
El concepto Atrio de los Gentiles viene de lejos. Corría el año 20-19 a. C, cuando el rey Herodes dio inicio a la gran obra de renovación del segundo templo de Jerusalén y dispuso un espacio en el que todos podían entrar, judíos o no judíos, circuncisos o no, miembros del pueblo elegido o no, personas educadas en la Ley o no: gentiles o paganos.



