Inicio Blog Página 4631

Monseñor Saiz comunica los destinos pastorales a los recién ordenados diáconos y presbítero

0

Monseñor Saiz comunica los destinos pastorales a los recién ordenados diáconos y presbítero

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha comunicado sus destinos pastorales al sacerdote y a los nuevos diáconos que fueron ordenados el pasado sábado 18 de septiembre, en la Catedral de Sevilla.

El presbítero Jesús Espinar ha sido destinado como vicario parroquial de Santa María del Alcor, del Viso del Alcor. Por su parte, los diáconos seminaristas:  Rubén Blasco a la Parroquia Nuestro Padre Jesús y San Sebastián, de Lora del Río; Jesús García a la Parroquia Santa María y San Sebastián, de Estepa; Alejandro García a la Parroquia Santa María La Mayor, de Pilas y al Seminario Menor; Victoriano Martín a la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Genoveva, de Sevilla; Manuel Mena, a la Parroquia San Sebastián, de Sevilla; Manuel J. Robledo a la Parroquia Santa María del Alcor, del Viso del Alcor; Francisco J. Sancho a la Parroquia Ntra. Sra. de la Antigua y Beato Marcelo Spínola, de Sevilla; Aniceto Vadillo a la Parroquia Santa María Magdalena, de Sevilla.

Gumersindo Melo ha sido nombrado administrador parroquial de San Julián y Santa Marina y Juan José González González (CM), párroco de San Gonzalo.

Noticia relacionada: La Archidiócesis de Sevilla se congratula por las ordenaciones de un presbítero y ocho diáconos  

Ver este artículo en la web de la diócesis

Salir, caminar y sembrar, objetivos de ACG para el nuevo curso

0

Acción Católica General (ACG) realizará este fin de semana su asamblea de inicio de curso, un encuentro de laicos de parroquia, en la Casa Stella Maris de Los Urrutias.

Bajo el lema Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo… con obras y palabras, comenzará la asamblea el sábado, tras la acogida, con un tiempo de retiro espiritual hasta la comida; por la tarde tendrán un momento para revisar y programar el nuevo curso; finalizando la jornada con una oración.

El domingo, por la mañana, estará dedicado a la formación bajo el título Sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. La asamblea finalizará con la celebración de la Eucaristía y la comida.

«Desde la Comisión Diocesana seguimos trabajando por animar, acompañar y servir a las distintas realidades de ACG de nuestra Diócesis. Somos conscientes de los difíciles momentos que atravesamos a raíz de la pandemia, pero también somos testigos del germen de esperanza que este momento está suponiendo para la Evangelización en nuestras parroquias».

La entrada Salir, caminar y sembrar, objetivos de ACG para el nuevo curso aparece primero en Diócesis de Cartagena.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Nada más urgente que anunciar a Jesucristo

