los Encuentro Corales de Navidad que organizó la sociedad durante numerosas ediciones. Entre el año 1995 y 1997 fue dirigido por la pianista Puri Cano.

El coro cesó su actividad en 1997 y recogió el testigo el Coro Escuela de Juventudes Musicales.

Ver este artículo en la web de la diócesis

El Papa en el Estadio Olímpico: «Cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole»

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Respuestas del Santo Padre a las preguntas realizadas por algunos fieles y homilía en la Vigilia de oración en el Estadio Olímpico «Lluís Companys»

Respuestas del Santo Padre

1. Santo Padre, crecemos escuchando que el único objetivo en la vida es producir, tener éxito y cuidar nuestra imagen. Yo mismo lo intenté, pero solo encontré un vacío inmenso. Buscando respuestas, mi vida dio un giro y esta última Pascua recibí el Bautismo. Ahora que este camino es nuevo para mí, le pregunto: ¿Cómo podemos mantener la mirada alzada hacia lo que de verdad importa, cuando la sociedad nos empuja a mirar constantemente hacia el suelo o solo a nosotros mismos? ¿Cómo podemos descubrir nuestra verdadera vocación en medio de esta corriente?

Gràcies per aquest testimoni. Gràcies per permetre’m participar en la teva alegria i en la de tots aquells que en la Pasqua d’aquest any han rebut el sagrament del Bateig.

[Gracias por este testimonio. Quisiera ante todo participar en tu alegría y en la de todos aquellos que en la Pascua de este año han recibido el sacramento del Bautismo.]

Numerosos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana, quizá después de una etapa de la vida en la que se habían apartado un poco de Dios. Se trata de un paso realmente importante. En efecto, todo lo que descubrimos, acogemos y vivimos paulatinamente a lo largo del camino contribuye ciertamente a nuestro crecimiento, a nuestra madurez y a ensanchar espacios de vida en nuestro interior; pero, al mismo tiempo, en medio de las alegrías, los éxitos y las derrotas, nos damos cuenta de que necesitamos otra agua para saciarnos más profundamente. Nuestro deseo de verdad y de felicidad necesita un horizonte más grande. Y esta inquietud es un don que Dios mismo nos ha dado: estamos hechos a medida del infinito y por eso, todo horizonte finito, todo paso, toda conquista, mientras nos satisface al mismo tiempo nos impulsa hacia adelante y nos invita a seguir buscando, a buscar avanzando, pero, sobre todo, a buscar “descendiendo interiormente”, es decir, yendo a lo profundo.

I aquí torno a la pregunta amb dos breus idees. La primera: és necessari cultivar una sana inquietud. En les nostres societats, de fet la idolatria del benefici i del rendiment, l’afany de produir sempre i de ser guanyadors, així com el culte a la pròpia imatge, no són més que anestèsics per endormiscar la nostra consciència i adaptar-la a una certa idea de societat. Quan les persones aprenen a aturar-se, a donar valor a les coses importants, a apreciar el temps de manera nova i a pensar en la pròpia vida deixant-se il·luminar per l’Evangeli, desenvolupant també un pensament crític respecte a un sistema social que no posa a la persona en el centre i provoca situacions d’injustícia i de pobresa existencials a diversos nivells. És per això que la inquietud fa por, així com el descobriment de la interioritat, de la espiritualitat i encara més de l’Evangeli.

[Y aquí vuelvo a la pregunta con dos breves ideas. La primera: es necesario cultivar esa sana inquietud. En nuestras sociedades, de hecho, la idolatría del beneficio y del rendimiento, el afán de tener que producir siempre y ser vencedores, así como el culto a la propia imagen, no son más que anestésicos para adormentar nuestra conciencia y adaptarla a una cierta idea de sociedad. Cuando las personas aprenden a detenerse, a dar valor a las cosas importantes, a apreciar el tiempo de modo nuevo y a pensar en la propia vida dejándose iluminar por el Evangelio, desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles. Es por eso que la inquietud da miedo, así como el descubrimiento de la interioridad, de la espiritualidad y aún más del Evangelio.]

Segunda idea: es en este mundo donde debemos cultivar la inquietud, no en otro. Es dentro de esta sociedad que tú y tantos otros habéis descubierto el valor de una vida más humana, más plena, abierta al encuentro con Dios y a la alegría de la fe. Esto significa que, a pesar de las dificultades, el lugar en el que Dios se hace presente y donde debemos encontrar sus huellas es siempre en la realidad donde nos encontramos. Creemos que el Espíritu Santo actúa y trabaja silenciosamente en todas las situaciones de la vida y de la historia, incluso en aquellas que parecen más difíciles. Pero debemos cultivar esta inquietud y hacerle espacio; como decía, “buscar dentro”, intentando no dejarnos abrumar por los ritmos y las seducciones externas, cultivando espacios de silencio, deteniéndonos quizá algunos minutos al día para leer el Evangelio y hablar con Dios, y también tratando de hacer este camino interior junto con otros, dejándonos acompañar en los itinerarios eclesiales y confrontándonos con los sacerdotes, los religiosos, las personas que como nosotros han emprendido este camino.
2. Santo Padre, en un mundo donde las cosas se gritan, hay aspectos de la vida que permanecen callados, con vergüenza; como la depresión, una enfermedad silenciosa que afecta a muchas personas, jóvenes y adultos, y que conlleva una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable. A veces, este dolor es tan abrumador que la idea de desaparecer parece la única salida. Yo misma luché por salir de esta enfermedad, en silencio durante años, y una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida. Estoy aquí porque Dios me dio una segunda oportunidad, y le estaré eternamente agradecida, pero hay muchos otros que continúan enfrentándose a esta oscuridad. Por eso, le pregunto de todo corazón: ¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?

