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Los obispos dan tres claves para vivir el Corpus Christi

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El próximo 6 de junio se celebra la festividad del Corpus Christi. Este es el mensaje que han publicado los obispos de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social con motivo del Día de la Caridad.

Conmigo lo hicisteis”

“Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

En este tiempo de pandemia, con la convicción de que el Señor camina con nosotros, celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, el Día de la Caridad, en el que estamos haciendo de las dificultades del momento una gran oportunidad para tocar las llagas de Cristo y descubrir que, detrás de sus heridas, encontramos el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos abriéndonos al misterio de Cristo crucificado y resucitado donde resplandece la gloria de Dios.

Dios no deja jamás de estar a nuestro lado cumpliendo su promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 20). Estos “tiempos recios”, donde se necesitan amigos fuertes de Dios, invitan a recuperar el sentido de nuestra vida sabiéndonos frágiles y necesitados de salvación. Una necesidad que se hace concreta en la vida de cada día, en la projimidad, en la cercanía, en la fraternidad y en la esperanza cristiana que brotan de la Eucaristía.

En estos tiempos singulares en los que se están tomando iniciativas excepcionales para evitar y detener el contagio de un virus trágicamente mortal, todos percibimos cómo se hacen esfuerzos  en muchos lugares de nuestra sociedad para proteger a las personas, a las familias, incluso a las diversas realidades laborales, de los tragicos zarandeos que han herido especialmente a los vulnerables y más empobrecidos, abriendo, así, caminos a la esperanza. En todas esas acciones vamos aprendiendo a hacernos prójimos, hermanos y hermanas. Como discípulos queremos aprender de forma nueva que es a Cristo a quien se lo estamos haciendo, y Él siempre nos responde con su acogida e infinita misericordia.

Entrega

Estar cerca de los pobres, los más vulnerables, los niños, los enfermos, los discapacitados, los ancianos, los tristes y solos, los agobiados por la pesadumbre de la existencia nos cansa, bien por lo abrumador y desbordante de tantas situaciones, bien por la fragilidad que nos descubren en cada uno, bien porque nos enfrentan a nuestra debilidad. A este respecto encontramos aliento en las palabras de san Manuel González: “En la Eucaristía, está el Corazón incansablemente misericordioso, que a cada quejido de nuestros labios y a cada lágrima de nuestros ojos… responde – ¡estad ciertos! – con un latido de infinita compasión” (Un corazón hecho Eucaristía, n 107).

La Eucaristía nos ofrece el don de poder amasar de forma inseparable la caridad  y la vida de los pobres. ¿Cómo vivir la Eucaristía sin estar cerca de aquellos más hambrientos , de aquellos con quienes Cristo se identifica al tener hambre, sed, estar desnudo, enfermo o en la cárcel? (Mt 25, 31-46). En esta unión descubrimos la esencia de la dignidad humana que cobra sentido al enraizarse en el mismo Jesucristo.

Él, por medio del amor hecho servicio hasta el extremo, ofreciendo  su vida, ha llevado a plenitud el valor de la dignidad humana haciéndonos hermanos  y adentrándonos en el misterio de la donación. Esta caridad, corazón de nuestra fe y de la propia solemnidad del Corpus Christi, nos lleva a poner en las manos del Dios, que nos ha amado tanto que nos ha entregado a su propio Hijo, todo lo que somos y lo que tenemos, especialmente nuestras pobrezas y fragilidades y nos mueve al amor fraterno, pues “cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios” (Deus caritas est 16).

Ante el Cuerpo de Cristo tomamos conciencia de que es tiempo de potenciar la capilaridad en los pueblos, barrios y ciudades para cuidar y acompañar tanto sufrimiento. Así nos exhorta el papa Francisco: El servicio es, “en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca la promoción del hermano” (Fratelli tutti 115).

Fraternidad

La pandemia está dejando tras de sí muchas vidas rotas y profundas heridas que, sin embargo, están siendo cicatrizadas gracias al fomento de los lazos de colaboración, ayuda mutua y redes comunitarias que brotan de la fraternidad en una comunidad que sostiene. “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente […] Se necesita una comunidad que lo sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!” (Fratelli tutti 8).

De estas palabras del Papa son testigos, durante las veinticuatro horas del día, los discípulos misioneros de Jesucristo en Cáritas, las personas que hacen posible el servicio de la caridad en las parroquias o en otras instituciones caritativas de la Iglesia.

Los obispos reconocemos y agradecemos este servicio generoso, al tiempo que animamos a que sean muchos más los cristianos que se comprometan con los más pobres y excluidos de nuestra sociedad. Cáritas, con sus trabajadores y equipos de voluntarios, hace cada mañana que las fronteras y los muros se concreten en la dimensión universal de la caridad: “Al amor no le importa si el hermano herido es de aquí o es de allá. Porque es el amor que rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes; amor que nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa […] Amor que sabe de compasión y de dignidad” (Fratelli tutti 62).

Creemos en el Dios que se hace carne y se presenta como compañero de viaje. Él atraviesa la vida de cada pueblo, ciudad, hospital, escuela o centro de trabajo. Y lo hace por medio de sus discípulos, de los pobres y víctimas de esta crisis. Aunque este año no salgamos por las calles acompañando al Señor sacramentado en procesión, proclamemos nuestra fe y hagamos de nuestras parroquias, comunidades, oratorios y de nosotros mismos, custodias del Cristo que comulgamos como expresión de nuestro amor agradecido y fuente de bendición para muchos.

Adoración

En el contexto de esta pandemia, el día del Corpus Christi, día de la Caridad, el Señor, con su Cuerpo entregado y su Sangre derramada, nos urge a la esperanza, que  “nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la  bondad y la belleza, la justicia y el amor…la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza” (Fratelli tutti 55).

