Monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, inauguró este viernes, en Pilas, la XXX Escuela de Otoño de Cáritas Diocesana de Sevilla. Bajo el lema «Tras los datos, las personas», esta edición se celebra en un contexto marcado por el Informe FOESSA, que ofrece una lectura actualizada de la pobreza, la desigualdad y la exclusión social. Una realidad que interpela a la Iglesia y la llama a conocer, discernir y responder desde el servicio, la justicia y la misericordia.
La trigésima edición de esta Escuela constituye una oportunidad para revisar el modelo eclesial y renovar la misión de Cáritas. En continuidad con el horizonte pastoral del papa Francisco, centrado en la opción preferencial por los pobres y en una Iglesia en salida, el encuentro propone profundizar en una evangelización inseparable del compromiso con las personas vulnerables, la promoción de la dignidad y la denuncia de las estructuras que generan pobreza.
En la inauguración estuvieron presentes el vicario episcopal para la Pastoral Social, Salvador Diánez y el director de Cáritas Diocesana, Miguel Carbajo. La ponencia inaugural, titulada «Rasgos pastorales del modelo eclesial del papa León XIV», corrió a cargo de María del Carmen Márquez , teóloga y profesora de la Universidad Pontificia Comillas.
Betania, una casa para volver a Cristo
En su intervención, el arzobispo agradeció la entrega de quienes, desde las parroquias, los proyectos y los distintos servicios de Cáritas, hacen visible la acción caritativa de la Iglesia. Recordó que cada persona que llama a la puerta de la comunidad cristiana «llega con una historia, unas heridas, unas búsquedas y también unas esperanzas». Por eso, «cada acogida es una oportunidad para transmitirle que su vida tiene valor y que puede encontrar un lugar donde sentirse acompañada».
En este sentido, advirtió de la responsabilidad que supone para los agentes de Cáritas ser, en ocasiones, «la experiencia más cercana que una persona pueda tener del amor de Dios». «Por eso es importante cuidar el corazón desde el que servimos», afirmó.
Durante su reflexión, mons. Saiz tomó como referencia Betania, el hogar de Marta, María y Lázaro, «donde Jesús encontraba acogida, amistad y descanso». A partir de este pasaje evangélico, propuso que la Escuela de Otoño sea también una pequeña Betania para quienes trabajan en Cáritas, es decir, «un espacio para volver a situar al Señor en el centro, escuchar su voz y presentarle los dones, las limitaciones y los cansancios de la misión».
Al recordar la escena de Marta y María, aclaró que Jesús no contrapone la acción y la contemplación ni desautoriza el servicio de Marta. «El problema no está en sus manos ocupadas, sino en el desasosiego que comienza a dominar su corazón y le impide disfrutar de la presencia del Maestro». Don José Ángel advirtió así de una tentación que puede afectar a quienes desarrollan una intensa labor pastoral y asistencial, «trabajar por el Evangelio y, al mismo tiempo, quedarnos sin tiempo para escucharlo».
La actitud de María, sentada a los pies de Jesús, representa la disposición del discípulo que escucha y se deja enseñar. «Una actitud especialmente necesaria en el acompañamiento, que exige presencia, atención y ausencia de prejuicios o prisas». Así, presentó a Marta y María como dos dimensiones inseparables de la vocación cristiana. «Marta recuerda que el amor necesita manos, mientras que María enseña que esas manos necesitan un corazón arraigado en Cristo». Por ello, «en Cáritas, sentarse a los pies de Jesús y sentarse junto al hermano son movimientos complementarios».
Permanecer junto al sufrimiento y derramar el perfume de la caridad
El pasaje de Betania permitió también al arzobispo profundizar sobre la presencia de Jesús ante el dolor. Al recordar la muerte de Lázaro, destacó cómo el Señor acoge las palabras de las hermanas y llora junto a la tumba de su amigo. «Su cercanía constituye una referencia para el modo en que la Iglesia debe acompañar a quienes sufren». «No siempre podremos ofrecer una solución ni una respuesta inmediata, pero siempre podemos permanecer», añadió.
A partir de la imagen evangélica de una casa llena de la fragancia del perfume con el que María unge a Jesús, monseñor Saiz Meneses preguntó: «¿A qué huele nuestra casa». En la labor de Cáritas reconoció «la fragancia del Espíritu que impulsa a la comunidad cristiana», que se traduce «en una casa abierta donde el cansado encuentra descanso, el herido puede sanar y quien se siente solo descubre un lugar al que pertenecer». «Una caridad que, vivida desde la paciencia, el respeto y la fidelidad en cada acompañamiento, deja en la vida de las personas «la huella del amor de Dios».
Finalmente, invitó a los participantes procedentes de 115 parroquias de la Archidiócesis a presentar al Señor los nombres y rostros de las personas acompañadas y a recordar que la misión pertenece a Dios antes que a ellos. «El descanso vivido desde la fe no es desentenderse de la misión. Es reconocer que la obra pertenece a Dios y que el discípulo necesita permanecer unido al Maestro para dar fruto», señaló.
El arzobispo finalizó su alocución animando a los agentes de Cáritas a llevar a sus parroquias y comunidades la sabiduría de Betania. «Abrir la puerta como Marta, escuchar como María y permanecer junto a quienes sufren» y «nunca, nunca, nunca, dejéis de derramar el perfume de la caridad; su olor muestra el rostro de Dios», afirmó.
The post Monseñor Saiz invita a los agentes de Cáritas a hacer de la caridad una «fragancia» que deje la huella del amor de Dios first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

