
Ha pasado ya más de medio siglo desde que el jesuita Tomás Morales, actualmente en proceso de canonización, instaurara en España la Vigilia de la Inmaculada, una de las actividades marianas por excelencia. El origen de esta iniciativa se remonta al silencio y la oración de los ejercicios espirituales, que el sacerdote acostumbraba a impartir a mediados del siglo pasado a los empleados de la banca, y el sector empresarial.