0
Estamos iniciando un nuevo curso. El Papa Francisco nos ha pedido una transformación misionera de la Iglesia, de modo que todo se ponga al servicio de la evangelización (cf. Evangelii Gaudium, 27). San Pablo VI dijo que “la iglesia existe para evangelizar” (Evangelii Nuntiandi, 14), pues el Señor Jesús nos envió a proclamar el Evangelio a toda la creación (cf. Mc 16, 15). Por esto quisiéramos ser una Iglesia viva que sale a anunciar el Evangelio. No existe para la Iglesia tarea más importante ni más urgente que anunciar la Buena Noticia de Jesús. Este ha de ser también el criterio para discernir lo que es importante en la vida de las parroquias o de una comunidad cristiana. Cualquier acción de la Iglesia debe someterse a esta pregunta: ¿sirve para evangelizar? ¿ayuda a acercar a los hombres (los jóvenes, los niños, los matrimonios, etc.) a Cristo? Así lo recuerda el Papa Francisco cuando pide que nuestras comunidades sean más misioneras y “que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad” (Evangelii Gaudium n. 27). Hay muchas cosas buenas que ocupan la vida de la Iglesia, pero no hay nada más urgente que anunciar a Jesucristo. Dice San Pablo que la fe depende del anuncio (cf. Rom 10, 17). A través de nuestra palabra se puede producir la conversión del corazón, que hace posible el encuentro entre el hombre y Dios.
En este sentido tiene una particular importancia acompañar a las personas, a las familias, a los grupos, a las comunidades cristianas, a los ámbitos pastorales, a las instituciones, a las hermandades. Pensar en cómo podemos acercarnos a tantas personas cercanas o lejanas, que tienen sus dificultades, dudas, luchas, preocupaciones, nos hace ser fraternos y evangelizar atendiendo las necesidades de los demás, de cuantos viven la fe o se han alejado de ella, a los que viven en la indiferencia y también a los que, aun estando integrados en la Iglesia, viven rutinariamente o sin experiencia de la cercanía de Dios. Todo esto comporta una mentalidad, una forma de estar y hacerse presente, donde lo prioritario es amar y acompañar al prójimo con la caridad de Cristo. En primer lugar, hemos de ser testigos de Cristo –a quien estamos unidos por una relación personal íntima y cordial—, que nos lleva al olvido de nosotros mismos para hacer su voluntad por amor. De este modo ponemos también al servicio de los demás el carisma que cada uno ha recibido, sabiendo que todos formamos parte de una misma familia.
La verdadera fe se manifiesta en gestos de amor, de caridad, de cercanía a los necesitados, con la certeza de que el otro es un hermano, un hijo del mismo Padre. La fe suscita el amor, que nos da la fuerza para seguir viviendo y actuando y consigue desplazar la mirada narcisista de nosotros mismos para comenzar a pensar en los demás. Con esta actitud se fortalece también el tejido visible de nuestra Iglesia. Hemos de anunciar a Cristo, sin duda. Lo haremos pregonando la Palabra de Cristo, la fe de la Iglesia, siempre en nombre de la Iglesia, proponiendo la Verdad que es Cristo mismo, su Palabra, su modo de vivir, y, en definitiva, su Amor contagioso y benévolo que transforma los corazones. Urgidos por la caridad de Cristo hemos de salir al encuentro de los necesitados y los heridos de la vida, a cuantos sufren por tan variadas contrariedades, a los que se quedan al borde del camino.
 «Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios» (1 P 4, 10), dice San Pedro. Pues bien, que el Señor nos guíe y fortalezca para ser fieles a la apasionante misión que ha puesto en nuestras manos, permaneciendo firmes en la fe y consolidados en la esperanza que nos lleva a confiar más en Dios superando las pruebas.
+ Rafael Zornoza 

La Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado con el lema: Hacia un “nosotros” cada vez más grande

0

La Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado con el lema: Hacia un “nosotros” cada vez más grande

La Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (JMMR) desde 1914, una ocasión para expresar su preocupación por las diferentes categorías de personas vulnerables en movimiento y para rezar por ellas mientras enfrentan múltiples desafíos.

La JMMR se celebra el último domingo de septiembre y el lema elegido por el Santo Padre para esta edición es Hacia un “nosotros” cada vez más grande. Al respecto, el papa Francisco expresó que “para los miembros de la Iglesia este llamamiento se traduce en un compromiso de fidelidad a su ser católicos, cumpliendo lo que san Pablo recomendaba a la comunidad de Éfeso: Uno solo es el Cuerpo y uno solo el Espíritu, así como también una sola es la esperanza a la que han sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”.

En efecto, “la catolicidad de la Iglesia, su universalidad, es una realidad que pide ser acogida y vivida en cada época, según la voluntad y la gracia del Señor que nos prometió estar siempre con nosotros, hasta el final de los tiempos”, reflexionó el Papa.

Un mundo cada vez más inclusivo

Por tanto, a todos los hombres y mujeres del mundo dirige su llamamiento el Papa “a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, a recomponer la familia humana, para construir juntos nuestro futuro de justicia y de paz, asegurando que nadie quede excluido. El futuro de nuestras sociedades es un futuro lleno de color, enriquecido por la diversidad y las relaciones interculturales. Por eso debemos aprender hoy a vivir juntos, en armonía y paz”.

Un mundo que con la emergencia sanitaria atraviesa uno de sus momentos de mayor crisis, en el que “el ‘nosotros’ querido por Dios” parece haberse “roto y fragmentado, herido y desfigurado”. “Los nacionalismos cerrados y agresivos y el individualismo radical desmoronan o dividen el nosotros, tanto en el mundo como dentro de la Iglesia”, denuncia. “El precio más alto lo pagan los que más fácilmente pueden convertirse en los otros: los extranjeros, los migrantes, los marginados, los que habitan las periferias existenciales”.

