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Recuerdo macareno para Mons. Rino Fisichella

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El presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, monseñor Rino Fisichella, ha recibido un recuerdo muy especial de la Hermandad de la Esperanza Macarena, que este año celebra su Año Jubilar con motivo del aniversario de la coronación canónica de su titular.

La exposición sobre la Madre Teresa de Calcuta llega a Cádiz

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El próximo jueves, 8 de mayo, a las 19.00 horas, en el Seminario Conciliar San Bartolomé de Cádiz, tendrá lugar la inauguración de la exposición Vida y espiritualidad de Madre Teresa de Calcuta. El acto contará con la presencia del obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy, que bendecirá la exposición.

Comunicado de la Diócesis de Guadix ante la situación de EOZEN en la comarca del Marquesado del Zenete

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La Diócesis de Guadix, conocedora de la grave situación por la que atraviesa la empresa y de sus posibilidades de futuro, quiere manifestar su apoyo a EOZEN y a sus trabajadores, así como a toda la comarca del Marquesado, tan necesitada de esos puestos de trabajo.

«El Laicado ante la Nueva Evangelización», tema de la Semana de Teología en la Diócesis de Guadix que comienza hoy

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El lunes 5 de mayo comienza la Semana de Teología en la Diócesis de Guadix y el martes día 6 lo hará en la ciudad de Guadix. Tendrá lugar, como viene siendo habitual en los últimos años, en dos sedes distintas, Baza y Guadix, por lo que, en realidad, son dos Semanas de Teología y no una. Con esto se pretende facilitar el acceso a las conferencias en todo el territorio diocesano. «El laicado ante la nueva evangelización» es el tema sobre el que van a girar las conferencias y serán laicos todos los ponentes de las mismas. Se contribuye así a la dinámica del Plan de Evangelización diocesano que contempla este 2014 como el Año del Laicado. La Semana de Teología se prolongará hasta el viernes 9 de mayo, cuando concluya en la ciudad accitana.

Encuentro Diocesano de Jóvenes (Parroquia de la Encarnación-Marbella)

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ENCUENTRO DIOCASANO DE JÓVENES

(Parroquia de La Encarnación – Marbella, 4 mayo 2014)

Lecturas: Hch 2, 14.22-33; Sal 15; 1 Pe 1, 17-21; Lc 24, 13-35.

(Domingo de Pascua III – A)

1.- En este día que el Señor nos ha congregado e invitado a todos, habéis venido una buenísima representación de los jóvenes de la Diócesis. Según los cálculos estamos rondando el millar, entre los inscritos y los que a última hora os habéis acercado. Un día de fiesta, de compartir, de fraternidad, de alegría, de primavera, de resurrección, de amistad mutua entre vosotros y de encuentro con el Señor, encuentro con Cristo resucitado.

                Discurso de Pedro en Jerusalén. Anuncio del Kerigma: Hemos escuchado en el texto de los Hechos de los Apóstoles el discurso de Pedro en Jerusalén, donde anuncia la síntesis o el núcleo más importante de nuestra fe. A ver, ¿cuál es el hecho más importante que estamos celebrando en este tiempo? (Responden los jóvenes: “la resurrección”). Pero, ¿para resucitar qué ha de suceder primero? (Responden los jóvenes: “morir”). Por lo tanto, Pedro anuncia, en primer lugar, la muerte de Cristo, en segundo lugar, la resurrección; y, en tercer lugar, dice que él y los apóstoles son testigos: A Jesús «lo matasteis, clavándole a una cruz» (Hch 2, 23). «A este Jesús Dios lo resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hch 2, 32).

2.- Vamos a hacer una síntesis de esa triple enseñanza de Pedro: Ser testigos de la muerte y de la resurrección. Cuando estaban luchando los gladiadores en la arena del circo y el emperador tenía la potestad de hacer morir, o no, al gladiador que había perdido, ¿cuál era el gesto que hacía el emperador para indicar muerte? A ver, todos así: muerte (todos hacen el gesto de indicar hacia abajo con el dedo pulgar de la mano). Y, ¿cuál es el gesto para indicar que se le perdonaba la vida? (Gesto de colocar el dedo pulgar de la mano hacia arriba). Resurrección. Y, ahora, vamos todos a hacer el gesto de testigos (Se hace el gesto). Yo soy testigo de esa muerte y de esa resurrección del Señor.