Ante todo, gracias por compartir hoy tu experiencia de sufrimiento. Me conmueve que puedas hablar de ella, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te ha dado. Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio: en contacto con Jesús, aun quien se siente perdido recobra confianza en la vida, sana la enfermedad y puede levantarse para volver a vivir.

En la teva pregunta, t’has referit en primer lloc a la “malaltia silenciosa” que és la depressió, i és important prendre consciència de com la salut mental es veu cada vegada més amenaçada en el context de societats que es consideren avançades. És un senyal de que hi ha quelcom profundament equivocat en una certa idea de creixement que sotmet a les persones a pressions i tensions que comprometen equilibris fonamentals. Per això es necessita un sistema sanitari que inclogui entre les seves prioritats aquest malestar invisible i generalitzat, que afecta també als joves.

Les teves paraules, tanmateix, ens han mostrat que el dolor posa a prova la fe i el sentit que li donem a la vida. Això és cert per a tothom, no solament per aquells que en algun moment travessen la prova de la malaltia.

[En tu pregunta, te has referido en primer lugar a la “enfermedad silenciosa” que es la depresión, y es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas. Es una señal de que hay algo profundamente erróneo en una cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales. Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes.

Tus palabras, sin embargo, también nos han mostrado que el dolor pone a prueba la fe y el sentido que le damos a la vida. Esto es cierto para todos, no sólo para quienes en algún momento atraviesan la prueba de la enfermedad.]

Mientras te escuchaba, pensé en esas horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte. Los Evangelios, en los momentos de la última cena y de la oración en Getsemaní, subrayan que estaba cayendo la tarde, que estaba anocheciendo, así como poco antes de morir en la cruz nos dicen que “toda la tierra quedó en tinieblas”. Pero, en realidad, no se trata sólo de un sufrimiento personal; el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia.

Pasar por esta experiencia es difícil, lo atestigua varias veces la Sagrada Escritura; hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, o confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza. Y, en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos haya abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan, un grito que Jesús hizo suyo en la cruz, diciendo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Hay una catequesis sobre las últimas horas de Jesús, en la que Benedicto XVI dice que su sufrimiento se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla. Pero pienso que no podemos hacerlo solos. En las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible, debemos abrirnos a alguien que nos ayude a expresar una oración sencilla, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito.

Estas experiencias ofrecen un mensaje también a nosotros creyentes, a toda la Iglesia: no debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios” o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas. Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre.
3. Buenas noches Santo Padre. Vengo de una familia de un barrio muy humilde de Barcelona. De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas. A los diez años los servicios sociales se hicieron cargo de mí, y me llevaron al centro de menores de San José de la Montaña. Al principio fue duro, pues me había creado un muro para protegerme, donde no dejaba entrar a nadie. Pero poco a poco experimenté por primera vez el amor de familia, y mi corazón se fue abriendo. Allí me hablaron de Jesús, empecé a rezar y me bauticé. Pero en mi adolescencia me rebelé contra Dios muchas veces. Me invitaron a un retiro y allí por primera vez experimenté el amor de Dios. Pero han pasado unos meses, y aún me cuesta perdonar a mi padre. Y a veces levanto los ojos al cielo y le pregunto ¿dónde estabas cuando era una niña? Santo Padre, ¿cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?

Gràcies pel teu testimoni i gràcies també per la pregunta sobre el perdó. És realment un signe de la gràcia de Déu que aquesta pregunta sorgeixi d’un passat tant marcat pel sofriment i que, a pesar del dolor, es tingui la valentia de preguntar com és possible perdonar a qui ens ha fet mal. Voldria dir dues coses aquí.

La primera complementa el que deia abans sobre la presència de Déu en les hores del nostre sofriment; en el fons també tu expresses aquesta pregunta respecte a la teva infància, però el context en el que han passat els fets de la teva vida ens demanen ampliar el radi d’influència de la nostra pregunta: ¿ens hem de preguntar “on estava Déu” o hem preguntar-nos sobre l’home i sobre la humanitat, sobre com a vegades som presoners del mal fins a arribar a ser violents amb els demés, sobre com no aconseguim cultivar l’amor i respectar als demés en la seva dignitat i llibertat?

[Gracias por tu testimonio y gracias también por la pregunta sobre el perdón. Es realmente un signo de la gracia de Dios que esta pregunta surja de un pasado tan marcado por el sufrimiento y que, a pesar del dolor, se tenga la valentía de preguntar cómo es posible perdonar a quien nos ha hecho mal. Quisiera decir también aquí dos cosas.