Hoy, al adorar al Señor en el Pan Eucarístico, nos adentramos en el dinamismo del gozo, la alegría y la esperanza que necesita nuestro mundo. Una esperanza que brota de la presencia de Cristo en el mundo y entre nosotros, de sus salidas a los caminos de este mundo sufriente por los estragos del coronavirus para convocar a todos a la alianza del Espíritu.

Santa Teresa de Calcuta, con su vida entregada a los más pobres y su amor a la adoración del Santísimo, donde encontraba la fuerza para la caridad, nos enseña algo que ella experimentaba y alentaba su esperanza: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. En las palabras de la Santa tenemos de modo palpable, una concreción de lo dicho por el Señor: “Conmigo lo hicisteis”.

Hoy al adorar el cuerpo sacramental, nacido de la Virgen María, se aviva el dinamismo de nuestra fe, amor y esperanza; nos adentramos en la verdad y la novedad del testimonio apostólico que encuentra ánimo en las palabras del apóstol San Pablo: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos suyos muy queridos. Y haced del amor la norma de vuestra vida, a imitación de Cristo que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios” (Ef. 5, 1-5).

     Nos ponemos en las manos de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José, en ese hogar donde se fraguaba cada día la caridad, con pensamientos, palabras y obras y pedimos al Señor que nos encuentre dignos de su presencia por haber hecho con nuestro prójimo ejercicio creíble de la caridad.

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Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2021: «Hacia un nosotros cada vez más grande»

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Mensaje del Santo Padre Francisco para la 107.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2021, que tendrá lugar el 26 de septiembre de 2021 bajo el lema “Hacia un nosotros cada vez más grande”.

Mensaje completo aquí

Queridos hermanos y hermanas:

En la Carta encíclica Fratelli tutti expresé una preocupación y un deseo que todavía ocupan un lugar importante en mi corazón: «Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Ojalá que al final ya no estén “los otros”, sino sólo un “nosotros”» (n. 35).

Por eso pensé en dedicar el mensaje para la 107.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado a este tema: “Hacia un nosotros cada vez más grande”, queriendo así indicar un horizonte claro para nuestro camino común en este mundo.

La historia del “nosotros” 

Este horizonte está presente en el mismo proyecto creador de Dios: «Dios creó al ser humano a su imagen, lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Dios los bendijo diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense”» (Gn 1,27-28). Dios nos creó varón y mujer, seres diferentes y complementarios para formar juntos un nosotros destinado a ser cada vez más grande, con el multiplicarse de las generaciones. Dios nos creó a su imagen, a imagen de su ser uno y trino, comunión en la diversidad.

Y cuando, a causa de su desobediencia, el ser humano se alejó de Dios, Él, en su misericordia, quiso ofrecer un camino de reconciliación, no a los individuos, sino a un pueblo, a un nosotros destinado a incluir a toda la familia humana, a todos los pueblos: «¡Esta es la morada de Dios entre los hombres! Él habitará entre ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos» (Ap 21,3).

La historia de la salvación ve, por tanto, un nosotros al inicio y un nosotros al final, y en el centro, el misterio de Cristo, muerto y resucitado para «que todos sean uno» (Jn 17,21). El tiempo presente, sin embargo, nos muestra que el nosotros querido por Dios está roto y fragmentado, herido y desfigurado. Y esto tiene lugar especialmente en los momentos de mayor crisis, como ahora por la pandemia. Los nacionalismos cerrados y agresivos (cf. Fratelli tutti, 11) y el individualismo radical (cf. ibíd., 105) resquebrajan o dividen el nosotros, tanto en el mundo como dentro de la Iglesia. Y el precio más elevado lo pagan quienes más fácilmente pueden convertirse en los otros: los extranjeros, los migrantes, los marginados, que habitan las periferias existenciales.

En realidad, todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino sólo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión de esta Jornada para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo.

Una Iglesia cada vez más católica

Para los miembros de la Iglesia católica este llamamiento se traduce en un compromiso por ser cada vez más fieles a su ser católicos, realizando lo que san Pablo recomendaba a la comunidad de Éfeso: «Uno solo es el Cuerpo y uno solo el Espíritu, así como también una sola es la esperanza a la que han sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,4-5). 

En efecto, la catolicidad de la Iglesia, su universalidad, es una realidad que pide ser acogida y vivida en cada época, según la voluntad y la gracia del Señor que nos prometió estar siempre con nosotros, hasta el final de los tiempos (cf. Mt 28,20). Su Espíritu nos hace capaces de abrazar a todos para crear comunión en la diversidad, armonizando las diferencias sin nunca imponer una uniformidad que despersonaliza. En el encuentro con la diversidad de los extranjeros, de los migrantes, de los refugiados y en el diálogo intercultural que puede surgir, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente. Por eso, todo bautizado, dondequiera que se encuentre, es miembro de pleno derecho de la comunidad eclesial local, miembro de la única Iglesia, residente en la única casa, componente de la única familia.

Los fieles católicos están llamados a comprometerse, cada uno a partir de la comunidad en la que vive, para que la Iglesia sea siempre más inclusiva, siguiendo la misión que Jesucristo encomendó a los Apóstoles: «Vayan y anuncien que está llegando el Reino de los cielos. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos y expulsen a los demonios. Lo que han recibido gratis, entréguenlo también gratis» (Mt 10,7-8).