Todos nos ponemos de pie. A ver, ¿para qué sirve un muro? Para proteger, ¿verdad? Para defender, para cubrir. Vamos a ser como pequeños muros. ¿Cómo se diría un pequeño muro en una sola palabra? Nosotros vamos a bautizarlo como un «murete». Somos muretes, ¿por qué? Porque mu-re-te: muerte-resurrección-testigo. ¿Qué somos? (Responden los jóvenes: “muerte-resurrección-testigos”, acompañados de unos gestos). Somos testigos de la muerte y resurrección del Señor.

3.- Lema del Encuentro Diocesano: “El Espíritu os lo enseñará todo” (cf. Jn 15, 26-27; 16, 12-15). En el Evangelio el Señor nos dice que hay muchas cosas que no se pueden entender enseguida, que aún hace falta tiempo; y para eso está el Espíritu. El Señor nos envía el Espíritu para ir comprendiendo mejor quién es Dios, quién es Jesucristo en nuestra vida.

Aún sois jóvenes y necesitáis más tiempo, como todos hemos necesitado y necesitamos tiempo para profundizar en la amistad con Jesús, para serle más fiel, para amarle más, para conocerle mejor. El Espíritu Santo nos irá ayudando porque no podemos entender todo desde el primer momento. Pero haced ese proceso de crecimiento de amor a Dios y de crecimiento en la fe. No os canséis de hacer ese proceso de crecimiento. Como dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora» (Jn 16, 12); «cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13).

4.- Hoy habéis tratado como tema los dones del Espíritu. ¿Cuáles son esos dones? (Responden los jóvenes). Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios (cf. Catecismo Iglesia Católica, 1831).

Los siete dones son regalos. Los regalos, ¿se compran o se venden? Los regalos el Señor nos los regala. Los dones del Espíritu son regalos. Cuando a uno le regalan algo, ¿qué es lo que corresponde: rechazarlo o aceptarlo? Aceptarlo. Si el Señor nos regala unos dones tenemos que aceptarlos.

                Durante el Encuentro se han desarrollado siete talleres por distintas zonas del Parque de la Represa, en pleno centro de Marbella, en los que habéis participado cerca de mil jóvenes provenientes de toda la Diócesis.

5.- Los frutos del Espíritu en el mundo. Además de los siete dones del Espíritu, están los frutos. ¿Cuántos frutos habéis trabajado esta mañana? A ver, decidme alguno. (Responden los jóvenes: “caridad, paciencia, bondad, benignidad, longanimidad, continencia, mansedumbre, modestia, gozo, castidad…”). Vale. Son frutos.

“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: "caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad" (Gal 5,22-23, vulg.)” (Catecismo Iglesia Católica, 1832).

Vamos a simbolizar con un gesto de nuestra mano, esta vez sin levantarnos. ¿Los dones del Espíritu de dónde vienen, del suelo o del cielo? (Responden los jóvenes: “del cielo”). Es decir, que los dones caen del cielo, se nos regalan. ¿Nosotros qué tenemos que hacer? (Responden los jóvenes: “recogerlos”). Hacemos el gesto con las manos de recoger esos dones que nos regala el Señor. Y, una vez que han llegado esos dones a nosotros y los hemos recogido, ¿qué pasa? Que fructifican. Los dones recogidos fructifican (Se realiza un gesto de recoger los dones y de fructificar. Todos los jóvenes realizan este gesto imitando al Obispo).

¿Han fructificado en vosotros los dones? ¿Vivís el gozo, la paz, la continencia, la castidad, la benignidad…? ¿Se dan esos frutos en vuestra vida? Algo se da, ¿verdad? Pues han de fructificar más. Hemos de pedir al Señor los dones, hemos de acogerlos para que fructifiquen en nosotros. Esa es la síntesis de lo que hoy habéis trabajado. Pero recordad siempre que los dones son regalos, no los producís vosotros.

6.- El desánimo de los discípulos de Emaús. Los discípulos de Emaús, ¿por qué se van de Jerusalén? ¿Por qué creéis que estos discípulos, que estaban con los apóstoles, con los discípulos, cuando Jesús muere, se marchan de Jerusalén? En el diálogo que tienen con Jesús, ¿qué le dicen? «¿Es qué tú no te has enterado de lo que ha pasado en Jerusalén?» (cf. Lc 24, 18). «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron» (Lc 24, 19-20).