Concretamente, explica el Pontífice, es necesario comprometerse, “cada uno a partir de la comunidad en la que vive”, para que “la Iglesia sea cada vez más inclusiva” y pueda, en consecuencia, “salir a las calles de las periferias existenciales para curar a los heridos y buscar a los perdidos, sin prejuicios ni miedos, sin proselitismo, pero dispuesta a ensanchar su tienda para acoger a todos”. “Entre los habitantes de las periferias encontraremos a muchos emigrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata, a los que el Señor quiere que se manifieste su amor y se anuncie su salvación”.

Asimismo,” los encuentros con migrantes y refugiados de otras confesiones y religiones son terreno fértil para el desarrollo de un diálogo ecuménico e interreligioso sincero y enriquecedor”, refirió el Pontífice, refirió el Papa.

Delegación Diocesana de Migraciones

Salvador Diánez, delegado de Migraciones de la Archidiócesis de Sevilla, ha expresado que “con el lema de la Jornada el Papa nos coloca de nuevo ante el horizonte de la fraternidad. Nos invita a salir de un nosotros pequeño, reducido por fronteras, intereses políticos o económicos, para ir a un nosotros incluido en el sueño de Dios, en el que vivamos como hermanos compartiendo la misma dignidad que él nos da”.

En esta línea “el papa Francisco insiste, desde hace tiempo, que como cristianos seamos capaces de hacer realidad una fraternidad abierta, que permita reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar donde haya nacido o donde habite; una fraternidad que, reconociendo la dignidad de cada persona humana, pueda hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad”.

Ante la petición del Santo Padre de “abrir el corazón a todos los pueblos y naciones de la tierra, para reconocer el bien y la belleza en cada uno, para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes, de esperanzas compartidas”, sin duda alguna, “las comunidades cristianas se enriquecen, se hacen más comunidad”, reflexionó.

“En nuestra realidad diocesana – explica Diánez – es preciso crecer en este planteamiento a la hora de acercarnos, de acompañar, de acoger al otro en toda su dimensión personal, en tanto en cuanto sujeto de dignidad como Hijo de Dios y hermano nuestro. Todas y cada una de las personas nos llevan a Dios y siempre debemos tenerlo presente para rechazar actitudes que nos alejan de Él. No es posible construir justicia sino va unida al amor al prójimo. De ahí, que consideremos a la persona migrante el sujeto que, en la comunidad, en el seno de la comunidad eclesial genera conversión, transmite y cuestiona nuestro ser misión, nuestra manera de entender el reinado de Dios”.

Para celebrar esta edición de la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, la Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, de Sevilla, acogerá una Eucaristía el domingo 26, para orar por este colectivo.

Acompañamiento espiritual

La Delegación de Migraciones valora la calidad humana y espiritual de su equipo trabajo. “Sin ellos no sería posible nada de lo que hacemos”. A esto hay que añadir, que “cada vez es mayor el compromiso, no sólo a título personal, sino a nivel colectivo; parroquias, congregaciones religiosas, entidades y movimientos eclesiales que hacen posible ir avanzando en la coordinación que desde la Delegación se pretende a nivel diocesano en materia de migración”.

Diánez describe la sencillez y a la vez, la importancia de la Delegación de Migraciones, “que desde los valores del Evangelio tiene como objetivos fundamentales la acogida, la protección, la promoción y la integración de las personas que se ven forzadas a dejar sus lugares de origen porque les resulta imposible vivir con dignidad”.

Refiere que, además, desde la Delegación acompañan la dimensión espiritual y la vivencia de su fe. “Procuramos sensibilizar a la comunidad cristiana de la trascendencia teologal que tiene el comportamiento con el migrante para nuestra fe y salvación”.

En este sentido, “la atención a los inmigrantes más pobres, la denuncia de las situaciones injustas que viven y la acogida fraterna a todos los migrantes es un signo de nuestra fe en la Muerte y Resurrección de Cristo”, expresó.

Hermano Migrante no estás solo

Sobre los retos que enfrentará la Delegación de Migraciones para este nuevo curso pastoral, explicó Diánez que son muchas las propuestas e iniciativas que pretenden llevar a cabo. “Vamos a seguir impulsando de manera decidida, junto a Cáritas Diocesana, el proyecto Hermano Migrante no estás solo. Queremos cumplir con el objetivo que nos marcamos cuando se inició el proyecto: Promover el compromiso de la Archidiócesis de Sevilla, a través de sus comunidades parroquiales, con acciones encaminadas a favorecer la acogida, el acompañamiento y la integración de las personas migrantes, desde los valores de la cultura del encuentro y la reciprocidad”.

