Inicio Blog Página 5084

V Domingo de Cuaresma- Ciclo B (Liturgia del 21-3-2021)

0

Primera lectura

Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados

Jeremías 31, 31-34

Ya llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.  No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—.  Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —oráculo del Señor—: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.  Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor —oráculo del Señor—, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

Salmo responsorial

Salmo 50, 3-4. 12-13. 14-15

R. / Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

  • Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;  lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
  • Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
  • Devuélveme la alegría de tu salvación,  afiánzame con espíritu generoso.  Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

Segunda lectura

Aprendió a obedecer y se convirtió en autor de salvación eterna.

Carta a los Hebreos 5, 7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial.  Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.

Evangelio

Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Evangelio según San Juan 12. 20-33

En aquel tiempo entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús».  Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.  Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.  En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.  El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.  El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: “Padre, líbrame de esta hora”. Pero si por esto he venido, para esta hora:  Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».  La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.  Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.  Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera.  Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

_____________

Comentario bíblico de Miguel Ángel Garzón

Las lecturas nos introducen en la pasión de Jesús. El texto de Isaías ya la prefigura en el poema del siervo sufriente. Este personaje anónimo y misterioso se presenta como discípulo de Dios, que escucha su palabra para llevarla al pueblo abatido y consolarlo. Apoyado en Dios, soportó el sufrimiento (azotes, burlas, salivazos, injurias).

El salmista describe la misma experiencia en una lamentación desgarradora. Con imágenes vivas y dramáticas expresa y grita su angustia al verse despreciado por sus enemigos y abandonado por Dios. Pero, al mismo tiempo, pone su confianza en él, sabiendo que es su fuerza y esperando su respuesta salvadora.

El grandioso himno de Pablo a los Filipenses ensalza el camino realizado por Jesús en un doble movimiento. Primero, de bajada, de despojamiento, de vaciamiento (kénosis) total, partiendo de la condición divina, pasando por la de esclavo, para llegar a la ignominia y maldición de la cruz. Segundo, y como consecuencia, de subida, en el que Dios le otorga la resurrección, la gloria y la alabanza universal de su señorío.

Este recorrido prepara magistralmente la lectura de la pasión siguiendo la versión de Marcos. El evangelio de la bendición de ramos ya nos sitúa en el contexto litúrgico, presentando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como profeta y rey aclamado por el pueblo. Pero un rey manso y humilde, como demuestra su pobre cabalgadura (Zac 9,9). El tono de alabanza y júbilo se convierte en rechazo, burla y condena en las sucesivas escenas de la pasión. Frente a la traición de Judas, el abandono de los discípulos y el rechazo de los dirigentes judíos y romanos, el Señor camina decidido y confiado hasta la cruz. Los signos de manifestación divina al morir, la confesión final del centurión, la presencia de las mujeres y el anuncio de Jesús de precederles a Galilea después de resucitar cierran el relato en la esperanza.

  1. ¿Cómo afrontas las dificultades, la cruz, por ser fiel y coherente a lo que Dios te pide?
  2. ¿Qué camino predomina en tu vida, el despojamiento por amor o el engreimiento y orgullo?
  3. Relee el relato de la pasión y déjate interpelar por cada uno de los personajes. ¿Con cuál te identificas más? ¿Por qué?

 

Lecturas de la semana ( V semana de Cuaresma. I semana del Salterio)

  • Lunes 22.  Dn 13, 1-9. 15-17; Sal 22; Jn 8, 1-11
  • Martes 23. Santo Toribio de Mogrovejo, obispo. Nm 21, 4-9; Sal 101; Jn 8, 21-30

Toribio de Mogrovejo, obispo de Lima, en Perú. Laico de origen español y licenciado en leyes, fue elegido para esta sede y se dirigió a América, donde, inflamado en celo apostólico, visitó a pie varias veces la extensa diócesis, proveyó a la grey a él encomendada, fustigó en sínodos los abusos y los escándalos en el clero, defendió con valentía a la Iglesia y catequizó y convirtió a los pueblos nativos, hasta que finalmente, en la población de Saña, descansó en el Señor, en 1606.