Y los discípulos le dijeron también al caminante, aún sin saber que era Jesús: «Nosotros esperábamos que él fuera el que había de liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió» (Lc 24, 21). Es decir, un fracaso.

7.- Desánimo de los discípulos por el fracaso temporal de Jesús. Los discípulos de Emaús habían puesto su esperanza, sus proyectos, sus planes en Jesús y se han venido abajo tras su muerte. Esa es la actitud del que se va de Jerusalén, del que sale de la comunidad, del que ya no quiere saber nada de Jesús. Considera que Jesús es un fracasado, que no le ha dado lo que pidió a Jesús, no considera a Jesús como su amigo porque no le da lo que le pide. Y deciden marcharse, irse de la Iglesia y de la comunidad cristiana; deciden vivir a sus anchas y salen. Los de Emaús salen, se van de la comunidad.

Ahora os ponéis de pie. Vais a ser los protagonistas de dos en dos; hacéis parejas y os miráis, y le decís al otro esas frases que oís, o que habéis dicho vosotros en algún momento. Por ejemplo: «esto es un fracaso», «estoy desanimado», «esto no va». Decidle lo que habéis sentido en algunas ocasiones, acompañad vuestras frases con gestos. Vale, muy bien. Sentaros ya.

8.- Catequesis bíblica de Jesús- Necesidad de formación para todo cristiano. Podíais haber estado media hora diciendo razones por las que decís: «basta ya, me voy, estoy desalentado». Y eso hicieron los dos de Emaús. Pero se encontraron con Jesús en el camino y «mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos» (Lc 24, 15). «Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras» (Lc 24, 27). Jesús utiliza la catequesis bíblica. Hay que conocer las Escrituras. Dice san Jerónimo que «quién no conoce las Escrituras tampoco conoce a Jesús»; porque ellas nos revelan quién es Jesús.

Esta mañana el papa Francisco, a las 12, desde el balcón de la Plaza de San Pedro, durante el Ángelus, ha invitado a todos los jóvenes, a los cuales ha hecho levantar la mano para identificarlos, a leer más los evangelios. Recogiendo esa invitación vamos a comprometernos, si queréis, todos los jóvenes que estamos hoy aquí, jóvenes y mayores, todos los presentes, a leer durante esta Pascua, que aún quedan varias semanas hasta Pentecostés, allá en el mes de junio, el primer evangelio, el de san Mateo. Podéis leer cada día un capítulo, o medio capítulo, o un trocito. El Papa decía: «aunque sea un trocito cada día». Que de aquí a Pentecostés, al final de la Pascua, nos leamos todos un trocito del Evangelio. Así sabemos que todos estamos leyéndonos el mismo Evangelio, el de Mateo. Son veintiocho capítulos; en veintiocho días podemos leerlo.

A ver, levantad la mano los que os comprometáis a leer un trocito del Evangelio de Mateo hasta terminar su lectura antes que acabe Pentecostés. (Algunos jóvenes levantan la mano) ¿Tan pocos os comprometéis? ¡Yo esperaba todas las manos levantadas! (Vuelven a levantar las manos más jóvenes).

9.- Los discípulos eran incapaces de reconocer a Jesús: «Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo» (Lc 24, 16).

                El primer encuentro de los discípulos con el Señor fue caminando hacia Emaús y escuchándole sobre lo que las Escrituras decía de Él.

Pero, el segundo momento, ¿cuál fue? Cuando llegan a Emaús, le invitan a pasar, entran en casa y se sientan a la mesa. Y ahí Jesús parte el pan: «Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando» (Lc 24, 30). «A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista» (Lc 24, 31).

Partir el pan, esa frase significa participar de la Eucaristía. El cuerpo de Cristo entregado en la cruz, Cristo lo repartió en la última cena. Y hoy vamos a hacer aquí la “fractio panis”, el partir el pan. Es decir, hoy participaremos de la Eucaristía. Escuchando y leyendo las Escrituras y participando de la Eucaristía, en la comunión, nos encontraremos de un modo especial con Jesucristo. ¿Está claro cómo nos podemos encontrar con Cristo? Escritura, Palabra de Dios y Eucaristía.

