Sólo una seguridad tras tantos años de camino, la felicidad en el amar, en el servicio, en la pasión por el evangelio. Nos llamas otra vez, susurrando con acento latino y aromas del trópico. Nos tomas de la mano y rompes nuestras “seguridades y certezas” para ser más de Ti y menos de nosotros mismos. Tras meses de reflexión, de discernimiento, de buscar Tu proyecto en nuestras vidas sentimos la calidez de tu voz invitándonos a darnos en plenitud. Poco somos, pero eres necio y quieres en nuestra debilidad hacerte fuerte, día tras día. Y como una suave brisa susurras en nuestros corazones y remueves las ascuas aún incandescentes, latentes y vivas, de nuestro amor por el Sur.