  • Miércoles 24.  Dn 3, 14-20. 91-92.95; Sal Dn 3, 52-56; Jn 8, 31-42
  • Jueves 25. Solemnidad de la Anunciación del Señor. Is 7, 10-14; 8, 10b; Sal 39; Heb 10, 4-10; Lc 1, 26-38
  • Viernes 26. Jer 20, 10-13; Sal 17; Jn 10, 31-42
  • Sábado 27. Ez 37, 21-28; Sal, Jer 31; 10-13; Jn 11, 45-47

Ver este artículo en la web de la diócesis

Homilía de la Solemnidad de San José

0

Lecturas bíblicas: 2Sam 7,4-5.12-14.16. Sal 88,2-5.27.29 (R/. «Su linaje será perpetuo»). Rm 4,13.16-18.22. Versículo: Sal 83,5. Lc 2,41-51a.

Obras en el conjunto parroquial de Ntra. Sra. del Carmen de Algeciras

0

El complejo parroquial de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Algeciras ha sido reformada y adecuada en la parte destinada a la vivienda para adaptarla a las nuevas…

[…]

Ver este artículo en la web de la diócesis

Comienza el Año de la Familia

0

El Papa Francisco inaugura hoy, 19 de marzo, este año especial dedicado a la familia, coincidiendo con el quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Precisamente a…

[…]

Ver este artículo en la web de la diócesis

Mensaje de la Comisión episcopal de Clero y Seminarios en la solemnidad de San José

0

Los Obispos de la Comisión Episcopal para el Clero y los Seminarios han escrito un mensaje por la festividad de San José, patrón de los Seminarios y modelo para los sacerdotes, en el que resaltan tres rasgos principales de la figura y custodia del Patrono de la Iglesia Universal.

Ahora más que nunca “dadas las circunstancias tan atípicas que la humanidad entera está afrontando, como consecuencia de la pandemia que asola a todas las comunidades, especialmente entre los más pobres, debemos confiar con especial intensidad en la intercesión de San José, que afrontó las dificultades de la vida con la humildad, la inteligencia y la valentía que brotan de un corazón de padre, como nos ha recordado el Papa Francisco“.

Los Obispos refieren en la misiva que “en estos momentos, la búsqueda de consuelo y orientación que anida en el corazón de cada hijo de la familia humana se convierte en un clamor que resuena en el corazón de la Iglesia Madre y que nosotros, como sacerdotes y vocacionados, tenemos la misión de elevar a Dios en nuestra plegaria litúrgica y personal”. De allí que “San José aliente el ánimo y renueve la esperanza teologal en el corazón de todos vosotros, presbíteros y seminaristas, especialmente encomendados a su patronazgo y discreta protección”.

Por tanto, “necesitamos, en efecto, que los Seminarios fijen los ojos en el modelo de San José, para seguir aprendiendo de su pedagogía. Como el hogar de Nazaret, donde María gesta en su seno al Hijo de Dios y José lo educa paternalmente, preparando juntos su misión, el Seminario es el hogar donde se gesta y educa la misión del futuro presbiterio, al servicio de la Iglesia diocesana”.

Rasgos de la pedagogía paterna de San José

Los Obispos de la Comisión episcopal de Clero y Seminarios consideran que el Seminario es realmente un presbiterio en gestación. Así, “la presencia discreta y atenta de San José en cada comunidad formativa, al lado de María y en estrecha colaboración con el misterio de su maternidad, alentará nuestros esfuerzos por ofrecer a la Iglesia y al mundo los pastores misioneros según el corazón de Dios, que tanto necesita”.

En esta línea, invitan a meditar sobre “la pedagogía paterna de San José para iluminar con su ayuda la educación y la renovación interior de la vocación que hemos recibido como sacerdotes en continua formación o en formación inicial”.

San José asume, en primer lugar, “la misión de actuar como representante de la paternidad de Dios. Respecto a Jesús, “él ejerció una paternidad de representación, una paternidad de adopción. Pero, en el fondo, esta es la verdadera realización de la paternidad como imagen del único Padre, que es Dios”.

