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QUIERO, por Encarni Llamas. Comentario al evangelio del Domingo VI del Tiempo Ordinario

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La periodista Encarni Llamas, Bachiller en Ciencias Religiosas, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo VI del Tiempo Ordinario (Mc 1, 40-45).

Este domingo, la palabra quiero cobra un especial sentido. Es Jesús quien la pronuncia: «Quiero: queda limpio». La compasión y la mano extendida que acompañaron dicha palabra resonarían una y otra vez en el corazón del leproso durante toda su vida. La petición humilde de quien era rechazado por la sociedad de los limpios, no quedó sin respuesta ante Jesús.

Tampoco queda sin respuesta la humildad con la que miles de voluntarios de Manos Unidas, ONG católica para el desarrollo, nos presentan hoy la Campaña contra el Hambre, y un año más nos dicen: “Si quieres… Contagia solidaridad para acabar con el hambre”.

Y es que, un corazón humilde no es un corazón cobarde, sino un corazón enamorado hasta entrar de lleno en el Evangelio y exclamar un quiero como el de Jesús.

Aún me queda un último quiero que hoy resuena con fuerza: el te quiero con motivo de la fiesta de san Valentín, patrono de los esposos y de los enamorados. Ante la cercanía de la inauguración del Año especial dedicado a la familia (19 de marzo), con motivo del quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, a dicho documento nos acercamos, de la mano del papa Francisco, quien introdujo en él este precioso poema de Mario Benedetti:

«Tus manos son mi caricia

mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos».

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La encíclica Fratelli Tutti, eje principal del XIII Encuentro Diocesano de la Acción Conjunta contra el Paro

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La encíclica Fratelli Tutti, eje principal del XIII Encuentro Diocesano de la Acción Conjunta contra el Paro

La Acción Conjunta contra el Paro (ACCP) celebró este 13 de febrero, su XIII Encuentro Diocesano sobre la “Fratelli tutti, una lectura desde los empobrecidos”.

En esta ocasión, la sesión fue en formato online y contó con la ponencia de Rafael Díaz-Salazar desde la Facultad de Ciencia Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. El encuentro inició con una oración, seguido de la presentación de la jornada y la participación del ponente. La jornada fue retransmitida por el canal de youtube de la Acción Conjunta contra el Paro, integrada por las Delegaciones diocesanas de Pastoral Obrera y de Migraciones, además de Cáritas, Religiosas en Barrios, Focolares, algunas parroquias de la Archidiócesis de Sevilla, la Juventud Obrera Cristiana y la Hermandad Obrera de Acción Católica.

Al respecto, Diego Márquez, delegado diocesano de Pastoral Obrera de la Archidiócesis de Sevilla, presentó y dio paso al ponente Rafael Díaz-Salazar, quien centró su intervención en las claves de la última encíclica del papa Francisco, profundizando especialmente en aquellos aspectos relacionados con el mundo del trabajo y sus posibles aplicaciones en nuestra realidad más cercana.

El XIII Encuentro Diocesano finalizó con la lectura del manifiesto, en el que la Acción Conjunta contra el Paro expresó la especial preocupación de esta plataforma de la Iglesia de Sevilla por el descarte social que sufren “cuatro millones de desempleados, más de 700.000 personas en ERTES y 6,3 millones de personas con trabajo, pero con salarios por debajo del Salario Mínimo Interprofesional, una situación derivada no solo de la crisis actual que atravesamos, sino también de las consecuencias que arrastramos de la crisis anterior”, reflexionó.

En esta línea, la Acción conjunta contra el Paro hace un llamamiento a la comunidad cristiana y a la sociedad en general a practicar la solidaridad prestando atención a las personas más empobrecidas, especialmente en el mundo del trabajo, a fin de construir una sociedad más fraterna.

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Presentado el cartel de la Semana Santa 2021 de Córdoba

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Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2021: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad

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MENSAJE DEL SANTO PADRE
para la Cuaresma de 2021

Vea también:

 

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18).
Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Queridos hermanos y hermanas:
Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.
En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).
La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino
La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo,enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de
Tours.

Francisco

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Superemos el miedo volviendo a la oración

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Superemos el miedo volviendo a la oración

Vea también:

– Oración

Padre Shenan J. Boquet
Presidente de Human Life International

El Señor es mi luz y mi salvación; ¿A quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida; ¿quién me hará temblar? (Salmo 27:1.)

“¡No tengas miedo!”

Varias veces en la Biblia estas palabras son dichas por Cristo a sus discípulos o por ángeles a los elegidos para alguna tarea. “¡No tengas miedo!” dijo el ángel Gabriel saludando a María (Lucas 1:30). “Soy yo”, gritó Cristo a sus aterrorizados discípulos, mientras caminaba sobre las aguas. “¡No tengan miedo!” (Juan 6:19-20).