La primera completa lo que decía anteriormente sobre la presencia de Dios en las horas de nuestro sufrimiento; en el fondo también tú expresas esta pregunta respecto a tu infancia, pero el contexto en el que han pasado los acontecimientos de tu vida nos pide ampliar el radio de nuestra pregunta: ¿debemos preguntarnos “dónde estaba Dios” o debemos interrogarnos sobre el hombre y sobre la humanidad, sobre cómo a veces somos prisioneros del mal hasta llegar a ser violentos con los demás, sobre cómo no logramos cultivar el amor y respetar a los demás en su dignidad y libertad?]

Tantas crónicas policiales, todavía hoy, reflejan un clima envenenado en las relaciones familiares de abusos y opresiones, y en particular de violencia contra las mujeres, que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios. Esta realidad dramática, que tiene raíces antropológicas y culturales estamos llamados a abordarla todos, sea personalmente, sea como sociedad, porque a nosotros nos corresponde afrontarla en todas sus dimensiones.

No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad; no podemos imaginar que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda; Él nos ha dotado de inteligencia y voluntad, nos ha dado una conciencia, nos ha revestido de dignidad y de libertad, y sobre todo ha venido a nuestro encuentro para indicarnos, en su Hijo Jesucristo, el camino a seguir para que nuestra vida sea plenamente humana y en nuestra sociedad reinen la justicia, la paz y la fraternidad. Nos ha dado su mismo Espíritu, precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones humanas. Si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios.

Una segunda cosa se refiere al perdón. Debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino. El mismo Evangelio, si lo leemos como un libro de indicaciones, de mandamientos y de deberes, corre el riesgo de causarnos mucho desánimo y frustración, porque Jesús nos invita al perdón y nosotros experimentamos que no somos capaces. En cambio, no es así. El perdón sobre todo debemos invocarlo del Señor; seguir pidiendo —tal vez durante toda la vida— que el Señor amplíe en nosotros el espacio del amor precisamente allí donde hemos sido heridos, que nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos y con esa parte de nuestra historia marcada por el sufrimiento, que lentamente transforme el resentimiento en misericordia y compasión.

Es un camino largo, es un proceso que requiere mucha paciencia, es un trabajo que debemos hacer con nosotros mismos, tanto personalmente como por medio de otros itinerarios de acompañamiento y también reconciliación interior. Y es necesario no desanimarse: en el perdón se avanza con pequeños pasos. La reconciliación con la historia es gradual y, sobre todo, no debemos pensar que el perdón equivalga siempre y en todos los casos a volver a la situación anterior o a vivir una relación plena con quienes nos han herido, especialmente cuando el hecho ha sido marcado también por la violencia. Se puede permanecer en la buena disposición del corazón hacia la persona, rechazar toda forma de odio o de venganza, esforzarse por reparar la relación en la medida de lo posible y, quizá, rezar por él o por ella: tot això ens ajuda a entrar cada cop més en la dinámica del perdó i a reconciliar-nos amb Déu i amb els demés. Som pecadors perdonats, pacificats i capaços de perdonar. Capaços de ser portadors de pau.

[Todo esto nos ayuda a entrar cada vez más en la dinámica del perdón y a reconciliarnos con Dios y con los demás. Somos pecadores perdonados, estamos en paz y somos capaces de perdonar. Capaces de ser portadores de paz.] 

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Homilía del Santo Padre

Estimats germans i germanes, fills i filles estimats de Déu. També nosaltres som com Nicodem, peregrins en la nit. Aquesta icona evangèlica, sobretot, ens ofereix un missatge del camí de la vida.

[Queridos hermanos y Hermanas, hijos e hijas amados de Dios. También nosotros somos como Nicodemo, peregrinos en la noche. Este icono evangélico nos ofrece un mensaje ante todo sobre el camino de la vida.]

Nuestro caminar, nuestro desear y todo aquello que abrazamos y vivimos cotidianamente, en las alegrías y en las derrotas, en las aspiraciones y en los proyectos, es la expresión de nuestra búsqueda continua: somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad, buscamos un significado pleno que nos sostenga, nos anime y nos ayude a comprender el misterio de nuestra vida. Mientras avanzamos lentamente, con pequeños pasos, estamos llamados a dialogar con la penumbra de nuestra misma condición humana: nos falta la verdad completa, no conocemos en profundidad el misterio de nosotros mismos y el verdadero rostro de los demás, no siempre logramos comprender la verdad escondida de la realidad que nos rodea y de los acontecimientos que se presentan ante nuestros ojos. Buscamos una luz que ilumine el camino.

Però Nicodem també ens parla del camí de la fe. No es tracta d’un sender paral·lel respecte al de la nostra existència, però aquests dos itineraris estan sempre entrellaçats entre ells. Com hem proclamat en l’Evangeli, Déu ha estimat tant el món fins a donar-nos el seu Fill unigènit i, en Ell, s’ha unit per sempre a la nostra carn. Ell està sempre amb el Pare i amb nosaltres; així, cada vegada que el misteri de la nostra vida s’obre a la llum d’un nou dia, en tot el que som i obrem, estem en la presencia de Déu i som custodiats pel seu braç etern: la nostra vida “està en Crist amagada amb Déu”. I, amb tot, a vegades experimentem la nit de la fe, la fatiga de creure, el cansament de l’esperit, el sentit de la desproporció davant la crida de l’Evangeli, l’amargura dels nostres fracassos i la por a no ser capaços.