De allí que “el Seminario, tiempo de formación inicial de los futuros presbíteros, debe ser el lugar donde aprendemos el sentido del sacrificio de José, y nos eduquemos en la entrega total que conlleva vivir nuestra paternidad personal como testimonio de la única paternidad divina, garante de la humanidad del hombre”.

En segundo lugar, “José desarrolla heroicamente sus cualidades vocacionales, especialmente la valentía, la humildad y la discreción, para proteger la vida de María y del futuro Mesías, en medio de un ambiente hostil”.

“José será emigrante y peregrino, y trabajará en la gestación de la misión futura de Jesús, haciendo todo lo posible por alejar de su familia la amenaza de la violencia y de la muerte, renunciando a toda comodidad y brillo personales, para valorar el anonimato, el escondimiento y la callada siembra a largo plazo”.

En esta línea, “el Seminario tendrá que ser, según el modelo de San José, la escuela de formación inicial en la que se enseñe el arte del discernimiento y la humildad, profundizando en el significado último de las cosas, en el valor del trabajo compartido con los hombres en la vida real, y con el corazón siempre abierto a crecer en el amor, en una peregrinación continua”.

Por último, “José ejercerá también con gran sabiduría su labor pedagógica imprescindible como preparador inmediato de la misión pública de Jesús. En efecto, “después de la etapa en la que el niño aprende de la madre el amor a la Palabra de Dios, a la oración y a una vida virtuosa, el adolescente y el joven pasa a los brazos del padre para aprender un oficio y habilitarse para la vida adulta”.

Así, el Seminario debe dejarse marcar también por la herencia de san José, como preparador de la misión de Jesús y de la Iglesia. “Los futuros sacerdotes, apóstoles de Jesús, con corazón misericordioso, deben entrar en el corazón de las casas, estar cerca de las personas, de los sufrimientos y las alegrías del Pueblo de Dios, para consolar y restablecer las relaciones de libertad y de amor que construyen la Iglesia, evitando y curando el mal de nuestro tiempo caracterizado por una regresión al individualismo, que dificulta la transmisión del Evangelio”.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Veneración al Señor de la Humildad y Pregón de la juventud en la Iglesia de Santo Domingo

0

Veneración al Señor de la Humildad y Pregón de la juventud en la Iglesia de Santo Domingo

La Cofradía del Señor de la Humildad celebra el Triduo a su titular del 18 al 20 de marzo, a las 20 horas, en la Iglesia de Santo Domingo, su sede canónica. La Función Principal de Instituto será el próximo 21 de marzo, a las 13 horas, también en la parroquia de Santa Escolástica.

En los últimos días previos al Viernes de Dolores y Semana Santa, La Cañilla celebra sus cultos cuaresmales con el Solemne Triduo a su titular, el Señor de la Humildad que comenzó en la jornada de ayer, día 18, y se prolongará hasta mañana, 20 de marzo.

El triduo, que se está celebrando a las 20 horas en la Iglesia de Santo Domingo, cuenta con la predicación del sacerdote Fray Antonio Bueno, prior del convento de Santa Cruz “La Real” y D. Francisco Tejerizo, Vicario Territorial de la Zona I.

Este año, la Función Principal de Instituto será el próximo domingo, 21 de marzo, a las 13 horas, con la participación de la A.M Dulce Nombre de Jesús.

JÓVENES PREGONEROS

La juventud de la cofradía también participará en el XXXVIII Pregón de la Juventud de Semana Santa 2021 que será el próximo sábado, 20 de marzo, a las 18 horas, en la sede canónica de la hermandad y estará a cargo de D. Emilio Amat Peña-Toro.

En Semana Santa, el Martes Santo, día de la estación de penitencia de la corporación los titulares estarán en veneración con jornada de puertas abiertas en la sede durante toda la jornada y la Misa de Hermandad se celebrará a las 20 horas.

Los oficios se celebrarán en Santa Escolástica en comunión con el resto de hermandades de la parroquia. El Viernes Santo y en la vigilia de Pascua estará presente la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.