El Papa San Juan Pablo II adoptó estas palabras como su lema no oficial. Aún en este momento, puedo escuchar su voz resonante y acentuada, sobre las cabezas de enormes multitudes: “¡No temas!”. Y cuando él lo decía, de alguna manera, ya no tenías miedo. De repente, supiste que permitir que el miedo dominara tu corazón era una traición al don del Evangelio y se derivaba de la falta de confianza y fe. “El amor perfecto echa fuera todo temor” (Juan 4:18), escribió San Juan, el amado apóstol, el que se reclinó en el pecho de Cristo en la Última Cena, que escuchó el latido del corazón de la Verdad misma.

Un enfoque mundano aviva el miedo

Sin embargo, vivimos en un mundo consumido por el miedo. Tenemos miedo de este virus. Tememos el costo económico y social que ha tenido. Tememos el creciente malestar social. Tenemos miedo de lo que suceda si ganan nuestros enemigos políticos. Nos tenemos miedo unos a otros. Tenemos miedo de lo que sucederá si decimos la verdad con valentía.

Sin embargo, lo peor es que a menudo parece que hay personas e instituciones poderosas que quieren que tengamos miedo y que, intencionalmente o no, están avivando activamente nuestro miedo.

Los medios de comunicación, para empezar. Las personas que tienen miedo verán por horas a las grandes cadenas de televisión, se desplazarán sin cesar a través de las redes sociales y optarán por recibir todas las alertas de “noticias de última hora” en sus teléfonos inteligentes, para que no se pierdan ninguna información crucial. Los medios de comunicación lo saben e informan de cada novedad inquietante en los términos más espantosos. Dado que nunca hay escasez de eventos aterradores en este mundo nuestro, el efecto paradójico es que cuanto más una persona se mantiene al día con las noticias, más temerosa se vuelve y más noticias se siente obligada a consumir.

Los políticos también aprendieron hace mucho tiempo que el miedo es su arma más poderosa. En lugar de decirles a sus partidarios las cosas positivas que harán si son elegidos (lo que implica el arduo trabajo de desarrollar un plan), a menudo es mucho más efectivo para los políticos simplemente pintar una imagen tan aterradora como sea posible de lo que sucederá si sus oponentes ganan. Haga que la gente tema lo suficiente a la otra parte, y apenas habrá algo que ese otro político haga (o deje de hacer) para perder el apoyo de sus seguidores.

Las industrias de consumo y del entretenimiento también se benefician del miedo. Una población temerosa es una población que anhela la distracción y el placer. Alguien que tiene miedo verá Netflix durante horas, solo para escapar de la incomodidad de estar solo con sus propios pensamientos angustiantes. O se desplazará por Amazon, comprando cosas que espera que calmen temporalmente su ansiedad. La industria del porno también está siempre a un clic de distancia, ofreciendo a las personas aburridas, ansiosas y temerosas una de las distracciones más potentes y malévolas jamás inventadas.

Vivir con miedo es vivir en un estado perpetuo de lucha o huida; es vivir no solo en, sino para, el momento. Una persona que tiene miedo carece del espacio mental y espiritual para pensar o preocuparse por cualquier cosa que no sea la amenaza inmediata. Nada más parece interesante o de importancia.

Y esta es la razón por la que las personas que tienen miedo son tan vulnerables a las manipulaciones de políticos sin escrúpulos, teóricos de la conspiración y vendedores ambulantes espirituales: cualquiera que afirme tener un acceso privilegiado a la “verdad” o estar en posesión de alguna solución fácil al problema, o algún atajo para hacerles olvidar su miedo.

El miedo es la gran mentira

Como cristianos, debemos resistir esta cultura del miedo.

El miedo no hace más que nublar nuestras mentes y perturbar nuestras almas. Y solo por esta razón, debe evitarse. Pero lo que es más importante, debemos evitar el miedo porque no es cierto. “La paz os dejo; mi paz les doy”, dijo Cristo. “Yo no se la doy como la dan  los que son del mundo. No se angustien, ni tengan miedo” (Juan 14:27-28).

San Pablo da una razón notable de la intrepidez del cristiano, cuando escribió: “Porque estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni gobernantes, ni lo presente ni lo por venir, ni poderes, ni altura ni profundidad, ni ninguna otra cosa en toda la creación podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39).

Si San Pablo tiene razón en que nada puede separarnos de Dios, entonces nuestro miedo es siempre infundado. De hecho, es la Gran Mentira contada por el Gran Engañador: la mentira de que el mal es más poderoso que el bien, el diablo más poderoso que Dios.