Después de ese camino, después de escuchar a Cristo, después de leer las Escrituras, después de compartir el pan, ¿qué hicieron los discípulos? Se levantaron de la mesa, salieron de Emaús, rehicieron todo el camino y regresaron a Jerusalén. ¿Para qué? ¿Qué hicieron en Jerusalén? Anunciar a los demás apóstoles que habían visto a Jesús resucitado. Es decir, testigos de Cristo resucitado.

10.- Queridos jóvenes, ¿queréis ser testigos de Cristo? (Respuesta de los jóvenes: “¡Sí!”). Pues el que quiera ser testigo de Cristo va a hacer un gesto en silencio, que es lo que hicieron los de Emaús: «Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros» (Lc 24, 33).

                Se levantaron, dieron media vuelta y empezaron a caminar. Cada uno desde su sitio sin moverse, el que quiera ser discípulo de Cristo, con ese gesto que exprese su compromiso de ser testigo. Se levanta, se da media vuelta y hace el ademán de caminar hacia Jerusalén, es decir, hacia el lugar de donde salió. A ver, ¿quién quiere hacer ese gesto? (Los jóvenes se levantan y hacen el gesto propuesto por el Obispo).

11.- Canonización de los papas san Juan XXIII y san Juan Pablo II. El domingo pasado, en Roma, el papa Francisco canonizó a los papas san Juan XXIII, que empezó el Concilio, —vosotros no habíais nacido antes de ese acontecimiento—, y a san Juan Pablo II, a quién sí conocéis muchos por las Jornadas de la Juventud y por otros tantos motivos.

Hoy vamos a dar gracias a Dios por haber regalado a la Iglesia estos dos papas santos, san Juan XXIII y san Juan Pablo II; los dos dirigieron la barca de la Iglesia en tiempos difíciles.

El papa Juan Pablo II, quien inauguró las Jornadas Mundiales de la Juventud, enseñó a los jóvenes a no tener miedo de seguir a Jesucristo, a no tener miedo de ser sus testigos, aunque seamos incomprendidos, aunque nos insulten, aunque no nos entiendan. Eso nos pasa a todos los testigos de Jesús; pero no pasa nada.

Repito las palabras que dijo san Juan Pablo II desde el inicio de su pontificado a los jóvenes: ¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas de vuestro corazón a Cristo! ¡Sed sus testigos!

Le pedimos a la Virgen que nos ayude en ese camino de ser testigos de Jesús. Que así sea.

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Décimo Aniversario de la Proclamación del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas como Patrono de Antequera (Parroquia de San Juan Bautista-Antequera)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada con motivo del décimo Aniversario de la Proclamación del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas como Patrono de Antequera , en Antequera el 3 de mayo de 2014.

DÉCIMO ANIVERSARIO DE LA PROCLAMACIÓN

DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA SALUD Y DE LAS AGUAS

COMO PATRONO DE ANTEQUERA

(Parroquia de San Juan Bautista-Antequera, 3 mayo 2014).

Lecturas: Hch 2, 14. 22-33; Sal 15; 1 Pe 1, 17-21; Lc 24, 13-35.

(Domingo Pascua III – A)

1.- Queridos fieles, celebramos hoy el Décimo Aniversario de la proclamación del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas como Patrón de Antequera. Con tal motivo, me consta, que habéis realizado una serie de actos y cultos en honor de vuestro Titular; digamos, de vuestro nuevo Titular, el más reciente. Antequera abunda en Patrones y Patronas. Todos estos actos y preparación han estado promovidos por la Real Hermandad: presentación del cartel, Novenas, Salida Procesional, tradicional “Bajada” y Traslado de la Sagrada Imagen desde su capilla hasta el Altar Mayor de esta hermosa Iglesia de San Juan Bautista de Antequera, Misa para Enfermos; y otras actividades.

                Os felicito por vuestro amor y adoración al Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas, expresado en tantos actos litúrgicos y de piedad religiosa.

En este tiempo pascual estamos leyendo los relatos de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, en los que se nos narran las apariciones del Señor, el testimonio de los discípulos, el alegre anuncio de la resurrección de Jesucristo y la conversión de tantas personas que abrazan la fe católica, la fe cristiana. Es la alegría de la salvación que el Santísimo Cristo ofrece; él está vivo, ha vencido el mal, el pecado y la muerte; está presente en medio de nosotros (cf. Mt 28,21).