Todos los actos podrán seguirse online a través del canal de Youtube: “Cofradía de la Humildad”.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

La próxima semana se celebrará el solemne triduo en honor al Santo Rostro

0

La S. I. Catedral de Jaén acoge la próxima semana el solemne triduo en honor al Santo Rostro, a las 19 horas.

La primera jornada del triduo dará comienzo miércoles 24 de marzo. Presidirá la celebración eucarística, D. Pedro José Martínez Robles, Secretario del Cabildo Catedral.

El jueves, 25 de marzo, será el turno del canónigo y Guardián del Santo Rostro, D. José López Chica.

Finalmente, el viernes, 26 de marzo, concluirá el triduo el Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro.

Al finalizar la Eucaristía y el ejercicio del triduo, el Viernes de Dolores, como es tradicional, se realizará el piadoso ejercicio del Vía Crucis con el Santo Rostro. En esta ocasión, a causa de la pandemia de la COVID-19, se celebrará con los fieles sentados y cumpliendo las normas de distancia social.

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Año «Familia Amoris Laetitia», para crecer en el amor familiar

0

Este 19 de marzo de 2021 comienza el Año “Familia Amoris Laetitia”. El mismo día en que la Iglesia celebra el 5º aniversario de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, un texto que el papa Francisco dedica a la belleza y la alegría del amor familiar. Este año dedicado especialmente a la familia concluirá el 26 de junio de 2022, en el X Encuentro Mundial de las Familias en Roma con el Santo Padre.

En la diócesis la  apertura oficial del mismo será el domingo 25 de abril en la eucaristía de las 17 horas que presidirá el obispo en la Catedral

También la experiencia de la pandemia ha puesto de relieve el papel central de la familia como Iglesia doméstica y la importancia de los lazos comunitarios entre las familias, que hacen de la Iglesia una “familia de familias” (AL 87).

La convocatoria se hacía pública en el Ángelus del 27 de diciembre de 2020, precisamente en la Fiesta de la Sagrada Familia:

«Al ejemplo de evangelizar con la familia nos invita precisamente la fiesta de hoy – señalaba el Pontífice-, volviéndonos a presentar el ideal del amor conyugal y familiar, tal y como quedó subrayado en la Exhortación apostólica Amoris Laetitia, cuyo quinto aniversario de promulgación tendrá lugar el próximo 19 de marzo. Y habrá un año de reflexión sobre Amoris Laetitia y será una oportunidad para profundizar en los contenidos del documento [19 de marzo 2021-junio 2022].

Así, poniendo la mirada en la Sagrada Familia, el papa Francisco invita a que este año sea «un renovado y creativo impulso pastoral para poner a la familia en el centro de la atención de la Iglesia y de la sociedad». Y a rezar, «para que cada familia sienta en su propia casa la presencia viva de la Sagrada Familia de Nazaret, que llene nuestras pequeñas comunidades domésticas de amor sincero y generoso, fuente de alegría incluso en las pruebas y dificultades». (Ángelus del 14 de marzo de 2021)

Un año especial para crecer en el amor familiar

Este espacio dedicado al Año de la Familia invita a volver a leer la exhortación apostólica Amoris laetitia y difunde los materiales que ofrece el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida para dar a conocer los objetivos, los destinatarios y los eventos programados para este Año.

Además, ofrece los materiales elaborados por la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida para acompañar, preparar y ayudar a los jóvenes que están viviendo su noviazgo hacia la vocación matrimonial. Se irán ofreciendo las iniciativas que se van poniendo en marcha en las Iglesias locales con motivo del Año «Familia Amoris Laetitia».