Además, considera necesario ofrecer desde la Iglesia diocesana nuevos proyectos y programas de acogida y ayuda, “para fortalecer el contacto con los colectivos y asociaciones de personas migrantes, brindándoles colaboración e invitándolos a la participación”.

También para este curso prevén organizar de forma presencial un nuevo foro sobre “Otras formas de acogida en la Iglesia de Sevilla”.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Los Equipos de Nuestra Señora inician nuevo curso

0

Los Equipos de Nuestra Señora (ENS) celebraron el domingo la apertura de curso con una celebración de la Eucaristía, que tuvo lugar en la iglesia conventual de Nuestra Señora del Carmen, de los Carmelitas Descalzos de Caravaca de la Cruz, en la que se presentaron dos nuevos equipos: Archivel 3 y Bullas 3.

«Fue un momento de gran alegría, después de tanto tiempo sin poder juntarnos por la pandemia, encontrarnos allí todos reunidos para dar gracias a Dios», aseguran Joaquín Sánchez y Teresa Aranda, matrimonio responsable del Sector D de Murcia, señalando además que este movimiento pretende «dar más protagonismo a los matrimonios que forman los equipos».

Además de los dos nuevos equipos, en la celebración hubo una representación de equipistas de todos los sectores y del equipo responsable regional. Durante la celebración se recordó en varias ocasiones al fundador de los ENS, Frances Henri Caffarel, en el 25 aniversario de su muerte.

Galería de imágenes

La entrada Los Equipos de Nuestra Señora inician nuevo curso aparece primero en Diócesis de Cartagena.

Ver este artículo en la web de la diócesis

«Catequesis, familia en la fe»

0

El próximo domingo 26 de septiembre celebraremos el Día de la Catequesis bajo el lema “Catequesis, familia en la fe”. La delegación diocesana de este ámbito pastoral ha elaborado un guion para celebrar este día en las diversas comunidades al que se puede acceder a través de la web obispadodetenerife.es. Asimismo, está disponible el material de formación para este curso. Ambos documentos los adjuntamos al final de esta noticia.

María José Cabrera, delegada de Catequesis en nuestra diócesis ha querido expresar un mensaje de ánimo para todos los catequistas. “Desde la delegación, les enviamos todo nuestro empuje, apoyo y oración. Gracias por el servicio que realizan en tantos rincones de nuestra diócesis”.

Ver este artículo en la web de la diócesis

XVI Ciclo de Formación de las Hermandades de Penitencia de Triana- Los Remedios

0

XVI Ciclo de Formación de las Hermandades de Penitencia de Triana- Los Remedios

Las Hermandades de Penitencia de Triana y Los Remedios, en colaboración con la Delegación diocesana de Hermandades y Cofradías de la Archidiócesis de Sevilla, vuelven a organizar un año más un ciclo de formación conjunto, que alcanza su decimosexta edición.

Para facilitar la asistencia de los cofrades de las hermandades del arciprestazgo Triana- Los Remedios, las charlas formativas tendrán lugar en la sede de cuatro de las hermandades participantes, durante cuatro semanas consecutivas, y comenzando a las nueve de la noche.

En esta edición el ciclo tratará el tema “Fratelli Tutti: Claves para vivir en hermandad“, haciéndose un recorrido por la carta encíclica del papa Francisco sobre la fraternidad y amistad social.

La Basílica del Santísimo Cristo de la Expiración acogerá el martes 28 de septiembre la primera de las ponencias.

Programa 

Martes 28 de septiembre:  ‘Fratelli Tutti’. Capítulos 1 y 2. A cargo del sacerdote Óscar Díaz Malaver, vicario episcopal para la Nueva Evangelización y párroco de la de Nuestra Señora de la O, en la sede de la Hermandad del Cachorro.

Miércoles 6 de octubre: ‘Fratelli Tutti’. Capítulos 3 y 4.  Por fray Luis Javier Aguilera Fierro, O.P., vicario parroquial de San Jacinto, en la Hermandad de la Estrella.

Miércoles 13 de octubre: ‘Fratelli Tutti’. Capítulos  5 y 6. A cargo del diácono Alejandro García Morillo, en la sede de la Hermandad de las Cigarreras (Organiza la Hermandad de Pasión y Muerte).

