El Papa, además, ha denunciado a quienes “convierten el sufrimiento ajeno en negocio”.
El Santo Padre ha presidido en la Plaza del Cristo de La Laguna un encuentro con grupos eclesiales y entidades comprometidas con la acogida y la integración de personas migrantes en el archipiélago canario.
Asimismo, ha alertado contra el peligro del migrante “de quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad.”
Tenerife, 12 de junio de 2026. León XIV ha presidido este viernes en la Plaza del Cristo de La Laguna un encuentro con grupos eclesiales y entidades vinculadas a la acogida de personas migrantes, en uno de los actos centrales de la jornada de clausura de su viaje apostólico a España. La convocatoria ha permitido acercar al Santo Padre la realidad migratoria que vive el archipiélago a través de testimonios de personas procedentes del continente africano y de América Latina, así como de quienes desarrollan su labor pastoral y social en este ámbito.
“Me ha llamado la atención lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta”, ha resaltado León XIV. “Quizá este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra. A veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia. El mar, que rodea estas islas, trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de búsqueda. En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”, ha subrayado el Pontífice
El encuentro comenzó con unas palabras de bienvenida del obispo de Tenerife, monseñor Eloy Santiago, quien ha compartido que “la integración, tanto en la sociedad como en la Iglesia, sigue siendo un reto, Santo Padre. Estamos convencidos de que sus palabras en este acto nos animarán a seguir por esa vía de la superación de miedos y prejuicios para abrirnos a la promoción e integración de las personas migrantes en nuestra casa común.
A lo largo del acto han compartido su testimonio Darwin Rivas, sacerdote venezolano destinado en El Hierro quien le ha confiado al Papa que hubo “momentos muy complicados por la cantidad de migrantes que llegaban a una isla pequeña. Hubo días y noches en que quise quedarme en la comodidad, pero pensaba: ¿Qué haría nuestro Señor? Y renovaba el servicio”.
También ha hablado Mbacke, de Senegal, en nombre de la Fundación Canaria El Buen Samaritano, en Tenerife, donde encontró “respeto, paciencia y gente que me dijo: tú vales, tú puedes”, quien recitó al Papa una poesía sobre la historia de los migrantes. Y Khalid Allad de Marruecos que contó su travesía en patera para alcanzar la costa y la ayuda que recibió de la Fundación Don Bosco. Por último, Thalia de Colombia, quien pidió al Papa que “bendiga a todas las personas que tienen la necesidad de migrar, de alejarse de su tierra, de su familia para que siempre encuentren el apoyo”.
Una denuncia de las mafias
En sus palabras, el Papa León XIV ha condenado firmemente a quienes se aprovechan de los migrantes: “desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio”.
“El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro. Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina. Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio. Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido”, ha expresado el Pontífice.
En contraposición, el Papa ha expresado un sincero agradecimiento a “Cáritas diocesana, a la Delegación diocesana de Migraciones, a las parroquias y a tantas realidades eclesiales y civiles que van más allá del primer auxilio y acompañan procesos de protección, promoción e integración. Gracias por hacer posible que quien un día fue acompañado pueda convertirse en puente para otros, devolviendo el amor recibido. Cuando quien necesitó una mano comienza a tender la suya, la caridad recibida se transforma en responsabilidad compartida”.
La integración reconstruye el futuro
“La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro. (…) Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”, ha expresado el Papa.
León XIV ha recordado: “cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir ese segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”.
“Después de viajes difíciles y, en ocasiones, de varios intentos buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado. Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas”, ha recalcado León XIV.
Finalizado el encuentro, León XIV recorrió las calles, saludando a personas vulnerables acogidas en distintos centros de la Iglesia en la ciudad, entre ellas personas mayores, personas en situación de pobreza y personas con diversidad funcional. El próximo hito de esta etapa canaria es la Eucaristía en la Explanada Portuaria de Los Llanos, en Santa Cruz de Tenerife, momento de despedida y acción de gracias por el viaje apostólico.