FAMILIA

  1. La Exhortación Apostólica
  2. La familia de Nazaret
  3. La iniciativa
  4. Eventos y recursos
  5. En camino con las Familias
  6. Iniciativas en la Iglesia en España
  7. En vídeo
  8. Formación y acompañamiento de novios

(Conferencia Episcopal Española)

Ver este artículo en la web de la diócesis

DOMINGO V DE CUARESMA

0

Cuando leemos los primeros versículos de este fragmento del evangelio, puede parecer que al evangelista san Juan se le ha olvidado escribir algunas líneas. El pasaje comienza con un grupo de «griegos», posiblemente prosélitos judíos que sienten curiosidad por aquel «Rabí de Nazaret», por eso piden a los apóstoles que les ayuden a conocer a Jesús. Las líneas que parecen faltar en el relato corresponderían a la respuesta de Jesús, accediendo o rechazando la petición de aquellos extranjeros. En su lugar, Jesús comienza a pronunciar esta enseñanza sobre su destino próximo. Sin embargo, no falta nada en el relato. Los forasteros piden «ver» a Jesús y Él se lo concede. De hecho, les muestra su rostro más perfecto: «si queréis verme de verdad, miradme en la cruz», les está enseñando Jesús.

En las palabras de Jesús sobre su destino inmediato, aparece también la gran enseñanza que da a todos sus discípulos, los de entonces y los de ahora: «el que se ama a sí mismo se pierde». Jesucristo llegará al madero de la cruz como consecuencia de su obediencia a la voluntad salvífica del Padre. Dios lo ha enviado al mundo para rescatarnos de la postración en la que vivimos por el pecado. La obediencia al Padre se convierte en el camino de la vida, no solo para Jesús, sino, también, para todos sus discípulos. Por ello, cuando el cristiano antepone su capricho, placer, gusto, intereses… al cumplimiento de la voluntad de Dios, se está alejando de la enseñanza y del camino de Jesús.

¿Significa esto que ser cristiano implica vivir en un azoramiento y sufrimiento constante? Nada más lejano a la realidad. La cruz no se hace presente en la vida de Cristo como un castigo divino. La cruz es el resultado del rechazo humano a la Persona de Jesús y a su mensaje. Pero cuando la cruz llegó a su vida, Jesús no la rechazó ni huyó de ella. El Padre Dios le había encargado consagrar su vida entera a la tarea de mostrar el camino de la misericordia y la vida y así lo hizo, aunque en ese camino se cruzase el tormento de la cruz. Un cristiano vive como tal cuando reproduciendo el modo de vivir de Jesús en su propia vida, no deja de hacerlo cuando también en su vida se hace presente la cruz. En ese momento, el discípulo de Cristo, mirando el verdadero rostro de su Maestro, sabe acoger la cruz y clavarla en el centro de su vida. También cuando nosotros subimos a nuestra cruz, estaremos a la altura adecuada para contemplar perfectamente el verdadero rostro de Jesús: el amor que no huye cuando aparece el sufrimiento.

Victoriano Montoya Villegas

Ver este artículo en la web de la diócesis

Por S. José, Día del Seminario.

0

Queridos diocesanos:

Volvemos a celebrar el Día del Seminario en la festividad de San José, aunque, por ser día laborable, se traslada al Domingo día 21 de marzo (5º domingo de Cuaresma).

En esta ocasión, la celebración viene remarcada por el hecho de que el Papa Francisco, con motivo de cumplirse -el pasado 8 de diciembre- los 150 años de la proclamación San José como patrono de la Iglesia Católica, ha declarado 2021 como Año de San José, al que el Papa San Juan Pablo II llamó el “Custodio del Redentor”.

De ahí el lema que se ha elegido para la campaña del Seminario de este año: «Pa­dre y hermano, como San José». Con ello, se quiere reflejar cómo los sacerdotes, forjados en la “escuela de Nazaret” (el Seminario), bajo el cuidado de San José y la mano providente de Dios, son enviados a cuidar la vida de cada per­sona, con el corazón de un padre, sabiendo que, además, cada uno de ellos es su hermano.

Con la jornada anual del “Dia del Seminario”, queremos recordar y comprometer, a todos los fieles católicos, sobre la necesidad de promover y amparar las vocaciones sacerdotales con la oración, el sacrificio y la aportación económica para el sostenimiento de nuestro Seminario Diocesano.