Germans i germanes, Nicodem ens ensenya que aquestes nits, que acompanyen la nostra vida, el camí de la fe i la historia en la qual vivim, són un lloc de benedicció, un espai per renéixer, unes entranyes que sempre engendren nova vida. Aquestes nits ens despullen i ens retornen a allò essencial; ens treuen les màscares humanes i religioses que utilitzem cada dia, per a que no ens reconeguin o per a donar una imatge de nosaltres diferents de la que som; ens deixen al descobert, en les nostres llums i les nostres ombres, tornant-nos a la humilitat de saber-nos mirar en la veritat, més enllà de la presumpció de pensar que el nostre camí ja està complert i que avancem com si tinguéssim una llum clara sobre tota cosa, sobre tots i fins i tot sobre Déu.

[Pero Nicodemo también nos habla del camino de la fe. No se trata de una senda paralela respecto a la de nuestra existencia humana, sino de dos itinerarios que están siempre entrelazados. Como hemos escuchado en el Evangelio, Dios ha amado tanto al mundo hasta darnos a su Hijo unigénito y, en Él, se unió para siempre a nuestra carne. Él está siempre junto al Padre y junto a nosotros; así, cada vez que el misterio de nuestra vida se despliega a la luz de un nuevo día, en todo lo que somos y obramos, estamos en la presencia de Dios y somos custodiados por su abrazo eterno: nuestra vida «está con Cristo escondida en Dios» (Col 3,3). Y, con todo, a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentido de la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces.

Hermanos y hermanas, Nicodemo nos enseña que estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva. Estas noches nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día, para que no nos reconozcan o para dar una imagen de nosotros diferente de lo que somos; nos dejan al descubierto, en nuestras luces y en nuestras sombras, devolviéndonos a la humildad de sabernos mirar en la verdad, más allá de la presunción de pensar que nuestro camino ya esté cumplido y que avancemos como si tuviéramos una luz clara sobre todo, sobre todos e incluso sobre Dios.]

Este “espacio vacío” que la noche crea, aun cuando se presenta bajo la forma del sufrimiento o de la insatisfacción, de la desilusión o de la incredulidad, puede ser ocasión para recibir una nueva vida, para cambiar y renovarse, para “renacer de lo alto”, como dice Jesús a Nicodemo. Dios, en efecto, no ha venido a juzgar el mundo con su pecado y la noche de su infidelidad, sino que ha enviado a su Hijo para salvarlo, para dar al mundo la vida eterna.

Por eso, también nosotros estamos llamados a no juzgar las “noches”; ni las noches de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea. En la noche, debemos en cambio ponernos en camino como hace Nicodemo, seguir interpelando al Señor, abrirnos al viento del Espíritu para acoger la noche ya no como el signo de un fracaso sino como el inicio de una nueva vida.

Y pensando en nuestro camino personal, pero también en las noches de nuestro camino eclesial y de España, en sus ciudades, de sus antiguas y nuevas pobrezas, de su sociedad y cultura, podemos entonces preguntarnos: ¿cuáles son las noches que atravesamos? ¿Qué nos sugieren? Entrando en ellas y mirando con humildad y sin prejuicios la realidad de lo que somos, ¿qué estamos llamados a cambiar?, ¿dónde debemos renovarnos, en qué dirección queremos ir, qué sociedad queremos construir?

No deixem de buscar, de qüestionar-nos i de dialogar, amb Déu i entre nosaltres, també en el cor de la nit. Caminem junts en la fe que harmonitza la diversitat de les nostre idees i sensibilitats, per a buscar la veritat que ens guia cap al bé comú, per a que aquest País sigui un espai acollidor per a tothom, on cadascú sigui respectat en la seva dignitat de persona i estimat per allò que és. Obrim-nos al do de l’Esperit, buscant el Senyor com Nicodem i acollint la llum del seu Evangeli, amb la certesa que experimentarem en nosaltres una vida nova, una presència que beneeix, un amor gratuït que ens ajudarà a passar de la nit a la llum. Perquè Déu vol que res es perdi i ja des d’ara desitja donar-nos la vida eterna, per conduir-nos a la felicitat que no té fi.

[No dejemos de buscar, de cuestionarnos y de dialogar, con Dios y entre nosotros, también en el corazón de la noche. Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades, para buscar la verdad que nos guía hacia el bien común, para que este país sea un espacio acogedor para todos, donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es. Abrámonos al don del Espíritu, buscando al Señor como Nicodemo y acogiendo la luz de su Evangelio, con la certeza de que experimentaremos en nosotros una vida nueva, una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz. Porque Dios quiere que nada se pierda y ya desde ahora desea darnos la vida eterna, para conducirnos a la felicidad que no tiene fin.]

Que el Senyor ens concedeixi, per intercessió de la Mare de Déu, obrir-nos a Ell i deixar-nos sacsejar pel vent del seu Esperit.