Martes 19 de octubre: ‘Fratelli Tutti’. Capítulos 7 y 8. Por Francisco de Paula Muriel Rivas, licenciado en Derecho y antiguo oficial de junta de gobierno de la Hermandad del Museo, en la sede de la Hermandad de San Gonzalo.

Ver este artículo en la web de la diócesis

La Cruz de la JMJ dejó en Baza y en Guadix momentos de oración y emoción

0

La Cruz de la JMJ dejó en Baza y en Guadix momentos de oración y emoción

 La Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud ha visitado la diócesis de Guadix durante un  día, de 10 de la noche a 10 de la noche. Llegó a Huéscar a última hora del domingo 19 de septiembre y recorrió Baza y Guadix durante todo el lunes 20 de septiembre. Como en Huéscar, ayer lunes se vivieron momentos muy emotivos, tanto en Baza como en Guadix.

 

En ambos lugares, la Cruz y el Icono de la Virgen María, que son los dos símbolos de la JMJ que recorren el mundo convocando para la próxima JMJ de Lisboa 2023, fueron recibidos por el obispo diocesano, D. Francisco Jesús Orozco, por sacerdotes de las dos zonas, y por numerosos fieles. También, en las dos ciudades, los alcaldes salieron a recibir la Cruz, tanto en Baza, a las puertas de la iglesia de la Piedad, como en Guadix, a las puertas del ayuntamiento, cuando la Cruz y el Icono pasaban por la Plaza de las Palomas.

En Baza, la Cruz fue recibida a las puertas de la iglesia de la Patrona, la Virgen de la Piedad. Allí hubo un primer tiempo de oración. Después fue llevada en volandas a la iglesia Mayor, donde fueron muchos los niños y jóvenes, de los colegios concertados de la ciudad, que pasaron a  rezar ante estos dos símbolos que convocan a los jóvenes de todo el mundo.

Ya por la tarde, la Cruz y el Icono llegaron a Guadix. Fueron recibidos a las 5 de la tarde por el obispo y muchos jóvenes en la iglesia de la Virgen de las Angustias. Allí, tras unas palabras del prelado sobre estos dos símbolos que han recorrido el mundo y que vuelven a Guadix para convocarnos para la JMJ de 2023, se inició una procesión hasta la catedral, con cantos y mucha participación.

En la catedral, la tarde transcurrió entre momentos de oración de grupos de los colegios concertados de la ciudad y de la vida religiosa, el rezo del Rosario y la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo.

Homilía

En la homilía, el obispo hizo referencia  la historia de la Cruz de la JMJ y cómo fue entregada a los jóvenes por san Juan Pablo II en 1984.: “todos los que formamos parte de esta iglesia local, junto a los más jóvenes de nuestra diócesis, acogemos con alegría este regalo del papa san Juan Pablo II , que tanto amó a los jóvenes y los sigue amando desde el cielo; y también calentamos motores, preparamos  de esta manera la Jornada Mundial de la Juventud en agosto de 2023 en Lisboa, convocados por el vicario de Cristo, el papa Francisco, y donde nuestra diócesis tendrá que estar presente”.

También recordó cómo, ante esta Cruz, el papa Benedicto XVI animó a los jóvenes a seguir la Cruz de Cristo y a comprometerse con la Iglesia, y cómo el papa Francisco ha invitado a los jóvenes a sentirse unidos a la Cruz, a sentirse libres por Jesús y a encontrarse con el resucitado.

En alusión a la presencia de la Cruz en la diócesis accitana, dijo que “la procesión de la Cruz de los jóvenes en nuestra diócesis, acompañada de este Icono de la Virgen, está siendo un torrente de misericordia para todos los que se acercan a tocarla y venerarla. Los jóvenes de nuestra diócesis necesitan, como todos, asomarse al horizonte de la Iglesia universal, para contemplar y experimentar que el cristianismo no está pasado de moda, que Cristo no es un cuento del pasado, que hay otros muchos jóvenes con las mismas dificultades y con las mismas esperanzas que han puesto su corazón en Cristo y que esta esperanza no les ha defraudado”.

Terminada la Eucaristía, a eso de las 10 de la noche, la Cruz y el Icono fueron entregados a la diócesis de Jaén, en su peregrinación por las diócesis de España convocando para la JMJ de Lisboa-2023.