Hoy la Iglesia está llamada a salir a las calles de las periferias existenciales para curar a quien está herido y buscar a quien está perdido, sin prejuicios o miedos, sin proselitismo, pero dispuesta a ensanchar el espacio de su tienda para acoger a todos. Entre los habitantes de las periferias encontraremos a muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata, a quienes el Señor quiere que se les manifieste su amor y que se les anuncie su salvación. «Los flujos migratorios contemporáneos constituyen una nueva “frontera” misionera, una ocasión privilegiada para anunciar a Jesucristo y su Evangelio sin moverse del propio ambiente, de dar un testimonio concreto de la fe cristiana en la caridad y en el profundo respeto por otras expresiones religiosas. El encuentro con los migrantes y refugiados de otras confesiones y religiones es un terreno fértil para el desarrollo de un diálogo ecuménico e interreligioso sincero y enriquecedor» (Discurso a los Responsables Nacionales de la Pastoral de Migraciones, 22 de septiembre de 2017).

Un mundo cada vez más inclusivo

A todos los hombres y mujeres del mundo dirijo mi llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, a recomponer la familia humana, para construir juntos nuestro futuro de justicia y de paz, asegurando que nadie quede excluido.

El futuro de nuestras sociedades es un futuro “lleno de color”, enriquecido por la diversidad y las relaciones interculturales. Por eso debemos aprender hoy a vivir juntos, en armonía y paz. Me es particularmente querida la imagen de los habitantes de Jerusalén que escuchan el anuncio de la salvación el día del “bautismo” de la Iglesia, en Pentecostés, inmediatamente después del descenso del Espíritu Santo: «Partos, medos y elamitas, los que vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la zona de Libia que limita con Cirene, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes les oímos decir en nuestros propios idiomas las grandezas de Dios» (Hch 2,9-11).

Es el ideal de la nueva Jerusalén (cf. Is 60; Ap 21,3), donde todos los pueblos se encuentran unidos, en paz y concordia, celebrando la bondad de Dios y las maravillas de la creación. Pero para alcanzar este ideal, debemos esforzarnos todos para derribar los muros que nos separan y construir puentes que favorezcan la cultura del encuentro, conscientes de la íntima interconexión que existe entre nosotros. En esta perspectiva, las migraciones contemporáneas nos brindan la oportunidad de superar nuestros miedos para dejarnos enriquecer por la diversidad del don de cada uno. Entonces, si lo queremos, podemos transformar las fronteras en lugares privilegiados de encuentro, donde puede florecer el milagro de un nosotros cada vez más grande.

Pido a todos los hombres y mujeres del mundo que hagan un buen uso de los dones que el Señor nos ha confiado para conservar y hacer aún más bella su creación. «Un hombre de familia noble viajó a un país lejano para ser coronado rey y volver como tal. Entonces llamó a diez de sus servidores y les distribuyó diez monedas de gran valor, ordenándoles: “Hagan negocio con el dinero hasta que yo vuelva”» (Lc 19,12-13). ¡El Señor nos pedirá cuentas de nuestras acciones! Pero para que a nuestra casa común se le garantice el cuidado adecuado, tenemos que constituirnos en un nosotros cada vez más grande, cada vez más corresponsable, con la firme convicción de que el bien que hagamos al mundo lo hacemos a las generaciones presentes y futuras. Se trata de un compromiso personal y colectivo, que se hace cargo de todos los hermanos y hermanas que seguirán sufriendo mientras tratamos de lograr un desarrollo más sostenible, equilibrado e inclusivo. Un compromiso que no hace distinción entre autóctonos y extranjeros, entre residentes y huéspedes, porque se trata de un tesoro común, de cuyo cuidado, así como de cuyos beneficios, nadie debe quedar excluido.

El sueño comienza

El profeta Joel preanunció el futuro mesiánico como un tiempo de sueños y de visiones inspiradas por el Espíritu: «derramaré mi espíritu sobre todo ser humano; sus hijos e hijas profetizarán; sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (3,1). Estamos llamados a soñar juntos. No debemos tener miedo de soñar y de hacerlo juntos como una sola humanidad, como compañeros del mismo viaje, como hijos e hijas de esta misma tierra que es nuestra casa común, todos hermanos y hermanas (cf. Fratelli tutti, 8).

Oración

Padre santo y amado,
tu Hijo Jesús nos enseñó
que hay una gran alegría en el cielo
cuando alguien que estaba perdido
es encontrado,
cuando alguien que había sido excluido, rechazado o descartado
es acogido de nuevo en nuestro nosotros,
que se vuelve así cada vez más grande.

Te rogamos que concedas a todos los discípulos de Jesús
y a todas las personas de buena voluntad
la gracia de cumplir tu voluntad en el mundo.
Bendice cada gesto de acogida y de asistencia
que sitúa nuevamente a quien está en el exilio
en el nosotros de la comunidad y de la Iglesia,
para que nuestra tierra pueda ser,
tal y como Tú la creaste,
la casa común de todos los hermanos y hermanas. Amén.

Roma, San Juan de Letrán, 3 de mayo de 2021, Fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago.

Francisco

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Declaraciones de Mons. Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén

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Desgraciadamente, no es la primera vez, y me temo que ni siquiera la última, en la que tendremos que hacer frente a estas explosiones de violencia y guerra en Tierra Santa. Estos estallidos de violencia sólo dejarán más escombros, muertes, animadversiones y sentimientos de odio, pero no traerán ninguna solución. Veremos acusaciones mutuas sobre el uso del poder, probablemente recurriremos a los tribunales internacionales, acusándonos mutuamente, pero al final, todo será como antes, hasta la próxima crisis.

Hasta que no nos decidamos a afrontar realmente los problemas que afligen a estos países y a estos pueblos desde hace décadas, me temo que nos veremos obligados a asistir a más violencia y a otras desgracias.

