El sábado 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, el día amanecía soleado y matizado por una brisa fresca que creaba el clima necesario para la concentración de tantos miles de fieles y el mejor desarrollo de la Misa de Beatificación. El Palacio de Exposiciones y Congresos se había abierto a las 8,00 h. de la mañana, y cuando a las 10,20 h. llegaba al Palacio el autobús con los obispos desde el Seminario-Casa de Espiritualidad «Reina y Señora» de Aguadulce, ya estaba lleno de fieles el aforo del recinto ferial en más de los dos tercios de su capacidad.