Sin duda, ha sido una jornada intensa, llena de momentos de oración, pero también de emociones, por todo lo que representa esta Cruz, que ha recorrido el mundo, ha estado en lugares donde ha habido grandes tragedias y ha presidido encuentros de millones de jóvenes. Además, es una Cruz que fue regalo del papa san Juan Pablo II a los jóvenes del mundo. Y en el día de ayer, fueron los jóvenes de la diócesis de Guadix- aunque no solo jóvenes- los que pudieron disfrutar de ese regalo, encontrarse con ella y rezar.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

 

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

El obispo preside la misa estacional de la Fiesta del Santísimo Cristo de la Luz

0

El Obispo diocesano Mons. Adolfo González Montes presidió el domingo en la alpujarreña villa de Dalías la misa estacional de la fiesta del Santísimo Cristo de la Luz. Acudió como tantas veces en los años de su pontificado a una de las fiestas más concurridas de la diócesis, sin duda la que más peregrinos atrae de todo el Poniente almeriense. Llegan los peregrinos a lo largo del septenario, para los cuales se abre un camino de especial protección para que puedan subir hasta la iglesia parroquial de Santa María de Ambrox, domicilio de la sagrada imagen de Cristo crucificado.

No faltaron autoridades locales y provinciales, y los cofrades de la Real y Muy Ilustra Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz, con el nuevo Hermano mayor al frente, elegido el pasado mes de marzo, Gabriel Lirola Aguilera. Con las limitaciones que la prudencia imponía ante el riesgo del contagio de conoronavirus-19, no pudo experimentarse la emoción de la bajada tradicional del Cristo, pero esto no fue óbice para que los fieles acudieran ante la sagrada imagen tanto para participar en las misas del día como para orar en su presencia.

El Obispo diocesano pronuncio la homilía que colgamos a continuación.

HOMILÍA CRISTO DE LA LUZ: «Siendo de condición divina, se hizo hombre Para transitar por el camino de la pasión y de la cruz»

Mostrar más

Ver este artículo en la web de la diócesis

HOMILÍA CRISTO DE LA LUZ: «Siendo de condición divina, se hizo hombre Para transitar por el camino de la pasión y de la cruz»

0

Lecturas bíblicas: Sb 2,12.17-20; Sal 53,3-6.8 (R/. «El Señor sostiene mi vida»); St 3,16-4,3; Aleluya: 2Ts 2,14 («Dios nos llamó por medio del Evangelio»); Mc 90,30-37.

Queridos hermanos y hermanas:

Un año más nos congrega con gozo el amor a Cristo Crucificado, manifestado en esta devoción popular multitudinaria a la sagrada imagen de nuestro Redentor, el Santísimo Cristo de la Luz, que desde el madero de la cruz ilumina como potentísimo foco de gracia redentora la vida de los hombres. Contemplando la llegada de los peregrinos para postrarse ante la imagen sagrada del Crucificado, vemos con gratitud al Señor cuánto ha crecido a lo largo de los años la muchedumbre que llega a esta iglesia parroquial de Santa María de Ambrox, de esta histórica villa de Dalías. Vienen a vivir el abrazo del Crucificado, que con los brazos extendidos en la cruz los acoge y les da entrada en su corazón abierto por la herida del costado. ¿Quién puede borrar de su retina la bajada de la sagrada imagen con la iglesia abarrotada de devotos que levantan sus manos hacia el Cristo de la Luz? Confieso que siempre he sentido la emoción de ver en este acto de piedad sublime cumplidas las palabras del Señor recogidas en el evangelio de san Juan: «Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32).

Vienen a vivir el abrazo del Crucificado, que con los brazos extendidos en la cruz los acoge y les da entrada en su corazón abierto por la herida del costado. ¿Quién puede borrar de su retina la bajada de la sagrada imagen con la iglesia abarrotada de devotos que levantan sus manos hacia el Cristo de la Luz?

Hoy el evangelio nos abre a la reflexión comunitaria en la fiesta del Santísimo Cristo de la Luz sobre el misterio de amor que es la cruz de Jesús. El Hijo de Dios se hizo hombre para liberar del pecado y de la muerte eterna a la humanidad alejada culpablemente de su Creador y, «apareciendo en su porte como hombre, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz» (Flp 2,7.8). El Hijo de Dios, siendo de condición divina e invisible, engendrado en el seno del Padre desde toda la eternidad, por su encarnación se hizo hombre para transitar por el camino de la pasión y de la cruz y derramar su sangre por amorosa iniciativa de Dios Padre, para que la humanidad entrara con él en alianza en la preciosa sangre redentora de su Hijo, expresión suprema del amor de Dios por el mundo.