Jerusalén es el corazón del problema y esta vez fue la chispa que incendió el país. Como es sabido, todo comenzó con la conocida cuestión de Shekh Jarrah, que se ha presentado como una cuestión jurídica. Sin embargo, como ya hemos reiterado en nuestra anterior declaración, también es evidentemente una decisión política para una mayor expansión de los asentamientos israelíes en Jerusalén Oriental. Es una decisión que cambia el ya muchas veces roto equilibrio entre las dos partes de la ciudad y esto crea tensiones y sufrimiento. Sin embargo, esta crisis indica que esta metodología no funciona y que no se puede imponer ninguna solución a Jerusalén. La solución sólo puede ser el resultado del diálogo entre israelíes y palestinos, que deberán hacer suya la vocación abierta, multirreligiosa y multicultural de la ciudad.

Lo que se ha dicho sobre Jerusalén puede extenderse a toda la cuestión israelí-palestina. El pueblo palestino lleva años esperando una solución digna, un futuro sereno y pacífico, en su tierra, en su país. Sin embargo, para ellos no parece haber lugar en el mundo y, antes de poder vivir con dignidad en su país, son continuamente invitados por las distintas cancillerías a esperar un futuro desconocido y continuamente aplazado.

Pero aún más preocupante ha sido la explosión de violencia en las ciudades mixtas de Israel, donde siempre han convivido judíos y árabes y de la que creo que se ha hablado poco en los medios de comunicación internacionales. Hemos sido testigos de la violencia, de las patrullas organizadas, de los intentos de linchamiento por parte de ambos bandos, judíos y árabes… una explosión de odio y rechazo al otro que probablemente se venía gestando desde hace tiempo y que ahora ha emergido violentamente y ha encontrado a todos desprevenidos y asustados.

Todo esto es el resultado de años de un lenguaje político violento, de una cultura y una política de rechazo al otro, de desprecio. Poco a poco, estas actitudes han creado una separación cada vez más profunda entre los dos pueblos, de la que quizá no nos hayamos dado cuenta hasta hoy. Llevará mucho tiempo reconstruir estas relaciones profundamente heridas. Tendremos que trabajar junto a muchas personas de todos los credos, que todavía creen en un futuro juntos y están comprometidos con él. Son muchos. Pero necesitan apoyo, alguien que pueda llevar su voz a todo el mundo.

Tendremos que empezar a reconstruir de nuevo las relaciones entre todos nosotros y, en este sentido, será prioritario partir del doloroso descubrimiento de estos días, es decir, del odio que albergaba sobre todo en el corazón de los jóvenes. No debemos cultivar ni permitir que se desarrollen sentimientos de odio. Debemos asegurarnos de que nadie, ya sea judío o árabe, se sienta rechazado. Tendremos que ser más claros a la hora de denunciar lo que divide. No podemos conformarnos con los encuentros interreligiosos por la paz, pensando que con esas iniciativas hemos resuelto el problema de la convivencia entre nosotros. Además de esto tendremos que hacer una opción real para que en nuestras escuelas, en nuestras instituciones, en los medios de comunicación, en la política, en los lugares de culto, resuene el nombre de Dios, del hermano y del compañero de vida. Tendremos que aprender a estar más atentos al lenguaje que utilizamos y tomar conciencia de que la reconstrucción de un modelo serio de relaciones entre nosotros requerirá mucho tiempo, paciencia y valor. Necesitaremos una nueva alianza entre personas de buena voluntad que, independientemente de la fe, la identidad y la visión política, sientan al otro como parte de sí mismos y deseen comprometerse a vivir con esta conciencia.

Esta crisis debe devolver al centro de la agenda internacional la cuestión entre Israel y Palestina, que últimamente parecía olvidada y superada, pero que, sin embargo, siempre ha seguido siendo una herida dolorosa. La herida sólo se cubrió, se ocultó, pero nunca se curó. Una vez retirada la venda que la cubría, volvió a ser visible y dolorosa, quizá incluso más que en el pasado.

Os invito a rezar por la Iglesia de Jerusalén, para que sea una Iglesia que vaya más allá de los muros y las puertas cerradas; que cree, anuncie y construya la paz, pero «no como la da el mundo» (Jn 14,27). De hecho, ya hemos sido testigos demasiadas veces de anuncios de paz traicionados y ofendidos. La Iglesia tendrá que construir la paz que es fruto del Espíritu, que da vida y confianza, siempre de nuevo, sin cansarse nunca.

Su Beatitud Mons. Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén

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Cáritas facilita la vacunación a personas sin hogar en La Línea de la Concepción

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El Centro de Día, que gestiona Cáritas Diocesana de Cádiz, para personas sin hogar de La Línea de la Concepción acogió, en el día de ayer, la vacunación de las personas participantes en el proyecto de atención social que se desarrolla en dicho centro. La vacunación ha sido posible llevarla a cabo gracias a la colaboración del Servicio Andaluz de Salud a través de dos enfermeros que son, además, voluntarios en el proyecto de calle «Café y Calor».

En total han sido 16 las personas que han recibido la vacuna. En concreto, la vacuna administrada ha sido la perteneciente al laboratorio Janssen por necesitar una única dosis, adaptándose mejor así a sus circunstancias personales. Los profesionales sanitarios que han llevado a cabo la vacunación, además, han informado a los participantes sobre los síntomas y efectos secundarios que podrían sentir y les han dado nociones básicas de seguridad para proteger su salud y la de las personas con las que se relacionen.

Hasta el momento se han vacunado la casi totalidad de las personas que acuden de forma regular al proyecto, aunque también tendrán la posibilidad de hacerlo los nuevos que puedan llegar gracias al compromiso del Centro de Salud al que pertenecen los dos sanitarios.

Con este acto de vacunación, el primero entre los centros sociales que atienden a personas sin hogar en La Línea de la Concepción, se avanza en la protección frente a la COVID19 de las personas sin hogar.

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LOS SEMINARISTAS DE LA DIÓCESIS NOS INVITAN A PARTICIPAR EN LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS

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El próximo 22 de mayo a las 21hrs la Parroquia de Madre de Dios de Jerez de la Frontera el Seminario Diocesano celebrará la Vigilia de Pentecostés.

El próximo 22 de mayo a las 21hrs en la Parroquia de Madre Dios de Jerez de la Frontera, sede de la Diócesis, los Seminarios Diocesanos celebrarán la Vigilia de Pentecostés. Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, esta celebración será el momento perfecto para orar y profundizar en torno a una tan importante para toda la Iglesia como la Solemnidad de Pentecostés.

Asimismo, como Iglesia Diocesana nos unimos para celebrar la llegada del Espíritu Santo y rezar por las vocaciones de nuestros seminarios, el corazón de la Diócesis, del que saldrán los futuros sacerdotes de nuestra parroquias y templos.

Por último, recordamos que el 23 de mayo D. Federico Mantaras, Administrador Diocesano de Asidonia-Jerez presidirá la Solemnidad de Pentecostés a las 19hrs en la Plaza de Toros junto a la Real Hermandad del Rocío de Jerez. Esta eucaristía podrán seguirla en directo a través de 7 TV y 8 TV.

PINCHA AQUÍ PARA VER EL VÍDEO SOBRE LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS

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Ecología Integral Sevilla organiza el I Encuentro digital ´De Roma a mi parroquia´ en la semana Laudato Si

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Ecología Integral Sevilla organiza el I Encuentro digital ´De Roma a mi parroquia´ en la semana Laudato Si

El Grupo Ecología Integral Sevilla organiza el I Encuentro digital ´De Roma a mi parroquia´, este jueves 20 de mayo, como parte de las iniciativas propuestas para la Semana Laudato Si`, que celebra la Iglesia del 16 al 25 de mayo.

El encuentro será a las siete de la tarde y contará con la participación de Tebaldo Vinciguerra, miembro del Área de Ecología y Creación en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano; Isabel Cuenca, secretaria de Justicia y Paz Sevilla y miembro del grupo de Ecología Integral; Isaac Sánchez y Enrique Belloso.

La sesión podrá seguirse en directo a través de la cuenta en instagram de Ecología Integral @ecologiaintegraljpsevilla

Sobre la Semana Laudato Si

Para celebrar el final del Año Especial de Aniversario de la Laudato Si’, el Papa Francisco invita a los 1.300 millones de católicos del mundo a participar con alegría en la Semana Laudato Si’ 2021, que se celebrará del 16 al 25 de mayo.

La celebración, patrocinada por el Vaticano, reunirá a los católicos para regocijarse con los grandes progresos realizados para llevar Laudato Si’ a la vida y para planificar una acción fuerte de cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Biodiversidad (COP15), la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) y la década que empieza.

El tema de la semana de celebración es «porque sabemos que las cosas pueden cambiar» (Laudato Si’ 13).

El evento coincide con el sexto aniversario (24 de mayo) de la conclusión de la encíclica por parte del Papa Francisco. Laudato Si’ ha animado a las comunidades católicas de todo el mundo a trabajar contra la crisis ecológica y la emergencia climática.

Más información sobre la programa oficial aquí

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“Jesucristo ha venido para enseñarnos a vivir”

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Homilía en la Eucaristía del Sacramento de la Confirmación en la S.I Catedral el 19 de mayo de 2021.

Muy queridos hijos, los que os vais a confirmar:

Cómo le pido al Señor que pudiera transmitiros todo el gozo, toda la alegría, que hay en ser cristiano; todo el tesoro que significa poder vivir de la vida que Jesucristo ha venido para compartir con nosotros. Y, veréis, no es que Él haya venido para enseñarnos unas prácticas o unas cosas, que es lo que llamamos la vida cristiana. Jesucristo ha venido para enseñarnos a vivir, a ser hombres y mujeres capaces de afrontar la vida, no sólo con nuestras capacidades y con nuestras fuerzas, que sirven para lo que sirven, son útiles, son necesarias pero que tienen una utilidad limitada. Limitada para esta vida. Mientras que el don de la vida que el Señor nos ha dado ya al crearnos, nos ha dado una vida que está llamada a cumplirse en Dios.

Hay una frase de san Agustín que lo resume y que resume toda la visión del hombre, del ser humano, tanto hombre como mujer, pero que resume la condición humana en una frase muy sencilla: “Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que descanse en Ti”. No es que la vida en Dios, o la vida eterna, sea una vida de descanso que nos resultaría muy aburrido y a veces, cuando nos imaginamos el Cielo lo imaginamos… es una plenitud de vida que no tiene resaca, que no genera fatiga, que no nos cansa, que no nos termina aburriendo, como nos terminan cansando y aburriendo todas las realidades de este mundo. Y siendo una fuente de gozo, pero también de fatiga, de insatisfacción, de inquietud, nuestro corazón está siempre inquieto porque está hecho para Dios. Para el Dios que es Amor. Estamos hechos para un amor que no tenga límites, que no tenga condiciones, infinito en definitiva. Ese amor infinito es Dios que nos ha creado y luego nos ha entregado a Su Hijo, para que Su Hijo nos comunique la vida de hijos de Dios. Eso que San Pablo describía con una frase también muy expresiva y significativa: “La libertad gloriosa de los hijos de Dios”. ¿Qué es esa libertad?, ¿la libertad de hacer lo que nos da la gana? No, porque eso normalmente conduce a la esclavitud con respecto a nuestros instintos, a nuestros movimientos más bajos, a la envidia, al egoísmo, a la violencia de unos con otros. La libertad de los hijos de Dios es la libertad de no depender de las circunstancias. Si queréis, no depender ni siquiera del afecto que me puedan tener o no tener los demás. No depender ni siquiera de la salud, porque la vida está construida sobre una roca que es el amor infinito de Dios, el amor eterno de Dios y nada es ni más grande, ni más poderoso que ese amor.

Ser cristiano es haber encontrado ese amor. Decía el Papa Benedicto XVI en uno de sus primeros textos: “El cristianismo no consiste en una serie de creencias, o en una serie de principios morales”. El cristianismo es haberse encontrado con Jesucristo. El encuentro con Jesucristo nos permite ser nosotros mismos en plenitud. El encuentro con Jesucristo fortalece nuestra persona, enriquece, hace florecer nuestra persona. Nos hace crecer como personas, crecer en nuestra capacidad de comprender la vida, no porque entendamos mejor la estructura del átomo, o porque entendamos mejor las distancias, o las realidades de las galaxias, sino porque entendemos mejor qué es lo que significa vivir y para qué estamos en la vida. Qué es, en definitiva, mucho más importante que todos los otros conocimientos.

Entendemos mejor qué es nuestro bien, qué es el bien de todos y qué es el mal. Entendemos mejor cuál es nuestro destino y nuestra vocación, que no es simplemente triunfar en este mundo y luego envejecer y morir, sino la vida eterna, la vida divina, la vida de Dios. Ese es nuestro destino. Eso es lo que hemos aprendido en Jesucristo. Eso es lo que nos ha dado al entregarSe a nosotros en la Pasión y en la muerte. Sembrando, por así decir, en nuestra tierra Su vida divina, para que pueda florecer en nuestra humanidad.

Pero Jesús no ha venido para enseñarnos unas prácticas, que son las prácticas de los buenos cristianos. Jesús ha venido para enseñarnos a vivir, a ser hombres y mujeres en plenitud, capaces justo de comprender mejor el por qué profundo, el significado profundo de la vida, de ser verdaderamente libres y de ser capaces de amar con un amor más parecido al que Dios nos ama, que es la tarea importante de la vida: aprender a quererse. La más importante. Aprender a querernos como Dios nos quiere a nosotros y de la manera más parecida a como Dios nos quiere a nosotros.

Jesucristo nos dio Su vida y nos dio Su Espíritu en el Calvario, en la cruz, cuando se entregó por entero a nosotros. Y triunfó sobre el pecado y sobre la muerte con Su amor sin límites, con un amor que es más fuerte que la muerte. Y ha dejado Su Espíritu en su Iglesia para comunicárnoslo a nosotros. Ha dejado ese amor Suyo en Su Iglesia para comunicárnoslo a nosotros. Y eso es lo que nos comunican los Sacramentos que son gestos de Jesucristo que Él confía a Su Iglesia a través de los cuales la vida nueva que Jesús nos ha obtenido, una vida de fe, de esperanza, de amor, o si queréis, como yo lo expresaba haciendo referencia a nuestras facultades humanas, conocimiento del significado de la vida, de libertad. Grandiosa la libertad que Cristo nos da, que tiene que ver también con la esperanza y la liberación del miedo, especialmente del miedo a la muerte, y de amor.

A través de los gestos de la Iglesia Jesús nos comunica esa vida y nos la ha comunicado ya en el Bautismo. Pero todos vosotros os bautizasteis cuando erais muy pequeños, porque vuestros padres, con buen sentido, querían que recibierais esa vida desde el primer momento; que pudierais tenerla y crecer ya, por así decir, en el seno de esta familia que es la Iglesia, y teniendo esta vida que es el conocimiento del Señor. Sin embargo, la Iglesia Católica Romana ha querido que se separe del Bautismo este gesto, que es la Confirmación, que es como una segunda firma, como un segundo sello que da el Señor a la Alianza de amor hecha con vosotros. Y lo pone en una edad en la que nosotros somos capaces de darnos cuenta que acoger al Señor en nuestras vidas es un regalo inmenso. Como todos los regalos llevan consigo una responsabilidad, pero yo no voy a insistir en la responsabilidad sino en el regalo. Basta que encuentres un buen amigo y si lo encuentras, lo normal es que tú respondas a esa amistad y tu corazón te pida responder a ella. Y, en cambio, si no encuentras un buen amigo, da lo mismo que te hablen mucho de las obligaciones que uno tiene para con los amigos… a mi me importa que conozcáis a Jesucristo, me importa que tengáis la experiencia del regalo que Jesucristo os hace de Su vida, y la responsabilidad sale casi sola, sin necesidad de que nos la recuerden demasiado. Si uno tiene algo precioso, lo protege, lo cuida. Y tener a Jesucristo es lo más precioso, lo más precioso que podéis tener en la vida, os lo aseguro. Y diréis: ¿para qué me sirve? Bueno, paciencia, lo iréis viendo. Iréis viendo que si uno tiene a Jesucristo, puede uno perderlo todo y no perder la paz, ni siquiera la alegría aun en medio de los dolores más grandes de perder a un padre, a una madre, a un ser querido; en medio de ese dolor puede uno tener la certeza de que nuestro destino no termina con la muerte, que la muerte no tiene la última palabra, nunca. Y no nos separa nunca para siempre.

En realidad, ni siquiera nos separa del todo. Sólo nos separa en un cierto aspecto y, en cambio, puede uno tener el mundo entero, puede uno tenerlo todo y si te falta Jesucristo, si te falta la gracia y el amor a Jesucristo, de que Él es fiel y no te deja, no te abandona, ni deja de quererte, de ser el mejor amigo. Si eso te falta, pues la vida se hace, a veces, muy pesada, casi siempre. Uno termina haciéndose escéptico, cínico y en el fondo fingiendo siempre que está muy contento, pero uno se da cuenta de que en un mundo en el que Dios falta, visiblemente, o la conciencia de la presencia de Dios falta en nosotros y en nuestra sociedad, la alegría verdadera es un bien cada vez más escaso, más ausente de la experiencia humana, hasta de la experiencia de las mismas familias, de los mismos matrimonios.

Por eso os decía yo, Le pido al Señor, con mi pobreza y toda la distancia de edad que hay con vosotros, poder deciros y grabar en vuestro corazón que haber conocido a Jesucristo es el bien más precioso, y que ser cristiano es lo más grande que a uno le puede pasar. Y que tener al Señor es un regalo inmenso que llena la vida de buen gusto, de alegría, de capacidad de darse y de ganas de vivir.

El Señor Se nos da –os decía- en los gestos de los Sacramentos. Y en la Confirmación es Él quien confirma la Alianza de amor que ha hecho con cada uno de vosotros en la cruz. El amor con el que el Señor os ama no proviene de la cruz, no proviene del día del Calvario, del Viernes Santo. Proviene de toda la eternidad. Cuando Dios dice te quiero, cuando Dios nos crea, ha pensado en nosotros desde toda la eternidad. Nos ha amado tal como somos desde toda la eternidad y nos amará para siempre. Nos quiere para siempre. Dios no se cansa. Y eso es lo que en esta tarde, Jesucristo, a través de mis pobres manos y pequeños gestos de la imposición de las manos y de la unción, os va a confirmar. Que Él estará con vosotros para siempre. Que nunca os faltará el Espíritu de Dios, para iluminar vuestro camino, para iluminaros en el camino de la vida, para acompañaros, para que nunca estéis solos, para que sepáis que Jesús está con vosotros; para que podáis llamar a Dios “Padre” y podáis abandonar vuestras vidas en las manos de ese “Padre”, que tiene hasta los cabellos de vuestra cabeza contados.

Vamos, pues, a vivir… Os decía que hemos venido a disfrutar en este momento. Vamos a vivir el Sacramento con sencillez, con gozo, recibiendo el regalo que el Señor nos da y pidiéndoLe que el Espíritu Santo, que os hace hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, florezca y fructifique en vuestras vidas de una manera preciosa, para que vuestras vidas sean a su vez un regalo y un testimonio de la belleza de una vida llena de Cristo en medio de este mundo tan necesitado de Jesucristo y de la esperanza, de la alegría que nace de Jesucristo.

Comenzamos, pues, con la profesión de fe que no es la recitación de un ideario. Es algo que le decís al Señor. No me lo decís a mí; ni me lo decís a mí ni a la comunidad cristiana, se lo decís al Señor. Y es un “sí” en el que le decís al Señor que le conocéis, que esperáis de Él lo que sólo podéis esperar de un amor infinito, que es el perdón de los pecados, no de unos poquitos pecados, sino de todos los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Sólo un amor infinito y todopoderoso es capaz de dárnoslo. Entonces, Le decía al Señor: “Yo te conozco, sé que eres Padre de Jesucristo, te he conocido en Jesucristo, conozco el Espíritu de Tu Hijo que voy a recibir, y espero de Ti esos bienes inmensos, que son el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna”.

Y con esa condición pasamos al Sacramento de la Confirmación.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada
19 de mayo de 2021
S.I Catedral de Granada

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Finalizó la Visita Pastoral del Obispo a El Hierro

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La tarde del martes finalizaba la Visita Pastoral que el Obispo ha realizado a la isla de El Hierro. Entre el 8 y el 18 de mayo, el prelado nivariense ha podido acercarse a la vida y realidad pastoral de la isla del meridiano. En este sentido, celebró la eucaristía en las 8 parroquias existentes, en una de las cuales presidió la Misa de la llamada Primera Comunión, pudo encontrarse y dialogar con los agentes de pastoral, enfermos, responsables públicos, madres y padres, alumnos de Enseñanza Religiosa, sanitarios, personas mayores, personal de la Salvamar, catequizandos, y con cuantos quisieron participar en las distintas iniciativas planteadas.

La Visita fue preparada por el clero con servicio en la Isla y el consejo arciprestal. Fue precedida de un informe presentado al obispo y a la vicaría general con los datos actualizados de la vida socio-pastoral de los lugares en los que posteriormente se hace presente el pastor diocesano. Bernardo Álvarez ha mostrado su satisfacción por la oportunidad de pasar un tiempo más largo y reposado con las personas acompañando el devenir de la iglesia que vive y peregrina en la isla del meridiano.

La última Visita Pastoral la había realizado Bernardo Álvarez en 2013.

La iniciativa constituye una oportunidad para reanimar y, si es necesario, revitalizar las energías de las personas corresponsables en la obra evangelizadora de la Iglesia en sus distintos campos de acción. Es una oportunidad para agradecerles el trabajo y, también, para animarlos y consolarlos ante las dificultades y obstáculos. Asimismo, es una oportunidad para examinar el funcionamiento y la eficiencia de las iniciativas destinadas al servicio pastoral.

En suma,  se trata de  una acción apostólica que el obispo debe cumplir animado por la caridad pastoral, que lo presenta como principio y fundamento visible de la unidad y la comunión en la Iglesia particular. Para las comunidades e instituciones que la reciben, la visita ha de ser un evento de gracia y alegría que trata de hacer cercana la presencia de Jesucristo, el buen pastor.

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Comunicado sobre la situación en Ceuta y Melilla

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El Departamento de Migraciones de la CEE acoge con preocupación la situación que se está produciendo en Ceuta y Melilla.

Apelando al valor supremo de la vida y la dignidad humana, recuerda que la desesperación y el empobrecimiento de muchas familias y menores no puede ni debe ser utilizado por ningún Estado para instrumentalizar con fines políticos las legítimas aspiraciones de estas personas.

«La mejor política puesta al servicio del bien común»

Muestra su solidaridad con las diócesis de Cádiz y Ceuta y Málaga y Melilla, de reconocida trayectoria en la atención y acogida a migrantes, así como con las necesarias iniciativas en ambas ciudades autónomas, para acoger integralmente y custodiar los derechos de las personas migrantes, especialmente de los menores. Invita a mantener actitudes de convivencia pacífica y reclama a todos los niveles, “la mejor política puesta al servicio del bien común” (Fratelli tutti, 154).

D. José Cobo, obispo auxiliar de Madrid
Obispo responsable del
Departamento de Migraciones de la CEE

Xabier Gómez OP
Director del Departamento
de Migraciones CEE

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Primera Marcha Misionera online organizada por el Secretariado de Misiones Divino Maestro

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El Secretariado de Misiones Divino Maestro quiere alcanzar el millón de ‘pasos solidarios’ de manera telemática con la ayuda de todos sus centros, presentes en España, Colombia, Perú, Venezuela, Congo e Italia. La recaudación irá destinada al proyecto de la congregación en Tigre (Venezuela).

 El próximo 22 de mayo de 2021, el Secretariado de Misiones Divino Maestro celebrará la Iª Marcha Misionera online, con el compromiso de ayudar y solidarizarse con aquellas comunidades educativas que necesitan apoyo económico, sobre todo en estos complicados momentos en los que nos encontramos. Precisamente, debido a esta situación de pandemia, la marcha está pensada para realizarse de manera virtual.

La intención principal de esta actividad es reunir a todos los Centros y Comunidades Divino Maestro de España, Colombia, Perú, Venezuela, Congo e Italia. Además, cualquier persona se puede adherir y participar en la marcha. El propósito es el de lograr, entre todos, la cifra significativa de un millón de pasos solidarios.

Los participantes en esta Iª Marcha Misionera online podrán seguir desde donde se encuentren, a través de sus dispositivos móviles, una emisión en directo del recorrido de la marcha, dando así posibilidad de realizar este evento misionero solidario desde el hogar, en la calle, en la naturaleza, andando, corriendo, en bicicleta… Esta marcha nos da la oportunidad de contribuir para que haya una vida digna para todos, ayudando a los más vulnerables de nuestra sociedad. Sin importar el lugar, el espacio, nos ponemos en marcha para avivar la esperanza de los pobres.

Además de fomentar la solidaridad en nuestros alumnos, con la Marcha se incentivan hábitos de vida saludable, al tratarse de una propuesta en la que cada persona ha de caminar un mínimo de 300 pasos en casa o en el lugar que elija para realizarlo.

 Cómo participar
Para formar parte de este bonito reto solidario tan solo es necesario enviar un correo electrónico a secretariadodemisionesdm@gmail.com; o contactar vía WhatsApp a través del número: 636 860 059. La aportación simbólica por persona es de 1 euro, y se podrá abonar mediante la plataforma gratuita de Bizum, en el número de ONG 02609. Una vez realizada la inscripción, recibirá el dorsal virtual por e-mail.

 Fecha de convocatoria

  • Día: 22 de mayo de 2021.
  • Hora: 17:30 en España y Congo; 10:30 en Colombia y Perú; 11:30 en Venezuela.

Destino
La recaudación de esta Iª Marcha misionera online irá destinada al Centro Divino Maestro de El Tigre (Venezuela). El Tigre es un municipio del Estado Anzoátegui, situado al oriente de Venezuela. Cuenta con una población de aproximadamente 300 mil habitantes, distribuidos en unos 120 sectores.

Siempre fue una ciudad alegre y bulliciosa con un pueblo noble, honrado y trabajador, en la cual convergen distintas tradiciones culturales producto de las distintas migraciones.

Entre sus calles y edificaciones se perciben los vestigios de lo que fue un lugar próspero, de gente trabajadora dedicada al intercambio comercial. La actualidad social lo marca la inseguridad, la escasez de oportunidades de progreso para los ciudadanos que viven del trabajo cotidiano y poco remunerado. Aun cuando está situado en una zona petrolera, lejos está la bonanza y producción de viejos tiempos.

Diversas periferias confluyen entre sí para constituir lo que es hoy su realidad socioeconómica: comercio informal, éxodo migratorio, familias disgregadas, acceso limitado a una alimentación completa y adecuada, entre otros. La economía está en manos de comerciantes chinos y árabes lo que supone estar a merced de los precios al alza de acuerdo al valor del dólar, con una realidad de sueldos en bolívar sin valor adquisitivo y en el peor de los casos sin ningún tipo de entrada salarial. Este sistema de economía empobrece cada vez más a la población.

La sencillez de sus gentes y la esperanza que no conoce de límites, hacen de este pueblo un ejemplo de lucha en medio de las dificultades de cada día, se pueden palpar los milagros de supervivencia en los que unas familias más que otras viven su arraigo a esta ciudad de gente alegre y trabajadora. Su devoción a la Virgen del Valle, Patrona de Oriente, sostiene los sufrimientos de esta gente noble en donde está asentado nuestro Colegio Divino Maestro desde hace 66 años.

Comunicación del Divino Maestro

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