Ante todo, debemos reconocer juntos la falta de vocaciones al sacerdocio. Hay pocos seminaristas y esta realidad reclama –por parte de todos- una reflexión profunda sobre el alcance que damos a este hecho como creyentes. Debemos reavivar nuestra conciencia sobre la importancia y necesidad de la vocación sacerdotal en la vida de la Iglesia. No existe verdadero y fecundo crecimiento de la Iglesia, sin la presencia de sacerdotes que sostengan y alimenten la vida de los fieles: “Los sacerdotes existen y actúan para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo, Cabeza y Pastor, y en su nombre” (PDV 15).

Sin duda, siguen siendo ciertas las palabras de Jesús en el evangelio: «la mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt. 9,37-38). Sabemos que las vocaciones para el sacerdocio tienen su origen en la acción gratuita de Dios y a Él se las pedimos porque, ciertamente, Dios es quien llama.

Pero, no podemos olvidar que la oración de petición, si queremos que sea escuchada, debe ir siempre acompañada de una real disponibilidad a la acción de Dios. Como nos recuerda el Papa Francisco, “Dios actúa a través de eventos y personas” (Patris corde, 5), es decir, nos necesita y cuenta con nosotros para promover, llamar, cuidar y apoyar las vocaciones. Sin duda, los padres, sacerdotes, personas consagradas, catequistas y profesores, jugamos un papel decisivo en esta tarea.

Además, como él mismo Papa nos recuerda, la presencia de vocaciones sacerdotales es un signo de la vitalidad y compromiso de la comunidad cristiana: “La vida fraterna y fervorosa de la comunidad despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración» (EG 107).

De modo particular, la llamada de Dios está estrechamente unida a la vida y a la misión de los sacerdotes. Como nos decía el Papa Benedicto XVI en 2010: “La fecundidad de la propuesta vocacional está favorecida por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo… Se podría decir que las vocaciones sacerdotales nacen del contacto con los sacerdotes, casi como un patrimonio precioso comunicado con la palabra, el ejemplo y la vida entera”.

La vocación sacerdotal es un don que Dios siembra en el corazón de algunos hombres. A la Iglesia le corresponde la tarea de custodiar y cultivar esa vocación, para que produzca fruto abundante. De ahí la importancia del Seminario como ámbito privilegiado para la formación de los futuros sacerdotes. Un espacio de formación que se pone bajo el patrocinio de San José, pues, así como él cuidó de María y acompañó del crecimiento de Jesús en el hogar de Nazaret, de modo semejante el Seminario quiere ser el lugar donde se cuide y haga crecer el don de la vocación sacerdotal. Por así decir, San José, aquel que cuidó y forjó al “sumo y eterno sacerdote”, es también padre y custodio de los seminaristas, de aquellos que han recibido la llamada a configurar su vida con Cristo en el sacerdocio.

El Pueblo de Dios necesita y espera que los seminaristas lleguen a ser buenos sacerdotes; hombres que, siguiendo las huellas de Cristo el Buen Pastor, con generosidad y entrega, consagren su vida al servicio de la Iglesia. Conseguirlo es la tarea del Seminario y supone un gran esfuerzo, ante todo, para el propio seminarista que ha ponerse a la altura de la vocación a la que ha sido llamado. Y, también, para los formadores que, a imagen de San José en el hogar de Nazaret, han de custodiar y cultivar el don de la vocación sacerdotal en aquellos que tienen a su cargo.

Que importante es el Seminario para el presente y futuro de la Iglesia. Es el valioso instrumento mediante el cual Dios va configurando al seminarista para que con toda madurez y libertad se identifique con Cristo Sacerdote y –como San Pablo- pueda decir: “no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”.

Agradecemos al Rector y formadores de nuestro Seminario su ejemplar dedicación, como también el apoyo de los sacerdotes y de los fieles laicos, particularmente de las familias y de los agentes de pastoral, junto con la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil-Vocacional. Gracias a todos por vuestra colaboración. No dejemos de apoyar el Seminario, no sólo en esta jornada, sino durante todo el año.

Confiados en el Señor, que prometió no abandonar a su Iglesia, pedimos juntos que continúe regalándonos vocaciones al sacerdocio. San José, patrono de la Iglesia y de los Seminarios, nos acompaña en nuestro camino e intercede por nosotros.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés