Homilía de la Solemnidad de San José

Lecturas bíblicas: 2Sam 7,4-5.12-14.16. Sal 88,2-5.27.29 (R/. «Su linaje será perpetuo»). Rm 4,13.16-18.22. Versículo: Sal 83,5. Lc 2,41-51a.

Queridos hermanos y hermanas:

Nos congrega en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía la tradicional solemnidad de san José, esposo de la Virgen María. Este año esta congregación de la asamblea litúrgica tiene una especial significación para todos los cristianos de la provincia de Almería, porque la Iglesia elige y aprueba la declaración de san José como Patrono y custodio de la provincia civil de Almería. Las normas eclesiásticas vigentes de la constitución de patronos contemplan no sólo que las instituciones y territorios eclesiásticos gocen del patrocinio de María, de los Ángeles y de los Santos, sino que asimismo puedan tener este patrocinio los territorios e instituciones civiles que así lo manifiesten, como ha sucedido en nuestro caso, al solicitar los fieles al Obispo diocesano la declaración de este patrocinio de san José sobre la provincia de Almería.
La Asociación de fieles “Providencia”, con el apoyo de la Agrupación de nuestras Hermandades y Cofradías ha encabezado un movimiento de adhesión a la súplica presentada al Obispo, quien ha acogido con satisfacción el ruego y ha decretado este patrocinio de san José sobre la provincia civil de Almería. Esto ha sido posible porque este ruego ha adquirido un alance muy significativo en todo el territorio de la provincia, al haberse sumado a la súplica municipios diversos con sus corporaciones de Ayuntamiento y corporaciones profesionales, cuerpos docentes y personas de las asociaciones laborales y a título individual representantes de los grupos políticos, personas socialmente representativas del mundo de las artes y la cultura, y personas particulares.
Con el apoyo de todos, el pasado 14 de diciembre de 2020 elevé a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el ruego de que confirmara nuestro decreto episcopal que, emitido el 8 de diciembre de 2020, ha sido atendido y confirmado el pasado 29 de enero del corriente 2021. Damos, pues, gracias a Dios y con gozo nos dirigimos al que queremos como Patrón muy amado y custodio de nuestra provincia, intercesor ante Dios que vela y vigila nuestra vida suplicando a Dios por nosotros poniendo ante el Altísimo al que nació de María Virgen por obra del Espíritu Santo, y fue tenido en la tierra fue tenido por hijo del artesano José de Nazaret.
Por eso, sabiendo que, aunque siempre lo hemos hecho, desde ahora, venciendo toda duda y sometiéndonos al designio de Dios sobre cada uno de nosotros y sobre la gran comunidad humana que formamos las gentes de Almería, acudiremos a san José para que su intercesión por nosotros ante Dios nos mantenga firmes en la fe, llenos de esperanza y activos por la caridad para con nuestro nuestro prójimo, haciendo de nosotros testigos de Cristo ante los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
San José entra de lleno en el designio de salvación de Dios, inserto en la estirpe de David, para transmitir a Jesús su condición de “hijo de David”. Todo aconteció conforme a la promesa hecha por el profeta Natán al propio rey David, fundador de la dinastía. Según esta promesa Dios consolidaría su reino, cuando el rey descansara ya con sus padres, estableciendo «a un descendiente tuyo —le dice el profeta—, un hijo de tus entrañas, y consolidaré su reino» (2Sam 7,12). Esta promesa mesiánica llevará a los seguidores de Jesús a reconocer en él al Mesías que había de venir como hijo de David; y así le invocarán los enfermos que le piden la curación, o le aclaman en su entrada en Jerusalén como al rey que viene en nombre de David su padre, gritando: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» (Mt 21,9)», y «¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!» (Lc 19,38). El reinado del Mesías será un reinado sin fin y, como rey de reyes elevado sobre las naciones, su reino será un reino de justicia y de libertad, un reino de amor y de gracia.
Por medio de la función de paternidad de san José, recibe Jesús el reino de David, su padre, reino de Jesús que no es de este mundo, pero que Jesús ha recibido según la promesa por la pertenencia de José a la dinastía de David. El reinado de Jesús sobrepasará la herencia dinástica y se realizará mediante el ejercicio de amor sin límites de quien entregará su vida por aquellos a los que ha de regir.
La paternidad de José es la gran mediación de la paternidad divina de aquel que será “Padre de la edad futura” (Is 9,5) y “Señor de los señores” (Ap 19.16), cuya realza está escondida a los ojos de la carne y es confesada en la fe. San José fue constituido en padre del Mesías mediante la obediencia de la fe en la línea del gran patriarca Abrahán, cuya fe le sostuvo al afrontar la salida a los setenta y cinco años de Ur de Caldea y dejar Jarán, para aventurarse a la búsqueda de una tierra desconocida, fiado de la promesa de Dios de hacer de él un gran pueblo (cf. Gn 12,1-4). Una fe que alcanza en José como en María una realización consumada. Obediente al designio de Dios sobre él, san José acepta ser padre y custodio del Hijo de Dios, que cuando comenzó su ministerio público pasará a los ojos del mundo como «hijo de José, hijo de Helí…», según genealogía de Jesús transmitida por san Lucas (3,23).
Esta fe de José es como la ve san Pablo a la luz del paradigma de Abrahán como padre de los creyentes: una fe que es plena confianza en la bondad de Dios, y por eso es una fe que hace de José, como sucedió con Abrahán, modelo de paternidad en la cual trasparece la paternidad de Dios. Añade san Pablo que, por esta fe, Abrahán se fía plenamente de Dios, que le promete hacerle “padre de muchos pueblos”, y de este modo, «apoyado en la esperanza creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: “Así será tu descendencia”» (Rm 4,18).
José se fio plenamente de Dios, aun cuando la realidad humana que tenía que afrontar parecía disuadirle de creer en la virginidad de María, ya desposada con él, pero por la fe en la palabra de Dios se convirtió en padre de Cristo Jesús y ejercicio verdaderamente como padre para con él. José con María convertida en su mujer recibió el nacimiento de Jesús, con ternura y generosa entrega a su misión de padre cubrió la infancia de Jesús con el amor con que los padres sostienen el desarrollo progresivo de los hijos mediante el trabajo, trayendo el pan y el sustento a la familia y haciendo posible la integración de los hijos en la comunidad, en la que se hallan insertos humanamente en razón de la cultura, la profesión laboral y la práctica religiosa. San José fue así garante de la vida de la Sagrada Familia y responsable con María del aprendizaje de Jesús. Con José y con María, en el seno protector de los parientes y vecinos, Jesús aprendió a orar y acudió siendo niño con sus padres al templo, en el cual había sido presentado al cumplirse los ocho días en que fue llevado para ser circuncidado (cf. Lc 2,21) y rescatado a su tiempo como todos los niños varones al tiempo de la purificación de María (cf. Lc 2,22-24). San José lo introdujo desde su adolescencia en la ley del trabajo, contando con su ayuda de aprendiz y, al mismo tiempo, protegiéndolo contra los riesgos que pudiera entrañar un trabajo fuera del hogar.
Se comprende, por eso, la perplejidad que provocaría en José y María la respuesta de Jesús a la pregunta de María, cuando se desprendió de ellos y quedó perdido hasta que, después de una búsqueda angustiosa en la caravana de peregrinos primero y después en Jerusalén, María y José lo encontraron en el templo conversando con los doctores de la ley. A las palabras de María: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados» (Lc 1,48), Jesús responde: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» (v. 1,49). Una respuesta en la que se revela el misterio mismo de la paternidad humana, desde la paternidad natural de la generación a la paternidad espiritual, como consta en la doctrina paulina, cuando el Apóstol afirma: «Doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma paternidad todo nombre en el cielo y en la tierra…» (Ef 3,14-15). Jesús revela cómo el ministerio de paternidad de José es reflejo de la paternidad de Dios, de la cual toma su nombre el ejercicio de padre, guía y maestro de todos los que lo ejercen en la tierra. Revela también la grandeza de este ministerio de paternidad, que no puede ser sustituido por el de fraternidad, porque que engendrar y guiar la vida de un ser humano es participación del misterio insondable del Creador y Padre común de cuanto vive y respira.
El papa Francisco al combatir con energía la ideología de género pone de manifiesto que la revelación divina nos descubre la razón de ser de la diferencia de los sexos . Esta diferencia del hombre y la mujer, iguales en dignidad personal, se enraíza en el fundamento antropológico que hace a ambos distintos y complementarios, y da razón de los cometidos del padre y de la madre en la generación y cuidado de la vida de los hijos, en su integración en la comunidad y en el desarrollo de la capacidad de discernir y ubicarse en el mundo. Por eso, dice el papa Francisco que haciendo las veces de padre, «vio a Jesús progresar día tras día “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52)»; para continuar evocando cómo al hacerlo así, san José imitaba y participaba de la paternidad de Dios con Israel. El Papa dicta las bellas palabras de Oseas referidas a la ternura con que Dios guiaba paternalmente a su pueblo: «así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4)» .
En una situación cultural como la de hoy en día, en la que se ha oscurecido deliberadamente la paternidad humana, nos urge volver la mirada a la paternidad de Dios para recobrar la misión que Dios ha confiado a los padres de la tierra, sin que Dios deje de tener unas entrañas maternales superiores a las de una madre (cf. Is 49,15). Quiera Dios que este año dedicado a san José nos ayude a comprender y recobrar el sentido del plan de Dios para la humanidad. Que la intercesión de san José, al que hemos declarado Patrón de nuestra provincia civil, vele con la Virgen María por todos cuantos habitamos en ella y nos ayude a abrir nuestro corazón a la palabra y a la voluntad siempre bienhechora para nuestra salvación del que es Padre común de todos.

S.A.I. Catedral de la Encarnación
Almería, a 19 de marzo de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

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