[Que el Señor nos conceda, por intercesión de la Virgen María, abrirnos a Él y hacernos sacudir por el viento de su Espíritu.]

León XIV

«Nos apoyamos en la fe que vivió y pregonó con pasión»

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D. José Antonio Satué ha enviado sus condolencias a la familia del periodista Ignacio Castillo.

 

El obispo de Málaga se ha sumado a la ola de cariño y apoyo a la familia del periodista Ignacio Castillo y a sus compañeros del diario La Opinión de Málaga tras conocerse la noticia de su fallecimiento, hoy, de forma repentina, a la edad de 49 años.

A través de las redes sociales, D. José Antonio Satué ha manifestado haber «recibido con tristeza la noticia del fallecimiento de Ignacio y quiero hacer llegar mi oración y mi afecto a su familia y amigos. En estos momentos de dolor nos apoyamos en la fe que él vivió y pregonó con pasion».

El velatorio por Ignacio A. Castillo y la Misa exequial se celebrará en la iglesia de San Pablo este jueves 11 de junio. El velatorio comenzará a lo largo de la mañana, aunque todavía está pendiente de confirmación de la hora. La Misa comenzará a las 19.30 horas y será oficiada por el deán de la Catedral de Málaga, José Manuel Ferrary Ojeda.

Castillo, pregonero de la Semana Santa de Málaga de este año, fue el primer periodista malagueño al que la Diócesis de Málaga, a través de su Delegación Diocesana de Medios de Comunicación, reconoció con el premio periodístico Cardenal Herrera Oria (2014) «por contribuir con su trabajo a difundir la voz de la Iglesia Católica, tanto en sus informaciones como en sus artículos de opinión».

Al recoger aquel galardón, Castillo manifestó su alegría afirmando que «es una sorpresa que la Diócesis cree un premio con el nombre del cardenal Herrera que tanta influencia tuvo, tanto como seglar como de sacerdote, como periodista y obispo en los medios de comunicación. Que el primer premio en su nombre sea entregado a mí –señaló– me hace sentir muy orgulloso, es un honor, sin duda, que se premie mi trayectoria de esta manera».

Hace unos meses, con motivo de los 100 días de Mons. Satué como obispo de Málaga, Ignacio Castillo publicó una entrevista con el prelado que puede leerse en este enlace.

Antonio Moreno Ruiz
Antonio Moreno

«¿Creer es saludable?»: Jornada de Atención Espiritual y Religiosa

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La Casa Diocesana de Espiritualidad de Málaga acogerá el próximo 19 de junio la XX Jornada de Atención Espiritual y Religiosa, organizada por Fundación Hospitalarias y dirigida a todos los voluntarios de Pastoral de la Salud y al mundo asistencial en general. Bajo el lema “¿Creer es saludable? Heridas y culpabilidad”, el encuentro reunirá a especialistas de distintos ámbitos para reflexionar sobre el papel de la espiritualidad en la salud integral, especialmente en contextos de enfermedad, vulnerabilidad y cuidado. Es necesario inscribirse previamente.

Málaga será escenario el próximo 19 de junio de una nueva edición de la Jornada de Atención Espiritual y Religiosa, una cita que alcanza ya su vigésima convocatoria y que este año propone una reflexión en torno a una pregunta de gran actualidad: “¿Creer es saludable?” La iniciativa, promovida por Fundación Hospitalarias, centrará sus contenidos en las heridas emocionales, la culpabilidad y la búsqueda de sentido como elementos que influyen en el bienestar integral de las personas.

La jornada se desarrollará entre las 9.00 y las 14:00 horas en la Casa Diocesana de Espiritualidad, ubicada en el Pasaje de los Almendrales de la capital malagueña. El programa combinará ponencias, espacios de diálogo y testimonios profesionales con el objetivo de favorecer un encuentro interdisciplinar entre expertos de los ámbitos sanitario, psicológico, filosófico y teológico.

La apertura institucional contará con representantes de la dirección y el patronato de Fundación Hospitalarias, así como con la participación deL obispo de Málaga, D. José Antonio Satué. Posteriormente, comenzará un recorrido por diferentes perspectivas sobre la dimensión espiritual de la persona y su influencia en los procesos de salud y enfermedad.

A las 9.30 horas, comenzará la ponencia “Salud mental y espiritualidad: Consideraciones clínicas”, con la participación de Enrique Trujillano, médico psiquiatra, y Víctor Padilla España, psicólogo clínico.

Uno de los momentos centrales de la jornada será el diálogo titulado “¿Creer es saludable? Culpa, herida y salud integral en diálogo interdisciplinar”, en el que participarán: Luis Rosa Invernón, filósofo, que abordará el tema “Vida, muerte y trascendencia”. Daniel Guerrero, psicólogo, que presentará “Fortalezas y debilidades de la dimensión espiritual en enfermos y cuidadores” y José Emilio Cabra, sacerdote y teólogo, que expondrá el tema: “Tu gracia me basta” (2 Cor. 12,9). La religiosidad popular ante la experiencia del límite. La mesa estará moderada por Danilo Farneda, coordinador de Atención Espiritual y Religiosa de Fundación Hospitalarias Málaga.

