Cientos de profesores y catequistas de diversos puntos de la diócesis, acompañados por sus familias y un grupo de sacerdotes, celebraron juntos la Eucaristía en la que el Obispo los bendijo y envió a su misión: “una misión hermosa y exigente que os confía la Iglesia”.
Homilía de D. José Antonio Satué en el envío de profesores y catequistas
Una celebración en la que se hacía visible que “nadie se envía a sí mismo, sino que es el Señor quien llama y es la Iglesia quien, en su nombre, discierne, acompaña y envía”, explicaba el monitor, Víctor Manuel Luque, de la Delegación de Enseñanza, al comienzo de la Misa.
“Hoy están entre nosotros quienes han recibido la misión de acompañar la fe de niños, adolescentes, jóvenes y adultos en nuestras comunidades cristianas: los catequistas. Y están también quienes han sido llamados a servir al Evangelio en el ámbito de la escuela: los profesores de Religión Católica, que reciben de la Iglesia la misión para ejercer su tarea docente. Son servicios diferentes, pero una misma misión: hacer posible el encuentro entre Jesucristo y la vida de las personas. Por eso, ante nuestro Obispo, van a manifestar públicamente su disponibilidad para vivir esta misión como testigos, discípulos y acompañantes”, añadía Víctor.
En su homilía, que pueden escuchar completa en el audio adjunto de esta noticia, D. José Antonio Satué les invitaba, a recordar “algo muy sencillo pero también muy importante y te lo digo a ti en particular: Dios cuenta contigo. Cuenta contigo cuando llegas al nuevo curso lleno de energía y de ilusión, y cuenta también cuando te preguntas si todo lo que haces merece la pena. Dios cuenta con nosotros y nos envía”. Y preguntaba el Obispo: “¿a quién nos envía el Señor? ¿A lo de siempre? Sí. Dios nos llama a lo de siempre. Lo dice el Evangelio. La misión consiste en hacer que nuestros chavales y jóvenes sean buenos discípulos de Jesús. Nuestra misión es facilitar que ellos sientan en sus corazones la fuerza del Padre, del Hijo y del Espíritu en la que han sido o serán bautizados. La misión no cambia, pero sí cambia el mundo en el que tenemos que llevarla a cabo; y también cambian las personas a las que somos enviados. Los que lleváis unos cuantos años en las aulas de un colegio o en la catequesis lo sabéis muy bien”.
E incidía el pastor malacitano en que “han cambiado sus preocupaciones, sus formas de relacionarse, su manera de acceder a la información y también la manera de entenderse a sí mismos. Por eso, quizá algunas actividades que funcionaron estupendamente hace 20 años y que guardamos en nuestro archivo como oro en paño, hoy dejan indiferentes a nuestros chicos y en ocasiones nos aburren hasta a nosotros mismos. No cambia el Evangelio, pero tenemos que cambiar la manera de anunciarlo”.
Cultivar la interioridad, afinar la conciencia moral y ser mujeres y hombres pacíficos y pacificadores fueron los tres desafíos, planteados por el papa León XIV en el ámbito educativo, con los que prosiguió su homilía.
Al final de la celebración, profesores y catequistas, guiados por el delegado de Catequesis, Gonzalo Martín, renovaron su deseo de cultivar su encuentro personal con Jesucristo, ser discípulos y testigos del Evangelio, acompañar y escuchar, y vivir su misión en comunión con la Iglesia y como un servicio de primer anuncio.
Todos los participantes renovaron su compromiso y el delegado de Enseñanza, Antonio Sánchez, y dos representantes del profesorado de Religión recibieron, de manos de D. José Antonio, la misión canónica, “signo de la confianza y de la misión que reciben de la Iglesia para desarrollar su tarea: sabiduría para enseñar, humildad para escuchar, fortaleza para testimoniar y un corazón capaz de acompañar”.
Una celebración multitudinaria organizada en comunión por las delegaciones de Catequesis y Enseñanza incluso en el coro que dirigió los cantos, en el que había miembros de ambas realidades.