2.- Las alegrías auténticas, queridos fieles, tienen su origen en Dios, no están motivadas por otros acontecimientos puramente humanos, esas otras alegrías se desvanecen como humos. La verdadera alegría, la que dura, está basada y fundamentada en el amor de Dios.

Porque Dios es comunión de amor eterno, es alegría infinita que se difunde en aquellos que Él ama y que le aman, como expresó el papa Benedicto XVI. “Dios nos ha creado a su imagen por amor y para derramar sobre nosotros su amor, para colmarnos de su presencia y su gracia. Dios quiere hacernos partícipes de su alegría, divina y eterna, haciendo que descubramos que el valor y el sentido profundo de nuestra vida está en el ser aceptados, acogidos y amados por Él, y no con una acogida frágil como puede ser la humana, sino con una acogida incondicional como lo es la divina” (Benedicto XVI, Homilía en la XXVII Jornada Mundial de la Juventud, 2. Vaticano, 15 marzo 2012).

En el Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas se ha manifestado el amor infinito de Dios para con cada uno de nosotros. En Él se encuentra la verdadera alegría, que proviene de la cercanía de Dios. San Pablo se lo recordaba a los cristianos de Filipos: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca» (Flp 4,4-5). Esta profunda alegría es fruto del Espíritu Santo, que nos hace hijos de Dios, que nos permite pregustar la eternidad y gustar el amor de Dios aquí, en esta vida terrena.

                Antequera entera debe estar llena de alegría por la celebración de esta fiesta; pero, sobre todo, por el Patronazgo del Santísimo Cristo, que ama a sus gentes, vela por ellos y los guía hacia la vida eterna, verdadera patria de todo cristiano.

3.- Como hemos escuchado, el apóstol Pedro pronuncia un hermoso discurso en Jerusalén, anunciando el núcleo del kerigma cristiano: Jesús de Nazaret, varón acreditado por Dios con los milagros y signos que realizó, murió crucificado, pero Dios lo resucitó de entre los muertos (cf. Hch 2, 22-24). Éste es el núcleo de la fe cristina: Cristo por amor muere en la cruz, pero resucita en el tercer día.

                La celebración del misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor nos apremia a proclamar ante el mundo esta buena noticia de la Pascua.

                De la misma manera que los apóstoles y discípulos predicaron la buena nueva de la resurrección del Señor y fueron sus testigos (cf. Hch 2, 32), nos corresponde a nosotros, cristianos de hoy de Antequera, continuar esta misión apostólica; esto es, anunciar la muerte y resurrección del Señor y ser testigos ante el pueblo de este acontecimiento, de esta verdad histórica.

                Todo antequerano debe haber tenido experiencia de que su Patrón, el Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas le ha curado de las heridas mortales del pecado y de la muerte eterna. Él es salvación del género humano; él es salud de alma y del cuerpo. Un cuerpo con alma dañada no puede vivir con alegría; mientras que un alma curada y salvada puede vivir con gozo, aunque el cuerpo esté sufriendo.

Un enfermo puede vivir con gran alegría y gozo interior, y los he visto, y los habréis visto también vosotros. Con una paz que serena al que va a visitarle, que sale reconfortado con esa visita. Pero un alma dañada y enferma no puede tener un cuerpo alegre, una persona alegre. Y el Cristo de la Salud nos da la salud del alma y del cuerpo porque es la unidad de la persona, quien vive esa alegría, ese amor de Dios.

4.- El evangelio nos presenta el relato de los discípulos de Emaús en el que podemos contemplar diversos momentos de este proceso a través de esta hermosa narración.

                En primer lugar, el desánimo de los discípulos por el fracaso temporal de Jesús. Dos discípulos que han seguido a Jesús y lo han visto en la cruz se han desanimado por el fracaso de Jesús. El Maestro ha muerto y no saben qué ha pasado más, está muerto. Sus ideales, los que ellos se habían fabricado, han caído por los suelos: «Nosotros esperábamos que él fuera el que había de liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió» (Lc 24, 21). Y tristes se van de Jerusalén, abandonan Jerusalén (cf. Lc 24, 13).

                En un segundo momento, estos discípulos eran incapaces de reconocerlo. Jesús se une en su camino (cf. Lc 24, 15), pero ellos eran incapaces de reconocerlo. Lo están viendo, pero no perciben que es Él: «sus ojos no eran capaces de reconocerlo» (Lc 24, 16).

                Nos pasa también a nosotros esto. Podemos quedar desanimados porque las cosas no han salido como nos gustaba, y nuestros proyectos no se han realizado; por lo que abandonamos y nos vamos de las instituciones, de las asociaciones, de la Iglesia, de donde sea. Sobre todo, abandonamos al Señor porque no nos ha concedido lo que le pedíamos con tanto fervor: “Cristo de la Salud, no me has dado lo que te pedía, pues ahí te quedas”. Y no hemos sido capaces de reconocerlo en esa situación de aparente abandono, de aparente fracaso, aparente solo.

5.- En un tercer momento, la catequesis bíblica de Jesús, que les explica con textos de la escritura lo que de verdad ha ocurrido, la verdadera historia: «Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras» (Lc 24, 27). Pero, «“¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?» (Lc 24, 25-26).

                Jesús a través de una catequesis bíblica les reconduce a los hechos a estos dos discípulos que andaban desanimados. También nosotros tenemos necesidad de formación.

                En un cuarto momento, Jesús realiza la fracción del pan. Cuando ya llegan a casa los dos discípulos y Jesús, como se hace de noche le invitan a entrar con ellos y a sentarse en la mesa. Es entonces cuando Jesús hace la fracción del pan, que es la Eucaristía (cf. Lc 24, 30). Cristo parte su cuerpo como comida. La Eucaristía es la fracción del pan. Lo mismo que Cristo partió el pan en la última cena, vuelve a partirlo ahora.

                Nosotros con una catequesis bíblica adecuada, entendiendo las razones de por qué Cristo ha muerto en la cruz y nos ha salvado por amor, participando de esta fractio panis, de esta fracción del pan, nos puede ocurrir como a los discípulos: «A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista» (Lc 24, 31). Es muy importante la participación en la Eucaristías.

                Después de un largo camino no se habían dado cuenta que era Él. Pero después de la catequesis bíblica y del gesto eucarístico, los discípulos caen en la cuenta de que este acompañante era Jesús: «Y se dijeron el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”» (Lc 24, 32).

6.- Desearía que a todos nosotros, a cada uno de los fieles, a cada uno de los devotos del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas, cuando tengáis la tentación de abandonar, de dejar a Jesús pensando que es un fracaso la fe y el amor auténtico de Dios, recurráis a los pasajes bíblicos que hablan de Cristo, releáis la pasión de Cristo y las apariciones; así caeréis en la cuenta de que Jesús está vivo, de que Cristo nos acompaña en nuestro camino como los discípulos de Emaús, aunque no lo percibamos.

                Cristo está presente en la Eucaristía que celebramos; Él es nuestra fuerza, nuestra salud, nuestra salvación. Él quiere acompañarnos en el camino de la vida terrena y quiere llevarnos hasta la vida eterna, hasta la vida futura. Nos ama a cada uno con un amor individual, como la madre.

                Las madres por muchos hijos que tengáis no amáis menos a uno que a otro, y no lo amáis en general como si fuera una nube, los amáis particularmente, uno por uno, con su nombre, con sus características, con sus facultades, con sus virtudes y defectos, los amáis uno por uno. ¿No es así? O, ¿los amáis en general a los hijos? Porque además cuando os falta uno, sentís que os falta el alma. O cuando enferma uno, enfermáis vosotras. Por tanto, ese es el mismo amor, infinitamente mejor el de Dios Padre que nos ama uno a uno, con nuestro nombre, particularizado. Te ama a ti, a mí, individualmente. Y por ti y por mí ha dado la vida y nos acompaña.

                Ese es el Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas. No perdáis jamás el contacto con Él, no le abandonéis como lo hicieron los de Emaús. Seguid al pie de la cruz, seguid escuchando su Palabra, seguid participando de la Eucaristía, porque eso es lo que nos da la fuerza.

7.- En un quinto momento, estos discípulos, al final de la experiencia, regresan de dónde habían salido, vuelven al origen, abandonaron las fuentes, pero vuelven a ellas, regresan a Jerusalén: «Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros» (Lc 24, 33). Es muy importante el testimonio de los cristianos.

                Los discípulos dan testimonio de que han visto a Jesús. “Jesús está vivo, te lo digo porque lo he visto” (cf. Lc 24, 34). ¿Dónde? En la narración bíblica, en las Escrituras, en la Eucaristía (cf. Lc 24, 35), en la salud que me da, en la alegría que me proporciona la fe y el amor. Ahí he visto al Cristo de la Salud, que no me ha abandonado, aunque yo pensaba que sí; y regreso otra vez a la casa paterna, regreso a Jerusalén, regreso a la Iglesia, regreso a la parroquia, me había equivocado.

                Queridos antequeranos, devotos del Cristo de la Salud y de las Aguas, estad siempre con Él, porque Él nunca, jamás nos abandona; aunque nos dé la impresión porque las cosas no nos salen como queremos, pero no es así. Él está presente en su Iglesia y así lo ha prometido hasta el final de los tiempos.

8.- He pedido a todos los sacerdotes de la Diócesis que den gracias a Dios por la canonización de dos grandes papas: Juan XXIII y Juan Pablo II. La Plaza de San Pedro estaba repleta de gente y había en Roma diecisiete plazas más todas llenas de fieles, que seguían la celebración a través de pantallas.

                Hoy damos gracias a Dios también al Cristo de la Salud por estos dos grandes regalos que el Espíritu dio a la Iglesia. Dos grandes papas. El que inició el Vaticano II y Juan Pablo II que ha estado con nosotros hasta hace pocos años. Un servidor he tenido la suerte y la gracia de poder trabajar con él durante diez años. Para mí ha sido la mejor Universidad, descartando las distintas Universidades donde he estudiado. Me ha enseñado a amar a Cristo, a amar a la Iglesia, a ser testigo del Señor.

                Damos gracias al Señor por estas figuras santas de dos papas tan santos. Ocurrió una cosa singular, que difícilmente ocurrirá otra vez en la historia. Había en la Plaza de San Pedro dos papas canonizados, con las fotografías colgadas de la fachada de la Basílica de San Pedro; y otros dos vivos: el papa Francisco y el papa emérito Benedicto XVI. Estar presentes de manera especial cuatro papas en una celebración ha sido algo histórico y único.

                Por eso damos gracias a Dios y le pedimos que siga el Espíritu Santo bendiciendo a nuestro querido papa Francisco.

9.- Y terminamos dando gracias a Dios hoy, de modo especial, por el patronazgo del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas; y le pedimos que sane las heridas de nuestra alma, que no son heridas físicas, son heridas por causa de nuestros pecados. Le pedimos también, que nos haga valientes testigos del Evangelio, como los de Emaús cuando se dieron cuenta que Cristo había resucitado, como los dos papas santos que han sido canonizados; y que nos conceda participar en la fracción del pan aquí en la tierra, en la Eucaristía y un día participar en el banquete del reino de los cielos, al final de nuestra vida temporal.

                Esto es lo que os deseo de corazón para todos y cada uno de vosotros. Que así nos lo conceda el Señor, el Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas. Amén.

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Gran participación en las Migas Solidarias de Hogares Nuevos en la Abadía del Sacromonte

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Cerca de 600 personas participaron ayer en las Migas Solidarias que las comunidades de Hogares Nuevos de Granada celebraron en la Abadía del Sacromonte.

El Semanario Fiesta ofrece los datos de empleo de Cáritas en 2013

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«Acompañando en el trabajo» es el título de este nuevo número de la publicación de las Diócesis de Granada y Guadix.

Unas 1000 personas de Granada, en un encuentro del Camino Neocatecumenal celebrado en Cádiz

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El Arzobispo Mons. Javier Martínez viajó ayer, 1 de mayo, con ellos y participó en todo el encuentro, junto a más de 15.000 miembros de esta realidad eclesial en Andalucía, Extremadura, Canarias, Ciudad Real y el sur de Portugal, y en el que más de 200 jóvenes y 100 familias se pusieron a disposición de la Iglesia para la Nueva Evangelización en Asia.

Los jóvenes de Sevilla saldrán a la calle para mostrar su fe

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El sábado, 17 de mayo, los jóvenes de toda la Archidiócesis de Sevilla (entre 14 y 25 años) están convocados a participar en Misión Joven, una actividad en la que podrán expresar públicamente su fe por las calles de Sevilla.

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