Finalmente, Belén Ruiz, enfermera especializada en cuidados paliativos, compartirá el testimonio: “Presencia que sana y salva: mi experiencia de cuidado”.

La participación podrá hacerse tanto de forma presencial como online, y los enlaces para la inscripción son los siguientes:

INSCRIPCIÓN ONLINE

INSCRIPCIÓN PRESENCIAL

Antonio Moreno

Asamblea Diocesana, punto y seguido en el proceso sinodal

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El sábado 20 de junio tiene lugar la Asamblea Diocesana. Aún quedan plazas para inscribirse.

El sábado 20 de junio tiene lugar la Asamblea Diocesana en el Colegio Maristas. Ante la limitación de aforo en el espacio elegido, asistirán 1.500 personas en representación de las diversas realidades diocesanas: parroquias, movimientos y asociaciones, comunidades de vida consagrada, delegaciones, misioneros digitales… Aún quedan plazas para inscribirse.

Aquellas personas que aún no se han inscrito y estén interesadas en participar, pueden inscribirse en este enlace hasta el 16 de junio, mientras queden plazas disponibles.

Esta Asamblea es un paso adelante dentro del proceso de implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad. Desde las 10.00 de la mañana a las 6.00 de la tarde, los participantes compartirán una ponencia marco que recogerá los principales consensos de las aportaciones de los grupos a la recepción del Documento Final del Sínodo, una dinámica con la que se ahondará en el Plan Pastoral Diocesano y diversos talleres en los que se abordarán aspectos prácticos sobre cómo ser una Iglesia sinodal. La Asamblea concluirá con la celebración de la Eucaristía.

Todos los fieles están invitados a rezar por esta celebración, en la que se recoge el trabajo de cientos de grupos de la diócesis, y a seguirla a través de las informaciones de la web diocesismalaga.es y las redes sociales de la diócesis.

Encarni Llamas Fortes
Encarni Llamas

Chenchu Pérez, tras participar en el encuentro «Tejer redes»: «Llego mucho más lleno de Dios»

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Sergio Pérez ha vivido el encuentro del Papa con el mundo del arte, la cultura, la economía y el deporte

Chenchu, como todos le conocen aquí en su diócesis, ha participado en el Movistar Arena de Madrid, el domingo 7 de junio, representando a la Comisión de Música Católica Contemporánea de la Diócesis de Málaga en el encuentro que León XIV tuvo con el mundo de la Cultura en Madrid. Él ha sido uno de los peregrinos malagueños a la capital para participar en los primeros encuentros del pontífice a su llegada a España. Este malagueño ha compartido con los jóvenes la vigilia en la Plaza de Lima de Madrid, la Eucaristía por la solemnidad del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles, y, posteriormente, un evento dirigido específicamente a personas del mundo de la cultura, artistas, deportistas… «Llego mucho más lleno de Dios. Estoy muy agradecido por haber sido invitado a este encuentro, llamado “Tejer redes con el mundo de la empresa, la educación, la cultura y el deporte” en el Movistar Arena. María Bazal, delegada de Familia y Vida de la archidiócesis de Madrid, ha sido una de las organizadoras, «la responsable de que aquello saliera tan bien, que estuviera tan bien organizado y hubiera gente de toda índole representada en las gradas de ese Movistar Arena», explica Chenchu. En su caso, iba representando al mundo de la música católica. «Tuve la suerte de participar y, por qué no decirlo, llevaba allí por bandera a la Comisión de Música Católica Contemporánea de nuestra diócesis, que, dentro de la Conferencia Episcopal y en España, es la pionera. Fue un orgullo representar a la diócesis de Málaga en este evento tan importante».

El encuentro, en el que se quiso dar forma a un rico diálogo en torno a la “cultura del encuentro”, contó con intervenciones, testimonios y expresiones artísticas diversas de representantes del mundo de la cultura y el arte, entre ellos el actor malagueño Antonio Banderas, que compartió su vivencia más íntima de la fe. Cuando recuerda esa noche, Sergio Pérez aún se emociona al recordar desde el primer minuto, cuando se produjo la entrada del Papa. «Fue apoteósica. Diez minutos de ovación mientras iba saludando a los presentes. Se vivió un ambiente de concordia, todos reunidos alrededor del Papa León XIV, poniendo en el centro al ser humano y al bien común en cada uno de los discursos».

Chenchu no renuncia a rescatar la intervención que más le tocó el corazón, la del actor natural de Málaga. «Si tengo que destacar a alguien, destaco a nuestro malagueño Antonio Banderas, que, verdaderamente, usó un lenguaje que hizo que cada persona -yo y todo el que tenía alrededor- estuviera llorando de la emoción».

Banderas compartió la pregunta sobre Dios que late en su corazón desde niño, y cómo la fe sencilla trasmitida por su madre y reconocida y vivida también a través de la religiosidad popular de su tierra, han ido apuntando a la respuesta de un crecimiento que «lleva del yo al nosotros, del nosotros al ellos, del ellos al todos, al mundo, al universo, a Dios». «En un mundo que corre, que se fragmenta, que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está siendo robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano, y no al revés. Un alma que nos susurra que hay algo más. El constante susurro de que hay algo más». Para Chenchu, «su lenguaje cercano, desde su experiencia cristiana, con la Virgen de la Esperanza… Y tuvo una frase maravillosa, que fue para mí una de las frases que más llegó y está llegando en el mundo de la música y del arte: “Necesitamos un lenguaje común y ese es el arte”. Con eso me quedo».

El papa León, a los presentes, al final de su intervención, lanzó esta invitación: «Queridos amigos: os invito entonces a ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad, la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo, la educación promueva la búsqueda de la verdad con espíritu crítico, el arte despierte asombro y genere emociones nobles, la empresa reconozca la dignidad de la persona y el trabajo siga siendo motor de esperanza».

Para Chenchu, «El Papa tuvo unas palabras muy bonitas, que nos hacen reflexionar a cada uno de nosotros sobre por dónde tenemos que andar, y que son una invitación a olvidarnos de nosotros mismos y a empezar a construir el mundo juntos en todos estos ámbitos».

La Virgen vestida de símbolos: los colores de Canarias ante el Sucesor de Pedro

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La Virgen de Candelaria, Madre y Patrona del Archipiélago Canario, estará presente en la Santa Misa presidida por el Santo Padre León XIV. Ella, que a lo largo de los siglos ha sido refugio, consuelo y luz en los momentos más difíciles de nuestro pueblo, volverá a reunir a sus hijos bajo su mirada maternal.

Vestida de amarillo, el color que durante generaciones ha identificado a la Virgen Morena y que hoy evoca también los colores de la bandera del Vaticano, la Patrona de Canarias tenderá un puente simbólico entre la fe de este pueblo y el Sucesor de Pedro.

Sobre sus hombros descansa el manto azul, símbolo de Santa Cruz de Tenerife y del océano que abraza nuestras islas y guarda la memoria de quienes lo han cruzado impulsados por la esperanza de encontrar un futuro mejor. Junto a él, el blanco completa una imagen llena de significado: el color de la paz, de la fraternidad y de la esperanza que ilumina el camino de los creyentes.

Se configura así una imagen profundamente simbólica: colores que hablan de nuestra tierra, de nuestra historia y de nuestra vocación de encuentro, reunidos en torno a la Virgen, al Santo Padre y a la fe que nos congrega. Quizá, al contemplarla, muchos descubran que no se trata solo de una hermosa armonía de colores, sino del reflejo de la identidad, la devoción y la esperanza de todo un pueblo.

Que el recuerdo de esta jornada histórica permanezca vivo en nuestros corazones y siga iluminando el camino de nuestras Islas. Y que la Virgen de Candelaria, Madre y Patrona de Canarias, continúe guiándonos bajo la luz de su Hijo, para que este encuentro se convierta en un legado imborrable de fe, unidad y esperanza para las generaciones venideras.

Del corazón de Cristo al alma de Canarias: el simbolismo de los ornamentos del Santo Padre

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La celebración presidida por el Santo Padre contará con unos ornamentos litúrgicos creados expresamente para esta ocasión y que permanecerán en la diócesis como recuerdo de esta visita histórica.

Confeccionados en talleres especializados de Bérgamo (Italia), han sido diseñados para reflejar, a través de sus símbolos, la identidad de Canarias y el significado espiritual de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que celebramos en la misa.

El galón central combina diferentes tonalidades de azul que evocan el océano que rodea las islas. Un mar que forma parte esencial de nuestra historia y que se convierte, hoy, en símbolo de esperanza y de encuentro entre pueblos. En ese mismo horizonte resuena asimismo el drama de tantas personas migrantes que han cruzado sus aguas buscando una vida mejor. Desde la fe, este azul remite además al agua que brota del Corazón de Cristo, fuente de misericordia y vida.

Junto a él aparecen tonos oscuros inspirados en la tierra volcánica canaria, mientras que las piedras de cornalina engarzadas en la ornamentación aportan un intenso color rojo anaranjado que recuerda la lava que dio forma a nuestras islas. Ese mismo color evoca también el amor ardiente del Corazón de Jesús, centro de la celebración litúrgica.

La mitra y la parte posterior de la casulla incorporan el escudo del Santo Padre, subrayando el carácter singular de esta celebración. El conjunto se completa con varias palias para los cálices que presentan la imagen del Corazón de Jesús y reproducen motivos inspirados en el diseño principal de la casulla, manteniendo una misma unidad simbólica y artística. Todo ello ha sido donado por una familia que ha preferido permanecer en el anonimato.

Especial significado tendrá también el cáliz utilizado durante la Eucaristía y quedará posteriormente en la diócesis como regalo del Santo Padre.

Gabriel, el joven sacerdote de no saber “dónde se metía” a coordinar la oficina de la visita del Papa a la diócesis

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Gabriel Hernández lleva meses trabajando entre borradores, mensajes, llamadas telefónicas, reuniones de coordinación, escaletas y cambios de última hora para que todo esté listo cuando el Papa pise Tenerife. La Oficina de la Visita, con sus canales de comunicación y respuesta, se puso en marcha en el arranque de los preparativos de este acontecimiento excepcional. Situada en el edificio del obispado, cerca de sus responsables, vive desde dentro la implementación de este viaje apostólico.
Gabriel Hernández no sabía muy bien en lo que se metía cuando el coordinador local le preguntó si podía echar una mano a la comisión de la visita del Papa. «Acepté la ayuda, más bien, para todo este tema, sin saber dónde me metía», dice, «pero feliz también de poder ayudar en esta visita del Santo Padre a nuestras islas. Su carácter más que afable y paciente facilita todo.
«Tiene 29 años, es cura de la diócesis desde hace poco y se define a sí mismo, con una sencillez que descoloca un poco, como hijo de Dios mirado con misericordia y feliz de haber sido elegido en este ministerio. Ahora mismo forma parte de la oficina de coordinación de la visita y lleva meses metido en un trabajo que no para de cambiar de forma.
Porque eso es quizás lo más duro de estos meses, no el volumen de trabajo en sí sino la naturaleza de ese trabajo, que es la de tener que construir y desmontar y volver a construir casi a diario. «Haber trabajado durante meses en borrador para luego tener que volver a modificar, y día a día, tener que echar para atrás y para adelante ciertas cosas de última hora», lo describe él mismo, y añade algo que cualquiera que haya seguido la organización de este tipo de eventos entiende enseguida, que hay cosas que no se pueden comunicar hasta el último momento para no dar información errónea, lo que obliga a pedir paciencia constantemente a la gente. «Como son así las cosas de los viajes del Papa, al final se tiene que trabajar así.»
Pero luego está el otro lado, el que hace que todo eso valga la pena, y Gabriel lo tiene muy claro. Lo mejor de este tiempo, dice, es ver que todos aúnan esfuerzos para que esto sea posible, tanto a nivel eclesial como de las administraciones públicas, grupos, empresas, etc, personas, tantas personas. Trabajar con ese viento a favor es, en sus propias palabras, «una gozada». Las cifras dan idea de la escala de lo que se está moviendo, 163 guaguas entre grupos, movimientos, asociaciones, parroquias y colegios, y detrás de cada una de ellas alguien que ha tenido que inscribir personas, facilitar información, cuadrar horarios y convencer a gente de que madrugar un viernes merece la pena.
Para la preparación espiritual queda poco tiempo, reconoce sin drama, «aunque sea debajo de las piedras hay que sacarlo». Lo que espera escuchar del obispo de Roma cuando llegue el momento tiene mucho que ver con su propia historia. Gabriel estuvo en El Hierro acompañando a sus compañeros y a muchas mujeres y hombres en la acogida de los cayucos, escuchando historias de personas llegadas de Senegal, de Mali, de Burkina Faso, de Mauritania, de tantos otros que rodean el Sahel, por eso, lo que aguarda del discurso de León XIV es exactamente eso, un mensaje de aliento sobre la migración que llegue de verdad a los corazones. «Es por eso también por lo que quería venir el papa Francisco», recuerda, refiriéndose al origen de esta visita que cambió de protagonista pero no de intención.
Si tuviera que resumir estos días en una palabra, Gabriel lo tiene claro aunque necesita matizarla un poco. Más allá de la alegría y la emoción, dice, la palabra sería intensidad. Y lo que se va a llevar de todo esto, del trabajo, del caos controlado, del esfuerzo colectivo de una diócesis entera moviéndose en la misma dirección, es algo que no esperaba encontrar con tanta claridad. «Al final se está convirtiendo en un modo de unirnos como diócesis, y eso es algo a valorar mucho.»

La Eucaristía en la Dársena de Santa Cruz pondrá punto final al viaje apostólico del Papa

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La visita del Papa León XIV a la Diócesis Nivariense se está viviendo como una auténtica fiesta de fe y comunión eclesial. Miles de fieles están llamados a participar en una jornada histórica que culminará con la celebración de la Eucaristía presidida por el Santo Padre.

Antes de su llegada al lugar de la celebración, el Papa recorrerá en papamóvil varias de las principales vías de Santa Cruz de Tenerife. El itinerario previsto incluye las calles Leoncio Rodríguez, avenida La Salle, Galcerán, Méndez Núñez, El Pilar, Villalba Herbás, La Marina, Plaza del Cabildo, avenida Marítima y avenida Francisco La Roche.

Durante los momentos previos a la Eucaristía se proyectará un vídeo con imágenes de celebraciones, encuentros y acontecimientos significativos de las diferentes islas que conforman la diócesis, acompañado por diversos mensajes del obispo.

Asimismo, la espera estará amenizada por diversas actuaciones musicales. Sobre el escenario participarán Guan Magec, Los Sabandeños y Chago Melián, quienes ofrecerán un repertorio especialmente preparado para esta ocasión.

Una vez cerradas las puertas del recinto, dará comienzo una animación en directo destinada a preparar a los asistentes para la llegada del Santo Padre. Se interpretará el himno dedicado al Papa, con la participación de un coro constituido especialmente para esta celebración, integrado por diversas formaciones corales, junto a varios solistas, el organista Juan Luis Bardón y la Banda Insular de la Federación Tinerfeña de Bandas de Música.

La entrada del Papa León XIV está prevista para las 11:45 horas, en uno de los momentos más esperados de esta jornada histórica para la Iglesia diocesana.

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