Cuaresma, la posibilidad «de renacer hoy»

En la Oración de los fieles, Mons. Javier Martínez rezó por la paz y por las almas de los cristianos coptos decapitados en Libia y las 43 personas quemadas vivas en jaulas en Irak, todos ellos a manos del Estado Islámico.

Como cada domingo en la S.I Catedral, nuestro Arzobispo Mons. Javier Martínez, presidió la Eucaristía en el I Domingo de Cuaresma, con el que se inicia, tras el Miércoles de Ceniza, el nuevo tiempo litúrgico que nos llevará a la Pascua de Resurrección del Señor.

En la Oración de los fieles, además de rezar por la paz en Siria, Irak y Ucrania, Mons. Javier Martínez elevó una oración a Dios por los 21 cristianos coptos que no renunciaron a la fe cristiana y fueron decapitados por el Estado Islámico en una playa en Irak, así como por las 43 personas quemadas vivas en jaulas, también a manos del Estado Islámico. Nuestro Arzobispo de Granada pidió a Dios por la salvación de sus almas y por la paz en el mundo, especialmente en estas regiones.

CUARESMA

Frente a la idea generalizada de vivir la Cuaresma como un luto, Mons. Martínez invitó a los fieles a recordar que «hoy es un día consagrado al Señor», aludiendo así a la Liturgia de las Horas de la mañana en el I Domingo del nuevo tiempo litúrgico que acabamos de iniciar.

En este sentido, Mons. Martínez explicó por qué los cristianos decimos «lo viejo ha pasado»: «Empieza una nueva historia con Jesús, empieza lo nuevo, que no ha existido jamás en la historia humana; la historia humana, que es una historia de pasiones: soberbia, avaricia, odio, envidias, luchas de poder. (…) Nunca ha faltado ahí la gracia de Dios», señaló.

«Con Jesucristo empieza una historia nueva, empieza algo radicalmente nuevo en la historia humana», y es que la última palabra sobre la historia humana ya no la tienen las pasiones, sino «la fidelidad, la misericordia de Dios, el amor de Dios derramado de una manera sin límites», de una manera eterna, subrayó.

«Estamos hechos para el Paraíso, para el Cielo». El Evangelio dice que «el Cielo, en Cristo, vuelve a estar presente en la tierra, en medio de esta carne de pecado y de este mundo de muerte». Es decir, «en medio de nuestra condición pecadora, de nuestra miseria humana, de la trama de las pasiones», señaló el Arzobispo. En este sentido, Mons. Martínez subrayó que la Gracia y el Amor del Señor «cambia nuestro corazón de piedra en un corazón de carne», lo que es posible gracias a Cristo, que ha inaugurado unas «categorías nuevas, para toda la vida humana: para el amor humano, para las relaciones humanas, para la vida familiar, económica, política».

Asimismo, el Arzobispo, citando al literato francés de principios del siglo XX, George Bernanos, señaló que el drama de nuestro mundo es haber reducido «nuestra relación de Dios a los actos de culto»: «Cuando vosotros estornudáis es el mundo el que coge la gripe», decía Bernanos. Es decir, según explicó el Arzobispo de Granada, «cuando nosotros perdemos algo de sustancia cristiana en nuestras vidas es el mundo el que paga las consecuencias. El mundo es tan humano y tan inhumano porque nosotros, muchas veces, no somos un testimonio transparente del rostro de Cristo. Lo digo por mi y por todos los que formamos la Iglesia». En este sentido, el Arzobispo de Granada se refirió al Concilio Vaticano II cuando aludía a que «el ateísmo no nace espontáneamente en el corazón del hombre», sino que «nace de que los creyentes hemos ocultado, en lugar de revelar, el rostro del Dios que es Amor». «El Paraíso está cuando tenemos a Cristo. (…) El Paraíso es Dios, no es un lugar. Dios se siembra en nuestra carne».

ORACIÓN, AYUNO Y LIMOSNA

En este tiempo de Cuaresma en que la Iglesia propone participar en ejercicios espirituales, Mons. Martínez incide en que éstos no se celebran «para ponernos tristes». «Las penitencias a las que nos invita la Iglesia son como ejercicios espirituales, entendiendo por ejercicios espirituales no de nuestro espíritu, sino ejercicios en el espíritu de Dios».

En la Cuaresma, la Iglesia nos ofrece a todos la posibilidad «de renacer en la mañana de Pascua, de renacer hoy. Ahora es el tiempo de la gracia; ahora, hoy, es el día de la salvación». «Renacer hoy significa empezar a vivir esa vida nueva», señaló. Las tres prácticas de la Cuaresma, «no son reglas a cumplir durante el tiempo de Cuaresma», sino que, en el fondo, «son tres modos de vivir que marcarían a un hijo de Dios»: la oración, el ayuno y la limosna. De la oración, Mons. Martínez insistió en que ésta es «vivir en la relación con Dios» y «vivir conscientes de que Dios está con nosotros, veinticuatro horas al día. Eso es orar».

Del ayuno, nuestro Arzobispo explicó en que éste es «no dejar que las cosas de este mundo y los bienes de este mundo, y que las pasiones, controlen nuestra vida. Aprender a ser libres». «El ayuno es un pequeño gesto pero lleva mucho dentro». Con el ayuno no se trata de cumplir con ese gesto, sino de «empezar a vivir en la libertad de los hijos de Dios».

«La limosna es la caridad. No se puede ser cristiano sin caridad, sin aprender, sin ejercitarse en que nuestra vida sirva para bien de aquellos que nos rodean, para bien de aquellos que tenemos cerca, y especialmente de aquellos que intuimos o sabemos que están más necesitados».

Mons. Martínez concluyó recordando que los ejercicios de la Cuaresma no son para cumplir en este tiempo litúrgico hacia la Pascua de Resurrección del Señor, sino «ejercitarse en la vida nueva de hijos de Dios, a la que la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo, y el don de su Espíritu, nos permiten acceder y a vivir esa vida que el Señor nos permite vivir. Por lo tanto, empezar a vivir en la vida nueva».

Mons. Martínez terminó invitando a los fieles a dejarse abrazar por Dios y abrazarLe. «Dejémonos abrazar por Él, acojamos esa vida que Él nos da, y que nos da gratis, porque en ella nos encontramos a nosotros mismos, encontramos nuestra felicidad y nuestra plenitud. Felicidad y plenitud que tiene menos que ver con una cosa sentimental o gustosa, cuanto con vivir en la verdad de lo que somos; y la verdad de lo que somos es imagen y semejanza del Dios que es Amor».

Antes de concluir la homilía, Mons. Martínez pidió a Dios la gracia para todos de vivir bien la Cuaresma.

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