
Al finalizar el rezo del Ángelus, el Papa Francisco hizo ayer un llamamiento a las parroquias, comunidades religiosas, monasterios y santuarios de toda Europa para que acojan a los refugiados en un «gesto concreto en preparación al Año Santo de la Misericordia» y haciendo vida el Evangelio: «Ante la tragedia de decenas de miles de refugiados que huyen de la muerte por la guerra y el hambre, y que han emprendido una marcha movidos por la esperanza vital, el Evangelio nos llama a ser «próximos» a los más pequeños y abandonados. A darles una esperanza concreta. No vale decir solo: ‘¡Ánimo, paciencia!…’ La esperanza cristiana es combativa, con la tenacidad de quien va hacia una meta segura».