Pedro como los demás discípulos no podían aceptar la idea de que el Mesías tuviera que padecer. No comprendían la idea de un Mesías sufriente, tal como Jesús hablaba de sí mismo

El domingo pasado el evangelio recogía el primer anuncio de la pasión que Jesús comunica a sus discípulos, un anuncio que provocó la recomendación de Pedro a Jesús para que apartar de él el pensamiento de la pasión. Pedro como los demás discípulos no podían aceptar la idea de que el Mesías tuviera que padecer. No comprendían la idea de un Mesías sufriente, tal como Jesús hablaba de sí mismo después de haber reconocido ante ellos que, en verdad, él era el Mesías y haberles pedido a los discípulos que no lo dijeran a nadie. Los evangelios sinópticos nos transmiten hasta tres anuncios de la pasión por boca del propio Jesús, el evangelio nos ofrece el segundo: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará» (Mc 9,31). El evangelista añade: «Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle» (Mc 9,32), dejando claro que la idea de un Mesías sufriente les resulta extraña y difícil de conciliar con idea del Mesías más común de la tradición judía.

Contrasta el dramatismo de esta primera parte del pasaje evangélico que hemos escuchado con lo que sigue a continuación, que deja ver hasta qué punto no entendían cuanto Jesús les decía y cómo estaban prisioneros de una idea mundana del reino de Dios, cuya llegada anunciaba Jesús y ellos mismos habían sido incorporados por Jesús a su anuncio. Su idea del reino de Dios era terrena, porque concebían el reino de Dios como un reino del mundo, en el cual Israel había de ver colmadas su esperanza histórica de ver la consolidación soberana de Israel como nación y su exaltación por Dios al dominio universal. Por eso habían discutido por el camino quién era el más importante, del mismo modo que poco más delante de este pasaje vemos a los hermanos Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, pedir a Jesús la concesión de sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda en su reino (cf. Mc 10,37). La respuesta de Jesús fue sin duda desconcertante para ellos, como sigue siendo para nosotros: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Jesús les puso a continuación como ejemplo del comportamiento que esperaba de ellos la falta de ambición de un niño.

Es necesario que volvamos sobre este segundo anuncio de la pasión por Jesús, para comprender que los sufrimientos de Cristo tienen un valor redentor universal y forman parte de designio de Dios. El acecho de los malvados al justo, contenido de la lectura del libro de la Sabiduría que hemos escuchado en primer lugar, es la figura profética de los sufrimientos y muerte redentora del Hijo de Dios, único y verdadero Justo, porque es el Santo de Dios, cuya muerte provoca el llanto de cuantos le amaron, como recita la antífona de laudes del Sábado Santo: «Harán llanto como por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor»[1].

Toda la maldad del mundo se concentra el pasión y muerte del Justo, al que los malvados pretenden poner a prueba para constatar si resiste el sufrimiento y ver si Dios viene a salvarlo. El cinismo blasfemo de los verdugos no tiene límite: «Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos… lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura… lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él» (Sb 18.19.20). De este sufrimiento redentor del Justo libremente asumido habla el tercer cántico del Siervo de Dios, como vimos el domingo pasado, que confiesa su fe inquebrantable en el auxilio de Dios: «Mi Señor me ayudaba, por eso no sentía los ultrajes; por eso ofrecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado» (Is 50,7). Hoy hemos recitado con el salmo 53, que el Señor, en verdad, sostiene la vida del justo y es su auxilio frente a la violencia de los malvados (cf. Sal 53,6).

Tanto el Siervo sufriente del Señor como el justo asaltado por los malvados adelantan en su figura la pasión del Señor, sobre quien Dios cargó el castigo de los pecadores rebeldes contra los mandamientos de Dios, pero Dios había previsto en su designio que el sufrimiento de Cristo Jesús fuera causa de redención de los pecadores. Nos salvamos por la fe en su nombre, porque el Cristo de Dios fue crucificado para que nosotros pudiéramos ser declarados justos por aquel intercambio que llevó a Jesús a la cruz y que san Pedro menciona ante el sanedrín con estas duras palabras de denuncia: «Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida» (Hch 4,14-15).