En esta columna, a menudo escribo sobre muchas cosas preocupantes: el aborto, la eutanasia, el asalto al matrimonio y la vida familiar, fallas en la Iglesia y el liderazgo civil, lobos merodeando vestidos con piel de oveja, las maquinaciones de agentes ricos y poderosos de la “cultura” de muerte y las crecientes amenazas a las libertades de los cristianos. Por un lado, creo que es importante que sepamos sobre estas cosas para poder combatirlas.

Por otro lado, creo que en el momento en que perdemos nuestro sentido de la perspectiva y comenzamos a creer que estas cosas son más poderosas que Cristo, en el momento en que comenzamos a tenerles miedo, ese es el momento en que debemos retirarnos de la lucha para reagruparnos para estar con Dios en la oración. Porque en ese momento, corremos un grave riesgo de hacer más daño que bien.

Imitemos a María: Oremos

La vida de un cristiano es paradójica: por un lado, el cristiano ve con mucha más claridad que nadie la depravación y la realidad del mal. Por otro, también está convencido de la impotencia del mal ante el infinito poder de Dios. Un cristiano que se ha puesto la armadura de Dios, es decir, que está imbuido del espíritu de oración, puede encontrarse cara a cara con el diablo y reír, no solo una risa de desafío, sino también una de piedad, como de uno que está lidiando con un niño mimado que se cree tirano.

He oído decir de la Santísima Virgen que ella nunca reaccionó, sino que siempre respondió. María, la mujer contemplativa más grande de la historia, junto al mismo Cristo, nunca se sintió abrumada ni angustiada por el ruido de los acontecimientos que se desarrollaban. Nunca sintió la necesidad de actuar por actuar. Había labrado un espacio de silencio espiritual en medio del ruido del mundo, en el que esperaba pacientemente la voz de Dios. De esta manera, María trascendió la historia, viendo los acontecimientos, por inquietantes que fueran, desde la perspectiva de lo eterno, plegada dentro de la verdad de la victoria cósmica de Cristo, y con la mirada puesta únicamente en lo que Dios quería que hiciera. Lo mismo puede decirse de cualquier verdadero contemplativo.

Sin embargo, a menudo estamos en un estado de reacción constante. Consumidos por la preocupación, solo vemos lo que está frente a nuestros ojos y pasamos nuestros días luchando contra incendios forestales tras incendios forestales. Rara vez nos detenemos a preguntarle a Dios qué desea que hagamos, y aún más raramente nos detenemos para escuchar Su respuesta. Al reaccionar de esta manera, nos convencemos de que estamos ayudando a la causa del bien. A menudo, sin embargo, solo estamos aumentando el ruido y el caos.

En una serie de tres libros notables, el cardenal Robert Sarah ha llamado repetidamente a los cristianos a volver al deber esencial de la oración y nos advirtió contra el atractivo de un activismo espiritualmente desarraigado. El cardenal titula el último de estos libros, “El día ya ha pasado”, advirtiéndonos contra el pecado de Judas, quien desesperadamente quería apresurar la venida del Reino de Dios en este mundo, pero un “reino de Dios” mal entendido.

Y la consecuencia fue que “se distanció. Ya no escuchó a Cristo. Ya no lo acompañaba durante esas largas noches de silencio y oración. Judas se refugió en los asuntos mundanos. Él se ocupó de la bolsa, el dinero y el comercio”.

Como Judas, concluye el cardenal, “¡hemos traicionado! Hemos abandonado la oración. El mal del activismo eficiente se ha infiltrado en todas partes. Buscamos imitar la organización de las grandes empresas. Olvidamos que la oración sola es la sangre que puede correr por el corazón de la Iglesia. Decimos que no tenemos tiempo que perder. Queremos utilizar este tiempo para obras sociales útiles”.

Sin embargo, “Alguien que ya no reza ya ha traicionado. Ya está dispuesto a hacer todo tipo de compromisos con el mundo. Camina por la senda de Judas”.

Palabras duras. Palabras aleccionadoras

La Virgen María es el perfecto contraejemplo. Más recientemente, sin embargo, tenemos el gran ejemplo de la Madre Teresa. Aunque completamente dedicada a su misión de aliviar el sufrimiento de los más pobres de los pobres en los barrios marginales de la India, la Madre Teresa y sus hermanas siempre pasaban muchas horas al día en oración frente al Santísimo Sacramento. Qué excusa tenemos entonces, que desperdiciamos tantas horas en las redes sociales, o leyendo las noticias, o viendo Netflix. ¡Y cuál es el resultado de todo esto, excepto que nos volvemos más agitados y más una piedra de tropiezo espiritual para nuestros hermanos y hermanas!

¿Encuentras que estás consumido por el miedo en estos días? Si es así, debo preguntarte: ¿estás rezando?

Si la respuesta es “no”, entonces ya sabes lo que debes hacer.

Fuente:

http://vidahumana.org/

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Cuaresma, ¿Qué es la Cuaresma?

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¿QUÉ ES LA CUARESMA?
Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (quadragesima) reservado a la preparación de la Pascua, y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.

¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA?
Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA?
“La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).

¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA?
Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

¿QUÉ ES LA PENITENCIA?
La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador.

Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA?
“La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad “que cubre multitud de pecados” (1 Pedro, 4,8.).” (Catecismo Iglesia Católica, n. 1434).

¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?
“Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1249).

¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?
“En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1250).

¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?
En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, “todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1251).

¿CUÁNDO ES CUARESMA?
La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:

1) El Miércoles de ceniza,
2) Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,
3) La Misa Crismal y
4) Las ferias.

¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA?
Es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios.

Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA?
El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. El liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA?
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA?
La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA?
El simbolismo de la ceniza es el siguiente:

a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo;

¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA?
La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.

¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA?
Si se vive bien la Cuaresma, deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN?
Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador.

Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión (ver el impreso Guía de la Confesión) de todos y cada uno de nuestros pecados.
Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN “TIEMPO FUERTE” Y UN “TIEMPO PENITENCIAL?
“Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras).” (Catecismo Iglesia Católica, n. 1438)

¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?
De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:

1. Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.
2. Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.
3. Practicando las Obras de Misericordia.

¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?
Las Obras de Misericordia espirituales son:

• Enseñar al que no sabe.
• Dar buen consejo al que lo necesita.
• Corregir al que yerra.
• Perdonar las injurias.
• Consolar al triste.
• Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo.
• Rogar a Dios por los vivos y los muertos
• Las Obras de Misericordia corporales son:
• Visitar al enfermo.
• Dar de comer al hambriento.
• Dar de beber al sediento.
• Socorrer al cautivo.
• Vestir al desnudo.
• Dar posada al peregrino.
• Enterrar a los muertos.

¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?
Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA, así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.

¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO?
El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.

¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO?
Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y ocho años. (cfr. CIC, c. 1252).

¿QUÉ ES LA ABSTINENCIA?
Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).

¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA?
La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años. (cfr. CIC, c. 1252).

¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?
“La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.” (Código de Derecho Canónico, cánon 1253).

¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA?
Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.

¿QUÉ ASPECTOS PASTORALES CONVIENE RESALTAR EN LA CUARESMA?
El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales. La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia, son sus grandes coordenadas.

Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:
1) La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;
2) La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el canon. 767, & 3, 3)
3) La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del sacramento de la penitencia: “son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia” (CEC, n. 1438), haciendo notar que “junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios”; y,
4) El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras.

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El aforo de los templos de Tenerife pasa al 75 %

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El  Gobierno de Canarias ha actualizado el nivel de alerta sanitaria para la isla de Tenerife, que desde el viernes 12 de febrero entró en nivel 1.

En lo que respecta a las celebraciones en los templos, el aforo máximo permitido  pasa del 50 al 75 %, lo que facilitará una mayor afluencia de fieles, si bien muchas iglesias han de mantener las otras medidas de distancia e higiénica, que han de tenerse en cuenta junco con la de aforo.

Además, ha variado la situación del resto de islas que conforman la Diócesis Nivariense: La Palma y La Gomera siguen en nivel 1, mientras que El Hierro permanece en nivel 2. En esta última, el aforo en los templos es del 50 %.

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Se suspenden las «visitas a la Siervita»

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El monasterio de Santa Catalina de Siena, en La Laguna comunicaba este viernes que se suspendían, por motivos sanitarios, las visitas al sarcófago de la Siervita, así como los actos previstos para el lunes 15 de febrero y el domingo 21.

Así lo anunciaban las religiosas dominicas a través del Facebook de la comunidad: «Lamentamos comunicarles que por no haber recibido el permiso de Sanidad a día de hoy, y por lo tanto, por razones sanitarias ajenas al Monasterio, Hemos decidido suspender las visitas al sarcófago de La Siervita y los actos previstos para este año (el próximo lunes 15 y el domingo 21).

Aunque no podamos venir a visitarla personalmente si que pedimos que sigáis pidiendo su intercesión para que se acabe pronto esta pandemia, y que la veamos pronto en los altares.

A través de nuestro Facebook vamos a hacer lo posible para que podáis verla en directo el lunes día 15 durante el día».

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“El Paraíso viene a nosotros”

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Homilía de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la Misa del sábado de la V semana del Tiempo Ordinario, el 13 de febrero de 2021.

San Benigno de Todi

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