Es escarnio del justo maltratado hasta la muerte por los malvados llega hasta el Crucificado exánime, que soporta la blasfemia que profieren sus enemigos: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar… que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos… Dejad, a ver si Elías viene a bajarlo» (Mc 15,31-32.36). Los discípulos no ignoraban, dice san Juan Crisóstomo, que Jesús iba a morir, porque él se lo decía, pero no sabían «qué muerte había de ser aquella, y como había de terminar rápidamente y los bienes inmensos que había de producir, todo eso no lo sabían a ciencia cierta, lo mismo que ignoraban totalmente qué cosa fuera, en fin, la resurrección. De ahí su tristeza, pues no hay duda de que amaban profundamente a su Maestro»[2].

Se entristecieron no pudiendo soportar el anuncio de la pasión y su tristeza procedía, añade el santo doctor Crisóstomo en el mismo lugar, porque su tristeza procedía de cuanto ignoraban, desconocían la fuerza de las palabras del Señor. No habían penetrado en el sentido de las Escrituras plenamente, porque la idea que tenían del Mesías no era la de un Cristo sufriente. En realidad, desconocían las Escrituras, porque desconocían el alcance redentor del sufrimiento, aunque habían leído a Isaías y a los profetas, que hablar del valor redentor del sufrimiento del Siervo del Señor: «El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento y entregar su vida como expiación… Mi siervo justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos» (Is 53,11). No habían reconocido que Cristo es el contenido de las Escrituras que leían en la sinagoga los sábados. El Resucitado así se lo recrimina a los discípulos desencantados de Emaús, explicándole cómo el dolor y sufrimientos de Cristo eran designio de Dios para salvarnos y así lo habían profetizado Moisés y los profetas (cf. Lc 24,25-27).

Frente a la búsqueda del placer ciego y sin orientación humana, la obediencia de la fe es docilidad a «la sabiduría que viene de lo alto, que es intachable, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial, sincera» (St 3,17).

La fe nos abre al amor redentor de Dios que en la pasión de Cristo se revela como amor hasta el extremo, ejemplo para los discípulos del Crucificado que han de comportarse ante los hombres como constructores de la paz, poseyendo aquella sabiduría que viene de arriba y es amante de la paz y da como fruto la justicia. Frente a la búsqueda del placer ciego y sin orientación humana, la obediencia de la fe es docilidad a «la sabiduría que viene de lo alto, que es intachable, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial, sincera» (St 3,17). Quien posee esta sabiduría se abre a la luz del mundo que irradia la cruz del Calvario, porque de ella pende crucificado el Hijo de Dios, que ha venido al mundo como luz para que nosotros nos veamos libres de las tinieblas (cf. Jn 12,46).

Hermanos, llevemos al mundo la luz del que fue crucificado por los pecados de los hombres, pero resucitó de entre los muertos; y anunciemos el evangelio de la vida que dimana de las heridas de Cristo, que han sanado las nuestras. Evangelizar es anunciar a Cristo muerto y resucitado por amor al mundo, y ofrecer a nuestros contemporáneos un ejemplo de vida acreditada por las obras de amor que hagamos, porque son las obras las que hablan de nuestra fe y hacen creíble el mensaje (cf. St 2,18). El amor de Jesús por los niños es la imagen del amor por los pequeños y desconsiderados de la sociedad, y por eso mismo el ejemplo que Jesús quiere ofrecer a sus discípulos movidos de la pretensión de ocupar los primeros puestos. Acoger «en su nombre» a los pequeños y a los que la sociedad coloca en sus márgenes es acoger a Jesús, porque son pertenencia suya; y acogerle a él es acoger a aquel que le ha enviado, el Dios creador y redentor (Mc 9,36→Mt 10,40)[3].

Que María, la Madre de Cristo Redentor, nos ayude a no aparatarnos jamás de Cristo y caminemos siempre a su luz.

Iglesia parroquial de Santa María de Ambrox

Dalías, a 20 de septiembre de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

[1] Liturgia de las Horas: Antífona del Sal 63 de Laudes.

[2] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el evangelio de san Mateo 58,1): PG 58,565: BAC 146,217.

[3] Mt 10,40 es probablemente el dicho más antiguo de las variantes del mismo en todo el Nuevo Testamento: cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, vol. II (Salamanca 1986) 65-66.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés